Darlo Todo, Y No Dar Nada
Comedia Famosa

Personas

  • ALEJANDRO
  • DIÓGENES
  • CHICHÓN, gracioso
  • EFESTIÓN
  • ESTATIRA, infanta
  • SIROÉS, su hermana
  • CAMPASPE, dama
  • APELES, pintor
  • CEUXIS, pintor
  • TIMANTES, pintor
  • Un SACERDOTE de Júpiter
  • NISE, dama
  • CLORI, dama
  • SOLDADOS

Primera Jornada

Suenan a una parte cajas y trompetas, y a otra instrumentos músicos, y mientras se dicen dentro los primeros versos, sale Diógenes, viejo venerable, vestido pobremente, con una vasija de barro en la mano.
Unos
dentro
¡El gran Alejandro viva!
Música
¡Viva el gran príncipe nuestro!
Unos
Cuyos lauros...
Música
Cuyos triunfos....
Unos
...siempre invictos...
Música
...siempre excelsos.
Unos
...a voces van diciendo...
Música
...que a su imperio le viene el mundo estrecho.
Todos
...pues todo el mundo es línea de su imperio.
Alejandro
dentro
Haga el ejército alto
en estos campos amenos,
a vista de Atenas, griega
patria de ciencias y ingenios.
Uno
dentro.
Haga repetida salva
la música, confundiendo
en instrumentos sonoros
militares instrumentos.
Caja.
Unos
Alto, y pase la palabra.
Otros
Alto, y prosigan los versos.
Todos
El gran Alejandro viva,
viva el gran príncipe nuestro!
Sale Diógenes.
Diógenes
¿Qué contrarias armonías
en no contrarios acentos,
aquí de estruendos marciales,
aquí de dulces estruendos,
la esfera del aire ocupan
hasta penetrar el centro
deste pobre albergue, donde
yo, reino y rey de mí mesmo,
habito solo conmigo,
conmigo solo contento?
Mas ¿quién me mete en dudarlo?
sea lo que fuere, puesto
que no me puede añadir
ni gusto, ni sentimiento
el saber con que razón
la media razón del eco
suena en su cóncavo espacio
una y otra vez diciendo...
Él y todos
...que a su imperio le viene el mundo estrecho,
pues todo el mundo es línea de su imperio.
Sale Chichón, soldado.
Chichón
Por esta parte me dicen
que una fuente hay, y aunque tengo
trabada lid con el agua
por haber mi casa hecho
alianza con el vino,
la he de buscar con todo eso,
que el cansancio con que entramos
en Grecia marchando muertos
de sed y calor, bien puede
honestar la tregua, siendo
la greca agua mi socorro
mientras no hallo el vino greco.
¿Por donde irá la bellaca?
Pero aquí hay gente: buen viejo,
decidme hacia dónde corre
una fuente, que deseo
por más que corra alcanzarla;
bien que dudando y temiendo
cuando la busco rabiando
el que la he de hallar riendo.
Diógenes
Venid conmigo, que yo
allá voy, a cuyo efecto
me halláis, ya lo veis, cargado
deste rústico instrumento.
Chichón
Moza de cántaro ya
dijo no sé que proverbio;
viejo de cántaro no
lo dijo hasta hoy: ¿pues qué es esto?
¿No hay quien venga en vuestra casa
por agua, sino vos?
Diógenes
Necio
debéis de ser.
Chichón
¿Y de qué
lo inferís?
Diógenes
De que si puedo
servirme yo a mí, culpéis
que otro no me sirva, puesto
que solo está bien servido
el que se sirve a sí mesmo.
Chichón
¿Mal fardado y sentencioso?,
¿pobretón y circunspecto?;
¿sois filósofo?
Diógenes
No sé
mas sé que quisiera serlo.
Chichón
Pues en tanto que llegamos,
decidme, ansí os guarde el cielo,
cómo cuando estas campañas
están con tantos diversos
aplausos de paz y guerra
cubiertas, vos acudiendo
a tan civil ejercicio,
vais penetrando lo espeso
destos montes, apartado
de tanto heroico comercio,
sin que la curiosidad
os lleve si quiera a verlo.
Diógenes
¿Pues qué hay que ver?
Chichón
¿Qué hay que ver?
cuando no fuera el inmenso
aparato con que vuelve
coronado de trofeos
un ejército triunfante
de toda Persia, trayendo
prisioneras a las hijas
de Darío, su supremo
rey, que puesto en fuga él solo
escapó la vida huyendo,
cuando no fuera el aplauso
con que le recibe el pueblo
en estas montañas, donde
ha de alojarse este invierno,
¿el ver no más a Alejandro
no bastaba?, a cuyo esfuerzo,
como esas canciones dicen,
viene todo el mundo estrecho.
Él y músicos
Pues todo el mundo es línea de su imperio.
Diógenes
Necio te llamé una vez,
y ahora a llamártelo vuelvo:
¿Alejandro es más que un hombre,
tan vanamente soberbio,
que llora que hay solo un mundo
para verle a sus pies puesto?
¿Pues por qué me he de mover
a verle cuando mi afecto
más fuera si fuera un hombre
tan sabio, prudente y cuerdo,
que llorara que no había
otros muchos mundos nuevos,
solo para despreciarlos
más que para poseerlos?
Pero esta filosofía
no es para ti, a lo que infiero
de tu traje y tus razones.
Chichón
¿Por qué?
Diógenes
Porque al culto atento
de ese humano dios, aplaudes
su ambición, no conociendo
que con cuanto puede no
puede enmendar un defecto
con que para desengaño
de lo poco que es su imperio
le dio la naturaleza
en los ojos.
Chichón
Yo confieso
que atravesados, es grande
la fealdad que tiene en ellos,
mayormente encarnizado
y lagrimoso el izquierdo,
sobre cuyo hombro derriba
la cabeza quizá el peso
del laurel; ¿pero qué importa
ser horroroso su aspecto,
si no le pasan al alma
imperfecciones del cuerpo?
Diógenes
Sí, mas debiera sin ellas
pasar al conocimiento
de que es todo su poder
caduco y perecedero,
pues con cuanto puede no
puede enmendarse a sí mesmo,
y dejando para otra
ocasión el argumento,
que no acaso este principio,
quizá a mejor fin asiento,
aquesta es la fuente, toma,
este vaso es cuanto puedo
ofrecerte.
Chichón
¿Para qué?
Diógenes
Para que bebas cogiendo
el agua con más descanso.
Llega a un lado del tablado, donde habrá entre flores agua, y bebe con la mano.
Chichón
Mano con que beber tengo.
Mi señora doña Clara,
cuyo corriente despejo
entre esotras flores viene
buscando la flor del berro,
en forma de besamanos,
como suelen desde lejos
los que afectan cortesía,
a usted saludo y protesto
la nulidad de la fuerza
que la sed me hace, advirtiendo
que no sirva de ejemplar
para otra vez.
Bebe.
Diógenes
¿Qué es aquello?
Con la mano al labio sirve
el cristal; al fin, es cierto
que no hay loco de quien algo
no pueda aprender el cuerdo;
pues si la naturaleza
me dio más noble instrumento
que el de este barro de quien
servirme pueda, no quiero
ofenderla más, pues basta
el agravio que la he hecho
en no saberlo hasta ahora.
Quiebra el barro.
Chichón
Yo he bebido; ¿mas qué es eso?
Diógenes
Romper este inútil barro.
Chichón
¿Pues por qué?
Diógenes
Porque no tengo
de tener nada que sea
para la vida superfluo:
si puedo vivir sin él,
ya que de tu sed lo aprendo,
¿para qué le quiero yo?
Chichón
¿De suerte que de provecho
no es lo que no es tan forzoso
que no se viva sin ello?
Diógenes
Claro está, pues para sola
una vida que tenemos,
cuanto en ella está de más,
está en el juicio de menos;
y ya que de ti enseñado
hoy en una parte lo quedo,
velo tú en otra de mí,
considerando, advirtiendo,
qué caso hará de Alejandro,
ni de todos sus anhelos,
sus aplausos, sus vitorias,
sus conquistas y trofeos,
quien se embaraza con solo
un tosco vaso grosero
el día que llega a ver
que no tenerle es lo mesmo
que tenerle; y porque más
se esmere el conocimiento
desta verdad, di a Alejandro,
que Diógenes, un viejo
mísero y pobre que en estas
soledades vive atento
más a saber que a adquirir,
no solo va a verle, pero
por no verle al tiempo que
con tanto heroico festejo,
dentro instrumentos y voces.
según esas voces dicen,
viene atravesando al templo
de Júpiter, donde yace
el hadado nudo ciego
de Gordio, huyendo su vista
va penetrando lo espeso
de estas rústicas montañas,
y añade que si él es dueño
del mundo, yo lo soy más,
pues en contrarios extremos,
él lo es porque lo estima
y yo porque le desprecio,
por más que esas voces digan
una y otra vez al viento.
Él y todos
Que a su imperio le viene el mundo estrecho,
pues todo el mundo es línea de su imperio.
Vase.
Chichón
Extrañas borracherías
son las de todos aquestos
filósofos, pues por solo
haber dicho muy severo,
cuanto en la vida de más
está, en el juicio de menos,
se andará toda la vida
por aquestos vericuetos
con su filosofía a cuestas,
padre conscripto del yermo.
Ruido dentro.
¿Pero qué ruido es aquel
que hacen al umbral del templo
Alejandro y un anciano
sacerdote, a lo que veo,
de un yugo asidos los dos?
Salen Alejandro y un sacerdote, asidos de un yugo, enredadas las coyundas, y gente.
Sacerdote
Advierte.
Alejandro
Yo nada advierto.
Sacerdote
El agüero teme.
Alejandro
Aparta,
que para mí no hay agüero.
Sacerdote
Pues óyeme, y haz después
tu gusto.
Alejandro
Di, ya te atiendo.
Sacerdote
Grecia, esta parte del Asia,
sin rey se vio mucho tiempo
sujeta a las sediciones,
parcialidades y encuentros
de tiranos que querían,
alegando los derechos
de las almas, serlo a costa
de robos, muertes e incendios,
en cuyo común desorden,
necesitado el consejo
más que corregido, vino
a ese inhabitado templo
de Júpiter a pedirle
en tantas ruinas remedio.
Él, o agradecido al voto
o compadecido al ruego,
en voz de su estatua dijo
que entregasen el gobierno
de Asia al que en un monte hallasen
labrando el inculto seno
de sus bárbaras entrañas,
dos blancos novillos puestos
en el yugo de su arado;
por señas que en medio dellos
un águila abatiría
su más remontado vuelo
—tan antiguo es en el mundo
el dar el águila imperios—
Sucedió así, pero apenas
los que le buscaban, viendo
el oráculo cumplido
en Gordio, un galán mancebo,
a sus plantas se arrojaron
las señas obedeciendo,
cuando los novillos, que antes
el yugo arrastraban tiernos,
embravecidos lidiaron
por arrojarle violentos
de sus cervices, que un bruto
aun se desdeña de serlo
el día que llega a ver
con majestad a su dueño,
si ya no fue que al jurarle
rey, el yugo sacudieron,
como quien dice “Más le has
menester para otros cuellos,
pues ya los de un vulgo debes
domar antes que los nuestros”.
Rompidas, pues, las coyundas,
dellas este nudo hicieron,
tan sin principio en sus lazos,
tan sin fin en sus extremos,
y no fue posible que
se les desatase, y siendo
así que a sacrificarlos
entraron con él al templo,
segundo oráculo en él
dio el gran simulacro inmenso,
pues en segunda voz dijo
que el que deshiciese el ciego
nudo, no solo del Asia
tendría el dilatado imperio,
pero de la ignota parte
que impide el Peloponeso
monte descubrir, sería
monarca también, rompiendo
lo impenetrable de tanto
altivo, tanto soberbio
escollo armado de hiedra,
como se le pone enmedio.
Con esta noble codicia
muchos de ser los primeros,
que abriesen el arduo paso
para esotro mundo nuevo,
el ciego nudo intentaron
deshacer osados, pero
no solo de su ambición
consiguieron el efecto,
mas de su ambición quedaron
castigados, pues es cierto
que nadie lo intentó que,
a pesar de su despecho,
no quedase desde allí
a mil desdichas expuesto,
como en venganza de tanto
sacrílego atrevimiento.
Tradición es que ninguno
vivió feliz, y que muertos
con violencia fueron todos,
ya a la ira del acero,
ya a la ruina del acaso,
o a la traición del veneno,
y así a tus plantas postrado
humildemente te ruego
adviertas, que...
Alejandro
Calla, calla,
que de escucharte me ofendo.
Por el mismo caso que
es tan repetido el ruego
le he de despreciar... En vano,
Hace fuerza a deshacer el nudo.
en vano, ¡ay de mí!, lo intento,
si ya no es que haga la industria
lo que la fuerza no ha hecho:
¿dijo el oráculo más
que el que deshaga este ciego
nudo será vencedor
de ignotas gentes?
Sacerdote
Es cierto.
Alejandro
Pues yo lo seré, pues yo
dejaré el nudo deshecho.
Saca la daga y rompe la coyunda.
Sacerdote
¿Qué haces?
Alejandro
Cortarle, pues tanto
monta, para su deshacerlo
cortar como desatar.
Chichón
Yo también me hiciera eso,
miren que dificultad,
que la hace cada día un maestro
de niños, cuando alguno
se da nudos.
Sacerdote
¡Oh el inmenso
Júpiter quiera que sea
desde hoy verdad el proverbio
del tanto monta!
Vase.
Alejandro
Sí hará,
y para que llegue a verlo
el mundo, apenas descanso
cobrará, cobrará aliento
mi ejército en Grecia, cuando
romperé a ese corpulento
gigante de piedra, que
con su frente abolla el cielo,
con su peso hunde la tierra,
con su bulto estrecha al viento
el paso, hasta desmentir
estos fatales agüeros
que amenazaron a tantos,
porque ¿para quién el cielo
guarda un mundo, sino para
Alejandro?
Chichón
Bueno es eso
para un recado que yo
te traigo.
Alejandro
¿De quién?
Chichón
De un viejo
dialéctico a todo trance,
filósofo a todo ruedo,
que por no verte, señor,
como había, de ti huyendo,
de echar por aquesos trigos
echó por aquestos cerros
diciendo a voces que es más
monarca del mundo entero
que tú.
Alejandro
¿Cómo?
Chichón
Como él
hace del mundo desprecio
cuando tú ganas el mundo.
Alejandro
No dice mal, eso es cierto;
pero dime, ¿por no verme
fue por otra parte huyendo
de mi vista?
Chichón
Sí, señor.
Alejandro
Pues no ha de logar su intento,
que si él por altivo no
quiere verme a mí, yo quiero
verle a él por desengañado.
¿Adónde es su albergue?
Chichón
Pienso,
que a la falda de ese monte.
Alejandro
Llévame allá, que deseo
ver quién es dueño del mundo,
él dejando o yo adquiriendo.
Chichón
Yo te guiaré, aunque otra vez
encuentre con quien me ha muerto
Alejandro
¿Pues quién te ha muerto?
Chichón
Una fuente,
que al paso a todos saliendo,
no solo mata la sed,
pero la sed y el sediento.
Sale Efestión con un pliego.
Efestión
Dame, gran señor, tus plantas.
Alejandro
Esperad, después iremos,
que antes es esto que todo.
Efestión, ¿qué hay de nuevo?
Efestión
Que ya Roxana, de Chipre
reina, heredera de Venus
tanto que igual la sucede
en la hermosura y el reino,
es tu esposa: en este vienen
confirmados los conciertos.
Alejandro
Los brazos toma en albricias,
que si la verdad confieso,
desde que vi su retrato
de amor vivo y de amor muerto
quedé a su vista, sin que
de Marte el rigor violento
borrado de mi memoria
su memoria haya; mas esto
no hará novedad a quien
sepa, que Amor, niño tierno,
en brazos creció de Marte
desde la cuna, teniendo
sus estragos por arrullos
y sus iras por gorjeos.
Efestión
Con unas armas presumo,
que quiere entrambos afectos
amor confrontar.
Alejandro
Di ¿cómo?
Efestión
Como si abrasó tu pecho
con un retrato, con otro
quiere en ella hacer lo mesmo;
que la envie el tuyo solo
me mandó, y yo previniendo
no perder espacio alguno,
hice sacar en pequeño
a tres pintores que en Grecia
concurren en este tiempo,
los más famosos, de una
estatua que está en un templo
de Júpiter, tres retratos,
y traigo a los tres con ellos,
porque tienen variedad
en ideas y bosquejos,
porque elijas tú el que ha de ir.
Alejandro
Mucho me holgaré de verlos.
Efestión
Timantes, Ceuxis y Apeles
son los tres.
Salen Timantes, Ceuxis y Apeles.
Chichón
Aparte
(¡Qué es lo que veo!)
¿Aquí, Apeles? ¿Si osaré
hablarle?
Alejandro
Noticias tengo
de la elegancia con que
los tres sutiles y diestros
ejercéis el mejor arte,
más noble y de más ingenio.
Timantes
Si los príncipes le honraran,
señor, como vos, bien creo
que se adelantaran más
sus artífices.
Ceuxis
Y es cierto,
pues sus estudios tuvieran
vuestros honores por premio.
Apeles
Mayormente cuando fuera
como ahora su heroico empleo
vuestra persona. pues ella
hiciera su nombre eterno.
Alejandro
Veamos el vuestro, Timantes.
Timantes
Huélgome que sea el primero,
porque habiendo visto esotros,
no hiciérades deste aprecio.
Dale un retrato.
Alejandro
Este no es retrato mío.
Timantes
¿Cómo?
Alejandro
Como en él no veo
esta mancha, que borrón
es de mi rostro, poniendo
en disimularla todo
su primor el pincel vuestro:
lisonjero habéis andado
en no decírmela, siendo
casi traición que en mi cara
me mintáis; infame ejemplo
da ese retrato a que nadie
diga a su rey sus defectos:
¿pues como podrá enmendarlos
si nunca llega a saberlos?
Tomad, tomad el retrato,
castigado el desacierto
Rómpele.
de la lisonja con que
perezca por lisonjero.
Timantes
Señor.
Alejandro
No más: dadme, Ceuxis,
el vuestro vos.
Ceuxis
Aparte.
(Por lo menos
yo en él no le callo nada.)
Dale un retrato.
Alejandro
Más parecido está el vuestro
pero no menos culpado.
Ceuxis
¿En qué, señor?
Alejandro
En que viendo
estoy mi defecto en él
tan afectado que pienso
que a decírmele no más
todo el estudio habéis puesto;
con que igualmente ofendido
deste que de esotro quedo,
pues lo que en uno es lisonja
es en otro atrevimiento.
Tampoco aqueste ejemplar
quede al mundo de que necio
nadie le diga en su cara
a su rey sus sentimientos,
que si especie de traición
el callarlos es, no es menos
especie de desacato
decírselos descubiertos.
Y así, perezcan entrambos,
breves átomos del viento,
el uno por mentiroso,
Rómpele.
y el otro por verdadero.
Apeles, vuestro retrato
veamos.
Apeles
Con temor le ofrezco.
Dale un retrato.
Alejandro
¿Por qué? si al verle, me dais
a entender, prudente y cuerdo,
que solo vos sabéis cómo
se ha de hablar a su rey, puesto
que a medio perfil está
parecido con extremo;
con que la falta, ni dicha,
ni callada queda, haciendo
que el medio rostro haga sombra
al perfil del otro medio.
Buen camino habéis hallado
de hablar y callar discreto,
pues sin que el defecto vea
estoy mirando el defecto,
cuando el dejarle debajo
me avisa de que le tengo
con tal decoro que no
pueda, ofendido el respeto,
con lo libre del oírlo
quitar lo útil del saberlo.
Este retrato ha de ir,
que aunque haya de saber luego
Roxana esta imperfección,
por agora, por lo menos,
si viere que se la finjo,
no verá que se la miento,
y para que quede al mundo
este político ejemplo,
de que ha de buscarse modo
de hablar a un rey con tal tiento
que ni disuene la voz,
ni lisonjee el silencio,
nadie sino Apeles pueda
retratarme desde hoy, siendo
pintor de cámara mío.
Apeles
Humilde tus plantas beso.
Alejandro
Y tú a Ceuxis y a Timantes
haz que les den al momento
el precio de sus retratos,
que porque yerre un ingenio
tal vez, no se han de pagar
los estudios con desprecios,
y para que en mi servicio
entre con más lucimiento
Apeles, haz que le den
al punto medio talento
por este retrato.
Efestión
A él aparte.
(¿Sabes
lo que monta?)
Alejandro
No por cierto.
Efestión
Veinte mil escudos son.
Alejandro
¿No más? Pues dale otro medio.
Efestión
Mira que es precio excesivo
para Apeles.
Alejandro
Calla, necio,
que si él es Apeles yo
soy Alejandro, y midiendo
la distancia desde mí
nada es excesivo precio.
Apeles
Otra vez beso tus plantas,
y a tantas honras me atrevo
a suplicarte que una
añadas.
Alejandro
Yo te la ofrezco;
¿qué es?
Apeles
Licencia de volver
a mi casa el breve tiempo
que tarde en traer mi familia.
Alejandro
Ve, mas has de volver presto.
Vos, soldado, mientras yo
abro en mi tienda este pliego,
aquí esperad, que hemos de ir
a aquella visita.
Apeles
Cielos,
gran dicha ha sido la mía.
Timantes
Corrido voy.
Ceuxis
Yo voy muerto.
Efestión
Mientras a su tienda vuelve
el César, id repitiendo.
Todos
El gran Alejandro viva,
viva el gran príncipe nuestro!
Vanse todos, y quedan Apeles y Chichón.
Chichón
Aunque hablarte había dudado,
no me sufre el corazón
no besar tus pies.
Apeles
¿Chichón?
Tú seas muy bien hallado,
¿por qué no hablarme querías,
viéndome hoy aquí?
Chichón
Porqué
como tu casa dejé
pensé que de mí tendrías
queja.
Apeles
Cuando esclavo fueras,
cuanto más criado, no
tuviera esa queja yo,
pues si bien lo consideras,
hago a Júpiter testigo
que este brazo me cortara
si este brazo imaginara
que no estaba bien conmigo.
Chichón
No era estar contigo mal,
pensar, que estaría, señor,
siendo soldado mejor,
bien que de discurso tal
te han vengado mis sucesos,
pues fueron necios errores,
por no moler tus colores
venirme a moler mis huesos;
locamente me dejé
llevar de la vanidad,
pensando que era verdad
esto de la guerra y que
a cuatro días sería
por lo menos general;
hame dicho el dado mal
tanto que la suerte mía
de mochillero no pasa,
y así, ya que aquí has venido,
haz que aqueste pan perdido
se vuelva otra vez a casa.
Ya de Alejando criado
eres, y un talento tienes
de hacienda, con que a ser vienes
el más rico de tu estado.
Fuerza es que has de recibir
quien te sirva; ¿pues a quién
como a mí, sabiendo bien
lo mal que te he de servir?
Apeles
¿Y esa es conveniencia?
Chichón
Pues
¿qué conveniencia mayor,
que ver desde ahora, señor,
lo que has de pasar después?
¿Sería mejor que entrara
a servirte un mojigato
que a dos días de beato,
el tercero te robara?
¿Cuánto más bien te está, que
yo entre con conocimiento
que te quitaré el talento,
mas no te le robaré?
Apeles
¿Aún todavía te estás,
Chichón, de aquel mismo humor?
Chichón
Humores locos, señor,
no convalecen jamás;
pero dime, ¿en qué quedamos?
Apeles
En que yo nunca podré
negarte mi casa.
Chichón
Pie
y mano te beso.
Apeles
Vamos
a saber lo que es servir.
Chichón
Si no lo sabes, sospecha
que es religión bien estrecha.
dentro instrumentos.
Apeles
¿Cómo? Mas ¿qué es lo que a oír
llego?
Chichón
Un templado instrumento.
Apeles
Y al compás suyo parece
que sonora voz ofrece
nuevas cláusulas al viento
desde aquella quinta.
Chichón
Aquí,
si no miente el juicio mío,
prisioneras, de Darío
que están las hijas oí,
y como consigo tienen
las beldades soberanas
de tantas damas persianas
como en su servicio vienen
querrán aliviar su pena.
Apeles
No es novedad en su esquivo
hado el cantar el cautivo
con el son de la cadena;
oye, que la simpatía
tras sí arrastrarme procura
que tienen con la pintura
la música y la poesía.
Cantan dentro en lo alto a un lado.
Voz 1
Sobre los muros de Roma,
de quien es espejo el Tíber,
prisionera de Aureliano,
Cenobia al aire repite...
¡Ay de aquella que vive
en campos extranjeros sola y triste!
Estatira
dentro.
¡Ay de aquella que vive
en campos extrangeros sola y triste!
Chichón
No conforman tono y letra
mal a su estado, pues son
de Cenobia a la prisión.
Apeles
¡Qué sentido no penetra
la música!
Chichón
En la batalla
suele Alejandro mandar
a sus músicos cantar
para animarse.
Apeles
Oye y calla.
Al otro lado en lo alto cantan.
Voz 2
Aquella ilustre matrona
que no se rindió invencible
a tantas armadas huestes
a solo un dolor se rinde.
¡Ay de aquella que vive
en campos extranjeros sola y triste!
Siroés
dentro
¡Ay de aquella que vive
en campos extranjeros sola y triste!
Apeles
Sus penas dan que sentir.
Chichón
Por eso debe de ser
Alejandro no las ver.
Apeles
Ni yo las quisiera oír.
Voz 1
Y como el llanto tal vez
templa lo que el mal aflige...
Voz 2
...en lágrimas y suspiros
al aire y al agua dice...
Los dos
Ay de aquella que vive....
¡Ay de aquella que vive...
...en campos extranjeros sola...
dentro ruido de espadas y dice Campaspe lastimada.
Campaspe
dentro
¡Ay triste!
Soldado
dentro
Prendedla o muera.
Apeles
Oye, espera,
¿qué es lo que llego a escuchar?
Chichón
Aquel es otro cantar.
Campaspe
¡Ay de mí!
Soldado
Prendedla o muera.
Apeles
De unos soldados seguida,
de aquel monte, al parecer,
una montaraz mujer
baja en su sangre teñida,
defendiéndose valiente
de todos.
Quiere ir adentro.
Chichón
¿Adónde vas?
Detiénele.
Apeles
¿Cómo eso dudando estás?
A socorrerla...
Chichón
Detente.
Apeles
...de esos cobardes villanos.
Chichón
¿De qué sabes que lo son?
Apeles
De que con infame acción
ponen en mujer las manos.
Chichón
Ya no podrás, que en un vuelo,
de sus armas acosada,
desde el monte despeñada
da a tus pies.
Sale Campaspe cayendo, vestida de cazadora rústica, con la espada en la mano, ensangrentado el rostro.
Campaspe
¡Válgame el cielo!
Apeles
Hermosa deidad del monte
que con despeñado ultraje,
a no desmentirlo el traje
te tuviera por Faetonte,
pues te traes la luz tras ti
de toda esa azul esfera,
vive porque ella no muera.
Campaspe
¡Ay infelice de mí!
Si acaso, joven gallardo,
desdichas de mujer mueven
tu pecho y piedad le deben,
que me defiendas aguardo
de esa gente que hoy espera
prenderme o matarme.
Apeles
En mí
tendrás quien te ampare aquí.
Chichón
En mí no.
Salen los soldados que pudieren.
Soldado
Prendedla o muera.
Apeles
¿Qué es prenderla, ni matarla,
habiendo llegado donde
mi valor, que corresponde
a su obligación, guardarla
sabrá sin que de su muerte,
ni de su prisión logréis
el intento que traéis?
Soldado
¿De qué suerte?
Apeles
Desta suerte.
Riñen.
Ponte, Chichón, a mi lado.
Chichón
¿No basta que sea Chichón,
sino también coscorrón?
Soldado 1
Muera quien libre y osado
ampara una delincuente.
Apeles
Huye, señora, que yo
te guardo el paso.
Campaspe
Eso no,
que restándote valiente
tú por mí, no he de dejarte;
en este umbral te mejora.
Pónense a una puerta.
Chichón
Marimacha es la señora.
Soldado 1
Ni guardarla es, ni guardarte.
Apeles
¡Ay de mí!
Cae
Campaspe
¿Qué estoy mirando?
Apeles
Matar a un tiempo y morir.
Mujeres
dentro
No salgas.
Estatira
He de salir.
Pasase Chichón contra Campaspe.
Chichón
Pásome acá, que van dando.
Soldado 2
Ya ¿qué defensa hay que aguardes?
Date, pues que no hay más plazos,
a prisión.
Campaspe
Hecha pedazos.
Salen Estatira, Siroés, Clori, Nise y soldados.
Estatira
¿Contra una mujer, cobardes?
Soldado
Advierte...
Estatira
No digáis nada:
ese joven retirad,
y si no ha muerto, cuidad
de su salud, albergadle
en vuestra guardia, y agora
vosotros esta mujer
dejad, pues se llega a ver
en mi amparo.
Soldado 1
Ya, señora,
tu respeto nos ha puesto
freno.
Estatira
A Campaspe.
Retiraos de aquí.
Campaspe
¿Qué es lo que pasa por mí?
Retírase Campaspe y salen Alejandro y Efestión.
Efestión
Aquí es el ruido.
Alejandro
¿Qué es esto?
Soldado 1
Esto es...
Estatira
No prosigáis, no,
villanos, que no ha de osar
nadie a hablar ni a respirar
adonde estuviere yo.
Efestión
Que son las infantas mira.
Alejandro
Ya hablarlas cosa es forzosa:
¿Qué es esto, Siroés hermosa?
¿Qué es esto, hermosa Estatira?,
que ya mi valor aplica
la venganza a vuestros pies.
Chichón
¿Estatira y Siroés?
¿Son infantas de botica,
donde todo es jerigonza?
Nise
Así una y otra se llama.
Chichón
Pues dadme desa una drama,
que esta ella dará una onza.
Estatira
Esto es el poco decoro
que debe a tu majestad
la sagrada inmunidad
de la guerra, pues no ignoro
que si a mi hermana y a mí
prisioneras nos tratara
conforme a la ilustre y clara
real sangre nuestra, no así
sus soldados se atrevieran
a profanar desleales
el respeto a estos umbrales,
pero si ellos consideran
el despego con que no
quiso hablarnos, quiso vernos,
desde que llegó a tenernos
en su campo hasta que dio
esta ocasión el acaso,
¿qué mucho que a su ejemplar,
el tumulto popular
no haga de nosotras caso?,
sin ver que el ser prisioneras,
no es ser esclavas, que una
cosa es mostrar la fortuna
en nosotras sus severas
iras, y otra no tener
en la ley de la prisión
el trato y la estimación
que no perdió nuestro ser
con la libertad el día,
que padre y patria perdió,
que aunque a Júpiter juró
que libres no nos vería,
a cuyo efecto, en rescate
nuestro tan grande tesoro
pidió en piedras, plata y oro,
que no es posible se trate
cumplir, no por eso había
yo de dejar de ser yo.
Y para que vea si dio
ejemplar a la osadía
de sus soldados, habiendo
oído en mi cuarto un rumor,
vi desde ese mirador
un infeliz defendiendo,
su esposa o su dama sea,
la vida de una mujer,
que lo mismo viene a ser,
cuando en su amparo se emplea,
para cumplir con su fama,
pues consecuencia es forzosa
que no defienda a su esposa
quien no defiende a su dama.
Robársela pretendían
sin duda, pues al llegar,
que la habían de llevar
en altas voces decían;
él mirándose acosado,
para resguardo tomó
esta puerta, donde no
le valió el noble sagrado,
pues en ella y a mis pies,
aun defendiéndole yo,
herido o muerto cayó.
Alejandro
Una y otra queja es
muy digna de ti, y agora,
respondiéndote, primero
que se desenoje quiero
satisfacerte, señora,
a la primera que das
de no haberte visto, pues
piedad, no despego, es
huir tu vista, que si estás
de mis armas prisionera,
¿para qué te había de ver
puesto que no había de ser
que la libertad te diera?
Ver yo presa una beldad
para dejármela presa
es cosa en que no interesa
crédito mi autoridad,
y más si llorara, siendo
así, que vivo temblando
mas a una mujer llorando
que a un ejército venciendo.
Si a Júpiter le ofrecí
no libraros, noble indicio
fue del mayor sacrificio
que hacer pude, y si pedí
perlas de tan gran valor,
fue de mi estimación muestra,
pues aun una esclava vuestra
valiera precio mayor;
y pues piadosa mi acción
ya en aquesta parte deja
hoy respondida la queja,
paso a la satisfación.
¿Cómo, cobardes, villanos,
hacéis de delitos tales
cómplices a estos umbrales?
¡Por los dioses soberanos,
que vuestras vidas...
Soldado 1
Señor,
no, mal informado, des
crédito al enojo, pues
no es tan ciego nuestro error
como imaginas, que aquella
mujer que hasta aquí llegó,
y aquel joven defendió,
no era por ser dueño della,
sino porque altivo y fuerte
se empeñó, habiendo intentado
prenderla, por haber dado
a Teágenes la muerte.
Alejandro
¿Quién muerte a Teágenes dio?
Soldado 1
La mujer que seguí fue.
Alejandro
¿Muerte a Teágenes? ¿Por qué?
Sale Campaspe.
Campaspe
Eso he de decirlo yo.
Invicto Alejandro, a cuyo
valor son materia fácil,
si a tu duración aspiran
el bronce, el mármol y el jaspe,
pues a tu sagrado nombre
apellidan inmortales
esculpidas letras de oro
en láminas de diamante,
tú, que desde tus primeros
años, de tantas campales
lides saliste bien, como
brazo derecho de Marte,
siendo en la tierra tus huestes
y siendo en el mar tus naves,
siempre vencedor de todos,
nunca vencido de nadie,
hijo del grande Filipo,
esto que te digo baste,
pues no hay que ser más que ser
hijo de Filipo el Grande,
a tus plantas delincuente
hoy una mujer se vale
más en la fe de tus iras
que no en la de tus piedades;
no, pues, generoso quiero
que me escuches, sino antes
severo, porque es mi culpa
tan heroicamente amable
que a precio de que la sepas
no rehúso que la mandes
castigar, como el padrón
diga en mi huesa: “Aquí yace
quien osó morir valiente,
porque osó vivir constante”.
Hija soy de Timoclea,
griega matrona a quien hacen,
como a deidad destos montes,
sacrificios estos valles.
Difunto su ilustre esposo,
conmigo en años infantes
a llorar su viudedad
se vino a estas soledades,
donde una hermosa alquería
que en la cerviz de ese atlante
verde pedazo de cielo
registra montes y mares
fue su albergue y fue mi cuna
sin que nunca a ver llegase
ni más políticas gentes,
ni más pobladas ciudades
que estos riscos y estas breñas
en cuyas austeridades
crecí, tan hijos del campo
mis afectos montaraces,
que pirata de la selva,
que bandolera del aire,
en griego idioma, la reina
de las fieras y las aves,
el nombre de Timoclea,
último don de mi madre,
no sin jactancia al oírle,
me trocó en el de Campaspe,
como quien dice campestre
deidad de una y otra margen;
¿pero qué mucho?, si como
yo el venablo desembrace,
como yo la flecha vibre,
no hay en términos distantes
pluma que el abril matice
ni piel que el diciembre manche,
que por feroz se redima
ni que por veloz se salve,
hasta que ala o testa en
boreal venatorio examen,
a mis umbrales no sea
adorno de mis umbrales
tanto que el que peregrino
a ellos llega con pie errante,
al ver colgadas las armas
en su frontispicio, sabe
que como reina de montes
tengo guarda de animales.
Parece que del fracaso
que hoy a tus plantas me trae,
la digresión me retira,
pues no, que para que pasen
mis desdichas a su extremo,
es fuerza prevenir antes,
que caen sobre sujeto
tan fiero y tan intratable
como el mío, porque hay
delitos menos culpables
en unos sujetos y otros,
y para haber de juzgarse
conviene que el juez distinga
sobre qué sujeto caen,
porque tiene no sé qué
prerrogativas aparte
para ser tal vez altiva
la que nunca ha sido fácil,
y así asentado que yo
siempre en ejercicios tales,
ignoré de Flora y Venus
las dos profanas deidades
tanto, que amor a mi oído,
si acaso le nombra alguien,
me suena como ruidoso
pero no como süave,
voy a que habiendo tu gente
alto hecho en ese admirable
país de Grecia, porque en él
de tantas marchas descanse,
una desmandada tropa
destos soldados, que infames
califican lo que es hurto
con nombre de que es pillaje,
como si mudara especie
la ruindad por mudar frase,
a mi alquería llegó
(vergüenza es que en esto hable;
mas mejor están desnudas
que vestidas las verdades)
donde vilmente enconados
en robar dos recentales,
se trabaron de cuestión
con los bárbaros gañanes,
que mis labranzas cultivan
y que mis ganados pacen.
A este, pues, ruido llegamos
casi a concurrir iguales,
yo, que del monte venía,
y uno de tus capitanes,
cuyo nombre no le supe
hasta oír aquí nombrarle.
Saludámonos corteses,
y acudiendo a reportarles,
retiré mi gente yo
y él la suya, sin que pase
más adelante su duelo,
que no pasara adelante.
¿Quién creerá que nuestras guerras
naciesen de nuestras paces?
Hasta dejarme en mi quinta
me fue acompañando: nadie
de lo galante se fíe,
porque suele lo galante
afeitar a lo traidor
la tez, bien como sagaces
las astucias de las flores
las asechanzas del áspid.
Despidiose de mí y cuando
tranquilas seguridades
de la paz de mis sentidos,
ociosamente agradables,
me adormecían al son
de unos sonoros cristales
que en un jardín entonaban
en bien templados compases
la natural armonía
de las copas de los sauces,
sentí ruido, y vi por una
pared de hiedra arrojarse
un hombre al jardín, rompiendo
la muda clausura al parque.
Turbome no conocido
primero, pero al instante
que distinguí de más cerca
el rostro, persona y traje,
conocido me turbó,
por dar de ladrón señales
que por las paredes entre
el que ya las puertas sabe.
“¿Qué es esto?”, dije y no pude
proseguir, porque a la cárcel
de mis ya presos alientos,
torció el corazón la llave.
Lo mismo debió (¡ay de mi!)
de sucederle y pasarle
a él, porque aunque hablar quiso,
fue solo con el semblante,
de suerte que por algún
espacio los dos iguales
hablamos como por señas,
él suspenso y yo cobarde,
hasta que ya prorrumpida
en mal troncadas mitades
la voz, vino a decir una
para mí tan disonante,
que él pensó que era lisonja
y yo pensé que era ultraje.
Amor fue, como quien pone
cuando algún volumen hace,
la inscripción en el principio,
para que ninguno extrañe,
la materia o la cuestión
que ha de tratar adelante.
No le di yo tanta espera,
porque al ir a pronunciarle
veloz la espalda volví,
mas no tanto que en mi alcance
no le valiese la acción
lo que la voz no le vale:
la mano me echó, y yo viendo
(¡oh aquí el aliento me falte!)
que libertades no dichas
eran hechas libertades,
dictada no sé de quién,
de mi honor o mi coraje,
me hallé su espada en la mano,
sin saber quien se la saque
de la cinta, bien que agora
lo sé, pues para acordarme,
que fue él, el corazón,
al ver que en dudar le agravie,
como quien dice “Yo fui”,
en mudos impulsos late.
Él haciendo licencioso
con risueñas falsedades
de mi amenaza desprecio,
de mi cólera donaire,
segunda vez a mi mano
la mano osó, pero en balde,
pues cuando pensó que eran
mujeriles ademanes,
la esmeralda de las flores
tiñó de su rojo esmalte.
“Muerto soy”, dijo, y al eco
de sus repetidos ayes
los que de escolta tenía
a golpes las puertas abren,
furiosos entran, y viendo
el desangrado cadáver,
conmigo embisten; yo entonces
por un postigo que cae
al monte, me puse en fuga;
ellos tras mí al monte salen,
tal vez lidio y tal vez corro,
hasta que sin que me amparen
valor ni fuga, cayendo
vine desde el monte al valle,
donde un generoso joven,
u de honrado u de arrogante,
puesto en mi defensa impide
que me prendan o me maten
tan a toda costa que
fue su vida mi rescate,
de suerte que de dos vidas
deudora, a tus plantas reales,
de dos muertes delincuente,
me arrojo para que pague,
no la muerte que yo hice
sino la que esotros hacen,
pues más culpada en aquesta
que en esotra soy, si añades
De rodillas.
al blasón de la primera
de la segunda el desastre.
Con que a tus plantas, señor,
poniendo a un tiempo delante
sobre la sangre de uno
de otro la espada y la sangre,
humilde te pido, así
del Peloponeso pases
Llorando.
las siempre intrincadas breñas,
cuyo nevado turbante
sobre sus penachos vea
tremolar tus estandartes
bien como el gran César vio
teñir de púrpura el Ganges,
transcendiendo deste el Tigris
su lábaro hasta el Eufrates,
que acabes, señor, conmigo,
para que conmigo acaben
tantas ansias, tantas penas,
tantas iras, tantos males,
tantos estragos y tantos
escándalos y pesares
como amenazan mi vida,
y como mi alma combaten.
Alejandro
Con llanto y valor a un tiempo
los dos extremos tomaste
a mi inclinación, mujer,
sin saber determinarme
si me obligues porque lloras
o porque matas me agrades.
Prended a aquesos soldados.
Prenden a los soldados y quieren llevar a Chichón.
Chichón
A mí no, que yo a esperarte
estaba, para ir a aquella
visita.
Alejandro
Es verdad, dejadle
a ese solo.
Chichón
Tus pies beso.
El demonio que aquí aguarde
ni diga que es su criado,
o muera Apeles o sane.
Vase.
Alejandro
Mira, Estatira, si fueron,
o rigores o piedades
las que usé contigo, pues
lo hice por no obligarme
a sentir si tú sintieses,
ni a llorar si tu llorases,
y pues con este ejemplar
respondo a las dos iguales,
de parte de mi justicia,
si no te sigue otra parte,
perdonada estás, mujer;
y para de aquí adelante,
o no mates, ya que llores,
o no llores, ya que mates.
Ven, Efestión.
Efestión
¿Qué llevas?
que dice mucho el semblante.
Alejandro
No sé pero mucho temo
llanto y valor de Campaspe.
Vanse los dos.
Estatira
Aunque parezca que no
es cortesano hospedaje
el que una presa se atreva
a convidar con su cárcel,
si el horror de vuestra casa
u de aquestas soledades
el riesgo, en tiempo de guerras
permiten, ya que llegasteis
aquí, que os quedéis conmigo,
será para mí de grande
lisonja.
Campaspe
Vuestros pies beso;
y pues que no puede nadie
pagar, si no es recibiendo
el favor que se le hace,
le admito hasta que de aquestos
soldados asegurarme
pueda.
Estatira
Con nada pudisteis
mejor el deseo pagarme,
venid. (¡Ay, Siroés!).
Siroés
(¿Qué llevas?.
que dices mucho, aunque calles.)
Estatira
(No sé, pero mucho temo,
imaginándole antes
tan fiero a Alejandro, ver
a Alejandro tan afable)
Vanse las dos.
Nise
Dicha ha sido para todas
tal huéspeda.
Vase.
Clori
De mi parte
yo me doy la norabuena.
Vase.
Campaspe
El cielo a las dos os guarde.
¡Oh qué de cosas, Fortuna,
llevo que comunicarte!
Quiera Júpiter no sea
a las futuras edades
la tragedia de aquel joven
asunto a la de Campaspe.

Segunda Jornada

Salen Alejandro, Efestión y soldados.
Alejandro
En fin, ¿qué supiste?
Efestión
Supe
que piadosamente bella
se compadeció Estatira
de sus contadas tragedias,
y que porque no volviese
por ahora a una desierta
alquería donde estaba,
mientras la gente de guerra
en estos montes se aloja,
a tantos riesgos expuesta,
la rogaba se quedase
en su compañía, y ella
la acetó, de suerte que
donde hoy Campaspe se alberga
es la quinta de Estatira.
Alejandro
Ambas anduvieron cuerdas,
una en ofrecerlo y otra
en aceptarlo, aunque fuera
mejor para mí que no
anduviesen tan atentas.
Efestión
¿Pues por qué?
Alejandro
Porque en su casa
me fuera más fácil verla;
pues no faltara ocasión
para entrar tal vez en ella
con achaque de la caza.
Efestión
Quizá está la conveniencia
en la dificultad.
Alejandro
¿Cómo?
Efestión
Como las correspondencias
aun más prendadas se gastan
con la lima de la ausencia;
pues siendo así, ¿qué será
la aún no prendada?
Alejandro
Eso fuera
en otro, pero no en mí.
Efestión
¿Por qué?
Alejandro
Porque mi violenta
condición, bien como rayo,
se irrita en la resistencia;
solo porque inconveniente
ya en el primer paso encuentra
nace con mayor instancia
y crece con mayor fuerza;
pero dime, ¿quién a ti
te contó lo que me cuentas?
Efestión
Tienen Siroés y Estatira
consigo mil damas bellas,
que a fuer de palacio tratan
la prisión y no desdeñan
los públicos galanteos
de algunos amantes; destas,
Nise, una de las que cantan
porque tal vez se diviertan,
a título que llevaba
un papel mío una letra
para cantar, que los versos
suelen tener dos licencias,
me la dio de hablarla hoy,
y de una en otra materia
me dijo lo que te he dicho.
Alejandro
Pues tú, para que yo sepa
de Campaspe, has de asistir
desde hoy con mayor fineza
a esa dama, y disponer
que nos sirva de tercera.
Efestión
¿Tanto la primera vista
de una montaraz belleza,
y más cuando ya Roxana
dicen que embarcada queda,
pudo rendirte?
Alejandro
¿Qué quieres,
si, como ya dije al verla
una vez matando altiva,
otra vez llorando tierna,
a mi ánimo y mi piedad
supo tomar las dos sendas
de suerte que el albedrío
no tiene por dónde pueda
escapar, pues a ambas partes
halla cerrada la puerta?
Efestión
Mejor medio hay.
Alejandro
¿Qué es?
Efestión
Que ya
que de Estatira la queja
logró tus satisfaciones,
las prosigas, pues con verla,
verás con ella a Campaspe.
Alejandro
Bien a mi amor aconsejas,
y así, en viendo a ese prodigio,
que es oráculo de Atenas,
a quien por curiosidad,
aun antes de la primera
luz, porque no huya de mí,
vengo buscando a esta selva,
me pasaré por la quinta.
Efestión
De la boca de una cueva
que a la falda de aquel risco
melancólica bosteza,
ya el soldadillo que fue
a buscarle, sale.
Sale Chichón.
Chichón
Llega,
señor, que en casa está el viejo.
Alejandro
¿Dijístele, que a sus puertas
estaba Alejandro?
Chichón
Sí.
Alejandro
¿Pues cómo no sale a ellas,
habiendo mi nombre oído,
a recibirme siquiera?
Chichón
Como dice que es temprano,
porque aún el sol no calienta,
que en saliendo el sol, saldrá.
Alejandro
¿Y qué hacía?
Chichón
En una media
tinaja, llena de lana,
metido hasta la cabeza
estaba, que parecía
degollado de comedia,
sin que haya en todo el espacio
más cama, silla, ni mesa,
que un candil y cuatro libros.
Alejandro
¿Hombre que en tanta miseria
vive, de saber que yo
vengo a verle ni se altera
ni se sobresalta más?
Chichón
Y porque mejor lo veas,
oye, que vuelvo a llamarle:
¡Señor Diógenes, advierta
que viene a verle Alejandro!
Diógenes
dentro
¿Hele dicho yo que venga?
Pues si yo no se lo he dicho,
que se espere o que se vuelva.
Alejandro
No hay más que decir.
Efestión
O mucha
constancia o locura es esta.
Alejandro
Sea lo que fuere, ya
hice capricho de verla,
si es constancia por aprecio
y si es locura por fiesta:
bien podéis salir, que ya
el sol sus rayos despliega.
Sale Diógenes.
Diógenes
Pues a ver el sol saldré,
que al fin es el que me alienta,
me anima y me vivifica.
Alejandro
De suerte que si no fuera
por el sol, lo que es por mí,
no salierais?
Diógenes
Lo que hiciera
no sé, mas sé que él me trae
en la regular tarea
de las noches y los días
esta luz hermosa y bella
y que vos no me traéis nada.
Alejandro
Sí traigo.
Diógenes
¿Qué?
Alejandro
La respuesta
de un recado que me dio
vuestro ese soldado.
Diógenes
¿Qué era?,
que como cosa de poca
sustancia, no se me acuerda.
Alejandro
¿De poca sustancia es
decir que en mi competencia,
sois vos más dueño del mundo
que yo?
Diógenes
¡Ah, sí!, ya se me acuerda.
Es verdad, yo se lo dije;
y si de escucharlo os pesa,
perdonad, lo dicho dicho.
Alejandro
Antes me huelgo, y por esa
razón vengo a visitaros,
pues es justo que a ver venga
Alejandro a un igual suyo.
Diógenes
Pues como entre iguales sea
la visita ahí hay un tronco;
sentaos, que yo en esta peña
procuraré acomodarme.
Siéntanse y Chichón hace que quita un piojo a Diógenes.
Alejandro
Agradezco la licencia...
¿Qué es eso?
Chichón
Deste monarca,
la caballería ligera,
que en desmandadas patrullas
va saliendo a pecorea
con el día.
Diógenes
Quita, necio.
Chichón
Ya quito.
Alejandro
Locuras deja,
y pasando como amigos
del cumplimiento a la queja,
dícenme que por no verme
echasteis por otra senda
Diógenes
También me dicen que vos
por verme echasteis por esta.
Alejandro
¿Y es la misma razón huir
vos que yo buscar?
Diógenes
La mesma;
pues ni otro huyera de vos
sino yo, ni otro viniera
sino vos a verme a mí;
y así es clara consecuencia,
que haciéndolo por hacer
los dos lo que otro no hiciera
ni en vos hay queja ni en mí
culpa.
Alejandro
Y eso, ¿en qué se prueba?
Diógenes
En que esto de los caprichos
más quiere maña que fuerza.
Alejandro
No decís mal, pero vamos
a saber de qué manera
sois vos más dueño del mundo
que yo.
Diógenes
¿Pues no es evidencia,
que es más rico al que le sobra
que el que le falta la hacienda?
Alejandro
Claro está.
Diógenes
Luego si a vos,
sola una parte pequeña
que os falta os trae desvelado
y no veis la hora de verla
debajo de vuestro imperio,
a mí nada me desvela,
porque no se me da nada
que sea mía o no lo sea,
más rico soy yo que vos,
pues a vos os falta esa
parte que deseáis y a mí
me sobran todas aquellas
que no deseo, y si no,
pasemos a la experiencia
a cuál está más contento,
vos con toda esa grandeza,
majestad y pompa, o yo
con toda aquesta miseria,
hambre y desnudez.
Alejandro
No quiero
aventurar el apuesta,
pero la posteridad
de una heroica fama eterna,
¿será vuestra o será mía?
Diógenes
Será mía y será vuestra.
Alejandro
¿Cómo?
Diógenes
Como quien dijere,
que vino Alejandro a Grecia
dirá como visitó
a Diógenes en ella,
con que en la historia vendremos
a correr los dos parejas,
vos por hacer la visita
y yo por no agradecerla,
fuera de que ¿qué me importa
que fama o no fama tenga,
si un aliento de la vida
hoy calladamente suena
más que después todo el ruido
de sus trompas y sus lenguas?
Alejandro
Pues siendo así que la vida
es lo que se goza della,
vos no la gozáis, yo sí;
y para que lo veáis, sea
este también mi argumento,
para que a escuchar no vuelva
que no vengo a traeros nada:
¿qué queréis que mi grandeza
os dé?
Diógenes
Con que no me quite,
mi vanidad se contenta.
Alejandro
¿Con que no os quite?
Diógenes
Sí.
Alejandro
Pues
decidme, porque lo sepa,
¿qué es lo que yo os quito?
Diógenes
El sol,
que va tomando la vuelta;
y así, pasaos aquí, no
me quitéis por vida vuestra
lo que no me podéis dar.
Alejandro
Yo os estimo la advertencia;
y pues que ya os doy el sol,
daros lo demás quisiera;
¿qué queréis que por vos haga?
Diógenes
A tan general promesa,
liberal y generosa,
darme por vencido es fuerza:
ahora bien, haced por mí...
Alejandro
Decid, nada os enmudezca,
¿qué queréis que haga por vos?
Levanta Diógenes una flor del suelo.
Diógenes
Sola otra flor como esta.
Alejandro
Eso fuera ser criador:
no cabe en la humana esfera
tan soberano atributo.
Diógenes
¿Pues qué hay que os desvanezca
si vuestro poder no basta
a hacer una inútil hierba
que da el prado tan de balde,
que la pace cualquier fiera,
que cualquier ave la pica
y la aja cualquiera huella?
Id con Dios, y a los que estudian
las desengañadas ciencias
que en ese azul libro y ese
verde libro nos enseñan
ya carácteres de flores
y ya imágenes de estrellas,
porque aprendamos a un tiempo
divinas y humanas letras,
investigando ingeniosos
aquella causa primera
de todas las otras causas,
no vengáis a hacerles pruebas
de qué quieren o qué estiman,
que no hay que estimen ni quieran
sino solos desengaños;
y porque mejor se vea
cuál es más rico tesoro,
la majestad o la ciencia,
ya que la primera huisteis
vaya la segunda apuesta,
a cuál necesita antes,
o yo de vuestras riquezas,
o vos de mis ciencias.
Alejandro
Yo
Levántase.
quiero, porque no parezca
que ambas apuestas rehúso
entrar satisfecho en esta
de que nunca necesite
de vos.
Voces dentro.
Dentro 1
Al valle.
Dentro 2
A la selva.
Alejandro
Mirad qué ruido es aquese.
Vase un soldado.
Diógenes
¿Y qué perderá el que pierda?
Alejandro
Darse por vencido al otro.
Diógenes
Norabuena.
Alejandro
Norabuena.
Diógenes
Pues a Dios.
Vase.
Alejandro
A Dios.
Efestión
¿Posible
es que has tenido paciencia
para sufrir este loco?
Alejandro
Mal, Efestión, le afrentas,
que si hubiera de dejar
de ser quien soy,y estuviera
en mí elegir lo que había
de ser, ten por cosa cierta...
Efestión
¿Qué?
Alejandro
Que no siendo Alejandro
ser Diógenes quisiera.
Efestión
En los bronces de la fama
vivirá en el mundo eterna
esa sentencia.
Chichón
Y quizá
habrá en el mundo poeta
que della se ría, diciendo
que es delito y no sentencia
que celebra el lisonjero.
Dentro 1
Al monte.
Otros
Al valle.
Otros
A la selva.
Sale el soldado.
Soldado 1
Estatira y Siroés,
como ya mandaste al verlas
aliviarlas la prisión,
usando de la licencia,
al coto que de su estancia
las altas paredes cerca
dicen que a caza han salido.
Alejandro
¿Si habrá salido con ellas
Campaspe?
Efestión
¿Pues quién lo duda,
y que suya, señor, sea
toda aquesa montería
y a enseñar el monte venga?
Alejandro
Pues un caballo me dad,
que como acaso quisiera
salirlas al paso. Amor,
guía mis plantas, y emplea
tus dos mejores alhajas
en los dos, el arco en ella,
pues cazadora es, y en mí,
pues que voy ciego, la venda.
Vanse todos y queda Chichón.
Todos
dentro
A la selva, al valle, al monte.
Chichón
¿Que haya en el mundo quien tenga
inclinación a la caza,
y se ande buscando fieras
habiendo rubias y romas?
Pero ahora que se me acuerda
de un amo que Dios me dio
y me quitó a la hora mesma,
¿qué se habrá hecho? Porqué
como con tan grande priesa
mandó a su guarda Estatira
quitarle de su presencia
y ellos allá le llevaron
a tiempo que en la pendencia
yo había vuelto la casaca
y disimular fue fuerza
ser mi amo, nunca más
supe dél; ¿qué diligencia
haré? Pero ¿quién me mete
en que publique el hacerla
mi ruindad? Si hubiere muerto
no hayan miedo que acá vuelva
a acusar la rebeldía
ni a tomar la residencia,
y si no, no faltarán
disculpas cuando parezca,
y así es lo mejor no darme
por entendido.
Vase.
Dentro
A la selva.
Otros
Al valle.
Otros
Al monte.
Sale Campaspe con arco y flechas.
Campaspe
Fortuna,
ya que a mi patria me vuelvas,
pues son mi patria los montes,
permite (¡ay de mí!) que sea
para que halle como
en mi propia esfera
piedad en sus riscos,
blandura en sus peñas.
En tanto que la batida
hacia los puestos se acerca
que todas las damas ya
han tomado, aunque parezca,
que contra mi mismo
natural, me mueva
a emplear mis desdichas
antes que mis flechas,
en esta escondida parte
desahogar quiero la fuerza
de una prisión voluntaria
que a todas horas me niega
poder aun conmigo
hablar: ¡ay de aquella
que siente sintiendo
que el sentir se sienta!
Y pues tan a todas horas
los testigos que me cercan
no me dejan respirar,
¿qué mucho (¡ay de mí!) que vengan
buscando mis ansias,
buscando mis penas,
para mis suspiros
aires de mi tierra?
Troncos, riscos, plantas, flores,
brutos, aves, peces, fieras,
cristales, fuentes, arroyos,
cielo, sol, luna y estrellas,
decidme, pues visteis
todos mis violencias,
si tuve yo culpa,
u desgracia en ellas.
Pues siendo así que desgracia
tuve, y no culpa, ¿qué idea,
qué aprehensión, qué fantasía,
qué ilusión, qué sombra es esta,
que a cualquiera parte
que los ojos vuelva,
vaga me persigue,
vana me atormenta?
De aquel infelice joven
que vi muerto a mi defensa
tan vivas las señas traigo
que a todas partes las señas
que están me parece
con la faz sangrienta
diciéndome.
Ruido dentro.
Alejandro
dentro.
Dioses,
piedad.
Todos
dentro
¡Qué tragedia!
Campaspe
¿Qué voces (¡ay infelice!)
las que iba a alentar alientan
porque en el decirlas yo
aun ese alivio no tenga?
Estatira
dentro.
Acudid volando.
Siroés
dentro.
Socorred apriesa.
Alejandro
dentro.
Cielos.
Todos
dentro.
¡Qué desdicha!
Alejandro
Piedad.
Todos
¡Qué violencia!
Sale Estatira con arco.
Estatira
¿No hay quien su vida socorra?
Campaspe
¿Qué es esto, Estatira bella?
Estatira
Que dentro de la batida
cayó sitiada una fiera
destas que los griegos montes
en sus entrañas engendran,
salpicada a manchas,
cuya ligereza
nunca trae ociosas
ni garras, ni presas.
Los sabuesos y ventores,
que las traíllas sujetan,
porque se lograsen antes
que sus lides nuestras flechas
tomaron el viento
de la tigre apenas,
cuando a los collares
rompieron las cuerdas.
Entre estos, pues, dos lebreles,
atados a una cadena,
salieron juntos a tiempo
que en un caballo atraviesa
la senda Alejandro,
y hollando la senda
a los pies del bruto
se enlazan y enredan
de suerte que alborotado
se desboca y desatienta,
sin que el freno le corrija
ni le gobierne la rienda,
llevándole al choque
de una y otra peña
a dar donde el bruto...
Campaspe
Oye, aguarda, espera,
que primero que él peligre
sabré peligrar yo, atenta
a la piedad que conmigo
usó.
Vase.
Estatira
Júpiter lo quiera,
que aunque es mi enemigo
ya en más noble guerra
que la vida, el alma
es su prisionera.
Veloz entre las dos lides
de los canes y la fiera,
y del caballo y los canes,
su agilidad interpuesta,
el arpón dispara
de suerte que hecha
blanco de sus plumas
una mancha negra,
que entre el codillo y la espalda
señala, bien como en muestra
de que está allí el corazón,
le hiere en él; ¿quién creyera,
viviendo con alas
el corazón, que ella
le dé al corazón
alas con que muera?
A cuyo tiempo acudiendo
al bruto que desalienta
la enredada lid, le corta
entrambos pies, de manera
que el que amenazado
precipicio era,
dispone que en fácil
caída se resuelva,
y tan fácil que en los brazos
la recibe, porque tengan
los celos siquiera un día
alguien que los agradezca,
u dígalo yo,
que agradezco verla
Sale Campaspe con un cuchillo de monte en la mano, y Alejandro cayendo.
Alejandro
¡El cielo me valga!
Campaspe
Descansa y aliente,
que ya de entrambos peligros
seguro estás.
Alejandro
¿Quién pudiera,
sino tu deidad, Campaspe,
ser quien dos vidas me ofrezca?
¿No bastaba altiva,
no bastaba tierna,
sino liberal,
para que no tenga
retirado el albedrío?
Salen Siroés, Nise y Clori, todas con arcos y flechas.
Todas
Aquí está Alejandro.
Siroés
Sean
las albricias de la vida
tus pies.
Arrodíllanse todas.
Alejandro
Alzad de la tierra.
Estatira
A todas nos toca,
a tus plantas puestas,
darla a ella las gracias
y a ti norabuenas.
Sale Efestión.
Efestión
Ya que seguir del caballo
no pude la ligereza,
dame, gran señor las plantas,
bien que llego con vergüenza
al ver que a vista de tantos
te socorra y favorezca
una mujer.
Alejandro
No fue tal,
sino una deidad suprema
que en oposición de otras
su divinidad ostenta,
haciendo que el mal
en bien se convierta;
¿mas quién sino el sol,
venciera una estrella?
El nudo rompí gordiano
cuya osadía violenta
me dispuso a lo fatal
del agüero que en sí encierra,
y pues que ya la amenaza
frustrada y vencida queda,
¿quién duda que es deidad quien
le quita al hado las fuerzas?,
y así, en hacimiento noble
de gracias, Campaspe bella,
tu retrato en ese templo
colgaré, para que sea
padrón a los siglos,
que diga a sus puertas
que él solo la tabla
fue de mi tormenta.
Campaspe
En menos costa, señor,
vanidad mía quisiera,
que la deuda me pagarais
si la obligación es deuda.
Alejandro
¿En qué?, que palabra os doy,
que no haya en mi obediencia
dificultad imposible.
Campaspe
En que os vais a vuestra tienda
a repararos, porqué
no habrá para mí fineza,
sino en la seguridad,
señor, de la salud vuestra.
Alejandro
Aunque lo que pedís es
tan a costa de la ausencia,
esto es cumplir mi palabra.
Dios guarde a vuestras altezas.
Vase Alejandro.
Efestión
Hermosa Nise, pues ves
que ir tras Alejandro es fuerza,
acuérdate de mi amor.
Nise
No haré tal, que será ofensa.
Efestión
¿Ofensa acordarte?
Nise
Sí,
pues se olvida el que se acuerda.
Vase Efestión.
Estatira
Bien puedes, Campaspe (¡ay cielo!)
de tan noble acción como esta
estar muy desvanecida.
Siroés
Y más si en el templo llegas
a ver tu retrato.
Campaspe
A mí
nada hay que me desvanezca,
sino solamente el nombre
de una humilde esclava vuestra;
pero ya que de mi poca
política he dado muestras,
diciendo cuán ruda hija
soy destos troncos y peñas,
no por vanidad, sino
por noticia...
Estatira
Di.
Campaspe
Quisiera
saber qué cosa es retrato.
Siroés
¿Nunca ha visto tu rudeza
el primor de la pintura?
Campaspe
Pintura ya sé que sea,
que en el templo he visto tablas
que de colores compuestas,
ya representan países,
ya batallas representan,
siendo una noble mentira
de la gran naturaleza,
pero retrato no sé
qué es.
Estatira
Pues que es lo mismo, piensa,
con la circunstancia más
de que la copia parezca
al original de quien
se saca.
Campaspe
¿Y de qué manera
se saca?
Estatira
Veraslo cuando
a hacer el retrato vengan,
y agora quédate aquí
para que a la quinta puedas
guiar la gente, mientras yo
doy a la quinta la vuelta:
¿Clori? ¿Nise?
Las dos
¿Qué nos mandas?
Estatira
Para templar mis tristezas,
los instrumentos bajad
a los jardines.
Siroés
¿Qué llevas?
Estatira
¿Qué me andas preguntando
siempre? Lo que fuere sea.
Siroés
¡Qué notable condición!
Vanse las dos.
Nise
Ven, probaremos la letra,
Clori, de aquel cortesano,
antes de cantarla.
Clori
Fuerza
es, Nise, que tú la aplaudas,
pues eres tú a quien celebra.
Nise
La cortesanía me mueve
más, que la lisonja, fuera,
que de ser querida, Clori,
a ninguna mujer pesa.
Vase.
Clori
Ni ninguna de ver que otra
es la querida, se huelga.
Vase.
Campaspe
Ya que segunda vez, cielos,
sola en mis montes me dejan,
paréntesis a mis ansias
lo que ha sucedido sea,
y demos, discurso,
segunda vez vuelta
a aquella memoria
que tanto me cuesta,
¿Qué aprehensión, qué fantasía,
qué ilusión, sombra o idea
(aquí quedé) es esta, que
a cada paso me cerca
sin que el claro día,
ni la noche negra,
o la luz me alumbre
o el sueño me venza?
Parece (¡ay de mí!) que al dar
al día y la noche quejas
de lo que la una me aflige,
lo que la otra me desvela,
una y otra quieren
hoy satisfacerlas,
pues que mis sentidos
turban, y potencias.
Permite, infelice joven,
que horroroso representas
siempre tu sombra a mi vista,
siquiera un instante treguas
a tantos temores,
que no te hago ofensa,
pues son muerte y sueño
una cosa mesma.
Y puesto que ya la gente
toda a la quinta se acerca,
y yo no hago falta...¡oh, tú,
intrincado seno, alberga
vivo un cadáver!
Duérmese y sale Apeles.
Apeles
Fortuna,
¿adónde mis pasos llevas,
sin saber qué puerto
elijan ni tengan
tantas ansias, tantas
desdichas y penas?
¿Quién creerá que haber caído
tan sin sentido en defensa
de aquel prodigio, que hallarme
sin saber a quién le deba
la piedad, adonde
la humilde miseria
de un cuerpo de guardia
herido me tenga,
que haber callado mi nombre,
porque Alejandro no sepa
que reñí con sus soldados,
que mal cobradas las fuerzas
salga a ver el día
siguiendo esta senda,
sin guía, sin rumbo,
sin norte ni estrella,
nada me aflige, ni nada
me turba, ni desconsuela,
sino solo no saber
qué mujer, cielos, fue aquella,
que al verla (¡ay de mí!)
pagándome en verla,
hizo mi fortuna
próspera y adversa?
Decidme montes, pues fuisteis
testigos de mis tragedias,
decidme aves, fieras, plantas,
flores, troncos, riscos, peñas,
si hallaré, pues mi hado
perdido no encuentra
quien de mí me diga
quien me diga della.
¿Murió en faltándola yo?
Habla entre sueños Campaspe.
Campaspe
No...
Durmiendo.
Apeles
¿Tuvo cuando ausente estuve...
Campaspe
...tuve...
Apeles
...quien venciese en su disculpa?
Campaspe
...la culpa...
Apeles
¿Qué eco a mi voz respondió?
Campaspe
...yo...
Apeles
Cielos ¿si es verdad o no,
que el aire me ha respondido
pues ha sonado en mi oído...?
Los dos
No tuve la culpa yo...
Apeles
¿Si oí bien o mal habrá quien...
Campaspe
...bien.
Apeles
...me diga, y si verdad fue...
Campaspe
...que...
Apeles
...que en mi desdicha fue dicha?
Campaspe
...la desdicha...
Apeles
¿Tuvo amparo cuando anduve?
Campaspe
...tuve.
Apeles
Otra vez fuerza es que hube
de dudar, si es que colijo
que el eco otra vez me dijo...
Los dos
Bien que la desdicha tuve.
Apeles
Mas no, ilusión es ligera,
que el eco no habló en lo hueco,
pues no me dijera el eco
lo que yo no le dijera,
y así por toda esta esfera
desta voz iré buscando
Veela.
el dueño. ¡Qué estoy mirando!;
¿cómo es posible, que siendo
ella la que está durmiendo,
sea yo el que estoy soñando?
¿Cómo puede ser, oh bella
deidad, si eres mi homicida,
que yo te busque con vida
y que tú te halles sin ella?
Si a mí me tocó el perdella
y a ti el haberla guardado,
¿cómo sin ella te he hallado?
Vuelve, vuelve en tu sentido,
que el haberla tú perdido
no es haberla yo ganado.
¿Si la despertaré? Sí,
aunque su enojo me asombre,
que mujer que ha muerto a un hombre
no es justo que duerma así.
¿Bella deidad?
Despiértala y ella huye dél al verle.
Campaspe
¡Ay de mí!
¡qué miro!
Apeles
¡Qué mal anduve!
Campaspe
Sombra, ilusión...
Apeles
Necio estuve.
Campaspe
...no me des muerte, pues no,
no tuve la culpa yo,
bien que la desdicha tuve.
Huye ella, y él la sigue.
Apeles
¿Quién te da la culpa a ti,
ni la desdicha te da?,
pues nada es desdicha, ya
que otra vez tus ojos vi.
Campaspe
No me aflijas, pues no fui
ni de tu esplendor la nube,
ni quien tu aliento detuve;
que si otro muerte te dio
no tuve la culpa yo,
bien que la desdicha tuve.
Déjame, pues, no el empeño
crezcas a mi fantasía,
Huyendo.
pasando a la luz del día
las negras sombras del sueño.
Apeles
Hallado y perdido dueño
de un alma que te ha buscado
tan a costa del cuidado
que a un mismo tiempo ha venido
a hallar lo que había perdido
y a perder lo que había hallado:
no de mí huyas.
Campaspe
¡Ay de mí!
Cóbrase un poco.
Apeles
Que no soy ilusión yo.
Campaspe
¿Luego no eres sombra?
Apeles
No.
Campaspe
¿Luego estás con vida?
Apeles
Sí.
Campaspe
¿No te mataron?
Apeles
No fui
tan dichoso.
Campaspe
¿Dicha fuera?
Apeles
Morir por ti claro era.
Campaspe
¿Pues yo no te vi a mis pies
muerto?
Apeles
Ahora también me ves,
aún más que la vez primera.
Campaspe
¿Cómo?
Apeles
Como allá la herida
del cuerpo me dejó en calma,
y aquí la herida del alma,
¡oh bellísima homicida!,
ha vuelto a darme la vida
para que de una manera
aquí viva y allá muera
sin morir y sin vivir.
Campaspe
Quién te pudiera decir
lo que en albricias te diera
de las nuevas que me das.
Apeles
¿De cuál dellas?, ¿de que muero
u de que vivo?
Campaspe
No quiero
declararme, joven, más:
baste decir que jamás
tuvo mi hado siempre esquivo
más gozo del que recibo
al oír ambas nuevas bellas.
Apeles
Sí, mas dime de cuál dellas,
¿de que muero u de que vivo?
Ruido dentro.
Campaspe
No sé... pero gente allí
hay, no contigo me vea.
Apeles
¿Será posible lo sea
el volver a verte?
Campaspe
Sí.
Apeles
¿Dónde he de buscarte?
Campaspe
Aquí.
Apeles
¿Vendrás?
Campaspe
Hablad, alma, vos.
Apeles
¿Qué dices?
Campaspe
Que sí.
Apeles
A los dos
Ruido dentro.
un hombre se va acercando.
Campaspe
Pues quédate tú.
Apeles
¿Hasta cuándo?
Campaspe
Hasta otra alba.
Apeles
A Dios.
Campaspe
A Dios.
Vase Campaspe y sale Chichón.
Chichón
Aunque de lejos le vi
las señas no me mintieron:
¿es posible que volvieron
mis ojos a verte?
Apeles
¿Así,
traidor, infame, villano,
me recibes después que
tan poca tu lealtad fue,
que dejándome...
Chichón
La mano
ten, que no me pagas bien,
después que herido te vi,
lo que he pasado por ti.
Apeles
¿Tú por mí?
Chichón
Yo por ti. ¿Quién
al verte en sangre teñido,
como un león embistió
con todos tres, sino yo?
¿Quién, dejando a éste partido
por medio de un tajo tal
que puso en puntos al arte,
pasó a este de parte a parte,
a tiempo que en diagonal
circulo aquel me embistió?
¿Quién dando al otro un hurgón,
la herida de conclusión
hizo al que se le seguía?
¿Y a quién, tomando a destajo,
que nadie le quede a vida,
le dio a este la zambullida,
y a aquel la de uñas abajo?
Apeles
Oye, aguarda, ¿de qué modo
son, si todos eran tres,
ya seis los muertos?
Chichón
¿No ves
que maté sombras y todo?
En fin, tropezando (¡extraña
desdicha es la de un tropiezo!)
las garras me echó al pescuezo
el barrachel de campaña:
en un cepo me metió,
donde he estado hasta este día,
que un amigo que tenía
la cuartada me probó.
Apeles
La cuartada, ¿cómo así,
si a tantos diste?
Chichón
Porqué
fue fácil el probar que
les di sin estar allí...
De no verte noche y día
la causa fue mi prisión.
Apeles
Calla, ya sé cuáles son
tu locura y cobardía.
Hablan los dos aparte, y sale Efestión y Alejandro.
Efestión
¿En fin vuelves?
Alejandro
¿Qué he de hacer,
si estoy fuera de mi centro
donde a Campaspe no encuentro?
¿Cómo podría saber
por donde iría?
Efestión
Hacia allí
dos hombres, señor, están;
ellos quizá lo sabrán.
Alejandro
Oye, ¿no es Apeles?
Efestión
Sí.
Alejandro
Ventura es haber venido
a tan buen tiempo.
Apeles
Crueles
son tus locuras.
Alejandro
¿Apeles?
Apeles
Las plantas, señor, te pido.
Alejandro
Aunque de lo que has tardado
queja pudiera formar,
los brazos te quiero dar
por el tiempo a que has llegado.
Apeles
(Pues él no sabe de mí
más de que me tuvo ausente
su licencia, nada cuente
tu voz.)
Chichón
(No haré.)
Apeles
Feliz fui,
ya que en la vuelta tardé,
en venir en ocasión
que ella me alcance el perdón
de la tardanza.
Alejandro
No sé
cómo encarecerte cuánto
estimo el llegarte a ver
día en que te he menester.
Apeles
Mucho, gran señor, me espanto,
cuando ser tu esclavo trato,
que me recibas así.
¿En qué te sirvo?
Alejandro
Por mí
hoy has de hacer un retrato
de tan hermoso sujeto,
que no hayas menester,
como en el mío, poner
perfil a ningún defeto.
Apeles
Muy poco haré en eso yo
para lo mucho que escucho.
Alejandro
Aunque es poco importa mucho
que todo tu estudio no
perdone al arte este día
la elegancia con que sueles
esmerar de tus pinceles
la gala y la valentía:
una mujer has de ver
y esta me has de retratar
con tal alma, que el hablar
la falte por no querer;
bien que en esta parte no
vendrá a ser tuya la palma,
pues si la vieres con alma
es que se la he dado yo.
Apeles
Digo, señor, que pondré
al retrato tal cuidado,
que aun en el lienzo pintado
tan fuera del lienzo esté
que llegue tu amor feliz
a persuadirse no en vano,
que echarla puede la mano
entre el cuadro y el matiz.
Chichón
Y yo, que ya soy criado
de Apeles, la moleré,
más que a los matices.
Alejandro
¿Qué
te obliga a no ser soldado?
Chichón
Haber dado una menguada
en pensar que es peor estado
el ser moza de soldado
que ser moza de soldada.
Alejandro
Pues bien puedes prevenir
pinceles, tabla y colores;
aunque mejor a las flores
se los pudieras pedir,
pues todas los dieran fieles,
mezclando a tan altos fines
entre rosas y jazmines
azucenas y claveles.
Y pues que ya no está aquí,
¿quién duda en la quinta está?
Llévale, Efestión, allá,
y de mi parte les di
a Estatira y Siroés,
que a hacer el retrato envío
del templo, aunque mi albedrío
no sé lo que hará después.
Y tú, porque sea mejor
el primor de tu pintura,
píntame a mí su hermosura
y píntala a ella mi amor.
Vase.
Efestión
Venid conmigo, porqué
lo que importe prevenir
se disponga antes de ir.
Apeles
En todo obedeceré
vuestras órdenes.
Efestión
Con ella
podrá ser veáis otra dama
no de menos lustre y fama,
y quizá, Apeles, tan bella.
Apeles
Mucho me holgaré, aunque en mí
nada llenará mi idea,
que no es posible que sea
igual a la que yo vi.
Salen Estatira, Clori, Nise y músicos, con instrumentos.
Estatira
Vuelve, Nise, a repetir
la letra, que hacerte quiero
esa lisonja, si infiero
que se debió de escribir
por ti.
Nise
Muchas hay, señora,
de mi nombre; no sería
por mí, que la humildad mía
no se halla merecedora
deste aplauso.
Estatira
¿Cúya es?
Nise
De un discreto cortesano,
cuyo ingenio soberano
goza el mas alto interés
del crédito y la opinión,
por galán, noble y discreto.
Estatira
Bien lo dice en su conceto
el aire de la canción.
Nise
canta
A Nise adoro, y aunqué
la dije mi frenesí,
ni sé si me quiere, ni
por qué ha de quererme sé.
Salen al paño Efestión y Apeles.
Efestión
Esperad, no interrumpamos
esta voz, que dulcemente,
por la letra y quien la canta,
me ha suspendido dos veces.
Apeles
Ya hice yo reparo en uno
y otro, que son muy parientes
música, poesía y pintura;
y a lo que a mí me parece,
si se hubiera de glosar
la canción, no fácilmente
se le hallaran dos sentidos.
Efestión
Escuchad, que a cantar vuelven.
Canta toda la música.
Músicos
A Nise adoro, y aunqué
la dije mi frenesí,
ni sé si me quiere, ni
por qué ha de quererme sé.
Efestión
Ya que han cesado, esperad
que a pedir licencia llegue.
Estatira
¿Quién hasta aquí se ha entrado?
Efestión
Quien con dos disculpas tiene
seguro que vuestro enojo
sus sagradas iras temple.
La primera es la dulzura
con que este canto suspende
tanto que no deja acción,
para que otra acción se acierte,
y la segunda, venir
de parte de quien merece
vuestra audiencia a cualquier hora.
Estatira
¿Quién en vuestro juicio tiene
ese mérito?
Efestión
Alejandro.
Estatira
Aparte.
(¿Si tan feliz mi amor fuese
que lograse en su memoria
algún alivio mi suerte?)
Pues bien, ¿qué manda Alejandro?
Efestión
Que deis licencia que llegue
a retratar a Campaspe,
—que ya sabéis como tiene
ofrecido su retrato
a las sagradas paredes
de Júpiter—, el no igual
arte del divino Apeles.
Estatira
Esto y lo que yo pensaba
todo es uno. Decid que entre.
Entra Apeles.
Apeles
A vuestras plantas, señora,
antes de veros, alegre,
feliz, contento y ufano
venía, por parecerme
que había de conseguir
el empeño a que me atreve
la obediencia de mi dueño;
mas después de veros, vuelve
atrás mi esperanza.
Estatira
¿Cómo?
Apeles
Como pintarse no pueden
las perfectas hermosuras,
sin que el crédito se arriesgue:
cuando en un rostro hay lunar,
u desproporción que acuerde
cuando se mira el retrato
de su dueño las especies,
es fácil el retratarle;
mas cuando es tan excelente
que no hay término en sus partes
que desigualado deje
especies a la memoria,
no se imita fácilmente;
y así habréis de perdonarme
cuando el retrato no acierte,
si está en vuestra perfección
y no en mí el inconveniente.
Estatira
Cortesano sois, pintor,
y es preciso que me pese
que vuestra cortesanía
tenga más peligro que ese.
Apeles
¿Por qué?
Estatira
Porque no soy yo
la del retrato; y si viene
a estar en lo más hermoso
el riego al no parecerse,
es más hermosa que yo,
con que vuestro empeño tiene
más que vencer; y porqué
lo veáis, yo haré que en breve
venga a veros más airosa
y más prendida que suele,
porque tenga en sus adornos
yo alguna parte.
Aparte.
(Esto es verme
obligada a no mostrar
la envidia que el alma siente
y para hacer la desecha
mejor esto ha de ser). Venme,
Nise, cantando ese tono,
y vosotros desde ese
cenador cantad en tanto
que la pintan, porque temple
la penalidad de estar
suspensa el tiempo que fuere
necesario.
Clori
Porque sea
todo a propósito, puede
ser el tono que cantemos
el del retrato de Irene.
Vanse los músicos.
Nise
A Efestión.
Fuerza es que tras ella vaya;
esperad, que si pudiere,
volveré a veros.
Apeles
Yo en tanto
voy a ver si Chichón viene
con el bastidor, el lienzo,
los matices y pinceles.
Vase.
Estatira
¿No cantas, Nise?
Nise
¿Pues cuando
no es mi oficio obedecerte?
Estatira
(¡Oh cuán a costa del alma
fínge la que calla y siente!)
Nise
Canta.
A Nise adoro, y aunqué
la dije mi frenesí,
ni sé si me quiere, ni
por qué ha de quererme sé.
Éntranse Estatira y Nise cantando.
Efestión
Por si no volviere Nise,
como me ha ofrecido, hacedme
merced de decirla, Clori,
cuánto el alma la agradece
el que haya hecho tanto aprecio
de cortesanía tan leve
como aquel mote.
Clori
¿Por qué
que le cante os desvanece?
Efestión
Porque es su ingenio el que adoro
y así estimo que el mío precie.
Clori
¿Y es galantería o locura,
alabar, cuando eso fuese,
una dama a otra?
Efestión
No sé
pero si es locura, tiene
disculpado frenesí.
Clori
Pues sabed que a las mujeres,
sin que nos importe nada,
la ajena alabanza ofende.
Efestión
Groserías de rendido
groserías son corteses,
que no os quita a vos el ser
discreta y hermosa el verme
menos bien empleado en Nise
que estuviera en vos.
Sale Nise.
Nise
¿No puede
ser fino con una dama
un hombre sin que sea aleve
con otra?
Efestión
Yo... Ni... con Clo...
si... cuando...
Clori
¿Qué te enmudece?
Nise
¿Qué te turba?
Efestión
No saber,
pues una y otra se ofende
de lo que quiero y no quiero,
cuál me olvida o cuál me quiere.
Clori
¿Yo por qué había de olvidarte?
Vase Clori.
Nise
¿Yo por qué había de quererte?
Vase Nise.
Efestión
Oye, Nise... escucha, Clori.
Sale Chichón con todo aderezo de pintar, y Apeles.
Chichón
Ya están aquí caballete,
pinceles, lienzo, paleta,
colores, piedra y aceite.
Apeles
Ponlo aquí, que hay buena luz,
y avisad vos que ya puede
salir la dama.
Efestión
¡Ay de mí!
Apeles
¿Qué es lo que ahora os suspende?
Efestión
Dijisteis que no era fácil
la glosa de aquel motete,
y ya se ha facilitado
con lo que aquí me sucede
después que de aquí salisteis.
Apeles
¿De qué suerte?
Efestión
Desta suerte.
Apeles
Dejad para que lo entienda
que de los versos me acuerde:
A Nise adoro y aunqué...
Efestión
Hablando de Nise bella
con Clori, me preguntó
qué inclinaba más mi estrella,
a que mi amor respondió
que el ingenio que hay en ella,
con que no solo mostré
que adoro a Nise, sino
lo que en ella adoro, en fe
de que se sepa que yo
adoro a Nise y aunqué
Apeles
...la dije mi frenesí..
Efestión
Clori al parecer quejosa,
que no hay mujer que otra quiera
que sea discreta ni hermosa,
u de vana u de celosa,
un loco me dijo que era;
yo el serlo la concedí,
pues por Nise el juicio pierdo,
mas de tal locura en mí
por lo menos que era cuerdo,
la dije, mi frenesí.
Apeles
...ni sé si me quiere, ni...
Efestión
Oyendo nuestras cuestiones,
Nise llegó, y yo quedé
tan turbadas mis acciones
que cuanto desde allí hablé,
fueron trocadas razones:
Ni..., dije, por verme si
conti.. a Clo... tengo quejó...;
y así entre las dos parti...,
ni sé si me olvida Clo...,
ni sé si me quiere Ni...
Apeles
...por qué ha de quererme sé.
Efestión
Ambas riéndose al ver
mi turbación singular,
falsas quisieron saber
por qué una me ha de olvidar,
por qué otra me ha de querer.
Yo respondí, “Si amor fue
fino, y necio en declararme,
bien de una y otra la fe,
pues sé por qué ha de olvidarme,
por qué ha de quererme sé”.
Mas quédese aquí la tema
de si puede o si no puede
glosarse, y vamos a que
ya hacia aquí la dama viene
que habéis de retratar.
Apeles
¿Cuál
es?
Efestión
La que miráis presente.
Sale Campaspe vestida de gala.
Apeles
(¿Qué miro ¡ay de mí infelice!?
¿No es esta (¡cielos valedme!)
en la pendencia y el monte,
la de mi vida y mi muerte?)
Campaspe
Hasta ver lo que es retrato
el alma traigo pendiente.
¿Sois el pintor?
Efestión
No señora,
el que miráis es Apeles.
Campaspe
(¿El del monte y la pendencia,
¡valedme, cielos!, no es este?)
Apeles
Yo soy, señora (no acierto
a hablar) el que a copiar viene
vuestra hermosura, porqué
como el que una carta teme
que se pierda y la duplica,
yo así es forzoso que intente
duplicar vuestra hermosura,
con temor de que se pierde.
Campaspe
No os entiendo, ni sé como
si el duplicarse es hacerse
de una dos, en la pintura
se pierda porque se aumente.
Apeles
Fácil fuera con saber,
que en mi desdichada suerte
quizá el hacer de una dos
es porque os pierda dos veces.
Campaspe
Vuelvo a decir que no sé
por qué lo decís.
Apeles
No puede
explicarse más el alma.
Campaspe
Pues dejad la voz pendiente
hasta otra alba, como os dije.
Apeles
Ya no es posible que espere
esa luz.
Campaspe
¿Por qué?
Apeles
Porqué
tanto el orden se previerte
de todo en mí, que aun el alba
desde agora me anochece.
Campaspe
Tercera vez no os entiendo;
pero sea lo que fuere,
mirad que es fuerza acudir,
siquiera por los presentes,
a lo que venís.
Apeles
Traed
en que esta dama se siente.
Chichón
Aquí un taburete está,
y es dicha ser taburete,
porque quepa el guardainfante,
ya que ellos son solamente
los que medran no teniendo
brazos.
Siéntase ella y él pone el bastidor, toma la paleta, y Chichón muele las colores, y pinta Apeles.
Campaspe
¿Qué hago yo aquí, para que él
desde allí les represente
a otros mi imagen?
Apeles
No hagáis
mudanza, para que llegue
a coger más fijo el aire.
Campaspe
¿Qué no haga mudanza quieres?
Apeles
Es fuerza que si la hacéis
todo lo que pinte yerre.
Campaspe
Buen arte es el que no admite
mudanzas en las mujeres.
Chichón
Por eso otras que se pintan
de matices diferentes,
no solo se mudan, pero
se enmudan con los afeites.
Apeles
Calla tú y muele, Chichón.
Chichón
¿Cuándo callan los que muelen?
Campaspe
¿Pues qué hace aquel allí?
Chichón
Un chiste
te lo dirá brevemente:
a una mozuela la dije,
repartiendo unos cachetes
un día entre sus mejillas
y sus labios y sus dientes,
“Mi oficio es moler colores,
hija mía, no te quejes”.
Apeles
O vete allá fuera o calla.
Chichón
Por más fácil tengo el vete.
Vase Chichón.
Efestión
En tanto que vos pintáis
voy a ver si hablar pudiese
a Nise en esos jardines.
Vase.
Apeles
Pues solo he quedado, atiende,
que cumpliendo de pintor
y de criado las leyes,
pintaré al olio tus gracias
y tus desgracias al temple.
La música dentro.
Músicos
Condición, y retrato
teman de Irene,
que ha de dar muerte a todos
si la parece.
Pintando Apeles.
Apeles
Hermosísima deidad,
que árbitro absoluto eres
de mi muerte y de mi vida,
¿cómo dices que no entiendes
mi dolor, si mi dolor
hablando tan claramente
está en mis mismas acciones,
cuando hay poder que me fuerce
a que le lleve tu imagen
porque en tu imagen le lleve
el ídolo de su amor,
en cuyas aras...
Campaspe
Suspende.
la voz, que te entiendo menos
cuando tu dolor parece
que ee explica más. ¿Qué imagen,
qué ídolo, qué amor es este?
Músicos
Cuando libre el cabello
no la obedece,
como a un negro le trata,
pues que le prende.
Apeles
La imagen este retrato,
el ídolo el ofrecerle
Alejandro en sacrificio
a su amor, pues que pretende
que viva a sus ojos vayas
con el alma que él te ofrece.
Campaspe
¿A mí Alejandro?
Apeles
¿Eso dudas?
¿Pues qué a pintarte le mueve?
Campaspe
Darle al templo por memoria
de que la vida le diese.
Músicos
Quien se abrasa, y no sabe
dónde hallar nieve,
sepa donde ella vive,
que allí está enfrente.
Apeles
¡Ay, que no es eso!, porqué
¿qué culto fuera decente
el dar al templo tu imagen,
si dirán cuantos la vieren,
—más que honrando tus acciones
disfamando tus desdenes—,
que si a él le diste la vida
a mí me diste la muerte?
Porque te adora (¡ay de mí!)
te retrata.
Campaspe
¿Pues qué adquiere
para un amor un retrato?
Apeles
Mentir las horas de ausente.
Músicos
Arcos son sus cejas
triunfales siempre,
pues celebran las ruinas
de los que vence.
Campaspe
¡Qué mal has hecho en decirme...
Apeles
¿Qué?
Campaspe
...que Alejandro me quiere!
Apeles
¿Por qué?
Campaspe
Porque lo ignoraba
si tú no me lo dijeses.
Apeles
Antes bien, porque al dolor
en algo le lisonjee
ser yo quien lo diga.
Campaspe
¿Cómo?
Apeles
Como la herida más fuerte,
si propria mano la cura,
menos que la ajena duele.
Músicos
Son sus ojos preciados
tan de valientes
que al mirarlos, entre ojos
traigo mi muerte.
Apeles
Fuera de que ¿cómo puedo
yo excusarlo, si hay quien fuerce...
Campaspe
¿A qué?
Apeles
A que aquesta vez hable
porque calle para siempre.
Campaspe
Con todo, que has hecho mal,
otra vez digo, si atiendes
que no hay mujer que no quiera
ser querida; con que viene
a ser ruindad de tu parte
la que de mi parte puede
ser vanidad.
Apeles
Antes bien
que el que rendido padece
cuanto más padece goza,
y así es fineza que pienses
que quiero padecer yo
lo que a ti te desvanece.
Músicos
Un pleito a sus mejillas
mayo y diciembre
ponen, porque les hurta
púrpura y nieve.
Campaspe
Bien puede ser que fineza
sea, mas no lo parece
interponer un respeto
que declarado no deje
albedrío a la esperanza.
Apeles
Eso será en quien la tiene;
¿pero qué esperanza ya
es posible que le quede
a quien Alejandro fía
su amor, y no solamente
fía su amor, mas le hace
instrumento de que llegue
a su noticia? ¡Mal haya
habilidad tan aleve
que traidoramente noble
contra su dueño se vuelve!
Arroja los pinceles, y ella se levanta.
Campaspe
¿Qué habilidad?
Apeles
Esta mía.
Campaspe
¿Contra ti? ¿Pues de qué suerte?
Músicos
Si se enoja, y sus labios
rigores vierten,
allá van los jazmines
con los claveles.
Apeles
Siendo áspides para mí
las puntas de los pinceles
que entre flores de matices
su mortal veneno vierten.
¡Mal haya, digo otra vez
habilidad que me fuerce
a que estudie tus facciones,
para que en cada una encuentre
otra perfección que diga
cuaán bella, ¡oh Campaspe!, eres,
ya dos veces a mis ojos
porque te pierda dos veces!
Campaspe
¿Dos veces?
Apeles
Sí.
Campaspe
¿De qué modo?
Apeles
Verdadera y aparente.
Campaspe
¿Aparente y verdadera?
¿De qué suerte?
Apeles
Desta suerte:
mírate para que veas
lo que pierde el que te pierde.
Pónela delante el retrato.
Músicos
Condición y retrato
teman de Irene,
que ha de dar muerte a todos
si la parece.
Campaspe
¿Qué es lo que miro? ¿Es por dicha
lienzo o cristal trasparente
el que me pones delante?
Que mi semblante me ofrece
tan vivo, que aun en estar
mudo también me parece,
pues al mirarle, la voz
en el labio se suspende
tanto que aun el corazón
no sabe cómo la aliente.
¿Soy yo aquella o soy yo yo?
Torpe la lengua enmudece
quizá porque el alma en medio
de las dos dudando teme
dónde vive u dónde anima,
no sabiendo a un tiempo entre
una y otra imagen mía
de cuál de las dos es huésped.
¿Esa habilidad tenías?
¿Segundo ser dar puedes
a un cuerpo? Pues ¿cómo, cómo,
si tan divino arte ejerces,
tan bajamente le empleas
que para otro dueño engendres
la copia de lo que dices
que amas? Vete de aquí, vete,
que en una parte me admiras
y en otra parte me ofendes.
Apeles
Esto es fuerza.
Campaspe
No es sino
bajeza.
Apeles
Es desdicha fuerte.
Campaspe
No es sino culpa.
Apeles
Es violencia.
Campaspe
Es ruindad.
Apeles
Es dura suerte.
Campaspe
Es infamia.
Apeles
Es tiranía.
Campaspe
Es poco ánimo.
Apeles
Es decente
respeto.
Campaspe
Es indigna acción.
Apeles
Es obediencia.
Campaspe
Es aleve
vasallaje.
Apeles
Es rendimiento.
Campaspe
Es...
Apeles
Es...
Los dos
...ira, rabia y muerte.
Campaspe
Gente viene a nuestras voces.
Apeles
No entienda nada esta gente.
Campaspe
¿En qué quedamos?
Apeles
En que
dueño de mi dueño eres.
Para siempre a Dios, Campaspe.
Campaspe
Para siempre a Dios, Apeles.

Tercera Jornada

Salen Alejandro, Efestión y Chichón.
Chichón
Aunque llamado de ti
vengo, los pies no te pido.
Alejandro
¿Por qué?
Chichón
Porque los darás,
según liberal te miro,
y estará mal, despeado,
un monarca tan invicto.
Alejandro
Supla de los pies la falta
desta sortija el zafiro.
Chichón
¡Oh mal haya el consonante,
que ser diamante no quiso!
Alejandro
Alza del suelo, que quiero,
pues sé que estás en servicio
de Apeles, saber de ti,
qué extraño accidente ha sido
este que oigo que le ha dado.
Chichón
¿Pues quién bastará a decirlo
si nadie basta a saberlo?
Lo primero, anda aturdido
tanto que con nadie habla,
señor, que no sea consigo:
lo segundo, si se viste,
es con tan gran desaliño
que ni es él ni su figura;
lo tercero, su retiro
son estas montañas donde
solo se sale a dar gritos;
su llanto es cosa de risa,
su risa cosa de vicio,
su comer cosa de juego,
su llorar cosa de niños,
su dormir cosa de locos
y nada cosa de juicio.
Alejandro
¿No le hacen remedios?
Chichón
Cuantos,
físico el arte previno
a su curación le han hecho,
pues como allá un poeta dijo,
han puesto mil cataplasmas,
cataplastos, cataplistos,
y no basta, aunque le pongan
“cata Francia, Montesinos”,
para saber qué mal tiene.
Alejandro
Pésame, porque le estimo
de suerte que de mi imperio
diera el medio por su alivio;
pues cuando no le tuviera
la inclinación que publico
por primoroso en su arte,
por el retrato que hizo
de Campaspe, le quedara
sumamente agradecido.
Ve, y dile que venga a verme.
Chichón
Yo iré, si en eso te sirvo;
pero tú verás en él
un mal tan fuera de estilo,
que una vez hipocondría,
y otra vez dría con hipo,
revienta de que es discreto
y apenas es entendido.
Vase.
Efestión
¿Verle quieres?
Alejandro
Sí, que puesto
que a su salud solicito
medios, uno que he pensado
me ha de decir lo escondido
de su pecho.
Efestión
¿Y qué es el medio?
Alejandro
Acudir a los motivos
de la filosofía, pues
es su principal oficio
de las causas naturales
investigar los principios,
y así a Diógenes mandé
que me llamasen al mismo
tiempo que también Apeles
llamo, porque compasivo
en una parte, y en otra
curioso, ver determino,
cómo uno siente sus penas
y otro hace de ellas juicio.
Efestión
¿Dónde a Diógenes mandaste
que viniese?
Alejandro
A este distrito
que hay de mi tienda a la quinta
de Estatira, porque he oído,
que todas estas mañanas
sale a su apacible sitio
con sus damas, donde hacen
músicas y regocijos
suave la prisión, y quiero
ver si ver puedo el divino
sol de Campaspe, buscando
algún ingenioso arbitrio
para apartarla de esotras,
y si la verdad te digo,
no sé que diera porqué
hallase el amor camino
de reducirla a mi tienda.
Efestión
Uno mi ingenio previno.
Alejandro
¿Qué es?
Efestión
Fingir que llegó al campo
de Teágenes un hijo,
pidiendo justicia della
por el pasado homicidio,
y no pudiendo a la parte
tú dejar de dar oídos,
llevártela presa.
Alejandro
Eso
es valernos de un delito;
pero después lo veremos
mejor, porque agora miro
a Diógenes y a Apeles
venir donde les han dicho.
Sale por una puerta Diógenes, y por otra Apeles.
Diógenes
¿A mí Alejandro? ¿Pues qué
tiene Alejandro conmigo?
Apeles
(Quiera amor no me declaren
de una vez mis desvaríos.)
Diógenes
¿Qué es, señor, lo que me mandas?
Apeles
¿En qué, gran señor, te sirvo?
Alejandro
A Diógenes.
Escúchame tú primero.
A Apeles.
Después hablaré contigo.
Bien, Diógenes, te acuerdas
de aquella apuesta que hicimos
de quien necesitaría
antes, tú de mi dominio
o yo de tu ciencia.
Diógenes
Sí.
Alejandro
Pues yo me doy por vencido,
confesando que primero
de tu ciencia necesito
que tú de mi poder.
Diógenes
Pues
¿no era uno y otro preciso,
si el rico sin ella es pobre
y el pobre con ella es rico?
Alejandro
Aun por eso quiero ver
lo que en la tuya consigo.
Ese joven, a quien yo
por inclinación estimo,
favoreciéndole el astro
de algún benévolo signo,
padece un grave accidente,
y tal que siendo entendido,
hábil, galán y discreto,
en pocos días le admiro
alterada la razón,
prevaricado el sentido,
necio, inútil, desairado,
sin discurso y sin aliño.
Nadie de su mal conoce
la causa ni él ha sabido
decirla a nadie, de suerte,
que dándose por vencidos
de la sabia medicina
los más doctos aforismos,
le dejan morir sin que
le hagan ningún beneficio.
Yo, viendo la obligación
en que te pone el retiro
que profesas de saber
los secretos escondidos
de la gran naturaleza,
quiero ver como haces juicio
deste accidente, y así
que le asistas determino
unos días, para que
si averiguas el principio
de su mal sepa que sabes,
y si no, sepa que ha sido
locura tu ciencia, pues
para nada es de servicio.
Diógenes
Que es el corazón del hombre
animal de pliegues, dijo
Aristóteles, mostrando
que es de un color si encogido
está; y si está dilatado,
de muchos, con que previno
que en queriendo averiguarle
no se le da punto fijo,
pues al irse desdoblando
todo es colores distintos.
Siendo así, locura fuera
decir yo desvanecido
que entenderé el suyo; pero
no por eso desconfío
de saberlo: háblale tú
sin darte por entendido,
porque no esté con cuidado
viendo que con él le asisto.
Alejandro
Pues disimula.
A Apeles
¿Dónde ibas
Apeles, cuando te dijo
aquel soldado que yo
te llamo?
Apeles
Con tristeza
Si verdad digo,
a decir mis sentimientos
a estas peñas, a estos riscos,
árboles, plantas y flores,
que como fieles testigos
saben lo mejor y ignoran
lo peor.
Alejandro
No te he entendido.
Apeles
Es que saben escucharlos,
y es que no saben decirlos.
Suspira.
Alejandro
¿Pues y no fuera mejor
comunicarlos rendido
a quien sentirlos supiera?
Apeles
No señor, que fuera alivio,
y yo estoy tan bien hallado
con ellos y ellos conmigo
Llora.
que ellos y yo no queremos
partir con nadie el sentirlos.
Esto, y lo demás deste género dice Diógenes a Alejandro aparte.
Diógenes
El primer color de que
muestra el corazón teñido
es melancólico humor.
Alejandro
Descansa, Apeles, conmigo:
¿qué tienes?
Suspirando.
Apeles
No sé que tengo.
Alejandro
¿Es faltarte en mi servicio
el cariño de tu patria?
Apeles
No está en mi patria el cariño.
Alejandro
¿Necesitas de algo?
Con algún despecho
Apeles
Solo
de mi muerte necesito.
Diógenes
Ya de cólera y de ira
despliega el segundo viso.
Alejandro
¿Pues a mí no le fiaras,
sabiendo lo que te estimo?
Turbado.
Apeles
¿A quién pudiera mejor?
pero humilde te suplico,
no conjures mi silencio,
que es mi mal tan exquisito,
tan intratable mi pena,
tan sin uso mi martirio,
que embargando el corazón
acá dentro los suspiros,
aunque decirlo quisiera
no puedo.
Torpe la voz.
Diógenes
De algún nocivo
veneno parece que
da aquesta congoja indicio.
Apeles
Fuera de que si adelanto
Cobrándose algo.
el tormento con que vivo,
aunque pudiera decirle
no le dijera, si miro
Con despecho.
que fuera avivar la llama...
Diógenes
Todo esto parece hechizo.
Apeles
...al incendio de que muero
si viera...
A voces.
Diógenes
Ya esto es delirio.
Apeles
...que nadie piadoso hacía
tan grande crueldad conmigo
como quitarme el dolor.
Con ira.
Diógenes
Ya esto es rabia.
Apeles
Pues le admito,
como conveniencia tanto
que a faltarme él imagino...
Con inquietud.
Diógenes
Ya esto es desesperación.
Apeles
..que me faltara un amigo
tan del alma que sin él
me diera muerte a mí mismo.
Diógenes
De desordenado amor
parece este afecto hijo.
Alejandro
¿No hay remedio?
Apeles
No hay remedio,
que mi mortal parasismo
no consta de mí, porqué
consta de ajeno albedrío.
Diógenes
Ya lo confirman los celos.
Alejandro
¡Oh qué de cosas has visto
en un instante!
Diógenes
Qué quieres,
si va desplegando a giros
dobleces el corazón,
cuyos afectos distingo
a partes, y del primero
en el postrero me afirmo.
Alejandro
¿Cómo quieres que amor sea,
si ser melancolía has dicho,
ira, cólera, veneno,
desesperación, delirio,
hechizo y rabia?
Diógenes
¿Pues quién,
sino amor hubiera sido,
como conveniente, amando
con no ordenado apetito,
su daño, melancolía,
ira, cólera, nocivo
veneno, delirio y rabia,
desesperación y hechizo?
Apeles
Y así esta vez, y otras mil.
humilde, señor, te pido,
Con terneza.
no apures mis sentimientos,
porque el mal que lloro y gimo
no tiene difinición;
y pues cuando más me explico
es cuando me explico menos,
concede a mis desvaríos
la licencia de callarlos,
que aunque yo quiera decirlos
no me es posible, porqué...
dentro música.
Una voz
Solo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento.
Apeles
Ya aquesa voz te lo ha dicho,
aunque no bien, que si dice
que solo ha de ser testigo
de su tormento el silencio,
hay más qué decir que dijo,
porque aun el silencio no
es capaz del dolor mío,
pues cuando el silencio quiera,
o cruel o compasivo,
lo que no digo decir,
no podrá, porque al decirlo...
dentro música.
Otra voz
Aun no cabe lo que siento
en todo lo que no digo.
Diógenes
Vuelvo a afirmarme, señor.
Alejandro
¿En qué?
Diógenes
En que lo dicho dicho:
este hombre está enamorado.
Alejandro
No disuenan los indicios,
pero quédese ahora así,
con orden de que advertido
has de averiguarlo más
mientras yo otro afecto sigo,
si no tan cruel, no menos
poderoso. Ven conmigo,
Efestión, que si hablar
a Campaspe no consigo,
quizá podrá ser me valga
de aquel tu pasado arbitrio.
Vanse los dos.
Diógenes
Brava comisión me queda,
mas ya que Alejandro hizo
capricho el examinarme,
también yo he de hacer capricho
el satisfacerle a él.
¿En fin no es posible, amigo,
que sepamos vuestras penas?
Él y Músicos
Solo el silencio testigo
ha de ser de mi tormento.
Diógenes
Pues advertid que ya ha habido
silencio tan bachiller,
que dijo lo que no dijo.
Apeles
Pues este no lo dirá.
Diógenes
¿Por qué?
Apeles
Porque enmudecido...
Él y Músicos
Aun no cabe lo que siento
en todo lo que no digo.
Diógenes
Pues guardaos de mí, que yo
he de saber lo escondido
de vuestro pecho; después
no digáis que no os aviso.
Vase.
Apeles
No haréis tal, que yo sabré,
homicida de mí mismo,
darme la muerte primero
que nadie sepa que ha sido
con las honras de Alejandro
mi amor tan vil asesino
que da la muerte pagado,
hecho usura el homicidio.
¡Oh nunca me honrara tanto!,
que es fuerza que agradecido,
de alimentos mi dolor
viva de sus beneficios.
¿Cómo puedo ser yo ingrato,
arrojándome atrevido
a competirle su amor?,
si cuando (¡ay de mí!) me animo
solo a amar me sale al paso,
demás del respecto digno
a la majestad, demás
de la confianza que hizo
de mí fiándome su amor,
su deseo tan benigno
que intentando mi salud
por tan extraños caminos,
un cariño me baraja
la suerte de otro cariño,
y tanto que aunque Campaspe
que al alba esperaba, dijo,
ni a ella, ni al alba vi, haciendo
de su favor desperdicio.
¿Pues qué remedio...
Campaspe
dentro.
Morir
será mi menor peligro.
Apeles
Infausto oráculo, ¿quién
es con quien hablas?
Alejandro
dentro.
Contigo
moriré yo.
Apeles
¿Otro temor?
Campaspe
dentro
No he de oír.
Alejandro
dentro.
Bello prodigio
espera.
Sale Campaspe huyendo, Alejandro tras ella, y en viendo a Apeles se detiene.
Campaspe
Ya he dicho, que antes
moriré.
Alejandro
También he dicho
yo, que contigo mi muerte
me ha de hallar.
Apeles
¡Qué veo!
Campaspe
¡Qué miro!
Apeles
Campaspe son, y Alejandro,
mis fatales vaticinios.
Campaspe
Apeles es quien su vista
rémora a mi planta ha sido.
Alejandro
¿Por qué, divina Campaspe,
cuando apartada te he visto
de esa dulce alegre tropa
que con aplausos festivos
al alba saluda, y hecho
humano girasol sigo
los siempre lucientes rayos
de tus dos soles divinos
de mí huyes?
Campaspe
Porque sé
que no es tu afecto tan digno
como debiera.
Alejandro
¿Pues quien
le ha malquistado contigo?
Campaspe
Apeles, que no aquí en balde
trajo el cielo por testigo.
(Así he de hablar con entrambos.)
Apeles
Aparte
(Ofendida de mi olvido,
sin duda, de mí se venga.)
Alejandro
Apeles, ¿qué es lo que he oído?
Apeles
¿Yo, Campaspe?
Campaspe
Tú, pues tú,
haciendo el retrato mío,
me dijiste que me amaba
y que no era el sacrificio
a Júpiter, sino a amor,
con que mi honor advertido
de su peligro, es forzoso
que huya de su peligro,
de suerte que tú eres causa
de que él sienta mis desvíos,
pues si no fuera por ti
quizá dél no hubiera huido,
porque yo no lo supiera
si tú no lo hubieras dicho.
Apeles
(Pues con dos sentidos habla,
responderé en dos sentidos).
Si yo te ofendo, Campaspe,
es porque otro dueño sirvo,
que su amor y tu hermosura
mandó pintar a dos visos,
y pues para ella es ofensa,
lo que para ti es servicio,
A Alejandro.
agradéceme este enojo.
Alejandro
No te disculpes conmigo,
pues las señas del culpado
resultan en las de fino;
y ya que mi amor te debe
en ese primer aviso
vencer las dificultades
de dar a un amor principio,
débate agora, pidiendo
licencia a tus desvaríos,
que intercadentes parece
que dan treguas al sentido,
avisar si viene gente,
mientras a Campaspe digo
lo menos de lo que siento.
Apeles
(¿Esto más, cielos impíos?)
Campaspe
(¿Esto más, hados crueles?)
Apeles
(¡Qué violencia!)
Campaspe
(¡Qué conflicto!)
Retírase Apeles al paño oyendo lo que los dos hablan, y luego sale.
Alejandro
Desde el instante, divina
Campaspe, que de tu brío
y de tu llanto fue objeto
la piedad del pecho mío,
tan postrado a tu altivez,
a tu queja tan rendido
quedó mi afecto...
Sale Apeles.
Apeles
Señor,
Siroés viene hacia este sitio.
Alejandro
Saldrela al paso, porqué
no llegue a verme contigo.
(No la dejes ir tú, en tanto
que yo vuelvo.)
Vase.
Apeles
¿Quién ha visto
tal género de tormento,
tal linaje de martirio?
Hablan bajo, aprisa, y a hurto, como recelándose de Alejandro.
Campaspe
Quien cobarde complaciendo
al lisonjero artificio,
no quiso a su dama tanto
como a su privanza quiso.
Apeles
Si yo tuviera elección
entre aquesos dos cariños,
el elegido me diera
contra el desdeñado alivio,
pero si me he de morir
a manos del elegido,
¿qué me culpa el desdeñado?
Campaspe
El temor con que remiso
no sabiendo entre dos muertes
elegir la de más brío,
se deja morir de humilde
pudiendo morir de altivo.
Apeles
Es lealtad.
Campaspe
Es cobardía.
Apeles
Eso es volver al principio.
Campaspe
No es sino llegar al fin.
Apeles
No es, si...
Campaspe
Sí es, sí...
Sale Alejandro.
Alejandro
A nadie miro
en todo el monte.
Apeles
Debió
de echar por otro camino.
Alejandro
Vuelve a avisar si viniere;
y tú, hermoso dueño mío,
acuérdate que me diste
la vida.
Vuélvese Apeles al paño.
Campaspe
¿Y ese es motivo
para obligarme a quererte?
Apeles
Claro está porque quien hizo
un beneficio, quedó
obligado al beneficio:
dar una cosa y quitarla,
una vez dada, es estilo
muy villano. ¿Por qué piensas
que vive cuanto ves vivo?
Porque los dioses, que fueron
quien les dio la vida, han sido
los que a esa conservación
se obligaron.
Sale Apeles.
Apeles
Señor.
Alejandro
Dilo.
Apeles
Estatira hacia allí viene.
Alejandro
Irla al paso determino;
y pues yo a lo mismo vuelvo
vuelve también tú a lo mismo.
Vase Alejandro.
Campaspe
¡Quién en igual confusión
de dos amantes se ha visto!
Apeles
Si de haberle dado vida
te hace cargo tan preciso,
¿cuánto más que haberla dado
es haberla recibido?
Si él te la debe a ti, tú
me la debes a mí: indicio
más noble que de obligado
fue siempre el de agradecido.
Campaspe
Es verdad, mas ¿cómo puedo
serlo yo, si desperdicio
se hace el agradecimiento?
Apeles
Sabe el cielo si le estimo.
Campaspe
¿En qué he de verlo yo?
Apeles
En sola
una cosa que te pido.
Campaspe
¿Qué es?
Apeles
Que porque más no pierda
que lo que pierdo en oírlo...
Campaspe
Di.
Apeles
Ningún favor me hagas,
que yo me doy a partido
de que nada en mí sea amor
porque todo en ti sea olvido:
tan a nadie quieras que
ni a mí me quieras.
Sale Alejandro.
Alejandro
No he visto
por aquí a nadie.
Apeles
Debió
de echar por otro camino.
Alejandro
No es sino que yo estoy loco,
pues de otro loco me fío.
Retírate de aquí, y no
me vuelvas con otro aviso.
Apeles
¿Quién creerá que su favor
es mi mayor enemigo?
Vase.
Campaspe
¿Quién creerá que el desdeñado
ausente al aborrecido?
Alejandro
Volviendo a cobrar, Campaspe,
de aquel mi discurso el hilo,
que no es baja frase, puesto
que es frase de laberinto...
dentro Estatira a una parte.
Estatira
Mudad de tono y de letra.
dentro Siroés a otra parte.
Siroés
Mudad de letra y sentido.
Sale Apeles.
Apeles
Estatira y Siroés
por aquí vienen.
Alejandro
¿No he dicho
que mis delirios me bastan
sin creer a tus delirios,
y que aquí no vuelvas?
Apeles
Yo
pienso que en esto te sirvo.
Alejandro
Loco está, no hagas dél caso;
y así, segunda vez digo,
que por más que ingrata acudas
a tus desdenes esquivos,
siendo escollo a los embates
de lágrimas y suspiros,
he de esperar tus favores
sin que me dé por vencido
a que no ha de haber mudanza,
pues que por algo se dijo...
dentro un coro a una parte.
Coro 1
Escollo armado de hiedra,
yo te conocí edificio...
Campaspe
No está tan loco, señor,
como a ti ha parecido,
Apeles, pues es verdad
que hacia aquí Estatira vino,
y pues te debo el reparo
de que no te vean conmigo,
débate la ejecución:
vete, llevando sabido,
que aunque a siglos tu deseo
mida el tiempo amante y fino.
en mí no ha de haber mudanza,
que no ha de ser mi albedrío...
dentro otro coro a otra parte. Lejos.
Coro 2
...ejemplo de lo que acaba
la carrera de los siglos.
Apeles
Mira si hacia esotra parte
Siroés viene.
Alejandro
Irme es preciso
por no despertar sospechas.
Viven los cielos divinos,
aunque delito parezca
valerme he de otro delito,
que pues no me vale el ruego
ha de valerme el arbitrio.
Vase.
Campaspe
¿Y los dos en qué quedamos?
Apeles
En que leal determino,
que siendo tú lo que pierdo
piensen todos que es el juicio.
Campaspe
Aunque de tu amor me ofendo,
quizá de tu honor me obligo,
viendo que de puro noble,
sin razón y sin aviso...
Coro 1
Más cerca.
De lo que fuiste primero
estés tan desconocido...
Apeles
¿Qué mucho todos por loco
me tengan, si yo lo afirmo
siempre que a mi pensamiento
“No me estés cuerdo”, le digo,
trayéndome a la memoria
el favor sino el olvido,
para que dél muera, pues
solo el instante eres mío...
Coro 2
...que de ti mismo olvidado
no te acuerdas de ti mismo.
Campaspe
Mucho se acercan, tampoco
a ti te vean.
Apeles
No miro
por dónde escapar, que tienen
tomados ambos caminos.
Campaspe
Entre estas ramas te esconde,
mientras pasan.
Apeles
Imagino
que tú me descubras.
Campaspe
¿Cómo?
Apeles
Como alumbrando este sitio...
Los dos coros
Ya fuiste lisonja al sol
y de sus rayos registro
Campaspe
Escóndete, que no haré,
que hacen muy lentos, muy tibios
rayos que no abrasan.
Apeles
Sí hacen,
sino que están a impedirlos
muchas nubes.
Campaspe
Mira que
llegan ya.
Apeles
Desde este sitio
seré, mirando tus ojos,
en sus hojas escondido...
Los dos coros
...si cortesano del bosque,
de las estrellas vecino
Escóndese Apeles, y salen todas las damas y músicos cantando.
Estatira
Campaspe, ¿qué soledad
es esta?
Siroés
¿Tanto retiro
de nosotras?
Campaspe
Un discurso
ocupado y pensativo
en sus penas, solo halla
en la soledad asilo.
Estatira
¿Pues qué tienes?
Campaspe
¿La memoria
de mi casa no es preciso
que me deba algún cuidado?
Y así a las dos os suplico
me deis licencia de que
a ella vuelva, pues ya miro
aquel pasado suceso
tan entregado al olvido
que nadie se acuerda dél.
Estatira
Como el irte haya nacido
de tu conveniencia y no
de poco agasajo mío,
tuya es tu elección.
Campaspe
El cielo
sabe que en el alma imprimo
vuestros favores, ansiosa
de que no pueda servirlos,
pero sabré agradecerlos
siempre que a vuestro servicio
mi vida importe.
Siroés
Los brazos
nos da, y a Dios.
Apeles
(Hado impío,
¿qué ausencia será esta?, ¿quién
alcanzará sus designios?)
Campaspe
(Esto es hurtarme a Alejandro;
no ha de saber donde asisto.)
Al entrarse salen unos soldados con armas.
Soldado 1
Hermosa Campaspe, espera.
Campaspe
¿Qué queréis?
Soldado 1
Fuerza es decirlo,
bien que a mi pesar.
Estatira
Soldados,
¿qué armas, qué gente, qué ruido
es aqueste?
Soldado 1
Perdonadme,
señora, que a haberos visto
aquí, no llegara; pero
ya que llegué me es preciso
decir el orden que traigo.
De Teágenes un hijo
a pedir justicia viene
de Campaspe, y como ha sido
justo a la segunda parte
guardar el segundo oído,
aunque de Alejandro ya
tiene el perdón conseguido,
para que dé sus descargos
es fuerza parezca en juicio:
presa me mandan llevarla.
Apeles
¡Qué oigo!
Campaspe
¡Qué escucho!
Estatira
¿Advertidos
no fuera bien que esperarais
que no estuviera conmigo
para intimarla ese orden?
Soldado 1
Sí señora, mas ya he dicho,
que no os vi.
Estatira
Pues ya me veis,
y si no tratáis de iros...
Campaspe
No, señora, hagáis empeño
por mí, que de mi delito
la razón me pondrá en salvo.
Aparte.
(La hora de irme no miro,
por no empeñarle otra vez.)
Y así a cuantos me oyen pido,
desde la cumbre del monte
hasta la falda del risco,
nadie en mi defensa salga,
que aunque voy presa yo fío
que voy en mi libertad,
pues voy yo misma conmigo;
vamos, soldados.
Vase Campaspe y los soldados, y sale Apeles.
Apeles
Espera,
que no sabes el peligro
Campaspe, a que vas.
Siroés
¿Qué es esto?
Apeles
Correr a mi precipicio,
viendo a Campaspe en poder
de Alejandro y sus ministros.
Clori
Descubriose la maraña.
Nise
Dio la tramoya consigo
en tierra.
Estatira
¿Pues cómo vos
osáis estar escondido
en esta parte?
Apeles
No sé,
mas sabrelo si la libro
del riesgo a que va.
Detiénenle.
Estatira
Teneos,
que lo que yo no consigo
por mí queriendo ella ir presa
por vos no he de conseguirlo.
Apeles
No os importa tanto a vos
como a mí.
Estatira
Aunque me hayan dicho
su despecho en no empeñaros,
vuestro arrojo en descubriros,
que aunque al vivo la pintáis,
pintáis su amor más al vivo.
Sale Diógenes, y viendo gente se detiene.
Diógenes
Vuelvo a buscar aquel joven
para ver si algo averiguo.
Estatira
Tengo de saber qué es esto.
Apeles
Ya de vista se ha perdido.
Diógenes
Con unas damas está:
¿quién hallara algún indicio?
Estatira
No habéis de seguirla.
Detiénele.
Apeles
Cielos,
en vano el dolor resisto.
Estatira
¿Qué es esto, digo otra vez?
Apeles
Yo otra vez y otras mil digo
que es que voy a ver y ciego,
que es que voy a hablar y gimo.
Temblando.
Estatira
¿Ahora enmudecéis? ¿Ahora
calláis? ¿Ahora suspendido
las articuladas voces
trocáis en mudos gemidos?
¿Qué pasmo fue, qué letargo,
el que yerto, helado y frío
os ha dejado?
Apeles
¡Ay de mí!
¿Qué es esto que mis sentidos
ha turbado de manera,
que ni oigo, ni hablo, ni miro?
¿Qué espero? Piérdase todo,
pues que todo se ha perdido;
fuego, fuego, que me abraso,
que me ahogo, que me aflijo.
Arroja los vestidos.
Todos
¿Qué hacéis?
Apeles
Arrojar la ropa,
viendo arder en tan activo
incendio de mi cadáver
todo el humano edificio.
¡Piedad, cielos divinos,
mas ay, que más que apague el llanto mío
el aire encenderá de mis suspiros!
Siroés
Él está loco, huye dél.
Vase.
Clori y Nise
Todas haremos lo mismo.
Vanse las dos.
Estatira
Llegó a su extremo el furor.
Vase.
Diógenes
Atiende, discurso mío:
quizá dirá su locura
lo que su razón no dijo.
Apeles
¡Piedad, cielos divinos,
mas ay, que más que apague el llanto mío
el aire encenderá de mis suspiros!
Sale Chichón.
Chichón
Si no me engañan los ecos
hacia aquí su voz he oído.
Señor, ¿es hora de hallarte?
¿Cómo desnudo te miro?
¿Has jugado a la pelota?
¿Vienes de nadar del río,
o vas a esgrimir?
Apeles
No es,
no es sino que en el navío,
que en el mar de amor sulcaba
rizados campos de vidrio,
tormenta corrí de celos,
y en sus ruinas encendido,
Etna soy, rayos aborto,
Volcán soy, llamas respiro.
¡Piedad, cielos divinos,
mas ay, que más que apague el llanto mío
el aire encenderá de mis suspiros!
Chichón
¿Qué navío ni qué haca?,
¿qué mar ni qué desatino?,
¿qué tormenta ni qué alforja?
Vuelve a cobrar tus vestidos,
espada, capa y sombrero,
Recoge los vestidos.
pero no cobres el juicio,
que dizque está bien hallado
quien le tiene bien perdido.
Apeles
Pues nadie mejor que yo;
y porque lo creas, ¿has visto
a Campaspe?
Chichón
Sí, señor.
Apeles
¿Dónde estaba?
Chichón
En mi vestido,
que como para picaños
el peinador no se hizo,
al peinarme esta mañana,
todo de caspa teñido
le vi a modo de nevado
pero no a modo de limpio.
Apeles
Calla, calla, que no entiendes
mi dolor... Lo que te digo
es que si has visto a Campaspe
en poder de un dueño impío,
que no valiéndole el ruego
el engaño le ha valido.
Chichón
(Seguirle quiero el humor)
¿No quieres que la haya visto
si ella y ese ingrato dueño,
haciéndose mil cariños,
él iba a caza de mirlas,
y ella a caza de chorlitos?
Apeles
Mientes, mientes, porque presa
la tienen.
Chichón
¿Pues no es lo mismo
estar presa que ir a caza?
Apeles
¡Viven los cielos divinos,
que te ha de costar la vida,
villano, el no haberla visto!
Chichón
No costará, porque yo
huir sé desde tamañito.
Mas ¿quién está aquí?
Al ir huyendo de Apeles, y él siguiéndole, da con Diógenes.
Diógenes
Yo soy.
Apeles
¿Pues qué hacéis aquí escondido
vos, viejo honrado?
Cógele del brazo.
Chichón
Eso sí,
ríñele muy bien reñido,
que es mucha filosofía
acechar sin ser vecino.
(Quiero, entre tanto, llamar
gente para reducirlo
a casa.)
Vase Chichón.
Diógenes
Yo señor, ¿cuándo?
Apeles
No, no tenéis que eximiros.
Diógenes
(¿Quién me metió en venir, cielos,
de la quietud en que vivo
a dar en manos de un loco?)
Apeles
¿Pensáis que no os he entendido
que queríades saber
que el sol que idólatra sigo,
es Campaspe y que es Campaspe
a quien Alejandro quiso,
a cuya causa por no
ofender al dueño mío
entre un amor y un respeto,
falso amante, criado fino,
me dejé morir, trocando
sus favores a desvíos,
sus agrados a desdenes
y sus memorias a olvidos?
Pues no, no habéis de saberlo,
porque yo no he de decirlo.
¡Piedad, cielos divinos,
mas ay, que más que apague el llanto mío
el aire encenderá de mis suspiros!
Vase Apeles.
Diógenes
Bien esperé que el furor
dijera lo que no dijo
el dolor; y pues acaso
a las manos se me vino
el desengaño de todo,
diré que yo lo he sabido
por mis ciencias, a Alejandro,
pues contra achaques del siglo
hasta la ciencia es forzoso
valerse del artificio.
Vase. Salen Alejandro y Efestión.
Efestión
Estas dos nuevas, señor,
a un mismo tiempo han venido.
Alejandro
Ambas de pesar han sido,
y no sé cual es mayor.
Roxana murió.
Efestión
El furor
del mar, como la presuma
Venus de Chipre, con suma
violencia quiso en su esfera
que una de la espuma muera
si otra nace de la espuma.
A esto se llega enviar
Darío cuanto pediste,
porque imposible creíste
que lo pudiese juntar,
en rescate singular
de sus hijas, con que ha sido
fuerza, habiendo prometido
que libres no se han de ver,
o tu palabra romper
o faltar a lo ofrecido
al gran Júpiter.
Alejandro
Y di,
entre uno y otro pesar,
¿sabéis si han ido a buscar
a Campaspe?
Efestión
¿Tanto en ti
puede una pasión que así
todo lo olvidas por ella?
Alejandro
¿Qué te admiras? Si mi estrella
tan poderosa es que no
pierdo nada como yo
no pierda a Campaspe bella:
en llegando a amar no hay fama,
no hay aplauso, no hay blasón,
honor, vida, alma, ni acción,
que no sea de la dama
que por entonces se ama,
y así aunque frustrados veo
un fin y otro, en este empleo
de ambos el despique fundo.
Efestión
¡Quién creerá que cabe un mundo
donde no cabe un deseo!
Salen al paño Campaspe y soldados.
Soldado 1
Aquí has de esperar, que aquí
la audiencia ha de ser.
Vanse los soldados.
Campaspe
Sí haré,
pues de mi justicia sé
que ella volverá por mí.
Alejandro
¿Pero no es aquella?
Efestión
Sí.
Alejandro
Pues por si al llegarse a ver
engañada en mi poder,
acudiere su pasión
a las lágrimas, que son
las armas de la mujer,
harás, porque no se entienda
el menor eco del llanto,
que de la música el canto
suene al umbral de la tienda,
cuyas cláusulas pretenda
la armonía acompañar
del estruendo militar,
pues sin dar sospecha han sido
salvas que ya han divertido
otras veces mi pesar.
Vase Efestión.
¿Divina Campaspe bella?
Campaspe
Dame, gran señor, tus pies.
Alejandro
¿Tú aquí? Pues ¿qué es esto?
Campaspe
Es
sobre el rigor de mi estrella
la fuerza de una querella,
que aunque ya tu perdón vi
presa me trae.
Alejandro
¿Presa?
Campaspe
Sí.
Alejandro
Engáñaste, que es error.
Campaspe
¿Cómo?
Alejandro
Como siendo amor
quien se querella de ti
no hay que temer la crueldad
de la prisión suya, pues
de quien él querella es
de quien está en libertad,
no de quien su voluntad
presa tiene; y siendo así
que tú eres la libre aquí,
yo el preso, tu temor
en mí está, no en ti.
Campaspe
Es error,
que si un temor (¡ay de mí!)
pierdo, otro cobra mi fama,
al ver traición la prisión.
Alejandro
Lo que en paz fuera traición
ardid en guerra se llama.
Campaspe
Traición es cuando disfama
las sacras leyes de amor.
Canta la música a un lado, suenan las cajas y trompetas a otro lado, y los dos representan todo a un tiempo.
Músicos
dentro.
En repúblicas de amor
es la política tal,
que el traidor es el leal
y el leal es el traidor.
Alejandro
Bien por mí te ha respondido
voz que publica constante
que no ha sido leal amante
el que a vencer un olvido
traidoramente no ha sido.
Campaspe
Antes respondió tan mal
que me ha dejado mortal,
oír que en odio de honor...
Músicos
dentro.
...en repúblicas de amor
es la política tal.
La caja.
Alejandro
Ya son tus quejas en vano.
Quiere asirla la mano.
Campaspe
Detén la mano, porqué
si antes mi delito fue
el dar la muerte a un tirano
en defensa de mi mano,
ahora lo será, señor,
no dársela.
Alejandro
Tu rigor
baste, pues en lance igual...
Músicos
dentro
el traidor es el leal
y el leal es el traidor.
La caja.
Como luchando los dos.
Campaspe
Advierte...
Alejandro
¿Qué he de advertir?
Campaspe
Mira...
Alejandro
¿Qué puedo mirar?
Campaspe
Que ayer me libró el matar
y hoy me librará el morir.
Quiere sacarle la espada, y él lo impide.
Alejandro
No hará.
Campaspe
Válgame el pedir
a cielo y tierra favor.
Alejandro
Su voz confunda el rumor.
La música, las cajas y la representación todo a un tiempo, y dicen dentro.
La música
En repúblicas de amor
es la política tal,
que el traidor es el leal
y el leal es el traidor
Campaspe
Ni eso te valdrá tampoco.
Apeles
dentro
Mentís todos.
Todos
dentro.
Guarda el loco.
Unos
dentro
Teneos.
Diógenes
He de entrar.
Sale Efestión.
Efestión
¿Señor?
Alejandro
¿Qué es esto, Efestión? ¿Qué voces
a una y otra parte varias,
demás de las que he mandado,
de instrumentos y de cajas,
son las que se oyen?
Efestión
Apeles,
a quien furioso llevaban
a su albergue unos soldados,
escuchando lo que cantan,
diciendo, embistió con todos,
que es mentira que no haya
lealtad en amor, a tiempo
que Diógenes la entrada
de tu tienda solicita
sin que le impida la guarda.
Alejandro
Retírate tú a esta puerta
hasta que sepa qué causa
a los dos mueve.
Retirase Campaspe al paño.
Campaspe
Fortuna,
¡quién (¡ay infelice!) hallara
por donde escapar! En vano
lo intento, porque cerrada
está por aquí la tienda;
fuerza es esperar.
Sale Diógenes.
Diógenes
Las plantas
me da, señor, en albricias
de que ya mi ciencia alcanza
el accidente de Apeles.
Alejandro
Si en otra ocasión llegaras
fueras más bien recibido;
mas ya que llegaste, habla,
di ¿qué accidente es?
Diógenes
Amor.
Alejandro
Sino dices más, no basta
para que te crea, pues esa
fue la primera palabra
que dijiste, y no por eso
fue cierto, y como no añadas
más, lo mismo será agora.
Diógenes
¿Bastará decir la dama
y el competidor?
Alejandro
Sí.
Diógenes
Pues
si eso es todo lo que falta
al crédito de mis ciencias
y a sus conjeturas sabias,
aunque yo no la conozco,
perdone esta vez su fama.
La dama es Campaspe, y tú
el que de celos le mata,
de suerte que amor y celos
son de sus penas la causa.
Alejandro
¿Qué dices? ¡Ay infelice!
Campaspe
¡Cielos, la suerte está echada!
Diógenes
Que es Campaspe a quien adora.
Alejandro
No prosigas, calla, calla,
que en ti porque me lo dices
más que en él porque me agravia,
pues ya es cómplice al dolor
quien el dolor adelanta,
tengo de vengar mis celos.
Empuña la daga, y detiénele Efestión.
Efestión
Advierte, señor...
Diógenes
Bien pagas
su fineza y mi fineza.
Alejandro
¿Qué fineza, si tirana
tu voz, su intención traidora,
me han dado la muerte ambas?
Campaspe
¡Ay de quien sobre sí, cielos,
todo este escándalo aguarda!
Diógenes
La suya, pues es tan grande,
tan noble, tan leal, tan rara,
que a despecho del favor
que quizá en Campaspe halla,
se deja morir por no
ofender la confianza,
respeto y decoro, que
tan a su costa te guarda.
La mía pues que te pongo
en ocasión de que hagas
una acción tan generosa
como agradecer las ansias
del que en abono de todos
los que encarecen que aman,
diciendo que amantes pierden
por su dama el juicio, anda
tan fiel contigo y con ella,
que en las desdichas que pasa
pierde por la dama el juicio
y por ti el juicio y la dama.
Alejandro
No con razones me arguyas
sofísticamente falsas,
que no hay en celos razón
mayor que el que no la haya;
y así en ti agora, y después
en él, si es que ella le ama,
que yo lo sabré, mis celos
vengaré.
Campaspe
¡Qué oigo!
Efestión
Repara...
Detiénele Efestión.
Diógenes
Buena ocasión se ofrecía
de volver a la pasada
cuestión de cual de los dos
es más invicto monarca.
Alejandro
¿Cómo?
Diógenes
Como si antes de ahora
no creía a quien contaba
que esclavo de tus pasiones
la destemplanza te agrava,
la lascivia te posee
y la ira te arrebata,
ahora lo creo, al mirar
lo que una afición te arrastra;
y siendo así que esa ira,
ambición y destemplanza,
lascivia y envidia, yo
esclavas traigo a mis plantas,
¿cuál será más poderoso,
yo, que mando a quien te manda,
o tú, que sirves a quien
me sirve a mí? Con tan clara
consecuencia, logra agora
mi muerte, pero al lograrla,
mira quién eres pues eres
esclavo de mis esclavas.
Híncase de rodillas.
Efestión
A tanta osadía, no tengo
de impedirte ya.
Campaspe
Él le mata.
Alejandro
¿Mira quién eres pues eres
esclavo de mis esclavas?
¿Tanto una ciega pasión
desluce el decoro, ultraja
el respeto, que ocasiona
a que pueda cara a cara
atrevérsele la voz
de un mísero, en confianza
de que diciendo verdad
la muerte no le acobarda?
Pues no ha de ser, no ha de ser,
que no ha de decir la fama
que dijeron a Alejandro
de Diógenes las canas
“mira quién eres pues eres
esclavo de mis esclavas”,
sin que tratase enmendar
de sus defectos la causa.
Alza, Diógenes del suelo.
Campaspe
¿Cómo tan afable le habla?
Alejandro
Y dime otra vez, ¿por mí
Apeles muere con tanta
fineza, que leal y noble,
aunque Campaspe le ama,
a Campaspe olvida?
Campaspe
Él
mi amor averiguar trata.
Dentro
Guarda el loco, guarda el loco.
Diógenes
Esas voces lo declaran
mejor que yo.
Alejandro
Dejad que entre.
Sale Apeles desnudo, Chichón con los vestidos y otros deteniéndole.
Apeles
Pardiez, aunque lo estorbara
todo el mundo entrara yo
sin que tú me lo mandaras,
porque al que pide justicia
no ha de haber puerta cerrada.
Chichón
Y más cuando una locura
le sabe falsear las guardas.
Alejandro
¿Pues de quién justicia pides?
Apeles
De esos que infieles te cantan
que en repúblicas de amor
la política es tan mala,
que el traidor es el leal,
porque yo sé que se engañan,
y que hay lealtad en amor
tan grande... pero esto basta,
que no quiero que la sepas,
porque parece que falta
a la fineza el que hace
la fineza con jactancia.
Alejandro
Repórtate, y pues está
tu queja tan bien fundada,
yo te guardaré justicia.
Ea valor, la más alta
victoria es vencerse a sí,
no diga de ti mañana,
la historia, que toda es plumas,
el tiempo, que todo es alas,
que tuvo en su amor Apeles
más generosa constancia
que yo. Si él por mí se deja
morir con lealtad tan rara,
¿por qué, pudiendo él hacerla,
no he de poder yo pagarla?
¿Campaspe?
Campaspe
(Sin duda en él,
y en mí se venga.) ¿Qué mandas?
Alejandro
Que seas heroico asunto,
que en láminas oro y plata,
de mis liberalidades
corone las esperanzas.
Alábense otros que dieron,
ya a las letras, ya a las armas,
coronas, reinos, provincias,
ciudades, templos y estatuas,
que no ha de alabarse alguno
que sacrificó a las aras
de la lealtad mayor triunfo
ni dio más, pues dio a su dama
el día que en su poder
o gustosa o no la halla.
Dale, pues, la mano a Apeles,
porque esposa suya vayas
donde no te vean mis ojos;
tú, Diógenes, repara
en la dádiva mayor,
si soy esclavo de esclavas
o si soy dueño de mí;
y tú mira la distancia
que hay de tu amor a mi amor,
pues tú me la das pintada
y yo te la vuelvo viva,
para que diga la fama
que lo di de una vez todo,
pues di la mitad del alma.
Campaspe
Esto es querer apurar
si es verdad que enamorada
estoy de Apeles. Yo haré
que mal la experiencia salga.)
Apeles
¿Qué escucho? ¿Campaspe es mía?
¿Quién, cielos, con tan extraña
novedad en mis sentidos
me restituye a la clara
luz del día? ¿Cómo estoy
aquí así? Dame la capa,
dame la espada, Chichón,
y tu gran señor, las plantas,
que no en vano te apellida
dios la voz de tantas varias
naciones, pues dar un cielo
no es don de humano monarca,
y tú Campaspe, la hermosa
blanca mano me da.
Campaspe
Aguarda.
Alejandro
¿No se la das?
Campaspe
No.
Alejandro
¿Por qué?
Campaspe
Porque no quiero que haga
ferias de mi libertad
tu vanagloria.
Aparte.
(¡Mal haya
temor, que de puro fina
quiere que parezca ingrata.)
Dejo aparte que yo a Apeles
no amo, mas cuando le amara,
no dejara de sentir
el desaire con que tratas
a la que dices que quieres,
que somos todas tan vanas
que aun de lo que aborrecemos
nos hace el cariño falta.
¿De cuándo acá fue el amor
prenda para enajenada?
¿De cuándo acá el albedrío
de un dueño a otro dueño pasa?
¿Es inquilino el afecto,
para andar mudando casas,
vecino ayer de una gloria,
y huésped hoy de una infamia?
¿Es joya la inclinación,
es la voluntad alhaja,
es el deseo presea,
ni menaje la esperanza,
para hacer dádiva dellas,
tan bajamente contraria,
que da con un baldón yendo
a buscar una alabanza?
Liberalidad bien puede
ser que sea dar la dama,
pero liberalidad
tan neciamente villana
que piensa que lo da todo
siendo así que es cosa clara
que no da nada, porqué
el día que no da el alma,
¿qué da en lo demás?, con que
si presumes que le pagas
de lo vivo a lo pintado
el logro a Apeles, le engañas,
pues si él dio un retrato, no
le vuelves más que una estatua,
porque el que sin albedrío
con una mujer se abraza,
logra pero no merece,
consigue pero no alcanza,
de suerte que no pudiendo,
cuando la fuerza te valga,
darle ni el alma ni el gusto,
darle sin gusto y sin alma,
todo lo que puedes es
darlo todo y no dar nada.
Apeles
¿Qué escucho, cielos, Campaspe
así mis finezas trata?
Chichón
Paréceme que bien puedes
volverme capa y espada,
y volverte a jugador
de pelota, pues es clara
cosa que de borra y viento
ya está el pelotero en casa,
siendo de borra su amor
y de viento tu esperanza.
Alejandro
Por más que deslucir quieras
mi acción noblemente vana,
no has de poder, que una cosa
es hacerla, otra lograrla;
y así para haberla yo hecho,
¿qué importará que tú...
Soldados
dentro.
¡Plaza!
Alejandro
¿Qué es aquello?
Efestión
Que a tu tienda
llegan con todas sus damas
Estatira y Siroés.
Vase.
Alejandro
Ya como libres se tratan
en fe del rescate, fuerza
es que a recebirlas salga.
Después diré lo que iba
a decir; tú no te vayas
hasta ver el fin.
Vase.
Diógenes
No haré,
aunque de mi pobre estancia
la ausencia siento.
Vase.
Chichón
¿Qué mucho?
si quedó allá la tinaja,
que aunque no es de vino hoy,
haberlo sido ayer basta
para que haga compañía;
mas miren aquí qué caras;
bien se ven que están reñidos
pues que se han quitado el habla;
veamos por cuál de los dos
quiebra.
Apeles
¿Para qué, tirana,...
Chichón
Luego vi que era él lo más
delgado.
Apeles
...para qué, ingrata,
traidoramente apacible,
cariñosamente falsa,
alentaste tantas veces,
ya amorosa y ya enojada,
mis esperanzas, si habías
el día que de pagarlas
tuviésemos ocasión
de engañar mis esperanzas?
¿Qué vitoria te promete
un rendido, para que hagas
suertes en él tan ociosas,
como restituirle el alma
para que con ella sienta
tu rigor? Y así, ingrata,
o vuélveme mi locura
o tomate tú mudanza.
Campaspe
Que me baldones permito
de mudable, de liviana,
y de inconstante (¡ay Apeles!)
porque alcanzo que no alcanzas
que quizá ha sido fineza
el desdén de que te agravias.
Apeles
Qué fineza, si no es más
que al verte de un rey amada,
haber hecho fantasía
del gusto, mostrando vana
el que el ruido del poder
suena siempre en consonancia?
Campaspe
Si supieras que él quería,
por tomar de ti venganza
y de mí, saber no más
si te amo o no, no culparas
que hubiese sido cautela
contra cautela la traza
que halló mi amor, a pesar
de mi amor.
Apeles
¿Pues no importara
menos que él me diera muerte,
que dármela tú? ¿Qué gana
mi vida, di, si porqué
él no me mate me matas?
Campaspe
¿Luego fuera más fineza,
a todo trance empeñada,
arriesgarlo todo?
Apeles
Sí,
que mejor le está a una dama
ser fina que cautelosa.
Campaspe
Cautela hay menos culpada
de lo que fuera quizá
la fineza.
Apeles
Es ignorancia.
Campaspe
No es sino atención, ¿querías
que mi amor le confesara
y te diera muerte?
Apeles
Sí,
que el día que mi honor salva
ver que el día que seas mía,
no toca a mi confianza
interpretar los sentidos,
sino entender las palabras;
fuéraslo (¡ay de mí!) el instante
que en darme muerte tardara:
muriera feliz, no triste.
Campaspe
Pues si eso es lo que te agrada,
a tiempo estás que la mano
que no te di... pero aguarda,
Ruido dentro.
que vuelven todos.
Apeles
¡Oh cuánto
perezosa se dilata
siempre la dicha!
Chichón
Hecho un bobo
estoy oyéndolos; ¿que haya
habiendo amor de obra gruesa,
quien gaste el de filigrana,
todo retruécanos, todo
tiquismiquis?
Salen todos.
Estatira
Tu palabra
es ley y cumplirla debes.
Alejandro
Quien por cumplir una falta
a otra, no yerra; y así
es bien que el camino parta
entre las dos.
Siroés
¿De qué suerte?
Alejandro
Que libre, Siroés, te vayas,
llevando a Persia el tesoro
que es el rescate de entrambas,
y tú te quedes en Grecia.
Estatira
¿Yo en Grecia?
Alejandro
Sí, mas no esclava,
sino esposa mía, supuesto
que murió en el mar Roxana.
Estatira
La ventura agradeciera
puesta, señor, a tus plantas,
a no saber que Campaspe
te tiene cautiva el alma,
y entrar tropezando en celos
justamente me acobarda.
Alejandro
Habérsela dado a Apeles
ese temor satisfaga,
y porque lo veas, volviendo,
Campaspe, a la acción pasada,
a Apeles le da la mano.
Campaspe
Sí haré de muy buena gana,
ahora que es porque yo quiero
y no porque tú lo mandas.
Alejandro
Aunque deslucir mi acción
intentes, no estés muy vana,
que nada le das tampoco.
Campaspe
¿Cómo?
Alejandro
Como si le amabas,
es dar lo que ya era suyo
darlo todo y no dar nada.
Y pues esto ha sido un solo
paréntesis de las armas,
prosiga al Peloponeso
el ejército la marcha,
que he de cumplir el agüero
venciendo naciones varias.
Estatira
Con esa satisfación,
a tus pies estoy.
Alejandro
Levanta.
Nise
Yo he de quedarme contigo.
Alejandro
Con Efestión casada.
Diógenes
Y yo volverme a mi monte
donde te ruego no vayas
ni me llames otra vez,
que no sabes lo que cansa
esto de andar componiendo
de amor y celos las ansias.
Siroés
Dichosa yo, que la vuelta
daré a mi padre y mi patria.
Estatira
Más dichosa yo, que quedo
al logro de mi esperanza.
Apeles
Dichoso yo, que he alcanzado
ver el fin de penas tantas.
Chichón
Más dichoso yo, que libre
quedo cuando otros se casan,
y pues más desocupado
estoy, humilde a esas plantas,
seré quien pida por todos
el perdón de nuestras faltas,
aunque es darnos lo que es nuestro
darlo todo y no dar nada.
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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Darlo todo, y no dar nada. Darlo todo, y no dar nada. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbr9.0