Apolo y Climene
Comedia Famosa

Personas que hablan en ella

  • APOLO
  • CLIMENE
  • CÉFIRO
  • SÁTIRO
  • ADMETO
  • CINTIA
  • LESBIA
  • FLORA
  • CLICIE
  • ERÍDANO
  • FITÓN
  • MERCURIO
  • IRIS
  • PASTORES
  • ACOMPAÑAMIENTO
  • MÚSICA

Jornada Primera

A los primeros versos que se dicen dentro sale Céfiro galán y atravesando el tablado como a obscuras, se entra por la boca de una gruta, llevandose tras sí un bastidor de yerba, con que quedará cerrada, uniéndose con lo demás del teatro; y salen después por una parte Climene, y por otra Lesbia, Cintia, Clicie, y Flora, con arcos y flechas y luces.
Climene
dentro.
¡Ah del templo! Ah del alcázar!
¡Ah del monte! ¡Ah de la selva!
Ninfas que habitáis sus claustros,
guardas que veláis las cercas,
¡traición, traición!, acudid
todos.
Flora
dentro.
De Climene bella
son las voces.
Todos
[dentro.]
¿Qué esperamos
para ir a favorecerla?
Uno
dentro.
Traición se oye en los jardines.
¡Alerta, guardas!
A una parte las mujeres y a otra los hombres.
Todos
[dentro.]
¡Alerta!
Todas
[dentro.]
¡A la gruta, al cenador!
Todos
¡Al muro, al foso!
Sale Céfiro.
[Céfiro]
¡Qué cierta
es mi muerte, ay, infelice,
si el asombro no me deja
elección para encontrar
con la boca de la cueva
y dejarla como estaba,
de hojas y troncos cubierta!
Vase cerrando la gruta y salen las damas.
Climene
¡Traición, traición! Acudid
con luces, arcos y flechas
todas a mi voz.
Todas
Señora,
¿qué es esto?
Climene
Absorta y suspensa
apenas podré decirlo
y habré de decirlo a penas.
Que me dejásedes sola
os mandé, por si pudiera,
ya que tranquila la noche
daba a mis desdichas tregua,
desahogar conmigo en este
jardín la mortal tristeza
de haber nacido a vivir
sin vivir, pues mi primera
cuna y último sepulcro
su centro fue, sin que sea
consuelo para no ser
infausta prisión estrecha
ver plateado el calabozo
ni dorada la cadena.
Pero esto ahora no es del caso;
doy al discurso la vuelta.
Que me dejásedes sola
mandé y, soltando la rienda
al llanto –que, como es fuego
mi mal, con agua se templa–
apenas para enjugarle
–no porque enjugarle quiera,
sino porque reprimido
vuelva a correr con más fuerza–,
saqué un lienzo, cuando, ¡ay, triste!,
a la escasa luz que densa
concede el bulto y retira
el semblante de entre aquellas
intrincadas murtas veo
que hacia mí un bulto se acerca.
Ser ilusión al principio
juzgué, de cuya sospecha
me desangañó la voz,
Túrbanse todas con los afectos que después dicen los versos.
pues llegó diciendo: «¿Era,
imposible dueño mío,
hora ya de que la seña
de ese blanco lienzo diese,
como quien sólo entre negras
sombras deja divisarse,
a mis temores licencias
para llegar a tus plantas?».
Bien incautamente atenta
a desentrañar quién fuese
cómplice de igual ofensa,
disimular quise; pero
en vano, que a la primera
palabra desconoció
o estilo o metal. ¡Qué necia
debe de ser en amor
esa inútil diligencia
de engañar al alma, pues
ni la noche ni la media
voz pudo hacer que sonase
a cariño la cautela!
Por entendido del yerro
se dio y con tal ligereza
volvió la espalda que, tardo
el viento en su competencia,
ni tenerle ni seguirle
pude. Y siendo así que encierra
ese jardín al aleve
amante y a la que ciega
sagrados cultos profana,
y que ya voces y quejas
han puesto en vela a las guardas
que todo el contorno cercan,
¡dadme arco y flechas! No quede
Toma uno de los arcos.
árbol, flor, hoja ni piedra
que no penetre el rencor
o que el valor no trascienda
por que, corriendo nosotras
el jardín y el monte ellas,
yendo a parar en sus manos,
si es que escapa de las nuestras,
el agresor no se ignore,
la delincuente se sepa
y uno y otro de Diana
torpe sacrificio sean,
bien como deidad que es deste
templo, alcázar, monte y selva.
Cintia
No, señora, no aventures
Detiénela como con temor.
tú tu vida, que quien entra
tan resueltamente osado
a este jardín sin que tema
decretos del Rey, que a muerte
le traen condenado, es fuerza
que no sin mucho resguardo
a tanto peligro…
Climene
¡Suelta!
Desásese della y pasa a Lesbia, que hablará turbada.
Lesbia
Dice bien, porque si… cuando…
viendo… no… tú… que… ¡La lengua
al pasmo de tanto insulto
con las razones no encuentra!
Pasa della y da con Clicie, que estará llorando.
Clicie
Yo, ni atenta a aquel temor
ni a esta turbación atenta,
te animo ni desanimo.
Sólo sé que es mi tristeza
tal que a no brotar en llanto,
me matara su violencia.
Pasa della y da con Flora.
Flora
Ni el temor de una ni de otra
la turbación o terneza
te acobarde. Yo contigo
iré y seré la primera
–según el rencor, la ira
y cólera que en mí engendra
tanto ofendido decoro–
que su aleve sangre vierta.
Climene
(No sé destos cuatro afectos
qué inferir. Medrosa tiembla
Cintia al buscarle, turbada
Lesbia enmudece, suspensa
Clicie enternecida llora
y Flora animada alienta.
¿Cuál será de aquestos cuatro
estremos, si es que entre ellas
la cómplice está, el que más
o la condene o la absuelva?
Esto es para más de espacio).
Todas las razones vuestras
no han de suspender mis iras.
La que se atreviere venga
conmigo.
Flora
Mal puedo yo
dejar de ser, cuando expuesta
a morir en desagravio
de tu honor estoy resuelta.
Clicie
Yo también, por más que el susto
la llave a mi llanto tuerza.
Cintia
Y yo, que el temer es uno
y otro que el temor me venza.
Lesbia
Ni a mí; que la turbación
grava, pero no amedrenta.
Climene
Pues decid todas por que
las guardas estén en vela:
Las Cuatro
¡Traición hay en los jardines!
¡Alerta, guardas, alerta!
Todos
[dentro.]
. ¡Traición hay en los jardines!
¡Alerta, guardas, alerta!
Hombres
[dentro.]
¡Al muro! ¡Al foso!
Mujeres
[dentro.]
¡A la gruta!
¡A la fuente!
Con esta repetición se entran todos y sale Sátiro, villano, armado ridículamente.
Sátiro
A la taberna,
dijera yo, que es la ermita
donde sus lámparas ceban
los feligreses de Baco,
a quien, como tal, es fuerza
que acuda hoy en la aflicción
de que a dar sobre mí venga
todo este escándalo. ¡Oh, nunca
aquesta maldita lengua
que en su vida calló cosa
a Céfiro dicho hubiera
destos condutos del agua
la oculta mina secreta
que va a los jardines! ¡Nunca,
como jardinero que era
antes de pastor, hubiese
cubierto en falso de hiedras
la gruta en que dan! ¡Y nunca,
en fin, a su dama bella,
a quien por su agricultura
fue fácil la diligencia,
llevara el papel de aviso
con la seña y contraseña
para conocerse! Pero
¿quién pudo hacer resistencia
a dos tentaciones? Una,
que es la que hizo más fuerza,
chismar el secreto; y otra,
que a quien se le chisme sea
Céfiro, en quien la codicia
pactó con la conveniencia.
Mas, ¡ay de mí!, que entre uno
y otro es preciso que tema,
habiendo escuchado voces
dentro del jardín y fuera
estruendo de gentes y armas,
que algún desmán le acontezca,
con que dé todo el secreto
al traste, si en él le encuentran,
y es él por quien todos dicen…
Dentro Céfiro, y sale después por un escotillón que estará abierto en el tablado a la parte contraria de la gruta.
Céfiro
¿Qué es esto, fortuna adversa?
Sátiro
Pero ¿no es esta su voz?
Céfiro
¿Te cansaste de que hubiera
una dicha para mí?
Sátiro
¡Céfiro!
Céfiro
¿Quién es quien llega
sabiendo ese nombre?
Sátiro
¿Quién
puede ser, si no quien sepa
que tú sólo de esa sima
salir a estas horas puedas?
Céfiro
¿Sátiro?
Sátiro
Sí.
Céfiro
Pues ¿qué haces
aquí?
Sátiro
Las voces diversas
me sacaron de la choza,
en fe de que, aunque me vean,
con decir que vengo a darles
favor salvo la sospecha.
Y como siempre el cuidado
guía donde se recela,
hacia aquí vine. ¿Qué ha habido?
Céfiro
La fuga corre más priesa
que la relación. La boca
me ayuda a cerrar con esta
peña que la disimula
en brozas de grama y hierba;
no diga, ya que hizo el daño,
de él la causa.
Sátiro
Diligencia
precisa es para que boca
que yo manejo enmudezca
y que enseñada a mis mañas
a voces no diga…
Al ir a levantar una como losa, disparan en lo alto un arcabuz, suena terremoto de truenos y caen los dos como asustados.
Voz
En lo alto
¡Muera
precipitado a los montes
quien a la deidad suprema
se atreve a ofender!
Céfiro
¿Qué es eso?
Sátiro
Eso es dar conmigo en tierra
la voz de un trueno, que al ir
a despabilarla deja
a buenas noches la noche.
Terremoto.
Céfiro
¿Quién de un instante a otro en negras
pavorosas sombras vio
la faz de la luna envuelta?
Sátiro
Yo, por señas de que aun no
lo puedo decir por señas.
Terremoto.
Céfiro
Sin duda, ¡ay de mí!, sin duda,
llevándose tras sí a ciegas
las tropas de los luceros,
las huestes de las estrellas,
bien como casta Diana
de mí ofendida se venga.
Terremoto.
Sátiro
No, señor, que para ti
y para mí no moviera
tanto aparato una diosa,
fuera de que, si ello fuera,
no errara el tiro. Otra causa
en las celestes esferas
El terremoto y cajas de guerra en lo alto.
debe de haber, pues no sólo
se oye rumor de violenta
tempestad, pero de armas,
como que encuentros de guerra
entre sí mueven los dioses.
El terremoto, caja y trompetas, en lo alto al arma.
Céfiro
Bien esa razón me diera
qué discurrir, si al oído,
sea verdad o ilusión sea,
el idioma de aquel trueno
no me hubiera dicho…
El terremoto y el arma.
Voces
En lo bajo.
A aquella
parte, a la trémula luz
que relámpagos dispensan,
gente se ve.
Sátiro
Peor es eso.
Las guardas, que ya andan cerca,
nos han descubierto.
Céfiro
Menos
importa que hallen abierta
la sima que no que a mí
me conozcan. Diga ella
la traición, mas no el traidor.
Retírate entre las quiebras
más intrincadas de aquellos
incultos riscos.
Terremoto y arma.
Sátiro
Prudencia
es escoger de dos daños
el menor.
Vase.
Céfiro
No sé cuál sea
menor, supuesto que iguales
Voces
En lo bajo.
A aquella
parte se mueven las ramas.
El terremoto, el arma y otro tiro y dice Apolo en lo alto.
Céfiro
Y los otros dicen:
Voz
En lo alto.
¡Muera
precipitado a los montes!
Céfiro
Con que en arma cielo y tierra,
todo es horrores.
Vase.
Cae Apolo de lo alto en un pescante como que baja despeñado.
Apolo
En vano
lidiar con su competencia
contra los rayos de acero
los rayos de luz intentan.
¡Oh, Jupiter!, ya que airado
de tu imperio me destierras
y por un noble delito
del día el carro me niegas,
tomándote tú el gobierno
de su pértigo en mi ausencia,
¿por qué, ya que está enseñado,
forzándome a que parezca
en traje y persona humano,
negado a todas las ciencias
que me acreditaron dios,
me arrojas y me despeñas?
¿Es donde más pavorosa
la noche a estas horas reina?
Mas ¡ay!, que si «muera» dijo
el rigor de su sentencia
y yo, por deidad, no puedo
morir, bien para que sea
cierto el decreto me priva
de la luz en consecuencia
de que la muerte civil
del ánimo es que la trueca,
al contrario de las dichas,
el linaje de las penas,
bien como yo el día a la noche
y la luz a las tinieblas.
¿Qué region, qué patria, qué
monte será el que en sus breñas
me admita? Mas ¡ay de mí!,
Cae en la boca de la mina y dice los últimos versos en lo bajo, a cuyo tiempo sale Climene y damas.
que no sólo mis tragedias
quieren que el cielo me falte,
mas que me falte la tierra,
pues en segundo despeño
voy a dar. ¡Qué horror! ¡Qué pena!
¡Qué abismo!
Climene
¿Qué confusión,
qué furia, qué rabia es esta
que habiéndome helado el pecho
a la imitación del Etna,
por entre incendios de nieve
copos de llama revienta?
Lesbia
Advierte, señora…
Clicie
Mira…
Flora
Repara…
Climene
¿Qué habrá que advierta,
que mire ni que repare,
si, habiendo la saña nuestra
corrido jardín y alcázar
y las guardas monte y selva,
no ha sido posible hallar
al agresor de tan fiera
traición de amor que la luna
se obscureció por no verla
y aun el sol, pues el sol mismo
parece que con pereza
nos da hoy el día, según
desalumbrado despierta?
¿No veis, no veis que su carro,
de la continua tarea
errando el curso y cayendo
precipitado a la tierra,
abrasa montes y mares,
de cuya encendida hoguera
son las espumas cenizas
y las montañas pavesas?
¡Que me quemo! ¡Que me abraso!
Pero ¿qué digo? ¡Qué idea
tan vana! ¡Qué fantasía
tan loca ¡Qué ansia tan necia!
Arrebatome el dolor
vida y voz.
Cintia
De tus tristezas
la justa razón, señora,
de nacer a vivir presa,
cuando pensó Etiopia que,
naciendo única heredera
de los estados de Admeto,
nacías a ser su reina,
no me espanto que perturbe
tus sentidos de manera
que te haga creer de noche
que fingidas sombras veas,
pues te hizo creer de día
que el sol despeñado…
Climene
Cesa,
cesa, no prosigas, que es
muy atrevida licencia
pensar que yo… Mas no quiero
que por mí mi enojo vuelva,
sino mi razón. Entremos
en la primer experiencia:
de la ilusión del sol, Cintia,
nacida de que aborrezca
la luz sólo por ser luz,
me cobré. Y lo mismo hiciera
de esotra ilusión a no
darla tú ahora más fuerza.
Cintia
¿Yo, señora?
Climene
Tú, pues tú
fuiste, Cintia, la primera
que temerosa intentaste
que yo en alcance no fuera
del hombre que vi y hablé.
Y quien entonces, sujeta
del temor de que le hallase,
ahora ser delirio esfuerza,
es cierto que contra sí
mueve la primer sospecha,
inducida en el delito.
Cintia
Humilde a tus plantas puesta,
te suplico que repares
que, viendo cuánto te dejas
ir tras tus melancolías,
persuadirte a que las venzas,
más mira a lealtad que a culpa.
Y en cuanto al temor, que adviertas
también, te suplico, que es
natural pasión que reina
igual al principio en todos,
bien que luego diferencia
en que el cobarde le estima
y el valiente le desprecia;
¿qué es lo que en mí viste, pues
temí y te seguí resuelta?
Y siendo así que aquel miedo
nació de ver cuánto arriesgas
tu vida en busca de un hombre
que venir restado es fuerza,
tercera vez te suplico
que no mis lealtades tuerzas
a la parte de culpada,
pues puedes a la de cuerda,
a otros afectos, señora,
descaminar la sospecha,
pues quien se turba se acusa,
quien se enternece la pesa
y quien se alienta, quizá
a más no poder se alienta.
Lesbia
Cintia, un escándalo en quien
nunca pensó que viniera
ni pudiera venir coge
al corazón de manera
desimaginado, que
le embiste sin resistencia,
y, como del corazón
es intérprete la lengua,
lo que él la dicta turbado
pronuncia turbada ella.
Con que no sólo es indicio
de culpa, sino evidencia
de que, como no esperado,
mal sobresalta y altera,
que es lo que no la acontece
a la que llora, pues cierta
del daño, a riesgo de que
o se sepa o no se sepa,
ya la coge apercibido
el llanto a la contingencia.
Clicie
Que un corazón asaltado
negar pueda voces, Lesbia,
yo lo concedo; mas no
que lágrimas negar pueda,
porque las lágrimas son
tan fugitiva materia
que a pesar del corazón
se exhalan sin su licencia.
Luego, que un afecto llore
al paso que otro enmudezca,
todo dice corazón
turbado, con diferencia
de que de labios y ojos
es tan contraria la senda
que palabras la rebalsan
y lágrimas la revientan,
sin que por eso el efeto
pueda presumirse dellas
que son manantial que nace
de tan equívocas venas
que tal vez llora la ira
y tal llora la clemencia.
Y pues no es fácil saber
si mis lágrimas se muevan
de lástima del error
u de saña de la ofensa,
no al contrario las arguyas,
que es desproporción que quieras
que a ti el fracaso te turbe
y que a mí no me enternezca.
Demás de que el llanto es noble
y no es posible que mienta
como el temor, que es villano,
la turbación, que es grosera,
y el esfuerzo, que es traidor,
pues tal vez finge a cautela
cuando, como dijo Cintia,
a más no poder se esfuerza.
Flora
Eso habla conmigo. Pero,
aunque responder pudiera
que quien se esfuerza culpada
sólo es cuando considera
lejos la averiguación
–porque cuando anda tan cerca
que va en su alcance, sería
temerariamente necia
la que en sus alientos diese
las armas contra sí mesma–,
no lo he de hacer, ni he de dar
en mi abono más respuesta
que no darla; porque fía
muy poco de sí quien piensa
que su inocencia se vale
de más que ser inocencia.
Cúrese en salud quien teme,
quien se turba y desalienta,
y dé en fin satisfación
la que necesita della;
porque no ha menester darla
quien no ha menester tenerla.
Cintia
Quien de mí presuma…
Lesbia
Quien
de mí piense…
Clicie
…de mí crea…
Cintia
…que yo...
Lesbia Y Flora
...que yo…
Climene
Pues ¿qué es esto?
Ved que estáis en mi presencia.
Las Cuatro
Señora, si…
Climene
Bien está.
Idos de aquí, que molesta
dos veces dolor que pasa
a cuestión; pues sólo prueba
que, siempre que se repite,
sin que se olvide se acuerda.
Idos, pues, idos de aquí.
Cintia
El obedecer es fuerza.
Vase.
Lesbia
(Quiera el cielo que mis ansias
de mí la aseguren).
Vase.
Flora
(Quiera
mi dicha que mis razones
sus presunciones convenzan).
Vase.
Clicie
(¡Oh, quién pudiera decir
a voces que mi tristeza
es ver que hay para mí olvidos
cuando hay para otra fineza!).
Vase.
Climene
Mal me ha salido el examen
desta primera experiencia,
pues, a cuestión reducidas,
en pie la duda me dejan
tan cabal como se estaba.
Pero no son solas ellas
las que me asisten. ¿Quién, cielos,
cuando es de uno la sospecha
y de muchos el indicio,
me dirá de qué manera
se averigua una traición
con que, en discursos envuelta
la imaginación, no sabe
lo que dude o lo que crea?
Y así, en tanto que los cielos
la verdad descubren, sea
el llanto el que me acompañe,
ya que en mi triste, mi adversa
fortuna no me permiten
otro consuelo. ¡Ay de aquella
que sólo en la queja libra
el alivio de la queja!
Pónese el lienzo en los ojos y entreabre Apolo el bastidor sin salir.
Apolo
Pequeño rasgo de luz,
penetrando la funesta
sima en que caí por breves
resquicios de inculta quiebra,
mi norte ha sido y, pues sólo
me defiende el que la vea
cara a cara la celosa
maraña que me dispensan
mal entretejidas ramas,
¿qué aguardo para romperlas
y salir a ver adónde
vine a dar?
Sale al tablado. Climene aparta el lienzo y vuelve a cubrirse otra vez los ojos.
Climene
Confusa idea,
¡duélete de mí!, que quieren
quitarme el juicio las mesmas
que con mi melancolía
desmienten su error…
Apolo
¡Qué bella
fábrica! ¡Qué suntuoso
alcázar! ¡Qué primavera
tan floridamente hermosa!
Y no es su menor grandeza
no haber en todo su espacio
más que una dama, y aquesta
tan inmóvil que, a no dar
el lienzo en sus ojos muestras
de lágrimas mal enjutas
a los suspiros que alienta,
estatua la imaginara
destos cuadros.
Climene
…y pues llegan
a motejarme de loca,
para que no lo parezca,
dime más claro si fue
ilusión, si fue quimera…
Pero no, tan en mí estaba
como ahora estoy, cuando en esta
Aparta el lienzo del rostro.
misma parte vi que el hombre
llegó a mí, diciendo…
Apolo
¿Era
hora ya, hermoso prodigio,
que ese blanco cendal diera
–apartado de tus ojos
como concediendo treguas
entre el consuelo y el llanto–
a mis temores licencia…
Climene
(¡Cielos! ¿Qué miro y escucho?
Su voz y su acción, ¿no es esta?).
Apolo
…para llegar a tus plantas?,
que no me atreví sin ella,
por no impedir el aliento
que dan las lágrimas tiernas
al triste.
Climene
(¿Quién creerá, cielos,
que el que buscaba soberbia,
tímida al verle me deje,
torpe, helada, absorta y yerta?
Pero ¡qué digo! ¿Yo temo?
¿Yo me acobardo?).
Apolo
Merezca…
Flecha el arco.
Climene
¿Qué has de merecer, aleve
agresor de tan severa
ley que el sol desde su esfera,
si a quebrantarla se atreve
pasando esta línea bella,
es porque en disculpa halla
la lisonja de alumbralla
de la culpa de rompella?
¿Qué has de merecer si no
la muerte que merecida
te traes ya? Y dar a tu vida
el breve término yo
que hay de mi flecha a tu pecho,
es porque me importas vivo
hasta saber el esquivo
cómplice, cuyo despecho
sagrados cultos profana,
llevando a ambos mi valor
por víctimas de mi honor
a las aras de Diana.
Y pues a tu alevosía
lo equívoco no bastó
de la noche y te engañó
también con la seña el día,
dime antes que acuda gente
y ella la muerte te dé
sin más que verte, ¿quién fue
de tu amor la delincuente?
¿Quién eres y cómo entraste
aquí? ¿Cómo, ya que huiste,
de mí esconderte pudiste?
¿Y cómo, en fin, ya que osaste
verme, merecer pretendes
nada de mí y no percibes
que me ofende lo que vives
aun más que lo que me ofendes?
Apolo
Divina hermosa beldad,
si en este florido espacio
reina eres de su palacio
u de su templo deidad,
rendido a tus pies espero
que veas que es en lid tan dura
desaire de la hermosura
matar con armas de acero,
cuando puede con mirar.
Y pues llegaste a advertir
que yo no escuso el morir,
sino el modo de matar,
suspende al arco el furor,
que es mal ejemplar, advierte,
que aprenda el odio a dar muerte
con las armas del amor.
Climene
Por más que desentendido
de mis preguntas te des,
quién eres sabré y quién es
la falsa que se ha atrevido
a tanto arrojo. ¿Por dónde
entraste? ¿Por dónde fuiste
cuando anoche de mí huiste?
Y, en fin, ¿qué centro te esconde?
Apolo
Muchas tus preguntas son
y tan corta mi fortuna
que la razón de ninguna
es de todas la razón,
porque no sé cómo aquí
entré ni por quién entré;
que huyese de ti no sé
ni sé dónde me escondí,
ni aun quién soy sé, porque estoy
de mí tan desconocido
que por callar lo que he sido
no he de decir lo que soy.
Y por que menos airada,
al verme hablar deste modo,
creas que respondo a todo
cuando no respondo a nada,
sola una razón por mí
te asegure que otro fue
quien huyó de ti, porque
nunca yo huyera de ti,
pues, si mil muertes hubiera
y en ver tu hermosura rara
mil vidas aventurara,
fueran pocas; y si fiera
quieres la experiencia hacer,
la gente puedes llamar:
verás dejarme matar
por no dejarte de ver.
Despeñado de mí mismo,
en una sima caí;
luz entre unas ramas vi,
con que a tu jardín su abismo
troqué, si ya no es que sea
que, como el mundo pendiente
del aire está e igualmente
todo el cielo le rodea,
pasó antípoda mi anhelo,
penetrando lo profundo
de esotra parte del mundo
a esotra parte del cielo.
Esto es lo que sé de mí.
Climene
Pues lo que yo de mí sé
es que, aunque nunca escuché
lisonjas que hasta hoy no oí,
no han de ser parte a que yo
todo cuanto he preguntado
no sepa, o aqueste alado
arco que Diana me dio
emplearé en su desagravio
antes que nadie te vea,
por que otro ninguno sea
quien de su agravio y mi agravio
vengue a los dos.
Apolo
Si sospechas
que eso me ha de dar desmayos,
quien ya está muerto a tus rayos,
¿qué ha de temer a tus flechas?
Dispara, pues.
Al disparar se le cae el arco de la mano.
Climene
Sí haré. ¡Cielo!
¿Quién el impulso retira
y, siendo fuego la ira,
quiere que la acción sea hielo?
Arco y saeta perdí.
Apolo
(Como es Diana mi hermana,
no pudieron de Diana
ser las armas contra mí).
Climene
Si esto es que en la vanidad
de morir tan noblemente
tu desdicha no consiente
labrar tu felicidad,
a pesar de mi impaciencia
dictamen he de mudar.
Aparte.
(No es sino hacer, a pesar
del valor, otra experiencia).
¡Ah del templo!
Apolo
También yo
de dictamen mudaré,
si llamas gente, porque
quien ya la dicha creyó
de que a tus manos moría,
no ha de dejarse matar
de otras armas.
Climene
¿Escapar
cómo podrá tu osadía
ya de mi castigo?
Apolo
Huyendo.
(Esto es fingiendo temer
deslumbrar mi inmortal ser).
Climene
¿Cómo has de poder?
Apolo
Volviendo
a salir por donde entré.
Abre el cancel y ella le reconoce.
Climene
Eso sabré yo estorbar
no dejándote pasar,
ya que la salida sé.
Apolo
Tal lazo es poco embarazo.
Climene
Prueba a ver si lo es o no.
Apolo
Es que no quiero irme yo,
por no desasir el lazo.
Luchan los dos y salen las damas por la parte que está de espaldas Apolo.
Climene
¡Lesbia! ¡Cintia! ¡Flora! ¡Clicie!
Apolo
(¡«Clicie» dijo! ¿Qué sucesos
habrán traído a Clicie aquí?).
Climene
Acudid, acudid presto
a mi voz.
Flora
Acudid todas;
Climene llama.
Las Cuatro
¿Qué es esto?
Climene
Esto es volver a mis manos,
sin que le valga lo presto
de la fuga como anoche,
este aleve agresor fiero,
de quien ya no sólo sé
quién es, mas quién es el dueño
de su amor y cómo aquí
entra y sale.
Flora
(¡Piedad, cielos!
Que, esto sabido, no queda
ya a mi vida más remedio).
¡Ay de mí, infeliz!
Cae Flora desmayada y retíranse Lesbia, Cintia.
Cintia
¡Qué pena!
Lesbia
¡Qué asombro!
Climene
¿Qué ha sido eso?
Clicie
¿Qué quieres que sea, si no
que la que afectó primero
más ánimo, desmayada
yace?
Climene
(Logré el fingimiento:
Flora la culpada es).
Clicie
Y por que veas si es cierto
que desmiente más sospechas
el llanto que no el aliento,
yo la primera seré
que, a no darlo prisionero,
le quite la vida. Suelta,
traidor, y… (¡Pero qué veo!
Llega a desasirlos y, en viendo a Apolo, se retira como asustada.
¡Apolo es! ¡Ay de mí, triste!
Sin duda los sentimientos
y lágrimas que formé
de su olvido le trajeron
en mi busca; con que yo
a ser la culpada vengo.
¡Duélase el cielo de mí!).
Cae desmayada.
Climene
(También Clicie, al verle, ha hecho
el mismo estremo que Flora,
con que a mi duda me vuelvo,
pues ya no es la culpa de una,
si es de dos el sentimiento).
Apolo
(¡Ah, Clicie!, no sé qué diga
de tu susto y de mi empeño).
Cintia
¿Qué es esto, Lesbia?
Lesbia
No sé;
mas si cuantas van viniendo
se han de ir, Cintia, desmayando,
huyamos las dos.
Cintia
Llamemos
gente.
Lesbia
Bien has dicho. ¡Guardas
de esos muros!
Cintia
¡Jardineros
de esos pensiles!
Yéndose.
Lesbia
¡Pastores
de esos ganados de Admeto!
Las Dos
Acudid, acudid todos:
entrad a favorecernos.
Vanse.
Uno
dentro.
Otra vez del jardín llaman.
Climene
(De turbada…)
Apolo
(De suspenso…)
Climene
(…sin mí estoy).
Apolo
(…no sé de mí).
Dentro golpes y ruido.
Admeto
dentro.
Ya que a las noticias vengo
del escándalo de anoche
y duran todavía dentro
las voces, romped las puertas
y entrad conmigo, que menos
importan ya en mis temores
los presagios que los riesgos.
Climene
Las puertas al jardín rompen.
Apolo
¡Cuánto que veas me huelgo
cuán poco da que temer
el morir al que ya ha muerto
a manos de tu hermosura!
Climene
No veré tal, que no quiero
que, siendo la ofensa mía,
sea de otro el vencimiento.
Vete, pues, vete; y estima
a mi desvanecimiento
no querer que otros te maten.
(Mejor dijera a un afecto,
con que, sintiendo el que viva,
también el que muera siento).
Vete, pues.
Apolo
Sí haré, no tanto
a guardar mi vida atento
por mía, cuanto por tuya.
Climene
Pues mira que es dada a precio
de que aquí no has de volver,
porque en este mismo puesto
he de estar a ver si cumples
mi mandato. Y vete presto;
que yo, por que no te vean
y sigan, saldré al encuentro.
Apolo
A Dios, pues.
Climene
A Dios.
Apolo
(Perdone
Clicie, cuando así la dejo,
que si huyo un amor, ¿qué mucho
que huya un aborrecimiento?).
Vase cerrando el cancel.
Climene
Haga la deshecha agora.
¡Vaga fantasma del viento,
oye, aguarda!
Sale Admeto.
Admeto
Aquí os quedad
todos. Climene, ¿qué es esto?
Climene
¿Qué ha de ser sino seguir
a la causa los efectos
y una vida que es prodigios
estar brotando portentos?
Dígalo hallarme entre dos
vivos cadáveres, siendo
Clicie y Flora.
Clicie
¿Quién me llama?
Flora
¿Quién me nombra?
Climene
Mas, supuesto
que a su nombre han vuelto en sí,
bien como natural eco
cuyo sonido más vivo
hiere al oído, no quiero
hacer, diciéndolo yo,
sospechoso mi despecho,
sino que ellas mismas digan
lo que esto ha sido.
Clicie
(¡Qué veo!).
Flora
(¡Qué miro!).
Clicie
(Donde vi a Apolo,…)
Flora
(Donde a Céfiro vi,…)
Clicie
(…¡cielos!,
es Admeto el que está).
Flora
(…es
el que llego a ver Admeto).
Climene
Hablad, pues, decid qué ha sido,
que yo en vuestros labios dejo
mi verdad.
Clicie
(Pues no está aquí
el asunto de mi empeño,…)
Flora
(Pues falta de aquí el testigo
de mi culpa,…)
Las Dos
(…negar pienso…)
Clicie
(…la causa de mi desmayo,…)
Flora
(…la acusación de mi yerro,…)
Las Dos
(…que nunca lo bien negado
fue bien creído).
Climene
Poniendo
mi razón en vuestras manos,
¿sólo responde el silencio?
Flora
(¡Deme su industria el amor!).
Clicie
(¡Deme su astucia el ingenio!).
Flora
Yo sólo sé que vi un hombre
luchar contigo y, queriendo
llegar a favorecerte,
como tú viste primero
caer despeñado el sol,
de su caída el efecto
vi yo, pues vi en viva llama
todo este jardín envuelto,
a cuyo terror perdí
con el asombro el aliento.
Clicie
(Pues me hallo hecha la disculpa,
della me valdré). No menos
estrago vi yo, pues vi,
cuando socorrerte intento,
que un encendido Volcán
el paso me impedía.
Admeto
(¡Cielos!
De mis previstas desdichas,
¿no son los anuncios estos?).
Quédase como suspenso.
Clicie
Y pues a tanto pavor,…
Flora
Y pues a tal pensamiento,…
Clicie
…no bien cobrada,…
Flora
…no bien
segura, aún me abraso,…
Clicie
…aún tiemblo,….
Flora
…¿qué he de hablar?,…
Clicie
…¿qué he de decir?,…
Flora
…sino que gimo…
Clicie
…que peno…
Flora
…la causa que yo no he dado.
Vase.
Clicie
…la culpa que yo no tengo.
Vase.
Climene
(Aunque para mí han mentido,
para con mi padre tengo
de valerme de su engaño).
¿De qué, señor, tan suspenso
has quedado? Bien se ve
lo poco que a ti te debo,
pues te coge tan de susto
lo mucho que yo padezco.
Y aun padecerlo yo sola
ya fuera en parte consuelo,
como no pasara a ser
tan contagioso veneno
el de mis desdichas que,
inficionados los vientos
al infestado vapor
del tósigo de mi aliento,
le participen a cuantas
me asisten. Dígalo, ¡ay, cielos!,
entre otros frenesíes,
delirios o devaneos
que por instantes me siguen
y me alcanzan por momentos,
el de haber visto tal vez
arrancado de su asiento
al sol anegar la tierra
en piélagos de humo y fuego,
talando montes y mares
la inundación de su incendio,
de cuyas cenizas no
acaso has visto tú mesmo
las ruinas de Clicie y Flora
(¡ah, traidoras!). Y aun no es esto
lo más. Al fin todo esto es
ilusión sin alma y cuerpo;
pero con cuerpo y con alma,
ilusión que a un mismo tiempo
es objeto de los ojos
y es exhalación del viento,
ilusión que deja oírse,
hablarse y tocarse, haciendo
al desvanecerse anoche
titubear los elementos
y hoy, que desmayan las huellas
de sus rayos y sus truenos,
más es que ilusión. Y pues
llegas a ocasión que puedo,
a vista del pasmo en que
me hallas, romper el silencio
que ha tantos años que vive
a fuerza del sufrimiento
el más hondo calabozo
de las cárceles del pecho,
perdona, que he de hablar claro.
¿Qué ley, qué razón, qué fuero,
naciendo hija tuya, pudo
encarcelarme en naciendo?
Nacer viviendo a morir,
en todos, señor, lo vemos;
pero en mí sola se ve
nacer a vivir muriendo.
Ser hija tuya, ¿es delito
que merezca tan severo
castigo como ser saña
de las estrellas, ser ceño
de los dioses, ojeriza
de los hados y, en efeto,
en teatros de fortuna
viva fábula del tiempo?
¿Qué fiera, la más inculta,
después que dio a sus hijuelos
bruto ser, alimentado
a blanca sangre del pecho,
no los pone en libertad
el día que los ve llenos
de presas, pieles y garras,
y, apartándoles del seno,
les obliga a que el instinto
les solicite el sustento?
¿Qué ave, después que a sus pollos
nutrió a piedad de su tierno
pico, el día que los ve
de plumas y alas cubiertos,
no los arroja del nido
para que, cobrando vuelo,
sepan que es su patrimonio
toda la región del viento?
¿Qué pez, sin padre y sin madre
–que aun es más, pues su primero
ser se le debe a la peña
en que de su ovado huevo
cobró vida–, no discurre
en dulce libertad puesto
el nunca lineado coto
de su líquido elemento?
Pues si la fiera, ave y pez
nacen libres, ¿cómo el cielo
permite que nazca yo
sin el natural derecho
del pez, el ave y la fiera?
Y si a fiera, ave y pez vuelvo,
¿qué fiera domesticada
en casa de noble dueño,
entre halagos y caricias,
no anhela por el desierto?
¿Qué pájaro, por más que
le cuiden de su sustento,
por volverse al aire no
pica los dorados hierros?
¿Y qué pez, en la resaca
que no le tornó a su centro,
al revés de todos, no
se ahoga con su mismo aliento?
¿Pues qué mucho, siendo yo
racional y brutos ellos,
que a fuer de ave, pez y fiera
aspire a mar, monte y viento?
Dirasme –que esto es lo más
que sé de mí– que un severo
natalicio juicio que
en mi infeliz nacimiento
tu estudio hizo me amenaza,
siempre a mi fortuna opuesto.
Si resguardarme a sus hados
solicitas, ¿qué hado puedo
padecer allá que sea
mayor que el que aquí padezco?
Si no me guardas de mí,
¿de quién me guardas, supuesto
que no tiene el desdichado
más contrario que a sí mesmo?
Dejo aparte si es cordura
creer los fatales agüeros
que en el celeste volumen
de once hojas, cuyo cuaderno
a líneas de estrellas pautan
caracteres y luceros,
los futuros contingentes
tal vez pronostican; dejo
si en un punto, en un segundo
que yerre su movimiento
se discrepan más distancias
que hay desde la tierra al cielo;
dejo que, aunque sean verdades
sus avisos, no por serlo
son tan precisos que ignore
el menos capaz ingenio
que es del vulgo de los astros
monarca el entendimiento;
y voy sólo a si es cordura
remediar un daño a riesgo
de que antes que venga el daño
me dé la muerte el remedio.
Y pues a vista de tantos
llegas a ver cuán violentos
los peligros de allá fuera
saben buscarme acá dentro,
¡duélete de mí!, porque
si en mi llanto, si en mi ruego,
en mi aflicción, en mi pena,
en mi ansia y desconsuelo,
como a padre no te obligo,
como a rey no te enternezco,
como a noble no te ablando,
como a humano no te muevo,
y como mujer a cuantos
me escuchan no compadezco,
verás que desesperada,
pues no me queda remedio
ya que aplicar yo a mí misma
por sacarte verdadero
me doy la muerte, pues, cuando
me falte un agudo acero,
un mal tejido dogal,
un bien templado veneno,
viva brasa, áspid mortal,
no me faltará a lo menos
la más elevada almena
de ese homenaje soberbio
desde donde despeñada
me dé undoso monumento
el Erídano, en quien diga
leve epitafio de hielo:
«Aquí la infeliz Climene
yace a manos de tan fiero
padre, tan injusto rey
y tan inhumano dueño
que cruelmente compasivo
hizo el homicidio ajeno
propio homicidio, pues no
dejó al hado lo sangriento
y, por librarla del daño,
la mató con el remedio».
Vase.
Admeto
¡Oye, aguarda, escucha, espera!
Todos
dentro.
¡Viva Climene!
Admeto
¿Qué es eso?
Sale Céfiro y Sátiro.
Céfiro
(Hagamos del ladrón fiel,
que no seré yo el primero
que en el lugar del delito
asegure el retraimiento).
El pueblo que te ha seguido,
llamado de sus afectos,
habiendo visto en Climene
–cuando juzgó que su encierro
de alguna monstruosidad
nacía– un milagro tan bello,
compadecido a su llanto,
que es el hechizo más tierno
de la hermosura, y movido
de sus piadosos lamentos,
sobre la lealtad de ser
heredera de tu reino,
la libertad apellida
en altas voces diciendo:
Todos
[dentro.]
¡Viva Climene, y no quede
más en la prisión!
Admeto
¡Ay, cielos!
¡Cuán en vano solicita
el corto discurso nuestro
enmendar de las estrellas
los influjos, pues los medios
que pone para impedirlos
le sirven para atraerlos!
Iré a publicar la causa
que me movió, por si puedo
disculparme y reducirlos.
Vase.
Céfiro
Sátiro, ¿qué dices desto?
Sátiro
Que no es la primera vez
que ha creído el vulgo necio
trasgos, duendes y fantasmas;
y, apurado su embeleco,
el hurto de amor los finge
y los califica el miedo.
Céfiro
Pues ya que de nuestro acaso
se ha llegado a hacer misterio,
por que no se desengañen,
ven conmigo.
Sátiro
¿Qué es tu intento?
Céfiro
Cerrar la peña que anoche
abierta quedó, supuesto
que concurriendo aquí todos,
nadie la habrá descubierto.
Éntranse y, dando vuelta al vestuario, salen por la otra parte.
Sátiro
No dices mal. Y pues ella,
tan estrañas cosas viendo,
se está hecha un bausán, la boca
abierta, papando el fresco,
vuelva a cerrarla la losa.
Céfiro
Llega, pues.
Al irla a cerrar, sale Apolo.
Apolo
Gracias al cielo
que, segunda vez guiado
de otra luz, a verle vuelvo.
Embózase Céfiro.
Céfiro
Hombre, aborto de ese abismo,…
Sátiro
(¿Agora tenemos esto?).
Apolo
(¡Que hubo de haber quien me viese!).
Céfiro
…¿quién eres y cómo ahí dentro
osaste entrar? ¿A quién buscas
en ese horroroso seno,
siendo así que nadie tuvo
tan osado atrevimiento
que le examinase?
Embózase Apolo.
[Apolo]
Poco
ha que respondí a eso mesmo
que ni sé quién soy ni sé
a quién busco ni a qué efecto
aquí entro ni salgo.
Céfiro
Pues
a mí me importa saberlo.
Apolo
A mí no decirlo y, si es
que cumple con todo el duelo
quien con lo que intenta sale,
y yo otro ninguno tengo
más de no decir quién soy,
con dejaros voy bien puesto,
pues yo me voy sin decirlo
y vos quedáis sin saberlo.
Vase.
Céfiro
Eso es huir de cobarde;
mas no le valdrá, si el centro
de la tierra no le esconde.
Sígueme, Sátiro.
Vase.
Sátiro
Quiero
cerrar primero la boca,
por si acaso hay otro dentro
no escape en tanto. Señores,
Climene, llorosa; el pueblo,
solevado; Clicie y Flora,
siguiendo asombros; Admeto,
pronosticando desdichas;
Céfiro, siguiendo celos,
y yo, recelando palos,
¿en qué ha de parar aquesto?
Vase.

Jornada Segunda

Dentro [dicen] las primeras voces y salen luego los que pudieren con Climene, y damas por una parte, y por otra Admeto.
Todos
[dentro.]
¡Viva la hermosa Climene!
Uno
[dentro.]
¡Viva!, y en público salga
donde todo el reino goce
ver su bellísima Infanta.
Climene
Aunque os agradezco, amigos,
el amor con que me aclama
vuestra lealtad, de mi padre
falta el ser gusto.
Admeto
No falta,
que, aunque debiera ofenderme
que en voz de tumulto haga
estos estremos el pueblo,
el celo la culpa salva.
Pero por que nunca quede
en opinión de tirana
la resolución que tuvo
oculta belleza tanta,
será bien que el día que doy
mis oídos a sus ansias
y mis piedades al pueblo
a todos conste la causa:
a él para que no me acuse
de tirano y a ella para
que, sabido su hado, sepa
guardarse de él, ya que alcanza
que el entendimiento es
tan absoluto monarca
que con leyes de albedrío
sobre las estrellas manda.
El fausto felice día
que todos a ver la clara
luz del sol nacen, nació
Climene a no verla, a causa
de que interpuesta la luna
entre él y la tierra estaba
lidiando un letal eclipse
con tan desigual batalla
que de las doradas luces
triunfaban las sombras pardas.
No en este horóscopo, en este
crisis solamente infausta
la previno el cielo, pues,
bien como víbora humana,
nació reventando el seno
de las maternas entrañas,
falseándome en que una muera
el gozo de que otra nazca.
Yo, que ya sabéis cuán docto
discípulo de las varias
ciencias de Fitón, logré
en sus estudios la sabia
astrología, observando
el punto de tan estrañas
señales, las anteví
tan opuestas y contrarias
al transcurso de su vida
que no hubo estrella de cuantas
ya benévolas inducen,
ya retrógradas arrastran,
que no influyese en Climene
infortunios y desgracias.
No entero crédito di
a mi infeliz judiciaria;
y así su figura quise
que la reviese la magia,
a cuyo efecto en lo más
oculto de esas montañas
que a esotra orilla del monte
el sacro Erídano baña,
busqué de Fitón la cueva
y en su pavorosa estancia
mi juicio le consulté
y, aunque en él no enmendó nada,
trató conferirle en todo
con otras ciencias más altas.
No sé si quiromancía
fue la que le habló en las rayas
de la mano, o en el aire
la eteromancía en fantasmas;
la nigromancía, no sé
si en cadáveres o estatuas;
si la piromancía en fuego
o si la hidromancía en agua;
porque sólo sé que lleno
de espíritus que le inflaman,
cuando son suyas las voces,
no son suyas las palabras.
«Las desgracias e infortunios
–dijo– que a Climene aguardan
son que della nacerá
un joven de altivez tanta,
tan indómita soberbia
y tan voraz arrogancia
que en el siríaco idioma
le dé renombre la fama
de Faetón, que significa
rayo, cuya ardiente saña
ha de abrasar a Etiopia
con tal fuego que no haya
desde donde el Nilo empieza
hasta donde el Nilo acaba,
siendo en Egipto sus bocas
hidra de siete gargantas,
distrito que no sea hoguera;
de cuyo incendio a la llama,
y de cuya llama al humo,
la más blanca tez tostada
quedará adusta, de suerte
que venga a ser de la humana
naturaleza Etiopia
borrón de tan triste mancha
que al sol parezcan sus gentes
negras sombras de las blancas».
Si para temer desdichas
el ser desdichas les basta,
¿qué harán desdichas que traen
concordes dos circunstancias?
Y así, para prevenir
que de Climene no haya
sucesión que pueda nunca
ser el Faetón de su patria,
mi primera diligencia
fue desde su tierna infancia
criarla sacerdotisa
de la pura deidad casta
de Diana; a cuyo efecto
labré en esta fértil playa
que el Erídano rodea
y que mis ganados pastan
ese centauro de piedra,
medio templo y medio alcázar.
Y por que ni aun el deseo
violase nunca sus aras,
atreviendo a su hermosura
la más perdida esperanza,
para que nadie la viese,
cerqué de muros y guardas
el sitio con tal recato
que, por que ni aun hombre entrara,
desterré los jardineros,
trayendo para labranza
de sus plantas y sus flores
a Flora, bella zagala,
a quien dio el cielo el dominio
de las flores y las plantas.
Para su divertimento
no hubo en toda Etiopia dama
a quien la naturaleza
dotase de alguna gracia
que a servirla no trajese.
Clicie, sirena que encanta
con su música, lo diga.
Dígalo… Mas las dos basta
que nombre, pues son las dos
en cuyos desmayos me habla
más claro el cielo. Y pues, viendo
en una parte sus ansias
y en otra vuestras lealtades,
es fuerza acudir a entrambas.
Viva en libertad Climene.
Entre, pues, del templo y salga
a ver gentes y ganado;
diviertan pescas y cazas
sus graves melancolías;
bailes, músicas y danzas
destierren de sus ideas
las confusas sombras vagas
que sin cuerpo y alma son
ilusión con cuerpo y alma.
Mas con una condición,
y es que siempre de Diana
se quede sacerdotisa,
sujeta a que, si quebranta
el voto de su pureza,
cumpliendo la ley que manda
que muera víctima suya,
seré yo el primero que haga
della el sacrificio, ya
que inútil mi confianza
me da por vencido a que
no hay recatos ni murallas
que guarden una hermosura
si ella misma no se guarda.
Vase.
Todos
¡Viva la hermosa Climene!
Lesbia
¡Viva! Y nosotras con varias
voces, que el eco repita
en sonoras consonancias,
su libertad celebremos.
Cintia la canción nos haga,
Clicie el tono y yo pondré
en el baile las mudanzas.
Todos
Pues todos te seguiremos.
De música y baile vaya.
Música
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Climene
(¡Qué felice para mí
fuera la alegre mañana
de la noche de mi ausencia,
si permitiera gozarla
enteramente un cuidado
que a un tiempo ofende y halaga!
Pues, sospechosa entre Flora
y Clicie, traidoras ambas,
me mata y pretende que
le agradezca que me mata).
Música
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Climene
Los festejos que el cariño
hace no tienen más paga
que admitirlos; y pues es
el darme por obligada
el premio de vuestro afecto,
proseguid, para que vaya
a tomar la posesión
libertad tan deseada,
al son de vuestros acentos
discurriendo las campañas
del Erídano.
Flora
(¿Quién, cielos,
creyera que se lograran
dos felicidades de una
ficción?).
Clicie
(¿Quién imaginara
que de un engaño nacieran
dos dichas?).
Flora
(Pues ¿disculpada
me dejó a mí y a Climene
libre?).
Clicie
(Pues sin que quedara
Climene en recelo, ¿queda
en libertad?).
Cintia
Ya que ufana
quiere la rara belleza
de nuestra divina infanta
discurrir por los ejidos,
vaya el baile otra vez.
Todos
¡Vaya!
Música
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Vanse bailando y cantando delante de Climene y sale Céfiro deteniendo a Flora.
Céfiro
Pues la novedad del día
permite entre gente tanta
que sin nota hablarte pueda,
óyeme, Flora.
Flora
¿No basta,
sobre el error de la seña
en que de noche te engañas,
el de haber vuelto de día,
pesándote el que quedara
con pesadumbre Climene,
a verla, aleve, y contarla
a quién buscas y por dónde
al jardín entres y salgas,
cuyo susto me costó
verme tan sin vida y alma
que, a no hallar en un asombro
que fingí mentida traza
para que no bien creído
fueras, sin duda acabara
conmigo, sino que quieras,
viéndote agora, que haga
verdad lo que cautelosa
bien o mal desmentí?
Céfiro
¡Ah, ingrata!
¡Qué de cosas y qué mal
unidas y peor trazadas
has compuesto para hacer
tuyas las quejas, a causa
de que yo no hable en las mías!
Flora
¿Tú, quejas de mí?
Céfiro
Sí, y hartas;
pues, no habiendo otro que sepa
la salida ni la entrada
del jardín, la has dicho a quien
vi yo salir de su estancia
tan cobarde que, al querer
saber quién era, la espalda
volvió tan veloz que no
pude alcanzarle.
Flora
¡Qué mala
industria y qué sin ingenio
has imaginado para
disculparte de haber hecho
tan vil acción, torpe y baja,
por complacer a Climene,
como haber dicho a quién amas
y por dónde sales y entras,
siendo así que no hay infamia
como que a una dama obliguen
los desdoros de otra dama!
Céfiro
Pues ¿cuándo a Climene yo
vi ni hablé desde la blanca
seña que me engañó y della
fui huyendo?
Flora
Cuando luchabas
con ella por irte, a efecto
de que entre las que llamaba
me nombraba a mí.
Céfiro
¿Yo?
Flora
Sí,
tú, que, aunque te vi de espaldas,
no pudo ser otro, pues
no hay otro que sepa…
Céfiro
¡Ah, falsa!,
que sí hay, pues hay otro a quien
vi yo salir. ¡Oh, mal haya
el aliño de las flores
en que el cielo te dio gracia
para que el Rey te trajese
violenta aquí a cultivarlas,
pues la utilidad que yo
juzgué que sólo la usaras
conmigo en fingir la gruta
ya sirve a otro!
Flora
Tú te engañas.
Céfiro
Y tú mientes, que es peor.
Flora
Advierte,…
Céfiro
Mira,…
Los Dos
…repara,…
Flora
…que harás que diga mis celos…
Céfiro
…tú harás que diga mi rabia…
Música
[dentro.]
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Flora
La gente vuelve y no sólo
la que salió del alcázar,
mas de todos los ejidos
los zagales y zagalas.
Retírate; que será,
si aquí contigo me hallan,
dar fuerza a lo que tu voz
dijo y desveló mi maña.
Céfiro
Debe de venir entre ellos
quien tus favores alcanza,
y ese es tu mayor temor.
Flora
A eso y a todo intentara
satisfacer, si la tropa
no llegase. Y pues nos falta
tiempo aquí de averiguar
si te agravio o si me agravias,
vuelve esta noche y veremos
si hay otro que entre ni salga.
Céfiro
Sí haré. Pero ¿con qué seña
te conoceré, frustrada
ya la del lienzo?
Flora
La más
segura es que tú no salgas
hasta que abra yo la gruta;
pues si tú, como declaras,
no lo dijiste a Climene
ni yo a otro, cosa es clara
que seré quien abra yo,
pues no hay otra que la abra.
Céfiro
Mira como no lo he dicho,
pues vengo en ello. ¿Qué aguardas,
que llega ya?
Flora
A Dios, a Dios.
Forzoso es, por que no haga
reparo en que me detuve,
mezclarme con los que bailan.
[Vanse.]
Música
[dentro.]
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Salen los que se entraron y otros de villanos y Apolo y Erídano.
Erídano
Recién venido pastor,
que de otras tierras estrañas
vienes buscando fortuna,
convidado de la fama
de los ganados de Admeto,
pues tu lenguaje y tu gala
da a entender ser cortesano,
noble pastor en tu patria,
llega y de parte de todos
da tú a Climene las gracias
de haber logrado con verla
todas nuestras esperanzas.
Apolo
Aunque acobardarme pueda
lo rudo de mi ignorancia,
lo haré por primera cosa,
mayoral, que tú me mandas.
Pero por que disimule
mi mal estilo sus faltas,
de la música el concepto
siga mi voz con la blanda
armonía por que suplan
mis yerros sus consonancias.
Uno
Norabuena, di; que todos
te acompañaremos.
Otro
Vaya.
Veamos, como en baile, a un tiempo
se representa y se canta.
Representa Apolo, repite la música y bailan todos, haciendo compás entre copla y copla.
Apolo
Bellísima Climene,…
Música
Bellísima Climene,…
Apolo
…cuya florida planta…
Música
…cuya florida planta…
Apolo
…a su contacto trueca…
Música
…a su contacto trueca…
Apolo
…en nieve la esmeralda,…
Música
…en nieve la esmeralda,…
Apolo
…pues al pisar el valle,
Música.
reconocen la estampa
Música.
en lo que la florece
Música.
más que en lo que la alhaga.
Música y compás.
Apolo
Solo.
En vano al ver tu aurora
en nubes de oro y nácar
todo se regocija
y todo te hace salva.
Apolo es el primero
que aquí por mí te habla,
diciendo: «No soy sol
hasta tener tal alba».
La solfa de las aves,
con plumas de sus alas,
en láminas del viento
escribe lo que cantan.
Sus conceptos las fuentes
sonoras acompañan,
dando liras de vidrio,
trastes y cuerdas de ámbar.
Bien que desvanecidas,
rosa y jazmín se agravian
de servir de coturnos,
pudiendo de guirnaldas.
Y por que no disuene
la envidia de las ramas,
en los troncos y copas
suenan Favonio y Aura.
Los ganados de Admeto
por toda la campaña,
contra campos de espuma,
son piélagos de lana.
Al río y a la cumbre
hurtan la tez de plata
por que el golfo y el monte
los logres en su falda.
Todo, al fin, te obedece;
pero todo no es nada,
por más que todo junto
repita en tu alabanza:
Todas
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Climene
Ya que en nombre de todos,
galán pastor, me hablas,
por ti a todos responda.
Aparte.
(¿Quién creerá que, turbada
al verle en este traje,
no encuentre las palabras
ni el juicio hasta que sepa
a cuál de las dos ama?).
Dirás al noble afecto
que tanto el verme ensalza,
que quedo (¡mal me animo!),
como debo, obligada
a la fineza, pero
que, atenta a lo que manda
mi padre, es fuerza que
desde este instante haga,
de la que fue precisa,
cárcel tan voluntaria
que haya de despedirlos
sin que entren al alcázar.
Y pues a naide puedo
permitir que la raya
pase destos umbrales,
di a todos que mañana,
ya que hoy vi los ganados,
al monte saldré a caza,
y adviérteles –en esto
con atención repara–
que nadie al jardín pase,
porque si alguno pasa,
ha de encontrar conmigo
donde… Mas esto basta.
Vanse todos delante, cantando y bailando.
Apolo
Todos a tu obediencia
estamos.
Erídano
Y a tus plantas
repetiremos siempre
que al valle a vernos salgas:
Todos
Venturoso es el día
que a estas montañas
mejor sol amanece
con mejor alba.
Clicie detiene a Apolo.
Clicie
Aunque sentir debiera,
Apolo, que contaras
a Climene que soy
de tu venida causa,
cuyo susto al mirarte
me dejó desmayada,…
Apolo
¿Qué dices?
Clicie
…no lo niegues;
que ya no importa nada,
supuesto que, ingeniosa,
al ver que tú faltabas,
hubo industria que pudo
dejarme disculpada.
Y pues todas las quejas
que hasta aquí tuve salva
el ver que, conmovido
de mis piadosas ansias,
no sólo, cual solías,
de tus esferas bajas,
pero en pobre pastor
de Admeto te disfrazas,
para que darte pueda
de igual fineza gracias
sin el susto de que
nadie en que hablamos caiga,
ven esta noche a verme
al jardín, pues la entrada,
ya por deidad, la tienes
seguramente franca.
La seña, por que no
tome de ti venganza
la luna y equivoque
el ser yo con quien hablas,
mi voz será. Y pues ella,
de Admeto a las instancias,
fue la causa de que
mi padre aquí me traiga,
sirva a otro fin: atiende
a la letra que canta,
que ella te dirá que
te acerques o te vayas.
Apolo
¡Oye, espera!
Clicie
No puedo,
que ya ves que hago falta.
De espacio allá hablaremos.
Vase.
Apolo
¿Quién, fortuna, pensara
que Apolo se rindiera
a confusiones tantas
que es fuerza repetirlas
para haber de acordarlas?
Por Júpiter no sólo desterrado
de mi luciente esfera
a la tierra bajé, mas de manera
de dotes y de ciencias despojado
que en infeliz estado,
por un heroico yerro,
paréntesis de luz es mi destierro;
con que a nadie hacer puede repugnancia
que dios que tuvo error tenga ignorancia.
Dígalo persuadida
Clicie a que fue por ella mi venida;
dígalo aquel acaso
que de la noche al día me dio paso;
dígalo de Climene
la hermosura por quien mi amor previene
servir en traje de pastor a Admeto,
y, en fin, dígalo equívoco el conceto
de que advertir que he de encontrar con ella,
no sé si es un decir que vaya a vella.
¡Ah, propio amor, que lleno
de engaños interpretas el ajeno!
Mas, ¡ay!, que, aunque lo sea
y lo mejor livianamente crea,
no sé por dónde, pues, aunque he buscado
la boca de la sima, no la he hallado.
¿Quién de Apolo creería
que halle la noche lo que pierde el día?
Mas con todo no tengo
de darme por vencido:
en su busca prevengo
el centro penetrar más escondido.
Pero allí siento ruido
y gente hacia aquí viene;
verme apartado y solo no conviene.
Iré por otra parte,
pues que todo es buscarla.
[Vase.]
[Salen Céfiro y Sátiro.]
Sátiro
En fin, ¿negarte
Flora intentó que el hombre visto habías?
Céfiro
Traiciones suyas y desdichas mías
¿qué no harán? Aunque el ver que satisfechas
desvanecer intentan mis sospechas,
diciéndome que vuelva
al jardín y a salir no me resuelva
hasta que ella la gruta abra, me ha puesto
en duda de que hay misterio en esto;
y así, a apurarle acuda.
Máteme la evidencia y no la duda;
que no siempre han de ser en sus recelos
las dudas asesinos de los celos.
Y pues la noche ya vistiendo baja
al cadáver del sol negra mortaja,
mientras que yo a la mina
me arrojo, tú esconderte determina
en las ramas, dejándotela abierta,
siempre, Sátiro, alerta.
Abre la sima.
Y si el hombre viniere,
déjale entrar primero, sea quien fuere,
y ciérrala después; que una vez dentro,
verá por dónde huir si yo le encuentro.
Sátiro
¿Posible es que no ves que esa quimera
en metáfora está de ratonera
y habrá quien nos murmure
lo civil del concepto?
Céfiro
No me apure
tu loco humor y advierte
que a mí me va la vida, a ti la muerte.
Vase por la gruta.
Sátiro
¡Bien despachado quedo,
si ya la apelación no admite el miedo!
Veamos qué me aconseja;
escuchemos su voz: «Sátiro, deja
la comisión; que a ti no te conviene
estarte a ver si viene o si no viene;
pues si no viene, nada habrá perdido,
y si viene y te halla aquí escondido,
podrá ser que otra vez de huir se avergüence
y, ruin a ruin, quien acomete vence».
Sano consejo. Cierro, pues, la losa;
cuéstele abrirla, y vamos a otra cosa.
Cierra y vase, y salen Climene y damas.
Climene
Ya que del alegre día
que en libertad llego a verme
es paréntesis la noche,
por que ella también se alegre,
canta algo Clicie, entre tanto
que a oposición me divierten
de los suspiros del aire
las cláusulas de las fuentes.
Flora
¿No será mejor, señora,
que esos aplausos celebre
con sus lisonjas el sueño,
en cuyo descanso vuelve
a revivir la alegría
con nueva alma?
Climene
Mal lo entiendes.
Quien duerme no vive, Flora,
con que un mismo tiempo pierden
el desdichado que vela
y el venturoso que duerme.
Y pues velé desdichada,
deja que dichosa vele,
que no quiere el alborozo
esperar a que despierte.
Canta, Clicie.
Clicie
Sí haré (pues
con cantar ahora desdenes
de Diana, diré a Apolo
que no es tiempo de que llegue).
Canta.
Fatigas del bosque umbroso
y sañas del sol ardiente
templar presumió Diana
en un retirado albergue.
Depuesto el arco y depuestos
los adornos en su verde
margen, a un puro cristal
le dio otro cristal por huésped.
Detente, Anteón, detente;
no llegues a verla, no llegues, no llegues,
que hay fuego que arde envuelto en la nieve.
Climene
No prosigas; que no quiero
oír los riesgos crueles
con que Diana castiga
a quien a verla se atreve;
que gozar de la ocasión
que acaso el bosque le ofrece,
no es culpa. Y por que no vana
ardides de amor desprecie,
muda tono y letra, y sea
aquella en que cantar sueles
que en busca de Endimión
de sus esferas desciende.
Aparte.
(Sepa Diana que amó,
por lo que me sucediere;
que al delincuente aseguran
yerros de juez delincuente).
Clicie
No bien, señora, me acuerdo
qué letra, qué tono es ese;
mas ya que sé que te agrada,
solicitaré traerle
a la memoria.
Aparte.
(Esto es,
porque si Apolo le atiende,
será decirle que venga
a mala ocasión).
Climene
Pues vete
y idos todas; que aquí es bien
que sola conmigo quede,
si ayer a sentir pesares,
hoy a celebrar placeres.
Cintia
¿Cómo es posible, señora,
que quedarte sola intentes
sin temor de aquel asombro,
de día y de noche aparente?
Climene
Si de mis melancolías
era causado, ¿qué tienen
ya que temerle mis gozos?
Flora
No sé cómo a eso te atreves,
que yo del desmayo mío
aún no bien convaleciente
estoy.
Clicie
Ni yo del incendio
que fingió al desparecerse.
Climene
Aparte.
(No hay cosa que sienta tanto
como que estas necias piensen
que me engañan y que el dar
crédito yo a sus dobleces,
no fuese valerme dellos
con mi padre solamente
por esforzar mis razones
con sus delirios; mas deste
desdén que a mi juicio hacen
presto espero que me vengue
el mismo amante). Idos, pues,
ya que nada me divierte
más que estar conmigo a solas.
Cintia Y Lesbia
Preciso es obedecerte.
[Vanse.]
Flora
Aparte.
(Aun bien que Céfiro no
saldrá, mientras yo no llegue
a abrirle la puerta).
Vase.
Clicie
Aparte.
(Aún bien
que Apolo al jardín no entre,
mientras mi voz no le avise).
Vase.
Climene
Ya se fueron. Desta suerte
veré si puedo apurar
cuál es de las dos la aleve
con quien el nuevo pastor…
a decir iba «me ofende».
Y sí lo digo, pues es
bastante ofensa atreverse
a decirme a mí lisonjas
quien a otra finezas debe.
Y si, puesto que el decirle
que, si osado al jardín vuelve,
seré yo a la que halle, fue
decirle que vuelva, deje
al trance de lo futuro
resultas de lo presente;
y vamos a que ya era
hora de venir, si hubiese
de venir. Hacia la mina
que amor, ingeniero, tiene
abierta contra la plaza
de mis vanas altiveces
he de acercarme.
Sale Flora al bastidor.
Flora
(Por más
que haya mandado Climene
que nadie la asista, entre estas
murtas tengo de esconderme,
que, aunque me asegura el ver
que hasta que yo a abrirle llegue
Céfiro no saldrá, tengo
de ver qué misterio encierre
quedarse en el jardín sola
cuando tan creído tiene
que fue ilusión de que yo
fingir supe el accidente).
Climene
Nadie a esta parte se mira.
¿Si erré el sitio? No, que aqueste
es el fingido cancel
de hiedras que yo, al volverse,
vi que abrió y cerró.
Flora
(No sé
qué juzgue al ver que se acerque
tanto a la gruta).
Climene
¿Si acaso
será lo que le detiene
o que no me entendió o que,
si es que me entendió, me teme?
Mas no; agora caigo en ello.
Sin duda la que le ofrece
esta ocasión, temerosa
de lo que ayer la sucede,
por que naide halle la gruta,
la ha asegurado, de suerte
que abrirse no pueda. Vea
si es esto.
Abre el bastidor y sale Céfiro.
Céfiro
Ya de impaciente,
viendo que tanto tardabas,
determinaba volverme.
Climene
(¿Cómo que tardaba?).
Flora
(¡Ay triste!
¿Quién la diría que abriese
ella el cancel?).
Céfiro
Y si no
fuera por satisfacerme,
Flora ingrata,…
Climene
(¿Flora dijo?).
Flora
(Mi nombre escuché. ¡Valedme,
cielos!).
Céfiro
…de qué traición, qué
cautela, qué engaño es este
con que intentas disculparte,
no esperara. Dime, aleve;
dime, ingrata; dime, fiera,
¿en qué fundas que dijese
yo a Climene desta mina
el secreto y que tú eres
la que la labraste?
Flora
(Ya es
el secreto a voces éste).
Climene
(Mucho temo que ellos hagan
la mina y yo la reviente).
Céfiro
Porque hasta que apure yo
esto, no tengo de hacerte
cargo del nuevo galán
que la sabe. ¡Ahora enmudeces!
Habla, di. ¿Cuándo la dije
a Climene yo que fueses
tú de mi amor dueño?
Climene
Agora,
pues que ciego y imprudente
dos veces por Flora a mí
me hablas para que dos veces
castigue tu error…
Céfiro
(¡Qué escucho!).
Flora
(¡Qué cierta, ay de mí, es mi muerte!).
Climene
¿Cómo, habiendo dicho yo
a todos públicamente
que había de ser la primera
que en este jardín encuentren,
sabiendo que habías de dar
conmigo, tanto te ciegue
tu pasión que no tan sólo
en él atrevido entres,
mas tan desimaginado
de hallarme a mí? ¿Ahora enmudeces?
¿Ahora callas?
Céfiro
(Cruel fortuna,
más remedio esto no tiene
que, pues repite el error,
repita la fuga. Quede
de la traición sabidora,
mas no del traidor).
Vase.
Climene
¡Detente,
loco atrevido, villano!
Echose a la mina y fuese.
¡Ay, ingrata Flora! ¿Tú eras
la alentada, la valiente
y la que más me animaba
a buscarle y darle muerte?
Yo me vengaré de ti.
Vase.
Flora
Primero que tú te vengues
huiré de tu furia yo.
Tras él a la mina me eche,
sin que tema despeñarme;
que principales mujeres,
como una vez se enamoren,
¿qué innova el que se despeñen?
Salve, pues, con él la vida.
Al ir hacia la gruta sale Clicie poniéndose delante.
(Mas ¿quién al paso se ofrece?
Ella es, y vuelve sin duda,
viendo que allá no me encuentre,
aquí a buscarme. Desdichas,
¿adónde podré esconderme
que no me halle, en tanto que
seguro el paso me deje
para huir de su furor?).
Vase.
Clicie
Pues ya a su cuarto Climene
se ha retirado y no queda
nadie en el jardín, que intente
será bien decir a Apolo,
por que más tiempo no espere,
que no es ocasión de hablarnos
esta noche, por haberse
retirado tarde. ¡Oh, aura!,
dame tus acentos leves
y, cuando Climene oiga
la seña que Apolo tiene,
disculpada estoy con que
repaso el tono que quiere
que le cante.
Sale Climene al bastidor.
Climene
(No hallo a Flora
y, pues que saber no puede
lo que conmigo ha pasado,
¿quién duda, ¡ah, fiera!, que a verme
ya retirada a este sitio
venga? No mal me sucede,
pues será aquella, sin duda,
que allí se divisa. Llegue
a que sepa que yo sé
cuánto es su culpa evidente).
Al ir hacia ella canta Clicie y ella se detiene.
Para establecer amor
que en sus absolutas leyes
la dicha es de quien la goza
y no de quien la merece,…
Climene
(Clicie es, y repasa el tono
que la mandé por hacerme
lisonja. Mal contra ella
presumí, pues inocente
de todo, tan sin cuidado
canta. Mas calle y aceche,
hasta ver si al irse Clicie,
Flora a ver su amante viene).
…los desdenes de Diana
trocó en favores, de suerte
que en busca de Endimión,
diciendo al aire desciende:…
Vuelve, abriendo la gruta, Céfiro.
Céfiro
(Mal hice en dejar a Flora
nombrada en riesgo tan fuerte,
mas en deshechas fortunas,
¿qué habrá que un amante acierte?
Vuelva a todo trance a oír
dónde contra ella se mueve
el menor rumor y acuda
a librarla por que enmiende
el pasado error, aunque
alma, honor y vida arriesgue).
…Feliz pastor, a mis voces atiende.
¿Qué temes llegar, qué temes, qué temes,
si ya son favores los que eran desdenes?
Céfiro
(Aunque cuando presumía
que tristes lamentos fuesen
los que escuchase, son dulces
ecos. No por eso deje
de ir, oculto destas ramas,
hacia el cuarto; que bien puede
ser que una aquí cante y otra
llore allá).
Sale de la gruta por detrás de Clicie y ella canta, aunque él represente.
¿Qué temes, qué temes,
si ya son favores los que eran desdenes?
Climene
(¡Qué miro, cielos! La gruta
otra vez ha abierto y vuelve
el traidor pastor).
Clicie
(Albricias,
alma; que hacia allí se mueven
las hojas, y a los reflejos
que las estrellas conceden,
es él, pues viene a mi voz,
y ser otro aquí no puede).
Adorado dueño mío,
perdona a mi voz no haberte
hecho antes la seña en que
te aviso que a hablarme llegues,…
Céfiro
(Sin que pudiese ocultarme,
por otro, cielos, me tiene
esta dama).
Climene
(¿Esto tenemos
ahora? ¿A Clicie también quiere?
¿Quién lo duda?, pues, llamado
de su voz, por ella vuelve,
y aun por eso de la seña
decirle el tono defiende).
Clicie
…que no he podido más presto,
porque hasta agora Climene,
aun con verse en libertad,
todavía impertinente
y cansada,…
Climene
(¿Y esto más?).
Clicie
…no ha querido recogerse.
Y así, siendo ya tan tarde
que no pueda agradecerte
el alma, como antes dije,
las finezas que te debe,
cuando movido a las ansias
de mis suspiros ardientes
por mí en diversos disfraces
de tu alto trono desciendes,…
Climene
(¿De tu alto trono?).
Céfiro
(Ya aquí
hay más de lo que parece,
con que veo que no es Flora
quien toda la culpa tiene).
Clicie
…segunda vez te suplico,
pues ya la luz del oriente
va atropellando las sombras,
perdones no detenerme,
que otra noche que no esté
tan desvelada Climene
hablaremos más de espacio.
No por un instante breve
perdamos para adelante
la ocasión que nos ofrecen
voz, noche y jardín.
Céfiro
Bien dices.
Clicie
Pues ¿qué aguardas? Vete, vete.
Céfiro
Sí haré (a prevenir disculpas
a Flora y, pues detenerme
a mí solo vendrá a ser
no librarla a ella y perderme,
para no poder librarla,
nadie culpe el que me ausente).
A Dios, pues; hasta otra noche.
Vase.
Clicie
A Dios. Ahora, por si sienten
algún rumor, vuelva el tono
repitiendo una y mil veces:
Canta.
Feliz pastor, a mis quejas atiende.
Vase a entrar por donde está Climene.
¿Qué temes…?
Mas ¿quién está aquí?
Climene
¿Qué temes?
Yo soy, Clicie…
Clicie
(¡Ay, infelice!).
Climene
Aparte.
…(calle, disimule y pene,
pues cualquier estremo agora
será grave inconveniente
para no saber después
qué traidor pastor es este
que, amante de Flora y Clicie,
de su alto solio desciende),
…que, aunque ya me retiraba,
volví a tu voz.
Clicie
Por hacerte
gusto, obediente al deseo
de que este tono te alegre,
le repasaba.
Climene
Ya sé
que eres tú muy obediente.
Clicie
Pues ya que de tan pequeño
gusto el favor agradeces,
¿no te recogerás?
Climene
No,
que, puesto que ya amanece
y para salir a caza
prevenida está la gente,
será mejor que tú vayas
a decir, por que no espere
yo, que esté a punto.
Clicie
A servirte
voy.
Aparte.
(No sé lo que sospeche;
que hay razones que en el modo
uno dicen y otro sienten.
Sin duda que vio o oyó
algo. Y para que no quede
yo a la contingencia, es bien
resguardarme, mayormente
cuando, para que me saque
de aquí y consigo me lleve,
está tan fino conmigo
Apolo que a servir viene
por mí de pastor a Admeto).
Vase.
Climene
¡Ah, Clicie ingrata!, ¿tú eres
la llorosa? Ved qué hay
que fiar de las mujeres,
que si miente la que anima,
también la que llora miente.
Sale Flora.
Flora
(Presto he vuelto, pues aún no
se ha retirado Climene).
Climene
(Una presumí culpada,
y son dos. Y aunque me ofenden
en la parte del decoro,
no es eso lo más que siente
mi vanidad, sino que
hombre que ya llegó a verme,
hombre que ya llegué a oírle
y, bien que tácitamente,
favorecí en que sería
yo a quien encontrase, quede,
sin advertir en mi aviso,
tan libre que le atropelle
a otros afectos. ¡Aquí
de mis vanas altiveces,
que no han de lograr su amor!
Y pues que ninguna puede
saber que sé sus traiciones,
en tanto que el modo piense,
calle, sufra y disimule).
Vase.
Flora
Dicha ha sido que se fuese
sin haberme visto. Pues
¿qué aguardo para ponerme
en salvo? Ninguno estrañe
una acción tan indecente
en una mujer, supuesto
que, aunque lo diga mil veces,
como una vez se enamore,
no innova el que se despeñe.
Vase por la puerta, y sale Apolo.
Apolo
Más fácil es de argüir
que hay en el humano ser
tropiezo para caer
que escalón para subir.
Dígalo yo, pues el día
que como humano viví,
me dio sima en que caí
la trémula noche fría,
y ni ella ni el día me dan
el mismo despeño. Pero
¿qué mucho, si considero
cuánto distantes están
el bien y el mal para quien,
en la porción de mortal,
ve el bien convertirse en mal
más veces que el mal en bien?
Y ya que en mísero estado
estranjero pastor llego
a verme, ¿cómo, a mi ruego
de los dioses indignado
el coro, por complacer
a Jove, tan sordo está
que aun Venus bella no da
oído a mi voz, con ser
madre de amor? ¡Oh tú, hermosa
deidad, duélete de mí!
Y ya que no encuentre aquí
la gruta que tenebrosa
me dio paso a la ventura
de ver a Climene bella,
y para volver a ella
agrados en su hermosura,
haz tú, supuesto que fuiste
deidad del fuego, que abierta
me dé el abismo otra puerta.
Ábrese la boca de la peña.
¡Felice yo, pues oíste
mi lamento! Y aunque sea
Volcán esta nueva boca
que a su imperio abrió la roca,
sin que ser aquella crea,
ver si al jardín va deseo.
Al arrojarse a ella sale Céfiro.
Céfiro
(¿Cómo, sin haber entrado
nadie, Sátiro ha cerrado?
Mas ¡qué miro!).
Embózase Céfiro.
Apolo
(Mas ¡qué veo!).
Hombre de tan nuevo ser
que, si a otros les miro abrir
sepulcros para morir,
tú le abres para nacer,
¿quién eres? Y ¿cómo aquí,
del centro aborto, con tales
asombros a la luz sales?
Céfiro
Ni sé quién soy ni quién fui
ni cómo ese obscuro seno
de sí me echa. Y pues acaso
te hallas, oh, pastor, al paso,
por más que me admires lleno
de confusiones, no irrites
a mi desesperación,…
Sale Sátiro y detiénese al verlos.
Sátiro
(Yo vuelvo a mala ocasión).
Céfiro
…ni intentes ni solicites
saber más.
Apolo
No te has de ir
sin decir qué pudo ser,
porque yo lo he de saber.
Céfiro
Pues yo no lo he de decir.
Apolo
Mal podrás salir con ello.
Céfiro
Antes bien, si al encubrirlo,
yéndome yo sin decirlo,
te quedas tú sin sabello.
Vase Céfiro y, al ir Apolo tras él, se atraviesa Sátiro y le detiene.
Apolo
Aunque es razón mía, tras ti
el monte penetraré.
Sátiro
(Que le siga estorbaré).
Nuevo pastor, ¿cómo así,
de la cabaña olvidado
que te encargó el mayoral
estás con descuido tal,
cuando…
Apolo
Aparta.
Sátiro
…alborozado
el valle con el placer
de que la hermosa Climene
a caza a sus montes viene…
Apolo
¡Quita!
Sátiro
…intenta disponer
varias batidas?
Apolo
En vano,
perdido de vista ya,
querer seguirle será.
Sátiro
Y luego…
Apolo
Calla, villano.
Sátiro
Pues ¿qué te enoja el que luego
para divertir la siesta
prevenga música y fiesta?
Apolo
De ira y de cólera ciego,
no sé a lo que me resuelva.
¡Qué de cosas imagino!
Unos
dentro.
Tó, Melampo.
Otros
[dentro.]
Tó, Barcino.
Todos
[dentro.]
¡Al monte, al valle, a la selva!
Sátiro
Ya las voces del ojeo
los aires pueblan. O ven,
o quédate.
Vase Sátiro.
Apolo
¡Cielos! ¿Quién
se vio como yo me veo
de confusiones cercado?
Aunque mejor discurriera
si de evidencias dijera,
pues qué dudar no han dejado
ni sima ni hombre, supuesto
que lo uno y otro me dice
bien claro…
Dentro Flora a la boca de la cueva.
Flora
[dentro.]
¡Ay de mí, infelice!
¡Dioses, favor!
Apolo
Mas ¿qué es esto?
Dentro de la obscura boca,
por adonde con pereza
no sin asombro bosteza
melancólica la roca,
se oyó el eco.
Flora
[dentro.]
¿No habrá quien
me dé la mano?
Apolo
La voz
es de mujer. Que veloz
llegue a socorrerla es bien.
Sí habrá, bello horror, ¿quién eres?
Llega a la cueva y ella sale como asombrada.
Flora
Una mujer afligida
que alma, ser, honor y vida
pone a tus pies.
Apolo
Pues ¿qué quieres?
Flora
Que vida, honor, alma y ser
restaures, no tanto hoy
porque infeliz mujer soy,
cuanto porque soy mujer.
Convencida en un delito
de amor –que para obligarte,
no en vano, ¡ay de mí!, informarte
de que es noble solicito–,
huyendo vengo mi muerte
tan ciega y desesperada
que sin reparar en nada,
no pudiendo de otra suerte
ponerme en salvo, me eché
a esa bóveda, pensando
a un hombre alcanzar. Mas cuando
a la lumbrera llegué,
o la maña o el aliento
me faltó para subir.
Y pues supo prevenir
el cielo que a mi lamento
llegases, galán pastor,
otra y mil veces rendida,
alma, ser, honor y vida
pongo a tus pies. El favor
que espero lograr de ti
es que tu piedad me dé
dónde ocultarme, hasta que
sepa mi amante de mí,
llevándole tú el aviso
de que en tu poder estoy.
Apolo
Palabra y mano te doy
de ampararte, ya que quiso
la fortuna que sea yo
el que repare tu daño;
que más que eso al desengaño
mi ventura le debió
de que esa mina no sea
cómplice para otro amor
que el tuyo. De mi valor
fía y ven donde no vea
nadie tu persona ni halle
noticias de ti.
Flora
No en vano
el cielo previno…
Al irse a entrar, suenan allí unas voces y, volviendo a otra parte, otras.
Unos
[dentro.]
¡Al llano!
Apolo
Ven por otra parte.
[Voces]
dentro.
¡Al valle!
Flora
¡Ay, infeliz!, que el ojeo
cerca el monte, conque yo,
sitiada, sin verme no
podré pasar.
Apolo
Pues no veo
otro modo de ampararte,
por ahora entre la maleza
desta rústica aspereza
forzoso será ocultarte;
que yo descaminaré
la gente que aquí llegare
para que en ti no repare.
Escóndese Flora y sale Clicie como despavorida.
Clicie
Gracias a Amor que te hallé.
Apolo
Clicie, ¿qué es esto?
Clicie
Después
que a mi voz anoche fuiste
y de mí te despediste…
Apolo
¿Qué dices? ¿Cuándo yo…?
Clicie
No es
tiempo ahora de embarazar
lo que te importa saber:
Climene te pudo ver.
Apolo
Advierte…
Clicie
Déjame hablar,
que importa mucho. Y aunque
conmigo disimuló,
mal asegurada yo
por lo que en ella noté,
sin duda oyó lo que hablamos.
Apolo
¿Quién?
Clicie
¿Quién ha de ser? Los dos.
Apolo
Mira que yo…
Clicie
Oye por Dios,
y a lo que esto importa vamos,
pues, aunque conmigo no
se ha dado por entendida,
alma, ser, honor y vida
me va en que no quede yo
más a su vista. Y así
con recelos de culpada,
de la tropa desmandada,
vengo a valerme de ti
en hados tan infelices.
Que veas qué has de hacer pretendo.
Apolo
¿Qué puedo hacer, si no entiendo
nada de lo que me dices?
¿Yo te vi? ¿Yo te hablé?
Clicie
En vano
agora me niegas que
te llamé, te vi y te hablé.
Apolo
Mas en vano…
Todos
dentro.
¡Al monte, al llano!
Uno
[dentro.]
Atravesando la dehesa,
a esta parte se enfrascó
el fiero jabalí.
Climene
[dentro.]
Yo
la primera que su espesa
maraña rompa seré.
Clicie
La voz de Climene es esta
y cumbre, valle y floresta,
todo cercado se ve.
Y es ella la que hacia aquí
a todos adelantada
viene. Contigo y culpada,
no es bien que me halle; así,
esta aspereza me encubra
mientras pasa.
Apolo
Espera, aguarda.
Clicie
Pues ¿qué es lo que te acobarda?
¿Es mejor que me descubra
y haga la duda evidencia?
Mas ¿quién está aquí?
Topa con Flora.
Flora
Yo soy,
Clicie.
Clicie
¡Ah, ingrato!
Apolo
(Sin mí estoy).
Clicie
¿Era esta la resistencia
de que aquí no me ocultara
y de negar que me oíste
y que me hablaste y me viste?
Flora
No es eso, Clicie, y repara
que una fortuna corremos.
Clicie
¿Qué fortuna, ingrata Flora?
Apolo
Que llega. Ocultaos agora,
que después discurriremos.
Uno
[dentro.]
En lo intrincado del bosque
se entró acosado.
Climene
dentro.
Por esta
parte en su alcance, al encuentro
le he de salir la primera.
Y sin duda, pues se mueven
Sale Climene flechando el arco.
allí las ramas, en ellas
es adonde se repara.
Apolo
Suspende al arco la cuerda,
que quien las mueve soy yo,
porque al ver cuánto te empeñas
en el alcance, señora,
de aquesta cerdosa fiera,
no perdiéndote de vista,
sin embarazar que seas,
por no malograrte el gusto,
tú quien la alcances y venzas,
quise escondido a la mira
estar del tiro, por si era
menester al rematarla
acudir en tu defensa.
Climene
Por que en mi defensa tú
no acudas ni yo te deba
alguna atención, me huelgo,
según ladra y voces muestran,
de que haya tomado el viento
tan otro abrigo que pierda
el deseo de alcanzarla.
Y así, pues volver es fuerza
por otra parte a seguirla,
puedes tú quedarte en esta;
que no quiero que por mí
ni vayas, pastor, ni vengas
ya a ninguna donde yo
pueda estar.
Apolo
Si de esa queja,
si es que es queja, darme yo
por entendido pudiera,
pudiera ser que quedara
tan del todo satisfecha
que…
Climene
Pues ¿por qué no podrás?
Apolo
Porque es mi fortuna adversa.
Y aunque me está bien que hable,
te está mejor que enmudezca.
Climene
Eso no entiendo.
Apolo
Ni yo.
Climene
(Mucho temo que mi pena
me ha de despeñar). Pues ¿qué
puede haber que a mí me pueda
estar mejor ni peor?
Apolo
No sé.
Climene
Yo te doy licencia.
¡Habla!
Apolo
No puedo.
Climene
Pues ¿quién
ha enmudecido tu lengua?
Apolo
Mi desdicha.
Climene
¿Qué te obliga?
Apolo
Tu respeto.
Climene
Si él te alienta,
¿qué temes?
Apolo
No sé.
Climene
Eso es
querer…
Apolo
¿Qué?
Climene
…que mi impaciencia
diga lo que tú no dices.
Apolo
¿Cómo?
Climene
Como si tú niegas
que no lo sabes, yo sí.
Clicie
Al paño. (Flora, ¿qué es esto?).
Flora
Al paño. (Oye atenta,
ya que declaradas son
tan unas las ansias nuestras).
Climene
Yo sí, fingido pastor,
que, si bastó mi prudencia
diciéndote que sería
yo en el jardín la primera
que encontrases, a que calle
el que por Flora me tengas;…
Apolo
(¿Qué puedo yo hacer, si es
quien se destruye ella mesma?).
Climene
…si bastó a disimular
el que, huyendo de mí, vuelvas
a la voz de Clicie y oiga
que de alto solio desciendas
por ella en villano traje…
Apolo
Advierte…
Climene
Nada hay que advierta.
Apolo
…que vas…
Climene
Nada digas, ¡calla!
Y si en fin bastó a que cuerda,
no preguntando por una
ni acusando a otra, me venza,
no basta para que, viendo
la loca presunción necia
con que delante de mí,
villano, a poner te atrevas,
deje de abandonar todo
el resto de la paciencia.
Dime, traidor; dime, aleve
que con fingidas cautelas
a Clicie y a Flora engañas,
si huyendo de mí te ausentas
de noche, ¿cómo de día
osas parecer?
Apolo
Espera;
que, si todos los baldones
que has dicho y dirás es fuerza
que vengan sobre mi culpa,
no hay culpa sobre que vengan.
Climene
¿Cómo no?
Apolo
¿Ya de qué sirve
el que yo callar pretenda?
Pues, cuando yo presumía
que se fundaría la queja
en no ir al jardín, se funda
en ir; con que de manera
corren quejas y disculpas
tan varias y tan opuestas
que no es posible encontrarse,
porque han errado la senda.
¿Yo entré en tus jardines, cuando
no entrar es toda mi pena?
¿Yo te hablé por Flora? ¿Quién
es Flora? Que a conocerla
aún no llegué. ¿Yo por Clicie?
¿Quién es Clicie? (Que se ofenda,
¿qué importa?). ¿Ni quién soy yo
para que a su voz por ella
deje alto solio? ¡Ay, Climene!
Si esta boca que está abierta
para callar, lo estuviese
para hablar, ella dijera
tantas cosas…
Climene
¿Qué podía
ella decir que no puedas
decir tú?
Apolo
No sé.
Climene
Eso es
volver a la conferencia
de que haya nada que a mí
me esté bien o mal. Y piensa
que lo he de saber, o mal
o bien me esté.
Apolo
¿Estás resuelta
en eso?
Climene
Sí.
Apolo
¿Y si es pesar?
Climene
¿Qué importa?
Apolo
Pues oye atenta.
(¡Oh, halle modo con que obligue
a una, sin que a dos ofenda!).
Clicie
[Al paño.]
(¿Qué será lo que le diga?).
Flora
[Al paño.]
(Oye y calla).
Clicie
[Al paño.]
(Escuche y tema).
Apolo
Ese pálido bostezo
de quien simulada peña
es mordaza, donde acaso
caí la noche que…
[Voces]
dentro.
¡A la selva,
al bosque!
Erídano
[dentro.]
Por aquí fue
por donde Climene bella
a todos se adelantó.
Climene
La gente se escucha cerca.
Y así, hasta que tú me digas
lo que la boca dijera,
sal al paso como en busca
mía, haciendo la deshecha;
que yo, para que me hallen
como en acecho y espera,
me esconderé entre estas ramas.
Apolo
Mejor estarás entre éstas.
Climene
¿Por qué? Mas no me lo digas,
que ya me dan la respuesta
Clicie y Flora. Y por que otra
vez no niegues conocerlas:
esta es Flora y esta es Clicie.
Flora
(¡Qué ansia!).
Clicie
(¡Qué dolor!).
Apolo
(¡Qué pena!).
Climene
¿Es esto lo que me había
de decir la boca? ¡Oh, ciegas
traidoras a mí y Diana,
a tan vil amor sujetas
que estáis celosas y amigas!
Yo vengaré ambas ofensas.
¡Cazadores…!
Apolo
No los llames.
Climene
¿Cómo no? ¡Venid apriesa!,
que si una fiera seguía,
ya he encontrado con dos fieras.
Céfiro
dentro.
Allí la voz de Climene
se escucha.
Admeto
dentro.
A favorecerla
corred todos; que sin duda
a grande peligro expuesta
entre dos fieras se halla.
Climene
La voz de mi padre es esta.
¡Cuánto me huelgo de que
a tiempo de saber venga
vuestras traiciones!
Apolo
Sin mí
estoy.
Clicie
Yo, absorta.
Flora
Yo, muerta.
Apolo
(Mas para estar a la mira,
mézclome con los que llegan).
Salen Admeto, Erídano, Céfiro, Sátiro y pastores.
Él Y Todos
Aquí está Climene.
Admeto
¿Qué
voces, Climene, son estas?
Céfiro
(¿Qué será esto? ¿Clicie y Flora
aquí?).
Sátiro
(¿Qué quieres que sea,
sobre lo que me has contado,
sino que Climene quiera,
convencidas en sus yerros,
echarlas la ley a cuestas?).
Admeto
Cuando pensé divertida
hallarte, alegre y contenta,
¿todavía vuelvo a hallarte
en nuevos sustos envuelta?
¿Aún no habemos acabado
con las pesadas ideas?
¿Dónde las fieras están
que te asombraban? ¿Qué es dellas?
Que aquí sólo Clicie y Flora
están.
Climene
¡Ay, señores!, que esas
las fieras son que me quitan
la vida, pues… (Mas, ¡ay, necia!,
¿qué voy a decir, no siendo
posible que halle la lengua
tan equívocas razones
que a ellas culpen y a él absuelvan,
siendo así que es fuerza que
librarle y culparle sienta?).
Admeto
Habla, sepa yo la causa
por que tú el castigo sepas.
Climene
(¿Qué he de decirle?). Esa mina…
Céfiro
(Reventó la mina nuestra).
Sátiro
(Como aquesas minas contra
sus ingenieros revientan).
Climene
…que miras…
Admeto
¿Qué te acobardas?
Climene
…es la que… si yo… (¿Hay violencia
como que haya de dar vida
a quien me mata?).
Admeto
¿Qué esperas?
Prosigue.
Climene
Sí haré, mas es
tal la causa que no encuentra
razones con qué explicarse.
Admeto
¿Qué causa, ¡oh locas, oh necias!,
para igual pasmo pudisteis
darla?
Flora
Mientras que suspensa,
por no decir lo que ha sido,
lo que ha de decirte piensa,
pregúntaselo, señor,
a esa horrible, a esa funesta
contramina. Della sabe
dónde va y entonces della
sabrás quién es el amante
que de noche sale y entra
en sus jardines, y quién
es la que le dio por señas
ser la primera que encuentre,
a cuya causa se queda
en ellos sola a deshoras,
que yo, aunque decirte quiera
quién es, no lo sé.
Aparte.
(Esto es
agradecerle la deuda
del favor que me ofreció).
Digan Clicie, Cintia y Lesbia
lo más que desto supieren.
Clicie
Y añade que infausta, negra
deidad nocturna es, pues pudo,
para que nadie se atreva
a entrar al jardín, causar
tempestades y tormentas
la noche que fue sentido;
y el día que las dos con ella
le vimos, Etnas e incendios,
de que ahora testigos sean
nuestros desmayos. (No diga
quién es por que la sospecha
de saberlo yo no caiga
sobre mí).
Flora
Con que ahora al verla
reconociendo la mina,…
Clicie
…quizá por valerse della
cuando no venga su amante,
al decir las dos atentas
a tu honor y al de Diana
que mire a lo que se arriesga,…
Flora
…llamando a quien nos dé muerte…
Clicie
…con alguna mal supuesta
causa que aun fingir no sabe,…
Flora
…dice que somos las fieras
que la quitamos la vida.
Clicie
Y pues la verdad es esta…
Las Dos
…mejor será que lo pague
la culpa que la inocencia.
Vanse las dos.
Climene
Mentís, traidoras, mentís;
que al quedarme yo a cautela
sola y a deshoras fue
por ver las traiciones vuestras
para castigarlas.
Céfiro
No
las culpes (Sátiro, esfuerza
sus razones), que una cosa
es que por mí no se sepa
el desdoro de una dama,
atendiendo a su decencia,
y otra es que, sabido ya,
con mi silencio cometa
esa especie de traición.
Testigo hago a la suprema
curia, señor, de los dioses
que a caza por estas breñas
al amanecer un día
vi un hombre salir de aquesa
sima y al reconocerle,
cubierto de obscuras nieblas,
se me desapareció
después de haber oído: «¡Muera
precipitado a los montes
el que a la deidad suprema
se atreve a ofender!».
Sátiro
Si a eso
va, también la noche mesma
que yo salí al terremoto,
oí unas voces tremendas
que iban diciendo: «¡Ay, hermosa
Climene, lo que me cuestas!»
Climene
¡Que esto los dioses permitan!
Apolo
(¡Que esto mi valor consienta!).
Admeto
¡Oh, hija ingrata! ¿Esto de ti
se ha de decir?
Saca el puñal y Erídano le detiene.
Erídano
Considera
que es primera información
y no es justo que se crea
tan presto.
Admeto
¡Ay!, que sobre tantos
testigos que la contestan
ha dicho contra ella todo
el resto de las estrellas
que la amenaza de horrible
monstruoso dueño. Y pues cesa
de todo el reino la ruina
con su muerte, antes que sea
sacrificio de Diana,
que es lo que la ley ordena,
ha de morir a mis manos.
Erídano
Sin que la verdad se sepa
–y, siéndolo, el sacerdote
a Diana se la ofrezca–
es injusto.
Admeto
Pues en tanto
que se sabe, a más estrecha
prisión de la que antes tuvo
presa vaya.
Todos
¡Vaya presa!
Climene
¡Oh, vulgo infame! Ayer fueron
libertad las voces vuestras
y hoy son prisión.
Todos
¡Presa vaya!
Apolo
Ninguno llegue a ofenderla.
¡Huye, Climene!
Climene
No puedo,
que el río el paso me cerca.
Todos
¿Quién podrá impedirlo?
Apolo
Yo.
Todos
¿Cómo?
Apolo
De aquesta manera.
Climene
¡Ay, infelice de mí!
Admeto
Desesperado con ella
al Erídano se arroja.
Erídano
Los barcos que en la ribera
varados están al agua
echad para socorrerla.
Todos
¡Al agua, al agua, barqueros!
Admeto
Mejor al fuego dijeran,
pues ya del amenazado
previsto incendio revienta
el Volcán en mis entrañas
y en mi corazón el Etna.

Jornada Tercera

Dentro Climene y Apolo, y sale luego con ella en brazos.
Climene
[dentro.]
¡Ay de mí, infeliz!
Apolo
[dentro.]
No temas,
pues yo te llevo en mis hombros
y no es la primera vez
que, árbitro del sol hermoso,
si me ve un golfo morir,
me ve nacer otro golfo.
Ya en la orilla estás.
Salen
Climene
En vano
en ella el aliento cobro,
que fallecido el aliento
me falta. Hados rigurosos,
¿para qué salí del agua
si con el aire me ahogo?
Cae desmayada sobre un risco que a su tiempo ha de dar vuelta con ella.
Apolo
Climene, mi bien, mi cielo,
de vital, ¡ay de mí!, sólo
conserva un gemido que
ni es suspiro ni es sollozo.
¿Quién creerá, divinos cielos,
que, eclipsados en sus ojos
dos bellos soles, espire
el día en poder de Apolo?
¿Qué es esto, Jove? ¿De cuándo
acá, si pasa el enojo
de un dios del yerro al castigo,
pasa del castigo al odio?
¿Tanto, ¡ay, infelice!, tanto
un noble delito heroico
pudo ofender las deidades
de todo el celeste coro
que no habrá una que por mí
interceda y en socorro
de una inocente hermosura
me dé en trance tan penoso
siquiera el pequeño alivio
de un rústico albergue corto
en que ampararla?
Música
dentro.
Sí habrá.
Vea en su destierro Apolo
que no es la primera vez
que, árbitro del sol hermoso,
si le ve un golfo morir,
le ve nacer otro golfo.
Apolo
¿Qué dulces voces son estas
que no bien distintas oigo,
del aire en blandos suspiros,
del eco en gemidos roncos?
Por si fue o no fue ilusión,
a escuchar otra vez torno.
Dentro Admeto y otros.
Todos
[dentro.]
Arriba el barco a la orilla,…
Admeto
[dentro.]
…que sin duda en sus contornos
tomó puerto el agresor
de aquel sacrílego robo.
Apolo
¿Quién duda que ilusión fue,
puesto que en vez de sonoro
acento, confuso estruendo
de barcas en veloz corso
viene proejando a la orilla?
Que fácilmente entre el gozo
y el pesar, siempre es más cierto,
que no el alivio, el oprobio.
Digalo, ¡ay de mí!, el que ya
no dice el eco en mi abono
que habrá consuelo.
Música
[dentro.]
Sí habrá;
que aun en su destierro Apolo,
si le ve un golfo morir,
le ve nacer otro golfo.
Apolo
¿Cómo es posible?, si eres,
¡oh tú!, fantástico coro
que no veo y veo que es
quien viene remando a bordo
quien dice:
Todos
[dentro.]
Arriba a la orilla,
que sin duda en sus contornos
tomó puerto el agresor
de aquel sacrílego robo.
Apolo
¿A quién creeré, ¡ay, infelice!,
si a un tiempo repiten todos,
confundiendo tierra y cielo:
Esta repetición se ha de decir cantando unos y representando otros, todo a un tiempo.
Música
[dentro.]
Que aun en su destierro Apolo,…
Todos
[dentro.]
Que sin duda en sus contornos…
Música
[dentro.]
…si le ve un golfo morir,…
Todos
[dentro.]
…tomó tierra el agresor…
Música
[dentro.]
…le ve nacer otro golfo.
Todos
[dentro.]
…de aquel sacrílego robo?
Apolo
¿Qué he de hacer? Que si huyo, dejo
empeñado el bien que adoro;
y si la llevo conmigo,
será ella misma el estorbo
que me embarace la fuga.
Y aunque a mí no me dé asombro
el morir, el morir ella
en mis brazos es desdoro
de mi noble ser. ¡Oh tú,
que articulando favonios
me hablas!, ¿de qué modo puedo
librarla de tan penoso
trance como es el dejarla
o el llevarla?
Da vuelta el peñasco y sale a las espaldas de él Fitón, viejo venerable, vestido de pieles, y vuelve la música a cantar.
Fitón
Deste modo.
Música
[dentro.]
Pues no es la primera vez
que, árbitro del sol hermoso,
si le ve un golfo morir,
le ve nacer otro golfo.
Apolo
¿Quién eres, ¡oh, tú!, quién eres
que, fieramente piadoso
y piadosamente fiero,
equivocas oídos y ojos,
pues te escucho como humano
y te miro como monstruo?
Fitón
¿No me conoces?
Apolo
Estoy
de mí mismo tan remoto
y tan ajeno de mí
que aun a mí no me conozco.
¿Quién eres, pues, que has podido
hacer que en mitades roto
conciba el risco un milagro
para parir un aborto?
Fitón
Soy a quien hoy de Climene
la vida importa en abono
de hacer divinos estudios
los que hasta aquí fueron doctos.
Y supuesto, Apolo, que es
–no admires ver que te nombro,
que para mí no hay disfraces–
tu peligro más notorio
llevarla o dejarla y ya
dejarla y llevarla estorbo,
ponte tú en salvo, pues yo
en salvo a Climene pongo.
Apolo
¿Cómo en salvo, cuando es
sepulcro suyo ese bronco
peñasco en cuyos umbrales
me han de hallar, a ver que tomo
venganza en mí de su ruina,
si es que por rústico o tosco
con lágrimas no le muevo,
con suspiros no le rompo?
Fitón
Mal podrás. Y por que veas
que, solícito, no sólo
que no la hallen, pero que
aun no la busquen dispongo,
retírate, que ya llegan,
por que no te vean tampoco
y, al preguntarte por ella,
les digas que yo la escondo
o no sepas qué decirles.
Apolo
Tan confuso estoy y absorto
que sin elección de que
hago bien o mal, me escondo.
Todos
[dentro.]
¡A tierra, a tierra!
Escóndese Apolo y salen Admeto, Erídano, Sátiro, Céfiro, Flora y Clicie y pastores.
Admeto
No quede
espacio que en lo fragoso
nuestro deseo no inquiera,
peña a peña y tronco a tronco.
Sátiro
Yo seré atalaya que
desde aquel más alto escollo
descubra el campo.
Céfiro
Yo el bosque
corra.
Clicie
Yo, el valle.
Flora
Yo, el soto.
Fitón
¡Ay, infelice hermosura,
llore el mundo tu malogro!
Admeto
No huyáis, Fitón, ¿qué lamentos
son aquesos?
Apolo
(¿Qué es lo que oigo?
¿Este es Fitón?).
Fitón
Tan infaustos,
tan tristes, tan lastimosos
que no en vano, gran señor,
el aire a suspiros corto.
En mi retirado albergue
entregado al blando ocio
de mis estudios estaba,
cuando dos gemidos noto
que el aire alentaba mudo
y el eco repetía sordo.
Del boreal norte llamado,
apenas la orilla toco
del sacro Erídano, cuando
veo que en su proceloso
raudal cortaba la espuma,
animado Bucentoro,
un joven que a una mujer
sacar anhelaba en hombros.
Por presto que acudir quise
a ver si era en su socorro
posible hallar medio, un fiero
remolino, que en lo undoso
rebalsaba las espumas
en vez de corriente, en tornos
los arrebató, de suerte
que, sumergidos, bien como
viva exhalación de fuego
que cae a apagarse al Ponto
a nunca más ver la luz
en sus alcázares hondos
los sepultó y…
Admeto
Cesa, cesa.
¡No lo digas!, que dudoso,
no sé, entre pena y consuelo,
si lo aplaudo o si lo lloro.
Apolo
(¿A qué fin fingió Fitón
nuestras muertes cauteloso?).
Admeto
¡Oh, qué mal hizo el que quiso,
inútilmente estudioso,
tiranizar a los dioses
el dominio que a ellos solos
concedió en futuros hados
su deidad, siendo forzoso
que el bien o el mal pronostiquen!
Pues si es el bien, es más corto
esperado, y si es el mal,
anticipado es lo propio.
Dígalo yo, y tú lo digas,
Fitón, pues fuimos nosotros
los que de Climene hicimos
el juicio que prodigioso
la ocultó en vano, con que,
si por padre me congojo
en su infausto fin, por rey
me consuelo y me recobro
en que no venga por ella
a ser la patria despojo
del rayo Faetón, que envuelta
la antevió en fatal destrozo,
si arder de incendio en ceniza,
volar de ceniza en polvo.
Fitón
¿Luego era Climene?
Admeto
Más
con mis ansias te respondo
que con mis voces.
Fitón
Y yo
más con el alma las oigo
que con el sentido. Y puesto
que hay en los celestes coros
condicionados decretos
que atropellan imperiosos
sus mismos influjos, cuando
por castigar en nosotros
la presunción de impedirlos
y dejarnos sospechosos,
sin dejar de ser severos,
compensan un daño en otro,
¿de qué sirven los estudios?
¿De qué los supersticiosos
pactos? Y pues de mi juicio
avergonzado me corro,
iré desde aquí a romper
cuantos judiciarios tomos
estudié, cuanto creí
astrolabios, mapas, globos,
caracteres y conjuros.
Aparte.
(No iré sino a ver si logro
que ellos salgan verdaderos
antes que yo mentiroso).
Vase.
Admeto
Ya que, como Fitón dijo,
compensando un daño en otro,
quiso el cielo que Climene
muera al atrevido arrojo
de aquel pastor, siendo de ambos
cristalino mauseolo
el Erídano, compense
yo también en alborozo
el dolor, y no me quede
en su ruina sino sólo
el de que, habiendo rompido
de Diana templo y voto,
no pueda llevarla a que
en fe de su religioso
culto, de su altar el blanco
mármol en púrpura rojo
se tiña. Y pues faltó en ella
el amenazado enojo
del hado, mientras lo siento
yo, celebradlo vosotros,
y al agua otra vez.
Vase.
Flora
No pudo,
ya que venimos ansiosos
a ver lo que sucedía,
sucedernos más dichoso
infortunio.
Céfiro
Dices bien,
pues muertos los dos, nosotros
quedamos libres de que
se pueda saber que somos
los culpados.
Clicie
¡Ay, qué necios,
qué ignorantes o qué locos
os persuadís a que sea
cierto su naufragio!
Los Dos
¿Cómo?
Apolo
(¿Qué hablarán los tres aleves,
que desde aquí no los oigo?).
Clicie
Como –pues no importa ya,
hable claro con vosotros–
el disfrazado pastor
de Admeto que tan brioso
se echó al agua, Apolo es,
y no es posible que Apolo
pudiese morir.
Céfiro
Agora,
si la memoria recorro,
me acuerdo que me dijiste,
cuando le llamaba el tono
de tu voz y a mí por él
me hablaste, que de alto solio
por ti había descendido.
Clicie
Es verdad que de su embozo
me persuadí a que era yo
causa. Mintió el amor propio,
hasta que vi que Climene
era el objeto amoroso
del nuevo disfraz.
Céfiro
Pues siendo
así que haya cauteloso
su muerte Fitón fingido,
discurramos de qué modo
lo averiguaremos.
Flora
Puesto
que es hacernos sospechosos
quedarnos desta otra parte
del Erídano nosotros,
para salvar la sospecha,
embarquémonos con todos
y volvamos de secreto
a inquirir qué misterioso
engaño es este.
Céfiro
Bien dices.
Flora
Vamos, pues.
Clicie
O podrán poco
mis celos o tomaré
venganza de mis enojos.
Va[n]se [los tres].
Apolo
¡Ah, fiera! ¿Qué más venganza
quieres? Y tú, riguroso
hado, por más que reduzgas
mi noble ser a penosos
trances de humana fortuna,
ansias, desdichas y ahogos,
no has de alabarte a lo menos
de que mi espíritu heroico,
confesándose vencido,
huyó a tus ceños el rostro.
Y pues Fitón, de sus magias
usando, hurtó de mis ojos
a Climene y el efecto
de llorar la muerte ignoro,
por no poderle seguir
sin que me busquen estotros,
este risco que la oculta
romperé.
Sátiro
dentro.
¡Ay de ti,…
Apolo
¿Qué oigo?
Sátiro
[dentro.]
…mísero, Sátiro!
Apolo
Pero
no me dé el proverbio asombro,
pues precipitado miro
que se lamenta a sí propio
otro desdichado. ¿Quién
eres, oh tú?
Sale Sátiro.
Sátiro
Un simple, un tonto,
necio, insensato, menguado,
maníaco, fatuo, chocho,
un pazguato, un majadero
que sin dignidad de loco,
zorrero bajel de hueso,
se deja venir a fondo
en busca de aquel pastor
para quien guardé lo bobo,
aunque andaba el consonante
haciéndome reconcomios,
que, abrazado con Climene,
por si acaso su amoroso
afecto la viese dura,
trató de echarla en remojo.
Con Admeto el río pasé
y, por descubrir los cotos
del monte y ver por dó iba,
subí a aquese promontorio
desde donde sin hallarle
miré que se volvían todos.
Y por no quedarme yo
en un montecico solo,
donde el magro Fitón es
ermitaño del demonio,
presuroso bajar quise
y tanto lo presuroso
afecté que fue volando,
bien que pájaro de plomo.
Y pues tú, seas quien fueres,
me ves brumados los lomos,
de una y otra pierna manco
y de entrambos brazos cojo,
llévame a cuestas siquiera
hasta la orilla; que como
una vez me embarque… Pero
¡qué miro! Por el dios Momo,
que, asociado del dios Baco,
es mi segundo devoto,
que el mismísimo pastor
él por él es.
Apolo
Y no sólo
te daré el favor que pides,
mas, ya que se han ido todos
y tú has quedado, has de ser,
pues al falso testimonio
testigo fuiste, testigo
también al más fino abono
de amor, de lealtad y fe.
Llega, que has de ver que rompo
–para que haya quien al mundo
haga mi afecto notorio–
este risco hasta sacar
de él el dulce dueño hermoso
de la hermosura que encierra.
Sátiro
Desde aquí lo veré todo,
que mejor se ve de lejos
romper riscos, correr toros
y tirar cohetes.
Apolo
Villano,
de cerca has de ver que pongo
de mi parte cuanto me es
posible, en felice logro
de restaurar a Climene.
Sátiro
Pues ¿dónde está?
Apolo
El pavoroso
seno de aqueste peñasco
la oculta.
Sátiro
¡Lindo escritorio
de guardajoyas!
Apolo
¡Oh, tú,
mineral del mejor oro,
concha de la mejor perla,
caja del mejor tesoro
y botón de la mejor
flor del mayo!,…
Sátiro
Él está loco.
Apolo
…o enternécete a mi ruego
o disponte a ser despojo
del fuego que arde en mi pecho.
Fitón
dentro.
Sí hará, por que veas, oh, Apolo,…
Él Y Música
[dentro.]
…que no es la primera vez
que, árbitro del sol hermoso,
si te ve un golfo morir,
te ve nacer otro golfo.
Múdase el teatro y vese un palacio y en él Climene, como cayó desmayada, en uno como trono.
Apolo
¡Cielos! ¿Qué escucho y qué veo?
Sátiro
Señores, ¿qué suntuoso
palacio es este que cupo
en la gaveta de un tronco?
Pero mientras ella yace
dormida y él está absorto
sin acordarse de mí,
¿qué hago yo aquí, que no tomo
mi barco? Y voy a contar…
Él Y Música
[dentro.]
. …que, árbitro del sol hermoso,
si le ve un golfo morir,
le ve nacer otro golfo.
Vase.
Apolo
Huyó el villano y tras él
no voy, porque fuera ocioso
perder de vista un instante
a beldad a quien me postro.
Climene, mi bien, mi cielo,
ya que hubo quien prodigioso
convirtió el monte en palacio
y hizo de un peñasco un trono,
¿cómo no hay quien restituya
a su luz tu sol hermoso?
Porque volverte a mis brazos,
bien que entre reales adornos,
sin volverte a tus sentidos,
es avaro y generoso
darlo todo y no dar nada,
pues nada es verte del modo
que te vi cuando afligida
dijiste:
Climene
Hados rigurosos,
¿para qué salí del agua
si con el aire me ahogo?
Pero ¿qué es esto que veo?
¡Cielos! ¿Qué es esto que miro?
¿Dónde estoy? Mas ¿qué me admiro?,
si al verte y al verme creo
por fin de las ansias mías
lo que escuché a Clicie bella
cuando dijo que por ella
de alto solio descendías.
Y si eres deidad que pudo
el Erídano romper
y excelso alcázar hacer
de un tosco peñasco duro,
¿cómo eres deidad que engañas,
a Flora minas fingiendo,
músicas a Clicie oyendo,
y a mí ilustrando montañas?
Apolo
Ni a ti ni a Clicie ni a Flora
miento ni finjo ni engaño:
hable en Clicie el desengaño
con que mis olvidos llora;
en Flora hable el que aún ignoro
el favor que la ofrecí
para otro amor, y hable en ti
la verdad con que te adoro.
Climene
¿Cómo es posible lo sea
que a Clicie olvides y a Flora
ignores? Si aunque yo agora
oculta deidad te crea,
me lo contradice el que
eres el que se engañó
cuando por otra me habló;
cuyo primer yerro fue
consecuencia del segundo,
pues a Flora me nombraste,
a Clicie oíste y me faltaste
a mí; cuyo agravio fundo
en tenerlas escondidas
donde oyéndome pudieron
valerse de lo que oyeron
para quedar defendidas
de su culpa con la mía,
y implica contrariedad
que engañen a una deidad
jardín, seña, noche y día.
Apolo
No implica, pues no fui a quien
la seña engañó ni habló
a Flora ni a Clicie oyó.
Muéstrelo el que tú también
eres deidad no pequeña
y, creyendo que yo fui,
también mintieron en ti
jardín, día, noche y seña.
Y aun el monte, donde no
las oculté de ti, huyeron;
con que de lo que te oyeron,
no tengo la culpa yo.
Climene
La duda se queda en pie.
¿Cómo, puesto que no fuiste
tú el que me hablaste y me viste,
fuiste el que yo vi y no hablé?
Apolo
Acuérdate que te dije
la primer vez que te vi
que no supe cómo allí
había entrado.
Climene
Ahora me aflige
más la razón de dudar.
¿Cómo puede ser, sin ser
dios allá para saber,
serlo aquí para admirar?
Apolo
Como hay causa superior
que me priva de saber
y no me priva de haber
quien milite en mi favor.
Climene
Eso no entiendo.
Apolo
Ni yo.
Climene
¿Siempre enigmas para mí?
Apolo
Soylo yo.
Climene
¿Enigma eres?
Apolo
Sí.
Climene
Pues descífrate.
Apolo
Eso no.
Climene
¿Por qué?
Apolo
Porque no lo sé.
Climene
Eso ya es tema.
Apolo
Es violencia.
Climene
Es agravio.
Apolo
Es obediencia.
Climene
Pues persuádete…
Apolo
¿A qué?
Climene
… a que,
si yo allá sin albedrío
de ti me dejé llevar,
con él no me he de fiar
sin saber de quién me fío.
Quién eres he de saber,
pues ya es tiempo de hablar claro,
o no he de admitir tu amparo
si supiera trascender,
de ti huyendo y mis pesares,
por estraños horizontes
las entrañas de los montes,
los cóncavos de los mares.
Con tu palacio y sin mí
te queda, que sola yo…
Apolo
¡Oye, espera!
Climene
…iré…
Sale Fitón.
Fitón
Eso no,
que no has de salir de aquí.
Climene
Hombre o fiera, o lo que eres
–que yo en vista tan severa,
no sé si eres hombre o fiera–,
¿por qué detenerme quieres?
¿Es ésta nueva prisión
a que me reduce el hado?
Fitón
No es sino nuevo sagrado
que venza su indignación.
En tu libertad estás,
y tanto que las estrellas,
para que tú triunfes dellas,
a mi obediencia verás.
Dila quién eres y no
dude que hay hados felices,
porque, si tú no lo dices,
habré de decirlo yo.
Apolo
Cuando Júpiter, supremo
dios de dioses, distribuye
el universo, tomando
cielos para sí en que triunfe
y, dando a Saturno tierras
que fructifique y fecunde,
a Plutón centros que habite
y a Neptuno ondas que sulque;
yo, por hijo de Latona,
en tal cuidado le puse
que fió de mi cuidado
del sol el carro, en quien tuve
el imperio de los rayos
y el tridente de las luces.
Viendo el mundo cuánto debe
a las primeras vislumbres
de mis auroras, pues no hay
mañana que yo madrugue
que no sea en beneficio
suyo, o ya porque le alumbre
cuando de Flegón y Etonte
mi voz las coyundas unce,
o ya porque a mi influencia
brotan sus frutos más dulces
los campos, o ya porque,
haciendo que se dibujen,
todas sus plantas se aliñan,
todas sus flores se pulen;
el mundo, pues –otra vez
y otras muchas lo divulgue–,
observando cuánto debe
a la regular costumbre
de un astro que indeficiente
tan continuamente luce
que para unos se descuella
cuando para otros se hunde,
varios templos me labró,
pero el más noble y ilustre
fue el que en la isla de Delfos
a mis estatuas construye,
pues, estrechando los vientos
y fatigando las cumbres,
eran su basa los montes
y su capitel las nubes.
Viendo Júpiter que cuantas
naciones el orbe incluye,
olvidadas de su Olimpo,
ya sólo en Delfos concurren,
envidioso –no, no estrañes
que de envidioso le acuse,
que no es mucho en dioses dados
a amorosas inquietudes,
si hay lascivia que los aje,
que haya envidia que los frustre–
envidioso, digo, viendo
que ya no tiene su lumbre
ni un cordero que la apague
ni un incendio que la ahúme,
ardiendo en mis aras tanta
degollada muchedumbre
de reses que, por que el templo
en púrpura no se inunde,
los aromas se la embeben,
en cuyos blandos perfumes
espiran claveles rojos
los que eran lirios azules,
trató de tomar venganza.
Y haciendo que se perturben
mares y vientos al fiero
ceño de su pesadumbre,
mandó a Estérope y a Bronte
que de los rayos que funden
en el taller de sus iras
la fábrica le ejecuten
del más ardiente de cuantos
para sus violencias unen
en la empedernida pasta
del alquitrán y el azufre,
las cóleras del martillo
y las paciencias del yunque.
Este, pues, culebreando
al aire que le sacude,
de cuyo bramido al trueno
no hay mortal que no se asuste,
al templo vibró de Delfos,
haciéndole que caduque
desde el pedestal más bajo
al más alto balaustre.
En cenizas convertido
yace y, viendo que no pude
yo en Júpiter de su fuego
vengar el fatal deslustre,
en sus cíclopes quebré
la saña. Y así, dispuse,
penetrando de sus fraguas
las oficinas lugubres,
que, ambos a mi mano muertos,
sus bóvedas los sepulten.
Segunda vez ofendido
Júpiter de que le injurie
en sus ministros, segunda
vez irritado, reduce
al cónclave de los dioses
el que mi delito juzguen.
La diosa de la discordia,
que son sus solicitudes
sembrar cizañas, sembró
la de opiniones comunes
en que hubo quien fiscalice
y no faltó quien disculpe.
Viendo yo auxiliares votos
que mis pretextos ayuden,
me puse en defensa, pero
la defensa en que me puse
fue mi ruina, pues apenas
en vez de que el eco escuche
a fuer de guerra, clarines,
jabebas y sacabuches,
en articulados truenos
que miedo y honor infunden
la voz se escuchó de Jove,
a cuyo tonante numen
despavorido se esconde
quien no temeroso huye.
Pero ¿qué mucho, qué mucho,
si estremecido confunde
toda su fábrica hermosa
ese celestial volumen,
pues más desencuadernada
de su dorada techumbre
los polos del cielo gimen,
los ejes del orbe crujen?
«Precipitado a los montes
muera –dijo– quien presume
empañar de mi deidad
el menos ardiente lustre».
Con que no sólo del sacro
gobierno me destituye,
mas también de cuantos dotes,
ciencias, artes y virtudes
hay que a un espíritu eleven
y que a una deidad ilustren.
Desterrado, pues, del cuarto
cielo en que brillé, destruye
de suerte mi noble ser
que a que viva me reduce
humano modo. La noche
lo diga que obscura encubre
la faz de la tierra, haciendo
que por mi ausencia se enlute
de negras sombras el aire
y el mar de negros capuces.
Pues entre la tempestad
que de sí me arroja, hube
de caer, imaginando
que aun los montes no me sufren,
sin saber dónde, en la sima
que a tus jardines conduce
ajeno amor. ¿Quién creerá
que, equivocando arcaduces
de minas que fueron de aguas,
minas de fuego resulten?
Mas ¿quién no lo creerá, puesto
que, sin ser quien señas hurte,
sendas abra, grutas labre,
ni a Clicie ni a Flora busque,
ni sepa nada, sea quien
lo supo todo, pues supe
que no hay del verte al amarte
distancia que no se ajuste
desde aquel instante?
Climene
No
lo digas, no lo pronuncies;
que en vez de que el desengaño
me alivie, hace que me angustie
la memoria desa noche,
pues fue la misma que tuve
entre las vagas ideas
que en la prisión me consumen
la del despeño del sol.
Y viendo que agora se unen
despeño y idea, no sé
la razón con que me arguye
el temor de imaginar
que la amenaza se cumple
de mis hados, pues el fuego
que en mi sentido introduces
de aquella esperada ruina…
Fitón
No ya el pensarlo te asuste,
que yo, que anteví el amago,
sabré hacer que no ejecute
el golpe; porque una cosa
es que mis ciencias anuncien
un favor, y otra cosa es
que mi vanidad procure
que ese futuro no logre
lo trágico que en sí influye.
Estudiar para saber
lo que ha de ser, ya es inútil
ciencia para mí; estudiar
lo que no ha de ser me incumbe,
oponiéndome a los hados,
por que de una vez apure
que, si pude prevenirlos,
también atajarlos pude.
Esto y ser Apolo a quien
debí las primeras luces,
pues sobre su astrología
no hay arte que no se funde,
me obligó, Climene, a hacer
que en las ondas no fluctúes,
que las arenas te admitan,
que los peñascos te oculten
y que, creída tu muerte,
ni te aflijan ni te busquen.
Y pues Júpiter es fuerza
que desenojado indulte
de Apolo el destierro y vuelva
a regir el sol, no dudes
que, esposa una vez de Apolo,
su voto al hado regule
y yo quede por deidad,
viendo que no sólo estudie
cómo entender a los hados,
mas cómo a los hados burle.
Apolo
Permite que a tus pies…
Fitón
¿Qué haces?
Apolo
¿Cómo quieres que me escuse
aun de más rendidas muestras?
Bien que hasta ver que concurren
tus favores y mis dichas,
cuando en Climene consulten,
aun no soy dichoso.
Climene
¿Cómo
quieres tú también rehúsen
futuras felicidades
pasadas ingratitudes?
Fitón
Pues en tanto que el gran Jove
de sus piedades no use
en tu perdón y Climene
a tu lado viva y triunfe,
yo ocultos aquí a los dos
tendré. Y por que no os disguste
la soledad de los montes,
veréis cómo sostituye
al alcázar de Diana
el de Venus, en quien suple
Cupido cuantas delicias
elíseos campos incluyen.
Y para muestras de que
desde luego las desfrute
nuestro alborozo, en solemne
celebración, pompa y lustre
de vuestras bodas, oíd
y ved lo que a ellas dispuse.
Dríade bella, deidad de las selvas,
náyade hermosa, beldad de las cumbres,
venid a mi voz, atended a mi ruego.
Coro Primero
[dentro.]
¿Quién hay que nos llame?
Coro Segundo
[dentro.]
¿Quién hay que nos busque?
Fitón
A las bodas de Apolo y Climene,
que un hado divide y un hado los une,
festivas venid, a coros diciendo
que vivan y reinen, que venzan y triunfen.
Los Dos Coros
A las bodas de Apolo y Climene,
que un hado divide y un hado los une,
festivas venid, a coros diciendo
que vivan y reinen, que venzan y triunfen.
A las bodas de Apolo y Climene,
en fe que los astros no fuerzan si influyen,
venid repitiendo, a pesar de los astros,
que vivan y reinen, que venzan y triunfen.
A las bodas de Apolo y Climene,
trocando prisiones de amargas en dulces,
lamente Diana y Venus celebre
que vivan y reinen, que venzan y triunfen.
Apolo
¡Qué felicidad!
Climene
¡Qué dicha!
Fitón
Entrad, pues, y nada os turbe.
Los Dos
¿Qué ha de turbarnos, si vemos
que nuestras dichas divulguen…
Apolo
…por ti venciendo zozobras,..
Climene
…por ti gozando quietudes?
Todos
Que vivan, que reinen, que venzan y triunfen.
Fitón
(¡Qué ajenos de mis motivos
su seguridad presumen,
sin saber que van a fin
sólo de que se consume
lo que ya dije una vez!
Pues si la hallaran, no dude
que con su muerte mintiera
mi estudio. Y así, que dure
quise en mi encanto con dueño,
y dueño de quien se arguye,
siendo el sol que nazca el rayo
que abrase, encienda y supure
toda Etiopia, por más
que ahora en su favor pronuncie…)
Música
…que viva, que reine, que venza y que triunfe.
[Vanse todos menos Fitón. Desaparece el palacio y] sale Sátiro.
Sátiro
Haga, pues deste desierto
salir solicito en vano,
virtud la fuerza y…
Fitón
Villano,
¿dónde vas?
Sátiro
A caerme muerto
de verte.
Fitón
Pues ¿cómo, loco,
tan vivo te considero?
Sátiro
Como siempre que me muero,
me muero yo poco a poco;
que otra vez que me morí,
por ser de prisa lo erré.
Y ansí me resucité
para morirme ahora aquí
más a placer.
Fitón
¿De qué suerte?
Sátiro
De contento, por que no
se diga de mí que yo
soy hombre de mala muerte.
Fitón
¿Cómo no te partes? Cuando
todos se van, ¿tú te quedas?
Sátiro
Como entre esas arboledas
tardé, con venir volando,
porque el barco que dejé
en la orilla para mí
amarrado no está allí.
Y ya que a morir quedé,
para morir más de espacio
donde más gusto se esconde,
dime por tu vida, ¿dónde
vive por aquí un palacio?
Fitón
¿Palacio por aquí?
Sátiro
Sí,
por señas de que contiene
en sí a la hermosa Climene.
Fitón
¿Tú la viste?
Sátiro
Yo la vi,
porque un diablo de un pastor,
que fue el mismo que con ella
al río se arrojó, por ella
rompió un peñasco.
Fitón
(¡Qué error
que este lo viese y lo sepa!
Pero yo lo enmendaré).
Tú estás loco.
Sátiro
Si no cree
que dentro de un risco quepa
un alcázar, por aquí
ha de ser, venga conmigo,
verá que verdad le digo.
Fitón
No tan solamente a mí
me lo has de decir, villano;
pero a ninguno podrás.
Sátiro
¿Desa manera te vas?
Pues ¿no eres más cortesano
que eso? ¿Sin respuesta a un hombre
como Sátiro se deja?
Fitón
Presto, Sátiro, a esa queja
te satisfará tu nombre,
pues sátiro fuiste y eres
y sátiro al fin serás
si a otra especie origen das.
Vase.
Sátiro
In satyrum reverteris
sólo le faltó decir.
Mas no he negociado mal,
pues me deja sin señal
con ser diablo. ¿Dónde he de ir?
Que el palacio no parece
ni el pastor, y siendo así
que soy niño y solo y nunca en tal me vi,
sobre todo me entorpece.
No sé qué sueño he sentido.
Hacia allí, si no me engaño, Música.
músicas hay… Mas ¡qué estraño
pasmo el paso ha suspendido!
Y no es de vino, que son
fuentes cuantas llego a oír,
y beber agua y dormir
implica contradición.
De los ojos la linterna
se apaga. ¡Buenos estamos,
que veo ramos, mas no ramos
que penden ante taberna!
Con que a tan fuertes porfias
rendirme es fuerza.
Vase.
Ábrese otra vez el peñasco y vese un jardín y en él Climene sentada y Apolo en su regazo y música.
Apolo
Cantad
y mis dichas celebrad.
Climene
Mejor dijeras las mías.
Coro Primero
No puede Amor
hacer mi dicha mayor.
Coro Segundo
Ni mi deseo
pasar del bien que poseo.
Apolo
Por mí, divina Climene,
la letra se escribió, pues
tan grande mi dicha es
que peregrina no tiene
igual. Y así, bien previene
decir que hacerla mejor…
Coro Primero
…no puede Amor.
Climene
Aunque me está bien creer
tu amante cortesanía,
sí puede, pues lo es la mía,
a quien ya no ha de exceder
mi ventura, mi placer,
mi esperanza ni mi empleo…
Música
…ni mi deseo.
Apolo
Sólo pudo ese favor…
Música
…hacer mi dicha mayor.
Climene
Sólo el gozo que en ti veo…
Música
…pasar del bien que poseo.
Apolo
Luego bien digo…
Climene
Bien creo…
Apolo
…que en tu agrado…
Climene
…que en tu honor…
Ellos Y Música
…no puede Amor
hacer mi dicha mayor,
ni mi deseo
pasar del bien que poseo.
Climene
No cantéis más; cesen, cesen
vuestros músicos acentos,
que, como siempre fue el canto
atractivo imán del sueño,
a él se ha rendido. Y por que
no perturben su sosiego
tan de cerca vuestras voces,
venid conmigo, que quiero
de aquestos nuevos jardines
gozar los pensiles bellos.
Y más, por si despertare,
le suenen mejor de lejos
y sepa hacia dónde estoy,
no ceséis; venid diciendo:
Música
No puede Amor
hacer mi dicha mayor,
ni mi deseo
pasar del bien que poseo.
[Vanse.]
Apolo
Sí puede, pues puede hacer
que su hermosa madre Venus,
a mi ruego conmovida,
esté a Júpiter pidiendo
que con la hermosa Climene
me vuelva a mi trono excelso.
Aparecen Mercurio y Iris.
Mercurio
Apagada luz de Apolo,…
Iris
Oculto esplendor de Febo,…
Mercurio
…atiende a mi canto,…
Iris
…atiende a mi acento,…
Los Dos
…pues vengo en tu busca
en las alas del viento.
Apolo
¿Quién de mi sueño interrumpe
el apacible sosiego
de un bien soñado en que vía
casi lo mismo que veo,
si no es que allí vi dormido
lo que ahora sueño despierto?
Mercurio
Atiende a mi canto,…
Iris
…atiende a mi acento,…
Los Dos
…pues vengo por ti
en las alas del viento.
Apolo
¡Oh tú, bella embajatriz
de las diosas! ¡Oh tú, bello
nuncio de los dioses! Iris
divina, Mercurio excelso,
¿esto es verdad?
Los Dos
Sí.
Apolo
¿No es
ilusión?
Los Dos
No.
Apolo
Pues ¿qué es esto?
Mercurio
Atiende a mi voz,…
Iris
…atiende a mi acento,
pues vengo por ti
en las alas del viento.
Mercurio
La hermosa madre de Amor,
enternecida a tus ruegos,…
Iris
La castísima Diana,
quejosa de tus desprecios,…
Mercurio
…con Júpiter ha alcanzado
el perdón de tu destierro,…
Iris
…mas no el de Climene que
quebró el voto y violó el templo.
Mercurio
Y así, conmigo te envía
el indulto de tu yerro,…
Iris
…y conmigo el ceño que
merece su atrevimiento,…
Mercurio
…con condición, pues, que vuelvas
tú solo al dorado asiento…
Iris
…y quede Climene a ser
de sus víctimas trofeo.
Mercurio
Sube conmigo en las alas
que te da mi caduceo.
Iris
Ven conmigo sobre el iris,
arco de paz que te ofrezco.
Mercurio
Y para que no dudoso…
Iris
Y para que no suspenso…
Mercurio
…de ti el amor te enajene,…
Iris
…de ti te prive el afecto,…
Mercurio
…atiende a mi canto,…
Iris
…atiende a mi acento,…
Los Dos
…pues vengo por ti
en las alas del viento.
Apolo
Crueles piadosos anuncios
del bien y el mal, pues a un tiempo
árbitros suyos, traéis
juntos gozo y sentimiento,
qué responderos no sé,
porque dudo al responderos
cuál pesa más: la ventura
que gano o el bien que pierdo.
Y así, os ruego que troquéis
los dos contrarios estremos.
¿Traes tú el perdón? Sea a Climene.
¿Traes tú el riesgo? Sea a mí el riesgo.
No tendré que discurrir
en la elección.
Los Dos
Mal podremos…
Mercurio
…el decreto interpretar.
Iris
Y pues es este el decreto,…
Mercurio
…atiende a mi voz,…
Iris
…atiende a mi acento,…
Los Dos
…pues vengo por ti
en las alas del viento.
Apolo
¿Qué he de hacer, dioses? Dejar
de ser planeta supremo
en el cielo, por ser sólo
un pobre pastor de Admeto
en la tierra, es tiranía
usada conmigo. Pero
dejar a Climene, ¿no es
también dejar otro cielo
y otro sol, y con doblada
tiranía? Sí, supuesto
que aquella es contra mí y ésta
contra ella y contra mí mesmo.
Mercurio
¿Qué resuelves?
Iris
¿Qué respondes?
Apolo
Que os vais en paz, que más quiero
dejar de ser astro noble
que dejar de ser atento
y fino amante. Climene,
mi bien, mi gloria, mi cielo,
¿cómo me has dejado solo
la eternidad de un momento?
Bella Climene…
Sale Climene.
Climene
¿Qué quieres?
Apolo
Quiero que veas que quiero.
Mercurio y Iris me llaman
a mi alto solio, trayendo
de Júpiter el perdón
partido entre Diana y Venus;
con condición que sin ti
vuelva, me vuelve el imperio
de la luz. Y así, he querido
llamarte a que veas que aprecio
más la lumbre de tus ojos
que no la del firmamento.
Volved, pues, los dos, y al alto
Júpiter decid…
Climene
Primero
que te resuelvas, escucha.
Que te estimo como a dueño,
que te adoro como a amante,
que como a esposo te quiero,
Amor lo sabe, y Amor
sabe también que este ruego,
bien a pesar del cariño,
le dicta el cariño mesmo.
Menos importa que yo
muera de mis sentimientos
que no, Apolo, que tú vivas
desterrado de tu centro.
En fe de que tú gozoso
ilustres campos de cielos,
páramos de montes, yo
alegre viviré, viendo
al amanecer tus rayos;
que como me digan ellos
que tú triunfas…
Apolo
¡Ay, Climene!,
que ese género de afecto
ruega uno y manda otro,
pues a contrario argumento
es que me quede mandato
lo que es que me vaya ruego.
Volved, digo, alados nuncios,
sin mí y decid que más quiero…
Climene
Volved, pero no sin él
y decid que más aprecio…
Apolo
…yo su beldad,…
Climene
…yo su lustre,…
Apolo
…yo su amor,…
Climene
…yo su trofeo,…
Apolo
…que mi esplendor.
Climene
…que mi dicha.
Mercurio
Tratad, pues, de resolveros,
que vuelven barcos al monte.
Iris
Y para que sea más presto…
Los Dos
…atiende a mi voz,
atiende a mi acento.
Clicie
dentro.
¡A tierra, a tierra, barqueros,
que allí a Climene y a Apolo
a lo largo he descubierto!
Admeto
[dentro.]
¡Arriba, arriba!, ya que
a verme con Fitón vuelvo.
Climene
¿Qué voces son estas?
Apolo
Mal
las distingo.
Sale Fitón.
Fitón
¡Estraño empeño!
Los Dos
Fitón, ¿qué es eso?
Fitón
Que Flora,
Céfiro y Clicie aquí han vuelto
y, como fuera salisteis
del palacio en que yo os tengo,
os han visto; con que ya,
aunque yo ocultaros puedo,
no puedo hacer que no sepa
que os oculto.
Los Dos
¿Quién?
Fitón
Admeto,
que también en busca mía
viene, no sé con qué intento.
Mirad, pues, qué hemos de hacer.
Climene
Aquí sólo hay un remedio.
Apolo
¿Qué es?
Climene
Que, pues desenojado
Júpiter te da tu imperio
y con él te restituye
deidad, luz, poder y ingenio,
acetes la condición
de dejarme a mí, supuesto
que desde el cielo podrás,
sin hacer desaire a Venus,
desenojar a Diana
a costa de un rendimiento
y favorecerme a mí,
pues mitigado su ceño,
podré parecer segura.
Apolo
Sí; mas mientras yo lo intento,
¿he de dejarte al peligro?
Fitón
Como hallásemos un medio
para que Admeto no sepa
que vive, yo te prometo
tenerla oculta entre tanto.
Apolo
Pues ese yo te lo ofrezco.
Climene
¿Cómo?
Apolo
Si los tres te han visto,
a los tres desvaneciendo
de suerte que no lo digan,
ya que usar del poder puedo,
castigando de camino
de los tres el fingimiento.
Fitón
Pues ¿qué esperas?
Climene
Pues ¿qué aguardas?
Apolo
Que sepas tú, si me ausento,
que es por conveniencia tuya,
y no mía.
Climene
Así lo creo.
Apolo
Pues retírate, Climene,
a los palacios que dentro
te aseguran, mientras yo
a mi esfera subo, en medio
de Iris y Mercurio.
Los dos
Ufanos
contigo diciendo iremos
Desaparecen los tres.
Cantan.
que logró su voz,
que logró su acento,
quien vino a buscarte
en las alas del viento.
Climene
Yo, Fitón, en confianza
tuya, a tu encanto me vuelvo.
Vase y salen Admeto, Clicie, Flora, Céfiro y Sátiro.
Fitón
Pues sea presto, que ya llegan.
Sátiro
(Desde aquí seré encubierto.
¿Qué nuevas voces son estas?).
Admeto
Fitón, en tu busca vengo
con deseo de saber
qué pastor era estranjero
aquel que se despeñó
con Climene, por si puedo
investigar de sus hados
el último influjo.
Clicie
Eso
no a Fitón se lo preguntes,
que él no lo dirá, supuesto
que cómplice en sus traiciones
es, sino a mí; que mis celos
mejor que él te lo dirán.
El pastor era… Mas ¡cielos!
¿Quién me ha embargado, no sólo
las voces, mas los alientos?.
El pastor… ¡No puedo hablar!…
Era…
Admeto
¡Prosigue!
Clicie
No puedo
ni aun respirar.
Céfiro
Cuando a ella
la hayan mudado de afecto
sus celos o su amor, yo
lo diré, pues no los tengo.
El pastor… Mas ¡ay de mí!,
que yo también enmudezco
al ir a decir su nombre.
Flora
Si a él le turba tu respeto
y a ella la trueca su amor,
yo te lo diré más cierto.
El pastor… Mas ¿qué temblor
en viva estatua de hielo
me ha convertido?
Admeto
¡Prosigue!
Flora
No es posible, porque a un tiempo
en animado Volcán
de fuego y nieve ardo y tiemblo.
Admeto
¿Qué es esto, Clicie?
Clicie
No sé.
Admeto
Flora, ¿qué es esto?
Flora
Yo, menos.
Admeto
Céfiro, ¿qué es esto?
Céfiro
Mal
lo diré.
Sátiro
Hable yo por ellos.
Esto es, señor,…
Admeto
¿Qué terrible
monstruo tan estraño y nuevo
es este, Fitón?
Sátiro
¿Yo, monstruo?
Admeto
Todo hoy el monte es portentos.
¿Qué es esto, cielos?
Clicie
Que a Clicie
han convertido sus celos
en pajiza flor del sol
que va sus rayos siguiendo.
Desaparécese convertida en flor.
Céfiro
Céfiro, amante de Flora,
se ha desvanecido en viento.
Flora
Flora, de Céfiro amante,
vivirá de sus alientos.
Desaparecen los dos en el aire.
Sátiro
Y Sátiro quedará
más sátiro que primero.
Admeto
Pues los prodigios lo callan,
dime tú, Fitón, ¿qué es esto?
Fitón
Esto es salirse los hados
con sus influjos severos
y yo con mis ciencias, pues
a pesar de humanos medios,
habemos ellos y yo
de salirnos verdaderos
en sus amenazas.
Admeto
¿Cómo?
¿Muerta ya Climene?
Fitón
Eso
dirá en su segunda parte
el infausto nacimiento
de Faetón, hijo de Apolo;…
Sátiro
…si a esta perdonáis los yerros,
por la novedad siquiera,
dama y galán dividiendo,
de acabar ella en divorcio
cuando otras en casamiento.
CC0 1.0
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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Apolo y Climene. Apolo y Climene. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbvg.0