Gustos y disgustos son no más que imaginación
Fiesta que se representó a sus Majestades en el Salón de su Real Palacio
Gran Comedia

Personas que hablan en ella.

  • DON PEDRO, rey de Aragón
  • EL CONDE MONFORTE
  • DON GUILLÉN
  • DON VICENTE
  • CHOCOLATE, gracioso
  • LA REINA DOÑA MARÍA
  • DOÑA VIOLANTE, dama
  • ELVIRA, dama
  • LEONOR, dueña
  • Criados y acompañamiento

Primera Jornada

Salen por una puerta el Conde y su hija Violante y acompañamiento; y por otra, doña Elvira.
Elvira
Tened; no paséis de aquí,
señor conde; porque en esta
florida estancia que el mayo
fabricó a la primavera,
andando ahora con las damas,
la majestad de la Reina,
mi señora, divirtiendo
la pasión de su tristeza,
se rindió al sueño en aquel
cenador, cuya eminencia
es verde cielo a quien sirven
rosas y flores de estrellas.
Sola yo, que soy de guarda,
me he quedado; y así, es fuerza
que yo, señor, os dé el orden
y que con él os detenga.
Conde
Cuando yo, Elvira divina,
que es paraíso no viera
esta estancia, la juzgara
con tal ángel a sus puertas.
Acompañando a Violante,
mi hija, que humilde espera
en este hermoso retiro
besar la mano a su Alteza,
entré hasta aquí; pero ya
que con vos, señora, queda,
me iré envidiando sus dichas.
Caballeros, vamos fuera.
Vanse
Violante
Dame, bellísima Elvira,
los brazos.
Elvira
Y el alma, en muestras
de la amistad.
Violante
No hagas ya
obligación lo que es deuda.
¿Cómo está su Majestad,
después que a aliviar sus penas,
dejando la corte, vino
a Miravalle, esta amena
quinta que a orillas del Ebro
es doctísima academia
donde sus primores ve
sabia la naturaleza?
Elvira
Su grande melancolía
en la soledad no cesa.
Violante
No me espanto de que así
llore, Elvira, y se entristezca
mirándose aborrecida
del Rey. ¡Que su gran belleza
con la majestad no basten
a contrastar una estrella!
Mas la condición del Rey
es terrible. Todos cuentan
crueldades suyas. Parece
que el nombre de Pedro lleva
estas desdichas tras sí,
pues tres Pedros...
Elvira
¡Tente, espera!
Y habla, Violante, más quedo;
que habemos llegado cerca
de adonde duerme.
Violante
¡Qué hermosa
está dormida y inquieta!
Reina
Mi Rey, mi señor, mi esposo
haga esta felice prenda
paces entre... Mas, ¡ay triste!,
Despierta.
qué vana es y qué ligera
la dicha del desdichado,
pues sólo el sueño la engendra.
¿Quién está aquí?
Violante
Quien humilde
a tus pies, tus manos besa.
Elvira
Es Violante de Cardona.
Reina
Violante, estés norabuena.
Violante
De tus tristezas, señora,
preguntaba a Elvira bella
el estado cuando el sueño
tuyo me dio la respuesta,
pues que tan sobresaltada
y dando voces despiertas.
Reina
Si soñaba una ventura
y me hallo agora sin ella,
¿qué mucho, Violante hermosa,
que haber despertado sienta?
Violante
Ya que le debes al sueño
esa lisonja pequeña,
dilátala con contarla,
porque un rato la diviertas.
Reina
Soñaba, amigas... ¿Quién duda
que soñaba, puesto que era
tan gran dicha como hallarme
del Rey adorada? Desta
novedad –tan novedad
que no espero que acontezca–
era el medianero un hijo
que Dios me daba, de prendas
tan generosas, de tantas
virtudes, tantas grandezas
que, ceñido de laureles,
en las moriscas fronteras
de Aragón restituía
a su corona a Valencia;
tanto que le apellidaba
–llena de plumas y lenguas–
don Jaime el Conquistador
la fama por excelencia.
Este imaginado parto
mudaba al Rey de manera
que, enamorado de mí,
trocaba sus asperezas
en amorosos halagos.
Dichosa, alegre y contenta
estaba cuando del sueño
desperté. Mirad si es fuerza
que llore haber despertado,
pues veo por experiencia
que me hallé alegre dormida
y me hallo triste despierta.
Violante
El cielo te cumplirá
el sueño, para que tengas
el contento sucedido.
Reina
Es tan ingrata mi estrella
que, aborrecida del Rey,
me quito de su presencia
en lugar de regocijo.
Pues ¿cómo quieres que crea
en sueños?
Hay ruido dentro, y dice el Rey.
Rey
[dentro]
¡Jesús mil veces!
Reina
¿Qué ruido, qué grita es ésta?
Violante
En este cercano bosque...
Dentro voces y sale Chocolate.
Vicente
[dentro]
¡Qué desdicha!
Guillén
[dentro]
¡Qué tragedia!
Chocolate
Tal que, sea donde fuere,
he de entrarme por no verla.
Elvira
Hidalgo, ¿cómo hasta aquí
os entráis desta manera?
Chocolate
Menos un perro que yo
y más que esto es una iglesia;
y se entra en la iglesia el perro
porque halla la puerta abierta.
Elvira
¡Salid de aquí!
Chocolate
He de seguir
la metáfora, pues muestra
el “¡sal aquí!” que hemos sido
yo el perro y vos la perrera.
Reina
No os vais. Deteneos, hidalgo.
Chocolate
(¡Vive el cielo, que es la Reina!
¡Como quien no dice nada!)
Reina
¿Qué voces han sido éstas?
Chocolate
¡Oh!, mi señora... (¡Si ya
acertara a hablar mi lengua...,
que un tapaboca real
enmudecerá a una dueña!).
Pues el caso fue que, andando
a caza por estas selvas
de Lates, el Rey siguiendo
de un jabalí la fiereza,
desbocándose, el caballo
negó toda la obediencia
a la ley del acicate
y al consejo de la rienda.
Desesperado, se entró
a la intrincada maleza
de ese monte, donde al valle
despeñado...
Reina
¡Jesús! Cesa,
villano, que...
Salen don Guillén, don Vicente y el Conde, Traen al Rey desmayado y siéntanle en una silla.
Guillén
Entremos dentro,
pues quiso Dios que tan cerca
hubiese donde albergalle.
Vicente
¡Cuánto, señora, me pesa
de traer esta desgracia
a tus ojos; pues es fuerza
no escusarte del pesar
porque algún remedio tenga!
Conde
Por no haberme hallado aquí,
la vida y el alma diera.
Reina
¡Mi Rey, mi señor, mi esposo!
¿Qué desdicha ha sido ésta?
Mas no merecía yo
dejar de veros sin ella,
porque al veros y no veros
sienta yo pena igual.
Violante
Deja
que den lugar los estremos,
para que se le prevenga
donde esté su Majestad.
Reina
En nada el dolor acierta.
Vicente
[A Violante.]
(¡Qué piadosa estás, Violante!)
Violante
[A Vicente.]
(Piadosa no, sino cuerda.)
Reina
Entra tú.
Rey
¡Válgame Dios!
Violante
Ya vuelve en sí.
Reina
Alma, ¿qué esperas,
que no te das en albricias?
Rey
¿Dónde estoy?
Reina
Donde os desean
más vidas que os deseáis.
Gocéisla edades eternas.
Rey
(¿Qué es lo que miro? No puede
haber sido dicha ésta,
puesto que he llegado adonde
lo que más me cansa vea.)
Violante
Entre vuestra Majestad
adonde descansar pueda.
Rey
[A Violante.]
(Ya no puede ser desdicha
la mía, puesto que llega
donde tu crueldad, Violante,
de mi mal se compadezca.)
Reina
¿Cómo os sentís?
Rey
¿Yo? Tan bueno
después que vi a vuestra Alteza
que puedo, sin ningún riesgo,
dar a la corte la vuelta.
Don Guillén, dadme un caballo;
o el mismo, porque no entienda
que a mí me puede poner
temor ninguna soberbia.
Reina
Mire vuestra Majestad
cuánto en su salud arriesga;
y deme, como a su esclava,
para curarle licencia.
Rey
Tengo que hacer en la corte.
Violante
Vuestra Majestad advierta...
Rey
[A Violante.]
(No me he de quedar, Violante,
adonde tú no te quedas.)
Conde
Mira, gran señor, que ha sido
la caída de manera
que peligra tu salud
en no hacer más caso della.
Todos
Señor...
Rey
Todos me cansáis.
¿No sabéis ya cuánto es fuerza
no replicar?
Reina
Pues, señor,
ya que la ocasión desprecia
de asegurar su salud,
vuestra Majestad atienda;
que no quiero despreciarla
–virtud o modestia sea–,
que es muy desaprovechada
virtud tal vez con modestia.
Cuando Aragón y Navarra
de duras lides sangrientas
aventuraban las dos
coronas, fue conveniencia
del conde de Montpelier,
mi padre...
Rey
Si acaso intenta
vuestra Majestad que escuche
–pues esta ocasión lo acuerda–
el que es hija de un vasallo,...
Reina
...por ser vasallo que...
Rey
...advierta
que habla de él y conmigo.
Reina
Yo cumpliré tan atenta
con los dos que satisfaga
de hija y de esposa la deuda.
Vasallo mi padre fue;
pero de tanta nobleza,
de tanto honor, tanta fama,
tanto lustre, tantas fuerzas
que, si hubiera otro en el mundo
mejor que vos, cosa es cierta
que con vos no me casara.
Mirad si es digna respuesta,
pues honro a padre y marido
con sola una razón mesma.
Y, volviendo a mi discurso,
digo que fue conveniencia
del conde de Montpelier,
mi padre –que en esta guerra,
árbitro neutral, podría
dar la victoria a cualquiera–,
que vos casaseis conmigo;
y que, entonces, su prudencia
aseguraría las paces.
Quísoos cumplir la promesa;
casasteis conmigo, pues;
y desde la hora primera
que en vuestra corte me visteis
–o fue rigor de mi estrella,
o fue envidia de mis dichas,
o fue de mis hados fuerza–
me aborrecisteis de suerte
que pienso que, si hoy me viera
en ocasión donde hablaros,
sin los decoros de reina
me conociérais; pues vos
me visteis con tanta priesa
que percibir no pudisteis
las especies en la idea,
ni en el metal de mi voz,
ni de mi rostro en las señas.
Con esta desconfianza
viví –porque mi paciencia
presumía resistirlas,
ya, señor, que no vencerlas–
probando... (¡Ay, cuán en vano
con mis desdichas forceja
mi amor!) Pues cuando os escucho
un acaso que pudiera
haceros de algún villano
huésped –porque la grandeza
de los acasos se mide
del hado en la contingencia–,
aún no queréis serlo mío,
ya del todo desespera
mi amor de que habrá ocasión
de que un agrado os merezca;
Híncase de rodillas.
y así, señor, os suplico,
a esas reales plantas puesta,
que me deis para vivir
en un convento licencia.
Allí, entre cuatro paredes,
viviré alegre y contenta,
pidiendo, señor, al cielo
la salud y vida vuestra.
Rey
A una reina de Aragón
vendrale estrecha una celda.
Buen convento es Miravalle.
Guarde el cielo a vuestra Alteza.
Todos os quedad; y sólo
don Guillén conmigo venga.
Guillén
[Al Rey.]
(Bien has hecho, porque tengo
de qué darte aviso acerca
de que ya con la criada
está hecha la diligencia.)
Rey
Aparte
(¡Ah, bellísima Violante,
qué de pesares me cuestas!
Pero, pues mi amor no basta,
yo me valdré de la fuerza.)
Vanse.
Todos vuelven con la Reina.
Reina
Tampoco me acompañéis
a mí. (Que os tengo vergüenza,
testigos de mis desaires.
¡Denme los cielos paciencia!)
Vase con Elvira.
Vicente
[A Violante.]
(Estarás con los estremos
del Rey muy vana y soberbia.)
Violante
[A Vicente.]
(Quien no me ve cuando puede,
no me hable cuando se arriesga.)
Conde
Vamos a casa, Violante.
Violante
(Nunca esta tarde viniera
a ver a la Reina, pues
para mí ha sido tristeza
todo.)
Vicente
(¡Amor, disimulemos!)
Conde
¿Dónde vais desta manera
vos, don Vicente?
Vicente
Señor,
sirviéndoos, porque esto es deuda
de mi sangre; que una cosa
es, en nuestras competencias,
ser enemigos; y otra,
ser caballeros; que fuera
muy grosera bizarría
que el enojo se entendiera
con la señora Violante,
que nunca en los nobles llega
el disgusto a lo sagrado
del respeto y la belleza.
Conde
Decís bien; pero quedaos.
Que aunque son bizarrías éstas,
hijas de vuestro valor,
tengo por opinión cuerda,
sin que puedan confundirse
en ningún tiempo las señas,
que el amigo y enemigo
lo sean y lo parezcan.
Vase con Violante.
Vicente
¡Ay, Chocolate, que en vano
solicitan mis finezas
vencer tantos imposibles
como a mis desdichas cercan!
El Rey a Violante adora.
La causa, ¡ay Dios!, es aquesta
por quien habrá tantos días
que hizo de su casa ausencia.
Y aunque es verdad que Violante
es mía –por tantas prendas
como tú sabes que hay
entre los dos–, no me deja
declarar la enemistad
que ha habido en las casas nuestras.
Chocolate
¿Qué importa –si cada noche
que quieres estás con ella,
teniendo para ese efecto
llave en traiciones maestra–
que, de tu Rey y su padre,
uno ame y otro obedezca?
Vicente
Mucho; pues me agravia el uno
sin que el otro me consienta
poner reparo al agravio
con mi honor o con mi ausencia.
Chocolate
En efeto, ¿no ha de haber
amor que, como en comedia,
lances de celos y honor
a cada paso no tenga?
¡Bien haya yo, que en mi vida
quise bien!
Vicente
¿Que tal confiesas?
Chocolate
Sí; mas no es todo virtud.
Vicente
Pues ¿qué será?
Chocolate
Conveniencia,
porque cualquiera mujer
tiene mil impertinencias.
Si es hermosa, yo no puedo
sufrirla por su soberbia;
y ella no puede sufrirme
por la mía, si es que es fea.
Entre si es puerca o si es limpia,
hay la misma controversia;
pues si es limpia, tiene asco
de mí; della yo, si es puerca.
Y con si es discreta o boba,
en pie la duda se queda,
señor; que si es boba, es boba;
y si es discreta, es discreta.
Y en efeto, en las mujeres
–que sepan o que no sepan–,
si piden, hacienda no hay
con que tenerlas contentas;
y si no, porque no piden,
para darle no hay hacienda.
Si da –raro contingente,
que éstas son pocas y viejas–,
con un lienzo piensa que
no regala, sino merca.
Si guarda fe, es perdurable:
no hay sino salirse afuera;
si no la guarda, también,
que a nadie ofendido deja.
Si es doncella, es un delito
en que no vale la Iglesia,
pues antes la Iglesia es
tribunal de su sentencia.
Si es casada y el marido
es duro, todo pendencia;
si es blando, todo regalo,
pues han de comer él y ella.
Si es viuda, a cualquiera riña,
del malogrado se acuerda.
Si es soltera, no es segura,
porque, en efeto, es soltera.
Si es mujer de obligaciones,
quiere que yo se las tenga;
y lo que hace por su gusto,
me lo pone a mí a la cuenta.
Si no lo es, a cualquier toma
me da un pesar; y es bajeza
que no valga más mi gusto
que lo que al otro le cuesta.
Sea, en fin, fea o hermosa,
puerca o limpia, aguda o necia,
pida o no pida, dé o tome,
fiel a mí o fácil ofenda;
sea, en efeto, casada,
soltera, viuda o doncella,
todas traen su inconveniente.
Y así, en las cartas primeras,
de todas me voy, porque
no hay ninguna que me venga.
Vicente
¡Quién tuviera tus cuidados!
Chocolate
¡Quién los tuyos no tuviera!
Vicente
¿Tú los míos?
Chocolate
Señor, sí;
que en esta amorosa feria
soy ganapán de tu amor,
pues de Violante, en la tienda,
tú los conciertas y pagas
y yo se los llevo a cuestas.
Vicente
Deja locuras y vamos.
Chocolate
¿Adónde hemos de ir?
Vicente
A verla;
que ya no tienen mis ansias
valor para tal ausencia.
Vanse.
Sale Leonor, dueña.
Leonor
Yo estoy en notable aprieto,
pues sola me vengo a ver
y un soliloquio he de hacer
o he de decir un soneto.
¿Qué escogeré de los dos?
Al soliloquio me fío.
Ahora bien, discurso mío,
solos estamos yo y vos.
Hablemos claro: mi ama,
tan constante como bella,
ama a don Vicente; a ella
el rey don Pedro la ama.
Don Vicente es caballero
muy noble y muy principal;
pero tiene él mucho mal,
que tiene poco dinero.
Dos años ha que he velado
de balde las noches frías;
y el Rey, en solos dos días,
dos mil escudos me ha dado.
Pues aquí del discurrir,
¿no es mejor –¿quién lo dudó?–
dormir y tomar que no
no tomar y no dormir?
Uno vela y otro acuña;
pues ¿quién es bien que prefiera?
Cuenta es ésta que la hiciera
cualquier zángano en la uña.
Y así, resuelta a medrar,
al Rey tengo de servir.
Este balcón he de abrir
y aquesta cuerda he de atar,
que es el orden que me dio
el que me trujo el dinero.
Abre un balcón y echa una cuerda a la parte de adentro.
Y pues ha ya un siglo entero
que don Vicente dejó
de ver a mi ama, movido
de recios celos, bien puedo
sin escrúpulo y sin miedo
hacer lo que me han pedido.
En falso cierro el balcón.
Nadie lo puede advertir.
¡Oh qué gran gusto es cumplir
una con su obligación!
De luz y ruido se infiere
que ya mi ama llegó.
Esto es hecho; medre yo
y venga lo que viniere.
Salen Violante y el Conde.
Conde
¿De qué con tanta tristeza
vienes, Violante?
Violante
Señor,
pienso que el mortal rigor
con que hoy he visto a su Alteza,
de verla se me ha pegado;
que el sentir y el padecer
contagio debe de ser.
Conde
Yo también vengo enfadado,
no de sus penas, aunque
las siento como es razón,
sino de la presunción
y la vanidad con que,
muy preciado de galante,
cortesano muy prudente,
mi enemigo, don Vicente
de Fox, se puso delante
de ti para acompañarte.
¡Vive Dios, que si no fuera
por ser en palacio hiciera
que aun a verte en esta parte
se atreviera!
Violante
Cortesías
fueron.
Conde
Por eso lo digo;
que no ha de tener conmigo
mi enemigo bizarrías.
Mío su padre lo fue;
porque en la composición
de Navarra y Aragón
siempre mi opuesto le hallé.
Y siendo así que él es quien
heredó rencor igual,
quiero, pues le quiero mal,
que no ande conmigo bien.
Violante
Bien pudiera responder
que no siempre ha de durar
la enemistad. Perdonar
al contrario suele ser
la mayor vitoria; y más
cuando él midiendo se viene
y a servirte se previene.
Conde
¡Que necia, Violante, estás!
Y solamente te digo,
para que de aquí adelante
no le disculpes, Violante,
que sepas que es mi enemigo.
Éntrate en mi cuarto luego;
conmigo en él cenarás.
Vase.
Violante
¿Hay más desdichas? ¿Hay más
pesares que a tener llego?
No; que solamente en mí
tantos aunarse pudieron;
solamente en mí cupieron,
pues tan infelice nací.
¡Que don Vicente, que ha sido
el que yo más he estimado,
es el que con tanto enfado
mi padre le ha aborrecido!
Y aún no para aquí el dolor
de mis sentimientos, pues
aún quedan otros después
que averiguar con amor.
Don Vicente, por los celos
que de mí sin causa tiene,
ha mil dias que no viene
a verme. De suerte, cielos,
que hoy me hallo temerosa
de mi padre, convencida
de mi amor, del Rey querida
y de mi amante quejosa.
Y si hubiera de decir,
de todo lo que más siente
mi pecho es que don Vicente
sin mí ha podido vivir
tanto tiempo. Leonor, di:
¿ha por ventura pasado
siquiera solo un criado
por aquesta calle?
Salen don Vicente y Chocolate, como escuchando.
Vicente
Sí;
que ya es justo responder
por ella; que aunque venía
–tan harta la pena mía
de sentir y padecer–
a darte quejas y hacer
alarde de su tormento,
ha sido tanto el contento
de escucharte de mí hablar
que no ha dejado lugar
donde quepa el sentimiento.
Por esta calle he pasado
una y mil veces, Violante;
sólo he faltado el instante
que allá con el Rey he estado.
Y esto no hubiera faltado
a no verle mis desvelos
a mi lado; pues los cielos
saben que si allí vivía
era porque allá tenía
conmigo todos mis celos.
Todos dije y dije bien;
pues, porque nada faltara,
hasta tu belleza rara
se apareció allá también.
No pude allí en el desdén
de mis desdichas hablar;
aquí vengo a descansar
y tampoco puedo aquí.
¿Adónde, pues, quieres, di,
que me vaya yo a quejar?
Leonor
Aparte
(¿Hay pena más inhumana?)
Violante
Leonor, a esta puerta espera.
Leonor
Aparte
(¡Ay Dios! ¿Quién quitar pudiera
la cuerda de la ventana?)
Violante
Don Vicente, mi tirana
pena, mi fiero pesar,
muy otro se viene a hallar
hoy del tuyo; pues si a ti
te quita la voz, a mí
me da aliento para hablar.
No discurramos aquí.
Calla tú, que yo hablaré;
y pues mía la acción fue
de poderte hablar así,
es justo dejarme a mí
hablar. A hablar me acomodo;
no estrañes estilo y modo;
que opuesto nuestro sentir,
pues que todo lo has de oír,
tengo de decirlo todo.
Una apacible mañana
de abril, a la feliz hora
que sale la blanca aurora
vestida de nieve y grana
a divertir la villana
pasión –que con mil rigores
todo era en mi pecho horrores–,
al campo sola salí.
Vicente
Es verdad; que yo te vi
en el campo entre las flores.
Violante
Había por la ribera
vacadas, porque otro día
fiestas la ciudad hacía;
y una desmandada fiera,
a la querencia primera
volviendo, me dio cuidado.
Tú, en mi defensa empeñado,
la resististe brioso
–tan valiente como airoso
y tan diestro como osado–
por asegurar mi vida.
Quedé, si no declarada,
desde luego enamorada.
Festejada y asistida
me vi de tus atenciones.
Mas ahorremos de razones,
pues lloran tantas bellezas
cuantos consiguen finezas
quizá por obligaciones.
Lo que embarazar podía
a mi ciega voluntad
era aquesta enemistad
que entre nuestra sangre había.
Fue medio desde aquel día
que facilitó el favor;
porque, como es rayo amor,
para mostrar su violencia
en la mayor resistencia
hace el efecto mayor.
Correspondite en efeto;
pero no ignoras ni ignoro
cuánto fui atenta al decoro
de mi honor y mi respeto;
pues casada de secreto
me vi antes que tu porfía,
venciendo la altivez mía,
a pesar del rubio coche,
de los hurtos de la noche
hiciese cómplice al día.
Desta manera, esperando
confusa nuestra pasión
de declararse ocasión,
gustosos vivíamos cuando
el Rey me vio; y procurando
dar a entender sus desvelos,
sus ansias y sus recelos...
Vicente
Esto diré yo mejor;
que si callé con amor,
no puedo callar con celos.
Viste al Rey...
Violante
Sin que prosigas
más, di si es cordura o no
que, siendo tu esposa yo,
que tienes celos me digas.
Vicente
No lo es; pero tú me obligas
a estas culpas que en mí están.
Violante
¿Yo?
Vicente
Sí; porque si me dan
oculto el bien merecido,
no soy del todo marido
y soy del todo galán.
Y así, divina Violante,
no yerro en hablar celoso,
pues he entrado a ser tu esposo
sin salir de ser tu amante.
Mi corazón no te espante
si hoy como dama te ama,
que no se ofende tu fama;
pues entre amar y temer
llegaste a ser mi mujer
sin dejar de ser mi dama;
luego...
Dentro el Conde.
Conde
¿Violante?
Leonor
Señora,
mi señor llama.
Violante
¡Ay de mí!
Leonor
Ve; no salga.
Violante
Espera aquí.
Leonor
Mejor es irte.
Violante
¡Leonora,
quita esas luces!
Vicente
Agora,
pues te turban tus rigores,
no será justo que ignores
que tiene en tales desvelos
licencia de pedir celos
marido que da temores.
Vanse [Violante y Leonor ]y llévanse las luces.
Chocolate
Buenos y a escuras quedamos.
Vicente
Yo poco en las luces llego
a perder, porque estoy ciego.
Chocolate
Los dos pienso que lo estamos,
pues ni vemos ni miramos
del daño la contingencia
que trae tal correspondencia;
y es...
Ruido en el balcón.
Vicente
¡No hagas ruido!
Chocolate
No he sido
yo.
Vicente
Luego ¿otro hace este ruido?
Chocolate
Concedo la consecuencia.
Vicente
Ya es mayor mi confusión.
Chocolate
Harto grande era la mía;
necesidad no tenía
de crecer.
Vicente
¡Fiera pasión!
¿No ves abrir el balcón?
Chocolate
Sí; que como oscuro está
y abrieron el balcón, ya
la luz se ve.
Vicente
¡Hado cruel!
¿Un hombre no entra por él?
Chocolate
Y grande.
Vicente
¿Qué espero ya,
sin que aquí...? Pero ¿qué intento?
Callar y hablar es error.
Sale el rey don Pedro.
Rey
No diga que tiene amor
quien no tiene atrevimiento.
Vicente
[A Chocolate.]
(Pero ¿tendré sufrimiento
para hallarme en semejante
ocasión sin que, constante,
me atreva a morir?)
Chocolate
[A Vicente.]
(¡Detente!)
Rey
Todo a escuras y sin gente
está el cuarto de Violante.
¿Habré de esperar aquí
a que venga la criada,
pues de todo está avisada?
Chocolate
[A Vicente.]
(No te despeñes así
sin advertir que por ti
puede arriesgarse el honor
de Violante; y es rigor
no mirar...)
Vicente
(¡Fiero castigo!)
Chocolate
(...que es casa de tu enemigo.)
Vicente
[A Chocolate.]
(No detiene mi furor
eso; que, en tan triste suerte,
si me suspendo sabrás
que es porque he temido más
mis desdichas que mi muerte.
El Rey será –¡dolor fuerte!–;
y así, el temor de si es él,
mi furor –¡pena crüel!–
y el ansia de saber yo
la ocasión que ella le dio...
Detrás de aqueste cancel
escondidos nos pongamos;
que aunque ella sabe que aquí
estoy, él no; y podra así...)
Chocolate
[A Vicente.]
(Ya en escondernos tardamos,
que traen luz.)
Vicente
(Honor, suframos
un instante; que no quiero,
si infeliz me considero,
creerlo sin mirarlo, pues
aún lo dudaré después
de haberlo visto primero.)
Escóndense; y salen Leonor y Violante con luz.
Rey
Ruido he sentido hacia allí;
pero de quien tray, será,
la luz, pues se acerca ya.
Leonor
(¡Oh cuán infeliz nací!
Pues, para volver aquí,
aún no me dieron lugar
en que pudiese quitar
la cuerda.)
Violante
Deja, Leonora,
aquesas luces; y agora
vuelve allá dentro a avisar
si mi padre se levanta.
Rey
(¿Quién creerá que mi valor
tiene a una mujer temor?)
Violante
Ya que... ¡Ay, cielos!
Rey
¿Qué os espanta?
Violante
Señor... yo...
Rey
No os turbéis. Tanta
es, Violante, mi locura
como fue vuestra hermosura.
Della aborrecido, intento
saber si al atrevimiento
se le sigue la ventura.
Violante
¿Cómo vuestra Majestad...
(¿qué es aquesto? ¡muerta estoy!)
...ha venido aquí?
Rey
Yo soy;
porque vuestra gran beldad
persuadió a mi voluntad
estos empeños. Y no
volveré atras, porque yo
soy a un tiempo rey y amante.
Violante
(¿Quién vio empeño semejante?
¿Quién mayor desdicha vio,
pues no sé si don Vicente
lo oye? Mas ¿qué desconfío,
si siempre mi honor es mío,
que esté presente o ausente?)
Vuestro amor, señor, no intente
con ciega resolución
profanar de mi opinión
la deidad que vive en mí,
pues sabe que no le di
ni aun la más leve ocasión.
Atienda de mi nobleza
al heredado respeto;
que soy quien soy en efeto.
A los pies de vuestra Alteza
estoy.
Rey
Con mayor belleza,
después que turbado os vi,
nada os defiende de mí;
que no importa...
Violante
¡Ay de mi vida!
Rey
...que así estéis más defendida,
si estáis más hermosa así.
Vicente
(¡Cielos, no se dé a partido
mi honor!)
Rey
¿Quién podrá estorbar
mi ventura y tu pesar?
Sale Vicente.
Vicente
El que fuere su marido;
que ya, habiendo vos sabido
que lo soy, vuestro poder
no ha de quererme ofender;
que el amor es diferente
a una mujer solamente
que a una mujer mi mujer.
De secreto estoy casado
con Violante y soy su esposo.
Pues me hizo el cielo dichoso,
no me hagáis vos desdichado.
Y perdonadme, si osado
anduve; que más errara
si al ver mi afrenta callara;
que desaires del honor
son muy terribles, señor,
para vistos cara a cara.
Rey
No sé cómo mi valor
ha tenido sufrimiento
para tanto atrevimiento,
sin castigar mi furor
tu osadía y su dolor.
Saca el Rey la daga, híncase de rodillas Violante y le detiene.
Violante
A tus plantas estoy puesta.
Así estorbaré dispuesta
esa especie de crueldad.
Rey
¿Tú le guardas?
Violante
Es piedad.
Vicente
Es ley.
Rey
Es amor.
Sale el Conde y cúbrense los rostros.
Conde
¿Qué es esto?
Violante
(¡Llénese el número, cielos,
de mi mal!)
Vicente
(¡Qué infelice fui!)
Rey
(¡Oh quiera el amor que aquí
no me descubran mis celos!)
Conde
(¡Dos hombres fueron, recelos,
adonde Violante está!)
Violante
(Pues estoy perdida, ya
descubrir es importante
al Rey.)
Conde
¿Qué es esto, Violante?
Violante
Su Majestad lo dirá.
Vase y descúbrese el Rey.
Conde
¿Vuestra Majestad, señor,
en mi casa y a esta hora
rebozado? ¿Quién ignora
que corra riesgo mi honor?
¿Es éste de mi valor
el premio, ¡ay Dios!, que me da?
¿Es éste el lauro que está
para mis sienes dispuesto?
¿Qué es esto, señor? ¿Qué es esto?
Rey
Don Vicente os lo dirá.
Vase.
Conde
¿Don Vicente? ¿Otro castigo?
Pues ¿cuándo, con justa ley,
voy de mi hija a mi rey,
de mi rey a mi enemigo?
Para escucharte me obligo;
pues el Rey la ley te da.
Di, ¿qué es esto?
Chocolate
(¿Cuánto va,
según lo que hoy estoy viendo,
que se va mi amo diciendo:
“Chocolate lo dirá.”)
Vicente
Generoso don Ramón,
conde de Monforte invicto,
cuya memoria la fama
ha de negar al olvido,
don Vicente soy de Fox,
si noble, ilustre y antiguo
tú lo sabrás, pues me das
el nombre de tu enemigo.
Si te he dicho mi nobleza,
no sin causa te la he dicho,
pues de un enemigo ha hecho
la fortuna en mil peligros
un amigo; de un villano
un noble, no; y así, fío
mi esperanza en mi nobleza,
pues lo difícil no pido,
sino lo fácil; supuesto
que ya que noble me hizo
mi fortuna, hacerme puede
de tu enemigo tu amigo.
La bellísima Violante
es, señor, a quien previno
el cielo por...
Conde
No prosigas;
que ya de verte adivino,
apadrinado del Rey
en mi casa, qué ha sido
el intento que a los dos
a estas horas ha traído
para concertar con ella
lo que no podréis conmigo.
Pues, aunque lo mande el Rey
y sea él tercero mismo,
no te daré yo a Violante.
Vicente
Ni yo, señor, te la pido;
porque en mi vida pedí
a ninguno lo que es mío,
porque es Violante mi esposa.
Conde
Primero este acero limpio
en su pecho...
Vicente
No tan presto,
colérico y vengativo,
te empeñes en la primera
pesadumbre que te digo;
que faltan muchas que oigas,
que nunca una sola vino.
Conde
Pues dilas todas; verás
que aun a todas no me rindo.
Chocolate
Cosas de tanta importancia
se hablan mejor sin testigos.
Vase.
Vicente
Violante es mi esposa; el cielo
este casamiento hizo,
el suceso, el modo... agora
no apuremos sus disignios.
De secreto desposados
dos años ha que vivimos,
siendo el silencio y la noche...
Conde
No sé cómo me reprimo.
Vicente
Aun no es esto lo peor.
Guarda los templados bríos
para ocasión más forzosa;
pues cuanto hasta aquí has oído
toca sólo a las razones
de estado de tus disignios,
que es nuestras enemistades;
pero no toca en lo vivo
de tu honor, que adoleciendo
está de mayor peligro.
Conde
¿Mi honor?
Vicente
Tu honor y mi honor.
Mira si hacerte es preciso
de parte ya de mis ansias,
pues en un propio navío
corriendo tormenta están
juntos hoy tu honor y el mío;
y no has de escapar el tuyo
del no esperado bajío
sin el mío, pues ya son
mi honor y el tuyo uno mismo.
Conde
(Ya es de otra materia esto.
Adiós, rencores antiguos,
que con el honor no hay temas
y él ha de ser preferido.)
Prosigue, no temas, di.
Habla claro, pues. ¿Qué ha habido?
Vicente
De Violante enamorado,
el Rey...
Conde
Aparte
(Pendiente de un hilo
el alma tengo.)
Vicente
...escaló
el sacro homenaje antiguo
de tu casa y por aqueste
balcón...
Conde
Aparte
(No sé cómo vivo.)
Vicente
...entró aquesta noche.
Conde
¿Dando
Violante ocasión?
Vicente
Si a oíllo
ni a preguntarlo llegara
de otro que de ti, imagino
que por las bocas del pecho
acabara de decirlo;
porque quien pregunta, duda;
y de honor tan claro y limpio
aun es la pregunta ofensa,
por ser de la duda indicio.
Conde
(No me va desagradando
para yerno el enemigo.)
Vicente
No le dio ocasión Violante.
Él sin avisar se vino;
que, como es rayo el poder,
hiere aun antes del aviso.
Estaba yo en esta cuadra,
mientras Violante contigo,
cuando por ese balcón
entrar rebozado miro
un hombre. Reconocerle
quiero y no me determino.
No tanto porque me hiciese
cobarde a mí mi delito
cuanto por averiguar
si era llamado o venido.
Volvió Violante; y adonde
me dejó, allí en un proviso
hallo al Rey, que siempre amor
tales tropelías hizo.
Turbose Violante; el Rey
se disculpa; yo me animo
con el desengaño. Ella
confusa y turbada, él fino,
ella cobarde, yo triste
y él despechado estuvimos
asta que pasando...
Conde
Di.
Vicente
...persuasiones de rendido
a fuerzas de poderoso,
a salir me determino
a embarazar con mi muerte
mi muerte diciendo altivo
que era mi esposa Violante.
Conde
Fue bien hecho y fue bien dicho.
Vicente
Al ruido...
Conde
No digas más.
Todo lo sé desde el ruido,
cuyo escándalo es forzoso
atajar en los principios,
porque no suene en la calle
ya que en mi casa se hizo.
El modo para atajarlo
es menester prevenirlo;
y solamente de plazo
de aquí a mañana te pido.
En la cámara del Rey
y delante del Rey mismo,
he de darte la respuesta.
Vicente
Tanto de tu valor fío
que espero pondrás al daño
reparo y no precipicio;
que con ser mi obligación
hoy, a todo trance mío,
poner en salvo a Violante,
no lo intento.
Conde
Has discurrido
cuerdamente; que segura
queda ella, pues yo vivo.
Vicente
Eres prudente.
Conde
Soy padre;
y ya el daño sucedido,
solicito deshacerle,
no aumentarle solicito.
Aparte
(Pues aunque sienta casarla
con el que fue mi enemigo,
sintiera más ver mi honor
amancillado y perdido.
Y en dos peligros forzosos,
cordura y prudencia ha sido
con el peligro menor
vencer el mayor peligro.)

Segunda Jornada

Salen el Rey y don Guillén.
Guillén
¿Pues tú te has levantado?
Rey
Nunca más tarde despertó el cuidado;
que, como es jornalero
de tan grandes tareas, el primero
del mundo se levanta
para acudir a todos.
Guillén
No me espanta
que el lance sucedido
desvelado, señor, te haya tenido.
Yo, que en la calle estaba
y que el paso y la calle te guardaba,
cuando vi que salías
por la puerta y en ella ruido hacías
sin recatarte nada,
muerto quedé, teniendo imaginada
aun menos importante
pesadumbre en las iras de Violante.
Mira lo que sería
cuando oyó de tu voz la atención mía
lo que te había pasado,
siendo empeño tan grande y tan pesado
como hallarte presente
en aquella ocasión a don Vicente
y, despues dél, al Conde.
Rey
Mi dolor a esas causas corresponde.
Y entre tantos desvelos,
con ser tanto mi amor, tantos mis celos,
si de todo pudiera
enmendar algo al lance, sólo fuera
el haberme ausentado
de allí sin que quedara efetuado
el casamiento y paz de don Vicente
con el Conde; que fue muy imprudente
acción dejar allí dos enemigos
sin terceros, ni medios, ni testigos,
tan ciegos, tan confusos, tan turbados
y en un lance de amor tan empeñados.
Mas ¿quién, don Guillén, fuera
tan cabal, tan atento, que tuviera
en tales ocasiones
prontas a lo mejor las atenciones?
Yo lo erré con ausentarme;
pueda hoy el conocerme disculparme.
Guillén
Digno es de tu atención ese cuidado.
Rey
Muerto estoy por saber en qué ha parado
de los dos el empeño.
Guillén
No ha sido tan pequeño
que pueda discurrirse
el fin; pero si debe prevenirse
alguno es que habrá andado
el Conde muy atento y reportado;
pues hasta que se vea
introducida en él, para que sea
cuerda resolución la que tomase,
porque a servirte de evidencia pase
este discurso mío...
Salen don Vicente y el Conde.
Juntos vienen los dos, de que confio
que paz habrán ya hecho.
Rey
El corazón no cabe ya en el pecho.
Vicente
[Al Conde.]
(Esperando en aquesta
sala, señor, estaba la respuesta
que anoche me ofrecisteis
dar delante del Rey.)
Conde
[A Vicente.]
(Muy bien hicisteis
en no verle la cara
antes que yo contigo a hablar entrara,
que importa que convengas
en cuanto yo le diga.)
Vicente
[Al Conde.]
(Aunque prevengas
a sus ojos mi muerte,
en todo estoy dispuesto a obedecerte.)
Conde
(¡Que contra mi deseo,
mi venganza y mi cólera, me veo
determinado a hacerme
de parte de mis ansias, a ponerme
al lado de mi pena!
Pero fuerza ha de ser, pues que lo ordena
mi honor así; que hacer es gran cordura
a violento dolor violenta cura.)
A tus pies, gran señor, vengo rendido.
Rey
Aparte
(De nada me daré por entendido
mientras no se declare.)
Vicente
Aparte
(¡Piedad, cielo,
en tanta confusión!)
Rey
Alzad del suelo,
conde. ¿Qué pretendéis?
Conde
Arrepentido
del tiempo que tus reinos he tenido
alterados, señor, con novedades
que causaron las dos parcialidades
de la casa de Fox y de la mía,
paces con don Vicente hice este día;
y para que se vea
que esta amistad eterna a los dos sea,
sin que a borrarla nada sea bastante,
por fiador ha salido...
Rey
¿Quién?
Conde
Violante,
mi hija, que por esposa se la he dado.
Tu licencia me falta; y no he dudado
tenella, porque intento que es tan justo
la trae anticipada; y que es tu gusto
lo sé ya; y tú mismo me dijiste
–alguna vez que en confusión me viste
sobre lo que en aquesto hacer debía–
que don Vicente a mí me lo diría;
y hallo, señor, que esto es conveniente
a lo que a mí me ha dicho don Vicente.
Rey
Está bien entendido.
Muy cuerdo habéis andado y advertido.
Estimo, como es justo, la prudencia;
y si no falta más de mi licencia,
ya la tenéis.
Vicente
Dame a besar la mano,
pues hoy por ti tanto imposible gano
como verme seguro
en las felicidades que procuro,
siendo Violante, quien las paces fía,
tu esclava, hija del Conde y mujer mía.
Rey
Bien dices. Está bien. Sea norabuena.
Aparte
(¡Que dé yo parabienes de mi pena!
Mas, reportaos, desvelos;
no reventéis la mina de mis celos.)
Para gustos de amor aun luego es tarde.
No esperéis más.
Conde
Tu vida el cielo guarde
la edad del fénix. Esta
ha sido, don Vicente, la respuesta
que daros he ofrecido.
Vuestra es Violante.
Vicente
A vuestros pies rendido,
señor, responda mudo
el corazón lo que explicar no pudo
la lengua. Sólo os digo
que un esclavo hacéis hoy de un enemigo.
Aunque no es novedad la que yo alabo,
que enemigo rendido no es esclavo.
Conde
No me agradezcáis a mí, don Vicente,
lo que no hice por vos; pues claramente
se sabe en el agrado que hoy os muestro
que nada os doy, pues todo era ya vuestro.
Vanse.
Guillén
(¡Qué cuerdamente el Conde ha procedido!)
Rey
¿Hanse ido?
Guillén
Ya gran, señor, se han ido.
Rey
Pues estoy solo contigo
y, sin escrúpulo y miedo
de mis vanidades, puedo
hacerte, Guillén, testigo
de tan justo sentimiento,
salgan del pecho veloces,
poblando quejas y voces
la región alta del viento.
Guillén
Pues ¿qué novedad, señor,
agora tales desvelos
te ocasiona?
Rey
Amor y celos.
Y si fue bastante amor
a verme como me vi,
advierte lo que será
amor que con celos ya
se conjura contra mí.
Guillén
Si tú mismo ahora decías
que allí haber hecho quisieras
esta paz y consideras
lo mismo que pretendías,
que no te queda sospecho
que sentir nuevo rigor,
pues miras hecho, señor,
lo que quisiste haber hecho.
Rey
De hacer algún bien es tal
la alabanza, don Guillén,
que haciendo uno ajeno bien
no siente su propio mal,
pues por consuelo le queda
lo bien que procede allí.
Luego en este caso a mí
no hay elección mía que pueda
dejarme a mí satisfecho
de que yo lo hice, pues
ellos lo han hecho y no es
consuelo el verlo ya hecho;
y así, postrado y rendido,
no hallo medio a mi dolor.
Guillén
El olvido es el mejor.
Rey
¿Dónde se vende el olvido?
¿Esa es cosa que la halla
algún tesoro a comprar?
Guillén
No, mas el quererlo hallar.
Rey
No digas tal. Calla, calla;
que si olvido se pudiera
hallar, ¿quién no le buscara?
Antes al revés, repara
en que no hay nadie que quiera
del olvido hallar la gloria
que no se dé por vencido,
pues a comprar el olvido
va cargado de memoria.
Y yo, en fin, desesperado
de no hallarle, he de buscar
cuantos medios pueda hallar
mi desvelo y mi cuidado
para conseguir, Guillén,
de mi esperanza el empleo.
Y uno que he pensado creo
que es el que me está más bien.
Guillén
¿Querrás, señor, escuchar
un consejo?
Rey
Sí querré;
pero no le tomaré.
Guillén
Pues no te le quiero dar,
que será segundo error
despreciarle.
Rey
Y haces bien.
¿Por qué imaginas, Guillén,
que los gentiles a Amor
dios y no Rey aclamaron,
siendo así que los demás
dioses provincias verás
que como reyes mandaron?
Guillén
Nuevo ha de ser el concepto.
Dile.
Rey
Pues sabrás que fue
porque el Amor no se ve
a otro parecer sujeto.
Consejos por justa ley
tiene el rey, pero dios no;
y así el Amor se llamó
siempre dios y nunca rey;
dando a entender en bosquejos
y sombras que ha de tener
Amor, como dios, poder
y no, como rey, consejos.
Vanse.
Salen Violante y Leonor.
Leonor
Si desta suerte, señora,
con los estremos que haces
das lugar a la pasión,
podrás resistirla tarde.
Violante
Si yo llegara, Leonor,
a oír consuelo semejante
de otra como yo, pudiera
ser que llegara a estimarle.
Pero a ti, ¿cómo es posible
que te agradezca el que haces
de consolarme, sabiendo
yo que tú la causa sabes?
Leonor
Que la sé es verdad; mas como
no he sido participante
della, lo quisiera ser
del consuelo.
Violante
Pues mal haces
en deshacer el dolor.
Si pretendes aliviarle
–que el consuelo de desdichas
es otra desdicha aparte–,
¿qué será a quien las padece
persuadir que no son tales?
Si sabes lo que hubo anoche
en esta casa; si sabes
que, después que don Vicente
solo quedó con mi padre,
después de varios discursos
que no pudo escuchar nadie,
mi padre le dejó ir
y sin verme a mí ni hablarme
en su cuarto se encerró;
si sabes, al fin, que sale
de casa aquesta mañana
con aquel mismo semblante
que si no hubiera pasado
por él tan estrecho lance,
¿cómo dudas que habrá ido
a buscar para vengarse
varios medios y que yo
estoy en riesgo notable
de su valor y mi muerte,
esperando por instantes
la resolución? Porque
el que disimulos hace
a su enojo y no le riñe
es que trata de vengarle.
Sale Chocolate.
Chocolate
Con más miedo que vergüenza
–si bien no son novedades
no tener vergüenza yo
y tener miedo– entro a hablarte.
Violante
Chocolate, ¿cómo así
entras? ¿No ves...?
Chocolate
No te espante
que por la mañana pueda
entrar cualquier chocolate
a visitar a una dama.
Violante
¿A qué vienes aquí?
Chocolate
A darte
un recado de mi amo
y a saber de ti.
Violante
Y ¿qué hace?
Chocolate
Toda la noche se estuvo
clavado en estos umbrales
–serenísimo señor,
sin ser príncipe ni infante–
prevenido, por si fuese
en tu socorro importante;
y hasta agora se estuviera
si el sol, celoso o amante,
a cuchilladas de luces
no le echara de la calle.
A casa se fue y al punto
della salió. Hacia qué parte
no sé, porque me mandó
que yo viniese a informarme
de si había novedad
alguna en tu casa. Un paje
dijo que estaba en palacio.
Con esto atreví a entrarme
hasta aquí, adonde agora
lo has oído de mi lenguaje.
Di qué quieres que le diga;
y sea algo que aliviarle
pueda; que está el pobre joven
tan confuso, tan cobarde,
tan desesperado, tan
postrado y tan miserable,
tan aburrido, que temo...
Violante
¿Qué?
Chocolate
...que ha de meterse fraile.
Y sea breve la respuesta;
no venga el Conde y me halle;
que en gramáticas de amor
los sirvientes más leales
son personas que padecen,
sin ser personas que hacen.
Violante
Di a don Vicente que yo
estoy...
Dentro el Conde
Conde
[dentro]
Esperad; que antes
que vos entréis, solicito
hablarla yo.
Leonor
De tu padre
es esta voz.
Chocolate
No se dijo
por ella “la voz del ángel”.
Violante
¡Que aun este pequeño azar
no ha querido perdonarme
mi fortuna!
Sale el Conde.
Chocolate
Yo he de entrar.
Conde
¿Adónde?
Chocolate
Adonde gustare
vueseñoría; porque
soy tan cortés y galante
que en mi vida entré si no
donde los condes me manden.
Conde
Parece que tenéis miedo.
Violante
(¿Hay desdicha semejante?)
Leonor
(Él le mata.)
Conde
¿Qué buscáis?
Chocolate
Nada.
Conde
¿Quién sois vos?
Chocolate
¿Yo? Nadie.
Conde
En tanto que me habéis dicho
todos estos disparates,
he estado haciendo memoria
yo de que os conozca antes
de agora.
Chocolate
Pues no lo crea,
que hay mil memorias locales.
Conde
¿De don Vicente de Fox
no sois criado?
Chocolate
¿Hay tan grande
testimonio?
Conde
Dellos eres.
Chocolate
¿Un conde tan venerable,
de la moza de Pilatos
ha de aprender el lenguaje
y decir: “Tu ex illis es”?
Conde
Ahora bien, ya llega tarde
mi enojo. A todos comprenden
los perdones generales.
Idos con Dios.
Chocolate
Ya estoy tal,
señor, que en aqueste instante
aun con el diablo me fuera.
Conde
Idos presto.
Chocolate
Que me place.
Vase.
Violante
(Tantos disimulos, cielos,
¿en qué han de parar?)
Conde
Violante,
¿estás sola?
Violante
Sola está
Leonor conmigo.
Conde
Al instante
salte, Leonor, allá fuera.
Leonor
(Aquí es “requiescat in pace”.)
Vase y sale don Vicente al paño.
Vicente
(No me sufre el corazón
dejar, desde aquesta parte
donde el Conde me ha dejado,
de ver qué dice o qué hace.)
Conde
Violante, yo he pretendido...
Violante
Detente, señor, no pases
–si es que has de darme la muerte–
con el discurso adelante
sin conceder a mis ansias
tiempo para disculparme.
Sabe el cielo...
Conde
No prosigas
en tus disculpas, que en valde
son ya; que para conmigo
llegan ociosas y tarde.
Nada de lo que imaginas
es en lo que vengo a hablarte.
Con mi gusto –ya lo es–
estás casada, Violante.
Violante
¿Casada y con gusto tuyo?
Conde
Sí.
Violante
Aparte
(Mis infelicidades
¿qué esperan? Pues no serán
bodas que su gusto hace
con su enemigo.)
Conde
¿De qué
tan nuevos estremos haces?
Violante
Estoy pensando, señor,
que si esto es asegurarte
de las sospechas que anoche
en ti introdujo aquel lance,
no haces bien, pues esto es
decirle y no remediarle.
Conde
¿Y si fuese don Vicente
el que yo pretendo darte
por esposo?
Violante
Aparte
(Él solicita
con este engaño informarse
de la verdad de mi amor
y le ha de salir en balde.)
Vicente
(Ahora es cuando le agradece
el que conmigo la case.)
Violante
A don Vicente le diera
menos la mano que a nadie,
por no hacer en ningún tiempo
de las sospechas verdades;
y así, yo con don Vicente
no casaré aunque me mates.
Vicente
(¡Cielos! ¿Qué es esto que escucho?)
Conde
Cuando pensé que te echases
a mis pies agradecida,
¿con estos estremos sales?
Aparte
(¿Qué fuera que don Vicente
a mí anoche me engañase
por librarse y conseguir
con este medio mis paces?
Mal hice en hablar al Rey,
sin haber hablado antes
con Violante. ¡Oh cielos, cuántas
penas de una pena nacen!
Mas yo lo erré; ya es forzoso
llevar el yerro adelante.)
Violante, que tus estremos
sean mentiras o verdades,
ya estás casada. Yo quise,
primero que a verte entrase,
prevenirte de mi intento
y decirte que mirases
la obligación en que hoy
te pongo. No pienso hablarte
nada; y porque veas cuán poco
plazo el desengaño trae,
entrad, señor don Vicente,
que ya os espera Violante.
Sale muy triste don Vicente.
Violante
(¡Cielos! ¿Es esto verdad?)
Conde
Ni rehúses ni dilates,
Violante, lo que te mando.
Violante
Aparte
(¿Hay cosa como rogarme
lo mismo que yo deseo?)
Vicente
(¿Hay cosa como mirarme
yo en tantas dichas dudoso?)
Conde
(¿Quién vio estremos semejantes?
Ahora él triste, ella suspensa.
Mi honor de todo me saque.)
Violante, dale la mano.
Violante
Basta que tú me lo mandes.
Conde
Eres tú muy obediente.
Llegad ¿de qué os turbáis?
Vicente
Nacen
mis turbaciones de verme
dueño de dicha tan grande.
Conde
Pues no os turbéis; que, aunque novio,
es para turbaros tarde.
Ya estáis casados los dos;
y ya que en aquesta parte
yo mi obligación cumplí,
venciendo dificultades,
cumpla cada uno las suyas.
Después, no se queje nadie.
Vase.
Violante
Esta palabra te doy,
pues ya no hay de qué quejarme;
que con una dicha sola
que hoy la fortuna me trae,
en paz se ha puesto conmigo;
y aunque de tantos pesares
me fue deudora, con este
bien le perdono el alcance.
Vicente
Yo no daré esa palabra;
que aunque tantas dichas gane
–como haberme declarado
dueño tuyo–, bien tan grande
me da con tanta pensión
(¡ay de mí!) como mirarte
forzada para ser mía.
Hermosísima Violante,
¿hubo menester hacer
tantos esfuerzos tu padre?
Violante
He visto tan pocas veces
a la fortuna el semblante
que desconocí las señas
y pensé que me engañase
por apurar la verdad
de mi amor.
Vicente
Aquesto baste.
No digas más; que a quien
desea desengañarse
a muchas penas, sola una
satisfación es bastante.
Dame mil veces los brazos,
que deseo asegurarme
de que son míos y dar
al sol de mis dichas parte.
Sepa el día mi ventura,
pues ya la noche la sabe.
Salen Leonor y Chocolate, cada uno por su parte.
Leonor
De lo que supe allá afuera...
Chocolate
De lo que supe en la calle...
Leonor
...a darte mil parabienes...
Chocolate
...mil parabienes a darte...
Leonor
...vengo.
Chocolate
Yo también; y tengo
de hablar, dueña honrada, antes
que vos.
Leonor
Pues ¿de cuándo acá
lacayos parangón hacen
con las dueñas?
Chocolate
Yo no entiendo
parangónicos lenguajes.
Sólo sé que los lacayos
juridición inviolable
tenemos sobre las dueñas.
Leonor
¿Cómo?
Chocolate
El argumento es fácil.
En la casa de un señor,
el lacayo menos grave
sobre el más grave animal
tiene dominio bastante.
La dueña no es mujer ni hombre,
sino otro animal aparte;
luego mandará en las dueñas
quien manda en los animales.
Leonor
Es sofístico argumento.
Vicente
Dejad los dos disparates;
y de mis dichas los dos
dadme parabienes.
Violante
Dadme
los parabienes a mí,
pues más feliz...
Sale don Guillén.
Guillén
Perdonadme
si antes de pedir licencia
entro hasta aquí; que quien trae
buenas nuevas, por cortés
no es justo que las dilate.
El Rey, mi señor, haciendo
de sí generoso alarde,
hoy quiere honrar a los dos.
De las mercedes que os hace
los títulos traigo.
Vicente
El cielo
mil siglos su vida guarde.
Dos cartas vienen aquí
y una para ti es, Violante.
Violante
Ábrela tú, porque della
quien es todo tenga parte.
Vicente
Lee.
“Doña Violante de Cardona: atento a los muchos
servicios del Conde, vuestro padre, os hago merced de la Villa
de Castellón, con título de marquesa, para ayuda a vuestro dote.”
Violante
A su Majestad mil veces
beso la mano por tales
honras y mercedes como
a esta esclava suya hace.
Vicente
Aparte
(¡Cuidado, penas; que viene
envuelto en flores el áspid!)
Ésta es para mí.
Violante
¿Qué esperas?
Con igual gusto la abre.
Vicente
Lee.
“Don Vicente de Fox: a mi servicio conviene que hoy
salgáis de Zaragoza con la gente que en ella está alistada y vais
la vuelta de Mallorca, donde con título de maestre de campo sirváis
aquella campaña. Y no os vengáis hasta que esté acabada.”
No es menor la merced mía.
Aparte
(¡Dejadme, penas, dejadme;
y lo que la voz no dice,
haced que el color lo calle!)
Por una y otra merced,
don Guillén, iré a besalle
la mano.
Guillén
Quedad con Dios.
Vase.
Vicente
Él vuestra persona guarde.
Violante
¿Merced de ausencia recibes
con contento semejante?
Vicente
Sí; que ausencia, dueño mío,
que más ilustre me hace
es para hacerme más tuyo.
Violante
¿Y piensas irte?
Vicente
Al instante.
Violante
Idos los dos allá fuera.
Leonor
[A Chocolate.]
(¿Qué es aquesto, Chocolate?)
Chocolate
(Allá lo mormuraremos.)
Vanse.
Vicente
Pues ¿qué quieres?
Violante
Preguntarte
yo...
Vicente
Di.
Violante
...dónde he de quedar.
Vicente
En tu casa con tu padre.
Violante
¿Sabes qué en ella hay?
Vicente
Sí sé:
obligaciones y partes
tan ilustres...
Violante
¿No te acuerdas?
Vicente
No tengo de qué acordarme.
Violante
¿No será bien...?
Vicente
No, señora.
Violante
¿Respondes sin escucharme?
Vicente
Sí; porque no se han de hacer
las menores novedades.
Violante
La Reina me honra y con ella...
Vicente
Tú haz lo que tú mandares;
que de mí no ha de salir
ningún medio.
Violante
Aquesto baste.
Sólo licencia te pido
para verla aquesta tarde.
Vicente
Es muy justo que la des
de tu nuevo estado parte.
Violante
Si me quedare con ella
mientras tu ausencia durare,
¿disgustáraste?
Vicente
¿Por qué
de aqueso he de disgustarme?
Violante
¿Agradeceraslo?
Vicente
No,
pues por tu gusto lo haces.
Violante
¿Anoche tantos temores
y hoy tantas seguridades?
Vicente
Sí; que anoche amante era
y hoy soy esposo y amante.
Violante
Pues adiós; que yo sé bien
lo que he de hacer.
Vicente
Sí lo sabes.
Pero mira: si dijeres
a la Reina que quedarte
quieres con ella en mi ausencia,
echa la culpa a tu padre,
diciendo que está de ti
quejoso porque obligarle
pudiste a que, a su disgusto,
con su enemigo te case.
Y no te acuerdes de mí
en esto, así Dios te guarde;
que en esto sólo, mi bien,
te perdono el no acordarte.
Violante
Cuerdo eres. Adiós, Vicente.
Vicente
Noble eres. Adiós, Violante.
Vanse y salen la Reina y Elvira.
Reina
Grande novedad ha sido.
¿Quién, Elvira, lo ha contado?
Elvira
De mis padres un criado
que a Miravalle ha venido.
Reina
¿Y qué le pudo obligar
hoy al conde don Ramón
con tanta resolución
y tanta priesa casar
su hija con su enemigo?
¿Lo que en tanto tiempo no
acabó el ruego, acabó
el despecho?
Elvira
Sólo digo
lo que del criado escuché.
La causa...
Reina
Di.
Elvira
No quisiera
que mormurar pareciera.
Reina
Prosigue.
Elvira
Dicen que fue
haber el Conde sabido
que de secreto se amaban,
se escribían y se hablaban;
y sintiéndose ofendido,
con acuerdo y con prudencia
–que es el ejemplo más justo–,
hizo de la ofensa gusto
y del daño conveniencia.
Reina
Dichosos ellos, Elvira,
si es que se quisieron bien;
y desdichada de quien
aborrecida se mira
de su esposo.
Elvira
¿No ha de haber
cosa que no venga a dar
luego al punto a tu pesar?
Reina
¿Cómo, Elvira, puede ser,
si es punto fijo a que van
todas las líneas derechas?
Elvira
Tus temores y sospechas
estos recelos te dan.
Trata, pues, de divertir
tus sentimientos.
Reina
No fueran
sentimientos si pudieran
divertirse.
Elvira
Yo oí decir
un día, señora, que era
enfermedad el pesar;
luego débese curar.
Reina
Di cómo.
Elvira
Desta manera:
no quedándote jamás
sola contigo, porque
la soledad siempre fue
la que al triste aflige más.
Mil damas tienes, señora,
tan discretas como bellas.
Habla y conversa con ellas,
pues tu mal ninguna ignora.
Ten música, haz algún juego
que te entretenga; y, en fin,
baja, señora, al jardín,
academia del dios ciego,
donde entre fuentes y flores
divirtirás tu dolor,
que es enfermedad amor
que se cura oyendo amores.
Reina
Porque no parezca, Elvira,
que en mí esta necia pasión
es ya desesperación,
aunque el pensarlo me admira,
me reduciré. Di a cuantas
me sirven que al jardín voy
y que a él bajen.
Vase [Elvira y] sale con manto Violante.
Violante
Feliz soy,
pues he llegado a tus plantas,
puerto, esfera y centro en quien
descansa la suerte mía.
Reina
¡Oh amiga!, gana tenía
de darte ya un parabién,
si es verdad lo que he escuchado.
Violante
Verdad mi ventura fue,
pero el parabién oiré
de un pesar acompañado.
Reina
¿Cómo?
Violante
Como a don Vicente
el Rey a Mallorca envía
y en el término de un día
le amo esposo y lloro ausente.
A darte de todo parte,
como a mi reina y señora,
vengo a Miravalle agora;
y aun tengo que suplicarte
una merced.
Reina
Pues comienza
a decirla, que ya está
concedida.
Violante
Si me da
osadía la vergüenza,
lo diré. Habiendo sabido
mi padre que me servía
don Vicente y que vivía
de mi amor favorecido,
aseguró su cuidado,
de suerte que es eligido
del Conde para marido
y del Rey para soldado:
hoy se casa y hoy se ausenta.
Mi padre, aunque muestra gusto
de casamiento tan justo,
no es posible que no sienta
ver que le ha sido forzoso
el hacer esta elección;
y yo quedo, en conclusión,
con mi padre y sin mi esposo.
Y así, señora, quisiera,
por el temor que me da
vivir con mi padre ya,
que tu Majestad me hiciera
merced de mandar que aquí
hoy contigo me quedase,
mientras de mi padre pase
el desabrimiento.
Reina
A mí
me está, Violante, tan bien
el que me hagas compañía
que por conveniencia mía
me doy a mí el parabién.
Violante
Beso mil veces tu mano;
y pues mi padre ha venido
conmigo hasta aquí, te pido
por favor más soberano
tú se lo mandes.
Reina
¿Pues no?
Dile que entre a este vergel.
Violante
Mira que no entienda él
que te lo he pedido yo.
Llega Violante a la puerta y sale el Conde.
Conde
Ya os habrá dicho, señora,
el nuevo estado que tiene
Violante.
Reina
A mí me conviene
agradeceros agora
tan justa elección a vos,
tan cuerda y tan acertada,
como, en fin, interesada
en las dichas de los dos;
si bien, de aqueste contento
mucha parte ha deslucido
ver que tan presto ha seguido
al placer el sentimiento.
A Violante la decía
que conmigo se quedara,
porque esta ausencia pasara
mejor en mi compañía.
Ella, sin vuestra licencia,
no se determina; y pues
vivir con un triste es
de otro triste conveniencia,
conmigo estará. Prudente
sois, Conde; y así, no os digo
más de que queda conmigo
hasta venir don Vicente.
Vanse.
Conde
Dichosa ella, que ha podido
conocer tanto favor.
Y desdichado mi honor,
pues a término ha venido
que la Reina, sospechosa
del Rey y Violante bella,
quiera asegurarse della
honrándola de celosa.
Mas ¿no puede ser que sea
esto acaso y sin cuidado?
¡Qué propio es de un desdichado
que siempre contra sí crea!
Vanse y salen el Rey y don Guillén con capas de noche.
Rey
En esta parte el caballo
oculto, don Guillén, quede,
porque si algo nos sucede
sea fácil encontrallo;
que, pues anochece ya,
más desconocido a pie
a Violante esperaré
al paso.
Guillén
Presto saldrá
de la visita, que no
querrá volverse más noche.
Rey
Un hombre se acerca al coche
que de la quinta salió.
Guillén
Y puesto en él, ha partido
a la corte sin Violante.
Rey
En ocasión semejante,
¿qué podrá haber sucedido
para que el coche sin ella
se vaya?
Guillén
De algún criado
presto volveré informado
ué ha sido.
Vase.
Rey
¡Ay, Violante bella,
cuán postrado mi valor,
cuán altivo tu desdén,
a un mismo tiempo se ven
batallando con mi amor!
Sale don Guillén.
Guillén
Preguntando a un escudero
cómo el coche se volvía
sin Violante y sin el día
que había traído primero,
respondió que se quedaba
a vivir ya desde agora
con la Reina, mi señora,
porque su Alteza gustaba
de que pasase con ella
la ausencia de su marido.
De que claro he conocido
que está de Violante bella
la Reina celosa; o que,
recatada y temorosa
de sí, está Violante hermosa.
Y de cualquiera que fue
la acción, todos tus desvelos
vencidos, señor, se ven:
si es Violante, con desdén;
y si es la Reina, con celos.
Rey
¿Habrá alguna acción que pueda
yo estimar a la fortuna?
¿Habrá, Guillén, cosa alguna
que a mi gusto me suceda?
¿Quién en el mundo jamás
vio juntas, como yo agora,
la cosa que más adora
y la que aborrece más?
Llegue a su fin el tormento
de mi amor, llegue su fin,
pues... Mas ¿qué oigo?
Tocan dentro.
Guillén
En el jardín
han tocado un instrumento.
Quizá su pena crüel
suele divertir así.
Rey
Abierta, Guillén, allí
está una ventana dél,
por donde el aire veloz
trae más distinto el aliento.
Guillén
Escucha, que al instrumento
acompaña alguna voz.
Cantan dentro y a una ventana baja sale Violante.
Música
Arded, corazón, arded,
que yo no os puedo valer.
Violante
(Después que se despidió
de mí mi esposo y después
que salió de Zaragoza,
ya despedido del Rey,
me envió desde el camino
con Chocolate un papel
diciéndome que al terrero
de la quinta vendría a ver
si en la quinta me quedaba
con la Reina. Pues se ve
con sus damas divertida
en la paz deste vergel,
quiero desde esta ventana
el sitio reconocer,
porque sepa que aquí estoy
si acaso viniere a él.)
Rey
(A la ventana ha salido
una dama. Llegaré
a hablarla por si, por dicha,
alguna puedo tener.)
Violante
(Un hombre hacia la ventana
se llega. Sin duda es él;
pero no le quiero hablar
antes de reconocer
la voz.)
Rey
Puesto que no es culpa
osadía tan cortés,
bien podrá un triste, señora,
que a aquestas horas se ve
a esta reja, preguntaros
si es amor la causa que
os tiene tan desvelada,
por consolarse por ver
que hay quien padezca en el mundo
las mismas desdichas que él.
Violante
Aparte
(No es la voz de don Vicente;
ni conozco cúya es.
Pero donde hay tantas damas
es fuerza que haya de haber
galanes. Desengañarle
quiero, por quedar sin él.)
Caballero rebozado,
que a estos umbrales os veis
buscando de amor consuelo
que en amor no puede haber,
no soy yo la que esperáis;
y así, idos con Dios.
Rey
¿Sabéis
a quién puedo esperar yo?
Violante
No; que yo no puedo ser,
porque soy tan nueva aquí
que esta es la primera vez
que he llegado a esta ventana;
y si en ella estar soléis,
no puede ser por mí hoy,
porque no estaba aquí ayer.
Rey
Por las señas que me dais,
me dais, señora, a entender,
que sois vos la que yo busco;
que es la primer vez también
que llego aquí; y la primera,
si a mi dicha he de creer,
que en la casa del pesar
está por guarda el placer.
¿No sois la hermosa Violante?
Violante
Aparte
(Sin duda alguna criado es
o amigo de don Vicente,
que a disculparse por él
envía por no venir,
quizá, por más no poder;
que no supiera que había
de estar yo aquí, a no tener
estas noticias dél mismo.)
Violante soy, ¿quién sois?
Rey
Quien
es tan feliz que, buscando
un gusto, ha dado con él.
Violante
No es eso lo que os pregunto.
Si el nombre no respondéis,
dejaré la reja.
Rey
Soy
–pues que lo queréis saber,
dandoos por desentendida
de la más constante fe
que el triunfo miró de amor–
el... Mas luego os lo diré,
que viene gente y es fuerza
retirarme hasta después.
[A Guillén.]
(No vean éstos que aquí estamos.
Demos la vuelta, Guillén.)
Salen don Vicente y Chocolate de camino; y el Rey y don Guillén se van por otra parte.
Violante
(El Rey es éste, que agora
le conocí. Dejaré
la ventana; y aunque venga
mi esposo, no le veré;
que menos importara
el dejar de hablar con él
que no hallarme en la ventana
estando en la calle el Rey.)
Vase.
Vicente
¿No la diste el papel?
Chocolate
Sí;
y leyó todo el papel.
Vicente
Luego ya avisada, es fuerza
que en alguna reja esté
si en la quinta se quedó
con la Reina.
Chocolate
No sé quién
se vuelve desde el camino
a ver su propia mujer.
Vicente
En ninguna reja hay gente.
Chocolate
Pues parado aquí no estés;
que en hombres parados más
se repara.
Vicente
Dices bien;
y pues aquí no hacer señas
ni pararse puede ser,
demos la vuelta a la quinta.
Chocolate
Dime, ¿suele suceder
de quintas en los terreros
dar a uno con algo?
Vicente
Ven.
No preguntes disparates.
Vanse los dos; sale la Reina a la misma ventana y Elvira; y vuelven por otra parte, o puerta, el Rey y don Guillén.
Reina
Ya que a este jardín bajé,
gozar quiero, Elvira hermosa,
todas las delicias dél.
Di a las damas que a esta reja,
gozando con más placer
el fresco, estoy.
Elvira
A decirlo
voy, señora.
Vase.
Guillén
[Al Rey.]
(Ya se fue
la gente.)
Rey
[A Guillén.]
(Alguien que pasaba
acaso debió de ser.
Retírate a aquella parte,
que todavía se ve
Violante a la reja, donde
cuando me fui la dejé.)
Reina
(Un hombre llega a la reja.
La voz disimularé
para averiguar si acaso
alguna dama tal vez
suele hablar; y no habrá sido
estar aquí en vano.)
Rey
Pues
no habéis dejado, señora,
la ventana, pensaré
–y no sin razón– que ha sido
curiosidad de saber
quién soy, que es donde quedó
la conversación; si bien
se quejaron mis finezas
de que la noticia os dé
la voz, pudiendo, Violante,
dellas saberlo más bien.
Mirad si queréis que os diga
más claro que soy el Rey.
Reina
Aparte
(¡Válgame el cielo! ¿Qué escucho?
A mi fortuna crüel
sólo celos le faltaban
de sentir y padecer.
Ya está cabal el dolor.)
Rey
¿Quién, si no yo, fuera quien
tuviera por centro suyo
donde quiera que os halléis?
Reina
Aparte
(De confusa y de turbada,
no le acierto a responder;
pero pues de mi voz tiene
tan poca noticia, haré
esfuerzos, disimulando,
para llegar a saber
el fondo de mis desdichas.)
Con poca razón se ve
vuestra Majestad quejoso
de mí, señor, puesto que
corresponder a quien soy
no ha sido olvidar quién es.
Rey
Sí ha sido; pues en el día
de hoy os llego a perder
dos veces: casada una
y retirada después.
Reina
No me juzguéis tan ingrata,
tan esquiva y tan crüel;
que no es ser crüel y esquiva
el ser noble una mujer.
Basta decir que si fuera
gusto declararme, sé
que estás hablando, señor,
con quien os quiere muy bien;
pero su estrella ha impedido
el logro de tanta fe.
Rey
No hay estrella donde hay gusto.
Reina
Sí hay; que si la estrella es
árbitro de la fortuna
y desde el azul dosel
repitiendo los influjos
con soberano poder
a mí me hizo esclava vuestra
y a vos os hizo mi rey,
mi estrella es la que me aparta
de vos; que no puede haber
proporción en la distancia
que hay de una flor a un clavel.
Rey
Sobre esos influjos tiene
el albedrío poder.
Reina
Para que los venza sí;
no para dejar vencer.
Rey
Si hermosa os amé, Violante,
discreta os adoraré;
que esa hermosura del alma
me rinde segunda vez.
Guillén
(Entre estos desnudos troncos,
dos bultos se dejan ver.
Yo me quiero retirar
adonde a la mira esté
para atender sus acciones,
sin darle cuidado al Rey.)
Vase.
Salen don Vicente y Chocolate.
Vicente
[A Chocolate.]
(Un hombre a la reja está.)
Chocolate
[A Vicente.]
(Penante debe de ser
de una de tantas mondongas
que hacen rastro a este vergel.)
Vicente
[A Chocolate.]
(Retírate tú de aquí;
que solo podré más bien
ocultarme y ver si sale
Violante.)
Chocolate
[A Vicente.]
(Allí me estaré,
rogando a Amor que salgamos
desta aventura con bien.)
Vase.
Vicente
(Para apurar sin testigos
mis sospechas le envié.
¿Qué fuera, ¡válgame el cielo!,
que este hombre fuera el Rey?)
Reina
No mi ingenio encarezcáis
tanto.
Rey
¿Por qué no? Si en él
está de más el hablar
y de más el parecer.
Elvira a la reja.
Elvira
[A la Reina.]
(Todas las damas, señora,
buscándote vienen.)
Reina
(Pues
quitarme de aquí es forzoso;
no se llegue esto a entender;
que pretendo proseguir
el engaño hasta saber
todos mis celos; que, en fin,
soy, aunque reina, mujer.)
Señor, la Reina he sentido
hablar por aquesta red
y es fuerza que te retires.
Rey
¿Cuándo no ha sido crüel
para mí esta fiera?
Reina
Agora...
Rey
Dadme licencia.
Reina
¿De qué?
Rey
De hablaros aquí.
Reina
Sí doy.
De noche venir podréis.
Rey
¡Oh si nunca hubiera día!
Elvira
[A la Reina.]
(Qué es aquesto?)
Reina
[A Elvira.]
(¿Qué ha de ser?
Apurar una desdicha.
Ven que yo te lo diré.)
Vanse.
Llega don Vicente al Rey.
Vicente
(Juzgo que el hombre se va.
Hablaron; nada escuché.)
Rey
Dichoso yo que ya he visto
un agrado, don Guillén,
en esta ingrata. Mañana
me manda la venga a ver.
Vicente
¡Válgame el cielo!
Rey
En la voz
desconozco a quién hablé.
¿Quién eres, hombre? ¿A quién dije
mi secreto?
Vicente
No sé quién.
Mas soy quien sabrá guardarle.
Rey
¡Vive Dios, que he de saber
quién eres!
Vicente
(Es imposible
el dejarme conocer.)
Basta que sepa quién eres,
sin que tú sepas también
quién soy yo.
Rey
Pues ¿de qué modo,
dime, te has de defender?
Vicente
Desta suerte, pues no hay otras
armas, señor, contra un Rey.
Rey
Seguirete, aunque volando
vayas.
Sale Guillén.
Guillén
¿Qué es esto?
Rey
¿Guillén?
A aquel hombre he de alcanzar.
Guillén
Pues vamos los dos tras dél.
Vanse.
Vicente
Si el más acerado estoque
es de cera contra un rey;
y la mayor valentía,
volverle la espalda es,
retirarme quiero agora.
Corazón, no hay que temer;
quitareme de delante,
porque el que alcanza mi fe
diga que consigo lauros
de valiente y de cortés.

Tercera Jornada

Sale el Rey y don Guillén, con capas de noche.
Rey
Pues la noche oscura y fría
es a mi dulce querella
más que el día hermosa y bella,
¡mas que nunca venga el día!
Deje ya que en tal porfía
el más tremulo farol
venza su rubio arrebol
sin que de la luz se valga.
Y como la luna salga,
¡mas que nunca salga el sol!
A despecho y a pesar
del oficio que le han dado,
duerma una vez sin cuidado
quien tiene a qué madrugar;
que menos no le han de echar,
desde el lirio al girasol,
las flores; que otro arrebol
es a ilustrallos bastante.
Y como salga Violante,
¡mas que nunca salga el sol!
Guillén
Con mudo silencio, atento
estoy oyendo, señor,
por no estorbar a tu amor
las muestras de tu contento.
Rey
¿Ves cuánto encarecimiento
hoy a repetir me obligo?
Pues del sujeto que sigo,
el mérito menos grave
en lo que digo no cabe,
ni aun cabe en lo que no digo.
Porque cuanta perfección
puso el cielo en su hermosura
es pequeña cifra oscura
de su mucha discreción.
Todo causa admiración.
Los ojos allí rendidos
al verla yo y repetidos
al oírla mis enojos,
se están muriendo mis ojos
de envidia de mis oídos.
Yo culpé toda mi vida
a quien fea enamoró,
mas ya le disculpo yo
si la fea es entendida.
Y aunque haya causa que impida
mis dichas, siempre diré
que feliz mil veces fue
la primer noche que aquí
vine, Guillén, y la oí
agradecida a mi fe.
Pues desde ella, continuado
siempre gocé este favor.
Guillén
Bien presumí yo, señor,
que esta noche hubiera dado,
antes que placer, enfado
por el hombre que seguimos.
Rey
Nunca quién era supimos;
mas puesto que no volvió
otra noche –aunque tú y yo
tanta diligencia hicimos
de examinar con cuidado
el puesto, por si volvía–,
no he dudado que sería
algún hombre que parado
estaba acaso y turbado
huyó al conocerme a mí.
Mas ¿no abren la reja?
Guillén
Sí.
Rey
Bien te puedes retirar
donde sueles esperar.
Guillén
No me quitaré de allí.
Vase.
Sale la Reina a la reja.
Reina
Estará de mi tardanza
vuestra Majestad, señor,
quejoso.
Rey
En mi fuera error,
estando con esperanza;
que si esperando se alcanza
el bien de veros aquí,
dichoso aquel tiempo fui
que esperé, pues que troqué
la pena con que esperé
de la gloria con que os vi.
Reina
Si tan bien entretenido
aquí, señor, os juzgara
con la esperanza, tardara
más en haber respondido;
porque si el despique ha sido
de la pena que pasáis
ver la gloria que buscáis,
no siendo la gloria yo,
mal hice en venir, pues no
os traigo lo que esperáis.
Rey
Eso conocer no quiero;
pues sabe Amor, ciego dios,
que viene, Violante, en vos
toda la gloria que espero.
Reina
No será estilo grosero
que crédito no haya dado,
aunque ese nombre he escuchado.
Rey
Desconfianzas dejemos,
que por agora tenemos
que hablar en mayor cuidado.
Reina
¿En cuidado mayor?
Rey
Sí;
aunque distinto en los dos,
que es de placer para vos
y de pesar para mí.
Reina
¿Cómo puede ser ansí?
Rey
Como es que ya de volver
trata don Vicente a os ver
y que con vos ha de hablar.
Yo –pues tengo por pesar
daros nuevas de placer–
por una carta he sabido
suya que apenas llegó
cuando el moro ejecutó
las treguas con el partido.
¡Harto mi amor lo ha sentido!
De suerte que, concluida
la campaña y despedida
del ejército la gente,
estará aquí brevemente.
Bien podéis, de agradecida
a nueva tan lisonjera,
dar en mi desconfianza
de albricias una esperanza;
pues si no me persuadiera
a que, viniendo él, me espera
la dicha de poder veros
en vuestra casa y deberos
más de cerca este favor,
me hubiera muerto el dolor.
Reina
A dos cosas responderos,
señor, me ha tocado. Una,
en cuanto a lo que decís
de mi gusto, pues pedís
albricias a mi fortuna.
A ésta digo que importuna
para mí esta nueva ha sido,
tanto que no os he debido
las albricias, pues jamás
he sentido cosa más
que su venida he sentido.
La otra, en cuanto a consolaros
de que venga; que en pensar
que en mi casa más lugar
tendré de veros y hablaros
también me da el escucharos
qué sentir, porque no es
estilo noble y cortés,
digno de vos, que los cielos
traigan antes los consuelos
librados para después.
Y así, de vos ofendida
por veros tan consolado
aun desto que aquí os he hablado
no he de acordarme en mi vida.
Si me habláis, desentendida
me hallaréis siempre; porque
jamás os confesaré
que os hablé, señor, ni os vi.
(¡Quién de dos pudiera así
desesperar una fe!)
Rey
Si yo, a precio de lograr
mi esperanza, dispusiera
de ajeno dueño o quisiera
otro, debierais culpar
mi consuelo en mi pesar,
siendo logro, aunque importuno;
pero ya, si sois de uno,
¿no logrará el ciego dios
que seamos dichosos dos?
Reina
Fuera no serlo ninguno,
porque el querer y reinar
no ha de partirse.
Rey
Si en mí...
Cuchilladas dentro.
Guillén
dentro
¡No habéis de pasar de aquí!
Chocolate
dentro
¿Habrá más de no pasar?
Guillén
[dentro]
Más; que tengo de apurar
quién sois.
Chocolate
[dentro]
Ese es caso fuerte.
Rey
Ruido oigo.
Reina
¡Tirana suerte!
Rey
Retiraos, que a saber voy.
Vase.
Reina
¡Mi Rey, señor, muerta soy!
Vase.
Guillén
[dentro]
Aunque me rinda a la muerte,
tengo de saber quién eres.
Salen don Guillén y el Rey.
Rey
Yo te ayudaré.
Guillén
¡Di el nombre!
Rey
¿Don Guillén? Yo soy, ¡detente!
Guillén
Embarazado contigo,
ya el otro desaparece.
Rey
¿Qué ha sido esto?
Guillén
Retirado,
señor, estaba en las redes,
que guarnición de esmeralda
copados álamos tejen,
cuando entre las pardas calles
de sus laberintos verdes
vi dos hombres que seguían
la margen de las paredes.
Como vi que se acercaban
donde hablabas, receleme;
y pretendiendo estorbarles
a un tiempo y reconocerles,
“¡No habéis de pasar de aquí!”,
les dije, cuando valiente
el uno y cobarde el otro,
uno huyo y otro acomete.
Yo, partido en dos mitades
de acciones tan diferentes,
no pude seguir a aquél,
todo ocupado con éste.
Al ruido veniste tú;
y él, en viniendo más gente,
se retiró sin volver
la espalda; bien como suele
el león que, despreciando
aun a los mismos que teme,
huye con valor; que huyendo
hay quien el ánimo muestre.
Rey
Sin duda que es aquel mismo
que yo hallé. El cuidado vuelve
a ser dos veces mayor,
ya repetido dos veces.
Diera por saber quién es
este hombre...
Dentro, como cayendo en el tablado.
Chocolate
[dentro]
¡Jesús mil veces!
Guillén
Uno desde aquel ribazo
cayó.
Rey
Sin duda que es éste.
Guillén
Muchos, pensando que huyen
el riesgo, al riesgo se vuelven.
[Sale Chocolate.]
Chocolate
¡Que digan que es saludable
el huir!
Guillén
¡Hombre, detente!
Chocolate
Más dificultoso fuera
el decirme que anduviese,
cuando, a tener ocho piernas,
me hubiera quebrado nueve.
Rey
O di quien eres o aquí
hoy a morir te resuelve.
Chocolate
Siempre que a escoger me dan,
lo mejor escojo siempre.
Rey
Pues muere, si es lo mejor
el ostentarte valiente.
Chocolate
El ostentarme gallina
es muy mejor.
Rey
Pues ¿quién eres?
Chocolate
Un Chocolate que agora
todo es cacao cuanto tiene.
Rey
¿Qué hacías aquí?
Chocolate
Con un hombre,
de quien soy leal sirviente,
vine, que nunca viniera.
Rey
Y él ¿quién es?
Chocolate
Él, comunmente
don Vicente para todos,
para mí es Pero Vicente.
Rey
¿Don Vicente de Fox?
Chocolate
Sí.
Rey
Pues ¿está aquí?
Chocolate
De las veinte
necedades españolas,
esa es la necedad siete.
Si no estuviese aquí, ¿cómo
querías que aquí estuviese?
Rey
¿No estaba en Mallorca?
Chocolate
Estaba;
pero como ya se vuelve,
después de la tregua hecha,
a Zaragoza la gente,
se adelantó dos jornadas
por sólo ver si pudiese
ver a su mujer primero
que al Rey; que es tan imprudente
que a ver su propia mujer
corriendo postas se viene.
Quiso llegar a estas rejas
y un gigante, descendiente
de Galafre, el que guardaba
un tiempo a Mantible el puente,
al paso se puso; y yo,
que de los estilos siempre
marciales me apiado más
del satírico que el fuerte,
me entré a este bosque huyendo,
si he de hablar cristianamente,
donde tahur de mí mismo
paré, perdiendo la suerte
que corría en mi favor.
Y me he quebrado los dientes,
las narices y las piernas;
y porque nada me quede
sano, dicen que han querido
que la cabeza me quiebre
contándoles mi tragedia.
Si otra cosa no me quieren,
yo sí; y es que entre los dos
un rato a cuestas me lleven
a un algebrista de viejo,
que este cuerpo me remiende.
Rey
[A Guillén.]
(Esto está peor que estaba,
don Guillén, pues don Vicente
fue el que yo aquí la primera
noche hablé.)
Guillén
[Al Rey.]
(Claro se infiere
que se detendría al partirse
quien se adelanta al volverse.)
Rey
[A Guillén.]
(Dar cuenta a Violante importa
de todo para que piense,
avisada del suceso,
lo que ha de hacer.)
Guillén
[Al Rey.]
(Un billete
la escribiré.)
Rey
[A Guillén.]
(A tanto empeño
es muy tibio medio éste.
Yo he de hablarla.)
Guillén
[Al Rey.]
(¿Cómo piensas
disponerlo?)
Rey
[A Guillén.]
(Desta suerte...)
Chocolate
(¿Cuánto va que están pensando
el modo de darme muerte?)
Rey
[A Guillén.]
(Iré a la quinta diciendo
que salí a caza por este
monte y que el sol me obligó
con su saña a recogerme.
El cuarto está de Violante
de la Reina al cuarto enfrente.
En él me entraré primero,
como que acaso sucede
el yerro de entrarme en él;
que no será inconveniente,
pues la Reina deste amor
tan poca noticia tiene.
Y aun a más ha de pasar
el lance a que he de atreverme;
porque, una vez dentro, tengo
de procurar esconderme
en el aposento de uno
de sus jardineros; que este
medio no será difícil
con despedirme y volverme,
teniéndole tú avisado;
y como yo allá me quede,
haciendo tú aquesta noche
las señas, como otras veces,
al salir Violante a hablarme
con el seguro que suele
de que en la calle estoy, tengo
de lograr mi amor.)
Guillén
[Al Rey.]
(Advierte,
que a mucho te atreves.)
Rey
[A Guillén.]
(No es
amante el que no se atreve.
Vamos allá, pues.)
Guillén
[Al Rey.]
(¿No miras
que, si el sol ha de ofrecerte
la disculpa, aún es de noche?)
Rey
[A Guillén.]
(Dices bien; fuerza es que espere
a estar bien entrado el día.)
Chocolate
(¿Qué hablan estos entre dientes?)
Rey
Hombre, el dejarte con vida
a mi piedad agradece.
Chocolate
Seré de tan gran señor
escarpín eternamente.
Rey
(¡Ay, bellísima Violante,
qué de pesares me debes!)
Vanse el Rey y don Guillén.
Chocolate
Yo hombres corteses he visto,
pero no hombres más corteses.
¡Qué blandura de señores!
En sabiendo lo que quieren,
no hablarán una palabra
descompuesta aunque los tuesten.
Sale don Vicente.
Vicente
(Ha estado mi honor buscando
si aquí Chocolate vuelve,
porque no encuentren con él
y quién soy a nadie cuente.)
Chocolate
Preguntadores señores,
si es que arrepentidos vienen
de haberme dejado vivo,
que no lo estoy, consideren,
tanto como ustedes piensan.
Vicente
¿Chocolate?
Chocolate
Sí, ¿quién eres?
Vicente
Yo soy.
Chocolate
¿Quién?
Vicente
¿No me conoces,
necio, que soy don Vicente?
Chocolate
¿Don Vicente? No lo creo.
Vicente
¿Adónde vas?
Chocolate
Para verte,
por una luz.
Vicente
Dime agora,
¿qué te ha sucedido?
Chocolate
Atiende.
Cuando sacaste la espada,
sentí a las espaldas gente;
y porque no nos matasen
sin defensa...
Vicente
¿Qué?
Chocolate
...dejete
y a detener a los otros
me fui animoso y valiente.
La fortuna, que la fiesta
guarda de los Inocentes,
me dio tal valor que todos
a cuchilladas se vuelven.
Vicente
Pues ¿cómo dijiste aquí,
agora llegando a verme,
“preguntadores señores”?
De que infiero claramente
que te preguntaron algo.
Chocolate
Pues si no dejas que llegue
al fin con el caso...
Vicente
Di.
Chocolate
Quedando solo, arrimeme
a descansar y de una
puerta salió entonces gente.
Vicente
Pues ¿había puerta en el bosque?
Chocolate
Supongo yo que la hubiese
y llamo puerta a un portillo
que hacían los ramos. Halleme,
en fin, de dos abrazado
y en el pecho un pistolete.
“¿Quién eres?”, me preguntó
uno dellos. Yo, prudente,
dije: “No lo he de decir,
aunque me deis dos mil muertes”.
“¿Qué hacéis aquí?”, dijo otro.
“Espulgarme a escuras”. “¡Mientes!”
“Espúlgome a escuras yo
como otros pintan al temple”.
“¿Quién es ése que acompañas?”
“Yo no acompaño”. Y en este
punto disparó crüel
el de la pistola.
Vicente
Tente.
¿Cómo no se oyó del fuego
respuesta?
Chocolate
Como sirviente
no era, no era respondón
el fuego; y el caso es ése,
que no dio lumbre. Y pasando
al acero su inclemente
furor, una puñalada
que no pasó del piquete
me tiro otro. “¡Muerto soy!”,
dije. Y lacayo de réquiem
me tendí en el suelo. Y ellos,
que ya por muerto me tienen,
se van presto. Del hallarme
tú presumo que vuelven;
y digo “preguntadores”
por los dimes y diretes.
Vicente
En fin, ¿de ti no supieron
que fuese yo ni quién fuese?
Chocolate
¿Eso habían de saber
de mi boca?
Vicente
¡Qué leal eres!
Chocolate
Aun si lo supieras bien,
no dudo que lo dijeses.
Vicente
Por lo menos, si lo hubieras
dicho, lo erraras dos veces
en no avisarme, porque
hecho el daño lo remedie.
Chocolate
Digo que si hallares nunca
que yo tu nombre dijese,
me mates. (Mucho sintiera
que la palabra me acete.)
Vicente
(¡Válgame Dios! ¿Qué he de hacer
cercado de tan crüeles
imaginaciones locas
como a mi discurso ofenden?
La noche que volví aquí,
por si aquí saber pudiese
si con la Reina quedaba
Violante –¡cielos, valedme!–,
hallé en la ventana al Rey;
y presumiendo que fuese
yo don Guillén, me contó
gozoso, ufano y alegre
que estaba fauorecido
de una ingrata beldad. ¡Llegue
mi muerte antes que otra vez
sin olvidarlo lo acuerde!
Desconociome antes que
la nombrase; y yo, prudente,
di a la fuga en confianza
los riesgos de conocerme.
Abreviose la jornada
a que fui. Y cuando pretenden
mis ansias desengañarme,
mis penas satisfacerme,
volviendo más por fineza
que por... –¡ay, lengua, detente,
no digas celos, que un hombre
no es justo que lo confiese!–
...por fineza sólo digo,
a ver aquélla que hoy tiene,
árbitro de mi fortuna,
todos mis males y bienes,
en el mismo punto hallo
a don Guillén, porque aumente
fuerzas a fuerzas la duda,
visto el indicio dos veces.
Mas ¿qué digo? ¿Indicio? Miento,
que aun el indicio más leve
no ha llegado a mi noticia.
Miente mi discurso, miente
mi imaginación, supuesto
que tantos descargos tiene
en la razón apurados
y en la verdad evidentes.
A buscarlos voy, Violante,
¡plegue a Dios que los encuentre!
Dejo aparte los abonos
de ser quien soy y quien eres.
Haz, honor, que aquesta loca
imaginación me deje.)
Chocolate, a mí me importa,
supuesto que ya amanece
y a ver a Violante vine,
que agora en la quinta entres
y la digas a Violante
que, pues que su cuarto tiene
una puerta a los jardines,
la abra. (Y yo secretamente
entraré a vella primero
que a noticia del Rey llegue
que me he adelantado.)
Chocolate
Iré
cuidadoso y diligente.
Vicente
Escucha; pues tan bien sabes
callar, cuando a verla entres
no digas lo que ha pasado.
Chocolate
Callarelo, aunque reviente.
Vase.
Vicente
A disimular, desdichas,
vamos. Haced que no llegue,
cielos, Violante a saber
que en mí cupo la más leve
desconfianza; porque,
propias y atentas mujeres,
es decirlas que se atrevan
el decirlas que las temen.
Vase.
Salen la Reina y Elvira.
Reina
No he podido sosegar,
vacilando y discurriendo,
en qué ha podido parar
de aquella pendencia el riesgo.
Elvira
Ya se dijera, si hubiera
novedad.
Reina
¡Yo estoy muriendo!
Elvira
Siempre estuve mal, señora,
yo con este fingimiento.
Muchas veces lo escuché;
y aunque nunca quise verlo,
tus temores no entendí.
Reina
Pues tanto me apuras, quiero
que sepas cuántas razones
hoy en mi disculpa tengo.
Yo adoro al Rey de la suerte
que él me aborrece; que opuestos
nuestros dos hados tomaron
en la partición que hicieron
del patrimonio de estrellas
los dos contrarios estremos:
todo el amor, uno; y otro,
todo el aborrecimiento.
Esto asentado –y también
asentado que tenemos
nuestras pasiones los reyes–,
al primer discurso vuelvo.
Acaso llegué a una reja
del jardín –ya sabes esto–;
que me habló el Rey por Violante;
que yo, curiosa, queriendo
volver en el desengaño,
fingí la voz, aunque es cierto
que no había para qué, ni hube
menester fingirla, puesto
que della tenían tan muertas
las noticias sus despegos.
Luego si yo, con fingir
que soy la que adora, tengo
su imaginación burlada,
parado su pensamiento,
mi respeto asegurado,
pacíficos mis recelos,
no ha sido culpable, Elvira,
del todo mi fingimiento.
¿Tan poca victoria ha sido
traerle a aqueste rendimiento?
Pues cuando se desengañe
conocerá, por lo menos,
que, vista sin ceño, partes
para ser querida tengo.
Y aun no sé, Elvira, no sé
si diga –súplame esto
mi modestia– que he pensado
desengañarle creyendo
que por aqueste camino
me ha de hacer merced el cielo
de cumplirme una palabra;
que aunque me la ha dado en sueños,
para que el cielo la cumpla
basta ser suya en efeto.
Elvira
Aunque no hallen hoy, señora,
conveniencia sus deseos
en el desengaño, ya
fuerza ha de ser, pues yo creo
que ha de venir don Vicente,
segun tú dices, muy presto;
y en faltando desta quinta
Violante, será muy cierto
que allá la busque y que allá
se desengañe.
Reina
Primero
pensaré yo el mejor modo
de declararme.
Elvira
Habla quedo,
que sale al jardín Violante.
Reina
Pues vente conmigo, haciendo
que no la ves; que aunque ella
no es culpa de mi tormento,
es de mi tormento causa
y, como tal, verla siento. Vanse.
Salen Violante y Leonor.
Violante
¿Abriste la puerta?
Leonor
Sí.
Violante
Pues, el jardín recorriendo
anda; no le vean entrar.
Vase Leonor.
Gracias al amor, que llego
a ver tan felice día.
Dos dichas a un tiempo tengo:
una, el venir don Vicente;
y otra, el venir de secreto.
Haciendo fineza el verme,
loca me tiene el contento;
y más, cuando sus pesares
tan pacíficos y quietos
ha de hallar, pues en su ausencia
aun sola una acción no ha hecho
el Rey de amor que le dé
un cuidadoso recelo.
Salen don Vicente y Chocolate.
Chocolate
A la puerta de su cuarto
te espera.
Vicente
(Cobarde llego,
porque no sé si sabré
disimular mi tormento.)
Violante
Apenas Chocolate
habló aquí con Leonora,
que es quien me asiste agora,
cuando sin que dilate
un solo instante el verte
a recibirte salgo desta suerte.
Mi bien, señor, esposo,
seas tan bien venido
como esperado has sido
deste pecho amoroso
que con amantes lazos
feliz te espera en sus dichosos brazos.
Abrázanse.
Vicente
Tú seas, dueño mío,
mil veces bien hallada,
como has sido deseada
deste preso albedrío
que en alas ha volado
de amor por llegar presto y abrasado.
Apenas –acabadas
las treguas de la guerra–
pisé la amada tierra
cuando a largas jornadas,
fino amante y sujeto,
a verte me adelanto de secreto.
Violante
Aunque esté a la fineza
con que a verme has venido
mi pecho agradecido,
no sé con qué tibieza
me hablas, me oyes, me miras
y hacia dentro con temor suspiras
que das al pensamiento,
cuando más se aconseja,
causa de que haya queja
del agradecimiento.
¿Con qué cuidado vienes?
Mi bien, ¿qué traes? Di, mi bien, ¿qué tienes?
Vicente
(¿Pudieran ser fingidos
tan bien dichos enojos?
Nada habéis visto, ojos;
mucho escucháis, oídos.
No pueda en mi confuso devaneo
lo que imagino más de lo que veo.)
Del camino cansado
y no bueno he venido.
Esta la causa ha sido.
No ha sido desagrado,
señora, el suspenderme.
Violante
Y es lo peor que pudiste responderme;
porque cuando trajeras
algunas pesadumbres,
del tiempo las costumbres
dejara las vencieras.
Esto yo te lo fío;
mas la salud no puedo, dueño mío.
¡Pluguiera a Dios, pluguiera,
que, a costa de la mía,
hasta el alma este día
en albricias te diera!
Y díganlo mis ojos,
que lágrimas te ofrecen por despojos.
Vicente
(Agora es tiempo, agora,
ilusión mal nacida,
de darte por vencida.
Violante es la que llora.
No dirás más verdad –¿qué estoy dudando?–
imaginando tú que ella llorando.)
Calla, Violante mía,
cuando muerto viniera,
sólo el verte me diera
más vida, más placer, más alegría
que desearme puedes.
Todo en sólo este llanto lo concedes.
Dame otra vez los brazos.
Violante
Pues que mi llanto pudo
estrechar deste nudo
los amorosos lazos,
ya será agradecida
la continua tarea de la vida.
Ni cesará un instante
de llorar mi fortuna.
Vicente
No habrá risa ninguna,
bellísima Violante,
si el sol continuo llora.
Sale Leonor.
Leonor
Señor.
Vicente
Di.
Leonor
Muerta vengo.
Violante
¿Qué hay, Leonora?
Leonor
El Rey...
Violante
¿Qué?
Vicente
¡Qué mal empiezas!
Violante
Prosigue.
Leonor
...aquesta manaña...
–así lo oí–...
Vicente
No te turbes.
Leonor
...salió...
Vicente
¿Qué dudas?
Leonor
...a caza.
Vicente
Pues ¿qué ha sucedido?
Leonor
Que
huyendo del sol la saña,
contra el rigor de sus rayos
de aquesta quinta se ampara;
y en ella ha entrado.
Vicente
Pues bien,
¿qué novedad es estraña
que el Rey entre en esta quinta,
siendo esta quinta su casa?
Si es temor de que me vea
en su cuarto, más guardada
mi persona estará en éste,
Leonor
Si él en su cuarto se entrara,
aunque fuera novedad,
lo fuera sin circunstancia;
pero antes que hacia el cuarto
de la Reina...
Vicente
Dilo.
Violante
Acaba.
Leonor
...viene a este cuarto.
Vicente
¿Qué dices?
Violante
Pues ¿de qué, señor, te espantas?
Si viene huyendo del sol,
¿qué mucho (¡alentemos, alma!)
que por no ver a la Reina
aquí se entre?
Vicente
Pues no estrañas
tan gran visita, no dudo
que esto muchas veces pasa.
Violante
No; sólo pasó otra vez;
mas no le he visto la cara
desde que tú te ausentaste,
ni le he hablado una palabra;
y así, no presumas...
Vicente
¡Tente!,
porque no presumo nada.
Que si algún estremo ha hecho
necio el color de mi cara
es, señora, de temer
que me halle aquí (¡pena rara!)
antes de haberle besado
la mano y de mi jornada
dádole cuenta, trayendo
la gente que se me encarga.
Violante
Pues retírate de aquí,
que es su condición estraña.
No te diga algún desaire.
Vicente
Fuerza será que lo haga.
(No tanto por eso como
porque otro indicio no haya
contra mí de que yo fui
el de las noches pasadas.)
Leonor
¡Ea, presto, que ya llega!
Vicente
A Chocolate.
(Chocolate, aquí te aparta;
porque podrá, si te ve,
discurrir con justa causa
ser el criado de anoche.)
Chocolate
A Vicente.
(Si yo no hablé una palabra
y era a escuras...)
Vicente
A Chocolate.
(Ven conmigo)
(¡Cielos!, la suerte está echada.
¡Tened lastima de mí!,
que va en perderla o ganarla
más... poco diré, aunque diga
fama, honor, ser, vida y alma.)
Escóndense detrás del paño.
Violante
(No me pesa, aunque es tan grande
el empeño que me aguarda,
que esté don Vicente donde
pueda las verdades claras
oír de mi amor, pues vera
en lo que aquí el Rey me habla
que, desesperado o cuerdo,
no me ha hablado una palabra.
Sale el Rey.
Rey
Tendréis a gran novedad,
bella Violante, que haga
estos estremos de amor.
Violante
Sí, gran señor; y admirada
estoy de que entréis aquí,
cosa a vos tan poco usada
y en mí tan poco advertida;
y cualquiera acción se estraña
la primera vez que os veo.
Rey
Decís bien.
Vicente
(¡Albricias, alma!,
que entra bien el desengaño;
quiera Dios que tan bien salga.)
Rey
Pero las leyes se rompen
cuando es precisa la causa;
y la que hoy me arroja a entrar
aquí, sin mirar en nada,
es tal que no me es posible,
bella Violante, escusalla;
que donde tu vida importa,
¿qué estremo habrá que no haga?
Violante
¿Mi vida, señor?
Rey
Tu vida.
Y antes que digas palabra,
dime, ¿has visto a don Vicente?
Violante
(Él con cólera y con rabia
le busca y por esto dice
que me va la vida.)
Rey
Habla,
¿hasle visto?
Violante
No, señor.
Rey
Con eso está confirmada
mi sospecha y tu peligro.
Oye y sabrás lo que pasa.
Anoche, cuando a la reja
hablando contigo estaba...
Violante
¿Conmigo anoche a la reja?
(Ya mis desdichas me aguardan.)
Rey
No te hagas desentendida;
que aunque juraste enojada
negar siempre los favores
que te debieron mis ansias,
no es tiempo de que los cumplas.
Violante
¿Yo? ¿Cómo? ¿Cuándo... (¡Turbada
estoy!) ...hablé o juré? ¿Cuándo?
Rey
Ya los disimulos bastan.
Mas diga yo a lo que vengo
y tú, sabiendo la causa,
verás si te está mejor
negarla que confesarla.
Vicente
(¿Hay más pena?)
Violante
(¿Hay más desdichas?)
Rey
Anoche, pues, cuando hablaba
por esta reja contigo,
el ruido de cuchilladas...
Vicente
(¿Hay hombre más infeliz?)
Violante
(¿Hay mujer más desdichada?)
Rey
...yo a saber lo que era fui.
Vi a don Guillén, que intentaba
conocer a un hombre. Como
la primera vez que humana
me escuchaste...
Violante
Yo señor,
jamas te escuché.
Vicente
(¡Ah, ingrata!)
Rey
...el hombre se nos perdió
entre las sombras y ramas;
pero hallamos un criado...
Chocolate
(Agora entro yo en la danza.)
Rey
...que dijo que don Vicente
aquí de secreto estaba.
Vicente
A Chocolate.
(Tú me has vendido.)
Chocolate
A Vicente.
(No he hecho,
que por ti no dieron blanca.)
Rey
Que había venido a verte,
dijo; y pues de verte falta,
sus recelos le han traído.
Yo, temiendo tu desgracia,
te vengo a ofrecer...
Sale don Guillén turbado.
Guillén
Señor,
haciendo lo que me mandas
con el jardinero, he visto
desde aquesta verde estancia
que la Reina, mi señora,
de que aquí estás informada,
ha salido de su cuarto
y a verte a este cuarto pasa.
Rey
(¡Que aun para hablar de desdichas
no dé tiempo esta tirana!)
Violante
(¡Que aun para satisfacer
no den lugar mis desgracias!)
Vicente
(¡Que aun para matar, no apure
todo el veneno mis ansias!)
Chocolate
(¡Que aun para mentir no tenga
ya ni ventura, ni gracia!)
Sale la Reina.
Reina
(Ya del riesgo de la noche,
viendo al Rey, asegurada,
habré de fingir de día,
pues la noche no me basta.)
Vuestra Majestad, señor,
una vez que acaso pasa
los umbrales desta quinta
¿tanto en dejarse ver tarda?
Rey
Por ese monte salí
a caza aquesta mañana.
Hízome el sol retirar
y, imaginando que estaba
en este cuarto su Alteza,
entré en él por ignorancia.
Reina
No me espanto que ignoréis
las viviendas desta casa,
que las visitáis muy poco.
Y ya, señor, que os engaña
la imaginación, pues ciega
a unas busca y a otras halla,
por si acaso os sucediere
otra vez, sabed la casa.
Este cuarto es de Violante,
que estos días me acompaña.
Venid y sabréis el mío.
Rey
(Fuerza es que con ella vaya
por no confesarlo todo.)
Aunque declinando vaya
el sol ya y he de volverme
luego, haré lo que me manda
vuestra Alteza.
Reina
(¿Quién creyera
que una imaginación haga
que se aborrezca de día
lo que de noche se ama?)
Rey
A Guillén.
(Don Guillén, dile a Violante
que si ha fingido por causa
del enojo o de guardarse
de una de aquellas criadas,
que no deje aquesta noche
de hablarme donde me habla.)
Reina
¿No venís, señor?
Rey
Ya voy.
Reina
(Ni aun don Guillén ha de hablarla.)
Rey
(¿Quién pudiera hacer, Violante,
que la Reina –¡pena estraña!–
tuviera tu discreción
ya que la beldad le falta!)
Violante
(¿Quién en el mundo se ha visto
en igual riesgo empeñada?)
Vicente
(Ya que de imaginación
mi pena a evidencias pasa,
saldré y darele la muerte,
ya que ha vuelto el Rey la espalda.)
Vanse entrando y, desde la puerta, la Reina vuelve a llamar a Violante, estando don Vicente con la daga empuñada.
Reina
¿Violante?
Violante
¿Señora?
Reina
Ven
conmigo.
Violante
Pues ¿qué me mandas?
Reina
Tengo que hablarte. No quedes
sola hasta que el Rey se vaya.
Vase.
Violante
Siempre yo he de obedecerte..
Leonor
(Y nunca de mejor gana.)
Violante
(Suspendiose mi desdicha.)
Vase.
Vicente
(Dilatose mi venganza.)
Chocolate
¿Que diera agora yo por
que la Reina me llamara
a mí también?
Vicente
Tú, villano,
has sido de todo causa.
Chocolate
Pues soy yo el Rey, o Violante,
o la Reina, o la ventana,
o la noche del jardín?
Vicente
Matarete a puñaladas.
Chocolate
No me puedo detener
a recibirlas, que llama
la Reina.
Vase.
Vicente
Salir no puedo
tras él. Tú, Leonor, aguarda.
Leonor
¿No ves que siempre me toca
el ir donde va mi ama?
Vase.
Vicente
Solo me han dejado. ¡Cielos!,
¿qué haré cercado de tantas
penas y desdichas juntas?
Mas no hay que pensar en nada,
vacilar, ni discurrir.
Violante y el Rey me agravian.
Y pues no puedo tomar
más que la media venganza,
muera Violante, el Rey viva.
A lo que desde aquí alcanza
mi vista, ya el Rey se va.
No dudo que esta tirana
en el cuarto de la Reina
se esconda. Evidencia es clara,
pues que no ha de osar venir
donde la muerte la aguarda.
Pues ¿qué he de hacer? Ya lo sé.
En las ruinas derribadas
que parte deste jardín
tiene he de ocultarme hasta
que la noche dé ocasión
para salir a lograrla.
Para que a este cuarto vuelva,
abriré esta puerta falsa
y entrando en él esta noche
por una de sus ventanas
la daré la muerte. Agora,
caducas piedras y ramas,
dadme sepulcro vosotras,
que no será acción tirana
sepultarme vivo, puesto
que soy cadáver con alma.
Vase.
Sale Violante.
Violante
Fuese el Rey y, retirada
la Reina a su cuarto, yo
sola he quedado. ¿Nació
alguna más desdichada?
No; porque la más airada
suerte que el hado contiene,
rigor que el cielo previene,
desdicha que el tiempo ordena,
es que uno tenga la pena
de la culpa que no tiene.
Mas digo mal, pues prevengo
yo de mi estrella disculpa
el ver que no tengo culpa
de la pena –¡ay Dios!– que tengo.
En esto sólo a hallar vengo
consuelo. De que inferí
nuevo tormento, pues vi
que lo que por tantos modos
es despecho para todos
es consuelo para mí.
Honor, ¿qué he de hacer? Si intento
volver a mi cuarto hoy,
dispuesta a mi muerte voy;
si temerosa me ausento,
añado otro fundamento.
Ir es desesperación;
no ir, confirmar traición.
Razón tengo. No equivale,
pues si no hay cosa que iguale,
¿qué importa tener razón?
¡Ay, esposo, si mi vida
remedio a tu daño diera
contenta yo a morir fuera
sacrificada y rendida!
Pero que mi muerte impida
me dice a voces mi honor,
porque a ti te está mejor
hasta que tengas bastante
desengaño.
Sale el Conde.
Conde
¿Qué hay, Violante?
¿Por qué das voces?
Violante
Señor...
Conde
¿Qué tienes?
Violante
Un dolor fiero.
Conde
Pues ¿de qué nace?
Violante
No sé.
Conde
Cuéntamele.
Violante
No podré.
Conde
¿Por qué?
Violante
Porque muda muero.
Conde
Remedio habrá.
Violante
No le espero.
Conde
¿Cómo?
Violante
Como estoy sintiendo...
Conde
¿Qué es?
Violante
...absorta me suspendo.
Conde
¿Qué es esto?
Violante
Estrella inconstante.
Conde
No te entiendo.
Violante
No te espante,
que yo tampoco me entiendo.
Conde
Yendo a tu cuarto a buscarte
abierto y solo le vi;
y viniendo a verte a ti,
quisiera irme sin hablarte;
porque llegando a mirarte
con tan grande turbación,
no quisiera la ocasión
apurar, por no saber
si te puede suceder
una desesperación.
Al Rey en el bosque vía,
sin que me viese. Advertí
que hacia la quinta (¡ay de mí!)
segunda vez se volvía.
No discurro en qué sería
la causa; y llegando a verte,
Violante, así desta suerte
temo cualquiera desdicha.
Pues en nada tengo dicha,
llegue ya el fin de mi muerte.
Háblame claro.
Violante
Señor,
¿tú no eres mi padre?
Conde
Sí.
Violante
¿Creerás que heredé de ti
sangre, lustre, ser y honor?
Conde
Siempre creeré lo mejor.
Violante
Pues yo soy tan desdichada
que, de una culpa imputada,
mi muerte tengo presente.
Si así teme una inocente,
¿cómo teme una culpada?
Sabe el cielo que no he dado
a mi desdicha ocasión
con la mas pequeña acción.
Ella se ha facilitado.
Don Vicente, que ha llegado
de secreto, ha presumido...
Pero digo mal: ha oído
que yo le puedo ofender.
¿Quién podrá satisfacer
cara a cara a un ofendido
que contra sí mismo piensa
con razón o sin razón,
pues darle satisfación
es acordarle la ofensa?
Mi confusión es inmensa;
porque aunque mi gran lealtad
verdad es, es la crueldad
del lance tal que en favor
mío dos veces, señor,
es desnuda mi verdad.
Si yo alcanzara o supiera
por dónde me viene el daño,
a buscar el desengaño
por los mismos pasos fuera;
pero viene de manera
oculto y disimulado
que por adonde ha pasado
aún la huella se divisa:
tan ligeramente pisa
el ladrón de mi cuidado.
Conde
Violante, a mí me está bien
creer tus satisfaciones;
pero al riesgo a que te pones
has de creer tú también.
Si no estás culpada, en quien
tu desdicha ocasionó
yo me vengaré; mas no,
si lo estás.
Violante
Lo mismo dice
mi voz. Muera de infelice
y no de culpada yo.
Conde
¿Dónde don Vicente está?
Violante
En mi cuarto le dejé.
Conde
Solo y abierto le hallé,
que dél se ha ausentado ya.
Vamos a él los dos.
Violante
¿Yo allá?
Conde
Sí; ¿qué temes?
Violante
No el castigo;
la violencia.
Conde
Yo me obligo
a pasar esa violencia.
¿Va contigo tu inocencia?
Violante
Sí.
Conde
Pues vente ahora conmigo.
Salen apartados el Rey y don Vicente; el uno muy triste y otro muy alegre, sin verse.
Vicente
(Ya que la noche ha bajado
llena de sombras y horror...)
Rey
(Ya que, enamorado dél,
se va tras el día el sol...)
Vicente
(...atreverme a salir quiero
desta parte adonde estoy.)
Rey
(...del pobre albergue saldré,
que un jardinero me dio.)
Vicente
(¿Habrá hombre más infeliz
en todo el mundo que yo?)
Rey
(¿Habrá más dichoso hombre,
si logro aquesta ocasión?)
Vicente
(Ya Violante habrá a su cuarto
vuelto, viendo que faltó
mi persona dél.)
Rey
(Ya presto
don Guillén –pues me dejó
a este efecto en el jardín–
vendrá a hacer la seña.)
Vicente
(Hoy
mi honor tengo de vengar...)
Rey
(Hoy lograré su favor.)
Vicente
(...que aunque el cuarto está cerrado,
entraré por un balcón.)
Rey
(...que aunque tan desentendida
hoy en su cuarto me habló,
quizá de alguna criada
entonces se recató;
y no dudo que vendrá.)
Vicente
(A morir matando voy.
Mas si una vez entro dentro,
con despecho en el valor...)
Rey
(Y si aquí una vez la veo,
confiado en la traición...)
Vicente
(...la tengo de dar la muerte.)
Rey
(...la he de rendir a mi amor.)
Seña dentro.
Vicente
(La seña en la reja han hecho,
que es la de aquel mirador
que al terrero cae.)
Rey
(Ya hizo
Guillén la seña.)
Vicente
(Mejor
me sucede; pues si ella
a esta seña que llamó
responde, dará en mis manos.)
Rey
(¡Oh quiera el vendado dios
que, respondiendo a la seña,
dé en manos de mi afición!)
Vuelven cada uno por su puerta y salen la Reina y Elvira.
Reina
¿Hicieron la seña?
Elvira
Sí.
Reina
Pues que ya resuelta estoy
a declararme –que espera
el Rey adonde me habló–,
tú, por lo que sucediere,
con toda la prevención
de luz y gente estarás;
y sal, si oyeres mi voz.
Vase Elvira y la Reina se acerca, como a escuras, a la reja.
¿Quién, cielos, creerá en el mundo
de mí que, siendo quien soy,
en aquestos pasos ande?
Mas ¿qué digo? Que es error;
pues cuantas a sus esposos
los quisieran como yo,
procurarán divertirles
de cualquier ajeno amor.
El ser reina en este caso
será pequeña objeción;
que amor es alma y las almas
reinas, no vasallas, son.
Créalo la que lo hiciere
cuando lea mi pasión
por historia celebrada
de las victorias de amor.
Vicente
(Ya a la ventana se acerca
mi enemiga. ¡Qué rigor!)
Rey
(Ya viene hacia la ventana.
¡Qué dicha!)
Seña otra vez.
Reina
Turbada estoy.
Vicente
(¿Quién mayor disgusto tuvo?)
Rey
(¿Quién tuvo gusto mayor?)
Vicente
(¿Qué espero? Voy a matarla.)
Rey
(¿Qué aguardo? A abrazarla voy.)
Vicente
Esta vez, Violante ingrata...
Rey
Esta vez...
Lleguen los dos y, viéndose el uno al otro, se aparten y sacan las espadas; y el Rey se pone delante de la Reina.
Reina
¡Valgame Dios!
Hombres, ¿quién sois? ¡Ay de mí!
Vicente
Quien te dará muerte hoy.
Rey
Yo, quien te dará la vida.
Reina
¿Cómo estáis aquí los dos?
Vicente
Como yo vengo a tomar
de mi honor satisfación.
Rey
Y yo vengo a defenderte.
Vicente
¡No podrás...
Reina
(¡Qué confusión!)
Vicente
...porque es un rayo mi espada!
Rey
¿Hasme conocido?
Vicente
No.
Rey
Huélgome, porque el respeto
no haga lo que hará el dolor.
Vicente
Mi obligación es morir
cumpliendo mi obligación.
Sed testigos, cielos, que
tiro a Violante; al Rey no.
Reina
(¡Muerta estoy! No sé qué hacer.)
Dentro don Guillén y el Conde; y Violante dentro por otra parte; y Elvira saca luces por en medio dellos; y salen todos los demás.
Guillén
[dentro]
¡Ruido en el jardín se oyó!
Elvira
[dentro]
Aunque la Reina no llame,
sacad luces, que hay traición.
Rey
¿Qué miro? ¡Válgame el cielo!
¿Qué veo? ¡Válgame Dios!
Vicente
¿Vos sois con quien yo reñía?
¿Y por quien reñía sois vos?
¿Quién muchas vidas tuviera
que dar en satisfación
deste ciego atrevimiento?
Una tengo; aquesta os doy.
De rodillas y arroja la espada.
Rey
¿Cómo? ¿Vuestra Alteza es quien
aquí estaba?
Reina
Sí; yo soy
la que, partiendo su suerte
entre la luna y el sol,
de vos adorada vive
y aborrecida de vos.
Con el nombre de Violante
os hablé por el balcón.
De mí estáis enamorado
de noche, si de día no.
Pues una mentira, Rey,
tanta pasión os debió,
¿por qué una verdad no puede
deber la misma pasión?
Mirad que será defecto
de una real condición
el que pueda la mentira
más que la verdad con vos.
Violante me imaginasteis.
Aunque veis que no lo soy,
amad, señor, por acierto
lo que amasteis por error.
En publicar este engaño
no se embaraza mi voz,
porque tiene por disculpa
el ser nacido de amor.
Si una imaginación sola
finezas os mereció
–y esa misma a don Vicente
tantos pesares costó–,
haga caso aquesta vez,
con que me hallaréis, señor,
olvidada de mi estrella,
asunto digno de vos;
y él en su esposa hallará
desengaño de su honor.
Para que conozca el mundo
en la historia de los dos
que el gusto y disgusto son
no más que imaginación.
Rey
Aparte
(Aunque pudiera ofenderme
deste padecido error,
con la que hablé se halla ya
en pena de mi pasión;
y además desto, pendiente
de Violante está el honor
de don Vicente y el Conde.
Justo es dar satisfación;
pues acudamos a todo,
que yo valgo más que yo.)
Alzad, señora, del suelo;
que sólo corrido estoy
de que por otra os amé,
mereciéndolo por vos.
Del engaño que me hicisteis,
mi abrazo os dará el perdón;
y a vos también, don Vicente,
del desacierto os le doy;
que si lo que imaginasteis
a este lance os obligó
y lo que yo imaginé
también me empeñó a esta acción,
vuestro gusto y mi disgusto,
puesto que tan unos son,
es bien que se den las manos,
publicando en alta voz
que el gusto y disgusto son
no más que imaginación.
Vicente
Dame mil veces las plantas.
Y tú, Violante, mi error
perdona.
Violante
Gracias al cielo,
que te miro sin temor.
Conde
Dicha fue que me quedara
contigo esta noche yo,
porque no se dilatase
ese gusto a mi afición.
Rey
En la corte, don Vicente,
donde con la Reina voy,
me contaréis la jornada.
Reina
Dichosa mil veces yo.
Chocolate
Esta es verdadera historia,
de que saque el pío lector
que se estime lo que es propio;
que lo ajeno no es mejor.
Pues como imagine un hombre
que todas mujeres son
y que no es mejor ninguna
porque cualquiera es peor,
con la suya vivirá
contento, pues lo enseñó
la comedia. Imaginad,
si os dio disgusto, que os dio
gusto; y con esto dirá
agradecido el autor
que el gusto y disgusto son
no más que imaginación.
FIN

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TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. Gustos y disgustos son no más que imaginación. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbwh.0