Judas Macabeo
Comedia Famosa

Personas que hablan en ella:

  • Judas.
  • Un capitán.
  • Simeón.
  • Gorgias.
  • Jonatás.
  • Chato.
  • Lisías.
  • Zarés.
  • Tolomeo.
  • Cloriquea.
  • Matatías.
  • Soldados.
  • Josef, soldado.
  • Músicos.

Primera Jornada

Salen por una puerta, habiendo tocado cajas y trompetas, Jonatás, Simeón y Judas, y por otra Matatías, viejo, Zarés y músicos.
Músicos
Cuando alegre viene
Judas vencedor,
su frente coronan
los rayos del sol.
Matatías
Valerosos Macabeos,
legítima sucesión
de Palestina; hebreos,
cuya gloriosa opinión
vence al tiempo en los trofeos,
triunfad dichosos; y vos,
Judas valiente, a quien Dios
fió venganza y castigo
del idólatra enemigo,
sujetad las Asias dos;
Simeón, a quien el tierno
pecho ocupa dignamente
prudencia y valor eterno,
en la conquista valiente
y prudente en el gobierno;
joven Jonatás, que alcanzas
vitoriosas alabanzas
y, coronado de glorias,
a las mayores vitorias
exceden tus esperanzas;
hijos de quien merecí
estas glorias, a quien di
el ser que yo he recibido,
¿quedó el asirio vencido?
Judas
Escucha y sabraslo.
Matatías
Di.
Judas
Después, señor, que tu espada
fue con trofeos mayores
admiración a la envidia,
miedo al hado, horror al orbe;
después que tu diestra santa,
ambiciosamente noble,
libró religiosa el templo
de infames adoraciones;
y después que yo, supliendo
tu esfuerzo al bastón, conformes
admiré con mi obediencia
tus heredados blasones,
deseoso de vitorias
partí a Bezacar, adonde
vencí a Gorgias y Apolonio,
rayos de la Asiria. Entonces
murió el soberbio Epifanes,
que lo que el hado dispone
ni lo previene la ciencia
ni el estudio lo conoce.
No menos altivo y fiero,
Antioco corresponde
a su inclemencia, heredando
el imperio y las acciones.
En Betsuria me alojé,
cuyo asiento sobre montes
al mismo sol se levanta,
digno de que al cielo toque;
y, disponiendo mi gente
para alguna hazaña noble,
llegué a la ciudad famosa
del jebuseo, renombre
de aquel divino profeta,
de aquel sumo sacerdote
que ardió en religioso aroma
a Dios piadosos olores.
Aquí mi brazo valiente
pensó ser castigo inorme
del que idólatra la habita
dando culto a falsos dioses.
Sábado fue, cuyo día
venerara, pero rompe
a la costumbre la fuerza,
que no hay ley que ella no borre.
De cien mil infantes fuertes
y de veinte mil veloces
caballos formó su campo
Apolonio, aquel que pone
a Samaria y Palestina
terror con solo su nombre,
pues, hijo de la soberbia,
engendró efetos mayores.
Este, pues, llegó el primero,
a quien Simeón con doce
mil infantes animoso
dichosamente se opone.
Seiscientas vidas trofeo
fueron de su ardiente estoque,
que, ministro de la muerte,
era un rayo cada golpe.
Simeón Cesa, valeroso hebreo,
para cuyo eterno nombre
es de la divina Fama
mudo el labio, sordo el bronce;
cesa de dar alabanzas
a mi honor con dulces voces,
porque ante las glorias tuyas
son ningunos mis blasones.
Cántate a ti, que a tu fama
otro estilo será torpe,
porque tu memoria solo
quien la alcanza la conoce;
o, ya que por más valor
tu mismo honor no pregones
por ser la propia alabanza
tan vil en los pechos nobles,
di que el sol rayaba apenas
con su luz nuestro horizonte
y la más vecina punta
coronaba de esplendores,
cuando Jonatás valiente,
atropellando temores
por el enemigo campo,
palestino marte, rompe;
di cómo llegó animoso
hasta el elefante adonde
triunfaba Apolonio... ¡Ah, cielo!,
bien es que el estilo corte
a mi voz el sentimiento
porque, cuando el bruto nombre,
bárbara pira que ha sido
de Eleazaro, el mundo llore.
Jonatás
Llore el sol ya tanta ruina,
haga sentimiento el orbe,
pues con tal pérdida miras
levantados tus pendones.
El llanto y la pena son
de la fortuna pensiones,
porque no hay vitoria alguna
que sin desdichas se logre.
Al sol, que en temprano oriente
se corona de arreboles,
en términos del ocaso
pardas nubes se le oponen;
descortés el viento al prado
roba hermosura y colores
y, las que hoy lucientes, son
mañana caducas flores;
a la primavera sigue
el ivierno, al día la noche,
a glorias penas, a agrados
llantos, a dichas rigores.
¡Oh, venganzas de fortuna,
mil veces felice el hombre
que ni teme tus amagos
ni se sujeta a tus golpes!
Yo, que de vitorias mías
no será bien que te informe
porque, habiendo visto tantas,
son mis empresas menores,
de nuestro hermano Eleazaro
diré el fin para que goce
en su muerte su alabanza;
sus trágicas glorias oye.
Formó el valiente Apolonio
de veinte y cuatro disformes
elefantes vago un muro,
poblada ciudad de montes.
¿Nunca has visto desatados
de un ejército de flores,
de rosas bellas y varias
divididos escuadrones
que de sus ricos matices
verdes alfombras componen,
donde alivien su cansancio,
donde su descanso logren?
Tal las plumas parecían
que, desatando colores
desde las puntas soberbias
que entre las nubes se esconden,
de vagas selvas, de errantes
campos, de pensiles bosques,
en confusión rebozaban
varias imaginaciones.
Sin temer a tanto exceso
Judas el campo dispone,
que lo que al número falta
le sobra en los corazones.
Apenas, pues, fatigados
vieron los vientos veloces
con tanto fuego su esfera,
sus ecos con tantas voces,
cuando Eleazaro valiente
atrevido reconoce
las insignias de Apolonio
en aquel bruto biforme
y, ambicioso de alabanzas,
contra la fiera se opone.
¿Quién vio asaltar vivo muro?
¿Quién vio estremecerse un monte?
El fiero animal, rendido
aun más al temor que al golpe,
disimulado trofeo,
la máquina descompone;
baja ofendido y, en vez
de que a las plantas se postre
de aquel cuyos brazos fueron
para su mal vencedores,
bárbara losa le oprime,
rústica tumba le coge,
bruta pira le fatiga
y urna funesta le esconde.
Halló, vencedor vencido,
en sus desdichas sus loores,
sus vitorias en sus ruinas
y su muerte en sus blasones.
Gorgias, pues, se retiró
a Jerusalén, adonde
piensa defenderse en vano
si el cielo no le socorre,
que, antes que el sol con sus rayos
las crespas guedejas dore
del rugiente signo y antes
que otra vez visite el orbe,
de Jerusalén verás
temblar las soberbias torres
temiendo en manos de Judas
de Dios el divino azote;
y, castigando del templo
tantos sacrificios torpes
que a mentidos bultos hacen
idólatras intenciones,
hará que del Testamento
otra vez al templo tornen
arca, ley, vara y maná
del Jehová, dios de los dioses.
Matatías
En mi ciego pensamiento
tienen confusa porfía
con el gusto el sentimiento,
con la pena la alegría,
con el dolor el contento.
¡Oh, llanto desconocido!
¡Que no igualan mis temores
el contento que he tenido
con tres hijos vencedores
al dolor de uno vencido!
¡Oh, notable desconcierto!
¡Que en tormentos tan esquivos,
cuando gusto y pena advierto,
no borren tres hijos vivos
el dolor de un hijo muerto!
Mas vengo a considerar
hoy de nuestro ingrato ser
que no se sabe estimar
tanto en el mundo un placer
como sentirse un pesar.
Y así, cuando el alma escucha
este dolor que en mí lucha,
advierto en el bien que toco
que el mucho contento es poco
y la poca pena es mucha.
Confieso que ingrato he sido
a vuestro favor, mi Dios,
con la pena que he tenido,
mas ¿qué hiciera yo por vos
si no la hubiera sentido?
Todo es vuestro; nada es
mío, señor. Si prevengo
algún consuelo en los tres,
es porque pienso que tengo
con qué serviros después.
Vase.
Zarés
Vencedor divino y fuerte,
cuyas vitorias han sido
el término del olvido,
el límite de la muerte;
Macabeo en quien advierte
la fama mayor trofeo,
defensor del pueblo hebreo,
de Sabaot esperanza,
del falso Dagón venganza,
castigo del idumeo;
de la pasada vitoria
no te he dado el parabién
porque dártele no es bien,
pues era dudar tu gloria,
que, para mayor memoria
de tu valor y poder
de la que esperas tener,
te le puede el mundo dar,
pues en quererlo intentar
tienes seguro el vencer.
Vence y mira agradecido
deste campo la belleza,
que, indigna de tu cabeza,
a tus plantas se ha rendido.
A recebirte han salido
el campo vertiendo flores,
las aves cantando amores
y, con tonos diferentes,
dando música las fuentes,
el viento espirando olores.
No a recebirte triunfante
salgo con regalos mil
bellísima Abigaíl,
aunque Abigaíl amante;
no el pequeño don te espante,
si la voluntad lo es,
que, puesta humilde a tus pies,
alma y vida te ofreciera
si dueño del alma fuera.
Judas
Guárdete el cielo, Zarés.
Vase.
Zarés
En vano al cielo fatigo
cuando tus desprecios lloro,
si es lo más con que te adoro
lo menos con que te obligo.
Simeón
(Difícil empresa sigo,
pero a mi justa porfía
mayor pena y fuego cría
con amoroso rigor
el desprecio y el amor.)
Jonatás
(¡Ay, Zarés del alma mía!)
Simeón
Si los presentes trofeos,
si las merecidas glorias
de conseguir las vitorias,
de pretendidos empleos,
igualasen mis deseos,
y todos, bella Zarés,
se redujeren después
al imperio de mis manos,
más dichosos, más ufanos
salieran luego a tus pies.
Jonatás
Yo, Zarés, que siempre he sido
humilde y desconfiado
por ser quien más te he adorado,
quien menos te ha merecido,
no quisiera haber venido
con vitoriosa alabanza,
que tal gusto amor alcanza
de sufrir y padecer
que no quiero merecer
por no tener esperanza.
Quien en méritos se emplea,
Zarés, para merecer,
no te obliga con querer,
que su mismo bien desea;
y, porque de mí se crea
que te he sabido estimar,
sin esperanza he de amar,
que el que satisfecho espera,
el llanto y la pena fiera
facilita en esperar.
Y tanto gusto recibo
deste pensamiento injusto
que solo vivo con gusto
cuando con desprecio vivo.
Gloria es tu tormento esquivo;
mi pretensión es quererte,
y así pienso agradecerte
esta pena que me das,
porque estimo tu honor más
que estimara merecerte.
Zarés
Bien en tan locos desvelos
conociendo vuestro amor,
pudiera dar a un rigor
dos géneros de consuelos,
pero permiten los cielos
que no me pueda alegrar,
pues que me quisieron dar
en mi honesto parecer
la fuerza para ofender,
pero no para obligar.
Si no creyera de mí
causas para ser amada,
viviera más consolada
con que no lo merecí;
mas, considerando aquí
que dos me ofrecen su vida
y que uno solo me olvida,
más me ofendo de su trato,
y soy por un hombre ingrato
a dos desagradecida.
Y, ya que el estremo veis
los dos de mi desengaño,
remediad agora el daño,
que fácilmente podéis:
yo os pido que me olvidéis,
que mi deseo ofendido
está de verse corrido
probando ajeno rigor.
Dadle a Judas vuestro amor;
pedilde a Judas su olvido.
Simeón
A un mismo tiempo me das
desprecios y desengaños,
y, si se agradecen daños,
no sé qué agradezca más.
En el desprecio verás
mi amor, pero, cuando tocas
el olvido, me provocas
a agradecerle, si escuchas
que son las que engañan muchas,
las que desengañan, pocas.
Vase.
Jonatás
De ingratitud ha nacido
olvido, y el que prevengo
no sé de qué, pues no tengo
de qué estar agradecido.
Usa el mundo que al olvido
los beneficios se den
y las ofensas estén
vivas en cualquiera parte;
pues ¿cómo podré olvidarte
si nunca me hiciste bien?
Estima, Zarés, mi fe;
agradece mi cuidado,
que yo, en viéndome obligado,
al punto te olvidaré;
pero de mí mismo sé
que llegara a perdonar
verme querer y estimar
por no llegar a ofenderte,
que no quiero merecerte
si te tengo de olvidar.
Vase.
Zarés
Amorosa confusión,
no aumentes mi pena más
viendo humilde a Jonatás
y rendido a Simeón;
y, si sus estremos son
causa de mi sentimiento,
con un nuevo pensamiento
a Judas quiero obligar,
aunque en pensar que ha de amar
un grande imposible intento.
Yo, Judas, para obligarte,
pues en las armas te empleas,
pues solo guerras deseas,
pues solo te agrada Marte,
en todo pienso imitarte:
casta palas he de ser
en sujetar y vencer;
desde hoy la guerra sigo
por ver si acaso te obligo
más diamante que mujer.
Sale Chato, villano.
Chato
¡Ay, desdichado de mí!
En este punto he quedado
huérfano y desconsolado.
Zarés
¿Quién es quien se queja aquí?
Chato
¡Hoy dan fin las glorias mías!
Zarés
¿Qué tienes, Chato?
Chato
Señora,
muriéndose queda agora...
Zarés
¿Quién?
Chato
… tu tío Matatías.
No escapará desta vez,
que, para más desventura,
tiene un mal que no se cura.
Zarés
¿Pues qué mal tiene?
Chato
Vejez.
Un grande enojo le dio
—¡qué justamente me aflijo!—
cuando supo que su hijo
era muerto, y se quedó
poco menos.
Zarés
De esa suerte,
aún no está muerto.
Chato
Sí tal,
ya camina en este mal,
que es la posta de la muerte.
¿Quién de ponderar lo deja?
¡Que, con ser cosa la vida
más estimada y querida,
enfada en llegando a vieja!
Negra vejez, ¡oh, qué bien
te llaman negra en rigor,
pues nunca tomas color
por más tintas que te den!
Zarés
¿Y dónde, Chato, le dejas?
Chato
Si rey agora me hallara,
luego al instante mandara
degollar todas las viejas.
Zarés
¿Hay suerte más importuna?
¿Qué es lo que habemos de hacer?
Chato
¡Oh, lo que fuera de ver
un reino sin vieja alguna!
Y, si quieres ver, Zarés,
si el ser vieja es cosa fea,
no hay mujer que, aunque lo sea,
te confiese que lo es.
¡Que las canas, que honor dan,
se tiña una loca vieja
y no tiña una bermeja
sus hilachas de azafrán!
¡Que la doncella, que en ella
se enseña el signo a fingir,
mienta y se atreva a decir
sin vergüenza: «Soy doncella»!
¡Y a quien la edad aconseja
y da el tiempo desengaños
al cabo de tantos años
nunca ha dicho: «Yo soy vieja»!
¿No ves el llanto que suena?
Zarés
Campos, montes, cielo y vientos,
todos hacen sentimientos.
Chato
De dolor el alma llena
tengo.
Zarés
La muerte le deja
sin duda alguna rendido.
Chato
Pues ¿quién hubiera podido
rendirle, si no una vieja?
Salen Judas, Simeón y Jonatás.
Judas
Aneguen mis enojos
este campo con llanto de mis ojos.
Simeón
Este monte, que ha sido
áspero monumento,
aumente el sentimiento,
aun sin tener sentido,
y, enternecido, el suelo
muestre en su llanto eterno desconsuelo.
Jonatás
Este campo no vea
con diversos colores
hermosura en las flores,
fragrancia en Amaltea
y, para más enojos,
espinas sean su flor, su fruto abrojos.
Judas
Arrastren por la tierra
con pálidas congojas
los árboles sus hojas
y en abrasada guerra
desvanezca avariento
el fuego su beldad, su pompa el viento.
Zarés
Nunca se vio en el mundo
tan común sentimiento.
¡Oh, natural portento!
¡Oh, llanto sin segundo!,
que al fin es el más fuerte
sacrificio en las aras de la muerte.
Chato
Todo es desdicha y llanto.
¡Oh, natural temor! ¡Oh, fiero espanto!
¿Quién no pondera y siente
ver que ninguno deja
de morir en las manos de una vieja?
Tocan cajas y sale Tolomeo.
Tolomeo
Valiente Macabeo,
dichoso defensor del pueblo hebreo,
después que los asirios en Betsuria
conocieron tu furia
y con trágicas penas
mancharon con su sangre sus arenas;
después que retirado
vive Gorgias vencido,
de Antioco enviado
aquel fiero Lisías ha venido,
aquel del cielo guerra,
aquel horrible parto de la tierra,
cuyas soberbias glorias
piensan borrar con sangre tus vitorias.
Este en Jerusalén agora queda
porque en sus muros defenderse pueda;
del templo los altares,
los sagrados lugares
con profana ambición ha poseído;
sacrificios que han sido
del gran dios de Israel, que el cielo adora,
al mentido Dagón sirven agora.
Piadosa acción a tu deidad obliga:
las ofensas de Dios venga y castiga.
Judas
Espera,Tolomeo;
no prosigas, detente.
Al punto, Simeón, junta mi gente,
y en formadas hileras
hoy del Jordán ocupen las riberas.
No a los vientos veloces
llene el clarín con apacibles voces,
sino bastarda trompa
con horrísono son su esfera rompa.
El parche más suave
ni claro anime ni suspenda grave,
sino con eco bronco
torpe entristezca, compadezca ronco.
A vengar voy agravios
con religioso celo
del alto dios que rige tierra y cielo.
Publicad dura guerra;
vengad el cielo y ofended la tierra.
Simeón
Tú verás, imitando tus trofeos
con mayores aciertos,
dejar ciudades y poblar desiertos.
Vase.
Judas
Tú, Jonatás, mientras la gente ordeno,
parte a Jerusalén y di a Lisías
el noble fin de las empresas mías.
Jonatás
Yo parto deseoso
de volver con tu nombre vitorioso,
que en el honor eterno que te llama
veré el mundo sujeto con tu fama.
Vase.
Zarés
Y yo, que entre los viles
adornos vanos, galas mujeriles,
en los campos he dado
a la hacienda doméstico cuidado,
hoy en la guerra quiero,
vistiendo mallas y tocando acero,
publicar lo que intenta
mujer determinada
—y dijera mejor enamorada—.
Ya en mi difunto tío
caro abrigo le falta al honor mío;
este de ti le espera
—dijera bien cuando mi amor dijera—.
Conozca el mundo que, si a ti me igualas,
competiré con la deidad de Palas.
Vase.
Judas
Suenen los instrumentos
puniendo en confusión los elementos:
el fuego de su esfera
rayos le preste a la región primera;
el viento en varios huecos
su horror duplique en repetidos ecos
y el número feliz de pechos tales
hoy al Jordán limite los cristales
y, oprimida la tierra,
guerra solo sustente.
Todos
¡Guerra, guerra!
Vanse, y salen al son de cajas destempladas Lisías y soldados, y por otra puerta Gorgias con bastón y corona de ciprés.
Gorgias
Fuerte Lisías, si es
infamia quedar vencido,
yo, que de Judas lo he sido,
infame llego a tus pies.
Por Antioco Eupator
vienes a Jerusalén;
justa elección, porque estén
seguros con tu valor
aquestos muros, que son
fuerzas del asirio imperio.
Y, pues que no sin misterio
hoy sucedes al bastón,
advierte que ruina ha sido
de la fortuna mi honor
y que ganas vencedor
lo que yo pierdo vencido.
No castigues con venganzas,
Lisías, adversidades,
que a no haber prosperidades
no se temieran mudanzas.
Lisías
Disculpa tu infamia aguarde
en la fortuna importuna,
porque siempre la fortuna
fue sagrado del cobarde.
No de su inconstancia arguyas
la pérdida o la ganancia,
que no es culpa de inconstancia
las que son infamias tuyas.
Y, cuando vengas a ser
de la fortuna vencido,
¿es honor haberlo sido
de una inconstante mujer?
¿Es esta fortuna alguna
deidad santa y eminente?
No, pues un hombre valiente
sabe vencer la fortuna.
Di, ¿cómo nunca ha ofendido
a mis fuerzas su poder?
No se debe de atrever,
o su poder es fingido.
Conozcan de mis tiranos
hechos la fiera amenaza:
ponedle en pública plaza,
atadas atrás las manos,
porque digan que ansí yo
castigo cobardes culpas,
y él ofrezca por disculpas
«la fortuna lo causó».
Gorgias
Soberbiamente has mostrado
el castigo que procuro,
pero tú no estés seguro,
pues no estoy desconfiado.
Lisías
Llevalde, pues.
Gorgias
¡Oh, importuna
suerte, que a la muerte excedes!
¡Ah, fortuna, lo que puedes!
Llévanle.
Lisías
Más puedo que la fortuna.
¿No son estos Macabeos
tan arrogantes y vanos
judíos, samaritanos,
israelitas, galileos?
¿No es este el pueblo que ha sido
con justas persecuciones
en desiertos y prisiones
de su dios mal defendido?
¿Quién es su dios invisible,
sola voz que lo advierte?
¿Este es el que llaman fuerte?
¿Este es el dios invencible?
Presto con llanto importuno
conocerán sus estremos
que los asirios tenemos
dos mil dioses para uno.
Sale Cloriquea.
Cloriquea
Temiendo tantos enojos,
con temor llego a tus pies.
¿Qué rigor es este?
Lisías
Es
gloria en mirando tus ojos.
Soberbio estaba; ya estoy
humilde.Vime furioso,
y ya me miro amoroso;
no era mío, y tuyo soy.
De la fortuna decía,
viéndome siempre triunfante,
que su poder inconstante
para cobardes tenía,
y mi engaño llego a ver,
pues agora he conocido,
viéndome a tus pies rendido,
que tú lo debes de ser.
Desengañarme procura;
dime, pues, si estos secretos
son de la fortuna efetos
o efetos de la hermosura.
No creí que era el poder
de la fortuna tan fiero;
y ya sí, si considero
que es la fortuna mujer.
Cloriquea
Si como mujer amante
la misma fortuna fuera,
en mi firmeza perdiera
la imperfección de inconstante.
No me parara hasta verte
rico de inmortal honor
con más poder que el amor,
con más triunfos que la muerte,
más que la fama memorias,
más que el olvido trofeos,
más que la ambición deseos
y más que el tiempo vitorias.
Y entonces, al golpe queda,
porque con tanto poder
no tuvieras qué temer,
pusiera un clavo a la rueda;
y solo serlo quisiera
mi amoroso pensamiento
por parar el movimiento
cuando en tus brazos me viera,
pues allí con mayor gloria
te ofreciera mi deseo
poder, amor y trofeo,
aplauso, triunfo y vitoria.
Y agora con alegrarte
quiero templar tu rigor
para ver si puede Amor
suspender un poco a Marte.
Llamad músicos; procura
treguas al marcial cuidado.
Lisías
Las más suaves he hallado,
Cloriquea, en tu hermosura.
Con mirarte he suspendido
el furor que me incitaba:
todo con verte se acaba.
Salen músicos.
Músicos
Los músicos han venido.
Cloriquea
Cantad de amor; todo sea
amorosas armonías
porque mi amado Lisías
solo amor escuche y vea.
Lisías
Qué es amor es cosa clara
mirándote a ti, mi bien.
Músicos
Oye aquesta letra.
Cloriquea
¡Quién
cantando te enamorara!
Cantan
Si te agradan suspiros,
bellísima Zarés,
y merecen verdades
la gloria de una fe,
ya basta tu desprecio,
ya sobra tu desdén,
mas, ¡ay!, que nunca es mucho
rigor que tuyo es.
¡Ay, divina Zarés!,
apacible no seas,
pues me agradas cruel.
Lisías
¡Qué bien siente! ¿Cúya es
esa canción?
Músico I
De un hebreo.
Lisías
¡Qué bien dice su deseo!
Cloriquea
Mucho le debe Zarés.
Lisías
¿Quién es Zarés?
Músico I
Una hebrea
a quien él significaba
que con grande estremo amaba.
Músico II
La fama en decir se emplea
sus alabanzas.
Músico I
Y más
es muda que licenciosa.
Lisías
¿Que Zarés es tan hermosa?
Cloriquea
De la canción lo sabrás.
Cantan
No quiero que me quieras;
solo quiero querer,
y por sentir tus males
no busco ajeno bien.
Si te ofendo, condena
a tu hermosura, en quien
Naturaleza puso
lo estremo del poder.
¡Ay, divina Zarés!,
apacible no seas,
pues me agradas cruel.
Lisías
¡Qué rendido que la amaba!
Cloriquea
No tuve gusto mayor
en mi vida.
Lisías
¡Con qué amor
tan honesto la adoraba!
Gana me ha dado de ver
esta hebrea.
Cloriquea
¿Qué cuidado
aquesta canción te ha dado?
Lisías
Que tan perfeta mujer,
por Dagón y por los cielos,
me pesa de que no sea
esclava de Cloriquea.
Cloriquea
Ya bastan, mi bien, los celos.
Lisías
¿Tú tienes celos? ¿De quién?
Cloriquea
De que cause este rigor
Zarés; pienso que es amor.
Lisías
(Yo pienso que piensas bien.)
Sale un soldado.
Soldado
Un embajador hebreo
te quiere hablar.
Lisías
Entre, pues.
Soldado
Dale asiento, porque es
hermano del Macabeo.
Lisías
No te quites, Cloriquea,
de aquí, porque no ha de hallar
desocupado lugar.
Hable en pie.
Sale Jonatás.
Jonatás
El cielo sea
con vosotros.
Lisías
Él te guarde.
Di a lo que vienes, hebreo,
con brevedad.
Jonatás
Yo seré
muy breve en tomando asiento.
Lisías
A ningún embajador
le doy, porque considero
que de mis nobles pasados
esclavos los tuyos fueron.
Jonatás
Pues yo le suelo tomar;
pero aquí, que no le veo,
por no quitártele a ti,
de mi manto hacerle quiero.
Ya estoy sentado.
Lisías
Prosigue
a lo que vienes.
Jonatás
Primero
te diré de tus engaños
el error; estame atento.
Aquesta antigua ciudad,
que sobre montes soberbios
está fundada y triunfante,
es de tres atlantes peso.
«Salén» se llamó al principio,
de Salén, que fue el primero
que para sus edificios
halló en los montes cimientos.
Este sacrificios justos
hizo a nuestro verdadero
dios, encendiendo en sus aras
mil olorosos inciensos.
Los jebuseos después
gran tiempo la poseyeron;
y, de sus dos fundadores
los dos nombres confundiendo,
se llamó «Jebusalén»,
de «Salén» y «Jebuseo».
Con «jeru» quiere decir
cosa excelente el hebreo;
por esto «Jerusalén»
ha sido el nombre postrero.
Siempre ha ostentado grandezas,
y aun agora en ella vemos
el alcázar de David
y de Salomón el templo.
Dirasme que para qué
tantas cosas te refiero;
pues escucha y lo sabrás.
Lisías
Prosigue, pues.
Jonatás
Está atento.
Si siempre aquesta ciudad
al dios justo, al dios eterno
ha tenido por amparo;
si siempre ha sido su dueño,
¿por qué ofendes sus lugares
con sacrificios diversos
de falsos dioses? ¡Oh, escucha
lo que adoras torpe y ciego!:
bronce adoras en Moloc,
plomo en Astarot y hierro
en Belcebud; en Dagón
oro y en Beemod madero;
barro estimas en Baal,
sin otros dioses perversos
de pequeñas estaturas
que llamáis dioses caseros.
Pues ¿cómo quieres que sean
tantos dioses?
Lisías
Macabeo,
poco prometiste hablar.
Jonatás
Aún no he dicho a lo que vengo.
Judas, pues, a quien vosotros
llamáis el judío sin miedo,
os dice que le entreguéis
esta ciudad o que luego
vendrá furioso a vengar
tantos agravios del cielo.
Con esto me voy.
Lisías
Espera.
Jonatás
Ninguna respuesta espero,
porque ya sé que respondes...
Lisías
No más de que la defiendo
y que, cuando la faltaran
aquesos muros soberbios
que la aseguran, tuviera
más resistencia en mi pecho.
Solo te quiero decir
si, turbado con el miedo,
te dejas el manto.
Jonatás
No,
que de industria te le dejo.
Lisías
¿Por qué no quieres llevarle?
Jonatás
Porque nunca yo me llevo,
cuando doy una embajada,
la silla donde me siento.
Vase.
Cloriquea
¡Gallarda resolución!
Lisías
Bien con el manto me quedo,
pues, dejándole en mis manos,
me dices que vas huyendo.
¿Estos hebreos no advierten
que de gigantes deciendo
que soberbios levantaron
torres contra Dios un tiempo?
(Pero ¿para qué blasono
si rendido me confieso
a una divina hermosura
que, imaginada, la temo?)
Suenan trompetas.
Mas ¿qué trompetas son estas
que suenan?
Sale un soldado.
Soldado
El Macabeo,
que a la vista de los muros
armadas tiendas ha puesto.
Lisías
¿Viene en el campo Zarés?
Cloriquea
Pues ¿qué te importa el saberlo?
Lisías
Porque, como ella no venga,
segura vitoria tengo.
(De un deseo he de morir.)
Cloriquea
(Yo he de morir de un desprecio.)
Lisías
(¡Ay, Zarés, si esto es amor!)
Cloriquea
(¡Ay, Lisías, si esto es celos!)

Segunda Jornada

Salen Lisías con el manto de Jonatás y un soldado llamado Josef.
Lisías
¿Dónde está Zarés?
Josef
Aquí.
Llega, que seguro puedes,
pues mi amistad y tu traje
te disimulan.
Lisías
No tiene
imposibles el amor,
que ningún peligro teme
el corazón en un noble
enamorado y valiente.
La hermosura de Zarés,
disfrazado desta suerte,
al campo de mi enemigo
me ha traído sin que llegue
a ver la sombra del miedo.
Josef
Puesto que fiado vienes
en mi amistad, mal hicieras
en recelarte.
Lisías
Si fuese
tal mi ventura que aquí
llegasen a conocerme,
más de mí mismo me fío
que de tu amistad.
Toca una caja a marchar y sale Zarés armada, con una bandera al hombro, al son de la caja.
Josef
Ya tienes
presente lo que deseas.
Lisías
Pues ¿a quién tengo presente?
Josef
Zarés es esta que armada
al compás del parche viene.
Lisías
Mejor dijeras que Palas
a deidad más eminente
hoy se rinde, pues en vano
a competirla se atreve.
Oí decir que el amor
con llama de fuego ardiente
libres voluntades rinde,
fuertes corazones vence;
pero ¿qué mucho que a mí
a su imperio me sujete
si para un hombre rendido
hoy tantas armas previene?
Vuelva a tocar.
Zarés
¿Josef?
Josef
Señora.
Zarés
Ve a Judas
y dile que venga a verme,
competidora de Juno,
menos hermosa y más fuerte,
que, porque bien le parezca,
determina Amor que espere
armada por ver si puedo
obligarle desta suerte.
Josef
Yo voy a llamarle.
Vase.
Lisías
(¡Ay, cielos!
Depuesto el rigor, parece
que entre los brazos de Venus
rendido Marte se duerme
y que, guardándole el sueño
vigilante, Amor se ofrece,
vestido del fiero Marte
el arnés que tantas veces
causó al mismo cielo horrores.
¿Cómo podré defenderme
si son de Marte las armas
y es el Amor quien las tiene?)
Sale Chato de soldado ridículamente con muchas armas.
Chato
Yo vengo muy bien cargado.
¿Qué borrico habrá que lleve
más armas y municiones?
Zarés
¡Ay, Chato! El amor, que siempre
con regalos y delicias
más que con rigores vence,
determina que hoy a Judas
hable ansí por ver si puede
agradarle con acero
más que con galas alegres.
Chato
Si para agradar a Judas
te vistes de acero fuerte,
yo traigo para agradarte
tantas armas diferentes:
si todos dicen que armada
la diosa Palas pareces,
yo pareceré al dios Palos.
Zarés
Presumo que viene gente.
Con esta bandera es bien
que el veloz viento sujete,
porque, movida su esfera,
mi esperanza al viento entregue.
Tocan la caja y arbola la bandera.
Lisías
(Rendido el viento a sus manos,
diosa del viento parece,
aura por quien hoy de Pocris
llora Céfalo la muerte.)
Chato
¡Qué dominio sobre el aire
todas las mujeres tienen!
Lisías
(¡Qué bien el viento la ayuda!)
Zarés
¿No viene Judas?
Chato
No viene.
Zarés
Dame el escudo y la espada.
Chato
Espada y escudo tienes.
Zarés
¡Ay, Judas, poco te debo!
Lisías
(¡Ay, Zarés, mucho me debes!)
Chato
¡Qué bien el escudo embrazas!
Mas no es mucho, porque siempre
a las armas de un escudo
se aplican bien las mujeres,
y son armas que las mandan.
Zarés
¡Oh, Judas, si ya vinieses,
porque me vieras regir
esta espada!
Chato
¿Qué pretendes?
Zarés
Saca tu espada.
Chato
La mía
es muy recatada y teme
el parecer deshonesta
delante de tanta gente.
Zarés
Desnúdala ya.
Chato
Es doncella
y, porque mejor lo apruebes,
jamás sangrienta se ha visto,
y tanto que, por no verse
con tal mancha, su costumbre
es no reñir, pero a veces
vienen al hombre ocasiones
donde escusarse no puede.
Saca la espada.
Pero, ya que la ves, quiero
decir las gracias que tiene:
esta espada no se queda.
Zarés
¿De qué modo?
Chato
Desta suerte:
no se queda, pero vase,
que, cuando ocasión se ofrece,
huyo, y ansí no se queda,
porque conmigo se viene.
No tiene vuelta tampoco
mi espada, que eternamente
al lugar donde riñó
o pudo reñir se vuelve.
Zarés
Riñe conmigo.
Chato
¿Contigo
yo reñiré? ¡Impertinente,
necia, loca, marimacho!
¿Qué es lo que armada pretendes?
¿No riñen ansí las viejas?
Zarés
En rabia mi enojo vuelves.
Lisías
(Rayo de Júpiter es
esta espada que vehemente,
sin hacer ofensa al cuerpo,
el alma en su fuego enciende,
y el corazón en cenizas
fénix nace y cisne muere.)
Zarés
¡Oh, Judas, lo que te tardas!
Chato
¡Oh, lo que te desvaneces!
Zarés
Ni el alma tiene sosiego
ni viene Judas.
Sale Josef.
Josef
No viene
ni vendrá, porque ordenando
estaba agora la gente
de su campo, que mañana
asaltar la ciudad quiere.
Vase.
Zarés
Locas imaginaciones
en vano el alma previene,
que lo que niegan estrellas
industria no lo concede.
Loca estoy.
Lisías
(¡Que aquesto escucho!
¿Es posible que yo intente
de tan valiente enemigo
sin prevención defenderme?
¡Que, cuando de amores trato,
trate solo de ofenderme
y, por la guerra que olvido,
la que yo busco desprecie!)
Zarés
Loca, burlada y confusa
daré voces porque lleguen
a sus orejas; haré
estremos de amor.
Chato
¿Qué tienes?
Zarés
¿Quién me lo pregunta?
Chato
Yo.
¿No me conoces?
Zarés
¿Quién eres?
Chato
Chato, que agora cargado
de espadas, lanzas, paveses,
arcos, flechas y banderas,
montantes, picas, broqueles,
dardos, baquetas y cajas,
era entre tantos arneses
el dios Chato de las armas.
Llega Zarés adonde está Lisías.
Zarés
Y tú, villano, ¿quién eres?
Lisías
Pues me preguntas quién soy,
escucha y direlo en breve:
yo soy Lisías.
Zarés
¿Lisías?
Lisías
Sí.
Zarés
Pues ¿qué es lo que pretendes,
siendo enemigo de Judas,
en mi tienda?
Lisías
Solo verte.
La fama de tu hermosura,
divina Zarés, que tiene
ocupada en tu alabanza
la voz que el viento suspende,
a Jerusalén llegó,
donde oí diversas veces
con mil lenguas alabarte
—mejor dijera ofenderte—.
A Judas, Zarés, adoras,
¡ay de mí!, a Judas quieres
porque envidie en mi enemigo
el poder con que me ofende.
Yo te busco y él te olvida.
¿Es posible que no sientes
que deje por ti la guerra
y él por la guerra te deje?
Si buscas hombres robustos,
mira a quien tienes presente;
mira quién te adora humilde
si buscas hombres valientes.
Zarés
Lisías, yo te agradezco
la voluntad que me ofreces,
que a lo menos, si no paga,
estima quien agradece.
El pagarte es imposible
y, porque seguro quedes
que tu deseo cortés
agradezco honestamente,
te suplico que te vayas,
porque, si Judas viniere
a verme a mí, no te mate.
Hazme aqueste gusto; vete.
Más que mi opinión, sintiera
agora en sus manos verte
muerto por mi causa.
Lisías
¡Ay, cielos,
qué poco mi amor te debe!
¡Qué mal mi vida aseguras!
¡Qué bien mi peligro temes,
pues solo Judas con celos
pudiera darme la muerte!
¡Qué bien dices que vendrá
a matarme y a ofenderme,
pues solo viene a matarme
el que a darme celos viene!
Pero, por darte este gusto,
yo me iré, como me entregues
una prenda de tu mano;
con esta podré volverme
y sin ella no me iré.
Zarés
¿Es posible que esto intentes?
Lisías
Si no me la das, perdona,
que me es forzoso ofenderte.
Zarés
¿Qué puedo darte?
Lisías
Esa banda,
que, de tus hombros pendiente,
es zodíaco que parte
de tu luz la esfera breve.
Sale por un puerta Jonatás y por otra Simeón y páranse.
Jonatás
(¡Cielos! ¿Qué es esto que miro?)
Simeón
(¿Qué rigor, fortuna, es este
con que me quitas la vida?)
Zarés
Tú la tendrás, pero advierte
que ni la doy ni la niego,
y, porque confuso pienses
que ni es favor ni rigor,
aquí es justo que la deje.
Tú con aquesto aseguras
la alabanza que pretendes;
yo, el decoro que me debo.
Álzala del suelo y vete.
Echa la banda en el suelo y llega Jonatás y Simeón y asen todos de la banda
Jonatás
Eso será si la deja
alzar este brazo fuerte,
que, exhalado de mi fuego,
rayo del cielo desciende.
Simeón
En vano llevarla intentas,
que, cuando Júpiter fueses,
fuera poco tu poder
si mi valor la pretende.
Zarés
¿Qué confusión es aquesta?
Jonatás
¡Suéltala ya!
Lisías
Cuando intentes
quitarle la luz al sol,
aun podrás más fácilmente
que la banda.
Jonatás
¡Simeón,
suéltala tú!
Simeón
¿Que la suelte
me dices cuando yo solo
pretendo llevarla?
Jonatás
Advierte...
Hacen la banda dos pedazos y queda sin banda Jonatás.
Lisías
Ya está la banda partida.
Jonatás
¿Posible es que los dos lleven
dividido el cielo y yo
sin una parte me quede?
Zarés
¿Qué desdicha es esta, cielos?
¿Qué confusiones me ofrece
mi desdicha?
Chato
(Yo me quedo
sin banda también.)
Jonatás
¡Que fuese
tan avara mi fortuna!
Pero mi fortuna quiere
que con su sangre la compren
porque más cara les cueste.
Simeón
El cobrar la otra mitad
solo a mí me pertenece,
porque me importa juntarla
a estotra.
Lisías
¿Qué te detienes?
¿Qué esperas? ¿Por qué no llegas?
Pero será porque adviertes
que es la banda de Zarés
y Lisías la defiende.
Descúbrese.
Simeón
¿Tú eres Lisías?
Lisías
Yo soy.
Simeón
Harto fue no conocerte
por tus hechos, que tú solo
pudieras ser tan valiente.
Jonatás
El enojo me has quitado
tanto, Lisías, con verte
que, si yo de aquesta banda
absoluto dueño fuese,
hoy la partiera contigo,
que tú solo la mereces.
Chato
(¡Qué bien de toda pendencia
se escusaron los corteses!)
Jonatás
Ya no pretendo tu parte;
vete con la banda, vete,
porque el premio desta hazaña
con ella a tu campo lleves;
y yo me veré contigo
a solas porque no pienses
que la pretendo ganar
porque estás entre mi gente.
Lisías
Pues yo me llevo la banda;
el que cobrarla quisiere,
aquesta tarde le espero
con ella en el campo.
Simeón
Vete.
Vase Lisías.
Zarés
¿Qué fue vuestro pensamiento?
Que las licencias de amor
no se dan para el rigor
de tan loco atrevimiento.
¿En mi tienda habéis tenido
licencia de que esto pase?
Jonatás
¡Que yo sin banda quedase,
habiendo el primero asido!
Zarés
No sé qué furor os mueve
para tan grande locura.
Simeón
¡Que fuese tal su ventura
que la otra parte se lleve!
Zarés
¿Qué ocasiones os he dado
para atreveros ansí?
Chato
(¡Que la partiesen y a mí
me hayan sin banda dejado!)
Zarés
Ni sé qué favor ni sé
qué causa pudo obligarte.
Simeón
Cuando tenga la otra parte
de la banda, lo diré,
que, cuando tu prenda dejo
en su poder por testigo
del valor de mi enemigo,
injustamente me quejo,
que no es razón que se entienda
que yo he tenido valor
para sentir tu rigor,
no para cobrar tu prenda.
Jonatás
Yo ¿cómo podré decir
mi pena, pues he de hallar
dos causas para callar
y dos mil para sentir?
Y así, cuando llego a ver
de honor mis sentidos llenos,
a mí me importa hablar menos,
porque tengo más que hacer.
Y ya es forzoso empezar
a que mi valor se entienda,
pues, si no me das tu prenda,
habrétela de quitar,
y así verá el mundo llano
que en el honor que procuro
está de mí más seguro
mi enemigo que mi hermano;
y, porque de mi poder
mejor la fuerza se arguya,
tengo de llevar la tuya.
Simeón
Sabrela yo defender.
Riñen, y salen Judas y Tolomeo.
Judas
¡Qué es lo que mis ojos ven!
Chato
(Bien estoy sin banda yo
si he de reñir; eso no.)
Judas
Pues, cuando Jerusalén
ofrece a vuestras espadas
de sus tiranos los cuellos,
¿cómo podréis ofendellos,
de vuestra sangre manchadas?
¿Qué injusta causa os obliga?
¿Qué tirana envidia lucha
en vuestros pechos?
Zarés
Escucha,
que yo es justo que lo diga.
Dando a la fama lenguas
y asombros a la envidia,
fuerte y enamorado
aquí llegó Lisías.
Pidiome honestamente
alguna prenda mía
para que de su hazaña
diera clara noticia.
Una banda en el suelo
se cayó y, cuando iba
a tomarla, llegaron
tus hermanos a asirla;
y, la banda a este tiempo
de los tres dividida,
se quedó safisfecho
con su parte Lisías.
Agora tus hermanos,
que furiosos se incitan,
lo que ingrato desprecias
amorosos envidian.
Mira lo que les debo;
lo que me debes mira,
pues por solo agradarte
quiere Amor que me vista
el acero y la malla.
¡Oh, qué necia conquista!,
pues el amor sin armas
voluntades cautiva.
Judas
¿Que loco y arrogante
aquí llegó Lisías
y enamorado agora
de mi valor se olvida?
Yo he de hacer una hazaña
cuya memoria, digna
de mármoles y bronces,
el mismo tiempo escriba.
Envainad las espadas,
y aquel que en la conquista
de la ciudad ganare
honor y fama altiva
de Zarés será dueño;
mostrad la valentía
por ella en los contrarios.
Simeón
Eternos siglos vivas.
Vase.
Jonatás
Hoy quisiera que fuera
de todo el mundo cifra
la ciudad porque el mundo
viera a las plantas mías.
Zarés
¿Pues cómo, ingrato, ofreces
mi amor y desestimas
la fe con que te adoro?
Judas
¡Tarde, Zarés, suspiras!
Zarés
Si para dar un hombre
alguna prenda rica
importa que sea suya,
¿cómo a darme te animas
si tú mismo no quieres
que sea tuya? ¿No miras
que lo que tú desprecias
es lo que a dar te obligas?
Vanse Zarés y Chato.
Judas
¡Ah, Jonatás!
Jonatás
Señor.
Judas
Dispón con esa firma
el campo, que mañana,
antes que el claro día
de nueva luz los campos
lucido adorne y vista,
he de asaltar el muro.
Jonatás
De mí, señor, confía.
Vase Judas y quedan Jonatás y Tolomeo.
¡Ay, esperanzas locas!
¡Ay, necias fantasías!
¡Ay, vanas confianzas!
Tolomeo
¿Qué tienes? ¿Qué suspiras?
Jonatás
Hoy muero,Tolomeo.
Amor, celos, envidia,
rigores me atormentan.
Tolomeo
Remedia tus desdichas
con industria, que Amor
tal vez sufriendo anima.
Jonatás
No hay industria que pueda
aliviar mis fatigas.
Tolomeo
Pues escucha, que puede
ayudarte una mía.
Ese papel de Judas
tiene en blanco la firma.
Jonatás
Es verdad.
Tolomeo
Pues advierte
que, como en él escribas
que esta noche le espere,
podrás con sus insignias
gozar disimulado
de Zarés las caricias.
Yo le hurtaré la vara
y el escudo.
Jonatás
¡Divina
industria, si permite
Amor que se consiga!
Tolomeo
Armado aquí en su tienda
siempre al sueño se inclina
y de allí podré hurtarle
vara y escudo.
Jonatás
Hoy libras
del fuego mis congojas,
y Amor se determina
a que niegue verdades
y acredite mentiras.
Vanse. Salen Lisías y Cloriquea.
Cloriquea
Sosiégate.
Lisías
¿Cómo puedo?
Cloriquea
¿Qué te atormenta?
Lisías
Un mal fuerte.
Cloriquea
¿Qué es lo que temes?
Lisías
Mi muerte.
Cloriquea
Loca estoy.
Lisías
Confuso quedo.
Cloriquea
¿Qué sientes?
Lisías
Dos penas juntas.
Cloriquea
¿Qué son?
Lisías
Amor y rigor.
Cloriquea
¿Qué te desvela?
Lisías
El amor.
Cloriquea
¿Qué te cansa?
Lisías
Tus preguntas.
Cloriquea
Escúchame.
Lisías
¿Qué pretende
tu porfía?
Cloriquea
Considero
que eres el hombre primero
que ser querido le ofende.
Hoy de la ciudad saliste
manso, alegre y amoroso;
vuelves airado y furioso:
dime, ¿a qué Tesalia fuiste?
¿No era yo tu vida y bien?
¿Cómo, cuando a verme llegas,
tu vista y brazos me niegas?
Sobre esta Jerusalén
Antioco te ha de hacer
su igual, como se resista
a Judas esta conquista.
¿Qué te aflige?
Lisías
Una mujer.
Cloriquea
Suspiros al aire envía
rendido tu corazón.
Del amor estremos son.
Lisías
(¡Ay, Zarés del alma mía!)
Sale un capitán y soldados y traen preso a Chato.
Capitán
Tus soldados han ganado
al enemigo esta espía
que disfrazado venía.
Chato
Mejor diréis engañado.
Lisías
¿Es hebreo?
Capitán
Sí, señor.
Lisías
Pues ahorcalde.
Chato
¿Pues ahorcalde?
¡Es de golpe aqueste alcalde!
Lisías
Ejecuto así el rigor
de mi deseo.
Chato
Inclemencia
que a mi temor no se debe,
aunque disculpa lo breve
lo cruel de la sentencia.
Pero gran rigor ha sido
el que a mi inocencia das,
puesto que castigas más
a quien menos te ha ofendido.
Lisías
Llevalde.
Soldado
Vamos de aquí.
Chato
Aquesta la paga es
de haber servido a Zarés.
Lisías
¿Quién nombró a Zarés aquí?
Chato
Quien, por haberla servido,
a tal estremo ha llegado.
Lisías
Pues válgate ese sagrado
adonde te has retraído.
Soltalde, soltalde, pues;
enfrenad el rigor fuerte,
que es incapaz de la muerte
el que ha nombrado a Zarés,
y al cielo causara agravios
el que ofenderle intentara,
que aun la muerte respetara
aquella voz en sus labios.
Vete libre.
Chato
No hay tratar.
Lisías
¿Qué esperas?
Chato
Yo he de morir.
Lisías
Vete.
Chato
No me quiero ir.
Lisías
¿Por qué?
Chato
Porque me han de ahorcar
y, después de ahorcado, yo
diré a Zarés de la suerte
que a sus criados dan muerte
sin decirles sí ni no;
y, cuando la vuelva a ver
de la suerte que hoy ha ido
—que agora le he conocido—,
ella le dará a entender
si estoy bien o mal ahorcado.
Cloriquea
(¿Qué es esto que escucho, cielos?
Agravios son, que no celos,
los que me daban cuidado.)
Lisías
¿Qué esperas?
Chato
¿Qué he de esperar?
Que me ahorquen para irme.
Lisías
Pártete.
Chato
No he de partirme;
entero me han de colgar.
¡Bueno es andarme engañando
con «ahórcote y ya no»,
como si fuera hombre yo
con quien se han de andar burlando!
Vase Chato, el capitán y soldados.
Cloriquea
¿Que toda la pena ha sido
haber a Zarés mirado
y que tan enamorado
a su misma tienda has ido?
¿Aquesto ha sido el llorar?
¿Esto el temer y sentir?
¿Esto el callar y sufrir?
¿Y esto ha sido el suspirar?
Lisías
Cloriquea, si pudiera,
por mi diosa te adorara
y en altares que labrara
vida y alma te ofreciera;
mas determinan los cielos
que tenga, por más rigor,
de Cloriquea el amor,
pero de Zarés los celos.
Y, así, entre confusas dudas
no puedo ofender tu fe.
Sale un capitán.
Capitán
(El nombre le pediré.)
¿Quién vive esta noche?
Lisías
«Judas»,
Vase el capitán.
que a mi pesar siempre vive;
y aqueste quiero que sea
el nombre porque se vea
el contento que recibe
de que viva el pensamiento.
Viva y, porque más me asombre,
viva en mi gente su nombre,
porque con aquesto intento
desterrar cualquier temor,
pues, si este nombre se da,
solo el nombrarle podrá
dar al cobarde valor.
Ya el sol con trémulo paso
previene a su claridad
túmulos de obscuridad
en el horror del ocaso,
y yo he de ir al desafío.
Presto volveré a saber
su dolor, pues el volver
solo de mí mismo fío.
Vase. Queda Cloriquea sola.
Cloriquea
A dulce sueño rendida
quiere el amor que me vea:
o es desmayo de la idea
o es afecto de ofendida,
porque, si del pensamiento
descanso el dormir ha sido,
me quita el sueño el sentido
por quitarme el sentimiento.
Duérmese y salen el capitán y soldados con las espadas desnudas y Judas embozado.
Capitán
Por las espadas desnudas
paso a la muerte hallarás
si luego el nombre no das.
Soldado
Diga el nombre.
Judas
El nombre es Judas,
que en mi vida le negué.
Capitán
Ya no hay temor que te asombre.
Vanse el capitán y soldados.
Judas
Con solo decir mi nombre
hasta la tienda llegué
de Lisías. Más ha sido
el valor que yo he mostrado,
pues, si él llegó disfrazado,
yo descubierto he venido,
que ansí quiero que se vea
que no hay temor que me impida.
Esta que está aquí dormida
es sin duda Cloriquea,
que su hermosura asegura
que solo puede haber sido,
pues, aunque duerma el sentido,
está en vela la hermosura.
Esta la venganza es
que toman las manos mías.
Llega a Cloriquea y ella despierta.
Cloriquea
Deja mis brazos, Lisías,
y busca los de Zarés.
Mas ¿qué es esto? ¿A quién provoca
tal furor?
Judas
Con esto gano
mi honor; perdona a la mano,
que he de taparte la boca,
y, aunque sea con violencia,
que presuma será bien
que empieza Jerusalén
en ti a darme la obediencia.
Llévala en brazos y salen Jonatás y Simeón.
Jonatás
Vuélvete ya, Simeón,
que aquí tengo de esperar
al asirio y será dar
a mi honor mala opinión
el llegar acompañado;
no venga y, viéndote aquí,
piense que riñen ansí
los hebreos.
Simeón
Escusado
ese recelo sería
si agora consideraras
que el temor en que reparas
viene a ser ofensa mía,
pues yo solo he de reñir
con el asirio.
Jonatás
Eso fuera
a faltar yo.
Sale Lisías y escucha.
Lisías
(No pudiera
a mejor tiempo venir.)
Simeón
Déjame esta empresa a mí
porque mi fuerza le asombre,
que es vencer a solo un hombre
poca gloria para ti.
Si él me venciere, tendrás
mayor vitoria este día,
pues aquesta prenda mía
en su poder hallarás;
y con aquesto sospecho
que quedará conocido
tu valor; yo, agradecido,
y Lisías, satisfecho.
Lisías
(Valor tienen los hebreos;
ver su discordia quisiera.)
Jonatás
Si aquesta vitoria fuera
solo por ganar trofeos,
yo te la dejara a ti
y sin ella me quedara,
que en tu brazo asegurara
más que aseguro de mí;
mas tú tienes esa parte
con que consolarte puedes
y, cuando sin otra quedes,
podrás con ella gloriarte.
Si me vence, llegarás
a más levantada gloria,
pues con sola una vitoria
las dos mitades tendrás.
Con esto las penas mías
satisfaré consolado,
tú quedarás bien premiado
y satisfecho Lisías.
Lisías
(Que les envidio, por Dios,
confieso.)
Simeón
¿Cómo ha de ser?
¿Qué es lo que habemos de hacer
si viene?
Lisías
Reñir los dos
y, supuesto que he llegado,
sacad las espadas ya,
que aquí espero.
Jonatás
Eso será
poniéndome yo a tu lado.
Simeón
Lisías, ya has conocido
en desengaño tan llano
que el salir yo con mi hermano
culpa, y no traición, ha sido.
Escoge, que, el que escogieres,
ese reñirá contigo,
y tendrás un fiel amigo
entre tanto que riñeres
en el otro.
Lisías
Pues ya escojo...
Jonatás
¡Ay, cielos!
Simeón
¡Confuso estoy!
Lisías
... al que es el mayor.
Jonatás
¡Yo soy!
Simeón
¡Rabiando quedo de enojo!
Lisías
Y en justa razón lo fundo,
porque es bien que de una suerte
vayan llegando a la muerte
como llegaron al mundo.
Jonatás
A esa parte te retira
mientras que mi suerte advierto
y, hasta que me mires muerto,
oye, calla, advierte y mira.
Riñen.
Lisías
Saca la espada.
Simeón
Valiente
es el asirio.
Lisías
¡Ay de mí!
Inadvertido caí.
Jonatás
Suelta la banda.
Simeón
Detente,
que no le has de dar caído,
que es villano proceder;
que el tropezar y caer
desdicha, y no culpa, ha sido.
Y, si en el suelo se ve
y allí muestras tu rigor,
dirán que faltó valor
cuando le tuviste en pie.
Y yo tu fama y tu gloria
en aquesto solicito,
pues una infamia te quito
y te ofrezco una vitoria.
A Lisías.
Y así quiero defender
tu vida, porque, si aquí
te vence mi hermano, a mí
no me deja qué vencer.
Jonatás
Poco te debe mi honor
cuando arrogante porfías
no en dar la vida a Lisías,
sino en dudar mi valor,
pues al cielo le hago juez
que, si en el suelo le hallara,
su misma vida guardara
por quitársela otra vez,
aunque quiero agradecer
lo que piensas que le das,
pues con ella tendré más
que quitar y que vencer.
A Lisías.
No fue de tu valentía
mengua despeñarte al suelo,
pero atrevido recelo
que ha sido ventura mía,
pues felice me asegura
mi fortuna que el bajar
a la tierra fue a tomar
medida a tu sepultura.
Lisías
No porque en el suelo veas
al que ofendido entretienes,
pienses, Jonatás, que tienes
la vitoria que deseas
ni hagas agüeros felices
el verme caído aquí,
pues no mido para mí
la sepultura que dices.
Vuelve a reñir.
Riñen y salen el capitán y soldados.
Capitán
¡Cierra presto,
que los Macabeos son!
Jonatás
¡Aquesta ha sido traición!
Capitán
¡Cierra, Asiria!
Lisías
¿Qué es aquesto?
Capitán
Como agora desde el muro
pelear, señor, te vimos,
a darte ayuda salimos.
Lisías
(Hoy satisfacer procuro
de los dos la cortesía.)
Ninguno pase de aquí,
o habrá de matarme a mí
quien llegare.
Capitán
Si este día
con estas vidas alcanzas
la vitoria que deseas,
¿por qué en defender te empleas
tus contrarios?
Lisías
Las venganzas
son viles y yo pretendo
vitorias; venganzas no.
Seguros estáis, que yo
hoy vuestras vidas defiendo.
Lisías mete a los suyos a cuchilladas y los dos hermanos se van, y salen Zarés con un papel y Tolomeo
Tolomeo
¿Qué es lo que miras y dudas?
Zarés
Como en tanto bien me veo,
lo mismo que dudo creo.
Tolomeo
Firma y papel es de Judas;
él a dártele me envía
y yo hago lo que debo.
Zarés
A creerte no me atrevo
por ser la ventura mía.
Dile que en mi tienda espero
esta noche, pues cudicias
el bien mío.
Tolomeo
(Las albricias
a Jonatás pedir quiero
de aqueste engaño, pues es
el que amoroso desea.)
Vase. Sale Judas y Cloriquea.
Judas
Llega, hermosa Cloriquea;
besa la mano a Zarés.
Cloriquea
Dichosa diré que he sido,
pues más que he perdido gano,
que a besar tan blanca mano
sin fuerza hubiera venido.
Dame tu mano.
Zarés
Los brazos
darte mi afición espera
con el alma.
Cloriquea
(¡Quién pudiera
hacerte en ellos pedazos!)
Zarés
(¿Qué celosa pasión lucha
en mis sentidos de ver
con Judas esta mujer?)
¿Cómo la trujiste?
Judas
Escucha.
Solo a la ciudad llegué;
dije mi nombre; temieron
las centinelas; abrieron
todas las puertas; entré
donde estaba Cloriquea;
robela; trújela aquí
para que te sirva a ti
y tu prisionera sea,
porque de las glorias mías
ansí quiero que se entienda
que pago con mejor prenda
la que te llevó Lisías.
Zarés
La cortesía agradezco,
aunque el sentimiento sea
ver que alcance Cloriquea
más finezas que merezco,
pues veo que, cuando tienes
el mismo honor que me das,
por ella a su campo vas,
por mí a mi tienda no vienes;
y, si has de venir a ella
el día que ella está aquí,
no sé si vienes por mí
o si has de venir por vella.
Aunque a condición tan fiera
bien sé, Judas, que no ha sido
afición quien te ha movido,
¡pluguiera a Dios que lo fuera!,
que con finezas tan raras
obligara tu rigor
que, a ser yo capaz de amor,
por obligación me amaras.
Cloriquea
Consuelo tu queja tiene
en la pena que me da,
pues Judas por mí no va
y Lisías por ti viene;
y ya de las penas mías
no siento el tormento injusto,
pues no es prisión, sino gusto,
donde ha de venir Lisías.
Zarés
Que Judas hubiese ido
por tu afición no lo sé,
pero bien claro se ve
que tú con él has venido.
Si Lisías con cruel
pasión ha llegado aquí,
no debió de ser por mí
y, al fin, no me fui con él.
Judas
Dejadme solo, que hoy
dar quiero a Dios alabanza
porque cumpla mi esperanza.
Vase.
Cloriquea
Triste quedo...
Zarés
Alegre voy...
Cloriquea
... porque el amor mis desvelos
poner ante mí procura.
Zarés
… porque ya estoy más segura
con la causa de mis celos.

Tercera Jornada

Salen Jonatás y Tolomeo, y saca Jonatás un bastón y un escudo pequeño.
Tolomeo
Llega con silencio.
Jonatás
Apenas
muevo la planta.
Tolomeo
Ya ves
de Zarés la tienda.
Jonatás
Di
que del sol esfera es.
Tolomeo
El silencio de la noche,
que autor del engaño fue,
con el mayor te convida:
entra, que no hay qué temer.
La luna, escasa de luz,
horror nos previene en vez
de sus rayos; ni una estrella
en todo el cielo se ve.
El viento apenas se mueve,
que parece que cortés
no murmura de tu engaño.
¿Qué esperas?
Jonatás
Hoy llego a ver
de amor la mayor vitoria,
de la industria el mayor bien,
el triunfo de una esperanza
y la gloria de una fe.
Hoy de un deseo imposible
gozo el mayor interés;
hoy tengo el cielo en mis brazos,
hoy la fortuna a mis pies,
que amor, industria y gloria en mí se ven
si gozo la hermosura de Zarés.
Tolomeo
Prevenida de tu engaño,
aquí te espera; no estés
perezoso en la ocasión.
Llega; ¿qué temes?
Jonatás
No sé.
Cobarde temo el pesar;
dudo atrevido el placer,
y así estoy en confusiones
entre el amar y el temer.
Noche, si de mis suspiros
estás obligada, ten
tu curso, quítale al día
de su beldad el poder;
no obedezcas a la luz
del sol y, a mi amor fiel,
sepulta en obscuridad
su dorado rosicler.
Mas, si de Zarés la luz
entre mis brazos se ve,
bien podrá en ausencia suya
la del sol resplandecer.
Estatuas de eterno mármol
pienso a tu memoria hacer
y por sacrificio tuyo
en tus altares pondré
estatuas, mármol, luz y rosicler
si gozo la hermosura de Zarés.
Tolomeo, aquí me aguarda...
Tolomeo
Inmóvil monte seré.
Jonatás
… mientras dejo al mismo Amor
envidioso de mi bien.
Tocan alarma.
Mas ¿qué es esto?
Tolomeo
Alarma tocan.
Jonatás
¿Alarma?
Tolomeo
Sí, ¿no lo ves?
Dentro
¡Arma, arma!
Jonatás
Alguna seña
fingida debe de ser;
quiero entrar.
Tocan.
Tolomeo
De la ciudad
sale un confuso tropel.
Algún ardid habrá sido
de Lisías.
Jonatás
¿Qué he de hacer?
Aquí del amor me llama
el deleitoso placer;
allí de Marte me incita
el estrépito cruel.
Aquí el amor me da voces,
pero allí el honor también
me llama. ¡Ay, amor, honor!
¿A quién he de responder?
Aquí pierdo la vitoria
de un invencible desdén
y allí pierdo la esperanza
del más honroso laurel.
Aquí gano del amor
glorias que tanto esperé;
allí gano eterna fama
con que inmortal he de ser.
¡Ciego y confuso me veo!
¡Amor, honor! ¿Qué queréis?
Rendido estoy a los dos;
dejadme ya, que bien sé
que la fama y la gloria he de perder
si pierdo la hermosura de Zarés.
Pero ¿qué es esto? ¿Yo soy
descendiente de Israel?
¿Yo, del Macabeo hermano?
¿Yo, de Judá y a quien
con aplausos, con trofeos
y con triunfos piensa ver,
coronado de vitorias,
glorioso Jerusalén?
¿Yo soy Jonatás? ¿Yo soy
quien puso —de amor la ley—
el honor en contingencia
por una hermosa mujer?
¡Afuera, vanos deseos!
Arroja el escudo y vara.
¡Fingidas señas, haced
en el viento vuestro centro
porque venganzas me deis!
No quiero falsos engaños;
al campo voy porque en él
vuelva por mi honor. ¡Lisías,
solo a mí me has de temer!
A vencerte voy yo solo,
y pienso que poco haré,
pues, empezando en mí mismo,
voy enseñado a vencer.
Vase.
Tolomeo
Honrada vitoria ha sido,
que la de más gloria es
vencerse un hombre a sí mismo.
¿Fuese? Sí, que ya se fue.
Aquí dejó las insignias
de Judas, que habían de ser
para Zarés dulce engaño
cuanto enojoso después.
La ocasión es poderosa.
Yo di la industria; yo hurté
a Judas vara y escudo:
¡vive Dios que he de vencer
esta imposible beldad!
Su hermosura gozaré,
que quien pierde una ocasión
ni estima ni quiere bien.
Toma las insignias y vase, y salen Lisías y gente.
Capitán
¿Adónde vas?
Lisías
A morir.
¡Por Júpiter que ha de ser
testigo de mi venganza
todo el campo de Israel!
¿Cuál es la tienda que tiene
a Cloriquea?
Soldado
Esta es.
Lisías
Si de bronce o de diamante
fuera muro que romper
no pudiera incontrastable
de Júpiter el poder
y sus vencedores rayos
hallaran defensa en él,
de mi fuego combatida
hoy, verás que sin tener
reparo a mi ardiente furia
se pone humilde a mis pies.
Capitán
Cuando cajas y trompetas
han tocado a recoger
y retirada en el muro
toda tu gente se ve;
cuando a manos del soberbio
Macabeo, que cruel
tu poder destruye, ha muerto
Gorgias, soldado fiel,
¿en el campo del contrario
te has quedado sin temer
sus engaños y traiciones?
¿Qué es lo que esperas?
Lisías
No sé.
Yo salí de la ciudad
con ánimo de volver
a Cloriquea conmigo,
y sin ella no podré.
Aquesta es la tienda donde
con mil trofeos miré
triunfando de Amor y Marte
la hermosura de Zarés.
De dos soles considero
que depositaria es
y de los dos abrasado
me siento confuso arder.
Bien me quiere Cloriquea,
pero a Zarés quiero bien
y, amante y agradecido,
un imposible he de hacer.
¡Ah, Judas! ¡Ah, Macabeo!
¡Ah, defensor de la ley
de Israel, judío sin miedo!
¿Dónde estás, que no me ves?
A Cloriquea trujiste
robada, mas, por tener
más fama, sobre mis brazos
tienda y todo llevaré.
Capitán
Lisías, ¿qué es lo que intentas?
Lisías
Esperadme aquí; entraré
en la tienda a ver si veo
a Cloriquea.
Capitán
¿De quién
se ha contado tal hazaña?
Lisías
Un hombre viene.
Sale Tolomeo de la tienda.
Tolomeo
(Yo hallé
de amor la gloria mayor
en el mayor interés.
Denme el cielo y la tierra parabién,
pues gocé la hermosura de Zarés.
Un hombre a la puerta veo;
no hay temor que me acobarde.
Este es Jonatás; ¡qué tarde
vuelve a gozar su deseo!)
Lisías
(¿Qué es esto que dudo y creo?
Fortuna en mi mal se emplea.
¿Posible es que a un hombre vea
salir con turbados pies
de la tienda de Zarés,
donde vive Cloriquea?
La vida y alma ofendida
tienen mi sentido en calma:
Cloriquea tiene el alma
y Zarés tiene la vida.)
Tolomeo
(Con una industria fingida
mis engaños será bien
que satisfación le den
porque mi traición no crea.)
Lisías
(Bien me quiere Cloriquea,
pero a Zarés quiero bien,
y entre confusos desvelos
lo que es mi bien es mi daño.
Yo me animo y yo me engaño:
¿qué desdicha es esta, cielos?
¡Dejadme, confusos celos!,
ya que en tormento tan fiero
juntas dos muertes espero,
pues hoy tan claro se infiere
que me olvida quien me quiere
o me ofende quien yo quiero.)
Tolomeo
(¿Cómo empezaré a fingir
mi engaño? Quiero llegar
a hablarle y asegurar
lo que podrá presumir.)
¿Es Jonatás?
Lisías
Sí, yo soy.
(Fingireme Jonatás,
que este es Simeón.)
Tolomeo
Sabrás,
hermano amigo, que estoy
loco de contento hoy:
pródigo amor me asegura
la mayor gloria y ventura;
hoy en mi sujeto emplea...
Lisías
(¡Ay, Zarés! ¡Ay, Cloriquea!)
Tolomeo
... un asombro de hermosura.
Hoy he llegado a mirar
el mismo cielo en mis brazos
fingiendo amorosos lazos
que amor no supo imitar;
hoy he llegado a gozar,
puesta la envidia a mis pies,
beldad que de un ángel es,
luz que la del sol afrenta,
fuego que abrasarme intenta.
Lisías
(Esta, sin duda, es Zarés.)
Tolomeo
Hoy en mi suerte dichosa
noté con afecto igual
una hermosura leal
en una lealtad hermosa
y con gracia milagrosa.
¿Quién hay que mis dichas crea?
¿Quién que en tal gloria se vea?
En mis brazos considero
un firme amor verdadero.
Lisías
(Sin duda esta es Cloriquea.)
Tolomeo
Y, en fin, porque más no estés
de mi contento dudoso,
mi bien y mi dueño hermoso,
para que me envidies, es...
Lisías
(¡Oh, si dijeses Zarés!)
Tolomeo
… quien este campo hermosea
con más luz que la febea,
pues a sus plantas se ven
los rayos del sol; es quien...
Lisías
(¡Oh, si fuese Cloriquea!)
Tolomeo
… tiene a sus hermosas plantas
amor, gracia y hermosura;
y yo, quien en tal ventura
gozó maravillas tantas.
¿Qué recelas? ¿Qué te espantas?
¿Qué suspiras?, que no es
Zarés y, porque no estés
con tal conceto en la idea,
yo he gozado a Cloriquea;
entra tú y goza a Zarés.
Vase.
Lisías
¿Qué es esto que escucho, cielos?
¿Hay más pena? ¿Hay más rigor?
¿Quién vio jamás un amor
con dos géneros de celos?
En mis confusos recelos
un amor solo creí,
mas tal pena vive en mí
que, para mayores daños,
he visto dos desengaños
y solo el uno temí.
Y tal me llego a mirar
que sospecho que perdiera
la vida si no viniera
duplicado este pesar,
pues, cuando a considerar
me pongo una fe ofendida,
una esperanza perdida,
son dos contrarios tan fuertes
que, por no darme dos muertes,
me dejan con una vida.
¿Cloriquea no conoce
ya mi lealtad ofendida?
Zarés, fácil y rendida,
¿espera que otro la goce?
¿Que tal pena reconoce
mi pensamiento? ¿Que es
verdad, alma, lo que ves?
¿Que yo mismo escuche y crea
«yo he gozado a Cloriquea;
entra tú y goza a Zarés»?
Llega a él el capitán.
Capitán
A los aires veloces
llenas de horror con lastimosas voces.
¿Qué suspiras? ¿Qué tienes?
¿Qué es lo que ha sucedido?
¿Por quién de amor a tal estremo vienes?
No hay quien tu pena crea.
Lisías
Perdí a Zarés; perdiome Cloriquea.
En Cloriquea ha sido
verdadera mi fe, su amor fingido;
y de Zarés he hallado
sin lealtad su desdén, mi amor burlado.
Esta, en ajenos brazos,
nudos da a mi garganta, a su amor lazos;
y aquella, ingrata y fiera,
ajeno dueño en su beldad espera.
Y, porque el mundo mis desdichas crea,
perdí a Zarés; perdiome Cloriquea.
Capitán
No des voces, señor; mira que estamos
en campos del contrario. Al muro vamos,
que ya del sol luciente
pregona la venida,
coronado de luz, el claro oriente.
Lisías
¡Pierda mi libertad, pierda mi vida,
y el sangriento deseo
ejecute en mi sangre el Macabeo!
¡Entre por la ciudad y vitorioso
tale y rompa furioso
los ejércitos míos
haciendo de su sangre undosos ríos,
que no quiero vitorias,
triunfos no quiero ya, no espero glorias!
Capitán
Si haces tantos estremos,
por fuerza a la ciudad te llevaremos.
Lisías
Solo quiero mi muerte,
que no quiero vivir de aquesta suerte
cuando, entre confusiones y desvelos,
abrasado de amor, muero de celos.
Y, porque el mundo mis desdichas crea,
perdí a Zarés; perdiome Cloriquea.
Vanse. Sale Cloriquea.
Cloriquea
Con lastimosas voces
parece que conserva
en repetidos ecos
el viento a Cloriquea.
Imágenes confusas
son que me representa
el amor de Lisías
en esta triste ausencia.
Engañarme a mí misma
amorosa quisiera
respondiendo a sus voces.
¡Lisías!
Dentro Lisías.
Lisías
¡Cloriquea!
Cloriquea
No son vanas fantasmas
de mi turbada idea,
que en el aire mi nombre
articulado suena.
Tocan cajas destempladas.
¿Qué fúnebres temores
o qué voces funestas
al pronunciar mi nombre
ofenden mis orejas?
Oprimidos los vientos
parece que se quejan
y bramando publican
entre sí dura guerra.
Pero ¿a quién con aplausos
en su muerte violenta
el ejército hace
funerales obsequias?
Sale Tolomeo.
Soldado, así en el muro
vitorioso te veas,
que me digas quién es
a quien muerto respetan
y acercándose al muro
sobre los hombros llevan.
Tolomeo
Un capitán asirio
a quien por sus grandezas
en muerte el Macabeo
honra desta manera.
Vase.
Cloriquea
Sin duda que es Lisías
y su espíritu era
quien triste me llamaba.
¡Aguarda, esposo, espera!
Vase.
Salen Judas, Simeón y Jonatás y Tolomeo al son de cajas destempladas y traen otros en hombros un ataúd, y por lo alto del muro salen Lisías y soldados.
Capitán
A las puertas han llegado
de la ciudad.
Judas
¡Ah del muro!
Decid a Lisías que oiga.
Lisías
Di, general; ya te escucho.
Judas
Después de varias vitorias
que dieron por tantos lustros
admiraciones y espantos
a las tres partes del mundo,
a Jerusalén llegué
y puse cerco a sus muros,
donde en su defensa hice
examen del valor tuyo.
Anoche al campo saliste
cuando el silencio noturno
por mortales los cansancios
sepultó en sueño profundo;
si fue o no temeridad
ni lo afirmo ni lo dudo,
que yo siempre en el contrario
ánimo y valor presumo.
Gorgias, este a quien la muerte
apenas rendirle pudo,
pues a pesar de su olvido
vivirá siglos futuros;
este que, aunque mi contrario,
doy alabanzas y cuyo
valor tanto envidié vivo
cuanto venero difunto,
después de haber, animoso,
rendido en el campo a muchos
enemigos, nos hallamos
cuerpo a cuerpo los dos juntos.
Más de dos horas reñimos
sin conocer en ninguno
ventaja, midiendo siempre
iguales brazos y pulsos.
Muerto, al fin, y no rendido,
cayó en tierra. Ni le culpo
ni me alabo, porque solo
a más dicha lo atribuyo.
Murió, al fin, y sabe el cielo
si me pesa, porque juzgo
que fuera inmortal, teniendo
de aquestos contrarios muchos.
Y, porque conozco igual
a mi valor en el suyo,
conservaré sus cenizas
en inmortales sepulcros.
Así a mis contrarios honro
y su memoria aseguro
porque con aqueste ejemplo
aprendas a honrar los tuyos.
Y, si luego la ciudad
no me rindieres, te juro
por el gran dios de Israel,
verdadero, eterno y sumo,
de asaltarla, derribando
sus alcázares y muros,
hasta ver en sus altares,
a pesar de los injustos
ídolos que ciego adoras,
sacrificios del que puso
a su pueblo en libertad
entre tantos infortunios;
si no, aunque sábado sea,
día que mi ley dispuso
solo para hacer a Dios
sacrificio limpio y puro,
tengo de dar la batalla
más sangrienta y a los tuyos
he de pasar a cuchillo
sin perdonar a ninguno.
Verás la ciudad fundada
sobre un sangriento diluvio
o que, oprimida la tierra,
parezca la sangre jugo.
Los elementos verás
mezclarse entre sí confusos
juntando en un breve caos
tierra, sangre, viento y humo.
Horror a la misma muerte
dará el lastimoso insulto
viendo que tantos la ofrecen
más batalla que tributo.
Lisías
Calla, Judas, que el valiente
habla poco y obra mucho:
quien retórico amenaza
jamás ejecuta mudo.
No hagas las honras de Gorgias
en ti piadoso atributo,
sino temor, que un asirio
aun se hace temer difunto.
Si has de asaltar la ciudad,
¿qué aguardas?, que no te escuso
el asalto; no dilates
la vitoria que procuro,
que a ti y a tus dos hermanos
cuerpo a cuerpo a cada uno
en la batalla os aguardo
y reto, o a todos juntos.
A ti te reto primero
por el engaño o el hurto
de Cloriquea, pues muestras
con mujer el valor tuyo;
a Simeón, porque fue
quien, falso, aleve y perjuro,
a Cloriquea gozó,
de toda lealtad desnudo;
a Jonatás por galán
de Zarés; y ansí no dudo
de todos tres la vitoria
y de tres muertes un triunfo.
Judas
Ya por hallarme contigo
tengo tan vivos impulsos
que serán las horas años,
siglos serán los minutos.
Y, porque creas que yo
solas alabanzas busco
sin tener de mis hazañas
más que la opinión por fruto,
trayle luego a Cloriquea,
Va Tolomeo por ella.
porque, si en esto aventuro
mi opinión, pienso robarla
de los mismos brazos tuyos.
Jonatás
Yo te buscaré el primero,
Lisías, porque seguro
esté, habiéndote vencido,
el que llegare segundo.
No te doy satisfaciones
a tus celosos discursos
porque no parezca en ellas
que la batalla rehúso,
que antes por verme contigo
quisiera al tiempo caduco
tener en mis brazos hoy
para apresurar su curso.
Simeón
Y yo quisiera poder
parar del sol rubicundo
con estos brazos los ejes
de sus celestiales rumbos
porque, testigo a las fuerzas
de mi valor siempre augusto,
para eterna fama mía
me consagrara coluros.
Y no estaré satisfecho
si a mí no me restituyo
de aquella partida banda
una parte que te cupo.
Judas
¡Alarma, alarma, soldados!
¡Suene en los ecos confusos
del parche la voz horrible,
del bronce el metal robusto,
que hoy al gran dios de Israel
sacrificarle presumo
en altares de Dagón
de incienso olorosos humos!
Simeón
¡Hoy, Jerusalén triunfante,
en tus palacios me juzgo!
Jonatás
¡Hoy, gran ciudad de David,
tus alcázares destruyo!
Judas
¡Hoy, santa Sión, quisiera
mi honor que fueras dos mundos
y, por ganarte otra vez,
volviera a Lisías el uno!
Vanse. Quedan en lo alto Lisías y gente.
Lisías
Aquí espero y mis vitorias
solo en mis brazos las fundo,
que hoy vuestros dioses serán
tapetes de mis coturnos.
Descendiente soy, hebreos,
de aquel soberbio Nabuco
que, por ser dios, sus estatuas
sobre los altares puso.
Capitán
De paz un soldado llega
y una mujer.
Lisías
(Ya me turbo,
que esta es Cloriquea.)
Sale Tolomeo y Cloriquea.
Cloriquea
(En verle
se acabaron mis disgustos.)
Tolomeo
Hoy Judas a Cloriquea
te da y dice que seguro
estés de su gran lealtad,
que lo que es fuerza no es gusto,
y que de tu misma tienda
él la robó porque supo
que con esta hazaña daba
a la fama eterno asunto.
Vase Tolomeo.
Cloriquea
¿Es posible que he llegado
a tu presencia, mi bien,
y que los ojos te ven,
que por muerto te han llorado?
Aun lo miro y no lo creo,
que me parece que son
lisonjas de la ilusión
o fantasmas del deseo;
aunque el alma me decía
que no era su daño cierto,
que mal pudieras ser muerto,
supuesto que yo vivía.
Lisías
¿Por qué con locuras tantas
quieres aumentar mi pena?
Di, cocodrilo y sirena
que me lloras y me cantas,
¿por qué con lisonjas doras
aqueste tormento esquivo?
Y, si me desprecias vivo,
¿para qué muerto me lloras?
Muerto estoy; no ha sido incierto
el rigor que imaginabas;
bien mi muerte adivinabas,
que tus locuras me han muerto.
Cloriquea
Escucha mi voz agora.
Lisías
¡Vete, ingrata! ¡Vete, fiera!
Cloriquea
No ofendas desa manera,
Lisías, a quien te adora.
Lisías
¿Una ausencia no consiente
lealtad en tan breves días?
Qué bien muerto me fingías,
supuesto que estaba ausente,
que de tu inconstante ser
tan grande parte te alcanza
que eres mujer y mudanza
por ser dos veces mujer.
Vete donde en dulces lazos
hagas de tu amor empeño;
vete donde nuevo dueño
te goce en ajenos brazos.
Todo, ingrata, lo he sabido:
el mismo que te gozó,
Simeón, me lo contó,
galán y favorecido.
Ya no hay valor que resista
el veneno de que muero.
Vete, basilisco fiero,
que me matas con tu vista,
que, si tuviera en mis brazos
aquesos despojos bellos,
hoy te despeñara dellos
donde te hiciera pedazos.
Vase Lisías y gente.
Cloriquea
Aguarda un poco, Lisías,
y, si aqueste rigor es
obediencia de Zarés,
no ofendas las ansias mías
y no disculpes conmigo
cobardías que has usado,
pues de temor me has dejado
en poder de tu enemigo,
pues, para que yo volviera
otra vez a tu poder,
piadoso fue menester
que él la libertad me diera.
Tocan alarma.
Ya el muro escalar intenta
en orden el campo hebreo
y el valiente Macabeo
al mundo temor ostenta.
El sol con su luz ardiente
está previniendo horrores,
que parece, con mayores
llamas, que el incendio siente;
el viento, confuso y ciego,
con movimientos se altera,
que parece que en su esfera
está la región del fuego;
la tierra, pues, oprimida
monumentos mil levanta,
porque de cualquiera planta
teme perder una vida,
y ya los campos rompidos
procuran eterna fama:
gime el bronce, el parche brama
y en los ecos repetidos
todo es ciega confusión,
todo grita lastimosa,
y por todo voy furiosa
a buscar a Simeón.
Vase. Sale Chato y desde dentro hablan tocando alarma.
Simeón
dentro
¡Rompe el viento!
Tolomeo
dentro
¡Asalta el muro!
Jonatás
dentro
¡Yo solo ganarle puedo!
Todos
dentro
¡Guerra, guerra!
Chato
¡Miedo, miedo!
¿Adónde estaré seguro?
¡Oh, triste Jerusalén,
que eternamente asolada,
destruida y conquistada
estos lugares te ven!
Siempre con fieros espantos
se hace en tu conquista instancia
sin mirar que otra ganancia
fue la pérdida de tantos
que Trabuco Monseñor
destruyó aquel triste día
cuando Alma en Viernes venía
con tanta rabia y rigor.
Hoy Judas, después de dos
asaltos que en ti ha tenido,
conquistarte ha pretendido
al tercero, y plegue a Dios
que te gane bien ganada,
que tu conquista famosa
siempre ha sido peligrosa
en la tercera jornada.
Aquí retirarme puedo
porque el coronista sea.
Dentro
¡Aquí Asiria!
Otros
dentro
¡Aquí Judea!
Todos
dentro
¡Guerra, guerra!
Chato
¡Miedo, miedo!
Escóndese.
Sale Zarés, armada, y Jonatás.
Jonatás
¿Dónde vas?
Zarés
A ganar fama.
Jonatás
Detente.
Zarés
Mi honor afrentas.
Suelta, Jonatás.
Jonatás
¿Qué intentas?
Zarés
Cuando de Marte me llama
el horror y cuando ven
mis ojos que el Macabeo
con animoso deseo
asalta a Jerusalén;
cuando la muralla fuerte,
de su valor defendida,
guarda al asirio la vida
y da al palestino muerte;
cuando de más arrogantes
máquinas contemplo luego
mudarse montes de fuego
en espaldas de elefantes
—o, si no, a mirarlo ponte,
que más parece que el suelo
intenta tocar el cielo,
puesto monte sobre monte—;
cuando los fuertes arietes
quieren con encuentros duros
rendir los soberbios muros
a sus armados copetes,
y a cuyo golpe parece,
sonando el bronce oprimido,
que, asombrado del ruido,
todo el mundo se estremece;
y, al fin, cuando llega Judas
a la ciudad, ¿me detienes?
En poco mi valor tienes,
pues que mis vitorias dudas.
Jonatás
Ni te detengo ni dudo
tu valor; temo tu muerte.
Y, pues vas armada y fuerte,
llévame a mí por escudo,
porque, si un golpe cruel
perdiere ingrato el respeto
a tu hermosura, el efeto
haga en mi pecho, que en él,
de tu rigor satisfecho,
después de roto verás
con el decoro que estás
idolatrada en el pecho;
o, si no, atenta al valor
de mi brazo, considera,
¡oh, Zarés!, de la manera
que, por el marcial furor
con un ánimo arrogante,
acometo loco y ciego,
rompiendo abismos de fuego
y montañas de diamante;
que, si tus ojos me ven
con tal gloria vitorioso,
podré yo solo dichoso
ganar a Jerusalén,
que, si me miras, Zarés,
no habrá mundos que no allane.
Chato
(¡Plegue a Dios que bien la gane!
No nos perdamos después.)
Jonatás
Hoy escribe su tragedia
con sangre Jerusalén.
Chato
(Y, si no la escribe bien,
se perderá la comedia.)
Jonatás
Hoy entre sus tiros fieros
verás cómo rompo yo.
Chato
(Y no le harán mal; si no,
le aciertan los mosqueteros.)
Vase Jonatás y dase el asalto dentro con mucho ruido de armas.
Zarés
Ya la ciudad han entrado
los invencibles hebreos
y con gloriosos trofeos
envidia a la fama han dado;
y yo entre confusas dudas,
de amor temeroso llenas,
entre desdichas y penas
no acierto a vivir sin Judas,
y más cuando todo puedo
decir que es rabia y furor,
todo voces, todo horror.
Vase.
Chato
¡Todo miedo, todo miedo!
Basta, que a mis ojos ya
miedo solamente creo,
miedo oigo, miedo veo,
miedo viene y miedo va;
miedo el aire, miedo el suelo,
con miedo y conmigo lucho,
miedo digo, miedo escucho,
miedo toco y miedo huelo.
Dentro
¡Vitoria!
Chato
¡Qué dulce gloria!
¿Cúyos serán los trofeos?
Dentro
¡Vitoria por los hebreos!
Chato
Ya no hay más miedo. ¡Vitoria!
Vase y sale Judas y Tolomeo y acompañamiento.
Tolomeo
Ya la santa Sión, ciudad triunfante,
adonde el arrogante
asirio daba, engrandecido tanto,
al cielo admiración y al mundo espanto,
a tu valor rendida
después de glorias tantas,
se pone humilde a tus heroicas plantas.
Judas
Desta dichosa gloria
solo al gran Dios se debe la vitoria.
Bajen, pues, ofendidos
de los altares ídolos mentidos,
y ese falso Dagón que veneraba
el asirio y a quien altares daba
segunda vez, para mayor grandeza,
incline la cabeza
con milagroso intento
ante el arca del sacro Testamento.
Sale Zarés con el escudo y vara.
Zarés
Valiente Macabeo,
pues fue del pueblo hebreo
heredada noticia
que, mientras se cantase la vitoria,
se administrase recta la justicia,
a pedirla he venido
yo, y a ti de ti mismo te la pido.
Estas son tus insignias.
Judas
¡Cosa rara!
¿Quién te ha dado, Zarés, mi escudo y vara?
¿Cómo con ella a mi presencia llegas?
Zarés
O dudas tu valor o mi honor niegas.
Tú mismo me las diste.
Judas
¿Yo, Zarés?
Zarés
Tú, señor, y me dijiste
más dulce y amoroso:
«En ganando a Sión seré tu esposo».
Y, pues ya llegó el día,
premia con tu valor la humildad mía,
que el fuego que en mi pecho el honor labra
da voces que me cumplas tu palabra.
Judas
¿Qué caos de confusiones
son aquestas, Zarés, en que me pones?
¿Yo, Zarés, yo te he dado
mis prendas?
Tolomeo
Tus hermanos han llegado.
(Y yo estoy temeroso
de ver mi atrevimiento:
no hay gusto a quien no siga el sentimiento.
Mas ¿quién resistirá con amorosa
pasión una ocasión tan poderosa?)
Tocan cajas y salen marchando, cada uno por su puerta, Simeón y Jonatás y acompañamiento.
Simeón
Ya el asirio vencido
de tu poder la fuerza ha conocido.
Jonatás
Lisías, castigado,
de tu valor la fuerza ha confesado.
Simeón
Ya la ciudad te dejan
y de su patria tímidos se alejan.
Jonatás
Y, huyendo de tu intento,
se visten alas y se calzan viento.
Simeón
Esta insigne bandera...
Jonatás
Este trasunto de soberbia fiera...
Simeón
… que está a tus plantas puesta
es de Lisías.
Jonatás
Su cabeza es esta.
Simeón
Yo entré el primero el muro,
porque solo conmigo iba seguro.
Jonatás
Yo en la conquista fuerte
le busqué y cuerpo a cuerpo le di muerte.
Simeón
Si yo el muro no entrara,
mal desde el campo tu furor le hallara.
Jonatás
Si yo no le venciera,
mal la vitoria tu valor te diera.
Judas
¡Basta! No más.
Simeón
Hoy ha de ser el día
que has de dar premio a la vitoria mía.
Jonatás
Que es el día confío
en que me has de premiar el valor mío.
Simeón
Hoy darme determina
a la bella Zarés.
Jonatás
Zarés divina
es el bien que yo gano.
Simeón
¡Ah, Judas!
Jonatás
¡Macabeo!
Simeón
¡Hermano!
Jonatás
¡Hermano!
Judas
¡En qué gran confusión estoy metido!
Jonatás
Tu palabra...
Simeón
Tu fe...
Zarés
Mi honor te pido.
Judas
¿Qué confusos desvelos
son estos en que estoy, piadosos cielos?
¿Quién vio tan ciego abismo?
¿Qué enredos me enajenan de mí mismo?
Y, de admirado, mudo
creo mentiras y verdades dudo.
Suena un clarín y sale Cloriquea a caballo con lanza y adarga.
Cloriquea
Oíd, cobardes hebreos,
abatida sucesión
de la más humilde sangre
que Palestina crió;
infames samaritanos,
pues la descendencia sois
de aquel pueblo peregrino
que Egipto tuvo en prisión;
estadme atentos, infames,
si no os espanta mi voz,
que a retar vengo ofendida
de vuestro ejército a dos.
¡Simeón y Jonatás,
oídme! Reto a Simeón
de cobarde y de villano,
infame, vil y traidor,
y en cuanto dijo a Lisías
en agravio de mi honor
sustento en aqueste campo
que una y mil veces mintió;
a Jonatás, porque fiero
con engaño y con traición
en la sangrienta batalla
hoy a Lisías mató.
Y yo sola, cuerpo a cuerpo,
espero de sol a sol,
y, por si acaso llegaren
a un mismo tiempo los dos,
será el que riña primero
aquel que con más valor
primero tome esa lanza
que arrojo al aire veloz.
Tira la lanza.
¿Cómo? ¿No llega ninguno?
¿Es respeto o es temor?
Mirad que, aunque soy mujer,
yo soy Cloriquea, yo
de Lisías soy esposa
y quien es bastante soy
a quitaros el laurel
aun apenas vencedor.
Simeón
Por ser mujer no me toca
responderte y porque son
engaños tuyos, que nunca
tu honor mi lengua ofendió.
Y rendido sin reñir
desde aqueste punto estoy,
porque sola a una mujer
pudiera rendirme yo.
Jonatás
Hoy cuerpo a cuerpo a Lisías
muerte mi brazo le dio
en la sangrienta batalla
sin engaño y sin traición.
Por esto y por ser mujer
esta respuesta te doy,
porque solo a una mujer
diera yo satisfación.
Zarés
Pues a mí sola me toca
responderte, quiero yo
tomar la lanza y decir
que fue loca presunción
y villano atrevimiento
que llegases sin temor,
tan arrogante y cruel,
al lugar donde yo estoy.
¿Tú sabes que soy Zarés?
Cloriquea
¿Y tú no sabes que yo
soy Cloriquea?
Zarés
Pues mira
que aquí te aguardo.
Cloriquea
Yo voy
solo a dejar el caballo,
que luego vuelvo.
Vase.
Zarés Si honor
te fuerza, también a mí
me obliga a tanta pasión;
y, por no poder vengar
mi rabia en el ofensor,
en ti, Cloriquea, pretendo
satisfacer mi furor.
Si eres mujer ofendida,
mujer ofendida soy.
Jonatás
Pues ¿quién te ofendió, Zarés?
Simeón
Pues, Zarés, ¿quién te ofendió?
Zarés
Esta vara y este escudo
los vivos testigos son
de mi infamia y de mi agravio.
Judas
Ya vuelve mi confusión.
Jonatás
(¿Qué es esto, cielos, que veo?
Sin duda que otro gozó,
mientras a la guerra fui,
con la industria la ocasión.
¡Mal haya mi cobardía!)
¡Ah,Tolomeo!
Tolomeo
Señor,
humilde a tus plantas puesto,
llego a pedirte perdón.
Judas
Pues ¿qué es aquesto?
Tolomeo
Yo fui
el que a Zarés engañó
con tus insignias, que solo
pudiera intentarlo Amor.
Sale Cloriquea.
Cloriquea
Ea, Zarés, ¿dónde estás?
Tolomeo
Y yo fui el que contó
a Lisías el engaño
de Cloriquea.
Cloriquea
¡Ah, traidor!
¡Vive Dios que he de matarte!
Jonatás
No matarás, porque yo
le daré muerte.
Simeón
Primero
he de matarle.
Zarés
Eso no.
Judas
Pues ¿tú le defiendes?
Zarés
Sí,
que, aunque ofendida, es mejor
el peor marido vivo
que, muerto, el mejor honor.
Judas
Si tú, Zarés, le perdonas,
yo también le doy perdón.
Cloriquea
Y yo quiero en vuestra ley
seguir de hoy más vuestro dios.
Tolomeo
A ti te debo la vida;
tuyo eternamente soy.
Simeón
Aquí dio fin mi esperanza.
Jonatás
Aquí dio fin mi pasión.
Zarés
Y de El fuerte Macabeo
a la primer parte dio
el autor dichoso fin,
por quien os pido perdón.
CC0 1.0
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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Judas Macabeo. Judas Macabeo. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbs1.0