Personajes

  • El PADRE de familias
  • EMANUEL, su hijo
  • ADAMO
  • La PRIMAVERA
  • El ESTÍO
  • El OTOÑO
  • El INVIERNO
  • El LUCERO
  • La AURORA
  • La RAZÓN NATURAL
  • La JUSTICIA
  • Un ÁNGEL
  • El DEMONIO
  • El APETITO
  • MÚSICOS
Sale el PADRE DE FAMILIAS, viejo venerable, vestido de mayoral, como arrojando de sí a ADAMO, vestido de pieles, y deteniéndole EMANUEL, vestido de zagal
PADRE
Sal de mi casa, villano.
ADAMO
Tu hijo soy.
PADRE
Aunque lo eres,
no mereces oír de mí
el nombre que no mereces.
EMANUEL
Padre, señor.
PADRE
Hijo, aparta;
a ti sí que te compete,
que no es hijo hijo que no
es a su padre obediente.
ADAMO
Por más que le honres y a mí
me baldones y desprecies
echándome de tu casa,
trocada la nupcial veste
que me diste al tosco abrigo
de dos mal curtidas pieles,
no has de quitarme el honor
de hijo tuyo, pues te debe
mi ser la vida y el alma.
PADRE
Con lo que lucirte quieres
te desluces, que el que nace
noble y no noble procede,
todo el lustre que naciendo
gana, viviendo le pierde.
Bien como el que nace humilde
y atento a sus procederes
atrae con sus costumbres
los desvíos de su suerte,
labrándose por sí mismo
su estimación, con que viene
quien por sí mismo la ultraja
a ser villano dos veces:
porque la tuvo la una,
la otra porque no la tiene.
Quitáteme de delante,
vete de mi vista.
EMANUEL
Vete,
hermano, que al rey y al padre
el miedo del delincuente
es tan otro miedo, que es
él solo el que huyendo vence.
ADAMO
Sí haré, pero no sé dónde
de sus enojos me ausente,
que de modo me atribulan,
me pasman y me suspenden,
me asombran, me atemorizan,
me angustian y me estremecen,
que no sé dónde seguro
de ellos pueda estar.
PADRE
Bien temes,
y porque sepas que vas
donde en mi desgracia penes,
llores, suspires y gimas,
al mirar por más que anheles
que pan de dolores comes
y agua de lágrimas bebes,
viviendo de tu sudor,
en mis decretos atiende
al merecido castigo
de los daños que cometes.
¡Ah del damasceno campo,
que ayer era de deleites
y hoy de angustias! ¡Ah permuta
de pesares y placeres!
¡Ah de las horas que fuisteis
las primeras que en su albergue
entrastis! ¡Ah de los días
que de las horas dependen!
¡Ah de las semanas que
también de los días se tejen,
bien como de las semanas
forja la luna los meses!
¡Ah, en fin, de las cuatro edades
del año en quien comprehende
su entero círculo el sol!
Sale la PRIMAVERA con un azafate de flores, el ESTÍO con un haz de espigas, el OTOÑO con otro azafate de frutas, y el INVIERNO, viejo cano
PRIMAVERA Y ESTÍO
Cantado
¿Qué nos mandas?
OTOÑO Y INVIERNO
Cantado
¿Qué nos quieres?
PADRE
Que pues de horas, días, semanas,
meses y años han de hacerse
los siglos, para que consten
los raros prodigios de éste,
a los futuros seáis
testigos de que en el breve
mapa vuestro reducir
intento a tiempo presente
el venidero; y así,
escuchadme y atendedme,
que nada es lo que se dice
si se escucha y no se atiende:
yo (que aunque ya lo sabéis
quizá importa que os lo acuerde)
soy repetido ejemplar
de aquel mayoral prudente
que condujo a los obreros,
y nunca más propiamente
que el día que yo a vosotros
conduzgo, pues nadie puede
negar que de un labrador
son los obreros los meses;
yo, en fin (vuelvo al caso), soy
(o alegórica o realmente,
ignórelo el que lo ignora
o entiéndalo el que lo entiende)
el agrícola más rico
del orbe, pues no contiene
todo ese azul pabellón
ni todo ese lecho verde
espacio en quien yo no sea
mayoral; bien lo refiere
el ser los cuatro en mis cuatro
alquerías los más fieles
gayanes de mis labranzas.
Dígalo el ver cuán alegres,
cuán gozosos, cuán ufanos
la Primavera me ofrece
en su estación varias flores,
el Estío rubias mieses,
el Otoño dulces frutos
y el Invierno ricas nieves,
para que de mis ganados
(que no hay redil que los cerque),
de mis aves (que no hay
vago espacio que no vuelen),
mis frutales (a quien falta
tierra para sus planteles)
y para mis peces ríos,
la multitud se sustente
a providencias de vuestros
continuos afanes, desde
los más montaraces brutos
a las más tímidas reses,
desde la más remontada
ave al gusano más débil,
y desde la más erguida
palma a la flor más silvestre,
dando a la conservación
de aves, fieras, plantas, peces,
yerba el prado, abrigo el monte,
lumbre el sol y agua las fuentes.
De este inmenso, de este summo
número de mis haberes,
la tarea de seis días
que me he entretenido en verle
(y verle perfecionado
tanto que a mí me contente,
viendo cuán bueno está todo),
me ha fatigado de suerte
que, de los seis, ir intento
a descansar el día siete,
retirándome a ese alcázar
cuya fábrica eminente,
sobre jaspeadas columnas
de bronceados capiteles,
cristalinos fosos cercan,
preciosas piedras guarnecen;
y pues para mi descanso
la labré, porque no quede
mi hacienda en la ausencia mía
(si bien aunque yo me ausente
a mira he de estar de todo)
sin dueño que la gobierne,
fundar quise un mayorazgo,
nombrando primeramente
a Adamo (ese ingrato hijo,
para él y sus descendientes)
por su poseedor, con quien
tan liberal, tan clemente
fui, que porque desde luego
la goce antes que la herede
(que fuera mucho esperar
el que esperara mi muerte),
no fue testamento el que hice
sino instrumento solemne
de donación entre vivos;
pero apenas a ponerle
llegué en posesión en uno
de esos floridos vergeles,
porque a los demás caudales
él la consecuencia hiciese,
cuando cumpliendo alevoso
con su ser (pues decir quiere
Adamo ‘terrena masa’),
pasó no tan solamente
violador de mis preceptos
y transgresor de mis leyes
a ser… Pero, ¿para qué
queréis que los daños cuente
que ha de acarrear su delito,
pues siendo los siglos jueces
en otro tribunal no
faltará quien los alegue?
Y así, baste por ahora
haber causas que me mueven
tan graves, que haya quien diga
que de haberle hecho me pese,
para que la donación
revoque, anule y cancele,
y de mi amor y mi casa
emancipado, le eche
a que conozca sus males,
desheredado en mis bienes.
De ellos, pues, desposeído,
para que no os desconsuele
no dejar en la heredad
otro yo que por mí reine,
Emanuel, segundo hijo
(en cuanto humano, se entiende,
no en cuanto divino, pues
me complací en él de suerte
que primero en mi amor no hay
instante que no le engendre
conviniendo con su nombre,
pues ya hubo quien le interprete
Manuel ‘Dios es con nosotros’),
vendrá, después que me deje
en mi palacio, enviado
de mí a que su error enmiende,
haciendo en él donación
no entre vivos solamente,
pero irrevocable, puesto
que es y ha de ser para siempre
segunda persona mía,
con tan iguales poderes
que veáis en la mejora
de sus altos intereses
a quién constituyo dueño
de la heredad de mis gentes;
y pues a falta de un fiero
hijo, fementido, aleve,
soberbio, injusto y tirano,
os doy un hijo obediente,
manso, afable, humilde y sabio,
tan en todo diferente
como lo dicen los nombres
de Emanuel y Adamo (al verles
a uno de tierra, terreno,
y a otro de cielo, celeste),
a él obedeced humildes
y a esotro arrojad rebeldes,
sin conocerle dominio
en flores, frutos ni mieses
que con fatigas no labre,
que con lágrimas no riegue,
con suspiros no cultive,
con trasudores no siegue,
porque con afanes coma
lo que con dolores siembre.
PRIMAVERA
Tus plantas, señor, la noble
congregación de tus fieles
obreros besa, al oír
que tus decretos la dejen
esenta de que tribute
sus frutos a quien te ofende.
ESTÍO
Y más con las esperanzas
del dueño que la prometes,
que vendrá de ti enviado
a que sus daños remedie.
OTOÑO
Y en hacimiento de gracias
de que tan piadosamente
al indómito castigues
y al benemérito premies.
INVIERNO
Alternando entre los dos
pésames y parabienes,
en su baldón y en su aplauso
repetirá una y mil veces...
LOS CUATRO
Cantando
El que ingrato a su padre
su ira no teme,
gima, llore, suspire,
padezca y pene.
ADAMO
«¿Gima, llore, suspire,
padezca y pene?»
LOS CUATRO
Cantando
Pero el que agradecido
su amor merece,
viva, goce, trïunfe,
domine y reine.
ADAMO
«¿Viva, goce, trïunfe,
domine y reine?»
PADRE
Emanuel, vente conmigo,
que pues te tocó igualmente
la tarea de los días,
justo es que también la quiete
de lo que dé su descanso.
Yéndose el PADRE, habla EMANUEL con ADAMO
EMANUEL
Ya sabes que aunque te ausentes
o a mí me ausentes, contigo
tengo, Señor, de estar siempre.
Adamo, ya ves que a mí
no me es posible oponerme
a su voluntad, porqué
en los dos haber no puede
dos voluntades, que un Summo
Espíritu que procede
de nuestro amor las aúna;
pero no te desconsueles,
que ya que no como opuesto,
como medianero puedes
fiar de mí la intercesión
con que sus enojos temple,
y has de volver a su gracia
aunque la vida me cueste.
ADAMO
No te respondo porqué
tanto el dolor me enmudece
de una víbora, de un áspid
que en el corazón me muerde,
que titubeada la lengua,
muda la voz, balbuciente
el labio, torpe el acento,
se quejan de que me queje.
Goza sin mí el mayorazgo
y no consolarme intentes,
que pues me voy sin hablarte
también me estaré sin verte.
Vase ADAMO y vuelve el PADRE
PADRE
Emanuel, ¿no vienes?
EMANUEL
¿Cuándo
tú, Señor, mi norte no eres?
PADRE
Ven, como dije, a mi alcázar,
en tanto que al valle vuelves
de lágrimas a enjugarlas.
EMANUEL
Adamo, no desesperes,
que si a que enjugue me envía
lágrimas, es evidente
que quiere que sean las tuyas,
pues eres solo el que tienes
por qué llorar.
PRIMAVERA
Vamos todos
hasta que en su alcázar entren.
ESTÍO
Vamos y sea en su loor,
porque el ingrato escarmiente.
OTOÑO
Y porque el agradecido
se anime diciendo alegres...
TODOS
Cantado
El que ingrato a su Padre
su ira no teme,
llore, gima, suspire,
padezca y pene.
Con esta repetición se entran el PADRE con la mano sobre el hombro de EMANUEL, y los cuatro tras ellos cantando, y sale en lo alto de una montaña ADAMO, repitiendo con despecho lo que cantan
ADAMO
«El que ingrato a su Padre
su ira no teme,
llore, gima, suspire,
padezca y pene».
¡Qué más penar ni qué más
suspirar ni gemir puede
el que llega a ver que hay
quien con sus perdidos bienes…
MÚSICA Y ÉL
Dentro
… viva, trïunfe, goce,
domine y reine!
ADAMO
Y de un punto a otro se halla
combatido de dos fuertes
enemigos tan sañudos,
tan fieros, tan inclementes
como son rencor y envidia,
que unidos y indiferentes,
por quitarme ambos la vida,
ninguno me da la muerte.
¿Dónde voy? ¿Qué clima, cielos,
tan desamparado es este,
pues subiendo a esta eminencia
por si de ella descubriese
o un aprisco que me acoja
o una gruta que me albergue,
no hallo en todo su horizonte
(desde la cuna de oriente
a la tumba del ocaso)
más que una campaña estéril
sin un hombre que la habite
ni un villaje que la pueble?
Y pues la cumbre no da
más veredas que su breve
cima, vuelva al valle donde,
como sus senos penetre,
podrá ser que un desdichado
otro desdichado encuentre
que se consuele conmigo,
ya que yo no me consuele
con él, que no puede haber
ejemplar a mis crueles
hados. Pero, ¡ay infelice!,
que aunque descender intente
no sé por dónde subí.
Hacia esta parte parece
que hay senda, ¡mas ay de mí!,
que en las intrincadas redes
de su escabrosa maraña
no hay zarza en que no tropiece
ni peña en que no resbale.
¿A dónde (¡cielos, valedme!)
he de ir a dar?
Cay despeñado y al mismo tiempo salen el ÁNGEL por una parte y el DEMONIO por otra, y cay en los brazos de ambos
LOS DOS
En mis brazos.
DEMONIO
Pues para que te despeñes
yo te armé el lazo.
ÁNGEL
Pues yo
para que no perecieses
el hombro puse a tu ruina.
ADAMO
Yo… Si… El pasmo me entorpece,
no tanto de la caída
cuanto del terror de verte
u del gozo de mirarte.
¿Quién eres, ¡oh, tú!, quién eres
que con tu semblante alegras,
que con el tuyo entristeces?,
en cuya contrariedad
mis sentidos descaecen,
tan sin mí que no permiten
que oiga, mire, hable ni aliente.
Cay desmayado
DEMONIO
Al susto del precipicio,
cuanto no es vital fallece.
ÁNGEL
Mira qué en vano es
que tú en tus lazos desees
muera en culpa, cuando yo
le guardo a si se arrepiente.
DEMONIO
Ya sé, según que a tus luces
mis sombras se desvanecen,
que eres su custodio; pero
qué importa saber quién eres
para no ser yo tan noble
como tú, para oponerme
a ti, que hermosura y gracia
no es esencia, es accidente;
y por una vez que hoy
le das vida, una y mil veces
dirá David que mis lazos
se armarán para su muerte.
ÁNGEL
También dirá que, ellos rotos,
se libre cuando le lleve
yo en mis manos, porque no
vaso de tierra se quiebre
antes que del basilisco
y el áspid la cerviz huelle.
DEMONIO
Eso se entiende del hombre
en común, pero no de éste,
que de basiliscos y áspid
ya el hierro selló su frente.
ÁNGEL
De éste y de todos, que nadie
quita que se represente
en él el género humano.
DEMONIO
Pues si el duelo ha de ser ése,
queriendo que lo invisible
en lo visible se muestre,
toca al arma.
ÁNGEL
No por armas
hoy solicito vencerte,
sino en justicia.
DEMONIO
¿En justicia?
Mi mejor partido es ese:
reo de culpa infinita
que está condenado a muerte
y hasta entonces a fatigas,
miserias, hambres y sedes,
¿qué apelación, qué esperanza
tener en justicia puede?
ÁNGEL
Los artículos del pleito
lo dirán.
DEMONIO
Antes que llegue
la contingencia de que
en su favor se sentencie
(que en esto de pleitos no hay
certeza que no se arriesgue),
pondré medios que le aflijan
tanto que le desesperen.
ÁNGEL
Yo no medios, sino fines
que al fin superior le lleven,
iluminándole en sombras
mientras las luces no lleguen.
DEMONIO
Para que a verlas no alcance,
nieblas habrá que le cieguen.
ÁNGEL
También vocaciones que
con rayos de luz le adiestren.
DEMONIO
Para ofuscar su explendor
venenos hay que adormecen.
ÁNGEL
Y inspiraciones que al más
adormecido despierten.
DEMONIO
¿Dónde no hallará peligros
por donde quiera que fuere?
ÁNGEL
¿Y dónde irá que no halle
auxilios que le preserven?
DEMONIO
No todos son eficaces.
ÁNGEL
Sí, mas todos suficientes.
DEMONIO
Y porque lo veas, escucha.
ÁNGEL
Y porque lo veas, atiende.
Salen el APETITO por una parte y la RAZÓN NATURAL por otra
DEMONIO
Apetito.
APETITO
¿Qué me mandas?
ÁNGEL
Razón Natural.
RAZÓN
¿Qué quieres?
DEMONIO
Que de ese vivo cadáver
a quien tan deshecho tienes,
prosigas las propensiones
en que le has puesto.
ÁNGEL
Que de ese
muerto espíritu restaures
los daños, llegando a verse
que es la Razón Natural
la que al Apetito vence.
DEMONIO
De modo que por él vuelva
el aire a decir…
ÁNGEL
De suerte
que por él vuelva a oír el eco…
DEMONIO
… otra vez…
ÁNGEL
… y otras mil veces…
DEMONIO
… que en sus males obstinado…
ÁNGEL
… que restaurado en sus bienes…
MÚSICA Y DEMONIO
… gima, llore, suspire,
padezca y pene.
Vase
MÚSICA Y ÁNGEL
… viva, goce, trïunfe,
domine y reine.
Vase
RAZÓN
Hombre, de aquese mortal
letargo a mis voces vuelve.
APETITO
Vuelve, Adamo, a mis voces
de ese mortal accidente.
ADAMO
¡Ay de mí!, que aunque me asombre
tu vista porque me alegre
la suya… ¡Pero qué miro!
¡Qué objetos tan diferentes
de aquellos en que caí!
Sin duda que fue vehemente
aprehensión de imaginados
espíritus aparentes,
puesto que son mi Apetito
y una beldad que no tiene
señas en que la conozca.
RAZÓN
¡Ay de quien tan imprudente
al Apetito conoce
y no a la Razón!
ADAMO
¿Tú eres
la Razón?
RAZÓN
La Natural
Razón soy.
ADAMO
¿Y qué pretendes?
RAZÓN
Que llores lo que no lloras.
ADAMO
Con buen consuelo me vienes,
que lo que no lloro, llore;
¿no llora harto quien padece
lo que yo padezco?
RAZÓN
No,
que el que llora porque siente
la falta del bien perdido
no más de porque le pierde,
no merece con el llanto,
que con el llanto merece
solo el que le eleva a fin
del objeto a quien ofende.
El enojo de tu padre
llora, no tus intereses,
que es propio amor y no llanto,
a cuyo efecto conviene
que dejando al Apetito
vengas tras mí.
ADAMO
¿Cómo quieres
que vaya tras quien me aflija
y no tras quien me deleite?
A que llore me convidas
con que al Apetito deje,
pues ¿cuándo qué apetecer
tiene un triste que no tiene
qué poseer, sino cuando
discurre en lo que apetece?
Que aunque mi Apetito fue
quien me pervirtió, no tiene
él la culpa, sino yo,
pues que pudiendo vencerle
me dejé vencer, llevado
de las grandes altiveces
en que me puso; y quien tuvo
ingenio para perderme
le tendrá para cobrarme,
y así vete, Razón, vete,
que yo apartándote a ti
tras él iré.
RAZÓN
Es evidente
que el que a la Razón se aparta,
al Apetito se acerque.
ADAMO
Que lo sea o no lo sea,
¿qué hay que aguardes, qué hay que esperes?
Déjame, Razón.
RAZÓN
No puedo
dejarte aunque tú me dejes,
que soy Razón Natural
y, aunque maltratada, siempre
me has de hallar en tu favor,
retirada mas no ausente.
Vase
ADAMO
Ya que contigo, Apetito
(apartada la Razón),
he quedado, la aflicción
en que me hallas solicito
sobrellevar con saber
(pues me vienes a buscar)
qué me traerá que gozar
quien me trae que apetecer.
APETITO
Mal, Adamo, has presumido,
que en tu busca, aunque quisiera,
no traigo más que la fiera
hambre con que te he seguido.
Tu Padre, también airado
conmigo, me despidió
de su casa porque no
(ya que fui de ti criado)
quiso que un punto estuviera
en su familia; y así,
hambriento y roto, tras ti
la hambre me tray.
ADAMO
De manera
que para que nunca intente
que mi suerte se mejore,
la Razón viene a que llore
cuando tú a que te sustente.
Y pues ansias, no consuelos,
traéis los dos y a ella arrojé,
lo mismo contigo haré.
Va a embestir con él y queda como pasmado
APETITO
¡No harás tal!
ADAMO
¿Cómo no? ¡Cielos!
¿Tan grande fue mi delito
que pueda su obstinación
apartar a la Razón
y no pueda al Apetito?
APETITO
Importo más que ella yo,
que muchos que llego a oír,
sin Razón los veo vivir
y sin Apetito no.
Dígalo la establecida
ley de que el que me perdiere
y no comiere y bebiere,
tenga pena de la vida.
ADAMO
Sujeto a la ley estoy,
pues al echarte de mí
tan gran desmayo sentí
que no sé por dónde voy
ni a dónde, ni qué he de hacer.
Dame siquiera un indicio.
APETITO
Señor, el mejor oficio
y más fácil de aprender,
pues se sabe el primer día,
es pedir limosna.
ADAMO
¿Yo
limosna?
APETITO
Pues ¿por qué no?
ADAMO
Porque la soberbia mía
más lleva a dar que a pedir.
APETITO
Aquí no hay en qué escoger:
o vivir para comer
o comer para vivir.
ADAMO
Cuando a tanto me abatiera,
¿a quién doliera mi daño?
APETITO
Puesto que vas con el año,
empieza en la Primavera.
ADAMO
Tiene precepto.
APETITO
¿De qué?
ADAMO
De no socorrerme.
APETITO
Advierte
que no será socorrerte
el que noticias te dé
de por dónde habemos de ir.
Ella, que sus flores planta
allí en virgen tierra, canta
quizá para divertir
su tarea, y si la obligas
con lástimas, su piedad
te valdrá.
ADAMO
¡Oh, necesidad,
a qué bajezas no obligas!
Sale la PRIMAVERA con una azada cantando
PRIMAVERA
¿Cuándo de aqueste vergel
verá la estación amena
unirse en él
al candor de la azucena,
lo encarnado del clavel?
ADAMO
Bellísima Primavera,
un errado peregrino
que sin senda ni camino
pisa tu florida esfera,
necesitado y perdido,
te pide, puesto a tus pies,
que algún socorro le des.
PRIMAVERA
A no haberte conocido
lo hiciera mi piedad, pero
tengo precepto de que
ningún tributo te dé
que tú no ganes primero.
Toma esta azada (que es cuanto
mi amor te puede ofrecer)
y trata de merecer,
que yo te daré otro tanto
como tú en la agricultura
de mis flores adquirieres.
ADAMO
¿Rústico instrumento quieres
que me labre mi ventura?
PRIMAVERA
Sí, tu ventura y la mía;
puesto que la brevedad
de mis tres meses de edad
espera que marzo el día
me traiga que este plantel
produzga una flor tan buena
que una en él…
Cantado
… al candor de la azucena,
lo encarnado del clavel.
Representa
Y si tú en igual labor
(puesto que tray tu quebranto
hecha la costa del llanto,
que es el riego de esta flor)
te aplicas en tu fatiga,
cree que por ti y para ti
quizá florecerá.
ADAMO
Y di,
¿cuándo será?
PRIMAVERA
Cuando diga
alado espíritu fiel...
Aparece el ÁNGEL en el primer nicho de una devanadera que ha de dar vueltas, con los demás que han de seguirse
ÁNGEL
Cantado
Ave, florido vergel,
cuya flor, de gracia llena,
unirá en él
al candor de la azucena,
lo encarnado del clavel.
MÚSICA
Dentro
Ave, florido vergel,
cuya flor, de gracia llena,
unirá en él
al candor de la azucena,
lo encarnado del clavel.
ÁNGEL
Cantado
Ave, cerrado jardín,
cuya Primavera hermosa
al mismo fin
con púrpura de la rosa
verá encarnado el jazmín.
MÚSICA
Dentro
Ave, cerrado jardín,
cuya Primavera hermosa
al mismo fin
con púrpura de la rosa
verá encarnado el jazmín.
ÁNGEL
Cantado
Ave, huerto en quien la fee
la maravilla antevió,
que a un tiempo dé
lo florido en Jericó
y lo plantado en Jesé.
MÚSICA
Dentro
Ave, huerto en quien la fee
la maravilla antevió,
que a un tiempo dé
lo florido en Jericó
y lo plantado en Jesé.
ÁNGEL
Cantado
Ave, en fin, verde dosel,
y tú oye la norabuena
de unirse en él...
TODOS
... al candor de la azucena,
lo encarnado del clavel.
Pasa el ÁNGEL
ADAMO
Angélica inspiración
que me anima, ¡aguarda, espera!
¿Y tú por qué, Primavera,
te vas sin darme razón
de esto?
PRIMAVERA
Nunca conseguí
el parar el curso mío.
Pregúntaselo al Estío,
que viene detrás de mí,
que yo en mi bello cuartel
dar más no puedo a tu pena
que esa azada. Une tú en él…
TODOS Y MÚSICA
… al candor de la azucena,
lo encarnado del clavel.
Vase
ADAMO
¿Quién creerá que con haber
la Primavera pasado
tan aprisa, me ha dejado
con azada y sin comer,
entre sombras y esplendores
que yo ni alcanzo ni sé?
APETITO
¿Qué querías que te dé
quien gasta su edad en flores,
sino el verdor de su infancia?
Pero allí viene el Estío
y de su juventud fío
que te dé más que fragrancia,
pues las macollas segando
del grano que a Dios fió,
cuando el aire le arrojó
su esperanza y fee, logrando
viene y cantando también.
¿De qué te acobardas? Llega,
que el labrador en la siega
es liberal.
ADAMO
Dices bien.
Sale el ESTÍO con una hoz como en acción de segar
ESTÍO
Cantado
Lucero del alba, ven
a aliviar nuestras fatigas,
pues eres quien
ha de granar las espigas
de los campos de Belén.
APETITO
¿De qué temeroso estás?
ADAMO
¿No he de temer pedir?
APETITO
No,
que ninguno lo empezó
que lo dejase jamás.
ADAMO
Ardiente estación del año,
un perdido caminante…
ESTÍO
No pases más adelante,
que aunque ni admiro ni estraño
el verte en necesidad
que yo remediar quisiera,
no puedo, que hay ley severa
que mi liberalidad
obliga a que no te dé
lo que tú no trabajares.
Pero porque te repares,
lo más que contigo haré
(si conformas tu fortuna
al destemplado arrebol
de resisteros del sol
y serenos de la luna)
será darte esta hoz; con ella
seguro el sueldo tendrás
que merezcas.
ADAMO
¡A qué más
pudo abatirme mi estrella!
¿En rudo instrumento fías
mi remedio?
ESTÍO
Sí, porqué
espero un Lucero que
junio ha de dar a mis días,
tan bello en su amanecer
que haciéndole al mundo salva
sea el Lucero del alba.
Y si te llegas tú a ver
desvelado en las tareas
del trigo que has de labrar,
en trigo y Lucero hallar
podrá ser más que deseas
bien, como cuantos se ven
en mis eras trabajando,
pues no hay hora que segando
también diciendo no estén…
Dentro grita de segadores
MÚSICA
Dentro
Lucero del alba, ven
a aliviar nuestras fatigas,
pues eres quien
ha de granar las espigas
de los campos de Belén.
ADAMO
¿Y cuándo, di, será cierto
que dé ese fruto esta hoz?
ESTÍO
Cuando diga alguna voz
que ha de clamar en desierto:
En uno de cuatro nichos que ha de tener una devanadera (en uno de los carros), aparece el LUCERO, de pieles, como pintan al Baptista
LUCERO
Cantado
Albricias pedirte quiero,
mortal, pues el arrebol
de aquel primero
anuncio que traerá el sol
te profetiza el Lucero;
y ya que auxilio bastante
te da el splendor divino,
que previno
que veas que va delante
a prepararle el camino,
ser, alma y vida en albricias
a su venida prevén.
Desaparece, y el ESTÍO pasa
ADAMO
El veloz curso detén,
ya que en mi vida codicias
segunda iluminación.
Tú, Estío, ¿por qué te vas
sin que me declares más
si es esto imaginación
o realidad?
ESTÍO
Porque…
ADAMO
Di.
ESTÍO
… pararme no puedo y, pues
el fértil Otoño es
el que se sigue tras mí,
baste decir mis obreros
en sus albores primeros
de tu dicha en parabién…
MÚSICA Y ÉL
… Lucero del alba, ven
a aliviar nuestras fatigas,
pues eres quien
ha de granar las espigas
de los campos de Belén.
[Vase] Dentro grita y música, y sale el OTOÑO con una podadera
ADAMO
¿Qué es esto, Apetito?
APETITO
Azada
y hoz dicen que es menester
trabajar para comer,
como quien no dice nada.
OTOÑO
Cantado
Pues ya la luciente estrella
del Lucero cumbres dora,
¿quién ignora
que haya de seguirse a ella
el ver nacida la aurora?
ADAMO
Fértil Otoño, un perdido
pasajero…
OTOÑO
Ya quién eres
sé, y sé también que quieres
verte de mí socorrido,
pero tú también sabrás
que hacerlo, Adamo, no puedo,
que tengo a tu Padre miedo;
y así, por ti lo que más
puedo hacer es admitirte
a que en mi servicio estés
entre mis gañanes, pues
con eso podré asistirte
con lo que ganes.
APETITO
Señor,
prosigamos en pedir,
que es menos mal que servir.
ADAMO
¡Que a esto me arrastre un error!
Dale una podadera
OTOÑO
Y no a mala ocasión vienes,
que hay bien en qué trabajar,
porque es tiempo de podar
las vides. No de esto tienes
que afligirte: este instrumento
(segur de su fruto opimo),
cuando al lagar da el racimo
le da al hogar el sarmiento,
que es un cierto dividir
buenos y malos; y creo,
si no me engaña el deseo,
que es felicidad servir
en su ocupación, porqué
tiempo habrá en mi edad que menos
sean los malos que los buenos,
por la prometida fee
de una Aurora celestial,
de quien yo he de merecer
verla en septiembre nacer;
y si tú en ventura igual
obrero te hallas del fruto
que esas verdes vides dan
(que es el vino tras el pan),
que fue del Estío tributo,
no dudes la mejoría
de tu mal con la de cuantos
con dulces himnos y cantos
dicen, saludando el día,
que nazca esta Aurora bella.
Grita dentro
MÚSICA
Dentro
Pues ya la luciente estrella
del Lucero cumbres dora,
¿quién ignora
que haya de seguirse a ella
el ver nacida la Aurora?
Sale la AURORA en el tercer nicho, que será una niña vestida de Concepción
AURORA
Cantado
Nadie ignora,
pues ya la luciente estrella
del Lucero cumbres dora,
que tras ella
se haya de seguir la bella
natividad de la Aurora.
Y así espere el orbe entero,
que pues con blando arrebol
en su hemisfero
sigue la Aurora al Lucero,
que siga a la Aurora el sol.
Desaparece
ADAMO
No te intento detener
porque ya sé que no puedo,
aunque tan confuso quedo
de no alcanzar ni entender
qué es lo que pasa por mí.
OTOÑO
Ve adelante, que quizá
el Invierno lo dirá,
que es quien me ausenta de ti.
Vase Sale el INVIERNO de pastor
INVIERNO
Cantado
Pues aterido el ganado
padece la noche fría,
¡oh, llegue el día
que el sol al monte y al prado
restituya en su alegría!
Recitado
¿Quién va? ¿Quién es?
ADAMO
No lo sé.
INVIERNO
Yo sí, pues te he conocido.
¿Adónde vas tan perdido?
ADAMO
A buscar a quien me dé
algún consuelo.
INVIERNO
Pues yo
ninguno te puedo dar
que no sea el de guardar
mis ganados, porque no
se enoje tu Padre viendo
que, porque tu daño atajes,
te albergo sin que trabajes
en sus rebaños. Y siendo
así que lluvias y hielos,
escarchas y nieves frías
(que son destemplanzas mías)
me ponen en los desvelos
de preservar de los fieros
aires (que corren sutiles)
sin salir de los rediles
las crías de los corderos,
con que apastes el ganado
lo más que darte apercibo
(en fee de que te recibo
por pastor) es mi cayado.
Toma pues; no, no rehuses,
ya que te tray el dolor
a este estado (el de pastor),
que quizá cuando dél uses
verás cuán favorecido
del cielo es, si considero
que en una noche que espero
ver al sol recién nacido
a gozar los esplendores
de su nuevo amanecer,
en mi diciembre han de ser
los primeros los pastores,
a cuyo fin, desvelado,
dice al aprisco a porfía…
MÚSICA
¡Oh, llegue el día
que el sol al monte y al prado
restituya en su alegría!
ADAMO
¿Qué amanecer? ¿Qué esplendor
se puede, Invierno, esperar
en noche tuya?
INVIERNO
El que a dar
venga con su resplandor,
como oíste, tal alegría
que vea el mundo en su arrebol
a la media noche el sol
y la estrella al medio día.
ADAMO
¿Cuándo será ese consuelo?
INVIERNO
Cuando den bellas criaturas…
MÚSICA
… gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo.
TODOS Y MÚSICA
Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo.
ADAMO
¿Qué nueva música es esta,
que entre las sombras y lejos
de iluminados reflejos
a todo el orbe de fiesta
ha puesto?
INVIERNO
Música tal,
¿a qué efecto es repetida
de todos?
TODOS
Dentro
A la venida
del hijo del mayoral.
INVIERNO
«¿A la venida
del hijo del mayoral?»
Qué mejor dél, pues el viento
de no percibida lumbre
le llena desde la cumbre
del monte del Testamento
al valle, donde le veo
del alcázar descender
de su Padre, con que a ser
se adelanta mi deseo
el primero, cuyo celo
de entre esotras voces puras…
ÉL Y TODOS
Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo.
Vase
ADAMO
¿Quién vio que entre dos extremos
sepa uno lo que otro ignora?
APETITO
Atendamos por ahora,
que después discurriremos.
En el cuarto nicho EMANUEL
EMANUEL
Jornaleros de la vida
que a espensas de la labranza
vivís, ya vuestra esperanza
os cumple (con mi venida)
mi Padre; y aunque heredero
suyo soy, pues otorgó
la donación de que dio
testimonio verdadero
su más legal escribano,
no como príncipe vengo
a gobernaros, que tengo
de asistiros tan humano
que, sujeto a la fatiga
vuestra, cansancio, hambre y sed,
sustentándome a merced
de la vid y de la espiga
he de andar entre vosotros.
VOCES
Dentro
Todo tu dominio fiel,
viendo que quiere Emanuel
decir ‘Dios es con nosotros’,
dará con festivo anhelo,
celebrando sus venturas…
TODOS Y MÚSICA
Gloria a Dios en las alturas
y paz al hombre en el suelo.
ADAMO
¡Cielos! Espíritu alado
que hace con tal sumisión
a una flor salutación,
Lucero que anticipado
anuncia una Aurora bella,
Aurora cuyo arrebol
predice que un nuevo sol
ha de amanecer tras ella,
¿qué será, que en lugar dél
y del que el Invierno espera
tan grande alborozo, quiera
persuadirme a que Emanuel
lo sea?
APETITO
La ciencia mía
no lo alcanza, porque ver
que es uno y que da a entender
otro es mucha alegoría
para mí; y así, dejado
lo misterioso que no
entiendo, paso a que yo
solo sé que nos han dado
azada la Primavera,
hoz el abrasado Estío,
cayado el Invierno frío
y el Otoño podadera.
Cuatro cosas que a mi ver,
sabida su ocupación,
todas para comer son
y ninguna de comer.
Y así, dejándote a que
tú lo discurras, la bruta
yerba, la silvestre fruta
por esos montes iré
buscando, que el Apetito,
bueno o malo el alimento,
más veces que no de hambriento
se ha visto morir de ahíto.
Vase
ADAMO
¡Cayado, hoz, segur y azada!
Los cuatro símbolos son
del trabajo o propensión
(desheredado) heredada
del que fue todo y no es nada,
como lo demás que fue.
A cuál me aplique no sé,
porque si al cayado acudo,
¿cómo tan pobre y desnudo
los fríos resistiré?;
si a la segur, es atroz
en destrozar empleada;
fuerzas no hay para la azada;
salud no hay para la hoz.
Pues si del año el veloz
curso no da en qué elegir,
¿heme de dejar morir
(siendo a este caduco ser
fuerza el vestir y el comer)
sin comer y sin vestir?
En la más inculta sierra
y en el más ameno prado
nace el tronco, alimentado
de la humedad de la tierra;
del mismo humor que en sí encierra,
desnudas ramas arroja
y, sin costarle congoja,
se halla a su tiempo feliz,
sustentado en la raíz
y revestido en la hoja.
La ave, que en pajizo nido
nace con desnudez summa,
vestida se ve de pluma
sin saber quién la ha vestido,
cobra alas y halla nacido
todo cuanto ha menester;
y yo con más noble ser
que ave y tronco, ¿he de anhelar
(necesitado a buscar)
qué vestir y qué comer?
El pez, animal tan mudo
que ni gime ni respira,
con que aun los senos que gira
mover a piedad no pudo,
con ser animal tan rudo,
entre los cienos y lamas
donde no hay plumas ni ramas,
se halla en húmedas alcobas
alimentado de ovas
y defendido de escamas.
Pues, ¿cómo con más altivo
espíritu, más loable
sentido, a lo vegetable
del tronco, a lo sensitivo
de ave y pez (¡rigor esquivo!),
he de postrar y rendir
lo racional, y vivir
(a costa de mi pesar)
necesitado a buscar
qué comer y qué vestir?
¿A qué humilde, a qué sangrienta
especie en monte o campaña
no la alimenta su saña,
su pasto no la alimenta?
Y aun no con esto contenta
vive, si abrigado infiero,
lo doméstico y lo fiero
de su piel: testigos son
la melena del león
y la lana del cordero.
Pues si en una y otra esfera
nacen no necesitados,
vestidos y alimentados
tronco, ave, pez y fïera,
¿por qué desde su primera
cuna ha de ser desigual
el hombre a todos? ¡Oh!, en tal
duda, ¿quién a mi fortuna,
cielos, podrá dar alguna
luz?
La RAZÓN con una hacheta
RAZÓN
La Razón Natural.
ADAMO
¿Quién alumbra mi sentido?
RAZÓN
Yo.
ADAMO
Razón, ¿tú estás aquí?
RAZÓN
¿Ahora me conoces?
ADAMO
Sí,
que la luz con que has venido
la que me ha alumbrado ha sido.
¿Qué quieres?
RAZÓN
Satisfacerte
de esas dudas en que a verte
llego.
ADAMO
¿Sabes cuáles son?
RAZÓN
Para eso soy la Razón.
ADAMO
¿De qué suerte?
RAZÓN
De esta suerte:
a tronco, ave, pez y fiera,
con cuanto contiene dentro
el ámbito de la rara
fábrica del universo,
crió Dios, y dejando aparte
los admirables portentos
con que ostentarse criador
quiso su poder inmenso,
para que sin digresiones
podamos llegar más presto
a la sujeta materia
de hoy, a su principio vuelvo.
A tronco, ave, pez y fiera
Dios crió para ornamento
de la gran naturaleza:
poético lo diga el verso,
que la admira más hermosa
en lo vario que en lo bello.
Criados una vez, ¿quién duda
que fue para mantenerlos
y no para destruirlos?
Claro corre el argumento,
pues deshacerlos le fuera
tan fácil como fue hacerlos.
Constante, pues, el que quiso
conservarlos, para efecto
de su conservación fue
preciso aplicarles medios,
criándoles con natural
abrigo y dándoles luego
también natural instinto
de conocer su alimento,
ya que sin él no podían
adquirirle por sí mesmos.
Aquí entra ahora la razón
de tu duda: ¿por qué siendo
el hombre el más noble, el más
generoso, el más perfecto
objeto de Dios, no tuvo
tan de balde como ellos
el abrigo y la comida?
Y la razón para esto
fue, si a ellos les dio el instinto,
darle a él el entendimiento,
con tantas prerrogativas
para ser mundo pequeño
como que no haya criatura
(no solo en la tierra, pero
aun en el cielo) de quien
él no subsista compuesto.
Común es con la insensible
piedra en que en cualquiera centro
ocupa lugar; común
con el tronco y demás resto
de las plantas en que nace
y crece; con la ave luego
y los demás animales
en el vital sentimiento;
con el Ángel en que entiende
y discurre; y si me elevo
a más diré que con Dios,
pues a semejanza hecho
suya, en la porción del alma
con Él conviene en lo eterno.
Y pues en lugar de instinto
elevó Dios su talento
a distinto (con que puede
entre lo malo y lo bueno
elegir con albedrío
para su merecimiento
lo mejor), piedad fue summa
la libertad de su genio,
para que bien aplicado
con la esperanza del premio
nazca, crezca, viva y obre
por actos de entendimiento.
ADAMO
Con tu luz, Razón, de parte
de tu razón me convenzo,
pero no sin repugnancia
de parte de mi despecho.
Que el entendimiento sea
desagravio y que prefiero
con él a cuantas criaturas
sin él animan, concedo;
pero en cuanto a que con él,
Razón, aplicarme puedo
para vivir consolado,
no es posible. ¿Qué consuelo
puede tener quien la gracia
perdió de su Padre, espuesto
a que el ingeniarse sean
cuatro rudos instrumentos?
Y esto a tiempo (para que
sea mayor mi sentimiento)
que este valle, para mí
de lágrimas, de contento
sea para los demás.
Pues la venida aplaudiendo
de mi hermano, todo es
regocijos y festejos
que hacen el cielo y la tierra,
una y otra vez diciendo…
MÚSICA
Dentro
Todos en su venida
nos alegremos,
pües en él son unos
todos los tiempos.
RAZÓN
¿Ves esa venida que es
su gozo y tu sentimiento?
Pues quizá en esa venida
está, Adamo, tu remedio.
ADAMO
¿Cómo?
RAZÓN
Como ya en el valle
una vez que podrás, creo
(pues tan humano con todos
se muestra), contigo serlo,
y en los términos de humano
valerte tú de algún medio
que mejore tu fortuna.
ADAMO
Ya que me das el consejo,
dame el modo.
RAZÓN
Sí daré,
tan hijo de mi concepto
que sea en Razón Natural
fundado.
ADAMO
¿Cómo?
RAZÓN
Oye atento:
¿no hay humana ley…?
El APETITO con algunas yerbas
APETITO
Señor,
en todos esos desiertos,
si no son silvestres frutas
y amargas aguas…
ADAMO
No, necio,
con eso vengas ahora.
APETITO
Pues si otra cosa no encuentro,
¿con qué he de venir?
ADAMO
Aparta.
APETITO
Toma, que del mal el menos,
y por vivir hay quien tome
aun peores récipes que estos.
ADAMO
Déjame, que ahora estoy
ocupado.
APETITO
¿Cómo puedo
si soy tu Apetito?
ADAMO
Como
te lo mando yo.
APETITO
¡Eso es bueno!
¿De cuándo acá al Apetito
mandas tú?
ADAMO
Desde que tengo
a la luz de la Razón
en ella el discurso puesto.
APETITO
Acuérdate de que ayer
quisiste en el caso mesmo
apartarme y no pudiste.
Luchan los dos
ADAMO
Quizá podré hoy.
APETITO
¿Cómo, cielos,
ahora soy yo el que desmayo?
ADAMO
Como ahora soy yo el que aliento.
Vete, villano, de aquí,
y persuádame a que puedo
apartar al Apetito
cuando a la Razón me acerco.
Y pues sin él he quedado,
prosigue lo que diciendo
ibas.
RAZÓN
No hay divina ley
en el natural derecho
que diga que pueda un padre
negar a su hijo el sustento,
ni tampoco ley que diga
en el político fuero
que le deje a que mendigue,
ni trabaje en tan groseros
ejercicios que desluzgan
lo alto de su nacimiento;
que, desheredado, aún guarda
en sí los claros trofeos
de su sangre, y pues tu hermano
está ya en posesión puesto
del mayorazgo, en justicia
y en fee de ser el consejo
puesto en Razón Natural,
puedes pedirle alimentos.
ADAMO
El medio que dices fuera
para mí lustroso medio
si me atreviera a admitirle.
RAZÓN
Pues, ¿qué es lo que temes?
ADAMO
Temo
que, yo pobre, él poderoso,
haya de tener mal pleito.
Fuera de eso, ¿dónde hay
caudal para los derechos
y las demás costas?
RAZÓN
No
eso te aflija; yo tengo
un procurador amigo
tan afable, tan atento,
tan benigno, tan piadoso
y familiar compañero
del hombre, que el ejercicio
de que hace mayor aprecio
es, sobre procurador,
ser también su agente; y creo
que como te valgas dél,
él siga a su costa el pleito
(adornando tu persona
de traje menos grosero
con que puedas parecer
en tribunal tan supremo),
con la esperanza de que,
saliendo en favor, el precio
de sus salarios sea…
ADAMO
Di.
RAZÓN
… solo tu agradecimiento.
ADAMO
Que nunca le seré ingrato
una y mil veces ofrezco.
¿Dónde vive para que
vaya a buscarle al momento?
RAZÓN
Su posada, Adamo, es
de aqueste valle muy lejos.
No tienes que ir a buscarle,
que él, movido de su afecto,
sabiendo que yo venía
a alumbrar tu entendimiento,
con deseo de saber
si aceptabas mi consejo
se adelantó a mí, de suerte
que ya contigo primero
estaba que yo.
ADAMO
¿Conmigo?
¿Cómo, si yo no le veo?
Dale el hacha y sale el ÁNGEL
RAZÓN
Toma esta luz y verasle,
significándose en esto
que a la luz de la Razón
le ve el alma, mas no el cuerpo.
ADAMO
¡Qué hermoso, divino joven!
¿No es este el que en mi despeño
guareció mi vida? ¿No es
el que anunciando misterios
que alentaron mi esperanza
le vi iluminar el viento?
RAZÓN
Ahí verás cuánto es verdad
que llega al hombre primero
el Ángel que la Razón.
ADAMO
A tus pies.
ÁNGEL
Alza del suelo;
llega a mis brazos.
ADAMO
Eso es
querer levantarme al cielo.
ÁNGEL
Claro está que levantarte
a él es lo que yo pretendo;
para eso vine a asistirte
librándote antes de riesgos,
dándote después auxilios
sin saber quién (alto genio
lo diga), dando a Dios gracias
por los beneficios hechos,
que sabía y no sabía.
Y pues al blando reflejo
de esa luz interiormente
me estás por ahora viendo,
¿qué es lo que quieres de mí?
ADAMO
Si a mis metáforas vuelvo,
pobre estoy, desnudo estoy,
con hambre estoy y pretendo
(puesto que desheredado
del mayorazgo me veo
de mi Padre) que me dé
su poseedor alimentos.
ÁNGEL
Yo te ofrezco el ayudarte.
ADAMO
Yo agradecértelo ofrezco.
ÁNGEL
Pues ven a otorgar poder
para que yo siga el pleito.
ADAMO
¿Ante quién?
ÁNGEL
Ante Bernardo,
en cuyos archivos creo
que paran las escripturas
que me hacen en su contexto
agente y procurador
del hombre.
Dentro instrumentos y voces como a lo lejos
ADAMO
Mucho recelo
litigar con poderoso,
y más cuando al tratar de esto
está todo el vasallaje
de mi Padre tan contento
de verle en el valle, como
esas voces y instrumentos
en su aplauso significan,
una y otra vez diciendo…
MÚSICA
Dentro
Todos en su venida
nos alegremos,
pües en él son unos
todos los tiempos.
RAZÓN
Nada receles, que siempre
quien pide tiene buen pleito,
pues si le pierde se queda
como se estaba primero,
y si le gana se halla
con lo que no tenía.
ÁNGEL
A eso
añade, Razón, que quien
pide a generoso dueño,
ser fuerza que algo reciba
dice sagrado proverbio.
Los instrumentos y voces más cerca
ADAMO
Con todo eso, me acobarda
que vengan hacia este puesto,
y no tanto por envidia
de ver su festivo obsequio,
cuanto porque ya al mirarle
como acreedor me avergüenzo.
RAZÓN
Pues no temas.
ÁNGEL
Pues no dudes.
LOS DOS
Sino, usa de tu derecho
y pide, espera y confía.
ADAMO
Con tu luz y con tu aliento,
¿qué he de temer ni dudar?
LOS TRES
Por más que repita el viento…
MÚSICA Y TODOS
Todos en su venida
nos alegremos,
pües en él son unos
todos los tiempos.
Con esta repetición se entran los tres por una parte, y salen por otra cantando y bailando los demás, delante de EMANUEL. Y adviértase que cada tiempo canta su copla de por sí, y todos el estribillo, sin cesar el baile ni los instrumentos, aunque represente EMANUEL sus versos entre copla y copla
PRIMAVERA
Trae una guirnalda
La hermosa Primavera
con sus matices bellos
corone los dorados
rizos de tu cabello,
sin temer que su pompa
marchite el cierzo.
MÚSICA
Cruzados
Pües en ti son unos
todos los tiempos.
EMANUEL
La corona de rosas
te estimo, pero
verlas entre espinas
es lo que siento.
ESTÍO
Tray unas espigas
Las fértiles espigas
que en mis campos amenos
dora el sol, humedece
la alba y enjuga el viento,
te ofrezco, sin temor
de platearlas el yelo.
MÚSICA
Corros
Pües en ti son unos
todos los tiempos.
EMANUEL
Yo sus haces admito,
bien que recelo
que ha de haber quien siembre
cizaña entre ellos.
OTOÑO
Tray unas vides
Yo el fruto de mis vides
a tus plantas ofrezco
en el pámpano opimo,
en el lagar opreso,
sin temer que en agraces
quede el sarmiento.
MÚSICA
Bandas
Pües en ti son unos
todos los tiempos.
EMANUEL
Mira a quién recibes
por jornalero,
no haya viña ingrata
para su dueño.
INVIERNO
Tray un vellón
Pastor de tus ganados,
de ellos yo te presento
recental que celebre
la Pascua del cordero,
sin quejarse el balido
de que hubo invïerno.
MÚSICA
Por defuera
Pües en ti son unos
todos los tiempos.
EMANUEL
Con más gusto que todos
tu don acepto,
que cordero inmolado
dice misterios.
TODOS
Cantado
Pües también tu agrado
dice consuelos.
MÚSICA
Cantado
Todos en tu venida
nos alegremos.
Sale el ÁNGEL
ÁNGEL
Suspended
los dulces cánticos vuestros,
que aunque tan gloriosamente
los escuchen tierra y cielo,
pronunciados de la voz
y repetidos del eco,
bien con la legal disculpa
de mi obligación me atrevo,
no digo que a interrumpirlos,
sino solo a suspenderlos.
EMANUEL
¿Qué legal disculpa?
ÁNGEL
Aquella
que para ejercer el puesto
de procurador del hombre
me ha dado tu Padre mesmo,
con cuyo cargo del real
alcázar suyo desciendo.
EMANUEL
¿A qué fin?
ÁNGEL
Pues, tan humano,
ya en este valle viviendo
a humano modo te ajustas
tú a preguntarlo, bien puedo
ajustarme a humano modo
yo a responderte, corriendo
el velo a una luz que solo
la transparentaba el velo.
Adamo, tu hermano, humilde
y postrado, a tus pies puesto
para cumplir con la salva,
el decoro y rendimiento
debido a personas tales
a quien se les pone pleito,
por mí te suplica que,
viéndose pobre en extremo,
des licencia a que por él,
con mi obligación cumpliendo
ante la justicia real,
presente este pedimento.
EMANUEL
Léele, pues.
ÁNGEL
Custodio, en nombre
de Adamo, con el respeto
y en la mejor forma y vía
que haya lugar de derecho,
ante el alto tribunal
de vuestra alteza parezco,
y presentándome digo
que el dicho mi parte, habiendo
nacido primero hijo
y legítimo heredero
del más rico mayoral,
pues no hay en el universo
haberes que no sean suyos,
y habiendo fundado de ellos
mayorazgo en su cabeza,
le revocó el nombramiento,
pasándole en Emanuel,
su hermano (menor en tiempo,
bien que sin tiempo mayor,
según que allá en su concepto
le engendró para mirarse
en él como en un espejo),
y que no tan solamente
desheredándole, pero
echándole de su casa
a vivir en los desiertos,
padece destituido
de cuantos humanos medios
en ley natural está
obligado a socorrerlo.
Por tanto, pido y suplico
que a su calidad atento,
al lustre de su nobleza
y al sumo caudal y aprecio
de su fundación, provea
auto en que su hermano, dueño
que hoy se halla del mayorazgo,
le acuda con alimentos
competentes a su sangre
y a su estado; a cuyo efecto,
caso que sea necesario,
a mayor abundamiento
de su ligitimidad,
hambre y desnudez, ofrezco
información, y en su nombre
juro que este pedimento
no es de malicia. Otrosí,
suplico durante el pleito
se le den litis espensas,
para lo cual formó expreso
primero artículo con
debido pronunciamiento.
EMANUEL
¿Esa es la petición?
ÁNGEL
Sí,
y escrita (porque el consejo
la admita) en papel sellado,
en uno de siete sellos
que algún venturoso día
serán siete sacramentos.
EMANUEL
¿Y tú has de ser quien la lleve
a presentar?
ÁNGEL
¿Será nuevo
ver que soy yo quien del hombre
las peticiones presento?
EMANUEL
¿En tribunal de justicia?
ÁNGEL
Líbrame, dijo algún verso,
en tu justicia, Señor;
y, así, en justicia pretendo
libramientos que sean gracias,
cuando de sus libramientos
pagues tú todas las costas.
EMANUEL
Sí pagaré, y te agradezco
que de Adamo a las miserias
asistas con tanto afecto,
porque no le quieres tú
tanto como yo le quiero;
pero aunque a su petición
respondiera desde luego
liberal, vive mi Padre
y es preciso darle de esto
parte, que aunque me entregó
de sus gentes el gobierno,
disponer de sus haberes,
sus dignidades y puestos,
no está en mí, sino en quien él
ha antevisto. Si dos deudos,
dos familiares amigos,
me pidiesen los asientos
de mi diestra y mi siniestra,
les respondiera lo mesmo.
Y así, para que esta instancia
corra con todo el severo
rigor de justicia, venga
según conforme a derecho,
que a su notificación
yo responderé.
ÁNGEL
Si puedo
atreverme a preguntarte,
¿qué responderás?
EMANUEL
¿No es cierto
que responda que lo oigo
y en el oficio el proceso
se ponga?
ÁNGEL
Dame tus plantas.
EMANUEL
Pues, ¿por qué?
ÁNGEL
Por el consuelo
de que si él pide y tú oyes,
mi parte tiene buen pleito.
A poner voy al oficio
la petición.
EMANUEL
Saber quiero
a qué oficio.
ÁNGEL
Petición
del hombre que yo la llevo
y tú la oyes, ¿dónde ha de ir
sino al oficio del rezo?
Vase
EMANUEL
Porque o necio o temerario
no haya quien juzgue que siento
la demanda, proseguid
con el regocijo vuestro,
en tanto que, dando vista,
voy por aquestos amenos
campos a mieses y viñas.
PRIMAVERA
Habiendo todos atentos
a plática tan sagrada
estado en mudo silencio,
por ver si entendemos algo
de lo mucho que creemos,
y viendo que ahora nos mandas
proseguir con el contento
de tu venida, de uno
y otro misterioso extremo
se ha de componer el himno
que tras ti cantando iremos.
TODOS
¿Qué himno?
PRIMAVERA
El que yo iré dictando
y vosotros repitiendo.
Pues desheredado el hombre,
humilde pide alimentos.
Cantando la PRIMAVERA y respondiendo la mujer. Sale el DEMONIO como oyendo a lo lejos. (Cantado)
TODOS
«Pues desheredado el hombre,
humilde pide alimentos».
PRIMAVERA
Cantado
Contestando su demanda
en el oficio del rezo.
TODOS
«Contestando su demanda
en el oficio del rezo».
PRIMAVERA
Cantado
¿Quién duda, si él pone el llanto,
si custudio pone el ruego
y el heredero el oído,
que gane en justicia el pleito?
EMANUEL
Dices bien, y así con todos
iré yo también diciendo…
TODOS
¿Quién duda, si él pone el llanto,
si custudio pone el ruego
y el heredero el oído,
que gane en justicia el pleito?
Con esta repetición, cantando y representando, se entran todos; y sale el DEMONIO
DEMONIO
Yo lo dudo, pues antes en justicia
le acusa la sacrílega malicia
de aquel primer delito
que el infinito objeto hizo infinito;
y si por esto dijo
custodio que hoy había
de ser la competencia suya y mía
litigada en justicia, ¿qué me aflijo,
pues me cita a campaña que yo elijo?
Siempre que en nuestro antiguo, mortal duelo,
cuando el del hombre apela en la discordia
al tribunal de la misericordia,
yo al tribunal de la justicia apelo,
que aunque ofendido el cielo
a nunca abrirlas me cerró las puertas,
para mi acusación las dejó abiertas;
y hasta sus más aladas jerarquías
permite entrar sin mí las voces mías.
Y así (¡oh igual atributo
de Dios!), pues en su inmenso, en su absoluto
poder no hay (¡oh, piadoso!, ¡oh, justiciero!)
mayor, menor, primero ni postrero,
atiende a mi querella,
y corriendo de aquella
sala que a mayorazgos nombrar sueles,
los cristalinos, diáfanos canceles
de tus palacios reales,
oye mis quejas, ya que no mis males
oigas; pues en tu siempre sacra idea,
o rico o pobre o grande o menor, sea
primero oído al que a pedir se mueve,
justicia de justicia se le debe;
y así, aunque soy quien soy, tú eres quien eres
y debes escucharme.
Las chirimías. Ábrese un carro y vese en él la JUSTICIA, dama bizarra, con una vara dorada en una mano y en otra un peso, sentada en un trono
JUSTICIA
¿Qué me quieres?,
que ya te escucho, por mostrar en eso
la equidad de esta vara y de este peso;
pues aun contigo ni ella hace mudanza,
ni él declina en el fiel de su balanza.
DEMONIO
Mis penas son tan graves
que las diré, aunque sé que tú las sabes.
De Adamo fue el delito
tal que en la sujeción de un Apetito
cifró cuantos la ley ha imaginado
para haber de vivir desheredado;
esto no obstante, altivos sus intentos,
pleito a su hermano ha puesto de alimentos:
que lo oye ha respondido,
sin guardar para mí segundo oído.
Con que mostrarme parte es justo empeño,
pues según su malicia,
en presente justicia
es mi esclavo, y demás de ser su dueño,
por ti es justo también que no le quede
ejecutoria al hombre de que puede
cometer sin temor mortal pecado
de vivir y morir desamparado.
Y, así, a pedirte vengo
pública audiencia en que alegar prevengo
(lo uno de parte mía,
lo otro de parte de tu regalía)
cuánto es su pena igual a mí y al cielo.
JUSTICIA
Aunque sé que ese es odio más que celo,
no he de negar la audiencia,
que para haber de pronunciar sentencia,
oír a ambas partes propia acción es mía.
DEMONIO
Señala, pues, para la vista el día.
JUSTICIA
Ese ha de señalar el tiempo, cuando
vayan por él los términos pasando
que goza el que litiga.
Dile a él que te lo diga,
que yo, observando en todo el legal uso,
en el día que el pleito esté concluso,
rasgando el azul velo
que en sus claustros me encierra,
a conocer descenderé del cielo
de cuánto contra paz y verdad yerra,
prevaricando el centro de la tierra.
Cúbrese el carro Van saliendo los tiempos con sus versos, dando vueltas alrededor
DEMONIO
Al tiempo me remite.
Saberlo, pues, del tiempo solicite:
dime, ¡oh tú, Primavera!,
siempre del año la estación primera,
en qué estado del hombre el pleito anda.
PRIMAVERA
En estar contestando la demanda.
DEMONIO
Ya contestada, ¿en qué su pleito estriba?
ESTÍO
En remitir para difinitiva
su artículo primero.
DEMONIO
¿Qué consigue (de ti saber espero)
el mayorazgo de eso?
OTOÑO
El haber dado
al mayoral su fundador traslado.
DEMONIO
Y di, el procurador que a Adamo asiste,
¿en qué ahora subsiste?
INVIERNO
En que dársele deba
el término ordinario de la prueba.
DEMONIO
¿Qué prueba o qué testigo habrá que diga?
PRIMAVERA
Yo, que vi la fatiga
con que iba mendigando.
ESTÍO
Yo, que le vi su desnudez llorando.
OTOÑO
Yo de hambre padeciendo.
INVIERNO
Y yo las destemplanzas mías sintiendo.
PRIMAVERA
Sin tributarle nada
de mis frutos, pues solo fue una azada
el don que yo le he dado.
ESTÍO
Yo una hoz.
OTOÑO
Yo una segur.
INVIERNO
Y yo un cayado.
PRIMAVERA
Con que claro se indicia
ser de necesidad, no de codicia
el pleito.
ESTÍO
Y con que habiendo presentado
ya en él la alegación de bien probado…
OTOÑO
… de ambas partes concluso…
INVIERNO
… con todo el fuero que la ley dispuso…
LOS CUATRO
… sin que el tiempo los términos resista,
dice la citación para la vista.
MÚSICA
Dentro
Vengan las partes, vengan a la audiencia
del pleito de alimentos a oír sentencia.
DEMONIO
¡Oh!, qué dichoso fuera
el hombre si supiera
aprovechar cuanto es su vida escasa,
al ver del tiempo la veloz carrera
con que enlazado de uno en otro pasa.
PRIMAVERA
El corazón traspasa
ver cuán triste en la sala Adamo ha entrado,
de su procurador acompañado.
ADAMO y ÁNGEL por una parte, y EMANUEL por otra
ESTÍO
Y qué alegre Emanuel.
OTOÑO
Pues que le vemos
solo, justo será le acompañemos,
repitiendo los ecos que veloces
en ese patio están diciendo a voces…
TODOS Y MÚSICA
Vengan las partes, vengan,
del pleito de alimentos a oír sentencia.
Las chirimías, y vuélvese a ver el trono de la JUSTICIA, y en él sentada. Baja hasta el tablado, llega la RAZÓN a la grada y dándola la mano se abrazan los dos
PRIMAVERA
Ya del trono desciende
la Justicia a su sala.
DEMONIO
Bien se entiende
en esto la noticia
de que viene del cielo la Justicia.
ESTÍO
A recibirla sale
la Razón Natural.
PRIMAVERA
Y si se vale
de ser quien más desea
la paz del hombre para que se vea
cumplido el salmo, apenas se miraron
cuando paz y justicia se abrazaron.
RAZÓN
Dame tu mano, divina
virtud.
JUSTICIA
A mis brazos llega,
humana deidad.
RAZÓN
Con bien,
señora, a tu estrado vengas,
donde, aunque seas Justicia,
tengo de esperar clemencia
el hombre.
ADAMO
Puesto a tus plantas,
a sombra de la luz bella
de la Razón, te suplica
el que de él te compadezcas.
EMANUEL
Yo para mí no te pido
piedad, porque de manera
quiero a Adamo, mi hermano,
que quiero que en mí se entienda
cuán tibio lidia quien lidia
con gana de que le venzan.
Medianero entre mi Padre
y él, con tal pasión me lleva
su amor que, en vez de piedad,
justicia te pido, en muestra
de cuánto aquel desenojo
deseo y qué satisfecha
su culpa, en todo rigor
de justicia, aunque yo sea
el que ha de pagar las costas
de sus alimentos. Vean
no solo la Razón, pero
cielo, sol, lunas y estrellas,
aves, peces, flores, plantas,
aire, agua, fuego y tierra,
que tuve yo los dolores
porque él los consuelos tenga.
JUSTICIA
Está bien; y pues forzoso
es, habiendo quien se muestra
parte que le haya de oír,
a cobrar mi asiento vuelva,
y vuelvan también las voces
a llamar por si alguien resta.
MÚSICA
Vengan las partes, vengan
del pleito de alimentos a oír sentencia.
Sale el APETITO
APETITO
Ya yo vengo como parte,
pues que ninguno interesa
más que el Apetito en que haya
alimentos.
ADAMO
¿Aquí entras,
villano?
APETITO
Pues, ¿por qué no?
ADAMO
Porque sin verte se vea
que no reina el Apetito
a donde la Razón reina.
Vete de aquí.
APETITO
Yo me iré,
pero haré lo que las dueñas,
que desde el recibimiento
ya que no escuchan, acechan.
Vase
MÚSICA
Vengan las partes, vengan
del pleito de alimentos a oír sentencia.
Siéntase la JUSTICIA en su trono, y ponen delante dél un bufete con escribanía y campanilla, y ábrese otro carro en que estará sentado en otro trono el PADRE DE FAMILIAS
PADRE
En una de las escuchas
en este alcázar dispuestas,
a efecto de saber cómo
mis magistrados gobiernan
en el pleito de alimentos
que hoy se ve, quiero desde ésta
(que a sala cay de Justicia)
oír lo que resulta de ella.
JUSTICIA
Hablen las partes.
DEMONIO
Yo, a quien
la fiscal compete en esta
querella, hablaré el primero.
JUSTICIA
¿Es su regalía esa?
ÁNGEL
Hablar le toca, señora.
Toca la campanilla y responden dos coros
JUSTICIA
Pues, ¿qué aguardas?
DEMONIO
Tu licencia.
JUSTICIA
Silencio.
MÚSICA
Silencio.
JUSTICIA
Y todos atiendan.
CORO 1.º
Justicia, justicia.
CORO 2.º
Clemencia, clemencia.
DEMONIO
Del derecho de mi parte
es la pretensión (¡oh excelsa
Justicia!) que has de servirte
de denegar a la opuesta,
sobre perpetuo silencio,
los alimentos y espensas
que pretende, y condenarle
en las costas y en las penas
en que ha incurrido, pues solo
en un delito se encierran
cuantas el civil derecho
concede a un padre que pueda
desheredar a su hijo,
como son: la inobediencia,
la ingratitud, el respeto
ofendido, la sospecha
de no fiel, la de traidor,
de usar de mágicas ciencias,
ser disipador de bienes,
verse notado de afrentas
y, en fin, de su mismo ser
destruidor. ¿Qué mayor prueba
de todo que ver la ley
quebrantada, ver la hacienda
hecha mayorazgo en él
por una mujer deshecha
(con quien pródigo gastó
todo el caudal de sus rentas,
como si importara más
contristarla que perderla),
ver el respeto perdido
del Padre? Pues su soberbia
quiso, contra él conspirando,
igualarse a él, consecuencia
que también le hace traidor
en el delito de lesa
majestad, pues contra el rey
peca el que atrevido peca
contra el padre, como Padre
universal. Aquí entra
el ser también sospechoso
en la fee, pues creyó que era
más verdad lo que le dijo
una encantada culebra
que quien le dio ser y vida;
a cuyo terror se llega
el de la superstición,
pues hizo pacto con ella
implícito, concurriendo
al que hizo la mujer mesma.
Ignominioso padrón
en la arrugada corteza
de un tronco lo diga, en quien
durará su infamia eterna.
Omito otras muchas causas,
que decirlas todas fuera
proceder en infinito,
y voy solamente a aquella
que como cabeza incluye
todas las demás cabezas.
Lesa majestad divina
comete el padre que deja,
pudiéndolos rescatar,
a que cautivos padezcan
en infiel patria sus hijos,
expuestos a contingencia
de prevaricar, por cuya
partícipe culpa, expresa
ley le condena a morir.
Pues si Adamo cometerla
pudo el día que no solo
a que sus hijos perezcan
esclavos los deja, pero
a toda su descendencia,
haciéndose reo de muerte,
¿qué mucho si por cualquiera
de estas causas puede el Padre
degradarle con la herencia
también del nombre de hijo,
que lo haga por todas ellas,
tan juntas que atropelladas
unas con otras se encuentran?
Luego ni heredero ni hijo,
¿qué acción es la que le queda
para tener pretensión
de alimentos y de espensas
de padre que ya no es padre,
y hacienda que no es ya hacienda?
Con que pues es más capaz
de castigo que de venia,
no debe ser amparado
sino antes expulso, en pena
por el general ejemplo
de que trabaje o perezca.
En cuyas leyes fundado,
diciendo mi bando espera,
persuadido a que ya tiene
favorable la sentencia…
CORO 1.º
Justicia, justicia.
CORO 2.º
Clemencia, clemencia.
JUSTICIA
Silencio.
MÚSICA
Silencio.
TODOS
Justicia, clemencia.
JUSTICIA
Hable la otra parte.
ÁNGEL
Yo,
a quien la alta providencia
(a ruego de la Razón
Natural) quiso que fuera
su procurador agente,
y después con la asistencia
de este pleito su abogado,
por ella hablaré.
JUSTICIA
¿Qué esperas?
ÁNGEL
Por más, ¡divina Justicia!,
¡soberana virtud bella!,
por más (vuelvo a decir) que
la parte contraria esfuerza
con aparentes razones,
que sofísticas deniegan
alimentos a mi parte,
no embargante todas ellas,
le has de dar los competentes
a su estado y su nobleza,
sobre cuyo fundamento
arguyo en esta manera:
que por las causas que ha dicho,
el hijo que las cometa
pueda ser desheredado,
concedo; mas no que pueda
ser totalmente excluido
de medios que le mantengan
necesarios a la vida,
que son en esta materia
los términos en que estamos,
por tres leyes: la primera,
que no se puede fundar
mayorazgo sin reserva
para alimentos de quien
inmediato en él suceda,
y si es o no es inmediato
lo ha de decir la sentencia.
La segunda, que no puede,
por malo que el hijo sea,
darle la muerte su padre,
y el que el sustento le niega
ya le da muerte civil,
que el modo al morir no enmienda,
pues ser con lento veneno
o ser con arma violenta
lo mismo es matarle que
necesitarle a que muera;
obligarle a que mendigue
o trabaje es indecencia
que no cabe en proporción
humana, pues aunque quiera
negar hoy que no es su hijo,
¿podrá negar que lo era
cuando le desheredó?
Luego tan hijo se queda
como antes, que no se da
en pretéritos potencia.
Y apurando más el caso,
doy (sea posible o no sea)
que pierda el nombre de hijo,
¿será bien que con él pierda
el de prójimo? Pues siendo
así que sagradas letras
de canónicos decretos
disponen el que en extrema
necesidad le socorran,
le amparen y favorezcan,
y mi parte lo está, como
cuatro testigos contestan
que le vieron mendigando,
sujeto a humanas miserias,
sin salud para la hoz,
para la azada sin fuerzas,
para la segur sin arte,
para el yelo sin defensas,
¿cómo es posible dejar,
y más cuando a estado llega
que no pide como hijo
y como mendigo ruega,
dejar de ser socorrido?
Y dado caso que estas
dos razones no concluyan,
pasemos a la tercera:
el desheredar el padre
no es ley que obliga, es licencia
jurídica que le da
docta la jurisprudencia
a fin de que viva el hijo
a raya con esa rienda.
Luego si no es ley que obliga,
sino solamente puesta
en el arbitrio del padre
para usar o no usar de ella,
por el derecho común
o el de las gentes es cierta
cosa que será mutable,
bien como todas aquellas
que caben en un volumen,
u derogadas u impuestas.
Que el Padre sustente al hijo
es ley de naturaleza
inmutable que no está
a humano arbitrio sujeta,
ni el derecho de las gentes
ni el civil pueden romperla
ni derogarla, porqué
se estableció por sí mesma,
tan independiente que
aun los brutos la conservan.
Luego si una ley no obliga
que está a ajeno arbitrio expuesta,
y otra obliga en natural
fuero, preciso es que ceda
la que mutable permite
a la que inmutable fuerza;
y así, ¡oh Justicia!, mi parte,
por más que esotra refiera…
MÚSICA
Justicia, Justicia.
ÁNGEL
Aguarda
favorable la sentencia,
pues sobre Justicia, humilde
dice…
MÚSICA
Clemencia, clemencia.
JUSTICIA
Silencio.
MÚSICA
Silencio.
JUSTICIA
Ya atiendan: yo, atenta
a los méritos y causas
alegadas, fallo…
PADRE
Espera,
que falta una repregunta
antes que des la sentencia,
que habiendo escuchado yo
desde esta eminente esfera
que elegí para descanso
sin descender a la tierra,
que ya le entregué a Emanuel
cuanto ha pasado en tu audiencia;
y es bien que, como citado,
la repregunta te advierta:
de la parte que litiga
la declaración se lea;
veamos a los cargos que
le hacen qué da por respuesta.
ÁNGEL
La respuesta, Señor, es
el que todos los confiesa.
ADAMO
Y añado a la confesión
que, arrepentido, me pesa
el haberlos cometido
y que propongo la enmienda.
PADRE
¿Enmienda, arrepentimiento,
propósito y pesar? Vea
el mundo que al fin soy Padre.
Justicia, no, no suspendas
de que al punto se le den
de alimentos la sentencia,
que aunque es quien ha de pagarlos
Emanuel, quiero que entienda
Adamo que el más querido
hijo supo a mi clemencia
no perdonarle en las costas
porque él pagase sus deudas.
JUSTICIA
Así lo pronuncio.
EMANUEL
Y yo
así lo acepto.
ÁNGEL
Pues sepa
el hombre en qué los señales
para las litis espensas.
EMANUEL
Entre auxilios de virtudes,
que recibirlos merezca
olio, carne, vino y pan.
PRIMAVERA
Para eso la Primavera
le situará de sus flores,
significándose en ellas
fee, esperanza y caridad,
lirios, rosas y azucenas.
ESTÍO
Para el pan dará el Estío
las espigas de las eras
de los campos de Belén,
que cogió la espigadera
Ruth.
OTOÑO
Para el vino dará
el Otoño de la tierra
de promisión el racimo,
que ha de esprimirse en la prensa
de la viga del lagar.
INVIERNO
Y el Invierno, de las selvas
en que apasten sus rebaños,
para carne de la cena
legal le dará el cordero
inmolado, que no tenga
mancha en su cándida piel,
siempre limpia, pura y tersa.
RAZÓN
Y la Razón Natural,
porque las especies vuestras
le hagan provecho, ungirá
sus sentidos y potencias
con el elevado olio
que da en sus cumbres supremas
el monte de las Olivas.
DEMONIO
¿Y qué tendrá cuando tenga
olio, pan, vino y cordero?
EMANUEL
En el vino y pan, mi mesma
carne y sangre; en el cordero
inmolado, hostia que sea
sacrificio de mi Padre;
y en las flores, las excelsas
virtudes que le hagan digno
para sentarse a mi mesa.
DEMONIO
¿Pan y vino, carne y sangre?
Sepa yo de qué manera.
Ábrese el cuarto carro y vese la AURORA sentada a una mesa en que habrá hostia y cáliz
AURORA
Eso diré yo, que habiendo
sido antes la Aurora bella
que anunció al sol, no se implica
el que ahora la Iglesia sea,
pues no hay atributo que
a una y otra no convenga;
que si es la Aurora María,
y María se interpreta
‘gracia’, y de gracia ley
es la católica Iglesia,
a ella toca el explicar
que en esta cándida oblea
y en esta dorada copa,
para última fineza
de amor con que Emanuel quiere
que Adamo alimentos tenga,
transubstanciado debajo
de especies como materia,
dando sus palabras forma,
huirá la sustancia de ellas,
convirtiéndose en sustancia
el pan y vino que muestran
de carne y sangre que al hombre
no solo alimentos sean
para la temporal vida,
mas también para la eterna.
DEMONIO
No lo digas, calla, calla.
No prosigas, cesa, cesa,
que a tanto esplendor que vaya
huyendo su vista es fuerza.
ADAMO
Y en tu voluntad que hijo
pródigo a tus plantas vuelva.
PADRE
Al que arrepentido vuelve
siempre le abriré las puertas.
ADAMO
También, hermano, a las tuyas
humilde.
EMANUEL
A mis brazos llega,
que siempre abiertos también
están al que ofrece enmienda.
ADAMO
Tú, soberana Justicia…
JUSTICIA
A mí nada me agradezcas;
tu Padre es quien en rigor
de Justicia te remedia.
ADAMO
De todos estos honores,
custodio, a ti se te deban
las gracias.
ÁNGEL
Mi oficio es
el que tus causas defienda.
ADAMO
En fee de que tus salarios
son el que yo lo agradezca,
ya que mandé al Apetito
que delante no parezca
de la Razón Natural,
porque nunca volver pueda
viéndome con ella, siempre
tengo de vivir con ella
tan casado que ni un punto
faltaré de su asistencia.
RAZÓN
Mal podrá negar la mano
quien ha de tenerte de ella.
PRIMAVERA
Pues todo ha parado en dicha,
acabe también en fiesta.
TODOS
¿De qué suerte?
PRIMAVERA
¿Qué dijimos
al convocar esta audiencia?
TODOS Y MÚSICA
Vengan las partes, vengan
al pleito de alimentos a oír sentencia.
PRIMAVERA
Pues ya que la hemos oído
tan favorable que sea
dicha de todos, digamos
glosando el tono y la letra:
Vengan todos, todos vengan
a tan piadosa audiencia,
que empieza en justicia
y acaba en clemencia.
TODOS Y MÚSICA
Vengan todos, todos vengan
a tan piadosa audiencia,
que empieza en justicia
y acaba en clemencia.
Y todos postrados
a las plantas vuestras,
diremos que el auto
(como perdón tenga)
empezó en justicia
y acaba en clemencia.

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