El conde Lucanor
Comedia Famosa

Personas que hablan en ella.

  • LUCANOR
  • PTOLOMEO, soldán de Egipto
  • FEDERICO
  • ROBERTO
  • ASTOLFO
  • CASIMIRO
  • PASQUÍN
  • ROSIMUNDA
  • CLORI
  • IRIFELA
  • ESTELA
  • FLORA
  • SIRENE
  • LIBIA
  • UNOS GUARDAS
  • MÚSICA

Jornada Primera

dentro ruido de caza y sale después, como cayendo, Ptolomeo, soldán de Egipto, vestido a lo gitano.
Uno
dentro.
Desenlaza la pigüela
a otro halcón, que tras él suba
a socorrerle.
Todos
dentro.
¡Huchohó!
Soldán
dentro.
No hay para qué, que aunque él huya
volando, sabré corriendo
hacer que se restituya
a la alcándara. Mas, ¡cielos,
favor!
Uno
dentro.
En las peñas duras
el caballo del Soldán
se desboca.
Todos
Suerte injusta.
dentro ruido.
Soldán
dentro.
Por más, generoso bruto,
que envuelto en sudor y espuma
rindas al aire el aliento,
des a la tierra la furia
Ahora sale.
desalojado del fuste
que tu altiva espalda ocupa,
del estribo que te ciñe
y la rienda que te ajusta,
sabré sin ti penetrar
los ceños desta espesura
en seguimiento de aquel
veloz pirata de pluma
que en los piélagos del viento,
haciendo una y otra punta
para caer sobre el sol,
más allá del sol se encumbra.
Mas, ¡ay!, que en vano te sigue
ya ni aun la vista, pues suma
tu velocidad, te aleja
tanto que la más aguda
ni pájaro te devisa
ni átomo apenas te juzga;
conque perdidos los dos,
tú en la campaña cerúlea
y yo en la verde campaña,
corremos igual fortuna,
pues a un tiempo destemplados,
tú entre nubes, yo entre grutas,
partimos entre los dos,
tú la vaga y yo la inculta.
Mal seguido de mi gente,
porque no igualó ninguna
el desenfrenado aliento
que de sus ojos me hurta,
perdido y solo en las quiebras
destas pardas peñas duras,
que enmarañadas defienden
la entrada a la luz más pura
del sol, me hallo sin que tope
de humana planta ni bruta
o vereda que me guíe
o huella que me conduzga.
Pero en lo más intrincado
del monte, si no me ofusca
lo pavoroso del seno,
quiere el cielo que descubra
no sé qué fábrica pobre
que entre esplendores de augusta
a pesar del tiempo vive
míseramente caduca.
Acercarme quiero a ella,
por si la habitase alguna
persona que al real camino
o me adiestre o me reduzga.
¡Ah del miserable albergue!
dentro ruido de cadena.
Mas ¿qué lamento se escucha,
que entre arrastradas cadenas
la esfera del aire turba?
Federico
dentro Federico
Inconstante fortuna,
condicional imagen de la luna,
por más que en mí tus iras ejecutas,
no es infeliz quien de tus iras triunfa.
Soldán
Ya desta voz y aquel ruido
no es difícil que presuma
dónde estoy, pues, aunque yo
no pisé este sitio nunca,
tuve de él noticias siempre.
Esta es la prisión, sin duda,
del infeliz Federico
de Toscana, que asegura
con sus ruinas mis aplausos,
mis dichas con sus injurias.
Pasar no quiero adelante,
por que la piedad no acuda
a revocar los decretos
de una sentencia tan justa
que la pronuncian los hados
siempre que mi mal pronuncian.
Por otra parte –sin que
me mueva a lástima alguna,
pues a quien culpa su estrella,
no en vano mi rigor culpa–
quiero torcer el camino.
Y no sin causa, pues una
parda choza allí parece
que en bárbara arquitectura
es fachada de otro seno
no menos funesto en cuya
lóbrega estancia quizá
habrá gente. ¡Ah de la obscura
Tocan dentro una arpa.
habitación! Mas ¿qué oigo?
Templado instrumento usurpa
las cláusulas a las aves
a cuyo compás divulga.
Dentro Irifela cantando.
Irifela
Inconstante fortuna,
condicional imagen de la luna,
por más que en mí tus iras ejecutas,
no es infeliz quien de tus iras triunfa.
Soldán
¿Qué es esto, cielos? Lo mismo
que uno llora en sus angustias,
otra en sus lisonjas canta.
Tan poca distancia, incultas
peñas, hay del canto al llanto,
de la pena a la ventura,
de la desdicha a la dicha,
que pueden dos voces juntas
formar de un mismo concepto
el lamento y la dulzura,
repitiendo a un tiempo mismo
una alegre, otra confusa:
Cantando los dos y representando.
Los Dos
Inconstante fortuna,
condicional imagen de la luna,
por más que en mí tus iras ejecutas,
no es infeliz quien de tus iras triunfa.
Todos
dentro.
¡Muera! ¡Tiradle!
Soldán
¡Ay de mí!
Tercera voz articula
no menos casual asombro
que la primera y segunda.
Todos
dentro.
Por aquí va. Sale Roberto.
Roberto
¡Favor, cielos!
Soldán
¿Qué es esto?
Roberto
Las plantas tuyas,
seas quien fueres, sagrado
sean del que en noble fuga
llega a socorrerse dellas.
Salen algunos guardas con armas.
Todos
¡Tiradle! ¡Muera!
Soldán
La furia
tened. ¿Por qué ha de morir?
Uno
¿Tú, señor, nos lo preguntas,
siendo tú quien nos lo mandas?
Soldán
¿Yo? ¿Cómo o cuándo?
Uno
¿Eso dudas?
Guardas somos de esa torre
en cuyo centro se oculta
Federico de Toscana,
con orden que la clausura
no penetre destos cotos
persona, señor, alguna
que no muera; mayormente
siendo el que amparar procuras
en traje y lengua toscano.
Vuélvese contra él empuñando un puñal, y Roberto le detiene con la rodilla hincada en el suelo.
Soldán
¿Qué es, traidor, lo que aquí buscas
cuando mal ignorar puedes
que de tu nación perjura
cualquiera sombra me asombra
y cualquiera voz me injuria?
Roberto
Óyeme y dame la muerte
si no basta en mi disculpa
la seguridad que goza
quien ha venido en tu busca
con fueros de mensajero.
Soldán
¿Cómo aquí hallarme procuras?
Roberto
Como apenas a este puesto,
primera posesión tuya
que con islas de Toscana
el Archipiélago junta,
solo y sin armas, de aquella
mal defendida faluca
tomé tierra, cuando supe
que la generosa lucha
boreal de la cetrería,
que es la caza de que gustas,
te tenía en estos montes.
Y así, en fe de la segura
plática de embajador,
te busqué en ellos; a cuya
causa han querido matarme,
sin más delito o más culpa
que no saber dónde estaba.
Soldán
¿Quién todo eso me asegura?
Roberto
Este pliego.
Soldán
¿Para mí?
Roberto
Sí.
Soldán
¿Cúyo es?
Roberto
De Rosimunda,
la duquesa de Toscana.
Soldán
Pues ¿qué? ¿Todavía la dura
la esperanza de que pueda
ver libre a su padre? ¡Nunca!
Retírate mientras leo.
Levántase Roberto, abre el pliego, y dentro de él hay otro.
Roberto
(¡Ay, Flora!, en ausencia tuya,
¿qué habrá que no sea desdicha?).
Soldán
«A la Majestad Augusta
de Ptolomeo de Egipto».
Y trae otra carta inclusa.
Lee.
«Ya que al rescate de cuanto
todo aqueste estado suma,
la persona de mi padre
no es posible que reduzgas
y que de su libertad
allá por causas ocultas
nunca la plática admites
y siempre el contrato escusas,
merézcate aquesta vez,
no, señor, por hija suya,
por el honor que me ensalza
ni la sangre que me ilustra,
sino sólo por mujer
triste, afligida y confusa,
que ésta para con los nobles
es la dignidad más justa,
que, después que te asegures
de cuanto ese pliego incluya,
permitas llegue a su mano
y responda a esa consulta».
¡Qué secreto imperio, cielos,
es este de la hermosura,
que aun cuando ruega postrada
es cuando manda absoluta!
No sólo he de ver el pliego,
cortés hoy con Rosimunda,
pero sin verle he de darle
y hacer que responda; que una
cosa es mi seguridad
y otra la estimación suya,
el día que no me habla
en lo que más me disgusta.
A un guarda.
Dile a Federico tú
que hoy mis rigores le indultan
su prisión, que a verme salga.
A otro.
Y tú, por que no haya duda
que de aquí conmigo lleve,
mira quién aquella gruta
habita y venga también
a mi presencia. Tú escucha
lo que a Federico diga
en obediencia tan justa,
porque has de llevar de todo
la respuesta. (Luces puras,
no me enternezcáis al verle,
pues sois mi culpa y disculpa).
Por una parte sale un guarda con Federico, viejo venerable, y por otra el otro con Irifela, vestida de pieles.
Uno
Ya está Federico aquí.
Otro
Y aquí Irifela, sañuda
fiera humana, que es quien vive
esta bóveda profunda.
Soldán
A ver a un tiempo en los dos
dos monstruos de la fortuna,
¿qué mucho que me estremezca?,
¿qué mucho que me confunda?
Federico
Feliz yo, si el mandar hoy
que a la luz me restituyan
del sol, es para acabar
de una vez con mis angustias.
Irifela
Dichosa yo, si el buscarme
hoy entre estas peñas rudas,
es para que con mi muerte
mejor el destierro cumpla.
Federico
Y así mudamente absorto…
Irifela
Y así absortamente muda…
Federico
…te suplico me declares…
Irifela
…te pido que me descubras…
Federico
…¿para qué a un vivo cadáver
sacas de su sepultura?
Irifela
…¿para qué en estas montañas
donde me arrojas me buscas?
Soldán
Dos preguntas me habéis hecho
y es bien ser dos las preguntas,
porque quizá no supiera
responder a cada una
de por sí, y sabré a las dos.
Los Dos
¿Por qué?
Soldán
Porque vienen juntas
a ser respuesta una de otra,
cuando infieras, cuando arguyas
que tú padeces por ella
y ella por ti.
Los Dos
¿Cómo?
Soldán
A Federico primero.
Escucha
tú que lo ignoras; y tú,
que lo sabes, disimula.
De Europa al Asia infestado
el paso tenían mis fustas,
que, bandoleras del mar,
se valen de lo que hurtan,
cuando…
Federico
…religioso yo,
procurando hacer segura
la senda a Jerusalén,
al que peregrino surca
estos mares con devota
fe de ver en su gran curia,
entre otros sacros lugares,
aquella inmortal aguja
que fue de mi Dios humano
pira, monumento y urna,
en persona salí al mar,
fundando en campos de espuma
vaga ciudad, población
de su verdinegra bruma.
Soldán
Yo, viendo que tú venías,
para que nadie presuma
menos ardimiento en mí,
salir dispuse en tu busca
y al tiempo que sobre el ferro
tenía la armada surta,
para levar al instante
que el viento fuese en mi ayuda,
Irifela, esa gitana,
que en las estrellas apura,
arbitrio de las estrellas,
todas las cosas futuras
–si ya no es, como otros dicen,
que en las mágicas que estudia
diabólico genio inspira
y negro espíritu pulsa–
al poner el pie en la plancha
me salió diciendo:
Sale Irifela
Irifela
Escusa
esta jornada, Soldán,
porque los hados te anuncian
que del duque de Toscana
serás prisionero, cuya
persona tu libertad
facilita u dificulta,
pues ella ha de ser el precio
del rescate de la tuya.
Soldán
Adivinadas desdichas,
si no creerlas es cordura,
no es cordura no temerlas,
porque en estas conjeturas,
si el crédito es liviandad,
es temeridad la burla.
Pero a vista del empeño,
aunque el aviso me asusta,
temerosamente osado
salí en la demanda tuya,
en cuyo naval encuentro…
Federico
…amotinada la chusma
de la real, porque había, entre otras
naciones, escuadras turcas,
te dejó ganar el viento,
y con él a la fortuna,
que, aunque parecen dos cosas,
fortuna y viento son una;
de suerte que yo el cautivo
vine a ser, mi armada en fuga.
¡Oh, memoria! ¿Para qué,
si no me matas, me angustias?
Soldán
Desvanecido en la presa
de tu persona por una
parte; y por otra, temiendo
que hado que hoy no se ejecuta
no se ejecute mañana;
por que a ambas cosas acuda,
a Irifela desterré
–por que otra vez no me arguya
mentirosos vaticinios–
y a ti te puse en segura
prisión –por que su amenaza
no pueda suceder nunca–.
Conque la pregunta de ambos
es respondida pregunta,
pues tú haces que ella padezca
y ella hace que tú sufras.
Federico
Sí. Mas ¿por qué con mi muerte
de una vez no te aseguras?
Soldán
Porque tu vida es resguardo
de muchos que se conjuran
contra mí, temiendo vengue
en tu vida sus injurias.
Irifela
No es eso.
Soldán
Pues ¿qué es?
Irifela
Que el cielo
quiere que el hado se cumpla.
Soldán
¿Cómo puede ser, si ya
la fuerza, el poder, la industria,
todo se da por vencido?
O dígalo Rosimunda,
pues, viendo que mi rencor
su esperanza desahucia,
ya en otros medios me escribe.
Toma, aquesa carta es suya.
Licencia te doy de leerla
y responder a una duda
que, según me da a entender,
el estado te consulta.
Federico
Esta es la primer piedad
que debo a mi desventura.
Feliz yo, aunque ella, ¡ay de mí!,
Lee para sí.
firma: «Infeliz hija tuya».
Soldán
(Lástima me da su llanto,
que no hay corazón que sufra
lágrimas de mujer ni hombre;
que lo que enamoran unas,
otras compadecen. Pero
aunque a piedades me induzga,
el ver a Irifela aquí
todas las piedades frustra).
Federico
¿Quién, cielos, se vio jamás
en pena tan importuna?
Soldán
¿Has leído?
Federico
Y más quisiera,
aunque estimo honra tan suma,
no haber leído.
Soldán
¿Por qué?
Federico
Por no entrar en más confusa
penalidad.
Soldán
¿Cómo?
Federico
Como
trae la mayor de mis dudas.
Lleva mal el pueblo que
no haya en él dueño que supla
mi ausencia, agobiando el cuello
a las doradas coyundas
de gobierno y matrimonio;
y queriendo Rosimunda
tome estado, me propone
tres con quien casarla, en cuya
elección resuelva yo
el que más a mí se ajusta,
porque ella, sin mi licencia,
hacer la elección repugna.
Bien tengo de sus estados
y sus convenIencias muchas
noticias, pero no tengo
de sus personas ninguna.
Y en cuanto a mi voto, más
quisiera acertar, ¿quién duda?,
la persona que el estado;
que no son amigas nunca
fortuna y naturaleza,
y así debe la cordura
perdonar por la persona
tal vez algo a la fortuna.
«El hombre es lo más», adagio
es que introdujo la aguda
política; conque, al ver
que he de adivinar a escuras,
perdonara la obediencia
por lo que della resulta
a mi confusión.
Soldán
Aguarda,
que ya que en acción tan justa
no puedo valerte en todo,
en parte es bien que presuma
aliviarte dando medio
de quien el acierto arguyas.
(Por lo que me importa ver
quién con su estado se aúna).
¡Irifela!
Irifela
¿Qué me mandas?
Soldán
En tus mágicas astucias,
de cuantas veces afliges,
alivia siquiera una.
Di a Federico y a mí,
destos tres que le consultan
en lo personal, qué partes
tienen, qué costumbres usan.
Irifela
Como los dos entréis solos
en mi habitación, la luna
de un espejo os mostrará
qué virtudes los ilustran,
qué vicios los acompañan
y en qué ejercicios se fundan.
Vanse los demás y los dos entran por una puerta, y sale por otra Irifela con una hacha.
Soldán
Retiraos todos y tú
ven conmigo.
Federico
Sea disculpa
de aquesta superstición
ser infiel quien la ejecuta
y quien la manda, sin que
yo en ningún pacto concurra.
Irifela
La negra tez desta antorcha
de norte os sirva.
Soldán
¡Qué escura
lóbrega estancia!
Federico
¡Qué seno
tan horroroso!
Soldán
La muda
noche aquí de asiento vive.
Corre una cortina y en medio del teatro se ve un espejo.
Irifela
¿Qué os asombra? ¿Qué os perturba?
¿Quién son los tres que has de ver?
Federico
Como a los dos me descubras,
al otro ya le conozco.
Irifela
Pues ¿quién son los dos que dudas?
Federico
Son Casimiro de Hungría,
príncipe Astolfo de Rusia.
Irifela
Pues llegad a ver y oír
quién son y en lo que se ocupan.
En una parte cajas y trompetas y en otra instrumentos.
Todos
dentro.
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Astolfo
dentro.
Todo sea horror y furia.
Casimiro
dentro.
Cantad, y todo sea amor
cuanto este jardín incluya.
Música
dentro.
Compitiendo con las selvas,
donde las flores madrugan.
Arma otra vez.
Irifela
¿Qué ves tú?
Federico
Una ciudad veo
que asaltada, no hay criatura
que al furor de un fuerte joven
sus incendios no consuman.
Irifela
Tú, ¿qué ves?
Soldán
Un jardín miro
que varias flores dibuja,
y en él un joven hermoso
que en un cenador de murta
peinándose está.
Federico
Éste dice
a las tropas con quien triunfa:
Voces
dentro.
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Astolfo
dentro.
Todo se tale y destruya.
Soldán
¿Y aquél?
Casimiro
dentro.
Cantad, y sea amor
todo, pues al ver que adulan…
Música
…los pájaros en el viento
forman abriles de pluma.
Irifela
Cubre el espejo.
Ya los has visto.
Federico
Esperad.
No el mágico cristal cubras
tan presto, hasta que me informen
mejor las acciones suyas.
Irifela
Pues para que de más cerca
los veas, otra figura
fantástica te los muestre;
y así a Casimiro escucha.
Sale Casimiro vestido a lo húngaro mirándose a un espejo que traerá un paje, y los músicos descubiertos, cantando.
Casimiro
Más al propósito mío,
de tono y de letra muda.
Música
¡Ay, loca esperanza vana,
cuantos días ha que estoy
engañando el día de hoy
y esperando el de mañana!
Casimiro
Más de ese tono conviene
la letra con mi deseo,
pues de un día en otro veo
que mi dicha se entretiene.
Pasa el de ayer, el de hoy viene
previniendo al de mañana,
sin que mi pena tirana
mejore amor, siendo así
que en él sólo para mí…
Él Y Música
…Ay, loca esperanza vana…
Paseándose y vistiéndose y mirándose a cada vuelta al espejo y peinándose.
Casimiro
Amo a Rosimunda bella
desde que vi su retrato.
¿Quién en el que enviarla trato
pudiera copiar su estrella
para que admitido de ella
quedara? Pero si voy
tan perfecto como soy
pintado, su gusto ofendo;
y así en vano estoy temiendo…
Él Y Música
…cuantos días ha que estoy…
Casimiro
…pues claro está que el amor
ya la eleción me asegura,
que siempre fue la hermosura
primer carta de favor;
y más cuando a su rigor
tan sin engaños estoy
rendido, si no es que doy
con esto fuego a la llama,
pues sólo merece el que ama…
Él Y Música
…engañando el día de hoy…
Casimiro
Mas ame yo, aunque padezca,
pues bien mi estrella enemiga
hará que no la consiga,
mas no que no la merezca.
Y así, cuando me aborrezca,
viendo a quien pierde y quien gana,
quedará mi pena ufana
entre sus desdenes, yo
riendo del de hoy y no…
Él Y Música
…esperando el de mañana. Vanse como entraron.
¡Ay loca esperanza vana
cuantos días ha que estoy
engañando el día de hoy
y esperando el de mañana!
Soldán
Este es afetado y vano.
Federico
Su presunción me disgusta;
que en el hombre, aunque es adorno,
no es mérito la hermosura.
Pero prosiga la acción
en que está Astolfo de Rusia.
Todos
dentro.
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Sale Astolfo vestido estrañamente a lo polaco y armado con la espada desnuda y un escudo y algunos retirándose de él.
Astolfo
Sienta mi estrago esta infelice tierra
y, aunque se dé a partidos de vencida,
ninguno en ella quede con la vida;
que para mí no es gloria
si no se baña en sangre la vitoria.
Todos
¡Piedad, señor!
Astolfo
Villanos,
¿qué más piedad que muertos a mis manos?
Huyen todos.
¡Fuera!, que en enemigo
rebelde la piedad es el castigo.
Arda, pues, la ciudad, hasta que sea
tanta la sangre que vertida vea
por toda su campaña
que el hidrópico orgullo de mi saña
su sed apague en ella.
¡Oh, Rosimunda bella,
quién, para que llegara
como soy a tu vista, retratara
el espíritu altivo
con que, ceñido de laurel, recibo
destos rebeldes vitoriosa palma!
Mas, ¡ay!, que no hay matices para el alma.
Vase.
Soldán
Este es soberbio.
Federico
Bien se ha conocido,
pues no se mueve a quejas de rendido;
y sólo es venturosa la corona
que tiene rey que vence y que perdona.
Irifela
Ya los dos que ver quisiste
has visto.
Federico
Y en la blandura
de uno y la fiereza de otro,
ambos mi elección repudia.
Soldán
Pasa al tercero.
Federico
Es en vano;
que ya tengo de él algunas
experencias.
Soldán
¿Y quién es,
ya que me tocan tus dudas?
Federico
Es el conde Lucanor,
un soldado de fortuna,
que, aunque le ilustra mi sangre,
sus desdichas le deslustran.
General fue de mis tropas,
sus vitorias fueron muchas,
y hoy que falta la de Marte,
la escuela de Apolo cursa
dado a buenas letras, siendo
entre la espada y la pluma
docto en todas lenguas; pero
no tiene otra herencia alguna.
Y porque es sobrino mío,
el consejo le consulta
de cumplimiento no más.
Soldán
Yo le he de ver.
Irifela
Pues escucha
lo que en un bosque, en que a caza
ha salido Rosimunda,
le sucede.
Todos
dentro.
¡Guarda el león!
Sale Rosimunda despavorida y Lucanor tras ella.
Rosimunda
¿No hay quien a mi amparo acuda?
Estela, Clori, Sirene,
¿sola a vista de una fiera
me dejáis?
Lucanor
Aquí hay quien muera
en tu favor: mientras viene,
retírate tú; que yo
en tu defensa me quedo.
Rosimunda
En las sombras de mi miedo
Al caerse deja un chapín en el tablado y se entra tropezando.
tropezando voy.
Lucanor
Y no
temas que tus pasos siga,
sin que me mate primero.
Federico
Ella peligra y yo muero
al verlo.
Lucanor
Mas mi enemiga
suerte aun aquesta ventura
no permite a mi tristeza:
que me mate una fiereza
en favor de una hermosura.
Y así, sólo a aqueste fin,
tuerce el paso su furor
al bosque otra vez.
Sale Pasquín.
Pasquín
Señor.
Lucanor
¿Dónde vas? Tente, Pasquín.
Pasquín
¿Y la fiera?
Lucanor
Ya la acción
volvió con plantas ligeras.
Pasquín
No en vano quiero yo fieras,
por lo apacibles que son.
¿Luego lo hiciera una hermosa,
volverse por no matar?
Lucanor
¡Que no llegase a lograr
ocasión tan venturosa
como que morir me vieras,
Rosimunda, en tu favor!
Pero mi estrella en rigor
es más fiera que las fieras.
Pasquín
¿Por qué algo de eso tu amor
nunca se lo dice a ella?
¿Es menos duca tu estrella
que Rosimunda, señor,
para que una hablar te impida
y otra no?
Lucanor
A hablar no me atrevo,
pues cuanto pensado llevo,
en viéndola se me olvida.
Si yo un estado tuviera
que ofrecerla, si me hallara
con poder que me alentara
a que libertar pudiera
a Federico…
Federico
¿Qué oí?
Lucanor
…yo me declarara; pero
si soy un pobre escudero
suyo no más, ¿cómo, di,
he de hablar en competencia
de otros? Pobreza y amor
u dicen mucho valor
u dicen poca prudencia.
Mas ¿qué es lo que luce allí?
Pasquín
Un chapín es.
Lucanor
Pasquín, tente.
Porque aun a mí no es decente
atreverme a alzarle así.
Pasquín
¿Cómo no, si a lo que brilla,
haciendo dos mil cambiantes,
son los clavos de diamantes
y de oro la virilla?
Y vendido, me prometo
mi desnudez remediar.
Lucanor
Aun yo no le he de tocar
sin todo aqueste respeto.
Échale un pañuelo y hinca la rodilla y levántale.
Ven, pues; al retrato ya
la caja que me faltó…
Pero esto mejor que yo
el efecto lo dirá.
Pasquín
Que lo diga o no el efecto,
fuera mejor que a otro fin
vendiéramos el chapín
con muchísimo respeto.
Vanse los dos.
Federico
Ya habrás visto si conviene
su persona a mi pintura.
Soldán
Sí, Federico. Y, si hubiera
yo de hacer elección de una
de las tres sombras que he visto,
esta fuera.
Federico
¿En qué lo fundas?
Soldán
En que rehusando al decoro,
al peligro no rehúsa;
en que ama con fineza,
en que siente con cordura,
en que con valor aspira
y con temor dificulta,
en que conoce su estrella
y en que enojos disimula.
Federico
Mira…
Soldán
¿Qué he de mirar?
Federico
…que…
Soldán
Prosigue, ¿de qué te turbas?
Federico
…que es consejo de enemigo,
y le tomaré.
Irifela
La obscura
noche baja, y por que vais,
al dejar mi estancia obscura,
renovando la memoria,
digan las tres sombras juntas:
Esto todo se ha de representar y cantar junto, sin cesar cajas, trompetas e instrumentos, hasta que acabe la escena, advirtiendo, que se oiga o no, nadie ha de durar más que lo que durare uno.
Astolfo
¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Todo sea horror y furia.
Casimiro
Todo sea paz y amor
cuanto este jardín incluya.
Música
Compitiendo con las selvas,
donde las flores madrugan.
Rosimunda
dentro.
¡Estela, Sirene! ¡Cielos,
dadme favor, dadme ayuda!
Lucanor
No temas; que yo, señora,
moriré en defensa tuya.
Soldán
Vuelve a la prisión, adonde
respondas a la consulta.
Federico
Si el hombre es lo más, lo menos
son fierezas y hermosura.
Vanse, y salen Sirene con una salvilla y en ella un reloj, Clori con otra y en ella una cadena con una medalla, y con otra Estela y en ella un chapín tapado con un tafetán; y Rosimunda y Clori con instrumentos.
Estela
Ya que del pasado susto
de aquella montaraz fiera,
deste jardín en la esfera
sucede al peligro el gusto,
puedes divertirte en ver
los tres que a tu padre van
consultados: aquí están
sus retratos.
Rosimunda
Si el hacer
esa curiosa experiencia
de quién son y cómo son
no le toca a mi elección,
sino sólo a mi obediencia,
a cuyo efecto escribí
al Soldán licencia diera
que mi padre respondiera,
¿para qué quieres que aquí
me empeñe en verlos, Estela,
aventurando agradarme
quizá del que no han de darme?
Y así, es mañosa cautela
de mi no elegido empleo
no ver lo que no he de ver.
(Y más cuando anda el placer
tan lejos de mi deseo).
Estela
Aunque es, señora, verdad,
con todo eso considero
que es mucho el decoro, pero
poca la curiosidad.
¿Qué importa ver un retrato?
(Quién, ¡ay de mí!, hacer pudiera
que el de Casimiro viera,
de cuya hermosura trato
enamorarla, porque…
Mas callad, locos desvelos,
que hasta ahora aún no sois celos).
Rosimunda
Por tu gusto los veré.
¿Cúyo es el que está (¡ay de mí!)
Clori, en tu mano? (¡Qué pena!)
Clori
Pendiente de una cadena,
Astolfo es.
Estela
Y dice así:
Tómale Estela y lee como alrededor.
«Bien en la cadena muestro
la prisión de mi albedrío
y en ella el retrato envío,
por que al verse esclavo vuestro,
no podáis dudar que es mío».
¡Rendido mote!
Rosimunda
Sí fuera
si las cadenas trocara
y a mi padre las quitara
y a mí no me las pusiera.
Estela
¿Y qué te parece de él?
Rosimunda
No sé lo que me parece,
pero a la vista se ofrece
áspero, altivo y cruel.
¿Cúyo es ese (¡ay, infelice!)
que está en tu mano, Sirene?
Sirene
Casimiro es.
Rosimunda
¿Y en qué viene?
Sirene
En un reloj.
Estela
Y en él dice:
Lee.
«Pues de un favor o un desdén
cuentas las horas, di a quien
vas a obedecer leal
que te abrevie en las del mal
y párate en las del bien».
Mírale y déjale.
Rosimunda
Ten.
Estela
¿No te agrada?
Rosimunda
¿Eso ignoras?
Estela
¿Por qué, no es lindo?
Rosimunda
Porque
¿quién sufre a un lindo que esté
diciendo su amor por horas?
¿Cúyo es ése, Libia? (¡Ay, cielos!).
Libia
Es del conde Lucanor,
tu primo.
Rosimunda
Pues ¿no es error?
(Disimulemos desvelos).
Estela
(Suframos penas tiranas).
Rosimunda
¿Traerme retrato (¡ay de mí!)
del que tantas veces vi?
Estela
Las acciones cortesanas
más en ceremonia estriban
tal vez que en necesidad.
Y, aunque el verle sea verdad
por instantes, no es bien vivan
los dos más favorecidos
el día que los tres son
igualmente a la elección
llamados, si no escogidos.
Rosimunda
¿Y en qué viene?
Libia
No sé, pues
de aqueste cendal cubierto,
sin haberle descubierto
le traigo.
Descubre el chapín y en la suela el retrato.
Rosimunda
Este el chapín es
que yo en la fuga perdí
de la fiera, cuando fue
preciso el correr a pie,
y a él en mi defensa vi.
(Fiel vasallo, amante fiel,
¡cómo mi riesgo previene!)
Mas ¿dónde el retrato viene?
Estela
Debajo, señora, de él.
Lee.
«Volverte a tu dueño trato,
pues sólo veniste a fin
de que hiciese mi recato
la suela de su chapín
la caja de mi retrato».
Rosimunda
Esta sí es cortesanía
discreta, esta sí es acción
de capricho y de elección,
de gala y de bizarría.
Buscar lugar que en sí encierra
tal decoro que, aun después
que yo le traiga a mis pies,
no mire más que la tierra,
es de estimar. (Mas, ¡ay, cielos!,
cobraos, locas fantasías.)
Estela
(Ya podéis, desdichas mías,
hablar, pues que ya sois celos).
De otra suerte lo juzgara
yo, pues mucho mejor fuera
que, aunque en el suelo la viera,
del suelo no levantara
prenda tan tuya, señora,
cuanto más para hacer della
jeroglífico al volvella.
Rosimunda
(Fuerza es fingir). ¿Quién lo ignora?
Que si lo contrario dije,
fue por sacar qué decían
las demás y qué sentían
de si esta osadía me aflige
con causa o no.
Estela
Claro es,
y con mucha, cuando infiero
que ha andado necio y grosero,
desatento y descortés.
¡En tu chapín mote a fin
de declarar su cuidado!
Rosimunda
¡Qué por tu cuenta has tomado
los agravios del chapín!
Estela
Yo digo mi parecer.
Rosimunda
Basta, Estela, bien está.
Retirad todo eso, y ya
que no puedo entretener
nada mis tristezas, di,
Flora, algún tono.
Flora
Sí haré,
tan nuevo que hoy le estudié.
Sale Lucanor.
Lucanor
(Si fuera el que yo escribí).
Flora
Canta.
Vuela, pensamiento mío,
vuela sin temer osado
los desaires de un desvío,
pues yo a volver desairado
es sólo a lo que le envío.
Rosimunda
¿Cúya es esa letra, Flora?
Flora
Es del conde Lucanor.
Rosimunda
Pues ¿el Conde (¡qué rigor!)
hace coplas?
Lucanor
No, señora,
pero esta hizo.
Rosimunda
¿Cómo? ¡Ay, Dios!
Lucanor
Como no es en su fortuna
tan necio que no haga una
ni tan loco que haga dos.
Y ya que en una ocasión
no conseguí merecer
morir en defensa tuya,
vengo a suplicarte…
Rosimunda
¿Qué?
Lucanor
…que para morir en otra,
licencia (¡ay de mí!) me des.
Rosimunda
¿En qué ocasión, Lucanor?
Lucanor
La que precisa no dé
lugar a la contigencia,
yéndome a buscar a quien
me mate, sin argüirme
si es muerte o si no lo es.
Y para que veas, señora,
si busco la más cruel,
licencia para ausentarme
vengo a pedirte.
Rosimunda
¿Por qué?
Lucanor
Porque, cuando otros la piden
de venir a merecer,
de ir a no merecer yo
es bien que la pida; que
en las casas de los pobres
siempre anda todo al revés.
A Astolfo y a Casimiro,
o tú, o tu consejo, o quien
pudo –pero contra un triste
cualquiera pudo poder–
se la han dado para entrar
en tu corte a pretender
tus agrados, mientras viene
aquella eleción en quien
advertidamente noble,
generosamente fiel,
quieres que otro dé el favor
por dar tú siempre el desdén.
Yo, que a hacer número sólo
en la consulta fui, a que
descanse el discurso en mí
–que es alivio para un juez
el darle qué desechar
si le dan en qué escoger–,
desconfiado, señora,
de que nunca pueda ser
el elegido, rehúso
la cara al desaire, pues
no es tan grande el mal, mirado
sin los antojos del bien.
Yo no tengo más caudal
para aspirar al dosel
que en mejor esfera ciñe
luz de mejor rosicler
que tu sangre y que mi espada.
Pues ¿cómo quieres que esté
a vista de los que vienen
coronados de laurel,
todos faustos, todos pompas,
si no es que me quede a ser
el lunar de la hermosura
de tu corte, cuando a ver
llegue en cada joya un sol
y en cada pluma un vergel?
La oposición de la noche
hace claro al día y no es
justo, siendo yo la sombra,
que más resplandor les dé
con mi obscuridad, que un pobre,
tropezando todo en él,
sólo hace dar qué decir
donde no tiene qué hacer.
Y así, si me echares menos
–que no harás, señora, bien
que los trastos desechados
aun hacen falta tal vez–
ten entendido (¡ay de mí!)
que me he ausentado a no ver
cara a cara mis desdichas;
que, aunque en mí hay valor, no sé
que baste para mirar
tu mano en otro poder
bien que habrá de consolarme
–mas ¿qué consuelo ha de haber?;
perdóname este descuido
que la envidia no es cortés,
hija al fin de ruines padres–
ver que la ventaja esté
de parte de la fortuna
y no del mérito, pues
aun el que merece más
no merece merecer
lo que he merecido yo,
pues he merecido ver,
como tabla de milagro,
sucederme nada bien
ante la deidad de amor
sacrificada mi fe
en una basa del templo,
puesta mi estatua a sus pies.
Vase.
Rosimunda
¡Volved, Conde, oíd, escuchad!
(Mas, ¡ay de mí!, ¿para qué
le llamo, si no ha de darse
por vencida mi altivez?).
Vuelve Lucanor.
Lucanor
¿Qué mandas?
Rosimunda
¿Cuándo os vais?
Lucanor
Luego.
Rosimunda
El cielo os lleve con bien.
(Para impedir su partida,
industria el amor me dé).
Lucanor
¿Y para esto me llamáis?
Flora
Aunque os vais, Conde, creed
de mí que tendré memoria
de vos, siempre que me dé
la música ocasión.
Sirene
Creedme,
Conde, a mí, y no os vais.
Lucanor
¿Por qué?
Sirene
Porque aun los queridos no
lo pasan ausentes bien,
ved qué harán los no queridos.
Clori
De mí entendido tened
que la hablaré siempre en vos.
Libia
Y de mí, Conde, también.
Vanse.
Lucanor
Todas me honran; pero todas,
contra mi suerte cruel,
no valen lo que una vale.
Estela
Si he de dar mi parecer,
idos, Conde, sin que os vais.
Lucanor
Eso, ¿cómo puede ser?
Estela
Olvidando que el que olvida,
si lo consigue una vez,
ni está presente ni ausente.
Lucanor
Vos me aconsejáis muy bien,
si como dais el consejo
dierais medios para él.
Estela
Dos cosas aseguráis.
Lucanor
¿Qué son?
Estela
Vengaros de quien
os aborrece y pagar
alguna callada fe
que ha de sentir vuestra ausencia.
Lucanor
Pues ¿cómo es posible haber
afecto tan desvalido?
Estela
Eso no sé; pero sé
que si algún día olvidáis,
algún día lo sabréis.
Vase.
Lucanor
¡Qué pegado afecto al alma
el del amor propio es,
pues nunca le suena mal
que haya quien le quiera bien!
Días ha que vi en Estela…
Mas, discurso, ¿para qué
reconocer solicitas
lo que no has de agradecer?
En fin, me despedí, y cuando
de Rosimunda esperé
que alentara mi esperanza,
«el cielo os lleve con bien»
es cuanto la merecí.
Sale Pasquín.
Pasquín
¡Que no pueda dar con él!
Lucanor
Aquí estoy. ¿Qué traes, Pasquín,
que enojado al parecer
vienes, no habiéndote visto
en todo hoy?
Pasquín
¿Qué he de traer,
si con él no puedo dar?
Lucanor
Luego, oye, ¿no soy yo a quien
buscas?
Pasquín
No, señor.
Lucanor
Pues habla,
¿con quién el disgusto es
y a quién buscas?
Pasquín
El disgusto
es conmigo y le ha de ser
hasta que le halle.
Lucanor
¿A quién dices?
Pasquín
Al compañero de aquel
chapín que yo me eché a hallar
y tú me echaste a perder.
Lucanor
¡Qué locura!
Pasquín
No es locura
pensar que por allí esté;
que claro está que no había
con el uno de correr
una principal señora
a concojilla en un pie
como juegan los muchachos
cuando hacen «una, dos, tres, Cojea.
coja es».
Sin duda dejó los dos,
y, pues yo no le hallo, ven
conmigo a decirme tú
dónde el chapicidio fue,
que, aunque yo vengo de andar
todo el bosque, no acerté
con el sitio.
Lucanor
Calla, loco,
y oye: lo poco prevén
que hay que prevenir en casa,
porque antes de anochecer
he de salir de la corte.
Pasquín
Pues ¿qué hay, señor?
Lucanor
¡Qué ha de haber!
Despedime, presumiendo
que Rosimunda, después
que se vio de mí servida,
me mandara detener,
alentando mi fortuna
al oír: «Me voy por no ver
más desaires».
Pasquín
¿Y qué dijo?
Lucanor
«El cielo os lleve con bien».
Pasquín
Voto a diez maravedís,
y, pues nunca entró más bien,
y a la trompa de París,
y tras la trompa y los diez,
al chapín de la Condesa,
que es una ingrata cruel.
Lucanor
¡Y cómo que es cruel ingrata!
Sale Rosimunda a la ventana en lo alto.
Rosimunda
(Ventura ha sido que esté
todavía en el jardín
y yo sola, para que
empiece la industria mía
su partida a suspender.
Y esta sea la primera
rémora que eche a sus pies,
sin que sepa quién la envía).
Arroja una caja con una joya y da a Pasquín en la cabeza y cierra.
Pasquín
Vuelvo a decir otra vez
que es cruel y ingrata y más
ingrata, ¡ay de mí!, y cruel
quien hace señas con guijas
de a veinte arrobas.
Lucanor
¿Qué fue?
Pasquín
Un guijarro que han tirado
de aquella ventana, y no es
el primer tiro en que hace
chichones una mujer,
pues todos sus tiros van
a la cabeza.
Lucanor
Detén
la voz, que el golpe no es nada
ni nunca lo pudo ser,
siendo caja de una joya
la que cayó; aunque más es
que la caja.
Pasquín
Pues ¿qué es más?
Lucanor
La joya con un papel.
Pasquín
Ése fue el que me mató.
Lucanor
¿El papel?
Pasquín
Pues ¿puede haber
cosa tan pesada, y más
si es de algún galán novel
que ama porque aman los otros,
y la dama con desdén
arroja papel y joya?
Lucanor
¡Vive Dios, que lo he de ver!
«No os ausentéis, Conde, y vuestros
lucimientos disponed,
que quien da ese medio agora
cuidará de otros después.
Y para que no tengáis
a nadie que agradecer,
la Venus de aquesa fuente
dirá lo que habéis de hacer,
si entre las murtas que adornan
el primor de su cincel
buscáis desde aquí adelante
el dueño deste papel».
Joya y papel viene a mí.
Pasquín
Salto y brinco de placer.
Lucanor
¿Quién puede ser en el mundo
quien compadecida esté
tanto de mí?
Pasquín
Qué sé yo.
Mas ¿eres devoto de
las almas del Purgatorio?
Porque ellas suelen hacer
de aquestas habilidades.
Si no, acuérdate que fue
el mejor amigo el muerto.
Lucanor
Calla, ignorante.
Pasquín
Sí haré,
que el que toma ha de callar.
Lucanor
¿Adónde vas?
Pasquín
A poner
esta bienvenida joya
en casa de un mercader
para que de una librea
haga los créditos él.
Y empecemos por aquí
a lucir y parecer,
para cuando vengan estos
príncipes.
Lucanor
El paso ten:
que della yo no he de usar.
Pasquín
Pues ¿por qué, señor?
Lucanor
Porque
no hay ruindad como dejarse
obligar de una mujer.
Estela anda por aquí,
y de mí no han de creer
que para servir a una,
tomo de otra.
Pasquín
No uses, pues,
tú, sino yo. ¡Suelta!
Lucanor
¡Quita!
Porfían a tirar ambos della. Sale Sirene.
Sirene
Señor Conde…
Lucanor
¿Qué queréis?
Sirene
Bien sabéis cuán vuestra afecta
siempre he sido.
Lucanor
Ya lo sé,
y lo que os debo.
Sirene
Pues viendo
que ausentaros disponéis,
y que es alhaja de ausente
este retrato que veis
de Rosimunda, que acaso
tenía yo, quiero que esté
mejor empleado en vos.
Lucanor
Humillado a vuestros pies
dos veces estoy: la una
de obligado, de cortés
la otra; que retrato suyo
así recibirle es bien
Sirene
Quedad con Dios.
Lucanor
Esperad.
¡Quién fuera del mundo rey,
para feriaros tal prenda
a todo el imperio de él!
Mas habréis de perdonarme.
Tomad, no como interés,
como reconocimiento,
esta joya.
Pasquín
¿Cómo? ¿Qué?
¿La joya?
Lucanor
Calla, villano.
Sirene
Aunque mi intento no fue
más que serviros, la tomo
por no quedar descortés.
Vase.
Pasquín
¡Vive Dios, que una por una,
se la lleva, como quien
no quiere la cosa!
Lucanor
¿Dónde
vas, Pasquín?
Pasquín
Tras ella.
Lucanor
¿A qué?
Pasquín
A echar un embargo, puesto
que tengo parte también.
Lucanor
¿Tú? ¿Qué parte?
Pasquín
El coscorrón.
Lucanor
Detente.
Pasquín
¿No decías que
es ruindad tomar de una
para otra?
Lucanor
¿Quién se ve
obligar y obligar tanto
que no intente agradecer?
Si fuera cada diamante
un rayo del sol y a él
se redujeran mil soles,
hiciera lo mismo al ver
de un sol, más que todos sol,
el retrato en mi poder.
Pasquín
Sí; mas viniera mejor,
señor, si viniera…
Lucanor
¿En qué?
Pasquín
…en la suela de un zapato
tuyo.
Lucanor
Calla, loco, y ven
a disponer mi partida.
Pasquín
¿Y qué dirá de eso?
Lucanor
¿Quién?
Pasquín
La boba que dio la joya.
Lucanor
Lo que ella quisiere, pues
a eso se expone la dama
que abatidamente fiel
fineza hace con quien sabe
que quiere a otra dama bien.

Jornada Segunda

Salen Rosimunda, Estela, Sirene, Clori, Flora y Libia.
Rosimunda
Dejadme todas; ninguna
conmigo quede.
Estela
No quieras
dar a tus melancolías
con la soledad más fuerza.
Rosimunda
Aun por eso la deseo,
porque sé que es la tristeza
monstruo que en las soledades
de sí sola se alimenta.
Estela
El día que está tu corte
de tantos aplausos llena,
toda regocijos, toda
saraos, músicas y fiestas,
a causa de que hoy Astolfo
y Casimiro desean,
de lo vivo a lo pintado,
declarar la competencia,
no sólo siempre te miran
tan triste, pero ¿a la esfera
deste jardín te retiras,
adonde a solas intentas
quedar?
Rosimunda
Sí, Estela, y pues dije
que no es posible que pueda
haber dicha para mí
sino mi desdicha mesma,
dejadme todas, dejadme.
Sirene
Mira…
Clori
Advierte…
Libia
Considera…
Flora
Repara…
Rosimunda
¿Qué hay que repare,
mire, considere, advierta?
Dejadme, digo otra vez
y otras mil.
Sirene
¡Rara estrañeza!
Clori
¡Notable melancolía!
Libia
¡Grave mal!
Flora
¡Triste violencia!
Estela
(¡Oh, quiera el cielo no nazca
de que mi esperanza muera!).
Vanse y queda sola Rosimunda.
Rosimunda
Loco pensamiento mío,
ya que tú eres de mis penas
sólo el testigo con quien
puedo descansar en ellas,
permite este instante que sola me dejan,
que tú y mis desdichas entremos en cuenta.
¿Qué es lo que pasa por mí,
siendo desde mi primera
cuna imaginado asunto
de las plumas y las lenguas?
Pues cuantos escriban pensadas novelas,
¿no harán la fingida mayor que la cierta?
Dejo aparte la osadía
de los que fieros intentan
cada uno al entrar su bando
con una industria tan necia
como traer a dos, donde el uno es fuerza
que a vista del otro desairado vuelva,
y voy a lo que resulta
contra mí de su imprudencia,
pues ella es causa de que
Lucanor… Detente, lengua,
que no has de decir, por más que padezcas,
de que Lucanor haga de mí ausencia.
Por no decirlo, lo dije.
Sola estoy. Memoria, deja
de cuantas veces me afliges,
que una sola me diviertas,
y ten entendido que hablar en mis penas
no es por aliviarlas, sino por crecerlas.
Es mi primo Lucanor;
y aunque la sangre pudiera
amor, cumpliendo el adagio,
hacer que sin fuego hierva,
mayor causa pienso que hay en las estrellas,
pues quieren que a él ame y a mí me aborrezca.
Agora me preguntara
alguien, si acaso me oyera,
¿por qué, siendo así, no hago
yo la elección por mí mesma?
Mas, ¡ay!, que era fácil darle por respuesta
que mi libertad no es mía, es ajena.
Que esto de casar a gusto
las mujeres de mis prendas,
es bueno para las farsas
y tengo de quitar de ellas,
a costa del alma, por más que lo sienta,
que pueda el amor más que el valor pueda.
Y siendo así que es preciso
que él, el nombrado, no venga,
y que yo no dé la mano
a quien mi padre no quiera
–pues él, claro está, elegir es fuerza
quien su libertad con poder pretenda–
ya que no me ha de deber
lo más, lo menos me deba,
luciendo a vista de otros,
airoso con mi asistencia,
sin que sepa quién su humildad alienta;
que no hay bien si se hace por que se agradezca.
En medio se corre una cortina y vese una fuente con una estatua pequeña de mármol y, si no se pudiere ejecutar en el salón, se represente dentro. Pone en ella un libro de memoria dorado y una cadena.
Y pues el primer papel
dijo que a esta Venus venga,
donde hallará entre estas murtas
tal vez o memoria o prenda,
en ellas pondré memoria y cadena,
pues venga o no, importa poco que se pierda,
hasta que yo reconozca
si es segura industria esta
para llevarla adelante.
¡Oh, tú, de Amor madre bella,
secreto me guarda; que la costa hecha
tienes al silencio, pues eres de piedra!
Tocan chirimías y dicen dentro:
Unos
¡Viva Casimiro!
Otros
¡Astolfo viva!
Rosimunda
¿Qué voces son éstas?
Sale Estela.
Estela
Que Astolfo ya y Casimiro
de tu palacio a las puertas
llegan, aplaudidos ambos
de la plebe y la nobleza.
Mira que tardas, señora,
para que uno y otro vean
cuánto la fama mintió,
que encareció tu belleza,
pues aunque habló en plumas, pinceles y lenguas
no dijo lo menos de tus excelencias.
Rosimunda
Forzoso es, ¡ay, infelice!,
que acuda a acción tan molesta;
que al fin vienen a mi corte,
aunque sin mi gusto vengan.
(Pero yo sabré usar de cautela,
conque aún el nombrado mi esposo no sea).
Vase.
Estela
Confusa imaginación,
pues también conmigo quedas
a solas, deja también
que yo entre contigo en cuentas.
¿Qué imperio es, ¡ay, triste!, el de las estrellas,
que aunque sólo inclinan, parece que fuerzan?
Amo al conde Lucanor
y todas estas tristezas
de Rosimunda, no sé
qué oculta causa secreta
tienen contra mí, que no llego a verlas
vez que en cada una no halle una sospecha.
A esta causa, cuando sola
quedó, previne, encubierta
de aquel jazmín, atender
a sus acciones y ciega
vi que entre las murtas, que a esta Venus cercan,
llegó. Cuidadosa veré qué hay en ellas.
Pero gente en el jardín
ha entrado. La acción suspenda
mi vana curiosidad,
que después daré la vuelta.
Y más cuando es, ¡cielos!, Lucanor quien entra.
¡Quién disimulara celosas ofensas!
Tocan dentro atabales y dicen.
Unos
¡Viva Astolfo!
Otros
¡Casimiro viva!
Salen Lucanor y Pasquín.
Lucanor
Voces lisonjeras,
sedlo a todos, añadiendo
que ellos vivan y yo muera;
pues aun en las plantas, cuando aman, es fuerza
que unas se destruyan para que otras crezcan.
Pasquín
¿Dónde vas, señor?
Lucanor
No sé
dónde voy ni… Mas, espera,
que hacia la fuente de Venus
sola Estela está.
Pasquín
¿Qué fuera
si es la de la joya, como tú sospechas?
Lucanor
Calla. Estela, ¿qué soledad es ésta?
Cuando está todo palacio
tan de gala, tan de fiesta,
¿vos sola en estos jardines?
Estela
Mi duda, Conde, es la mesma.
Y así, me parece que entre los dos sea,
pues una es la duda, una la respuesta.
¿Vos, cuando os juzgaba ausente,
aquí? ¿Qué es esto?
Lucanor
Es Estela,
no ser…
Estela
¿Qué?
Lucanor
…tan bien mandada
el alma, como la lengua.
El decir es fácil uno que se ausenta,
mas no el ausentarse si hay quien le detenga.
Estela
¿Y hay quien le detenga?
Lucanor
Vos,
que sois la que me aconseja
que me quede y que me vaya.
Y así por vuestra obediencia
me ausento, pues no asisto a las fiestas,
y me quedo, pues en vos vengo a verlas.
Dentro música de atabales y trompetas.
Estela
Aunque esa lisonja, Conde,
sólo es cortesanía vuestra,
la estimo. Quedad con Dios,
que ya el rumor de más cerca
dice que en palacio los príncipes entran
y no es bien me eche menos la Duquesa.
Lucanor
Esperad y una palabra
sola mi dolor os deba.
Estela
Decid.
Lucanor
¿Por qué me dijisteis
que hay quien me ame y me aborrezca?
Estela
¿Habéis olvidado?
Lucanor
No, pero quisiera.
Estela
¿Pues nuestro concierto que olvidéis no era
y que entonces lo sabréis?
Lucanor
Lo uno sólo se me acuerda:
el olvidar se me olvida.
Estela
A mí y todo. Id norabuena;
que mientras no olvidéis, soy
al silencio tan de piedra
como es esa Venus. Preguntadlo a ella,
que si ella os responde, mía es la repuesta.
Vase.
Lucanor
¿«Que si ella os responde, mía es la respuesta»?
¿Qué enigma es esta, Pasquín?
Pasquín
¿Quién te ha dicho que yo tenga
don de enigmas? Qué sé yo.
Pero por sí o por no, aquésta
he de adivinar
Mira las hojas.
Lucanor
¿Qué es lo que ahí intentas?
Pasquín
Ver si alguna alhaja nos dejó encubierta.
Lucanor
¿Tal locura había de hacer?
Pasquín
¿No hizo la otra de la reja?
Pues el refrán de los cestos,
¿quién se le quitó a las cestas?
Lucanor
No examines, loco, pretensión tan necia.
Pasquín
Como ésos pretenden cosas menos cuerdas.
Mi señora doña Venus,
pues ya usted es diosa vieja
–y las viejas, aunque diosas,
dar es forzoso en terceras–
dígame si el guardainfante de hierba
trae que demos a la primera que venga.
Esconde la cadena y el libro.
¡Ay, vive Dios!
Lucanor
¿Qué es aqueso?
Muestra el libro y esconde la cadena.
Pasquín
Nada.
Lucanor
¿Qué escondes? Espera.
Pasquín
Es un libro de memoria
que traigo en la faltriquera.
Lucanor
¿Tú, libro tan guarnecido?
Pasquín
Pues ¿por qué no?
Lucanor
Suelta, suelta.
Pasquín
Mira que es mi confesión.
No le abras, no le leas.
Pónese Pasquín la cadena, mientras lee Lucanor y siempre que vuelve se reboza por que no la vea.
Lucanor Lee
. «Si el consejo de no iros,
Conde,…» ¿Es tu confesión esta?
Pasquín
Pues ¿no eres tú mi pecado?
Lucanor
«…os merece mi fineza…»
Pasquín
(Hasta aquí bien va).
Lucanor
«…y creyendo
a quien siente vuestra ausencia,
venís a esta fuente…»
Pasquín
(Bueno).
Lucanor
«…creed que hallaréis siempre en ella
alguna memoria mía».
Pasquín
(Mejor).
Lucanor
«Y ahora en primer muestra,
pues día es de gala, poneos
en mi nombre esa cadena…»
Pasquín
(Malo).
Lucanor
«…hasta que me asegure
si es cierta la mensajera».
¿Dónde la cadena está?
Pasquín
Qué sé yo. Tú puedes verla,
que yo no hallé más que el libro.
Lucanor
Amor, no es codicia esta,
sino estimación. Aquí
no está.
Pasquín
Pues ¿a quién te quejas?
Lucanor
Llega, di hacia dónde estaba.
Pasquín
Llegarán, que no son bestias.
Tírale de la capa y desarrebózale y ve la cadena.
Lucanor
¿Por qué me haces andar loco,
cuando tú la tienes puesta?
Pasquín
Por andar cuerdo en guardarla
de tus manos, pues es cierta
cosa que has de darla luego.
Lucanor
No daré en mi vida; muestra.
¡Ay, ingrata Rosimunda!
¿No te corres, no te afrentas
de que, siendo yo tu sangre,
de mí otra se compadezca
y no tú? Estela, conmigo
tan liberal, tan atenta,
que sin aspirar a más
que a mí, olvidó su fineza.
Mi necesidad socorra
con tan mañosa cautela
que aún las colores me escusa.
Pasquín
Eso tienen las Estelas,
valían para toreadoras
cualquier cosa por que hicieran
siempre a tiempo los socorros.
Lucanor
Corrido estoy de vergüenza
y aunque agradezco la acción,
me pesa, Pasquín, de verla
tan fina.
Escribe en el libro.
Pasquín
También a mí,
y aun a lo del alma fuera
mejor mi pesar.
Lucanor
¿Por qué?
Pasquín
Toma la cadena a peso.
Me pesa que no me pesa.
Pero ¿qué haces?
Lucanor
¿Qué he de hacer?
Respondo, Pasquín, a Estela.
¡Oh, si como es de memoria,
de olvido este libro fuera
Pone el libro en las hojas.
por que pudiera a sus manos
volver con mejor respuesta!
Pónese la cadena.
Pon aquí; que aunque aventure
que Rosimunda se ofenda,
tengo de darla a entender
que cuando ella me desprecia,
hay quien me estime.
Pasquín
Bien haces.
Mas dime, si al salón entras
y Rosimunda te ve,
¿qué haremos de la licencia
que te dio para partirte?
Lucanor
Dejarla, Pasquín, con ella,
que licencias que se piden
sin gana que se concedan,
en obligación no ponen
a nadie de obedecerlas.
La música y dicen dentro.
Unos
¡Viva Casimiro!
Otros
¡Astolfo
viva!
Lucanor
¿Quién habrá que crea
que allí aquellas voces y aquí estas finezas,
las unas me estimen, las otras me ofendan?
Vase.
Pasquín
Yo lo creeré, mas no quiero
discurrir en la materia.
Oye, seora Venus, pues se da por vieja,
regale; que así hacen aquella y aquella.
Vase.
Tocan las chirimías y salen por una parte, con acompañamiento, Astolfo y por otra Casimiro y por en medio las damas y detrás Rosimunda.
Casimiro
Felice la fortuna…
Astolfo
Con reverencias.
Infelice la suerte…
Casimiro
…del que hoy ve en el alcázar de la luna…
Astolfo
…del que hoy del sol en el palacio advierte…
Casimiro
…que todo es vida en él.
Astolfo
…que todo es muerte.
Casimiro
Felice, pues, prosigo,
aunque muera el que muere
a tan hermoso riesgo que prefiere
a las seguridades el castigo…
Astolfo
Infelice, otra vez y otras mil digo,
aunque viva el que vive
donde aun el viento su favor no escribe,…
Casimiro
…pues no hay muerte de amor si hay esperanza.
Astolfo
…pues vida no hay donde hay desconfianza.
Casimiro
A él.
Si yo esperara merecer, ya fuera
grosero mi delito.
En esperar sin merecer, no quito
su estimación a la atención primera.
Astolfo
A él.
De ninguna manera
espero yo, pues aun morir no espero,
pues vivo con el gusto de que muero.
Casimiro
Yo…
Astolfo
Yo…
Rosimunda
No más, y a entrambos respondiera
si la materia que argüís supiera.
Pero quien ha nacido
hija de la prisión de un padre anciano,
darse por entendida fuera en vano
de lo que ni es ni puede ser ni ha sido
riesgo, esperanza, mérito o olvido;
plática que la estrañan con espanto
el uso, el luto y más atento el llanto.
Y pues tan presto espera mi tristeza
que acabe Marte lo que Amor empieza,
pues es fuerza que habiendo
de firmar la elección el que muriendo
en una torre yace,
agradecido el dueño en quien la hace,
convierta en esta parte
la academia de Amor en la de Marte.
Entonces yo, siguiendo de mi estrella
la inclinación, daré mi voto en ella.
Y hasta entonces, cuestión para que apelo,
bienvenidos seáis, guárdeos el cielo.
Hace que se va haciendo reverencia, y los dos la acompañan hasta la puerta.
Astolfo
Por que veáis que deseo
que ése en vuestro servicio sea mi empleo,
y por que en un ensayo
vislumbres dé el relámpago del rayo,
dadme licencia para que prevenga
sustentar un torneo en que mantenga
que mérito no alcanza
el que padece en fe de la esperanza.
Rosimunda
La licencia otorgara
si con mi condición la consultara,
pero públicas fiestas fuera exceso
muy contra la piedad de un padre preso.
Casimiro
Pues si públicas fiestas
son al decoro lícito molestas,
y Amor ha de empezar la competencia
antes que Marte, dadme a mí licencia
para que en un festín…
Rosimunda
Ni eso tampoco.
Sale Lucanor con la cadena, repara Rosimunda en ella y cáesele el abanico de la mano.
Lucanor
Loco está quien mira esto y no está loco.
Pasquín
Pues tú, según aqueso,
no lo estarás, que ya lo estás.
Rosimunda
(Confieso
que al ver a Lucanor me he suspendido,
aunque he estimado que haya sucedido
bien aquel medio que eligió mi pena,
pues vuelve a la prisión con mi cadena).
¡Hola!
Todos
Señora.
Rosimunda
Alzad ese abanillo.
Levantan entre los dos el abanico.
Astolfo
Yo he de lograllo.
Casimiro
Yo he de conseguillo.
Lucanor
¿En cuál de los dos queda? Veamos presto
a quién le he de pedir.
Rosimunda
Pues ¿qué es aquesto?
Los Dos
¿Pedirle vos?
Lucanor
Yo.
Rosimunda
Astolfo, Casimiro,
Lucanor…
Los Dos
¿Lucanor es el que miro?
Rosimunda
Pues ¿cómo así vuestro respeto ignora
la atención?
Los Dos
Yo, señora.
Lucanor
Yo, señora.
Rosimunda
Soltad, soltad, que de ninguno puede
ser prenda mía; ni en mi mano quede,
ya que della salió para la vuestra.
Toma, Clori, y en muestra
de que de nadie ya –ni aún mía– no sea,
quítala allá donde jamás la vea.
Casimiro
Si mi desatención…
Astolfo
Si mi osadía…
Lucanor
Si la cólera mía…
Rosimunda
Está bien, retiraos
los dos y vos también, Conde; quedaos
advirtiendo los tres que deste empleo
no es lid, es elección el galanteo,
y elección que al mirar quién la dispone,
verá la obligación en que le pone.
Vase.
Sirene
¿Qué te parece de uno y otro amante?
Estela
Uno afectado es; otro, arrogante.
Vanse.
Astolfo
Feriadme, hermosa dama, aquesa bella
prenda a cuanto queráis pedir por ella.
Clori
Esta prenda no es mía.
Astolfo
En vano en todo mi temor porfía.
Vase.
Casimiro
Dichoso yo si aquesa prenda os debo.
Clori
Perdonadme, que a darla no me atrevo.
Casimiro
¡Oh, cuánto contradice
que quiera ser felice el infelice!
Vase.
Lucanor
Si a dos tan venturosos la has negado,
mal la podrá pedir un desdichado.
Clori
Antes bien, si cuando a otros la negaba,
era…
Lucanor
¿Por qué?
Clori
…porque a él se la guardaba.
Toma, y pluguiera a Dios que en mí estuviera
que ésta la mano de su dueño fuera.
Lucanor
Beso tus pies; y basta ver que gano
la litigada prenda de su mano,
sin que a más aspirar pueda mi pena.
Pasquín
Ciégale, Sant Antón.
Lucanor
Si a esta cadena…
Pasquín
Ya más que no le ciegues.
Lucanor
…reducido
se viera todo el sol, el sol rendido
a tus plantas se viera.
Perdona, Clori, y tómala siquiera
por reconocimiento
de mi agradecimiento,
que esto no es paga, es muestra de mi celo.
Clori
Por no ser descortés.
Lucanor
Guárdete el cielo.
Vase.
Pasquín
Lo mismo dijo la otra. A estas señoras,
¿quién graduó las manos de dotoras?
Lucanor
Ay, Pasquín, ¿no me das la norabuena?
Pasquín
Sí, por cierto: mil años sin cadena
te goces; que, por Dios, que te temía
cuando te vía con ella, porque vía
que el oro para ti es manjar estraño
y te pudiera hacer notable daño.
¡Jesús, Jesús, qué dicha que ya vienes
sin ella! Si un instante más la tienes
en el cuerpo, revientas.
Lucanor
Tu locura
aún no es, Pasquín, baldón de mi ventura.
Pasquín
¿Qué ventura? Pesar dejó la dama
de aquella pobre Venus que te ama
tan en tu amor corriente
que purga tus achaques por su fuente.
Lucanor
Pues ¿puede haber ventura
más noble, más altiva, más segura
que verme, Pasquín, dueño
de prenda que fue empeño
de los dos? Ven adonde,
ya que mi dicha a mi dolor responde,
en mi poder la vean
por que testigos sean
sus celos de mis celos.
¡Oh, cuando usar piedad quieren los cielos,
lo que encadena Amor!
Pasquín
Aquesa es buena,
pues ¿cuánto es más lo que desencadena?
Vanse.
Sale Rosimunda sola.
Rosimunda
Sola otra vez he mandado
que me dejen, verde estancia,
en tu esfera, atribuyendo
a mi tristeza la causa,
siendo así que ya no es ella,
sino el gusto de que haya
logrado tan bien Amor
de aquesta industria la traza.
En fin, los socorros míos,
sin conocer quién los haga,
han tenido a Lucanor
para que huyendo no vaya
el rostro a la competencia.
Y, pues ya desengañada
estoy, viendo en su poder
la cadena, de que nada
hay que temer el secreto,
puesto que un mármol le guarda,
proseguir quiero la industria
poniendo joyas que valgan
más, pues aquella fue sólo
–no temiendo aventurarla–
bien como espía perdida
a conocer la campaña.
No faltará quien murmure,
si esto a saberse se alcanza,
cómo joyas mías no son
conocidas, sin que haga
reparo él ni nadie en ellas,
sin ver que uno y otro salva
ser prendas que en el secreto
de un escritorio guardadas
dejó mi padre, de que
muriéndose me dio una aya
la llave. Pero ¿a quién, ¡cielos!,
doy satisfación tan vana?
Y así, volviendo al discurso,
veamos a qué su esperanza
la imaginación estiende,
pues su ingenio, cosa es clara,
viendo el libro de memoria,
que habrá entendido que el alma
del dejarle fue decirle
Ábrele.
que responda en él. No vana
fue la prevención, pues dice
de lo que escribí a la espalda:
Lee.
«Aunque soy necio, señora,
en lo que amo y lo que olvido…»,
dos afectos significa
a la primera palabra,
pues claramente confiesa
que a una olvida y a otra ama,
«…no tanto que no he entendido
vuestro amor antes de agora»,
y en esto bien da a entender
que presume con quién habla.
¿Qué fuera que a mis finezas
otra ganase las gracias?
«Pero quien rendido adora…»,
aun si dijese a mí, vaya,
«…una ingrata fe, mal funda
agradecer la segunda».
Algo me consuela ver
que a quien es, la desengaña.
«Y así, el socorro estimando,
le pagaré…». ¡Amor me valga,
que ya mi fe desconfía,
pues alienta otra esperanza!
Cobro aliento y vuelvo a leer
para enlazar lo que falta.
«Aunque soy necio, señora,
en lo que amo y lo que olvido,
no tanto que no he entendido
vuestro amor antes de agora.
Pero quien rendido adora
una ingrata fe, mal funda
agradecer la segunda.
Y así, el socorro estimando,
le pagaré en acabando
de olvidar a Rosimunda».
¿Luego ya empezó a olvidarme?
¡Quién creyera, quién pensara
que diese yo contra mí
a mi enemigo las armas!
¿Mis finezas juzga de otra?
¿Quién será, ¡ay de mí!, esta dama,
de quien por tan entendido
se da que es ella? ¡Mal haya
quien aventura finezas
que tan al rostro le salgan!
Mas, ¡ay de mí!, ¿cómo puedo
dejar yo de aventurarlas
si en una parte mi amor,
si en otra parte mi fama,
una me obliga a emprenderlas
y otra me obliga a callarlas?
¿Qué hiciera yo por saber,
cielos, quién es? Pero nada
me parece que podrá
descubrirla y declararla
como llevar adelante
el intento; pues es clara
cosa que una vez o otra,
no advirtiéndola la falta,
no dejará de haber señas.
Y así, con acción contraria,
lo que empezó la fineza
ha de acabar la venganza.
Pone una caja.
No dádiva ya, veneno
quisiera que en esta caja
Escribe.
quedase, y lo que le escriba
ha de ser sólo en instancia
de que diga quién presume
que es deste efecto la causa.
¡Oh, si el disimulo, cielos,
me valiera que llegara
a saber quién dueño es
desta ira, desta rabia,
deste veneno, este fuego,
este rencor, esta saña,
este delirio, esta furia,
este…!
Salen Lucanor y Pasquín.
Lucanor
¿Vos en voces altas,
sola y colérica? ¿Qué
es esto, señora?
Rosimunda
Nada.
Vase.
Pasquín
«Enterrad a ese mozo, Luis Quijada»,
sólo le faltó decir.
Lucanor
¡Qué melancolía tan rara
trae consigo!
Pasquín
No me espanto
si novio a disgusto aguarda.
Lucanor
¿Cómo?
Pasquín
Como lo han de ser:
Astolfo, todo arrogancias,
Casimiro, todo espejos,
o tú, todo pataratas.
Lucanor
¿Qué son pataratas?
Pasquín
Ciertas
finísimas circunstancias
de los hijos de vecino
cuando enamoran sin blanca.
Quiero, adoro, si no muero,
y luego es menester que haya
alguna dama pechera
que les sustente la hidalga.
Lucanor
Calla, que viene allí Estela.
Pasquín
Retírate entre estas ramas,
que si buscando el nidal
va, no pondrá si la espantas.
Lucanor
No por eso lo haré, pero
por no verla, por no hablarla;
que no sé qué he de decirla
si en sus finezas me habla
y yo respondo en mis penas.
Sale Estela.
Estela
Segunda vez a esta estancia
sola salió Rosimunda
y segunda vez mis ansias
acechándola la vieron
buscar no sé qué en las matas
desta murta. Pues ¿qué esperas,
curiosa desconfianza,
que no llegas a saber
qué es lo que en ellas se guarda?
Pasquín
(Mira si digo bien; ya
Estela toma el libro y la caja.
llega)
Estela
Un libro y una caja
hay aquí.
Pasquín
(Ya toma el libro).
Lucanor
(Y si la vista no engaña,
una caja en la otra mano
trae).
Pasquín
(Ya tenemos alhaja
que echar por ahí).
Estela
Lo primero
veré lo que el libro trata.
Lucanor
(Ya lee lo que la escribí).
Estela
Dice en la primera plana:
«Si el consejo de no iros,
Conde…», con el Conde habla,
«…os merece mi fineza…».
No en vano me dijo el alma
que esto tocaba a mis celos.
Mas ¿cuándo, ¡ay de mí!, se engañan
presunciones que atormentan
ni sinrazones que agravian?
Pero prosigo: «…y creyendo…»,
¡qué sentimiento!, ¡qué rabia!,
«…a quien siente vuestra ausencia…».
Pasquín
(Señor).
Lucanor
(¿Qué dices?).
Pasquín
(Repara
en que Rosimunda vuelve).
Lucanor
(Si con el hurto la halla
en las manos, ella y yo
somos perdidos; que salga
es fuerza). Estela.
Estela
Tirano,
¿qué quieres?
Lucanor
Que en lo que andas,
dejes.
Estela
Sí haré, pues que ya
no tengo que saber nada,
puesto que todo lo sé.
Y sé, traidor, dónde paran
todas aquestas finezas.
Pasquín
(Sin duda a saber alcanza
que das sus joyas a otras).
Lucanor
(Sí, pues el verme la agravia
y dice que sabe dónde
van a dar finezas tantas).
Aunque me conozco, Estela,
deudor de dichas tan altas…
Estela
No tienes que repetirlas,
ya sé todo lo que pasa.
Lucanor
…no puedo satisfacer
a tu queja, que me falta
aun más que la voz el tiempo
viendo a Rosimunda que anda
tan cerca de aquí que ya
hacia aquí llega. Repara
en si es justo que te coja
con ese libro, esa caja
en las manos.
Estela
No, por cierto.
Toma, toma, tú los guardas,
pues son tuyos, porque a mí
el desengaño me basta
de que esto y aun más merece
quien ama a quien sabe que ama.
Vase.
Lucanor
No alces la voz; no te oiga,
ya que no te ha visto; calla.
Pasquín
Déjala que cacaree,
pues pone. Sale Rosimunda.
Rosimunda
(Penas tiranas,
¡qué mal sosiega un celoso!
¡Qué mal un triste descansa!).
Lucanor
(Al paso salirla quiero
mientras Estela se alarga).
Rosimunda
(De aquí me fui temerosa
de que mis celosas ansias
me declarasen con él,
y aquí me vuelve mi rabia,
quejosa de por qué no
me he de declarar. Que haya
precepto para el silencio
del amor, cordura es, vaya;
mas precepto para el de
los celos, es ignorancia).
Conde, ¿aquí estáis todavía?
Lucanor
Pues ¿cuándo no soy yo estatua
añadida a estos jardines,
sin ser, sin vida y sin alma?
Rosimunda
No me espanto, que hay entre ellos
alguna de tan estraña
perfección que no sería
mucho, transformado el que ama
en lo amado, estatua hacerse,
no más de por imitarla.
Lucanor
Mal puedo negarlo yo,
pues amo una de tan rara
dureza que ni ve ni oye
ni entiende ni siente ni habla,
conque yo ni hablo ni veo
ni entiendo en más que adorarla.
Rosimunda
Yo pienso que a la que vos
amáis, nada de eso falta,
pues sé que habla, entiende y siente.
Pasquín
(Énfasis traen las palabras.
Yo me he de escurrir por que
no me meta a mí en la danza).
Lucanor
(Qué fuera que algo supiera).
Rosimunda
(Mucho, temor, te adelantas).
Lucanor
(No darme por entendido
conviene). ¿Qué importa que haya
para quien hable y quien sienta
si para mí, siempre ingrata
y nunca, ¡ay de mí!, piadosa,
nunca siente y siempre calla?
Rosimunda
(Más dice de lo que fuera
razón decir).
Lucanor
Quizá engaña
la apariencia, porque hay…
Rosimunda
¿Qué hay?
Lucanor
…hay presunciones vanas,
hay malicias engañosas,
hay suposiciones falsas,
hay fantásticas ideas,
hay fingidas asechanzas,
hay mentiras aparentes
y por fin de penas tantas…
Música
…¡Ay, verdades que en amor
siempre fuisteis desdichadas!
Rosimunda
¡Hola! ¿Qué músicos son
los que en mis jardines cantan?
Sale Estela.
Estela
Como a los príncipes diste
licencia para que entraran
a verlos –no imaginando
que en ellos, señora, estabas–
en aquella galería,
gozando el fresco del aura,
parándose Casimiro
cantar sus músicos manda.
Y así, retírate; no
te vean si hasta aquí pasan.
Rosimunda
No te des por entendida
de que los oigo y aguarda
al paso, y si hacia aquí vienen,
di que hacia otra parte vayan.
Estela
(¡Ay de mí, que no pudiese
embarazar lo que hablan!).
Vase.
Rosimunda
Y, volviendo, Lucanor,
a que hay tantas cosas varias
como vos decís, también
sé yo que hay muchas contrarias.
Lucanor
Pues ¿qué podéis saber vos?
Rosimunda
Sé que hay quien, fingiendo que ama,
ya se ausenta y ya se vuelve,
ya se acerca y ya se aparta,
ya se muere y ya se vive,
ya se hiela y ya se abrasa.
Y, siendo mentiras todas
sus finezas, quizá agravia
algunas que no lo son,
de que importando callarlas…
Música
…buen ejemplo son las mías,
pues con mentiras se pagan.
Si hubieran de ser, señora,
oráculo a tus palabras
aquellas voces y fueran
tuyas las desconfianzas,
yo respondiera…
Rosimunda
¿Qué habías
de responder?
Lucanor
…que, aunque hagas
estudio al enojo, no
podrás barajar, tirana,
la razón de mis razones.
Rosimunda
¿Qué razón?
Lucanor
La que me mata.
Rosimunda
¿De qué?
Lucanor
De celos de ver
en tu corte…
Rosimunda
Calla, calla;
que aunque tú te valgas de eso…
Lucanor
Ni tú de esotro te valgas…
Rosimunda
…no podrás negar que falso…
Lucanor
…no podrás negar que ingrata…
Música
…en vano llama a la puerta
quien no ha llamado en el alma.
Astolfo
dentro.
Quita el capirote a ese
neblí que tras ella salga.
Rosimunda
¿Qué nuevas voces se escuchan,
nunca en esta tierra usadas?
Sale Estela.
Estela
Astolfo, habiendo traído
en su servicio la caza
que la vecindad de Rusia
tiene con Noruega, manda
a sus cazadores, viendo
subir al sol una garza,
que la vuelen. Y así ellos
templados halcones sacan
a aquese cercano bosque
de ese jardín y en él andan.
Rosimunda
No eso estraño, sino que
siempre tú las nuevas traigas.
Estela
Soy de guarda hoy a tu Alteza.
Rosimunda
¿Cuándo tú no eres de guarda?
Sale Casimiro.
Casimiro
Proseguid el tono y letra,
por si acertase a escucharla
Rosimunda.
Sale Astolfo.
Astolfo
Seguí el vuelo,
por si acaso a verle alcanza
la Duquesa.
Rosimunda
¿Casimiro,
Astolfo, aquí?
Los Dos
¿Qué os espanta?
Casimiro
Yo con licencia entré a estos
jardines cuya fragancia
de los sabeos aromas
es ella imitación varia,
cuando pensando, señora,
que solo en ellos estaba,
a estos músicos mandé
proseguir la consonancia
de sus aves y sus fuentes,
cítaras de pluma y plata
que al órgano de las hojas
sonoramente acompañan,
uniendo templadamente
aquí fugas y allí pausas
entre cuerdas de cristal,
trastes de oro y lazos de ámbar.
No pensé que Vuestra Alteza
tan cerca de aquí se hallara.
Y así llegué hasta aquí.
Astolfo
Yo,
con inclinación contraria,
viendo avecindarse al sol
pequeña nube con alas
coronándose altanera
por reina de la campaña,
y viendo que se sentía
con alas de su arrogancia
mi esperanza al ver, señora,
cosa junto al sol más alta,
pretendo con mis halcones
abatirla y humillarla
por que junto al sol no hubiese
nada más que mi esperanza.
Y como para seguir
su vuelo, encontrados andan
allá sin pisar los ojos
y aquí sin mirar las plantas,
pude llegar, sin saber
dónde, señora, llegaba.
Rosimunda
Las dos disculpas acepto
con atención que no valgan
para otra vez las disculpas.
Casimiro
Si te ofenden…
Astolfo
Si te cansan…
Casimiro
…romperé hoy los instrumentos.
Astolfo
…hoy despediré la caza.
Casimiro
Ninguno en su vida más
cláusulas entone blandas.
Astolfo
Ninguno cobre su halcón;
dejad que libres se vayan.
Y pues es su patria el viento,
dejadles gozar su patria.
Pasquín
(Buenas dos finezas: uno
no oír a quien canta que rabia
y otro ahorrar de los rocines
que los cazadores matan).
Voces
dentro.
Entremos todos tras él.
Rosimunda
¿Qué es eso?
Sale Roberto.
Roberto
Beso tus plantas.
Rosimunda
Roberto, seas bienvenido.
¿Qué nuevas traes?
Roberto
Esta carta
del Duque, mi señor.
Rosimunda
Muestra,
y toma en porte mil almas.
¿Cómo está mi padre?
Roberto
¿Cómo
ha de estar? Lleno de canas,
de penas y de desdichas,
de sentimientos y ansias.
Rosimunda
¿Hablástele?
Roberto
No, señora,
porque no me dieron tanta
licencia. Lo más que hice
fue verle.
Rosimunda
¿Qué me acobarda
para no romper la presa
que anuda, aprisiona y ata
las lágrimas en los ojos
y la voz en la garganta?
Sale Flora.
Flora
Seas, Roberto, bienvenido.
Roberto
Y tú, Flora, bien hallada.
Flora
(Después hablaremos).
Roberto
(Bien
te lo merecen mis ansias).
Rosimunda
Príncipe invicto de Hungría;
de Rusia príncipe invicto,
cuyo valor, cuya fama
viva a los futuros siglos;
generoso Lucanor,
gloria ilustre del antiguo
esplendor que en nuestra sangre
esmaltó un origen mismo;
corte heroica de Toscana;
vasallos, deudos y amigos:
Entra toda la compañía y las damas.
Oíd todos, que a todos quiero
hacer de mi voz testigos.
(Ah, ingrato, lo que me debes,
pues cuando tratas mi olvido,
trato dilatar mi mano
y, siendo tú el desvalido,
ni tuya ni de otro sea.
¡Oh, logre Amor el arbitrio!).
Mi padre –ya lo sabéis,
pero es fuerza repetirlo–
por dar religiosamente
a Jerusalén camino,
de una viva sepultura
esqueleto apenas vivo,
más que prisionero, esclavo
yace del soldán de Egipto.
Yo, que habiendo de tomar
estado, me fue preciso
confrontar los dos aciertos
de mi obediencia y su juicio,
le pedí que me enviara
su parecer por escrito
por que, siendo el cuerdo el suyo,
no fuera el no cuerdo el mío.
En este pliego responde.
Y por que veáis que ha sido
no afectada mi atención,
no aparente mi designio,
primeramente ante todos
Bésale con reverencia.
humillada le recibo
y en él segundariamente
mi fe y libertad resigno.
El que aquí viene nombrado,
mi esposo ha de ser; rendidos
le habéis de dar la obediencia
y deste estado el dominio.
Pero primero que llegue
a declarar quién ha sido
el elegido, es forzoso
público hacer el motivo
de la consulta, pues claro
es que en sujetos tan dignos,
sin segunda intención, no
corrió la elección peligro.
La causa que me ha obligado
a escribirle ni es ni ha sido
el miedo de errar, sino
–si ya la verdad publico–
el deseo de acertar
con el medio más vecino
a su libertad, haciendo
entre mí este silogismo
para cuya consecuencia
segunda atención os pido.
Cuanto un infelice anciano,
mísero, humilde, afligido,
preso y pobre, desde una
triste cárcel ha podido
dar, es su hija y es su estado.
Pues ¿quién habrá tan impío
que con una ingratitud
responda a dos beneficios?
Y así, antes de abrir el pliego,
a los tres os notifico
una condición con que
le he de abrir, o, como vino,
cerrado le echaré al mar,
donde en su profundo abismo
la obligación o la queja
quede entregada al olvido,
sin que se tenga jamás
de la una ni la otra indicio.
La condición es que, puesto
que ya él de su parte hizo
elección, haya de hacer
de su parte el elegido
homenaje de pagarla,
pues es blasón más altivo
ser fino con una deuda
que con una pasión fino.
Mi mano ya es suya, pero
no lo ha de ser mi albedrío
si agradecido no muestra
que della estimación hizo,
pagándola a quien la debe;
porque no puede conmigo
–aunque su invencible sangre
sea la que el cielo quiso
coronar de más laureles
que el campo del sol ha visto–
ser ni príncipe ni amante
ni generoso ni invicto
ni fiel ni ilustre ni noble
quien no fuere agradecido.
Y así, antes que posesión
tome del tálamo mío,
manteniendo su esperanza
del capitulado alivio
de ser cierta, ha de tomarla
de las campañas de Egipto
por que no se diga de él
ni de mí que los dos fuimos
sacrificio de Himeneo
primero que sacrificio
de Palas, cuando los dos
dar primer lugar debimos
a los marciales horrores
que a los amantes cariños.
Mirad, pues, si con aquesta
condición de que atrevido
ha de dar la libertad
a quien le adopta por hijo
antes que me dé la mano
que yo hasta entonces resisto,
abro la carta o la rompo,
dando en átomos distintos
sus letras al mar y al viento;
bien que es ocioso castigo,
pues no hay más viento o más mar,
ya que mis penas explico
y que mis penas recato,
que en tanto confuso abismo
el piélago de mis ojos
o el aire de mis suspiros.
Astolfo
Aguarda, espera; que yo,
más a tu llanto movido
que a la razón de tu llanto,
a entrambas cosas me rindo.
Y como yo sea el dichoso,
una y mil veces afirmo,
estimando como debo
el favor de Federico,
que las gitanas riberas
me verán cerrar del Nilo
las siete bocas, por quien
monstruo espira cristalino
en el Jonio mar, poblando
sobre campañas de vidrio
errantes montes de brea,
cuyos altos edificios,
volcanes de fuego en agua,
cada uno será movido
ya del impulso del remo
y ya del viento al arbitrio
antes que toque tu mano;
porque aunque acaso haya sido
añadida condición
esta, en quien ama rendido
los acasos de las damas
son acasos muy precisos.
Casimiro
Lo mismo te ofrezco yo,
porque si a mí me ha elegido,
cautivo no ha de morir
quien me hace vivir cautivo.
Y así de Egipto los campos,
que a ejemplo de los Elíseos
gozan deleitosamente,
siendo humanos paraísos,
un pensil en cada cumbre
y un hibleo en cada sitio,
de mis húngaros caballos
verá pacer sus distritos,
ya a la escarcha del invierno
y ya al calor del estío.
Rosimunda
Vos, Lucanor, ¿qué decís?
¿No habláis? ¿No ofrecéis lo mismo
que los demás?
Lucanor
No, señora.
Rosimunda
¿Por qué?
Lucanor
Porque yo no aspiro
a ser nunca tan dichoso,
y así nunca diversivo
me he embarazado en pensarlo.
Fuera que el daros auxilio,
¿cómo puedo yo ofrecerlo
si yo no puedo cumplirlo?
Lo que de mi parte juro,
por no quedar menos fino,
es, si mi fortuna acaso
–error es el presumirlo,
mas la fortuna tal vez
suele padecer delirios–
hiciere éste en mi favor,
no creerlo hasta que mi tío
libre esté o en la demanda
muera yo. Y esto lo digo,
porque es decir que jamás
seré de tanto bien digno.
Rosimunda
¿Eso ofrecéis?
Lucanor
Esto ofrezco.
Astolfo
Yo lo juro.
Casimiro
Yo lo afirmo.
Rosimunda
Pues con esa condición
la nema a la carta quito.
Casimiro
Pendiente estoy de sus labios.
Astolfo
Yo, de sus ojos divinos.
Lucanor
Yo, siendo de hilo la nema,
de que hasta hoy ninguno ha dicho
con más propiedad que tiene
pendiente el alma de un hilo.
Rosimunda
Lee.
«No tengo licencia, hija,
para descansar contigo,
sino para responderte
no más. Y así sólo digo
por consejo del Soldán,
–quizá por ser de enemigo
me estará bien el tomarle–
que de aquestos tres tu primo,
el conde Lucanor, sea
el que sea tu marido».
Cielos, ¿qué es esto?
Lucanor
Fortuna,
¿qué escucho?
Casimiro
¿Qué oigo?
Astolfo
¿Qué miro?
Estela
(Aquí llegó mi esperanza
al último parasismo).
Todos
¡Viva el conde Lucanor!
Pasquín
De contento salto y brinco.
¡Vítor el Conde, mi amo!
(Pero miento si tal digo
que en competencia de dos
poderosos enemigos…)
Vase.
Todos
¡El conde Lucanor, vítor!
Rosimunda
(Cielos, mi industria me ha muerto,
pues cuando mi amor previno
dilatar mi mano a quien
ni amo ni quiero ni estimo;
al que estimo, quiero y amo,
la dilató. Mas ¿qué digo?
Que si él trata de olvidarme,
acertar errando ha sido).
Lucanor
(¿Quién creyera que el primero
favor que el amor me hizo,
fuera el último favor?
Mas ¿cuándo al infeliz vino
sin zozobra la ventura,
sin sobresalto el alivio?).
Astolfo
(¿Esto sufro?).
Casimiro
(¿Esto consiento?).
Astolfo
(¿Un escudero conmigo?).
Casimiro
(¿Conmigo un particular?).
Astolfo
(¿Más airoso?).
Casimiro
(¿Más lucido?).
Astolfo
(¡Volcán soy, rayos aborto!).
Casimiro
(¡Etna soy, llamas respiro!).
Astolfo
(Mas disimular es fuerza).
Casimiro
(Pero fingir es preciso).
Astolfo
Bien, hermosa Rosimunda,
se ve fue el Soldán quien hizo
esta elección, pues a mí
para vuestro no me quiso
por no deslucir sus triunfos
con tan pequeño enemigo.
Dos norabuenas os doy:
la una (mal mis penas finjo)
del acierto del empleo,
que gocéis felices siglos;
la otra de la libertad
del Duque, pues es preciso
que Lucanor cumplirá
el homenaje que hizo.
Casimiro
Claro está. Y así yo (¡ay, cielos,
qué mal mis penas resisto!)
uno y otro parabién,
bien como Astolfo prosigo.
Astolfo
Pero sabido tened…
Casimiro
Pero tened entendido…
Astolfo
…que la armada que pensaba
emplear en vuestro servicio…
Casimiro
…que las tropas que quería
dar en militar auxilio…
Astolfo
…será asunto…
Casimiro
…será empleo…
Astolfo
…de lograrlo…
Casimiro
…de cumplirlo…
Los Dos
…no dándole vos la mano,
sin que él os dé a Federico.
Vanse.
Lucanor
(¡Oh, quién decirles pudiera
que sí hará! Cielos divinos,
¿para qué, si me quitáis
los medios, me dais los bríos?).
Rosimunda
No quiero alegar finezas,
Conde, con vos de que ha sido
en vuestro daño lo que
quizá mi temor previno
en vuestro favor, mas quiero
–ya que el empeño se hizo
tan público que no es
posible no haber yo dicho
que quien no me dé a mi padre
no ha de ser esposo mío–
por que no se pierda todo,
ya que todo se ha perdido,
daros un consejo.
Lucanor
¿Qué
consejo, en tanto conflicto
como venir el contento
sólo a crecer el martirio?
Rosimunda
Que, pues empezasteis, Conde,
como habéis tal vez escrito,
a olvidarme, lo acabéis,
y en sirviéndoos del olvido
me digáis adónde queda
para que haga yo lo mismo.
Vase.
Lucanor
(Cielos, ¿qué escucho? Ella sabe
lo que yo a Estela la escribo).
Estela
De una norabuena, Conde,
y un pésame a un tiempo miro
que os soy deudora; mirad
vos cuál de los dos estilos
os está mejor.
Lucanor
Ninguno,
que de ti no solicito,
Estela, más que me dejes,
pues como ignorante amigo
me has muerto, sin que yo pueda
quejarme del homicidio.
Estela
¿Yo, Conde?
Lucanor
Tú, Estela, pues,
apacible basilisco,
por darme vida me has muerto.
Estela
Ni te entiendo ni averiguo
por qué lo dices.
Lucanor
Porque
no siento tanto (¡testigo
es Amor!) topar la injuria
a puertas del beneficio,
a Rosimunda perdiendo,
como perdiéndola (¡impío
rigor!) quejosa, pues fuera
de mis desdichas alivio
el perderla no culpado.
Estela
Otra vez y otras mil digo
que no te entiendo.
Lucanor
¿A quién diste
parte de lo que te escribo?
Estela
Pues tú, ¿cómo o cuándo, Conde,
jamás a mí me has escrito?
Lucanor
No tu liberalidad,
Estela, afectes conmigo
tanto que negarla quieras.
Estela
Fuerza es volverme al principio
de que no te entiendo.
Lucanor
Pues
¿no es tuyo, Estela, este libro?
¿No es tuya esta joya?
Estela
No.
Lucanor
Pues ¿cómo te hallé en el sitio
que estaba con ella a ti?
Estela
La curiosidad lo hizo
de ver qué había Rosimunda
dejado allí.
Lucanor
¿Luego han sido
suyos el libro y la joya?
Estela
Sí.
Lucanor
Mal hayan mis sentidos
que se han dejado engañar
de mal aparentes visos.
Y mal hayas tú, ¡ay, Estela!,
pues cortesano contigo
me obligaste…
Estela
Basta, Conde,
que si tu engaño lo quiso,
no es justo que mi respeto
venga a pagar tu delirio.
Vase.
Lucanor
¿Quién en el mundo jamás
en tal confusión se ha visto?
Sale Pasquín.
Pasquín
Ya por toda la ciudad
mujeres, viejos y niños,
altos, bajos, flacos, gordos,
medianos, grandes y chicos,
todos te aclaman, haciendo
en tu nombre regocijos.
Lucanor
¿Por qué, Pasquín?
Pasquín
Porque eres
tú su duque.
Lucanor
Es desvarío.
Pasquín
¿Agora sales con esto?
Lucanor
Cielos, ¿qué puedo hacer?
Roberto
dentro.
Idos…
Lucanor
Oye.
Roberto
dentro.
…que no he de dar más.
Pasquín
Él noramala nos hizo
de merced.
Lucanor
Aguarda, espera,
que aunque nunca vaticinios
creí, éste he de ver. Roberto,
¿qué es esto?
Sale Roberto.
Roberto
Que habiendo dicho
Astolfo a sus cazadores
que no cobren fugitivos
unos halcones y suelten
a los demás, he querido
comprar algunos, porque
agasajado he venido
del Soldán, demás de haberme
librado de un gran peligro
la vida, y sé que no puedo
hacerle mayor servicio
–fuera de que su retorno
espero, que será rico–
que enviárselos, porque ése
es su mayor ejercicio.
Y llegando a un cazador,
me pidió tan excesivo
precio que le respondí
dándole no sé qué: «Idos,
que no he de dar más».
Lucanor
¿Qué fuera
que me abriese algún camino
a mis desdichas el cielo?
Roberto, yo os he debido
las albricias de la carta.
Que me perdonéis os pido,
y tomad aquesta joya…
Pasquín
¿La joya? ¡Cuerpo de Cristo!
Lucanor
…con cargo de que compréis
los halcones y conmigo
os veáis antes de enviarlos,
porque aquese criado mío
ha de ir con ellos.
Pasquín
¿Quién?
Lucanor
Tú.
Pasquín
Pues ¿quién, demonios, me hizo
embajador pajarero?
Roberto
La joya, Conde, recibo,
por emplearla en una dama,
y en todo veréis que os sirvo.
Y así, para que no pierda
la compra ocasión… Amigo,
esperad, que los halcones
ya en cualquier precio son míos.
Lucanor
Ve tú y llévalos a casa.
Pasquín
¿Qué intentas?
Lucanor
Ir yo contigo,
que ver al Soldán intento
y ver si industrioso quito
un enemigo a mi patria.
Pasquín
Paréceme que partimos
yo el halcón, tú el cascabel;
pues ¿quién en el mundo ha visto
irse uno a volar soldanes?
Lucanor
¿Quién se vio en igual abismo?
¿Rosimunda, ¡ay, cielos!, era
la que piadosa conmigo
me escribía? ¿Rosimunda
la que –teniendo entendido,
como todos, que no era
posible ser preferido
yo a tales competidores–
buscó modo, halló camino
para dilatar su mano,
cuyo mañoso artificio
gusano labró de seda
la tumba de su capillo
para sepultarse en ella,
copo hilado de sí mismo?
¿Casimiro vano, Astolfo
soberbio y desvanecido
irónicamente hacen
de la elección desperdicio,
juzgando que fueran ellos
mejores para enemigos
del Soldán que yo? ¿El Soldán
me elige por desvalido,
mísero y pobre? Y en fin,
nombrándome Federico,
ya fuese ajeno consejo,
ya fuese propio motivo,
dejándome a mí obligado,
¿a sí se deja cautivo?
Pues ¿cómo, cielos, pues cómo,
astros, planetas y signos
que el sol ilumina a rayos,
que parte la luna a giros,
aves, fieras, peces, plantas,
montes, mares, selvas, ríos,
dará el conde Lucanor
satisfación de sí mismo
a Rosimunda de que
es el amante más fino
que no perdió nada en ellos
a Astolfo y a Casimiro,
al Soldán de valeroso,
y al Duque de agradecido,
y a todo el mundo de que
donde no hay fuerza, hay arbitrio;
donde no hay poder, industria;
donde no hay armas, designios;
donde no hay naves, ingenio;
donde no hay tropas, capricho?
Ahora bien, amor y honor,
abandonad el peligro,
y, pues perdidos estamos,
perdámonos bien perdidos.
Y del conde Lucanor
no puedan decir los siglos
que hizo mala elección de él
quien ya de él la eleción hizo.

Jornada Tercera

Salen Rosimunda y Estela.
Rosimunda
Di, Estela, no cante a Flora,
y ninguna dama mía,
por ser de mis años día,
de gala esté; que quien llora
tantos prevenidos daños,
no los ha de celebrar,
si ya no es con descontar
ese número a sus años,
viendo uno menos, ¡ay, cielos!,
que padecer y sentir.
Estela
¿Es posible que al oír
tan continuos desconsuelos
ninguna ha de merecerte
parte dellos, por siquiera
que alivio el contarlos fuera?
Rosimunda
Ese gusto quiero hacerte.
Estela
No habrá favor semejante.
Rosimunda
(Pues no estimes el favor;
que es por si puede un temor
leer su pena en tu semblante).
Sabrás, Estela, aunque no
lo mostré en mi vida, que
siempre a Lucanor amé.
Estela
(Hasta aquí me sabía yo).
Rosimunda
Y viendo que no se había
de dar en mi estimación
a partido la pasión,
sin decir quién le asistía
sus alcances reparaba
con industria que fingí.
Estela
(También me sabía hasta aquí).
Rosimunda
Él, no sé yo quién juzgaba
que la dama podía ser,…
Estela
(Yo, sí).
Rosimunda
…pero que sabía
que era otra quien le quería,
claramente dio a entender.
Estela
¿Cómo?
Rosimunda
Escribiéndola…
Estela
Di.
Rosimunda
…que, su favor estimando,
la amaría en acabando…
Estela
¿De qué?
Rosimunda
…de olvidarme a mí.
Estela
Muy largo plazo tomaba,
pues tarde o nunca sería.
(Disimula, pena mía).
Y a grosería tan brava,
¿tú qué le dijiste?
Rosimunda
¡Ay, cielos!
¿Qué le había de decir,
puesto que me ves morir
de ausencia, de amor y celos?
De ausencia, pues desde aquel
día que abrí, ¡pena grave!,
el pliego, ninguno sabe,
ni vivo ni muerto de él.
De amor, pues Amor ha sido
quien su dicha ha embarazado.
De celos, pues no he alcanzado
quién aquella dama ha sido.
(Ni aun agora, pues en ti
no veo estremos amorosos).
Estela
(A un traidor, dos alevosos;
no ha de ver mudanza en mí).
¿Que no supiste jamás
quién aquesa dama era?
Rosimunda
Por saberlo, Estela, diera…
Estela
Pues de mí no lo sabrás,
porque no sólo lo ignora
desvelada mi noticia,
pero en vano aun la malicia
saberlo intenta.
Sale Sirene con una joya en el pecho.
Sirene
Señora.
Rosimunda
¿Qué dices, Sirene?
Sirene
Ya
en aquella galería
del cierzo, la escribanía,
como me mandaste, está
puesta.
Rosimunda
Escribir me conviene:
ven. (Mas ¿qué miro? ¡Ay, Estela!).
Estela
(¿Qué, señora, te desvela?).
Rosimunda
(La joya que trae Sirene
yo a Lucanor envié).
Estela
(Pues ¿quién duda que ella era
la dama?).
Rosimunda
(Esta es la primera
seña que en alcance hallé
de mi pena; este el primero
indicio. Sirene es, sí,
por quien me olvidaba a mí).
Estela
(¡Buen gusto de caballero!).
Rosimunda
(Dame industria, Estela mía,
cómo confirmarlo agora
podré).
Estela
(¡Qué sé yo!).
Sale Clori.
Clori
Señora.
Rosimunda
¿Qué hay, Clori?
Clori
A darte venía
este lienzo.
Rosimunda
Bien está.
(Ya es otra, Estela, mi pena:
también aquella cadena
le envié).
Estela
(Quizá será
dama del Conde también).
Rosimunda
(Ya hay dos testigos).
Sale Flora.
Flora
Señora.
Rosimunda
¿Qué es lo que me dices, Flora?
Flora
Roberto,…
Rosimunda
(¿Qué miro?).
Flora
…a quien
por gobernador nombraste
cuando de Egipto volvió,
pidiendo audiencia llegó,
y dice que importa.
Rosimunda
(Baste,
Estela, que también es
joya que yo le envié aquella
que trae Flora).
Estela
(También ella
será su dama).
Rosimunda
(¿Pues tres?
Mas yo he de saberlo). Flora,
¿quién te dio, (¡fiero rigor!),
esa joya?
Flora
Lucanor
la dio a Roberto, señora,
con quien ya sabes que yo
me he de casar, por ser quien
trajo aquel pliego.
Rosimunda
Está bien.
A ti, Clori, ¿quién te dio
la cadena?
Clori
El Conde fue.
Rosimunda
¿A qué propósito a ti?
Clori
Aunque sea contra mí,
siempre la verdad diré.
Aquel abanico tuyo
los tres rescatar quisieron;
grandes dones me ofrecieron
los dos; pero yo, que arguyo
que el Conde le merecía
más que ninguno, a él le di,
y él aquesta joya a mí.
Rosimunda
Sirene.
Sirene
Señora mía.
Rosimunda
Dime, ¿quién te dio (¡ay de mí!)
esa joya?
Sirene
La verdad
te dirá mi voluntad,
mas no has de enojarte.
Rosimunda
Di.
Sirene
Tuyo un retrato traía
–ya tú alguna vez le viste–
en el muelle.
Rosimunda
¿Y qué le hiciste?
Sirene
En ese jardín un día
se cayó de él; Lucanor
le halló; volviendo a buscarle,
no fue posible que darle
quisiese, haciendo su amor
dos mil estremos con él,
y al fin con él se quedó,
y aquesta joya me dio
en ferias.
Rosimunda
A Flora.
(Pena cruel,
¿qué quieres de mi tristeza,
si en lo que amo, siento y callo,
cualquiera ofensa que hallo
la trueca en una fineza?
Quien más caudal no tenía
que el que yo solicitaba
las joyas que le di daba
por cualquiera prenda mía:
a Roberto, porque viene
con la nueva en su provecho;
a Clori, por mi desecho;
por mi retrato, a Sirene.
Pues ¿cómo posible es
que yo con su olvido encuentre?).
Dirás a Roberto que entre.
Quede esto para después.
Sale Roberto.
Roberto
Con dos pesares, señora,
a besar tus plantas vengo.
Rosimunda
Ya soy centro de pesares;
perdido les tengo el miedo.
¿Qué hay, Roberto?
Roberto
Ya supiste
que yéndose malcontentos
de aquella elección Astolfo
y Casimiro a sus reinos,
quejosos vivían de ti.
Rosimunda
Sí.
Roberto
Pues ambos, pretendiendo
que no valga la elección
allá en no sé que pretextos
fundados, uno sus huestes
ha movido al mismo tiempo
que otro su armada; infestando,
uno altivo, otro soberbio,
aquél todas tus campañas
y aquéste todos tus puertos.
Lucanor, a quien tocaba
el salir a defenderlos
con la gente que el estado
ya en tu defensa ha dispuesto,
no parece, y aun se dice
(callaré que fui instrumento
de que se ausentase)…
Rosimunda
¿Qué?
Roberto
…que uno de los dos le ha muerto.
Rosimunda
¿Qué dices, Roberto?
Roberto
Digo
que se dice, no que es cierto…
Estela
Desmáyase.
¡Ay, infelice de mí!
Clori
¡Estela!
Flora
¡Estela!
Rosimunda
¿Qué es eso?
Sirene
Estela, que desmayada,
consigo ha dado en el suelo.
Rosimunda
(Bien su sentimiento hubo
menester mi sentimiento
para no hacer yo otro tanto,
pues al desmayar, el pecho
me ha defendido el rencor
de que no me daba estremos
quien debe estremos a otra.
Novedad es que los celos
alguna vez dan la vida
de cuantas veces han muerto).
Retiradla allá vosotras.
Llévanla.
Tú prosigue (cobra aliento,
valor; mira que eres mío
y no has de dejar de serlo).
Roberto
Entrambos, pues, infestando
tus campañas y tus puertos
–aquí quedé– desde el mar
y desde la tierra han hecho
seña de paz, procurando
les oigas; a cuyo efecto
embajadores, señora,
vienen los dos de sí mesmos.
Tu audiencia aguardan.
Rosimunda
Decid
que Casimiro el primero
entre; que oír al enemigo
siempre ha sido de provecho.
Sale Casimiro.
Casimiro
Dadme, señora, a besar
vuestra mano.
Rosimunda
Alzad del suelo.
¿Qué venida es esta?
Casimiro
Es
volver a buscar mi centro,
pues fuera de vuestras plantas
siempre estuviera violento.
Rosimunda
Pues embajador aquí
sois, no habléis en otro afecto,
sino como embajador
no más.
Casimiro
Humilde obedezco.
El príncipe Casimiro
dice que, aunque fue concierto
del homenaje pasar
por cualquiera nombramiento
del Duque, viniendo en él
tan claro que por consejo
del Soldán a Lucanor
elige, no debe, atento
a la pleitesía, cumplir
los ritos del juramento;
pues diciendo que no es
suyo el gusto, sino ajeno,
y estando preso, señora,
la fuerza alega del dueño.
Y así, teniendo por nula
la elección con los acuerdos
de las leyes, que no dan
fe ni autoridad al preso,
prosigue que está en campaña
a dos acciones resuelto.
Una, hacer guerra al Soldán,
si vos, volviendo al primero
homenaje, le cumplís
la palabra de que dueño
será el que librare al Duque
deste estado –no me atrevo
a decir de vos; que fuera
elevar mucho el empeño,
con la esperanza de que
vos pudiérais ser el premio–.
Otra es que si no volvéis
a revalidar el fuero,
no hará la guerra al Soldán,
sino a vos, satisfaciendo
el desaire de…
dentro ruido.
Astolfo
dentro.
He de entrar.
Unos
dentro.
Tened.
Astolfo
dentro.
Apartad.
Rosimunda
¿Qué es eso?
Sale Astolfo.
Astolfo
El embajador de Astolfo,
que ha sentido este desprecio,
que donde está Rusia, a Hungría
se le dé el lugar primero.
Casimiro
¿Por qué no, cuando soy yo
mi embajador? Mas ¿qué veo?
Astolfo
Porque también soy yo el mío;
que es muy fácil a un concepto
parecerse otro, si entrambos
se encaminan a un fin mesmo,
pues donde es uno el amor,
siempre es uno el pensamiento.
Casimiro
Aunque sea a mí…
Astolfo
No más
que yo…
Rosimunda
Príncipes, ¿qué es esto?
Casimiro
Es amar.
Astolfo
Es adorar.
Casimiro
Es morir.
Astolfo
Es haber muerto.
Rosimunda
Pues quitemos los embozos
al disfraz y claro hablemos.
Astolfo, ya a Casimiro
–fuese error o fuese acierto–
oí; y siendo la acción mía,
con quien no puede haber duelo,
hablad vos, para que a entrambos
pueda responder a un tiempo.
Astolfo
Diciendo vos que fue vuestra
la acción, culparla no debo;
y así, paso a lo que importa
sin usar del fingimiento.
Que el que os diere a vuestro padre
será de Toscana dueño
dijisteis; y sobre no
poder ya Lucanor serlo
–pues la condición no puede
él cumplirla, a cuyo efecto
corrido o desconfiado
huyó la cara al empeño–,
con que nuestra pretensión
vuelve al estado primero,
digo que tengo mi armada
donde si vos, acudiendo
a libertar vuestro padre,
la revalidáis de nuevo,
o morir en la demanda
o traerle vivo os ofrezco;
pero si no, perdonadme,
al mundo satisfaciendo
y a vos de que mi valor
pudo sólo…
Rosimunda
Ya os entiendo.
Y aunque pudiera ofenderme
de ambos la amenaza, puesto
que no es plaza un albedrío,
que no es ciudad un deseo,
baluarte una memoria
ni revellín un afecto,
para que a fuego ni a sangre
se conquiste; con todo eso,
la libertad de mi padre
y la quietud de mi pueblo
me pone en obligación
de no despreciar los medios.
A cuya causa, otra vez
y otras mil a decir vuelvo,
por si otra vez dar pudiese,
como dicen, tiempo al tiempo,
que el que a él libertare, a mí
me cautivará, advirtiendo,
para que jamás no vuelva
a hacer el desaire esfuerzos,
que ha de ser juramentándoos
que el que perdiere el derecho
no quede por enemigo
del otro, sino que atento
le ha de dar después favor
para todos cuantos riesgos
le acarreare su ventura.
Astolfo
Yo lo juro.
Casimiro
Yo lo ofrezco.
Los Dos
Y que el que al Duque librare
me tendrá a su lado puesto.
Rosimunda
Pues con eso yo también
cumpliré lo que prometo.
Casimiro
Cajas.
Toca a marchar,…
Astolfo
Toca a leva,…
Casimiro
…mis armadas huestes, siendo
golfos de acero y de pluma…
Astolfo
…siendo mis alados leños
ciudades de lino y brea…
Casimiro
…que las campañas cubriendo…
Astolfo
…que rizando los cristales…
Casimiro
…pueblen los campos amenos…
Astolfo
…huellen los montes de espuma…
Casimiro
…no dudando…
Astolfo
…no temiendo…
Casimiro
…el arbitrio de los hados.
Astolfo
…ni la discreción del viento. Vanse.
Rosimunda
Roberto, oye.
Roberto
¿Qué me mandas?
Rosimunda
Cercanas las armas viendo
destos dos necios amantes,
¿no tenías ya dispuesto
ejército que saliera
en campaña a detenerlos?
Roberto
Si, señora.
Rosimunda
Pues prosigue
en su leva.
Roberto
¿Y a qué efecto?
Rosimunda
A efecto de que también
marche a Egipto.
Roberto
¿Con qué intento?
Rosimunda
Con intento de que sea
mía la acción, pues es cierto
que ellos no han de conseguirla.
Roberto
¿Por qué?
Rosimunda
Porque van opuestos.
Y cuando dos generales
no se unen, siempre el tercero
arbitrio es de la campaña.
Y así, sus marchas siguiendo,
siempre a la mira mi gente,
la vitoria me prometo;
porque siempre es la vitoria
del que llega de refresco.
Dos cosas así consigo:
la libertad, lo primero,
de mi padre; y siendo yo
quien se la dé, quedar dueño
de mi mano, pues a mí
me doy lo que a mí me ofrezco.
Roberto
Sí, mas ¿quién el general
ha de ser, saber deseo,
destas armas?
Rosimunda
Lucanor.
Roberto
Pues ¿adónde está?
Rosimunda
En mi pecho;
que a prueba de sinrazones
todavía le conservo
como testigo que dice:
Pues que tú vives, no muero.
Vanse y sale Irifela, mirando al cielo.
Irifela
O miente la astrología
o la mágica se engaña
o toda esa azul campaña
perturba el orden del día
o falta la ciencia mía,
que es más, o aquella pequeña
barca que aferra a una peña,
de la prisión del Soldán
es la prenda que me dan
todos los cielos por seña.
¡Oh, si a cumplir se llegara
ya el destino y ser pudiera
parte yo a que se cumpliera,
para que la pena rara
de mi destierro vengara!
Mas, ¡ay!, que en vano lo espero,
pues a lo que considero
del traje y de los azores,
son dos pobres cazadores
los que trae; y a lo que infiero
es, ya que hoy a caza vino
el Soldán, que desde el puerto
debió de haber descubierto
algún pájaro marino
dentro del agua y previno,
por que nueva presa hicieran,
que esos cazadores fueran
a volarle sobre el mar.
Hacia aquí los veo llegar.
No quisiera que me vieran,
por que no le hablen de mí
hoy al Soldán y otra vez
quiera que le haga juez
de lo remoto. Y así
ocultarme pienso aquí,
de aquestos troncos guardada.
Escóndese y salen Lucanor y Pasquín, vestidos de cazadores con dos halcones.
Lucanor
¿Dijiste que en la ensenada
oculta la barca espere,
por que a lo que sucediere
bien o mal, la retirada
tengamos segura?
Pasquín
Sí.
Mas decirlo yo, no apura
que la tendremos segura.
Lucanor
Mira si ves por ahí
gente alguna.
Pasquín
¿Quién aquí
ha de haber, si es sitio donde
aun la luz del sol se esconde?
Irifela
(A este hombre otra vez he visto
y, si a mis dudas asisto,
se me representa el conde
Lucanor, aquel que vi
en otra caza, al reflejo
de mi imaginado espejo).
Pasquín
Ya que hemos llegado aquí,
¿no sabré a qué intento?
Lucanor
Sí.
Irifela
(Oh, si escucharlos pudiera,
por que de duda saliera).
Lucanor
Mi intento ha sido venirme,
Pasquín, sólo a introducirme
con el Soldán, por si fuera
posible tener un día
de darle muerte ocasión…
Irifela
(Apenas oigo razón).
Lucanor
…porque esto sólo podría
enmendar la suerte mía;
pues faltando, claro está
que otro ninguno andará
con el Duque tan cruel;
con que librándole a él
mía la beldad será
de Rosimunda, ¡ay de mí!,
con cuyas memorias lucho.
Irifela
(Ya que sus voces no escucho,
si es él, he de ver así:)
Lucanor.
Lucanor
¿Llamaron?
Pasquín
Sí.
Lucanor
¿Quién aquí me conoció?
No es posible.
Pasquín
¿Cómo no?
Irifela
Lucanor.
Pasquín
Hacia este lado
segunda vez te han nombrado.
Lucanor
¿Quién es quien me llama?
Sale, y espántase Pasquín, cayendo.
Irifela
Yo.
Lucanor
¿Quién eres, ¡oh, monstruo bello!,
de hermosura soberana?
Pasquín
¿Quién eres, Palas gitana,
que, aunque caigo, no es en ello?
Irifela
No has menester tú sabello.
Básteme el saber a mí
que eres tú.
Lucanor
Por qué, me di.
Irifela
Porque en el fin con que vienes,
interesada me tienes.
¿Quieres conocerlo?
Lucanor
Sí.
Irifela
Pues para que ser se crea
en tus pretensiones parte,
procura, Conde, guardarte
de que el Soldán no te vea.
Testigo este aviso sea
que tus motivos infiero
y dellos mi aplauso espero.
En que él te conoce advierte;
y así, si llegare a verte,
madruga y mata primero.
Mas lleva para consuelo
de tu empresa, Lucanor,
que es el cielo en tu favor.
Ampare tu vida el cielo.
Vase.
Quiere ir tras ella y detiénele Pasquín.
Lucanor
Oye.
Pasquín
No oiga.
Lucanor
Suelta. Un vuelo
su curso es, montes talando.
Pasquín
¿Vuelo? ¿Qué estoy esperando?
Vale a quitar el capirote al halcón.
Lucanor
¿Qué intentas?
Pasquín
Echar tras ella
este halcón para cogella,
supuesto que va volando.
Lucanor
Déjame seguir la acción.
Dónde o cómo, he de saber,
que el Soldán me pudo ver,
o si acaso fue ilusión
o sombra.
Salen los guardas con armas.
Uno
Daos a prisión,
si no queréis ver rendida
a nuestras armas la vida.
Pasquín
(Por fiera que era la fiera,
mucho mejor que éstos era).
Lucanor
¿En qué está de mí ofendida
vuestra cólera, llevando
para el Soldán este halcón?
Pasquín
(Deben de pensar que son
halcones de contrabando).
Uno
Si al Soldán venís buscando,
con él os pondremos presto.
Venid.
Pasquín
(Muy mal se ha dispuesto,
aunque quedó en la ensenada
segura la retirada).
Todos
Venid, pues.
Lucanor
Mirad…
Sale el Soldán.
Soldán
¿Qué es esto?
Lucanor
(Habla tú, que no quisiera
repare en mí su crueldad,
por si dijo o no verdad
aquella divina fiera).
Retírase Lucanor y procura que no le vea.
Pasquín
(Yo hablara si yo supiera,
señor, a lo que venimos).
Uno
Esos forasteros vimos,
y oyendo que nos decían
que estos halcones traían
para ti, a ti los trajimos.
Soldán
¿Para mí son los halcones,
estranjeros?
Pasquín
Señor, sí.
Soldán
¿Quién es quien me los envía?
Pasquín
(¿Qué le tengo de decir?).
Lucanor
(Que Roberto, y esta carta
le da).
Soldán
¿No habláis? Proseguid.
¿Cómo calláis?
Pasquín
No os espante,
que en toda mi vida vi
soldán que no me turbase.
Soldán
¿Quién me lo envía? Decid.
Pasquín
Un Roberto (que Roberto
es del diablo para mí).
Soldán
¿Es el que aquí mensajero
de Toscana estuvo?
Pasquín
Aquí
lo verás; que yo estoy más
de escurrir que discurrir.
«Agradecido, señor,
al honor que recibí
después de darme la vida
cuando a vuestros pies huí,
como feudo que pagar
debo, deseándoos servir,
os envío dos halcones:
uno sacre, otro neblí.
Con dos disculpas me atrevo:
una, porque conocí
vuestra inclinación, y otra,
por llegar a presumir
que son maestros en la caza».
En toda mi vida vi
ni más hidalgo presente
ni más de mi gusto. A mí
llegad. ¡Qué buenas señales
de pájaro! Vos venid,
llegad, llegad con esotro.
Lucanor
¿Dice su merced a mí?
(Di que un simple soy).
Pasquín
(En eso
poco aventuro el mentir).
Soldán
A vos digo, claro está.
Lucanor
Oiga cuál manda el sofí,
el soldán o lo que es.
Pasquín
De él no hagáis caso; advertid
que es un simple, un mentecato.
Mas nadie quiso venir
sino él. (Si donde no lo oye
es grande gusto decir
mal del amo, ¿qué será
adonde lo puede oír?).
Llega, bestia, tontonazo.
(Por Dios, que me has de sufrir
y has de saber a qué sabe
cuando me tratas tú así).
Lucanor
Llegarán. (¡Válgame Dios!
Si me conoce, ¡ay de mí!).
Soldán
No menos buenas señales
tiene estotro. Vos decid,
¿entendéis el campo bien?
Lucanor
Sí, señor; cuando en abril
llueve y nieva por enero,
bien sé que el año no es ruin.
Pasquín
No dirá cosa con cosa,
no hables con él.
Soldán
Recibid
los halcones y templadlos
esta noche; que al reír
Toma los halcones.
del alba mañana, quiero
probarlos. Y vos, que en fin
sois más discreto que esotro…
Pasquín
(¡Y cómo que es eso así!).
Soldán
…decidme, ¿qué hay en Toscana
de nuevo? ¿Cómo el país
recibió que Lucanor
fuese el esposo feliz
de Rosimunda?
Pasquín
Muy mal.
Soldán
¿Por qué?
Pasquín
Porque es un civil
escudero, donde había
príncipes, como así, así,
en que escoger.
Soldán
Yo la culpa
tengo, yo el consejo di
de que a Lucanor nombrara
Federico.
Pasquín
Fue sutil
industria de aseguraros,…
Soldán
¿Cómo?
Pasquín
…escogiendo al más ruin,
que si no, ya habían jurado
los otros en dura lid
dar al Duque libertad.
Soldán
Sabe el cielo le elegí
por hombre de más valor,
porque una vez que le vi
haciendo rostro a una fiera,
de él me aficioné…
Lucanor
(¿Qué oí?)
Soldán
…tanto que no hice reparo
en otros que por allí
había, sino en él.
Pasquín
(Salvo
el no conocerme a mí).
Soldán
Y eso de pensar que yo
había al Conde de elegir
por menos fuerte enemigo,
ha sido presunción vil
de algún cobarde que no
sabe que hay más que sentir
tener a un noble valiente
por contrario que a cien mil
que no lo sean. Mas ésta
no es plática para ti.
Cuidad de esos estranjeros
hasta que se hayan de ir;
que han de llevar un presente
a Roberto.
Pasquín
Aqueso sí.
¿Qué, señor?
Soldán
Un elefante.
Pasquín
(¡Ay, desdichado de mí!
¿Esto tenemos agora?
Pues ¿no me bastó venir
cargado de un tagarote,
sino volver desde aquí
de un guardainfante cargado?).
Tocan cajas y clarines, lo más bajo que puedan sonar.
Soldán
¿Qué es esto? Escucháis. ¿Oís
sordas cajas que a lo lejos
parece que suenan?
Uno
Sí,
señor.
Soldán
Pues, ¿qué novedad
será aquesta?
Sale Irifela asustada.
Irifela
Escucha,…
Soldán
Di.
Irifela
…pues nadie sino yo hasta ahora
sabe qué es.
Lucanor
(¡Ay, infeliz!
Quiera el cielo lo que diga
no resulte contra mí).
Irifela
Asaltada de los ecos
que por todo este confín
de poco espacio a esta parte
oír se dejan sin oír,
sonando en tierra y en mar
sólo aquel ruido sutil
que da escaseada la caja,
que da sisado el clarín,
atalaya de ese monte,
hasta su cumbre subí,
donde apenas fui bastardo
penacho de su cerviz,
cuando de un cristal usando,
tan proporcionado en sí
que a menos puntos da más,
disminuye o crece, vi
en atraídos objetos
que distantes reducir
supo su fábrica, el mar,
cuajado su azul zafir
de blancas velas de quien
flámulas colgando mil
en Babilonias de espuma
cada entena es un pensil.
La línea del horizonte
que terminó su perfil
con la tierra, vi también
poblar, señor, y cubrir
de armados montes de acero,
formando en vario matiz
los estandartes de un mayo,
las banderas de un abril.
Viendo tanta novedad,
a mi espíritu acudí,
de quien supe en mar y tierra
que el uno y otro adalid
son Casimiro y Astolfo,
que a vengar vienen en ti
la elección de Lucanor,
que no obedeciendo…
Soldán
Di.
Irifela
…se reduce a que la mano,
copo de nieve y jazmín,
Rosimunda de los dos
dé al que llegue a conseguir
la libertad de su padre.
Mira cómo resistir
podrás su fuerza, que yo,
aunque más puedo decir,
no lo he de decir, porque
me importa el callarlo a mí,
por volver por la opinión
de todo ese azul viril.
Vase.
Soldán
Oye, aguarda, espera.
Uno
El viento
aun no la podrá seguir.
Pasquín
(En fin, calló que eras tú).
Lucanor
(De estraño susto salí).
Soldán
(Cielos, ¿cómo, sin que pueda
este trance prevenir,
me asaltan de su invasión
antes que el principio el fin?
Perdido estoy, pues no puedo
a la defensa salir
tan presto; pero a la fuerza
ha de igualar el ardid).
Venid conmigo; que, aunque
caiga el cielo sobre mí,
conjurados sus influjos
en estrellado motín,
ese que topacio muere,
si para nacer rubí,
no ha de haber logrado nunca,
ya que una vez lo temí,
que del duque de Toscana
sea prisionero vil
el gran Ptolomeo de Egipto,
por más que de su cenit
iras fleche ciento a ciento,
rayos vibre mil a mil.
Vase.
Lucanor
(¿Quién en igual confusión
jamás se ha visto, Pasquín?).
Pasquín
(Yo, sin qué ni para qué).
Lucanor
(¿Los dos vuelven, ¡ay de mí!,
al amor de Rosimunda
con nueva esperanza?).
Pasquín
(Sí,
que eso tiene el que se ausenta.
Ya no se acuerdan de ti
ni ella ni nadie).
Lucanor
(Villano,
mientes).
Pasquín
(Véngate de mí
ahora que eres amo, pues
no importa).
Lucanor
(Cielos, ya aquí
no hay más…)
Pasquín
(¿Qué?).
Lucanor
(…que adelantarme
yo a dar a todo esto fin
con la muerte del Soldán,
pues en viéndole…)
Uno
Venid
donde os alojáis los dos.
Pasquín
Ven, salvaje, ven tras mí.
Lucanor
(Bien te vengas).
Pasquín
(No te espantes;
que es gran gusto sacudir
uno a su señor).
Lucanor
(Fortuna,
duélete una vez de mí).
Vanse.
Tocan cajas y trompetas y dice dentro Casimiro.
Casimiro
dentro.
Haced alto a la falda de esa sierra.
Astolfo
dentro.
Echa el esquife.
Uno
dentro.
¡Amaina!
Astolfo
dentro.
¡A tierra, a tierra!
Casimiro sale.
Casimiro
Y a los dulces compases de la trompa,
mi gente los gitanos campos rompa. Astolfo sale.
Astolfo
Y riberas del Nilo el campo marche
a las templadas cláusulas del parche.
Casimiro
Sus apacibles márgenes amenas
en granates conviertan las arenas…
Astolfo
El rápido raudal de sus cristales
sus espejos guarnezca de corales…
Casimiro
…bebiendo, en vez de aljófares, horrores
el asustado vulgo de esas flores…
Astolfo
…hollando, en vez de fugitiva plata,
campos el sol de líquida escarlata…
Casimiro
…siendo la tierra horror…
Astolfo
…el mar portento…
Casimiro
…iras el fuego.
Astolfo
Cajas.
…escándalos el viento.
Casimiro
Pero ¿qué ronca caja, de horror llena,
a las espaldas deste monte suena?
Astolfo
Mas ¿qué trompa bastarda
la marcha sigue en nuestra retaguarda?
Casimiro
Un escuadrón no menos numeroso
alto hace allí.
Astolfo
No menos poderoso
trozo allí se detiene
de ejército.
Casimiro
Avanzando hacia acá viene,
aún no ajadas las más recientes copas,
joven bridón, dejando atrás las tropas.
Astolfo
Ya conocido el ámbito que yerra,
brida y estribo deja.
Casimiro
Y ya a pie, a tierra…
Astolfo
…sin temor…
Casimiro
…sin recelo…
Los Dos
…se acerca.
Sale Rosimunda vestida de corto, con banda y espadín.
Rosimunda
Guárdeos, príncipes, el cielo.
Casimiro
¿Qué veo?
Astolfo
¿Qué miro?
Los Dos
¿Hablando en esta parte…
Casimiro
…horrible a Adonis?
Astolfo
. …apacible a Marte?
Casimiro
¡Oh tú, de Amor bellísima amazona!
Astolfo
¡Oh tú, del sol bellísima belona!
Los Dos
Con prodigios tan raros,
¿qué es tu intento?
Rosimunda
Venir a acompañaros,
que no quiere que sea mi albedrío
vuestro el empeño y el aplauso mío.
Tras vosotros me arrastra mi deseo,
cómplice en el peligro y el trofeo.
¿Qué os admira y espanta?
Casimiro
Ver tanto brío en hermosura tanta.
Astolfo
A mí no, que pensar fuera locura,
que vence nada más que la hermosura.
Casimiro
Habiendo tú llegado,
ya general no soy, sino soldado.
Astolfo
Habiendo tú venido,
ya ni aun soldado soy, sino rendido.
Rosimunda
Las bengalas cobrad; y pues licencia
me dais para que os juzgue a mi obediencia,
sabed que lo que más mi aliento mueve
a que a los dos la retaguardia lleve
es tener entendido
que vuestro amor es reino decidido
y que lograr no puede efecto alguno
majestad cuyo ejército no es uno.
Y así, temiendo en vuestra competencia
que la desavenencia
os ha de destruir, vengo a asistiros
y en cualquiera ocasión a conveniros.
Casimiro
Yo ya lo estoy, pues sólo me acomodo
a obedecer tus órdenes.
Astolfo
Yo y todo.
Rosimunda
Siendo así, la primera
ha de ser que los dos…
Casimiro
Aguarda...
Astolfo
Espera.
Casimiro
…que desde aquella roca
que al Nilo una garganta desemboca,
blanca bandera veo
tremolar.
Astolfo
Si de paz es su deseo,
no le oigas.
Rosimunda
Al contrario, siempre yerra
quien no le oye.
Sale el Soldán en lo alto.
Soldán
¡Ah del mar! ¡Ah de la tierra!
Ejército numeroso,
poderosa armada fuerte,
blanca bandera de paz
os hace seña.
Los Tres
¿Qué quieres?
Soldán
Que de parte del Soldán,
con el seguro que ofrece
su fe, les digáis a Astolfo
y a Casimiro, que lleguen
a parlamentar con él;
que tratar de medios quiere
antes que la guerra rompa,
y con sus armadas huestes
al opósito les salga.
Rosimunda
Aquí, gitano, los tienes.
Casimiro son y Astolfo
los dos que miras presentes.
Di al Soldán que con el mismo
seguro que los promete,
puede llegar.
Soldán
Al instante
soy con vosotros.
Los Tres
¿Luego eres
tú el Soldán?
Soldán
¿No os lo había dicho
antes el pavor de verme?
Astolfo
No, que nada da pavor
a quien de nada le tiene.
Soldán
No, Astolfo, blasones; no es
esto castigar rebeldes
como alguna vez te vi.
Astolfo
No sé yo que tú lo vieses;
mas quien rebeldes castiga
verás que bárbaros vence.
Casimiro
Baja, baja, por que veas
que a nadie le asusta el verte.
Soldán
Harto es eso para quien
vi también entre deleites
de músicas esgrimir
mejor que la espada el peine.
Casimiro
El aseo no desluce
al valor, antes le crece;
que ser un hombre aliñado
no es dejar de ser valiente.
Rosimunda
Vamos ahora a lo que importa;
lo que no importa se deje;
desciende, pues.
Soldán
Sí haré, hermosa
Rosimunda, a obedecerte.
Rosimunda
¿Luego me conoces?
Soldán
Sí,
y darme temor no puedes,
pues a vencer esta fiera
contigo agora no viene
quien en tu favor tal vez
le vi que otras fieras vence.
Pero, en fin, cobraos en tanto
que al valle el Soldán desciende. Vase.
Astolfo
¿Dónde o cuándo verme pudo?
Casimiro
¿Cuándo o cómo pudo verme?
Rosimunda
¿Cómo o cuándo o dónde a mí
me vio?
Los Tres
Algún prodigio es éste.
Lucanor
(Desde esta parte, Pasquín,
a todo escondido atiende).
Pasquín
(Así atendiera al que ya
la liga aprieta y le duele
el callo y está diciendo:
«¿Adónde estaba lo breve?»).
Sale el Soldán.
Soldán
Bellísima Rosimunda,
con quien el número crece
la fama a sus nueve, pues
ya son diez las que eran nueve,
generosos Casimiro
y Astolfo, en quien Amor quiere
ostentar milagro hoy,
pues trae, trocando accidentes,
valiente al afeminado
y afeminado al valiente;
la libertad es del Duque
la que pretendéis que os ferie
tantas máquinas de fuego
sólo a un átomo de nieve.
La mano de Rosimunda
premio es de quien se le diere
vivo; y dejando a una parte
cómo dos amores pueden,
domesticando sus celos,
tratarlos familiarmente,
sin temer que con sus armas
gane uno lo que otro pierde,
paso a otro no menos claro
principio, que es que el que viene
a una empresa, aunque ejecute
muchas, desairado vuelve
sin aquella. A cuya causa
no el ardimiento os empeñe
a lo imposible, porque
–dejando para la suerte
el trance de la batalla–
el fin principal que os mueve
no le habéis de conseguir,
pues en la defensa deste
os tengo de hacer la guerra
con dos hombres solamente.
Los Tres
¿Con dos hombres?
Soldán
Con dos hombres.
Los Tres
¿De qué suerte?
Soldán
Desta suerte:
¡Ah de la torre!
Salen dos guardas.
Uno
¿Quién llama?
Soldán
Decid al Duque que a ese
torreón se asome.
Sale en lo alto Federico.
Federico
¿Qué es,
bárbaro, lo que me quieres?
Soldán
Que te vea Rosimunda
que aún estás vivo.
Federico
¡Valedme,
cielos! Y pues no el pesar
me mató de tantas veces,
me mate el placer de una.
Soldán
Llega a hablarle, llega a verle.
Rosimunda
Padre y señor.
Federico
Hija mía.
Rosimunda
Engaño es decir que tiene
alas el corazón, pues
no hace que el pecho reviente
volando al riego del mío.
Federico
Con sólo este bien de verte
me ha pagado mi fortuna
cuantas injurias me debe;
bien que ya yo le esperaba
desde el día que prudente
te di por esposo al conde
Lucanor, pues de su fuerte
espíritu siempre tuve
confianza que viniese
a tratar mi libertad.
Rosimunda
¡Pluguiera a Dios que así fuese!
Lucanor
(¡Que esto escuche!).
Federico
¿Dónde está?
Que será el gusto de verle
igual al tuyo.
Lucanor
(¡Ay de mí!).
Rosimunda
No, señor, no, señor, pienses
que el Conde es quien me acompaña.
Federico
Pues ¿quién en mi amparo viene?
Rosimunda
Casimiro, destas tropas
general; de los bajeles,
Astolfo.
Federico
¿Y el Conde?
Astolfo
El Conde,
de tímido no parece.
Casimiro
Desde el día de esa dicha,
la cara al empeño vuelve.
Lucanor
(¡Oh, quién pudiera salir
a decirles…)
Pasquín
(¿Qué?).
Lucanor
(…que mienten!).
Pasquín
(Díselo, como yo suelo
decírtelo a ti, entre dientes,
de suerte que no lo oigas).
Federico
¿Así el favor agradece?
Soldán
Ya que al Duque has visto, agora,
por que no estrañes haberme
oído decir que dos hombres
no más tu poder defienden,
oye cómo. ¡Ah de la guardia!
Uno
¿Qué nos mandas?
Otro
¿Qué nos quieres?
Soldán
En el mismo instante que
de guerra el rumor más leve
se oiga y diere un paso más
dese ejército la gente,
sin esperar nuevo orden,
dad a Federico muerte
y echad al mar su cadáver,
por que aun muerto no le lleven.
Rosimunda
¿Qué dices, bárbaro?
Federico
¿Qué
es lo que ordenas, aleve?
Astolfo
¿Qué es lo que fiero ejecutas?
Casimiro
¿Qué es lo que tirano emprendes?
Soldán
Hacer escudo su vida
de vuestras iras crueles,
pues al menor movimiento,
quien me ofenda a mí, a él le ofende;
quien me tire a mí, a él le tira;
quien me hiriere a mí, a él le hiere;
y en vez de darle la vida,
viene a abreviarle la muerte.
Vase.
Rosimunda
Oye.
Federico
Aguarda.
Casimiro
Escucha.
Astolfo
Espera.
Federico
¿Quién se vio en tan inclemente
trance?
Rosimunda
¿Quién en igual duda?
Casimiro
¿Quién en tan tirana suerte?
Astolfo
¿Quién en tan notable empeño?
Lucanor
(¿Quién en confusión tan fuerte?).
Pasquín
(¿Quién esperó que un halcón
a un elefante le truequen?).
Federico
Rosimunda, pues ya ves
que de cualquier acción pende
mi vida, no la apresures.
Deja, sin que tú la abrevies,
que me acaben mis desdichas.
A tus estados te vuelve.
Y pues yo erré la primera
eleción, tú acertar puedes
la segunda; en ella vive
siempre heroica, feliz siempre,
que yo, como quede vivo,
no importa que preso quede.
Rosimunda
Pues ¿cómo es posible, habiendo
llegado, señor, a verte
en tan mísera fortuna,
vuelva a mandar y te deje,
sin que mi fuego…?
Uno
Repara
en que si la planta mueves
un paso más, ejecuto
el orden.
Rosimunda
La acción suspende,
no el brazo levantes, no
la vil cuchilla ensangrientes;
que ya vuelvo atrás.
Astolfo
Yo no,
que no es justo que se cuente
que llegué aquí y me volví
sin que tale, abrase y queme
todo este imperio.
Casimiro
Bien dices.
A sangre y fuego se lleve
la guerra, y no de los dos
se diga que un accidente
nos detuvo.
Los Dos
Toca al arma.
Otro
Del instrumento más débil
el eco será este golpe.
Federico
No, Casimiro, lo intentes;
no, Astolfo, lo solicites;
mira que soy yo al que ofendes.
Los Dos
También soy yo. ¡Toca al arma!
Rosimunda
Tente, Casimiro; tente,
Astolfo; de aquella vida,
no de la mía, te duele.
Astolfo
¿Tú, que me traes, me acobardas?
Casimiro
¿Tú, que me traes, me detienes?
Rosimunda
Sí, que no es bien, como dijo
el Soldán, de ambos se cuente
que en vez de darle la vida,
venís a darle la muerte.
Los Dos
Pues ¿qué hemos de hacer?
Rosimunda
Que vamos
adonde mejor se piense
si hay industria contra industria.
Uno
Ya es hora: a la prisión vuelve.
Federico
Dejad que un rato más viva
quien tanto tiempo ha que muere.
Astolfo
Si habemos de pensar medio,
el mejor será el más breve.
Casimiro
No a la vista del desaire
estemos.
Los Dos
¿Qué te detienes?
Rosimunda
Dejad que un instante más
le vea, pues no he de verle.
Los Dos
Ven a tu prisión.
Federico
Espera.
Los Dos
Ven a la tienda.
Rosimunda
Detente.
Federico
Aun no me dejan hablarte.
Los Dos
Vamos.
Rosimunda
Ni a mí, padre, verte.
Federico
A Diós, hija.
Rosimunda
Padre, a Diós.
Federico
Él te valga.
Rosimunda
Él te remedie.
Federico
Él te guarde.
Rosimunda
Y Él te libre.
Federico
Él te ampare.
Rosimunda
Él te consuele.
Lucanor
(Y Él me dé paciencia a mí
para sufrir tantos fuertes
golpes de fortuna como
yunque el corazón padece
de la fragua que en el pecho
un Etna, un Volcán enciende.
Ya, aunque dé muerte al Soldán,
no es posible que se enmiende
nada mi desdicha, pues
contra mí el golpe se vuelve.
¿Qué he de hacer, cielos?).
Pasquín
(Dejar
la pretensión me parece
y volver donde no digan
de ti que la cara vuelves
al riesgo, sino asistir
a Rosimunda en aqueste
trance en que se halla).
Lucanor
(Villano,
no esa infamia me aconsejes.
¿Yo había de parecer
adonde nadie me viese
el rostro, si no es vengado
del baldón de que se piense
de mí que huyo de cobarde?).
Pasquín
(No en mí tus enojos vengues.
Pero yo me vengaré
de ti, pues el Soldán viene).
Soldán
¿Todavía, cazador,
aquí estás?
Pasquín
Pues ¿qué he de hacerme?
Soldán
Pensé que te hubieras ido
al ver tan cerca tu gente.
Pasquín
¿Cómo, sin el elefante?
Soldán
¿Y qué hacías aquí?
Pasquín
Con este
mentecato estaba hablando.
Soldán
Mucho me he holgado de verte.
Pasquín
¿A mí?
Soldán
Sí.
Pasquín
¿Por qué?
Soldán
Porque
es bien, para que no piensen
que me da temor su vista,
que vean que me divierte
la caza. Trae tus halcones,
para que una presa vuelen.
Pasquín
Ya voy por ellos.
Lucanor
(¡Qué buena
ocasión, si no tuviese
la contraocasión de que
en dándole yo la muerte,
le darán la muerte al Duque!).
Soldán
Dime tú, si el campo entiendes,
¿de dónde se tomará
mejor el viento?
Lucanor
Desde este
risco que cae sobre el mar.
Soldán
Dices bien, y que a él me acerque
será acertado.
Lucanor
(Fortuna
mis intentos favorece.
¡Oh, si entendieran la seña
los de mi barca!).
Soldán
¿Qué emprendes
con esa seña, villano?
Lucanor
Yo me entiendo y Dios me entiende.
Soldán
¿Todavía la prosigues?
Lucanor
Soy un simple; no, no tiene
que hacer de mí caso. (Aún no
me entendieron).
Soldán
Más parece
malicioso que no simple
y si a hacer la seña vuelves,
te arrojaré de aquí al mar.
Lucanor
Pues ¿en qué enojarte puede
no más de que yo haga así?
(Ya entendieron y ya vienen
costeando a la orilla).
Soldán
Mucho;
que de tu nación aleve
todo pienso que es traiciones.
Lucanor
(Responderle me conviene
para afirmar que soy yo).
Soldán
No me hagas que te eche,
como dije, al mar.
Lucanor
Veamos
de qué suerte.
Soldán
De esta suerte.
Lucanor
Eso es lo que yo quería,
pues sin armas llego a verme
iguales a ti.
Soldán
Pues ¿cómo
tú entre tus brazos me prendes?
Lucanor
Como en ellos solicito
matarte sin darte muerte.
Soldán
¿En otro estilo me hablas?
Traidor, villano, ¿quién eres?
Lucanor
Soy el conde Lucanor.
Soldán
Bien mi elección agradeces,
habiéndote hecho en Toscana
duque.
Lucanor
Si a mí me prefieres
por menos fuerte enemigo,
más que me obligas me ofendes.
Soldán
Por más fuerte te elegí.
Lucanor
Ahí verás lo que me debes,
pues te saco verdadero
en que elegiste al más fuerte.
Soldán
¡Traición, traición!
Voces
dentro.
El Soldán
da voces.
Lucanor
(Su gente viene
y mi barca no se acerca).
Sale Irifela.
Irifela
¡Llegad a favorecerle;
que le da muerte un traidor!
Soldán
Ya, ¿cómo, ingrato, pretendes
no morir?
Lucanor
Muriendo entrambos.
Soldán
¿De qué suerte?
Lucanor
De esta suerte.
Irifela
Al mar se arroja con él.
dentro ruido, y salen los guardas.
Uno
Una barca a socorrerles
ha llegado.
Irifela
Más ha sido,
que es enemiga, a prenderle.
Lucanor
Egipto, guarda la vida
a Federico si quieres
que viva el Soldán, porque
morirá uno si otro muere.
Uno
¿Quién es aquél que del barco
habla?
Otro
El cazador, parece,
simple.
Irifela
El conde Lucanor
es; cumplió su hado la suerte,
pues del que hoy duque en Toscana
es, cautivo llega a verse.
Sale Pasquín.
Pasquín
Ya están allí los halcones.
Los Dos
¿Con eso ahora, traidor, vienes?
Pasquín
Pues ¿qué hay de nuevo?
Uno
Que en ti
es bien la traición se vengue.
Soldán
dentro.
No le deis muerte, pues ya
está su vida en mi muerte.
Pasquín
Que no me den muerte, dice
esta voz.
Uno
A ella agradece
la vida.
Otro
Vamos a ver
lo que disponer conviene.
Vanse.
Pasquín
Dígame usted, pues lo sabe
todo, ¿qué ruido es aqueste?
Irifela
Ven conmigo y lo sabrás,
pues desde aquí llega a verse
la tienda de Rosimunda,
donde es fuerza que me acerque.
Vanse, y salen Astolfo y Casimiro, Rosimunda y las damas.
Casimiro
Más agora en reportarme
que en empeñarme me debes.
Astolfo
Ya que a no embestir reduces
mi furor, di, ¿qué resuelves?
Rosimunda
Que volvamos desairados,
y no la vida nos cueste
de mi padre una vitoria.
Casimiro
¿Esto los astros consienten?
Astolfo
¿Esto los hados permiten?
Los Dos
dentro ruido.
¡Qué rigor!
Lucanor
¡Cielos, valedme!
Rosimunda
¿Qué estraño ruido en la orilla
del mar se oyó?
Estela
De una breve
embarcación que, impelida
de los embates crueles,
dio al través entre esas peñas
un hombre al parecer viene
luchando a brazo partido
con ondas y espumas leves,
con otro en los brazos.
Rosimunda
¿Quién
puede ser?
Lucanor
¡Jesús mil veces!
Todos
¿Quién eres, prodigio?
Lucanor
Soy
quien a esas plantas ofrece,
ya que a Federico no,
como te ofrecí valiente,
al Soldán; y, pues cautivo
hoy en tu poder le adquieres,
a Federico te doy,
con que, haciendo agora el trueque
al canje de su persona,
vendré a ser el que merece
tu mano, pues mi palabra
he cumplido de no verte
hasta que te dé a tu padre
y aquí en el Soldán le tienes.
Soldán
Es verdad; y, pues ninguno
resistir al hado puede
y su persona es el precio
de la mía, manda en breve
que alguien con aqueste anillo
por él a la torre llegue.
Rosimunda
Ve, Roberto; y tú, los brazos
me da, Lucanor, mil veces,
aunque Estela se desmaye.
Estela
Ya no haré sino quererle
como a dueño tuyo y mío.
Casimiro
Mis sentimientos consuele,
ya que no la logre yo,
el ver que Astolfo la pierde.
Astolfo
Que no sea Casimiro
su dueño, mi dolor temple.
Casimiro
Y pues la palabra di
que el que a tu padre te diere
me había de ver a su lado,
la he de cumplir desta suerte:
dame, Lucanor, los brazos.
Astolfo
Todos es justo ofrecerle
por tal acción alma y vida.
Salen Federico y Roberto.
Roberto
Ya aquí a Federico tienes.
Federico
Hija, ¿qué ventura es ésta?
Rosimunda
La que a Lucanor le debes.
Federico
¿Al que de cobarde había
huido el rostro? Una y mil veces
me da, Lucanor, los brazos.
Lucanor
Humilde a tus pies me tienes.
Soldán
Yo quedo tan consolado
de que mi consejo acierte
que le quedo agradecido
a que él me le desempeñe.
Pasquín
Pues lo que fue hasta aquí guerra,
sea ya paces alegres.
Lucanor
Con que El conde Lucanor
será feliz, si merece...
Todos
que de los que a otros sobraren
algún víctor se le preste.

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TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. El conde Lucanor. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gc10.0