Los empeños de un acaso
Comedia Famosa
Personas
- DON FÉLIX
- DON JUAN
- DON DIEGO
- HERNANDO, criado de don Juan
- LISARDO, criado de don Félix
- DON ALONSO, viejo
- LEONOR, su hija
- ELVIRA, hermana de don Diego
- INÉS, criada de Leonor
- JUANA, criada
Jornada Primera
Sale don Félix y don Diego con espadas desnudas.
Félix
O he de matar o morir,
o quién sois he de saber.
Diego
Pues mirad cómo ha de ser,
que yo no lo he de decir.
Félix
Con vuestra muerte o mi muerte,
que es el último remedio
de mis celos; que otro medio
no permiten.
Diego
Desta suerte
he de intentar defendello.
Félix
(No he visto valor igual).
Diego
(¡Qué gran brío!).
Alonso
Dentro
¡Grave mal,
cuchilladas! ¿Qué es aquello?
Dadme una espada y broquel,
y sacad luces.
Leonor
Dentro
Señor,
advierte...
Alonso
Dentro
Suelta, Leonor.
Leonor
Dentro
No has de salir.
Diego
(Más cruel
es ya el lance; que al ruido
luz bajan, y en este estado
es fuerza ser yo el culpado,
siendo yo el aborrecido).
Félix
A todo trance dispuesto,
a trueco de conocer
mis celos, no siento ver
que bajen luces.
Salen don Alonso medio desnudo y Leonor deteniéndole y Inés con luz.
Alonso
¿Qué es esto?
Diego
(Bien ocultarme será,
aunque a mi valor le pese).
Rebózase don Diego.
Alonso
¡Pues cómo en mi casa...!
Diego
Ese
caballero os lo dirá.
Vase.
Félix
Sí haré, en habiéndoos seguido.
Alonso
¡Señor don Félix!
Félix
Yo soy.
Alonso
¿Qué ha sido esto?
Inés
Muerta estoy.
Leonor
¿Qué puede haber sucedido?
Félix
Yo os lo diré, después que
siga a aquel hombre.
Alonso
Eso no;
que habiendo salido yo
a poner paz, pues se fue
el hombre con quien reñís,
no es justo que le sigáis,
si ya obligado no estáis
a hacerlo; que, si decís
que os importa darle muerte,
el primero seré yo
que le siga.
Félix
Por que no
discurráis de aquesa suerte
contra mi reputación,
de seguirle dejaré
y la ocasión os diré.
Envaina.
Leonor
¿Cuál pudo ser la ocasión?
Félix
Estando agora jugando,
una duda se ofreció
sobre una suerte que yo
ganaba; solicitando
defenderla como mía,
se atravesó un caballero
que, apasionado, el primero
juzgó que yo la perdía.
Yo que declarada vi
la suerte con tal rigor
contra mí, en otro favor,
no sé qué le respondí,
que le obligó a que sacara
la espada. Como nos vieron
empuñados, acudieron
todos a que no pasara
a mayor estremo el lance.
Colérico me salí
de la casa; él hasta aquí
vino siguiendo mi alcance,
de otros dos acompañado
que le seguían. Yo, pues,
viéndome embestir de tres,
de aqueste umbral amparado
me intentaba defender.
Al ruido salisteis vos;
retiráronse los dos
antes de dejarse ver,
y él también se retiró
en viéndoos. Aquesta ha sido
la ocasión: perdón os pido
del alboroto, pues yo
siento más el ver que vos
os hayáis sobresaltado,
que no el disgusto pasado.
Con esto quedad con Dios.
Quiere irse, y detiénele don Alonso.
Alonso
Esperad.
Leonor
(Albricias, ¡cielos!,
una y mil veces os pido
de que por juego haya sido
la ocasión, y no por celos).
Félix
Pues ¿qué es lo que me mandáis?
Alonso
Lo que yo os suplico es
que, puesto que os buscan tres,
solo de aquí no salgáis;
que habiendo mi casa sido
de vuestro riesgo sagrado,
y habiendo al lance llegado,
muy necio y inadvertido
fuera, si solo os dejara
ir. Yo tengo de ir con vos.
Félix
Más lo fuera yo, por Dios,
si eso a permitir llegara,
dejando a esta mi señora
con tal cuidado.
Leonor
El que yo
tendré será de que no
haga mi padre...
Félix
(¡Ah, traidora!).
Leonor
...siempre lo mejor, y así,
que os acompañe le ruego
hasta vuestra casa.
Félix
Luego,
¿qué se dijera de mí
sino que yo, de temor,
de aquí a salir no había osado,
sino tan acompañado?
Y así os suplico, señor,
me hagáis merced de quedaros;
que conmigo no habéis de ir,
ni yo lo he de permitir.
Alonso
Es en vano el escusaros;
Y así, Félix, aunque estoy,
por estar ya recogido,
como veis, medio vestido,
os ruego que mientras voy
a tomar un ferreruelo,
de aquí no salgáis. Leonor,
tenle tú.
Leonor
Sí haré, señor.
Vase don Alonso.
Félix
Suelta; si no, ¡vive el cielo!,
si me detienes así,
que diga la causa...
Leonor
Espera.
Félix
...del disgusto; pues me fuera
por ir huyendo de ti,
cuando no porque imagine
que para reñir conmigo
tu galán y mi enemigo
esperarme determine.
Leonor
¿Qué galán? ¡Bueno es venir
tú del juego ocasionado
y querer que yo el enfado
te pague!
Félix
Por no decir
la ocasión que me obligó
a sacar la espada aquí,
a tu padre eso fingí;
que no, ingrata, porque no
tenga razón de quejarme.
Y bien de mi voz pudieras
tu culpa inferir, si vieras
que con los dos declararme
quise a un tiempo; pues la suerte
que yo fingí que ganaba
era la que amor me daba
de hablarte en tu casa y verte.
El caballero embozado,
que esperando en tu portal
estaba ventura igual,
es aquel que apasionado
juzgó que yo la perdía;
y juzgó bien, pues es cierto
que, si tu mudanza advierto,
de otro es la suerte, y no mía.
Por conocerle, en efeto,
saqué la espada –¡ay de mí!–,
llegó tu padre y así,
con equívoco concepto
habló a los dos mi dolor
–torpe confundiendo y ciego–
empeños de amor y juego;
que también es juego amor,
pues siempre anda con recelos:
estaba de sus rigores
de ganancia en los favores
y de pérdida en los celos.
Leonor
Don Félix, señor, mi bien,
fálteme el cielo, si di
ocasión para que a ti
pesar ninguno te den
sombras que en el aire haría
tu misma imaginación.
Félix
No son sombras las que son
traición tuya y muerte mía.
Leonor
¡Plegue al cielo, que si sé
quién pudo ser quien así...!
Sale don Alonso.
Alonso
Vamos, don Félix, de aquí.
Félix
Bien a mi pesar iré
acompañado de vos.
Alonso
Inés, cierra tú esta puerta,
y hasta que yo vuelva, abierta
no esté.
Félix
Perdonad, por Dios,
señora, el justo cuidado
con que es fuerza que quedéis;
que vos la culpa tenéis,
pues ir no me habéis dejado.
Leonor
Si así obedecer prevengo
a mi padre, vos veréis,
aunque la culpa me deis
que es culpa que yo no tengo.
Alonso
Venid, que dejaros quiero
en vuestra casa; y después,
sabiendo el hombre quién es,
hacer las paces espero.
Vase.
Leonor
Fáciles de hacer serán,
puesto que agravio no ha habido.
Félix
No mucho, pues ofendido
estoy yo, viendo que están
tres enemigos –¡ay, cielos!–
declarados.
Leonor
¿Cuáles son?
Félix
¿Eso dudas? Tu traición
y su ventura y mis celos.
Vase.
Leonor
¿Sabes, Inés, quién sería
quien en mi casa embozado,
para darme este cuidado
a estas horas estaría?
Inés
No sé; mas aquel don Diego
que tu belleza enamora,
sólo pudo ser, señora.
Leonor
Él sería. Cierra luego
esa puerta, y a pensar
ven conmigo en mis desvelos
cómo podré de sus celos
a Félix desenojar.
Inés
Eso yo te lo diré:
no dándole a su pasión
ninguna satisfación.
Leonor
¿Eso dices?
Inés
Sí, porque
en la inconstante fortuna
de los celos y el amor
la satisfación mayor
suele ser no dar ninguna.
Leonor
Es engaño; pues también
es cierta especie de culpa
no acertar con la disculpa.
Vase.
Inés
Si supiera que fui quien
a don Diego le avisó
que a aquestas horas viniera
a darme un papel, ¿qué hiciera?
Mas bastante razón yo
me tengo para quedar
del suceso disculpada
con decir que fui criada
y sirvo para medrar.
Vase.
Salen Elvira y Juana, tapadas, y don Juan y Hernando.
Elvira
Ya sabéis que la licencia
de seguirme, caballero,
no dura más que hasta aquí,
y así que os volváis os ruego.
Juan
Ya sé que todos los días
que en ese parque os encuentro,
dando en su florida estancia
al mayo flores, al cielo
rayos, cristales al río,
luz al sol, envidia al viento,
me dais licencia de hablaros
y de veniros siguiendo
hasta aquesta calle, donde
me despedís, con recelo
de que no os siga ni sepa
quién sois, cuya ley atento
me tuvo tanto, que hice
de ella fineza, creyendo
que alguna vez del descuido
naciera el merecimiento.
Vos, por más que yo procure
serviros y obedeceros,
nunca os dais por entendida
de mi cortés rendimiento.
Y así –viendo que ya el mayo,
tiranamente depuesto
del imperio de las flores,
le deja a junio el imperio,
temeroso de ver que entre
abrasando y destruyendo
en las fértiles campañas
los verdes triunfos del tiempo–,
no quiero esperar a que
deste hermoso sitio ameno
la estación cese y, faltando
el feliz siglo de acero
–mejor que el de oro–, me quede
llorando yo en el del yerro
el no haberos conocido.
Discúlpeme un argumento,
por ver si con la razón
vuestro recato convenzo.
Vos me mandáis que no os siga;
y yo, que seré, os confieso,
un descortés en seguiros,
un necio en obedeceros.
De necio u de descortés
estoy peligrando al riesgo;
¡ved vos la distancia que hay
de un defeto a otro defeto!
Pues de descortés podré
enmendarme con no serlo,
y de necio no, pues tarde
puede el necio no ser necio.
Vos habéis de descubriros
u decir quién sois, u tengo
de seguiros donde pueda
mi curiosidad saberlo;
porque haberos dado el alma
por fe del entendimiento
e ignorar a quién la he dado,
o es pereza del deseo,
o es desaliño del gusto,
o es tibieza del afecto,
y nada os está mejor
que en mí no haber nada desto.
Elvira
Señor don Juan, quien buscó
esta ocasión para veros
y para hablaros, dijera
quién es, a poder hacerlo.
Ni vos lo podéis saber,
ni yo decíroslo puedo;
que hay muchos inconvenientes...
Y de uno sólo os advierto;
conque, si queréis que os diga
mi nombre, yo os obedezco.
Juan
Ninguno será mejor
que ignorarle. Decid presto
el inconveniente.
Elvira
Al punto
que yo le diga, está cierto
que otra vez en vuestra vida
volver a hablaros no tengo.
Juan
¡Terrible es la condición!
Y sin pensarla primero,
no me atrevo a resolverla.
Elvira
Pues...
Juan
¿Qué?
Elvira
...pensalda, y sea presto.
Háblanse los dos bajo.
Hernando
Mientras que piensa mi amo
y mientras yo también pienso
este bayo que no ensillo,
tapada menor, te ruego
hagas por mí una fineza.
Juana
Como no sea su intento
el saber quién soy, señor
Hernando, yo se lo ofrezco,
porque le quiero así, así.
Hernando
Y yo así, así lo agradezco.
Mas ¿por qué no has de decirlo?
Juana
Porque he hecho juramento
de callarlo.
Hernando
Por lo mismo
pensaba yo que el saberlo
fuera más fácil.
Juana
¿Por qué?
Hernando
Porque no hay gusto en el suelo
como quebrantar tres cosas.
Juana
¿Cuáles son?
Hernando
Un juramento,
un destierro y un ayuno.
Mas no presumas que es eso
lo que te quiero pedir,
pues antes es mi deseo
que me hagas tanta merced
que me lo tengas secreto;
que estoy, si verdad te trato,
temblando que he de saberlo.
Juana
¿Y de qué nace el temor
que tanto le aflige?
Hernando
Desto:
desde el día en que empecé
a navegar el estrecho
golfo de amor, sin salir
de Abido para ir a Sexto,
supe quién era mi moza,
su cara, su entendimiento,
su calidad y su estado,
y todas cuantas encuentro
son Marías, Juanas, Luisas;
y, poquito más a menos,
todas al malcocinado
tienen sus alojamientos.
Quisiera una dama yo,
extravagante sujeto,
capaz de novela, porque
es mi amor tan novelero,
que me le escribió Cervantes;
y así te pido y te ruego
que sin saber yo quién eres,
me adores los pensamientos;
dame a entender que te llamas
Pantasilea y, creyendo
ser infanta destraída,
viviré ufano y contento
de pensar que andas por mí
puesta en trabajo; y con esto
–porque, en efeto, es beber–
beberé por ti los vientos.
Juana
Pues por mucho que imagine,
aún soy más.
Hernando
Así lo creo.
Elvira
A don Juan
¿Y en eso os resolvéis?
Juan
Sí,
que, si tengo de perderos,
no siguiéndoos de cobarde,
y de atrevido siguiéndoos,
mejor es que de atrevido
os pierda; que, en igual riesgo,
es civil la cobardía,
y noble el atrevimiento.
Elvira
Mirad que aventuráis mucho.
Juan
Más aventuro, si os pierdo.
Elvira
Eso es perderme yo y todo;
he de hacer otro argumento.
O es verdad que para hablaros
busqué este disfraz que tengo,
o no. Si es verdad, seguro
podéis estar de mi afecto.
Si no es, ¿qué os importará
el saber quién soy, supuesto
que el saber quién soy no es
circunstancia de quereros?
Y así, señor, fiad de mí
que os buscaré en otro puesto,
y no me sigáis por hoy.
Juan
Aunque adoro vuestro ingenio,
aún no me doy por vencido
de la réplica.
Elvira
En efeto,
¿me habéis de seguir?
Juan
Sí.
Elvira
Pues
advertid...
Sale don Diego.
Diego
Don Juan.
Elvira
(¡Ay, cielos!
Ya es mi desdicha mayor).
Juan
¿Qué mandáis?
Diego
Buscándoos vengo,
sabiendo que al parque fuistes.
Juana
Muy malo, señora, es esto.
Elvira
¿Si mi hermano nos habrá
conocido?
Juana
Harto lo temo.
Juan
A don Diego
Pues ¿qué mandáis?
Diego
Un cuidado
que en toda el alma padezco,
me importa comunicar
con vos.
Elvira
(¡Ay, triste!)
Diego
Así os ruego
que, en dejando aquesa dama
en su casa, ...
Elvira
(¡Estraño aprieto!).
Diego
...conmigo os vengáis; que yo
a lo largo os voy siguiendo.
Juana
A su ama
¡No es nada! ¡Seguirnos quiere
nuestro hermano por lo menos!
Elvira
No permitáis que nos siga,
por Dios, ese caballero,
señor don Juan; que quien tuvo
de vos solo igual recelo
¿qué hará de todos?
Juan
A don Diego
No haré,
aunque habéis llegado a tiempo,
que estaba bien divertido;
de esa manera viniendo,
¿cómo puedo dilatar
ir con vos?
Diego
Yo os lo agradezco.
Perdonad, señora, y dalde
licencia.
Juan
Ya yo la tengo
desta manera: antes ella
agradecerá el encuentro
por que no la siga yo.
Elvira
Es verdad; mas no por eso
de mí estéis desconfiado,
pues ya nueva causa tengo
de buscaros, por saber
qué os quiere ese caballero.
Juan
Pues ¿qué os importa a vos?
Elvira
Sólo
el cuidado con que quedo
de presumir que es disgusto.
Juan
Estimad a ese recelo
que no os siga.
Elvira
Sí lo estimo;
mas también, don Juan, lo siento.
Ven, Juana.
Echan a andar.
Juana
No hay que temer
que nos conoció, supuesto
que nos deja ir tan seguras.
Elvira
¿Quién creyera que a un empeño
igual mi hermano me hiciera
espaldas? Pues por él quedo
libre ya de que don Juan
no me siga. Vamos presto.
Juana
A más ver, señor Hernando.
Vanse.
Hernando
Vuestra Alteza, inculto dueño
de mis sentidos, en mí
tiene un esclavo.
Juan
Ya quedo,
don Diego, desocupado.
¿Qué mandáis?
Diego
Estadme atento.
Ya sabéis –como quien es
mi amigo tan verdadero
y a quien he franqueado todos
los archivos de mi pecho–
que adoro a doña Leonor
de Mendoza, padeciendo
las iras de sus desdenes,
las sañas de sus desprecios.
Consolado en sus rigores
–porque no es amor perfeto
el que no se juzga bien
hallado en sus sentimientos–,
la idolatraba, pensando
que en tan soberano empleo
nadie había que ganase
las venturas que yo pierdo.
Mas ¡ay de mí! ¡Cuán burlado
vivía mi pensamiento,
que otro es más feliz que yo!
¿Cómo mis celos refiero
–¡ay de mí!– sin que me ahogue
la ponzoña de mis celos?
Cómo lo supe escuchad;
veréis la razón que tengo
de sentirlos, cuando no
bastara la de saberlos.
Una criada que sirve
a aquese tirano dueño
de mi vida, sobornada
de la dádiva o del ruego,
me ofreció dar un papel
diciendo que su aposento
tiene una reja que cae
al portal; que en el silencio
de la noche le llevase,
que en ella, una seña haciendo,
saldría a tomarle. Yo
fui a llevarla el papel; pero
aunque hice la seña, ella
no me respondió tan presto.
Presumiendo que estaría
con sus amos, hice tiempo
dentro del mismo portal,
de su obscuridad cubierto;
cuando con la escasa luz
de la calle, un hombre veo
entrar. Yo, más recatado,
de la puerta me defiendo;
pero no tanto que él
no me sintiese, y diciendo
«No puede estar aquí nadie
que matarlo o conocerlo
ya no me importe», la espada
sacó; yo entonces, resuelto
a que había de encubrirme,
la mía saqué. Con esto,
al ruido se alborotó
toda la casa allá dentro;
salió su padre, y Leonor,
a su padre deteniendo,
salió con luz y criados.
Yo entonces, reconociendo
que era dar nueva materia
a sus aborrecimientos
el ser conocido, tomo
la puerta y la espalda vuelvo.
Bien claro está que sería
de atención, y no de miedo.
Lo que sucedió no sé
con el otro caballero,
que, detenido de todos,
así se quedó con ellos.
Deste suceso pendiente,
hasta saber el suceso
estoy; y de cuantos modos
previno mi entendimiento,
he elegido el de escribir
a la criada, diciendo
me avise de cuanto ha habido
en su casa; y para esto
hallo mil dificultades
en el llevarla yo mesmo
el papel, ni criado mío;
y así se me ofrece un medio:
dad licencia a Hernando que él
le lleve, pues él es cierto
que, no siendo conocido,
podrá dársele sin riesgo
y traerme la respuesta.
Veré si con ella venzo
este tropel de desdichas,
este raudal de recelos,
este piélago de penas,
abismo de sentimientos
y, para decirlo todo,
esta avenida de celos;
que donde ellos son los más,
todo lo demás es menos.
Juan
Huélgome que nos hallaseis
en ocasión que podemos
serviros en algo yo
y Hernando.
Hernando
Yo no me huelgo.
Diego
Toma, Hernando, por tu vida;
Dale un papel.
que yo un vestido te ofrezco,
si traes respuesta.
Hernando
¡Vestido!
Diego
Sí,
Hernando
Pues tomo, voy y vengo.
¿Cómo ha nombre la criada?
Diego
Inés.
Hernando
¿De qué?
Diego
No sé, cierto.
Hernando
Pues ¿cómo he de preguntar?
Juan
¿Ahora reparas en eso?
Hernando
Sí, porque al que no repara
le dan siempre.
Juan
Corre presto,
y busca alguna invención
con que puedas entrar dentro.
Hernando
Ahora bien, ello ha de ser.
A los dos cita mi ingenio
que veáis en la respuesta
mi industria y mi atrevimiento.
¿Dónde me esperáis los dos?
Diego
Pues de mi casa nos vemos
tan cerca, en ella esperamos.
Hernando
Pues a ella al instante vuelvo.
Vase.
Diego
Venid, don Juan, que también
que vos me contéis deseo
qué dama era esta tapada.
Juan
Oiréis un raro suceso,
que os admirará.
Vanse los dos.
Sale Hernando.
Hernando
¡Ay, vestido,
en qué confusión me has puesto!
Mas ¿de qué es la confusión?
¿Será éste el papel primero
que haya dado yo delante
de una suegra de otro tiempo?
Salen don Félix y Lisardo.
Lisardo
¿Dónde vas?
Félix
No sé, Lisardo;
que, aunque venía diciendo
que no he de ver en mi vida
a Leonor, al punto mesmo
que lo pronuncian los labios,
lo desmienten los afectos.
Hernando
(¡Válgame Dios! ¿Si el vestido
será de color, o negro?).
Félix
¿Qué es esto, cielos? ¿Hay dos
corazones en mi pecho?
¿Hay en mí dos albedríos,
dos almas? No. Pues ¿qué es esto
de proponer yo una cosa
y, contra mi mismo acuerdo,
hacer otra cosa yo?
Mas ¡ay! ¡Qué loco, qué necio
ignoro que soy quien puede
menos yo conmigo mesmo!
Hernando
(Esta es de Leonor la casa.
Aquí me santiguo y entro
con pie derecho; Dios quiera
no salga con el izquierdo).
Llama.
Félix
¿No llama un criado en casa
de Leonor?
Lisardo
Sí.
Félix
Nada veo
que mis celos no presuman
ser la sombra de mis celos.
De aqueste umbral amparados,
por quién pregunta escuchemos.
Sale Inés.
Inés
¿Quién es?
Hernando
¿Es uced, mi reina,
una Inés a quien yo vengo
buscando?
Inés
Una Inés soy yo;
la que busca, no sé cierto.
Hernando
Yo sí, y para que me tenga
tal Inés por su cordero,
en sus brazos me reclino.
Inés
¡Qué necísimo! Con esto,
vamos al caso; ¿qué manda
vuesa merced después de eso?
Hernando
Yo no mando, sino sirvo.
Este papel...
Félix
¿Qué es aquello?
Lisardo
Un papel la da.
Hernando
...la traigo.
Inés
¿Cúyo es?
Llega don Félix y quítale el papel.
Félix
Yo le veré presto.
Inés
(¡Ay de mí!).
Hernando
¿Por qué me quita
ucé el papel?
Félix
Porque quiero.
Hernando
Es fortísima razón;
yo me doy por satisfecho.
Félix
Esperad; no os vais. Ni tú
te entres, Inés, allá dentro,
hasta que yo haya leído.
Abre el papel.
Inés
(Como una azogada tiemblo).
Hernando
(¡Oh, quién hoy fuera valiente!
Mas quizá importa no serlo).
Félix
Lee
«Yo no pude escusar el lance de anoche, porque
estando esperando para hablarte, como me dijiste,
entró aquel caballero y, sacando la espada,
fue forzoso que yo me defendiera. Avísame en qué
ha parado el lance, que estoy temeroso de tu
riesgo y, hasta asegurarme de él, no quiero hablar
en mis sentimientos. Dios os guarde».
A Leonor viene el papel.
Hernando
Cierto, que yo pensé, viéndoos
abrirle así, que venía
para vos.
Inés
(¿Qué será aquesto?).
¿A quién, hidalgo, servís?
Hernando
A don Juan de Silva. Pero,
si aquí he venido...
Félix
No más...
Hernando
...ha sido...
Félix
...oíros no quiero,
puesto que vuestras disculpas
no os han de ser de provecho.
Decilde a don Juan de Silva
que don Félix de Toledo
le dice que, si atraviesa
esta calle en ningún tiempo,
le matará a cuchilladas.
Y en fe de que sabré hacerlo,
tomad, llevalde en señal
aquestas dos...
Dale con la daga.
Hernando
¡Yo soy muerto!
Félix
...y que esto sustentaré
solo en el campo.
Lisardo
¡Qué has hecho!
Félix
¿Qué sé yo?
Hernando
Yo lo sé bien;
dado me ha de corte y recio.
¿No habrá por aquí una silla
del Refugio, que a un barbero
me lleve?; le daré dada
toda esta sangre que vierto,
sólo por que me la tome.
Vase.
Lisardo
Ir tras aquel hombre quiero
a saber si es de peligro
la herida.
Vase.
Félix
Inés.
Inés
El acero
ten, señor; que no sé nada.
Félix
Espera.
Inés
¡Ay de mí!
Sale Leonor.
Leonor
¿Qué es esto?
¡De día y de noche hay
dentro de mi casa estruendos!
Félix
Sí, pues de día y de noche
das tú ocasión para haberlos.
Leonor
¿Yo, ocasión?
Félix
Este papel,
que ahora para ti trujeron
a Inés, lo dirá.
Leonor
¡Papel
para mí! ¿Inés, cúyo?
Inés
El cielo
me falte, el diablo me lleve
si sé cúyo es ni a qué efeto,
ni conozco a quien le trujo.
Vase.
Félix
Aun bien que lo dice el mesmo
galán que para hablarte
estaba anoche encubierto;
de ti llamado, te escribe
muy cuidadoso diciendo
le avises en qué paró
el lance, y añade luego
que, en viéndote asegurada,
hablará en sus sentimientos.
Leonor
Don Félix, ...
Félix
Aquí no hay
don Félix.
Leonor
...¡plegue a los cielos...!
Félix
Nada creo que me digas;
sólo lo que miro creo.
Toma el papel y responde;
que es bien que ese caballero
salga del susto en que está.
Leonor
¡Mi bien, mi señor, mi dueño!, ...
Félix
¡Mi mal, mi muerte, mi rabia!
Leonor
...nada que dices entiendo.
Félix
Pues bien claro te lo digo,
y a referírtelo vuelvo:
Don Juan de Silva, tu amante,
está del pasado encuentro
con muchísimo cuidado.
Leonor
Agora te entiendo menos.
¿Qué don Juan de Silva es éste
que no le conozco?
Félix
¡Bueno!
Quien todo lo niega, todo
lo confiesa. ¡Que aun el medio
de engañar, con ser tan fácil,
le haya faltado al ingenio!
¿No fuera mejor, decir:
«Félix, ese caballero
me sirve; yo no le admito.
Si anoche estaba encubierto,
si ahora escribe, diligencias
son de amor, que yo no aceto»?
Disculpándote a la luz
de la verdad, fuera menos
mi dolor, imaginando
que en parte podrá ser cierto;
pero negar el principio,
es huir el argumento.
Leonor
Si es el principio mentira,
¿no he de negarle? Los cielos
me falten, si tal don Juan
conozco; a decir don Diego
de Lara, yo confesara
que es verdad que mira atento
mis balcones y...
Félix
¡Buen modo
de disculpar unos celos,
dar con otros!
Leonor
¿Tú no dices
que la verdad es el medio
mejor de satisfacer?
Félix
Sí, mas lo contrario siento;
porque, en efeto, no hay cosa
que esté bien a un sentimiento:
si lo sabe, por dudarle,
si lo duda, por saberlo.
Y así dudar ni saber
quiero ya; que sólo quiero
huir de ti.
Leonor
Detente.
Félix
Suelta,
que, si te disculpas, temo
que a cada nueva disculpa,
ha de haber un galán nuevo.
Leonor
Mira...
Félix
Harto miro, pues miro,
ingrata, tus fingimientos,
tus mentiras, tus engaños,
tus falsedades y enredos.
Leonor
Pues tú verás mis finezas.
Félix
Ya vendrán tarde y sin tiempo.
Leonor
¡Oh, mal haya mi desdicha,
que en esta opinión me ha puesto!
Félix
¡Oh, mal haya mi fortuna,
pues por ella a Leonor pierdo!
Vanse.
Salen Elvira, con otro vestido, y Juana.
Elvira
Grande dicha ha sido, Juana,
poder mudar el vestido,
y pues mi hermano ha salido
de casa tan de mañana
y en mi aposento no ha entrado,
pensando que yo durmiera,
nadie le diga que fuera
aquesta mañana he estado;
que, aunque aquesto importaría
poco, pues sabe que voy
a andar, negárselo hoy
es tener más otro día
de escusa para salir
a hablar con don Juan.
Juana
Señora,
solas estamos agora;
hazme gusto de decir
qué ha sido este fingimiento.
Elvira
Yo, Juana, te lo diré;
que haberlo callado fue
pensar que tu entendimiento
lo hubiera ya conocido.
Juana
No he sido tan necia yo
que el fin no alcance, mas no
los medios por que ha venido;
porque buscarle tapada
y encubierta deste modo,
aunque me lo dice todo,
me deja sin saber nada.
Elvira
Ya sabes que es el amigo
mayor que mi hermano tiene
don Juan. Como a verle viene
los más días, y testigo
de su gala y discreción
fue siempre mi soledad,
lo que antes ociosidad
fue después inclinación,
a quien luego pasar veo,
habiéndose declarado,
de inclinación a cuidado,
y de cuidado a deseo.
Por una parte me vía
a ser quien soy obligada;
por otra, a un dolor postrada
que en la privación crecía;
y entre uno y otro tirano
rigor, ninguno a temer
llegué tanto como el ser
tan amigo de mi hermano.
Y así, por cumplir conmigo,
con mi misma estimación,
con mi ciega inclinación
y con las leyes de amigo,
busqué...
Sale don Diego y don Juan.
Diego
Bien podéis entrar,
don Juan, pues que para vos,
siendo quien somos los dos,
no hay en mi casa lugar
reservado.
Juan
Ya yo sé
la confianza que os debe
mi amistad; mas no se atreve
a usar della mal mi fe.
Y así a entrar no me atrevía,
viendo que aquí estaba agora
doña Elvira, mi señora.
Diego
Ella es tan hermana mía,
que esta licencia os dará
porque gusto della yo.
Elvira
Por don Juan lo haré, que no
por ti.
Diego
¿Por qué?
Elvira
Porque está
quejosa hoy mi voluntad
de ti.
Diego
¿De mí, por qué, hermana?
Elvira
Porque en toda esta mañana
no me has visto.
Diego
Así es verdad.
Mas salir de casa hoy fue,
sin entrar a tu aposento,
por ir tras un sentimiento.
Vase Juana.
Elvira
¿Sentimiento?
Diego
Sí.
Elvira
¿De qué?
Diego
Cosas de tu amiga son.
Elvira
¿Que castigar no has sabido
un desdén con un olvido?
Juan
Harto culpo su pasión
yo; pues de un rigor tirano
seguí el baldío interés
tan a costa suya.
Elvira
Es
muy finísimo mi hermano.
Diego
Cúlpame tú, Elvira; pero
vos, don Juan, no me culpéis;
que por qué callar tenéis,
si el suceso considero
que me veníais contando,
pues más que amar un desdén
es amar sin ver a quién.
Elvira
¿Sin ver a quién?
Juan
Sí.
Elvira
Dudando
estoy, cómo puede ser.
(Lo que te ha dicho quisiera
apurar desta manera).
Juan
Pues, si lo queréis saber,
estadme atentos los dos,
que es suceso para oírse,
y tal que puede decirse,
aunque estéis delante vos.
La ociosidad cortesana
estas mañanas de mayo
me sacó a ese verde sitio,
me llevó a ese verde espacio
que, república de flores
y laberintos de ramos,
de dosel sirviendo al río
sirve de alfombra al palacio.
Entre las confusas tropas
que errantemente vagando
coros de ninfas tejían
mejor que en elíseos campos,
una tapada beldad
al parque bajó, ostentando
en el descuido lo airoso
aun antes que lo bizarro.
A pesar de la hermosura
de las que ver se dejaron,
ventaja a todas hacía,
venciendo y desempeñando
aquella opinión de que
la hermosura no es el rayo
mayor de amor, pues sin ella
sus heridas tiene el garbo.
Aunque yo quiera pintarla,
será imposible, no tanto
porque el aire no se pinta
con colores ni con rasgos,
cuanto porque en toda ella
no vi otras señas que daros
que un descuido en el vestido
y una atención en el manto;
si bien no dejó tal vez
de romper el negro claustro
del mal trasparente velo
una blanca hermosa mano
que, siendo azucena flor,
maravilla a quien esclavo
se confesó de la nieve
bozal etíope el ampo.
¡Bien hubiese un arroyuelo
que, áspid de cristal pisado,
entre unas humildes hierbas
del rústico pie de un árbol
quiso morder el ribete
de sus adornos, manchando
no sé qué cenefa de oro
con saliva de alabastro!
Pues la obligó por huir
la ponzoña de sus labios
a la brújula de un pie
tan breve y tan bien calzado,
que decía: «Jazmín soy
del botín deste zapato».
Aunque la perdí de vista
una vez, el mismo prado
me la enseñó sólo a mí;
pues cuantos la iban buscando
por lo ajado de la hierba
que pisaba, no la hallaron,
sino yo, que la busqué
por lo florido del campo,
porque era senda más suya
lo florido que lo ajado.
No sé al pasar qué la dije;
y ella con cortés agrado
respondiéndome, me dio
licencia para irla hablando.
¡En mi vida vi mujer
de igual ingenio, mezclando
las licencias del buen gusto
con las leyes del recato!
Hasta Madrid la seguí;
pero al punto que llegamos
a tocar de Leganitos
la calle –que antes fue campo–,
me dijo: «Señor don Juan,
merced me haced de quedaros,
que, como no me sigáis
ni vos ni vuestro criado,
ni queráis saber quién soy,
cada día vendré a hablaros».
Yo, cogido de improviso
con un favor tan estraño,
la condición otorgué,
desvanecido y ufano.
Algunos días volvió;
mas, con el mismo cuidado
que el primero, tuvo siempre
cubierto el rostro del manto.
Yo, pues, viendo que duraba
ya mucho tiempo el engaño,
hoy me resolví a seguirla
a pesar de sus enfados;
mas ella...
Sale Juana.
Juana
Un hombre, señor,
ahí fuera te está esperando,
Diego
Saldré a hablarle. Vos, don Juan,
no prosigáis, hasta tanto
que vuelva; que estoy pendiente
de un suceso tan estraño.
Vanse don Diego y Juana.
Elvira
(A mí atajarlo me importa;
que las señas que va dando
podrá ser que algo descubran).
Don Juan, aunque me ha admirado
el suceso, más me admira
otra cosa que en él hallo.
Juan
¿Qué es, señora?
Elvira
Un caballero
tan noble, tan cortesano,
tan galán, tan entendido,
tan atento y tan bizarro,
¿tan públicamente cuenta
los favores que ha alcanzado
de una dama, sea quien fuere?
Juan
¿En qué la ofendo, si callo
su nombre?
Elvira
No le sabéis,
según infiero del caso:
por eso no lo decís;
que el que favor ha contado,
contara, a saberlo, el nombre.
Y así, quiero aconsejaros
calléis, si queréis saberle;
por que quien os ha buscado
no sepa que os alabáis,
y viendo que sois tan vano
que blasonáis de que os buscan,
deje, don Juan, de buscaros;
que quien no calla lo menos,
dirá lo demás; y es claro
que los favores de quien
os busca con tal recato,
merece no merecerlos
el que no sabe callarlos.
Vase.
Juan
Esa reprensión estimo,
y ofrezco...
Diego
Volved al caso,
don Juan; que ya despedí
a quien me buscó.
Juan
Acabado
está ya, porque no tengo
otra cosa que contaros,
más de que no sé quién es.
Diego
¿Y Elvira?
Juan
Habiendo faltado
vos de aquí, se fue.
Diego
Es notable
su encogimiento.
Una Voz
Dentro
A este cuarto
entrad.
Diego
¿Quién vendrá a estas horas
en una silla de manos?
Sale Hernando, entrapajada la cabeza.
Hernando
Yo soy, ¡ay de mí!, que vengo
ensillado y enfrenado
a pediros que el vestido
sea mortaja.
Diego
¿Qué hay, Hernando?
Hernando
¿Qué ha de haber? Gran mal.
Juan
No hagáis
de aquestas locuras caso,
que él habrá buscado esta
industria para haber dado
el papel.
Hernando
¡Industria fue
que se me pegó a los cascos!
Diego
¡Ea! Di presto, ¿qué ha habido?
Juan
Hernando, no estés burlando.
Hernando
Es verdad, burlando estoy;
pero con burlas de manos
muy pesadas.
Diego
¿Tanto esperas
para contar qué ha pasado?
Hernando
No espero tanto, señor,
que ya yo me tengo el tanto.
Salen, y se ocultan, Elvira y Juana.
Elvira
Desde aquí podremos ver
quién este ruido ha causado.
Juan
No nos rompas las cabezas.
Hernando
A eso dijo un cortesano:
«Con ese recado, al toro».
Diego
¿Qué recado traes?
Hernando
Muy malo;
mas no diré por lo menos
que vengo sin mi recado.
Juan
Di, ¿qué traes?
Hernando
¿Qué he de traer?
Rota la cabeza traigo.
Los Dos
¡Qué dices!
Hernando
Si no queréis
creerlo, aquí están los cascos.
Juan
Pues ¿quién te ha herido?
Hernando
Escuchad
los dos, que no seré largo.
Llegué, llamé, salió Inés;
el papel le daba, cuando
un caballero llegó
y le quitó de las manos;
leyole todo a la letra
y díjome luego: «Hidalgo,
¿a quién servís?». Yo le dije:
«Don Juan de Silva es mi amo».
Pero, queriendo decir
de quién era allí enviado,
oírlo no quiso. Haciendo
un solo compuesto de ambos,
él fue el colérico y yo
el sanguino, pronunciando
muy hosco, muy fiero, muy
iracundo y indignado:
«Decilde a don Juan de Silva,
de quien decís sois criado,
que don Félix de Toledo
le dice que, si da un paso
por esta calle en su vida,
ni aun por todo aqueste barrio,
le matará a cuchilladas,
sustentándolo en el campo
cuando importe cuerpo a cuerpo;
y en fe de que ejecutallo
sabrá, llevalde por muestra
aquésta». Y así os la traigo
para ver cuál de los dos
se quiere vestir del paño.
Juan
Calla, Hernando, no prosigas.
Diego
Calla, no hables más, Hernando.
Hernando
Y aun peor me trató después
otro.
Los Dos
¿Quién?
Hernando
El cirujano.
¡No me falta agora más
que darme los dos con algo!
Juan
Habiendo dicho mi nombre
y que eras mi criado,
¿te han tratado de esa suerte?
Diego
Habiéndote yo enviado
y yendo de parte mía,
¿de esa suerte te han tratado?
Juan
A mí el vengarlo me toca.
Diego
A mí me toca el vengarlo.
Juan
Eso no; mi nombre oyó
don Félix, y el desacato
se hizo a mi nombre.
Diego
Más fuerza
no ha de tener un engaño
que una verdad; pues yo soy
competidor y contrario
suyo, y fue de parte mía,
a mí me toca el buscarlo.
Juan
No haréis tal, porque yo estoy,
pues conmigo habló, empeñado,
y me he de satisfacer.
Diego
Yo soy quien le hace el agravio,
y yo le he de sustentar,
pues soy quien a Leonor amo.
Hernando
Aunque yo no os puedo dar
por ahora consejo sano,
os daré un consejo herido.
¿Hay más de buscarle entrambos,
y darle entrambos a uno?
Juan
Eso no; que estilo bajo
fuera; y más habiendo dicho
que lo hará bueno en el campo.
¿Sabes dónde vive?
Hernando
No;
donde mata sé.
Juan
Buscando
su casa iré.
Diego
No me hagáis
el desaire de empeñaros
vos por mí.
Juan
No le busquéis
vos, pues soy yo el agraviado.
Diego
Por un acaso eso fue.
Juan
Es verdad; pero no es claro...
Diego
¿Qué?
Juan
...que a hombres como yo obligan
los empeños de un acaso.
Diego
Yo le buscaré primero,
si tanta ventura alcanzo
que sepa su casa antes.
Hernando
¡Alcahuetes desdichados,
escarmentad, pues me veis
desnudo y descalabrado!
Vanse los tres.
Elvira
¿Haslo oído todo?
Juana
Sí.
Elvira
Pues dame volando el manto.
Juana
Pues ¿qué intentas?
Elvira
Ver intento
si entre mi amante y mi hermano
puedo, Juana, restaurar
los empeños de un acaso.
Jornada Segunda
Salen doña Elvira y Juana, criada, con mantos.
Juana
¡Gran resolución, señora,
es la que tomas!
Elvira
La pena
pocas veces deja, Juana,
discurrir con más prudencia.
Juana
Pues ¿qué es lo que remediar
con ese disfraz intentas?
Elvira
Una desdicha a mi hermano,
o a don Juan; pues de cualquiera
de los dos me toca tanta
parte en su riesgo o su ausencia.
Juana
¿Y de qué suerte imaginas
que has de remediarlo?
Elvira
Llega,
llama a esa puerta, y sabraslo.
Juana
Pues ¿quién vive en esa puerta?
Elvira
Don Félix.
Juana
¿De qué lo sabes?
Elvira
De que un día Leonor bella
y yo en un coche pasamos
por aquí, y de sus tristezas
dándome parte, me dijo
que parásemos en ella,
de adonde salió don Félix
a hablarla al estribo.
Juana
¿Y esa
es acción digna de ti,
venirte desta manera
en casa de un hombre mozo?
Elvira
Hasta que el efeto sepas,
no culpes la acción.
Juana
No sé
cuál puede ser que no sea
culpable.
Elvira
La de escusar
que una desdicha suceda;
que, habiendo escuchado yo
de mi hermano la contienda
y de don Juan sobre cuál
le ha de dar muerte, ¿no es fuerza
que por don Juan o mi hermano
embarazarlo pretenda,
ya que el no saber su casa
ellos da lugar que pueda
haber yo, antes que ellos lleguen,
prevenido la violencia?
Juana
Sí; más no sé de qué suerte
hoy embarazarlo piensas.
Elvira
Avisándole de que
se guarde.
Juana
Esa diligencia
más es en favor, señora,
de don Félix, si le llegas
a avisar, que de tu hermano
ni don Juan.
Elvira
No es como piensas:
que pendencia prevenida,
nunca llega a ser pendencia
tan ejecutiva como
la no prevenida; fuera
de que el modo del aviso
saneará esa contingencia.
Juana
¿De qué suerte?
Elvira
Cuando a él
se lo diga, lo oirás. Llega,
y llama.
Juana
Escusado ha sido,
porque la puerta está abierta.
Entran por una puerta, y salen por otra, don Félix y Lisardo.
Félix
No hay consuelo para mí.
Lisardo
¿Tanto te aflige una pena?
Félix
¿Cuándo la pena de celos
aflige con menos fuerza?
En fin; yo perdí a Leonor,
pues después de haber...
Lisardo
Espera,
que dos mujeres tapadas
hasta esta sala se entran.
Félix
¡Ay, Dios, si ella fuera alguna!
Lisardo
No dudes, señor, que es ella.
Félix
¿Cómo no?; fuerza es dudarlo,
que no es posible que sea
Leonor esa dama, pues
no la hace el alma mil fiestas.
Salen Elvira y Juana, tapadas.
Elvira
¿Sois vos el señor don Félix?
Félix
Perdonadme, que, aunque quiera
decir que para serviros,
no tengo tanta licencia.
Elvira
A solas quisiera hablaros.
Félix
Salte, Lisardo, allá fuera.
Vase Lisardo.
Ya estáis sola. ¿Qué mandáis?
Elvira
Si una mujer os viniera
a pedir, señor don Félix,
que hicierais una fineza
por ella, ¿hiciéraisla?
Félix
Sí;
que de ser quien soy es deuda
servir a cualquiera dama.
Elvira
Y si esta fineza fuera
fundada en vuestro provecho,
¿pudiéraos pedir por ella
una palabra?
Félix
Conforme
lo que la palabra fuera;
que para haber de cumplirla,
fuerza es haber de saberla.
Elvira
Pues yo sé que dos quejosos
tenéis que vengarse intentan
de vos porque en una acción
habéis hecho dos ofensas.
Que os guardéis, vengo a pediros:
ésta ha de ser la fineza.
Félix
¿Cuál?
Elvira
Mirar por vuestra vida.
La palabra que por ella
me habéis de dar es que habéis
de hacer de Madrid ausencia
unos días, mientras pasa
esta cólera primera;
pues de cualquier sentimiento
es medicina la ausencia.
Félix
A vuestra proposición
no sé qué dar por respuesta
porque no sé si es que debo
sentirla o agradecerla.
Agradecerla, porque
viene de piedades llena;
y sentirla, porque viene
en vanos miedos envuelta.
Y así, entre una y otra duda
partida la diferencia,
digo que en cuanto al aviso,
aunque no sé lo que os mueva,
lo agradezco; pero en cuanto
a que me ausente, licencia
me daréis para no hacerlo,
porque hombres de mis prendas
pocas veces o ninguna,
porque los buscan, se ausentan.
Y ya que os he respondido,
permitidme que merezca
saber mi agradecimiento
a quién una atención deba
tan piadosa y a quién hoy
mi vida el cuidado cuesta
de venir con el aviso.
Elvira
Avisos que se desprecian
no deben de ser piadosos;
y pues a merecer llegan
tan poco con vos, que vuelven
burladas sus diligencias,
quedad con Dios, que no importa
que sepáis el dueño dellas
ni qué la obliga.
Félix
Eso no;
que una cosa es no temerlas
y otra cosa es no estimarlas.
Elvira
Yo pensé que era una mesma,
pues no se da estimación
donde no se da obediencia.
Félix
No tienen obligación
las damas, por más que sepan,
a saber en qué consisten
acá ciertas leyes nuestras.
Vos habéis errado el modo
de mandar.
Elvira
Como eso yerra
una mujer cuando quiere
hablar en estas materias.
Y pues, errado el principio,
tarde los medios se aciertan,
no hay que esperar a los fines.
Y así, adiós.
Félix
Antes que ausencia
hagáis, tengo de saber
quién sois.
Elvira
Ignorancia fuera
darme a conocer, después
de motejada de necia.
Basta saber que soy una
mujer, a quien hoy le cuesta
esta atención vuestra vida...
y no quizá por ser vuestra;
que no quiero que quedéis
tampoco con tal soberbia.
Félix
Enigmas son, que es forzoso
que porfíe, hasta que...
Sale Leonor, Lisardo y Inés, a la puerta, como deteniéndolas.
Lisardo
A Leonor
Espera;
direle que estás aquí.
Leonor
¿Pues yo he menester licencia?
Félix
¿Qué es eso, Lisardo?
Leonor
Yo
lo diré: una inadvertencia
de quien, sin mirar que estáis
tan bien divertido, intenta
entrar hasta aquí; mas ya
que a tan mala ocasión llega,
se vuelve por no estorbaros.
Félix
Esperad, ...
Elvira
(Leonor es ésta.
No ser aquí conocida
me importa).
Félix
...porque, aunque pueda
aprovechar la ocasión,
vengado de mis ofensas,
mis quejas me han de deber
no echar a perder mis quejas.
Aquesta dama...
Elvira
Señor
don Félix, tened la lengua,
que vais, según imagino,
a desairar las finezas
que me debéis. (Así intento
hacer de los dos ausencia).
Y antes que vuestros desaires
mi rendimiento padezca,
he de ganaros de mano
A Leonor.
y hacérmelos yo. Mi reina,
a mí me importa tan poco
don Félix, que por que vean
vuestros celos que no es
sujeto de quien los tenga,
me voy, dejándoos con él.
A don Félix.
Agora satisfacedla;
que una vez ausente yo,
para todo os doy licencia.
Vanse Elvira y Juana.
Félix
Esperad.
Leonor
No la sigáis.
Félix
Importa que...
Leonor
Aqueso fuera
hacerme, señor don Félix,
el desaire a mí, no a ella.
Félix
Si lo intento, no es porque
verla ir enojada sienta,
sino porque, como he dicho,
no he de barajar las quejas
que de vos tengo; y así
quiero que diga ella mesma
cómo yo no la conozco.
Leonor
¿Tan lindo sois, que se entran
tapadas en vuestro cuarto
las damas, sin conocerlas?
Félix
Sin ser confianza en mí,
puede ser piedad en ellas,
cuando vienen a decirme
que son dos los que hoy intentan,
celosos de vos, matarme,
que haga de Madrid ausencia.
Leonor
¡Lindos frailes capuchinos
para un caso de conciencia!
Félix
Yo...
Leonor
Señor don Félix, cuando
una mujer de mis prendas
tanto decoro aventura,
tanto respeto atropella,
como salir de su casa
disfrazada y encubierta
y a daros satisfaciones
se atreve a entrar en la vuestra,
bastantemente acredita,
sobradamente sanea,
en examen de su fe,
de su amor a la esperiencia,
la poca culpa que tiene
en las pasadas sospechas
que un embozo y un papel
engañosamente engendran.
A desenojaros vine;
no será la vez primera
que tropiece en un agravio
quien va a hacer una fineza.
Yo vuelvo muy consolada,
muy ufana y muy contenta
de haber visto cuánto estáis
divertido: de manera
que, si me daba cuidado
vuestro disgusto, aquí cesa;
pues, si vos no le tenéis,
no es justo que yo lo sienta.
Félix
Deteneos; que no es bien
que volváis tan satisfecha
de que volvéis disculpada.
Leonor
Ya, cuando yo no lo vuelva,
importa poco.
Félix
No importa
sino mucho.
Leonor
¿De qué manera,
que ha de ser delito en mí
una falsa ilusión ciega,
y en vos no ha de ser delito
una tan clara evidencia?
Félix
¿Ilusión fue en vuestra casa,
en la oscura noche negra
hallar un hombre embozado?
Leonor
Y hallar yo en la casa vuestra
en el claro hermoso día
una mujer encubierta,
¿será ilusión?
Félix
Yo no sé
aquella mujer quién sea.
Leonor
Ni yo quién fuese aquel hombre.
Félix
Allá un papel lo confiesa
y un criado lo publica.
Leonor
Aquí también ella mesma,
pues dice que le pagáis
mal sus rendidas finezas.
Félix
Yo no sé quién es.
Leonor
¡Qué mal
os disculpáis! ¿Que aún no acierta
vuestro ingenio con los modos
de satisfacer? ¿No fuera
mejor decirme: «Leonor,
esta hermosa dama bella,
aborrecida de mí,
después que vi tu belleza,
me persigue y yo la olvido?».
Pudiera ser que creyera
a la luz de la verdad
la disculpa; mas quien niega
los principios, tarde o nunca
con el argumento acierta.
Félix
Eso sí: valeos agora
vos de mis razones mesmas,
pues con eso quedaréis
más airosamente esenta
de algunas obligaciones
y podréis amar sin ellas
a aqueste don Juan de Silva,
que os sirve y os galantea.
Leonor
Ya he dicho que no sé quién
ese caballero sea.
Félix
Yo también, que no sé quién
es esa dama encubierta.
Leonor
Eso es herir por los filos,
y, si con eso se vengan
vuestros celos, yo me doy
por vencida.
Félix
Considera,
Leonor, que soy yo el quejoso,
y mal los quejosos ruegan.
Leonor
¿Digo yo que me roguéis?
No lo hagáis. Vamos apriesa,
A ella.
Inés. (No me dejes ir).
Félix
Id con Dios. (Inés, detenla).
Inés
(Fácil es servir dos amos,
mandando una cosa mesma).
Señora, mira que puede
ser verdad...
Leonor
¿Qué?
Inés
...que no sepa
quién es aquella mujer.
Leonor
¿Tú también contra mí alegas?
Yo digo lo que ser puede.
Leonor
¿Cómo puede ser que sea
verdad que no la conozca?
Félix
Como pudo ser que fuera
verdad no conocer vos
aquel hombre.
Leonor
¿De manera
que ya a confesar venís
que puede ser que no sepa
yo quién sea aquel caballero
del papel y la pendencia?
Félix
No confieso tal; que hay
en los dos gran diferencia.
Leonor
Es verdad, ser vos más dama
y no haber quien se os atreva
a decir su pensamiento
cara a cara; y así es fuerza
que de embozo y disfrazadas
a veros y hablaros vengan.
¿No es esto? Vamos, Inés.
Félix
Idos; que es mucha soberbia
querer que ruegue quejoso.
Leonor
Vamos, Inés.
Inés
Considera...
Leonor
No tienes que detenerme;
que ahora lo digo de veras.
Félix
Yo también; no hay que mirarme.
Inés, que se vaya deja.
Leonor
Eso quiero yo.
Félix
Yo y todo.
Inés
El demonio que os entienda.
Félix
Pues, para estar disculpado, ...
Leonor
Pues para que razón tenga, ...
Félix
...yo vi un hombre en vuestra casa.
Leonor
A Inés.
...yo, una mujer en la vuestra.
¿Viene tras nosotras?
Inés
No;
tieso que tieso se queda.
Leonor
Pues no ha de quebrar por mí,
aunque voy de celos muerta.
Vanse las dos.
Félix
¿Vuelve, Lisardo?
Lisardo
No vuelve,
y ya salió de la puerta.
Félix
¡Ay de mí! ¡Qué a costa mía
intento hacer resistencia
a mis sentimientos! Pero
no es posible que los venza.
Saldré tras ella a la calle...
Pero dos hombres se entran
dentro de mi mismo cuarto.
Perder la ocasión es fuerza,
hasta saber lo que quieren.
Salen don Juan y Hernando.
Hernando
La casa, dicen, que es ésta...
Y él, señor, es el que está
aquí.
Juan
Pues conmigo llega.
Hernando
De mala gana lo haré.
Juan
¿Por qué?
Hernando
Porque no quisiera
hablar con él; que éste es un
quebradero de cabeza.
Juan
¿Sois vos el señor don Félix
de Toledo?
Félix
Nunca niegan
sus nombres, a quien los buscan,
caballeros de mis prendas.
Yo soy. ¿Qué mandáis?
Juan
Todo hoy
os buscó mi diligencia,
y hasta ahora ignoré la casa,
con ser la mía tan cerca.
Félix
Esa es culpa de la corte.
Mas si yo, señor, supiera
que me buscabais, presumo
que hubiera hallado la vuestra,
Hernando
(Visita de cortesía
parece, más que pendencia).
Juan
¿Conocéis este criado?
Félix
Bien le conozco; por señas,
que hoy le descalabré.
Hernando
(Malas son, pero son ciertas).
Juan
Pues este criado es mío.
Félix
Sea muy enhorabuena.
Juan
Y para ver si cumplís
aquella grande promesa
de sustentarlo en el campo,
vengo a pediros que sea
detrás de los Recoletos;
que, aunque no reñir pudiera,
sino, sin reñir, tomar
satisfación desta ofensa,
siempre yo hago lo mejor.
Félix
Pues guiad, que yo en cualquiera
parte lo que dije entonces
cumpliré; por que se crea
de mí que quien se atreviere
a mirar a Leonor bella
se atreve a darme pesar.
Juan
Aqueso es de otra materia.
Yo vengo a reñir, y no
a averiguar competencias;
y así, hasta que hable el acero,
vaya callando la lengua.
Félix
Decís bien. Estos criados
¿han de ir allá?
Juan
No quisiera,
pues solo es llevar testigos.
Félix
Y es la prevención muy cuerda.
Despedid al vuestro vos;
que yo haré que nada entiendan
acá en mi casa los míos.
Juan
Hernando.
Hernando
A su amo
¡Muy linda flema
gastas! Cuando imaginé
que llegaras y le dieras,
¡te andas en cortesías,
haciéndole reverencias!
Juan
Vuélvete desde aquí a casa
y en todo hoy no salgas della
por que nadie te pregunte
adónde o cómo me dejas,
y mira lo que te mando:
que de ninguna manera
me sigas; que, ¡vive Dios!,
que te cortaré las piernas.
Hernando
Fuera hacer un disparate,
y aun ser disparate fuera;
pues al instante quedara
sin tener pies ni cabeza.
Y así palabra te doy
de que el precepto agradezca.
Vase.
Lisardo
¿Eso has de mandarme?
Félix
Sí.
Lisardo
Habiendo oído que te lleva
a reñir y adonde vas,
fuera el dejarte bajeza.
Félix
Aquesto importa a mi honor.
Lisardo
Él solo hacerme pudiera
cobarde a mí.
Vase.
Félix
Ya estoy solo;
guiad ahora donde os parezca.
Sale don Diego.
Diego
(Tarde hallé la casa, pues
está ya don Juan en ella).
Juan
(¡Cuánto siento que don Diego
a tan mala ocasión venga!).
Diego
Señor don Félix, con vos
tengo un negocio; y aunque
tarde pienso que llegué,
pues juntos hallo a los dos,
me haced merced de escucharme.
Juan
Don Diego, a mal tiempo, infiero
que venistes.
Félix
Caballero,
vos habréis de perdonarme;
que, aunque el negocio he ignorado
para que me buscáis hoy,
no puedo oíros; que voy
en un negocio empeñado
con el señor don Juan.
Diego
Yo,
yendo con él no os tuviera,
si el mismo caso no fuera
para el que os busco; y pues no
ha de tener un engaño
más fuerza que una verdad,
el desengaño escuchad.
Juan
Tarde llega el desengaño,
don Diego, que ya conmigo
el señor don Félix va.
Diego
Aunque vaya con vos ya,
ha de oír lo que le digo.
Señor don Félix, yo soy
con quien anoche reñisteis.
De aquel papel que leisteis
en casa de Leonor hoy,
dueño fui también; porque,
compitiendo vuestro amor,
soy yo quien sirve a Leonor.
Aquel criado que fue
con el papel este día,
y a quien habéis maltratado,
aunque es de don Juan criado,
iba allí de parte mía.
Y así, pues soy yo el galán
que los celos da, advertir
debéis si os toca reñir
o conmigo o con don Juan.
Félix
(Bien me dijo la mujer
tapada que de una acción
dos los ofendidos son.
¡Válgame Dios! ¿Qué he de hacer?,
que a la verdad el engaño
no he de preferirle yo).
Y así, puesto que llegó
tan a tiempo el desengaño
y que sois quien sois los dos
y uno solo ha de reñir,
A don Diego.
habiendo yo de elegir,
elijo el reñir con vos.
Juan
Habiendo dicho el criado
mi nombre, a mí me ofendisteis,
pues cuando mi nombre oísteis
no estábades informado
si iba de mi parte o no;
luego, si conmigo hablastes,
el hombre a quien agraviastes
fue a mí y a mí se me dio.
Conmigo debéis reñir;
pues, aunque otro os dé el pesar,
debéis siempre sustentar
lo que enviastes a decir.
Félix
Es verdad: con vos hablé;
y, aunque allí el dolor me aflige,
cumpliré aquí lo que dije.
A don Juan.
Guiad; que con vos iré.
Diego
Dejar uno de reñir
por dejar de reñir, fuera
cobardía; mas, si espera
sanear y desmentir,
riñendo después, aquella
opinión, yerra la acción
si riñe sin ocasión,
pudiendo reñir con ella.
Yo os la doy, que don Juan no;
ved cuán más preciso sea,
pues don Juan no galantea
vuestra dama, sino yo.
Félix
Decís bien, y eso ha de ser;
que vos me hacéis el pesar
y yo no me he de quitar
la razón para vencer.
Y así con vos he de ir.
Juan
El duelo primero es mío,
pues primero os desafío.
Y si acabáis de decir
que con quien da la ocasión
se ha de reñir, siendo así,
vos me la habéis dado a mí
y es mía la obligación.
Pues en duelo tan cruel,
el mismo empeño en los dos
hay de reñir yo con vos
que vos de reñir con él.
Diego
De aquesa razón se arguya
que en mi favor viene llena,
pues no ha de reñir la ajena
causa, pudiendo la suya.
Juan
Suya es, pues quien la llama
pone su honor en recelos;
y no ha de reñir por celos
primero que por su fama.
Diego
Si vos le desafiáis,
yo también: conque el honor
queda igual, y es el amor
la ventaja que me dais.
Félix
Pues conformaos los dos
en duelo tan importuno;
que siendo yo sólo uno
no puedo reñir con dos.
Juan
Eso vos lo habéis de hacer;
y así –para que acortemos
de réplicas, y lleguemos
al fin de lo que ha de ser–
vos me tenéis ofendido,
teniendo un duelo acetado;
y habiendo un duelo aplazado,
acetar no habéis podido
otro. Yo llegué primero;
y para obligaros más,
vuelvo a decir que detrás
de San Agustín espero.
Si no salieres vos,
satisfecho quedaré
con decir que os esperé
y no salisteis. Adiós.
Vase.
Félix
Oíd.
Diego
No le sigáis sin que
primero me oigáis a mí.
Quien riñó anoche, yo fui,
con vos; yo quien adoré
a Leonor hermosa; mío
era el papel que vos visteis;
para vengar lo que hicisteis
yo también os desafío.
Vos sois discreto y gallardo;
detrás de San Bernardino,
apartado del camino
de las Cruces, os aguardo.
Consultad agora vos
quién es primero enemigo:
un tercero, o yo que os digo
que amo a vuestra dama. Adiós.
Vase.
Félix
¿Qué he de hacer –¡valedme, cielos!–
cuando mis contrarios son
de una parte la razón
y de otra parte mis celos?
Sale don Alonso.
Alonso
Don Félix, buscando os vengo;
porque habiendo anoche dicho,
cuando aquí en casa os dejé,
que hoy acudiera a serviros
por si queréis que yo trate
de amistades, solicito
saber en qué estado están.
Félix
A buen tiempo habéis venido,
que más que para las paces,
de vos, señor, necesito
para tomar un consejo.
Alonso
Vos veréis que en todo os sirvo,
puesto que no ignoráis cuánto
fui de vuestro padre amigo.
Félix
(Pondré el caso en otro caso,
pero en un propio sentido).
Ya os dije anoche que había
aquella ocasión tenido
sobre el juego, de que vos
salistes a ser testigo.
¿Ya os dije que acompañado
de un criado y de un amigo
me siguió el hombre?
Alonso
Sí.
Félix
Pues,
o ciego o inadvertido,
o ya en la conversación
hablando en lo sucedido,
dije...
Alonso
¿Qué?
Félix
...que a cuchilladas
a él y a quien hubiese sido
quien le hubiese acompañado
mataría. Tomar quiso
un criado, que allí estaba,
la causa; yo, más mohíno,
creyendo que era un criado
de mi competidor mismo,
le di una herida, diciendo:
«Con vuestro amo haré lo mismo».
Es su amo un caballero
de mucho valor y brío
con quien no tengo disgusto
ni tenerle solicito,
el cual, viniendo a buscarme,
desta manera me dijo:
«Para saber si cumplís
lo que a un criado habéis dicho
y vengar lo que habéis hecho,
veníos, don Félix, conmigo».
El desafío acepté;
pero cuando iba a cumplirlo,
el dueño de la pendencia
llegó a los dos de improviso.
Tuvieron entre los dos,
no queriendo ambos conmigo
reñir hoy aventajados,
mil argumentos prolijos,
y resolviéronse en fin
a esperarme divididos,
alegando cada uno
de su causa los motivos.
El uno dice que él es
el principal enemigo,
y el otro, que con él tengo
acetado el desafío.
Quien es primero en la causa,
segundo en la instancia ha sido,
y quien es segundo en ella,
primero a buscarme vino.
¿A cuál de aquestos dos debo
ir primero, cuando a un mismo
tiempo me están esperando
dos en dos distintos sitios?
Alonso
No es fácil de responder;
y así, antes de hacerlo, os pido
me satisfagáis a una
duda, y luego el voto mío
os diré; que sobre ella
caerá más seguro el juicio.
Hablemos, don Félix, claro.
En el primer lance ¿ha habido
algo que toque al honor?
Félix
No, que ya os lo hubiera dicho.
Alonso
Pues no siendo aquí primero
empeño, empeño preciso
de honor, el segundo sí;
puesto que el segundo vino
de intento a desafiaros,
y el habérseos atrevido
a esto, ya es caso de honor;
y aunque es verdad que a lo mismo
vino el otro, fue después.
Y así, don Félix, os digo
que, pues el caso no fue
de honor desde su principio,
el que se atrevió a llamaros
ya caso de honor le hizo;
y así debéis ir primero
al primero desafío.
Félix
Yo estimo el consejo. Adiós.
Alonso
Esperad. ¿Quién os ha dicho
de mí que sólo soy bueno
para aconsejar peligros
y no para hallarme en ellos?
Pues no es de quien soy estilo
aconsejar que otro riña,
para no reñir.
Félix
Los bríos
de vuestro valor os llevan
tras sus impulsos altivos;
pero ved que espera solo.
Alonso
¿No son dos los enemigos?
Juntémoslos, y riñamos
dos a dos.
Félix
No será digno.
U decidme: ¿fuerais vos
acompañado conmigo,
a ser yo vos?
Alonso
No, por cierto.
Félix
Pues respóndaos eso mismo.
Vase.
Alonso
Él hace bien, y yo mal
si a lo largo no le sigo.
Pero esto es llevar las cosas
muy hasta el fin, y es indigno
ya de mi edad tanto duelo;
muden parecer los bríos:
si aconsejé como mozo,
como viejo determino
enmendarlo; que ya es tiempo
de que haga la edad su oficio.
Lisardo.
Sale Lisardo.
Lisardo
Señor.
Alonso
Tú y yo,
por criado y por amigo,
hoy habemos de sacar
a tu amo de un peligro.
Lisardo
¿Adónde va?, que quisiera
seguirle.
Alonso
Eso es deslucirlo.
Dadme de escribir recado,
Trae recado en un bufete.
que has de llevar un aviso
a quien el daño remedie;
que no es a quien soy indigno,
supuesto que aqueste empeño
no es lance de honor preciso.
Ponte la capa y espada
mientras un renglón escribo.
Vase Lisardo, y pónese a escribir don Alonso. Salen Leonor y Inés.
Inés
En fin, ¿vuelves?
Leonor
¿Qué he de hacer,
si tan descortés le miro,
que saliendo yo quejosa
de su casa, no ha seguido
mis pasos? A verle vuelvo
para no llevar conmigo,
sin arrancarle del alma,
este mortal basilisco.
Inés
Escribiendo está.
Leonor
¿Y quién duda
que estará escribiendo fino
satisfaciones que da
a la que hoy a verle vino?
¡Ciega estoy! Leer tengo. Ingrato
Llega a tomarle el papel.
don Félix... Pero ¡qué miro!
Alonso
¿Quién así...? Pero ¡qué veo!
Leonor
(¡Valedme, cielos divinos!).
Alonso
¡Tú aquí, Leonor!
Leonor
Señor, yo...
Alonso
¿Cómo mi furor reprimo?
Hoy morirás.
Sale Lisardo.
Lisardo
¿Qué es aquesto?
Alonso
Vengar mi honor ofendido.
Saca la daga, y detiénele Lisardo.
Lisardo
Huye, señora, que yo
le tendré.
Leonor
Cobarde animo
las plantas; que en cada paso
sombras de mi muerte piso.
Vase.
Alonso
Suelta, villano.
Inés
No hagas
tal hasta de aquí a un poquito.
Vase.
Alonso
Aunque fueran de diamante
tus brazos, el valor mío
se desenlazará dellos.
Lisardo
¿Qué importará, si atrevido,
al que embaracé abrazado,
con la espada le resisto
el paso?
Riñen.
Alonso
Yo sabré hacerle.
Lisardo
(¡Oh, quién, para darle aviso
deste suceso a mi amo,
le alcanzara!).
Alonso
¡Que haya habido
tal valor en un criado!
Lisardo
¿No hay criados bien nacidos?
Alonso
Pues yo he de salir.
Lisardo
No harás.
Alonso
¿Cómo podrás impedirlo
sin tu muerte?
Lisardo
De esta suerte.
Retírase a la puerta, y cierra tras sí.
Alonso
Fuese, llevando consigo
la puerta, que con el golpe
dejó cerrado el pestillo;
que como ladrón de casa,
haberle en ella previno.
Mas yo la echaré en el suelo.
En vano lo solicito,
si ya no la abre primero
el fuego de mis suspiros
que la fuerza de mis manos.
¿Habrase algún hombre visto
de cuantos hasta hoy nacieron
en más ciego laberinto?
Las cuchilladas de anoche
en mi casa, el desafío
de hoy, y el ver aquí a Leonor,
evidencias son, no indicios
de que ella es causa de todo,
y por último delirio
de mi fortuna, me veo,
habiendo hasta aquí venido
por un amigo, encerrado
en casa de un enemigo.
Pero, pues es imposible
la puerta abrir, y aquí miro
una ventana sin reja,
arrojarme determino
por ella y, en siguimiento
de mi siempre honor invicto,
hacer estragos, portentos,
escándalos y prodigios.
¡Ea!, corazón, no temas
este breve precipicio;
que mayor caída has dado,
pues la mayor siempre ha sido
el verse caer un noble
del estado de sí mismo.
Vase por la ventana.
Sale don Juan.
Juan
Cuestión fue no apurada hasta este día.
¿Cuál hace más? ¿Aquel que desafía
a otro a un sitio aplazado
o el que al sitio salió desafiado?
Y bien ahora pudiera
la cuestión resolver el que me viera
batallando conmigo;
porque no hay tan cruel fiero enemigo
como es el pensamiento del que aguarda.
Mucho don Félix tarda.
Sin duda que ha escogido,
de don Diego celoso y ofendido,
verse con él primero.
Mas yo no cumpliré, si no le espero.
¿Quién en el mundo, ¡cielos!,
se vio sin dama, sin amor, sin celos,
en tal lance empeñado?
¡Que el prestar a un amigo mi criado
de suerte lo disponga
que mi opinión en tal empeño ponga!
Digo que aquestos días
toda mi vida es caballerías,
pues no hallo en ella cosa
que parecer no pueda fabulosa.
Una dama tapada me ha dejado,
sin decirme quién es, enamorado;
un criado me ha puesto,
porque así su ignorancia lo ha dispuesto,
en trance de perderme; y un amigo,
sin quererlo, me ha dado un enemigo.
Mas ¿qué me admiro, si hallo a cada paso
que éstos son los empeños de un acaso?
Sale don Félix.
Félix
Perdonad, si he tardado,
don Juan; que por haberme aconsejado
de un amigo que tengo
en lo que debo hacer, tan tarde vengo.
Juan
De haber, don Félix, sido
yo el que elijáis, estoy agradecido.
Félix
Siempre en mí era forzoso
proceder más honrado que celoso;
y por mostrarlo quiero
que, callando la voz, hable el acero.
Juan
Esperad.
Félix
¿Qué os detiene?
Juan
Un hombre, que a los dos siguiendo viene.
Félix
Bien creeréis de mi brío
que no le traigo, aunque es criado mío.
Su lealtad le ha obligado;
pero no os dé cuidado
y, hasta que yo le mande que se vuelva,
a nada vuestro acero se resuelva.
Juan
En todo sois gallardo.
Sale Lisardo.
Lisardo
Hacia esa parte le he de hallar.
Félix
Lisardo,
otro paso no des más adelante.
Desde aquí has de volverte, mi arrogante
brío a don Juan dejando satisfecho,
o aqueste acero teñirá tu pecho.
Lisardo
Escúchame primero;
luego, si te ofendí, mancha tu acero
en mi sangre, señor, habiendo oído
la causa que a seguirte me ha movido
pensando que mi celo te alcanzara
antes que a verte con don Juan llegara.
Félix
Por que conste a don Juan en esta parte
venir sin orden mía, he de escucharte.
Lisardo
¿Ya te acuerdas cómo dentro
de casa, señor, dejaste,
cuando de casa saliste,
a don Alonso, su padre
de Leonor?; ¿y ya te acuerdas
que Leonor, bien poco antes,
de allí se partió quejosa?
Félix
Sí.
Lisardo
Pues volviendo a buscarte
Leonor, vino a hallarse dentro
de tu cuarto con su padre.
Sacó para ella la daga,
a tiempo que yo abrazarme
pude con él, cuya acción
dio lugar a que escapase
Leonor huyendo. Él entonces
de mis brazos se desase;
y sacando las espadas,
le embarazo que arrogante
la siga, hasta que previne
que al empeño de tal lance
le diese lugar el tiempo
con la industria y sin la sangre;
y así advertido cerré
tras mí la puerta: ya sabes
cómo aquesto podría ser,
por ser de golpe la llave.
De suerte que don Alonso
cerrado queda; y si sale
de allí, rompiendo la puerta
o previniendo otra parte,
y va siguiendo a Leonor,
no dudes de que la mate.
Félix
Don Juan, el ser desdichado
un hombre no es ser cobarde,
pues harto valiente es quien
a reñir con otro sale.
A reñir vengo con vos;
esto en desengaño baste
de que no puede ser miedo
pediros que se dilate
nuestro duelo. Yo no tengo
en ocasión semejante
acción mía: todo soy
de mi honor, y en esta parte
vos sois el árbitro suyo.
Y pues estar escuchastes
en peligro de la vida
Leonor, y sois quien sois, dadme
licencia para que acuda
donde su riesgo restaure;
que yo mi palabra os doy
de buscaros, al instante
que ponga en salvo a Leonor.
Y cuando aquesto no baste
a obligaros, tomaré
resolución de arrojarme
a vuestros pies y rendiros
la espada por que se acabe
con mi desaire este duelo,
para que a esotro no falte.
Juan
Tened; no rindáis la espada,
que a mí no me es importante,
Félix, que mi bizarría
conste de vuestro desaire;
no sólo que vais permito,
mas de Leonor en alcance
con vos he de ir y ayudaros
a que su vida se salve,
dándoos palabra de que
de vuestro lado no falte
hasta que ella esté segura;
que tengo por hombre infame
quien ve a su enemigo en riesgo
y a su enemigo no vale.
Félix
¡Feliz mil veces aquel
a quien, ya que hubo de darle
enemigo su desdicha,
se le dio de buena sangre!
Juan
Vuestro enemigo y amigo
soy, dividido en dos partes.
Félix
Sí; más con tal diferencia,
que diré, cuando os lo llame,
mi enemigo por acaso,
pero mi amigo por arte.
Juan
Con vos voy.
Félix
Con tal favor
no hay riesgo que me acobarde.
Juan
(¡Válgame Dios, por acaso
a qué de empeños me traes!).
Jornada Tercera
Salen don Juan, don Félix y Lisardo.
Félix
No hay hombre más infeliz.
Juan
¿Un ánimo tan valiente,
un corazón tan constante,
se ha de rendir desa suerte
del amor ni la fortuna
a ningún grave accidente?
No desconfiéis de hallarla
tan presto. Donde quisiereis
vamos los dos.
Félix
Si habéis visto
que de amigos y parientes
cuantas casas supe he andado;
que a la mía finalmente
no ha vuelto, ni está en la suya;
que su padre –¡dolor fuerte!–
después que por el balcón
se arrojó, según refieren
los criados, también anda
buscándola, ¿cómo pueden
consolarse mis desdichas?
Juan
No digo que se consuelen,
mas que no se rindan, digo.
Inés
Pues ¿qué haré?
Juan
Lo que quisiereis.
Obrad vos, que no me toca
aconsejaros prudente,
sino ayudaros restado.
Félix
Sólo ese favor le debe
a mi desdicha mi estrella.
¡Oh, quiera el cielo que llegue
ocasión en que seamos
muy amigos!
Juan
Tarde, Félix,
eso será; porque yo
en el instante que os deje
del lance desempeñado
en que os halláis, que me vengue
será preciso de esotro
que hemos dejado pendiente.
Félix
Cuando en él llegue a mirarme,
modos habrá con que os deje
satisfecho y obligado.
Juan
Ahora bien, tratemos de éste.
Mirad qué queréis hacer.
Félix
No sé. Leonor no parece
ni yo sé dónde buscarla.
Lisardo
Si acaso mi lealtad tiene
licencia de hablar, diré
lo que he pensado.
Félix
Di.
Lisardo
Vete
a casa; pues ella es fuerza,
dondequiera que estuviere,
valerse de ti, pues tú
causa de sus riesgos eres;
y no podrán por acá
hallarte tan fácilmente
sus avisos.
Juan
Dices bien.
Félix
Sí, mas hay inconveniente
para estarme yo en mi casa.
Juan
¿Cuál es?
Félix
Si su padre viene
a ella, el encontrar conmigo.
Juan
¿Pues habrá más de que nieguen
que estáis en ella?
Félix
Si es eso
lo que mejor os parece,
yo me volveré a mi casa.
Quedad con Dios.
Juan
Sin que os deje
en ella, no he de dejaros;
y a la hora que dijereis
que habéis de salir, vendré;
y en cuanto se os ofreciere
palabra me habéis de dar
de avisarme. No se cuente
de mí que, haciendo lo más,
lo menos no.
Félix
De la suerte
que yo esa palabra os doy,
os pido la de valerme
en cualquier caso, hasta que
Leonor en mi poder quede.
Juan
Yo la ofrezco, y de ayudaros
la doy una y muchas veces
con la mano.
Félix
Yo la aceto.
Al darse las manos, sale don Diego.
Diego
¡Pues, señor don Juan! ¡Don Félix!
¿Ya tan amigos los dos
estáis? Cuando yo impaciente
esperando hasta agora estuve
y, por pensar que no fuese
el preferido de todos,
determiné de volverme
a ver en qué había parado
vuestro duelo, por si tiene
acaso el mío lugar
de vengarse, ¡desta suerte
os hallo, dadas las manos!
Aunque no es bien que me pese
de que vuestro desafío
acabe por que el mío empiece.
Y pues a quien esperé
en el campo se detiene,
bien puedo la muerte darle
dondequiera que le encuentre.
Va a sacar la espada.
Félix
Señor don Diego, tened
la espada; que aunque os parece
que éstas son paces, no son
sino treguas solamente.
El señor don Juan ha sido
primero acreedor en este
pleito de los dos; y puesto
que él las treguas me concede,
vos no podéis impedirlas.
Las causas que a ello le mueven
él os las dirá; que yo
voy a usar dellas... Hacedme
merced, don Juan, de decirle,
con el modo más decente
al respeto de Leonor,
de mi amor los accidentes,
para que yo no padezca
el escrúpulo más leve
de que en el campo le falte
y que en la calle le deje.
Vanse don Félix y Lisardo.
Diego
Pues ¡cómo así!...
Juan
Deteneos.
Diego
Yo he de seguirle, hasta verme
vengado.
Juan
No os empeñéis;
porque yo he de defenderle.
Diego
¿Tan mudado estáis, que ya,
en vez de darle la muerte,
le defendéis?
Juan
Sí, don Diego;
que tales acciones debe
al ser quien soy mi valor.
Diego
¿De qué suerte?
Juan
Desta suerte.
A reñir salió conmigo
y, al tiempo que ya valientes
y restados las espadas
sacábamos diligentes,
un criado le siguió
hasta el campo para hacerle
sabidor de que Leonor
estaba en un trance fuerte
de perder honor y vida.
La causa, no es bien la cuente,
porque no toca el hacerlo.
Pidiome, en fin, que le diese
licencia para ampararla.
¿Qué noble, honrado y valiente,
viendo humilde a su enemigo,
no le ampara y favorece?
No sólo, pues, la licencia
que me pide le concede
mi valor, mas la palabra
de ayudarle y de valerle
hasta que a su dama libre.
El caso, don Diego, es éste.
Mirad; ¿cómo faltar puedo
a su amparo, cuando tiene
privilegios de enemigo
y de amigo en mí don Félix?
Diego
El empeño en que os halláis
reconozco; y por no hacerle
mayor, no le sigo; pero
no ha de ser tan fácilmente,
que no os ha de costar algo
mi reportación. Hacedme
merced de decirme cuál
de Leonor el riesgo fuese;
porque al que siente, dudando
el mismo daño que siente,
lo que sabe y lo que ignora
le está afligiendo dos veces.
Juan
De los celos fue, don Diego,
errado motivo siempre
querer uno saber antes
lo que es fuerza que le pese
después de haberlo sabido;
pero por que no se queje
vuestra amistad de que yo
cuanto me pida le niegue,
y por ver si de camino
con desengaños pudiese
curaros esa pasión
que sana con lo que duele,
sabed que informado ya
don Alonso de que fuese
Leonor destos desafíos
causa, y su amante don Félix,
matarla quiso esta tarde.
Llegó a ocasión tan valiente
un criado, que a él le tuvo
y a ella dio lugar que huyese.
Dónde se fue, no se sabe;
y, en fin, como no parece,
su padre y Félix la buscan,
uno para darle muerte
y otro para defenderla.
Diego
¡Oh, si tan dichoso fuese
yo, que la hallara primero
que los dos, para que viese
cuánto son mis celos nobles,
que amparan a quien me ofende!
Debiérame esta fineza
mi dolor; y pues me ofrece
lo imposible de mis dichas
por remedio solo éste,
y ganadas sus criadas
tengo, iré a ver si pudiese
averiguar dónde está
y librarla; pues no tiene
otra venganza más noble
un celoso que ponerse
en ocasión que su dama
conozca qué amante pierde.
Vase.
Juan
¡En qué estrañas confusiones
la contingencia me tiene
de aquel acaso primero!
Sale Hernando.
Hernando
Señor, dame una y mil veces
los juanetes a besar
–si se besan los juanetes–.
¿Qué ha habido? ¿Qué ha sucedido?
Pero supuesto que vienes
libre, sano y sin cautela,
bien a la clara se infiere
que el rompecabezas no
las rompe tan fácilmente
en el campo como en casa.
Cuéntame el suceso en breve,
y en largo te contaré
otro que a mí me sucede
no de menor importancia...,
porque has de saber que tienes
una huéspeda en tu cuarto.
Juan
Son tantos los accidentes
de mis sucesos, que no
sé, Hernando, por dónde empiece;
y contigo es escusado
que la memoria renueven
mis pesares. Dime tú
¿qué mujer es la que viene
a buscarme?; que sería
grande ventura que fuese
aquella enigma del parque,
que es la que mi vida tiene,
si la verdad te confieso,
de su esperanza pendiente.
Hernando
¿Tanto te holgaras de que ella
la que ahora está en casa fuese?
Juan
Sí, Hernando.
Hernando
¿Qué me darías?
Juan
Todo cuanto me pidieses.
Hernando
Pues...
Juan
Dilo presto.
Hernando
...no es ella.
Juan
¿Quién es?
Hernando
Oye atentamente.
Mandásteme, señor, que te dejara
con don Félix; y yo –¡obediencia rara!–
lo hice así, con no estar nunca enseñado
a hacer cosa de cuanto me has mandado.
Fuime hacia casa, donde
mi valor, que a mi miedo corresponde,
tan triste, tan suspenso me tenía,
que no dijera «aquesta espada es mía»,
aunque reñir te viera
con treinta mil don Félix que tuviera.
Entré en casa, pensando
Sale HERNANDO.
cómo la ropa en salvo pondría, cuando
la nueva me llegara
de haber muerto a don Félix; porque es clara
cosa, según colijo,
que, aunque el refrán por el nadar se dijo,
más es que del nadar, en toda Europa,
la gala del reñir, guardar la ropa.
En esto pensativo estuve un rato
–si es que sabe pensar un mentecato–,
y al ver que nada el discurrir remedia,
como amante celoso de comedia
que, cuando varios soliloquios pasa,
no reposa en la calle ni en su casa,
quise salirme fuera.
Apenas, pues, bajaba la escalera,
cuando al portal una mujer tapada
entró, de una sirviente acompañada,
sin más acción ni intento
que haber allí faltádole el aliento.
Bien de las dos la turbación decía
que algún fracaso sucedido había
y que el dicho fracaso
las hacía venir más que de paso.
Sentándose en el poyo desmayada
se quedó la señora; y la criada,
con un turbado espanto,
cerró la puerta y la compuso el manto.
Yo, sus acciones viendo,
llegué a las dos, diciendo:
«Este cuarto, señora,
podrá mejor serviros por agora
de albergue; en él os ruego
que os entréis». La criada acetó luego,
y entre ella y yo cargando con el ama,
fuera de pulla, la llevé a la cama,
donde de aquel mortal, triste retiro,
de allí a un rato volvió con un suspiro
dónde estaba dudando.
Satisfice su duda asegurando
que estaba en parte do sería servida.
Mostróseme en estremo agradecida
y, acetando el cortés ofrecimiento,
dijo con blanda voz y mudo acento:
«Fuerza será que la desdicha mía
use, hidalgo, de vuestra cortesía,
en tanto solo que esta
criada tarda en volver con la respuesta
de un recado a que es fuerza que la envíe;
y pues es justo que de vos me fíe,
también vos habéis de ir a asegurarme
si un caballero viejo anda a buscarme,
sabiendo dónde he entrado;
y en tanto el cuarto me dejad cerrado».
Servirla la prometo;
y después que las dos allá en secreto
hablaron, la criada y yo salimos,
y los dos por distintas sendas fuimos,
yo, a ver si acaso vía
el viejo caballero que decía,
y ella, según infiero,
a ver si vía al mozo caballero.
Una y mil vueltas a la calle he dado,
y con nadie he topado,
sino sólo contigo,
a quien, si todas mis sospechas digo,
sabrás que la criada,
alguna vez del manto descuidada,
me pareció la Inés de aquel recado
de donde yo volví descalabrado.
Juan
Si albricias me pidieras,
¡ay, Hernando, qué buenas las tuvieras!
Hernando
Pues, ¡ay, señor!, sí pido.
Pero a ti, ¿qué te va en lo sucedido?
Juan
Infiero por las señas que estás dando
que esa es Leonor, en cuya busca ando;
que el ser a las espaldas de mi casa
la de don Félix, lo que en ella pasa,
haber venido huyendo,
a un caballero viejo estar temiendo,
haberte parecido su criada,
tener siempre tapada
con tan gran recato su hermosura,
de que es Leonor bien claro me asegura.
Hernando
Sí, señor, y otra causa hay más fundada
que es Leonor.
Juan
¿Cuál?
Hernando
Que viene mal tocada...
Vámonos, pues, a casa, y siendo ella,
haya pastel y pella,
que es cena de repente,
y véngate de Félix.
Juan
Calla, tente,
villano: no pronuncies disparate
igual, ¡que vive el cielo!, que te mate.
¿Soy hombre yo de tan cobarde fama,
que de él me había de vengar su dama?
Antes parte a su casa...
Hernando
¿Yo?
Juan
Volando,
y dile que le quedo yo esperando
en la mía.
Hernando
¿Qué dices?
Juan
Que a ella venga
luego, sin que un instante se detenga.
Y si te le negaren –que sería
posible–, di que vas de parte mía.
Hernando
Si otra vez, aun no yendo de tu parte,
me rompió la cabeza por nombrarte,
¿qué me romperá ahora, si te nombro
y de tu parte voy?
Juan
Como tu asombro
duda lo que a los dos nos ha pasado,
temes.
Hernando
Para temer un hombre honrado,
¿ha menester achaques?
Juan
Haz lo que digo.
Hernando
Que el furor aplaques,
te pido; que yo iré.
Juan
Dame primero
la llave de mi cuarto; en él te espero,
y ven presto.
Hernando
No está en mi mano esto,
sino es en que él me descalabre presto.
Juan
Segundo acaso, ¡cielos!, ha venido
a buscarme. Favor en él os pido,
por que me traiga espero
mayores confusiones que el primero.
Vase.
Hernando
Rota cabeza mía,
pasémonos por una barbería
a decir que el quirurgo se prevenga
y que estopas y huevo a punto tenga
para la vuelta. ¡Cielos! ¿Qué es aquesto
que hoy a mi amo en ocasión ha puesto
de llamar su enemigo?
Si fui a reñir con él, ¿cómo de amigo
hace con él finezas?
¿No fuera el monstruo yo de dos cabezas?
¡Oh, en cuánto lo estimara mi fortuna,
pues para discurrir tuviera una,
y otra para aparar! Si con bien salgo
desta, no más papeles.
Salen Elvira y Juana.
Elvira
Oíd, hidalgo.
Hernando
Mi señora tapada,
si venís de otra parte desmayada
a que os socorra yo, tarde sospecho
que venís; que ese paso está ya hecho.
Elvira
¿Habeisme conocido?
Hernando
Si reparo en el talle y el vestido,
vos sois una civil, baja señora.
Elvira
¿Cómo así?
Hernando
Como sois madrugadora
del parque, me lo dijo la ribera.
Elvira
De vos saber quisiera
¿qué pesadumbre ha sido
una que vuestro amo hoy ha tenido,
y en qué, hidalgo, ha parado?
Hernando
Yo sólo sé que mal descalabrado
estoy, y que a ir no me atrevo
donde me descalabren bien de nuevo;
no en qué paró el disgusto.
Pero, si de sabello tenéis gusto,
mi amo va a casa agora
y de él mejor podréis oíllo, señora;
que yo voy a un recado muy aprisa,
tan grande, que no es cosa de risa,
sino cosa de llanto;
y así, quedad con Dios.
Vase.
Elvira
¡Ay, Juana! ¡Cuánto
imagino y intento
para quietar mi loco pensamiento
en razón de saber en qué ha parado
este pesar que tanto me ha costado!
Nada de él saber puedo
y con la duda tan cabal me quedo
como antes la tenía.
Pero yo he de salir con mi porfía.
Ven en cas de don Juan.
Juana
¡En ella quieres
entrar! ¿Haste olvidado de quién eres?
Elvira
Sí, pues, si me acordara
de mis obligaciones, no intentara
acciones semejantes.
Ven, y de nada, Juana mía, te espantes;
ya que el cielo no quiso
que sirviese de nada aquel aviso
que le llevé a don Félix; y en efeto,
sin atención, sin juicio, sin respeto,
pues a un amor, pues a un temor rendida
perdí la libertad, pierda la vida.
Vanse.
Sale Leonor por una puerta, tapada, y por otra don Juan, habiendo hecho ruido con llave.
Leonor
Abrir ya la puerta veo
desta ignorada prisión
adonde mi confusión
tiene atado mi deseo.
¡Con cuántas dudas peleo!
¿Si será Inés, que a avisar
fue a don Félix mi pesar?
¿Si será él o el criado,
que, de mi llanto obligado,
me dejó aquí y fue a mirar
si mi padre me seguía?
(Mas, ¡ay de mí!, que no es
Sale don Juan.
ninguno de todos tres
el que abre. Desdicha mía,
¿hasta cuándo tu porfía
me ha de perseguir? Ya entró
un caballero, a quien no
conozco. Encubrirme quiero.
¡Ay, de cuántas veces muero!).
Juan
No, señora, porque yo
entre, os recatéis así,
ni os dé el mirarme cuidado;
que del suceso informado
que os tiene encerrada aquí,
vengo a que os sirváis de mí.
Dueño desta casa soy,
y espero serviros hoy
aun más de lo que pensáis,
pues del riesgo en que os halláis
libraros, palabra os doy.
Si bien no tenéis, señora,
que agradecerme, por Dios;
que a otro, primero que a vos,
se la he dado antes de ahora.
Leonor
Ni duda, señor, ni ignora
mi temor que defendida
en vuestro valor mi vida
esté; que es obligación
valer los que nobles son
a una mujer afligida.
Yo lo estoy tanto, que espero
el amparo vuestro, no
porque lo merezca yo,
cuanto por ser caballero
vos. Y pues rendida muero,
perdón del recato os pido;
que el encubrirme no ha sido
duda de vuestro valor,
sino mujeril temor
que de veros he tenido.
Y para más obligaros
a favorecerme en este
trance, aunque el vivir me cueste
la vergüenza de informaros,
sabed...
Juan
Nada he de escucharos;
que a precio no he de comprar
yo aquí de vuestro pesar
saber quién sois; y por que
lo escuséis, sabed que sé
cuanto me podréis contar.
Leonor
Si vuestro criado ha sido
el que de mí os ha informado,
¿qué sabe vuestro criado?
Juan
Si licencia he merecido
de darme por entendido,
con ella me atreveré
a decir de quién lo sé.
Leonor
Ahorrareisme un gran temor.
Juan
Pues ya sé, hermosa Leonor...
Leonor
Ya que mi nombre escuché
en vuestros labios, bien puedo
decir con más confianza
Descúbrese.
que dueño de mi esperanza
hice...
Juan
Pronunciad sin miedo:
«A don Félix de Toledo».
Leonor
La Fortuna, siempre avara
del bien, quiso que adorara
en su competencia otro hombre
mi hermosura...
Juan
...cuyo nombre
era don Diego de Lara.
Leonor
Éste, pues –¡lance cruel!–,
de noche en mi casa entró,
donde...
Juan
...don Félix le halló,
y riñó entonces con él.
Leonor
Envió otro día un papel...
Juan
...y topó con el criado,
a quien hirió.
Leonor
Mi cuidado
a satisfacerle fue
a su casa, donde hallé...
Juan
...a vuestro padre que, airado,
os viera a sus manos muerta,
si un criado no llegara
que a vos salir os dejara
y a él le cerrara la puerta.
Leonor
Yo, pues, de vivir incierta,
la calle apenas volví...
Juan
...cuando desmayada aquí,
os encerró mi criado.
Leonor
Muy por estenso informado
estáis de mi vida.
Juan
Sí;
porque por acasos raros
tuve, antes de conoceros,
el riesgo de defenderos
sin el mérito de amaros.
Leonor
Pues ¿quién sois?
Juan
Quien ha de daros
vida, honor y esposo aquí.
Leonor
Llaman.
Pues ¿cómo?
Juan
¿Llamaron?
Leonor
Sí.
Juan
Retiraos, hasta ver
quién es.
Leonor
¡Cielos! ¿Qué han de ser
de mi fortuna y de mí?
Retírase.
Juan
¿Quién es?
Salen Elvira y Juana, tapadas.
Elvira
Es, señor don Juan,
una mujer embozada,
que ha remitido a las tardes
la estación de las mañanas.
La última que os hablé,
a vuestro estilo obligada,
por que no fuerais tras mí
ni supiérades mi casa,
palabra os di de buscaros,
y vengo a cumplirla para
desengañaros de que
soy mujer de mi palabra.
Si bien no es aquesto sólo
lo que me obliga a que haga
esta fineza; que hay otras
razones que aquí me traigan.
Yo he sabido que hoy habéis
tenido por una dama
un desafío; y aunque
para la desconfianza
de mis celos es temprano,
no lo es para que salga
del cuidado en que me ha puesto
vuestra vida. Aquesto aguarda
saber mi curiosidad.
Decidme en qué estado se halla
el disgusto, porque tengo
pendiente de él vida y alma.
Leonor
Al paño
Mujer es la que entró, y como
quedo y apartados hablan,
no oigo lo que dicen; pero
bien se deja ver que es dama
deste caballero, pues
así se ha entrado en su casa.
Juan
Aunque jamás deseé
cosa con mayor instancia
que volver, señora, a veros,
en esta ocasión tomara
que no hubiérades venido;
porque es fuerza no os haga
agasajos que merece
una fineza tan rara.
Del disgusto de que ya
mostráis venir informada,
aunque no bien, cierto lance
mis discursos embaraza
tanto, que he de suplicaros
–bien a costa de mis ansias–
me hagáis merced de volveros,
sin que por aquesta causa
me atreva a saber de vos
quién sois, ni a veros la cara;
que no ha de pedir quien niega
ni ha de rogar quien agravia.
Elvira
Si imaginara que en vos
tan grande despego hallara,
antes que... Pero –¡qué miro!–
un hombre entra en esta sala,
que importa que no me vea.
Ruido dentro, y vase hacia donde está Leonor.
Leonor
Al paño
Aunque no entendí palabra,
de llegar hacia aquí infiero
que son celos, y informada
de que aquí estoy, quiera darme...
Elvira
Este aposento me valga.
Despedidle.
Juan
Oíd.
Leonor
Tapada entreabriendo la puerta
Aquí
no habéis de entrar; que tomada
está posada y no
se puede ver a quién guarda.
Cierra la puerta.
Elvira
¡No en balde me recebisteis,
don Juan, con esquivez tanta!
Pero no es tiempo de quejas.
Juan
A serlo, bien disculparlas
Elvira
Haced que no entre
ese hombre en esta cuadra;
que importa más...
Juan
¿Cómo puedo,
si ya los umbrales pasa?
Sale don Diego.
Elvira
¡Ay, infelice de mí!
¿Si habré yo sido la causa
de venir aquí mi hermano?
Juana
No sé.
Elvira
Cúbrete bien, Juana.
Juana
¿Irme, no será mejor,
pues me dan la puerta franca?
Vase.
Diego
Don Juan, si vuestra amistad
ha sido en el mundo tanta
que a ser en tiempo de César
la hubiera labrado estatuas,
buena ocasión se os ofrece
agora para mostrarla,
pues en vuestra mano está
mi honor, mi vida y mi fama.
Una hermosura, en quien todo
esto consiste, se halla
en vuestro poder.
Elvira
(¡Ay, triste!).
Diego
Rendido vengo a buscarla,
informado de que aquí
entró.
Elvira
(¿Qué esperan mis ansias?
Buscándome viene).
Diego
Bien
vuestra confusión me estraña;
pues vino don Diego, cuando
a don Félix esperabais.
Ya os dije cómo tenía
secretas espías pagadas;
pues una me ha dicho ahora
que dentro de vuestra casa
está, y es cierto que es ella,
pues que tanto se recata
de mí.
Elvira
(Ya me ha conocido).
Juan
(Pues que él es quien se engaña
y que no lo engaño yo,
su mismo engaño me valga,
pues así con Félix y él
cumplir mi valor aguarda).
Teneos.
Diego
Dejadme llegar
a hablarla solo.
Elvira
(Él me mata).
Diego
No, señora, huyáis así
de quien tan rendido os ama,
que os busca para serviros
con la vida y con el alma.
Elvira
(¡Qué es esto, cielos! No viene
por mí, pues así me trata).
Diego
No a hablaros vengo en mi amor,
que no aspira mi esperanza
a más mérito, a más dicha
que a serviros; pues me basta,
si otro tiene los favores,
que tenga yo las desgracias.
Elvira
(Que me enamore mi hermano
es sólo lo que me falta).
Juan
Don Diego, escuchadme, que antes
que os responda aquesa dama,
me toca a mí responderos.
Las espías fueron falsas
que os dijeron que era quien
buscáis quien conmigo estaba,
pues es aquesta señora
aquella dama tapada
cuya novela os conté
delante de vuestra hermana.
A verme ha venido, haciendo
hoy por mí fineza tanta;
y así, pues dichas de amor
los discretos no embarazan,
idos con Dios; y advertid
que cubierta y congojada
tenéis a aquesta señora.
Diego
Don Juan, si no imaginara
que ésa es deshecha que hacéis
por que yo os deje y me vaya
dando lugar a cumplir
a don Félix la palabra,
yo lo hiciera, claro está;
mas si es tan cruel, tan rara
mi desdicha, que mi amigo
por mi enemigo me falta,
fuerza será que el dolor
de las razones se valga.
Vuestro enemigo es don Félix;
no diga de vos la fama
que sois mejor para ser
el día de la desgracia
enemigo, que no amigo.
Dadme lugar de que haga
yo por Leonor la fineza
de servirla y de ampararla.
Juan
Cuando ella fuera Leonor,
el caso se disputara
de cuál era mejor, ser
en ocasión tan hidalga
o mi amigo o mi enemigo.
No siéndolo, es escusada
la cuestión.
Diego
¿Cómo ser puede
no ser ella? La criada
misma que aquí la dejó
me lo dijo.
Juan
Ella os engaña,
porque no es ella.
Diego
Haced algo
por mí, para que yo vaya
consolado, sin la duda
de haberla hallado y dejarla.
Si no quiere descubrirse,
hable sólo una palabra;
despídame ella.
Juan
A Elvira
Señora,
bien tenéis noticias hartas
de cuánto mi cortesía
la ley que le ponen guarda.
De un empeño me sacáis,
y bien grande, con que salga
de aquesta duda don Diego,
porque me importa se vaya
antes que venga aquí un hombre,
que ya por instantes tarda.
Despedilde, pues.
Elvira
A don Juan
El mismo
riesgo hay en verme la cara
que en escucharme la voz.
Juan
¿Por qué?
Elvira
Descúbrese a don Juan.
Por esto.
Juan
¡Sin alma
he quedado!
Elvira
Yo, don Juan,
soy la que encubierta os ama,
ved ahora si os está bien
que don Diego en vuestra casa
ni me oiga ni me vea.
Juan
Cubríos, no habléis palabra;
piérdase todo, y no un solo
átomo de vuestra fama.
Don Diego, esta dama aún no
quiere hablar; y si arriesgara
mil vidas, no la han de hacer
fuerza alguna; y así basta
que yo os diga que no es ella.
Diego
¿Cómo queréis que yo haga
fineza de creeros, si...?
Salen don Félix y Lisardo.
Félix
Bien creeréis que mi tardanza,
don Juan, fue por prevenir
casa adonde Leonor vaya
y una silla que la lleve.
Diego
Mirad si es ella.
Juan
(¡Qué estrañas
son mis penas!).
Félix
Mas ¡qué veo!
A don Juan.
¡Don Diego aquí! No pensara
de vos jamás que teniendo
a Leonor en vuestra casa,
habiéndome dado a mí
–como tan noble– palabra
de ayudarme hasta tenerla
en mi poder, fuera tanta
de don Diego la amistad
que diera lugar de hablarla.
Abre Leonor, y sale.
Leonor
(La voz de Félix he oído,
y así no importará que abra).
Juan
(Decir ahora que es Leonor,
por que deste riesgo salga
Elvira, es bien; que no veo
la hora que de aquí se vaya,
y después habrá ocasión
de que el trueco se deshaga).
Yo sé, don Félix, muy bien
qué debo hacer. Si se halla
aquí don Diego, no ha sido
llamado; y antes estaba
negándole que es Leonor
esta señora.
Elvira
A don Juan
¿Qué trazas?
Juan
Echarte de aquí; tú, luego
que a la calle con él salgas,
dile que vuelva. Y por que
veáis si cumplo mi palabra,
llevalda donde quisiereis.
Diego
¿Cómo se entiende, llevarla?
Leonor
(¡Cielos! ¿Qué traición es ésta?
¿Mi sufrimiento qué aguarda?).
Félix
Venid, señora, conmigo,
que a riesgo de vida y alma
pondré en salvo vuestra vida.
Elvira
(¡Quién vio confusiones tantas!).
Diego
Don Félix, que haya venido
yo aquí llamado, o que haya
venido sin que me llamen,
ya estoy aquí, y a esa dama,
aunque me aborrezca, no
he de consentir llevarla
mientras ella no me diga
que la deje; pues es clara
cosa que me está mejor
que ella el desaire me haga,
que vos ni don Juan: o tengo
de morir en la demanda.
Félix
¿Qué dificultad habrá
que ella os lo diga? ¿Qué aguardas,
Leonor? Si soy yo a quien quieres,
¿por qué, di, no te declaras?
Responde, Leonor.
Elvira
Mirad
que soy de don Diego hermana,
y soy la que os avisó
de que los dos os buscaban.
Supuesto que me debéis
finezas anticipadas,
sacadme de aquí; que luego
volveréis por vuestra dama.
Félix
Noble soy; sí haré. Don Diego,
ni hablaros una palabra
quiere Leonor; y así, aquesto
para desengaño basta.
Diego
No basta. Leonor es quien
lo ha de decir.
Sale Leonor.
Leonor
Si eso falta,
Leonor lo dirá, sacando
tres efectos de una causa.
Uno, enmendar la traición
de quien con otra te engaña;
otro, dar satisfaciones
de que don Diego me cansa
y nunca tuvo licencia
para reñir en mi casa;
y otro, en fin, irme contigo.
Diego
Aquí hay más que yo pensaba.
Juan
Félix, en vuestro poder
está Leonor; esto basta
para que contento vais
y gustoso de mi casa.
Y pues es fuerza volver
a cumplirme la palabra
de que en librando a Leonor
mediremos las espadas,
de mí a vos, yo os diré entonces
de aqueste engaño la causa.
Félix
Yo voy a que tome sólo
la silla por que se vaya,
que no haré ausencia de aquí
hasta que mi valor haga
cuanto sabe que le toca.
Vase con Leonor.
Juan
Yo os guardaré las espaldas.
Diego
¿De quién, si yo no la sigo,
viendo que me desengaña
Leonor y que no le queda
a mi amor otra esperanza?
Juan
Ese es el mejor consejo.
Y pues vuestro amor acaba,
permitid que empiece el mío.
Dejadme con esta dama.
Diego
Hay mucho que ver en eso.
Juan
¿Qué hay que ver?
Diego
Sospechas hartas.
Negarme a solas quién era
primero; luego trocada
veo que se entrega a otro,
y de mí sólo se guarda
tanto, que aún no ha permitido
que le oiga una palabra,
me obliga...
Alonso
Dentro
¡Muere, traidor!
Los Dos
¿Qué es aquello?
Sale Hernando.
Hernando
Cuchilladas
a la puerta de la calle.
Juan
Fuerza es que a ver lo que es salga.
Vamos a este empeño, que es
el que con prisa me llama;
que yo os satisfaré luego.
Diego
Sí haré, por no dejar nada
que hacer nunca mi valor.
(¡Vive Dios, que antes que salga
de aquí, he de saber quién es!).
Juan
Elvira, dentro te aguarda;
que yo guardaré tu vida.
Vanse don Juan y don Diego.
Elvira
¿Hay mujer más desdichada?
¡Quién se vio en mayor peligro
que yo!
Retírase Elvira donde estaba Leonor.
Hernando
¡Buena va la danza!
Puesto que mi amo quedarme,
cuando va a reñir, me manda,
quiero obedecer. Señores,
¿qué es esto?
Sale Leonor.
Leonor
El cielo me valga,
pues son mis desdichas tales,
pues son tantas mis desgracias
que al salir Félix conmigo,
mi padre –¡ay de mí!– pasaba
por la calle, y para él
sacó, en viéndole, la espada
y, impidiéndome a mí el paso,
riñendo allá todos andan.
Hernando
Y aun acá; que todos entran.
Enciérrase Elvira.
Leonor
Este aposento en que estaba,
me oculte.
Va hacia él.
Elvira
Tapada, entreabriendo la puerta
Tarde venís;
que esta posada tomada
está ya.
Cierra.
Leonor
¡Ay de mí! ¡Qué presto
tomasteis de mí venganza!
Pero en esta parte intento
esconderme retirada.
Escóndese.
Salen riñendo don Alonso, don Félix, don Juan y don Diego.
Alonso
¡Vive Dios, que atropellando
por todas vuestras espadas,
de una ingrata y un traidor
tengo de tomar venganza!
Félix
Señor don Alonso, quien
ostenta cordura tanta,
mejor con la conveniencia
remedia que con la espada,
los lances de honor. Leonor
es mi esposa.
Alonso
Si se casa
con vos, diré que me obliga
el que dije que me agravia.
Juan
Pues ése ha de ser el medio,
remítanse las espadas
a la razón.
Alonso
A Hernando
¿Dónde está
una mujer que, turbada,
se volvió a entrar aquí dentro?
Juan
Hernando, ¿por qué no hablas?
Hernando
¿Qué he de hablar?
Juan
¿No te quedaste
aquí?
Hernando
Sí.
Juan
¿Dónde se guarda
Leonor?
Hernando
No sé si preguntas
por la buena o por la mala,
por la cierta o la fingida,
por la fina o por la falsa;
y así, por no errar, respondo
que aquí, y aquí están entrambas.
Juan
Sin duda aquí está Leonor,
que es la parte donde estaba
primero, y aquí habrá vuelto.
Llégase al cuarto donde está Elvira, y habla recio.
Señora, ya es bien que salgas
sin temor de que te vean
los mismos de quien te guardas,
pues ya eres feliz esposa
del que tú quieres y amas.
Sale Elvira.
Elvira
Contenta, ufana y alegre
salgo en esta confianza,
que claro está que sois vos.
Diego
Bien sospeché. ¡Vil hermana!...
Hernando
¿Aún no habemos acabado?
Diego
¿Así mi amistad se agravia?
Juan
¿En qué agravio la amistad?
Diego
En el honor y en la fama.
Alonso
Si de mi ofensa, don Diego,
la misma parte os alcanza,
la misma satisfacción
es la más cuerda venganza.
Juan
Esa yo se la daré
con la mano y con el alma.
Diego
Y yo quedaré contento.
Félix
Que parezca Leonor falta.
Hernando
Si me dan hallazgo, yo
les diré que aquí se guarda.
Sale Leonor.
Leonor
Humildemente, señor,
arrojándome a tus plantas...
Alonso
Dale la mano a don Félix.
Hernando
Pensarán que está acabada
la comedia con casarse
los galanes y las damas;
pues escuchen vuesarcedes,
que otro pedacito falta.
Félix
Don Juan, yo os tengo ofendido,
y vos en la misma instancia
me tenéis a mí obligado.
Yo he de cumplir mi palabra
de que, en cobrando a Leonor,
volver tengo a la campaña;
mas si el ir yo allá ha de ser
para rendiros la espada
–pues no he de reñir con quien
debo honor, ser, vida y alma–,
mejor es que aquí os la rinda,
los dos quedando en tal causa
bien puestos, vos amparando
y yo rindiéndoos las armas.
Alonso
Todo queda así compuesto.
Diego
No todo; que agora falta,
si con don Juan ha cumplido,
que a reñir conmigo salga.
Leonor
Ese duelo, yo, don Diego,
seré quien le satisfaga.
Esa fue una competencia
de amor, a que nunca causa
di yo, permitida entonces,
que era de don Félix dama.
Pero ahora que soy su esposa,
no será bien que la haya;
y así cesará el efeto,
pues ha cesado la causa.
Hernando
A pagar de mi dinero,
la suerte está bien juzgada,
y nadie queda mal puesto
sino yo en estas demandas,
pues quedo descalabrado,
con cuyos duelos acaban
«Los empeños de un acaso».
Perdonad sus muchas faltas.
FIN
- License
-
CC0 1.0 Licence
Link to license
- Citation Suggestion for this Edition
- TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. Los empeños de un acaso. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbw7.0