Auristela Y Lisidante
La Gran Comedia. Fiesta Que Se Representó A Sus Majestades En El Coliseo De Buen Retiro
Personas que hablan en ella:
- Lisidante.
- Merlín.
- Auristela.
- Estela.
- Arsidas.
- Celio.
- Clariana.
- Flérida.
- Licanoro.
- Brunel.
- Aurora.
- Un sargento.
- Milor.
- Timantes, viejo.
- Cintia.
- Soldados y músicos.
Jornada Primera
Dentro cajas y trompetas, y sale Celio, Timantes y soldados, acuchillando a Lisidante, que sale armado, y Licanoro y Milor, armados también, se ponen a su lado con bandas los dos en los rostros, y las armas de Lisidante han de traer en el peto, pintadas con trabazones dellas, una estrella y una lis con letras en medio.
Unos
(Dentro.)
¡Muera el homicida!
Todos
¡Muera!
Lisidante
¡Valedme, cielos piadosos!
Celio
¡Qué adagio es tan verdadero,
(u dígalo este alboroto)
«a gran fiesta, gran desdicha»!
Unos
¡Qué ansia!
Otros
¡Qué pena!
Otros
¡Qué asombro!
Timantes
Dentro.
Pues que ya el caballo
herido, desesperado y furioso
de sí le arroja, no escape.
Todos
Muera un traidor alevoso.
Salen todos ahora.
Lisidante
Mentís, que traición no ha sido,
sino un acaso forzoso
de la fortuna.
Milor
Es verdad,
y en su defensa a nosotros
habéis de hallar.
Licanoro
Deteneos,
cobardes, no sediciosos
su muerte intentéis, supuesto
que no mató ventajoso
a Polidoro, y estando
hecho bueno para todos
el campo, a todos nos toca
librarle en tan riguroso
trance, pues puede a cualquiera
acontecerle lo propio.
Merlín
¿Que le dije yo a mi amo
que no matase (es un tonto)
Polidoros en su vida,
y haya muerto a un Polidoro?
Timantes
Aunque más le defendáis,
será en vano vuestro asombro.
Celio
No será, porque no habrá
extranjero el más remoto
que no se ponga a su lado,
porque ésta es causa de todos.
Licanoro
Aventurero a quien nadie
conoce, ni yo conozco,
cobra segundo caballo
de tantos como el despojo
son desta tela, que yo
te aseguro.
Milor
Lo fragoso
de aquesos montes te ampare,
que yo en tu defensa solo
bastaré.
Lisidante
Aunque le agradezco,
no acepto vuestro socorro,
que no he de huir, cuando os dejo
empeñados a vosotros
por mí, y así a vuestro lado
antes a morir me expongo.
Licanoro
Como tú escapes la vida,
no peligramos nosotros;
como la defiendas, sí.
Milor
Y más cuando de su trono
Auristela y Clarïana
descienden, cuyos enojos
harán mayor el empeño.
Lisidante
Con esa disculpa,
tomo aquel caballo, y del monte
a lo intrincado me acojo,
bien que, perdida Auristela,
¿para qué el huir otorgo?
Vase.
Merlín
Seguirle quiero, pues huye.
Celio
Yo no, que a mira de todos
le sirvo más en quedarme.
Licanoro
Haciéndole de este modo
espaldas, aseguremos
su fuga.
Timantes
En vano dispongo
vengar mi rey infelice
si los extranjeros todos
(que hay más que los naturales)
son osados, y animosos
le amparan.
Entranse riñendo, y salen por otra parte Auristela, Clariana y damas.
Unos
(Dentro.)
A la marina.
Otros
(Dentro.)
Al monte, a la cumbre.
Otros
Al soto.
Licanoro y Milor dentro.
Los dos
No le ha de seguir ninguno.
Clariana
Antiguo esplendor heroico
de la gran corte de Atenas,
¿cómo, viendo a vuestros ojos
muerto a vuestro heroico dueño,
no hacéis sangrientos destrozos
en venganza suya?
Auristela
Ilustres
deudos y vasallos, ¿cómo
en tan infeliz tragedia,
convertido en llanto el gozo,
no vengáis ofensa tanta,
cobardes y temerosos?
Mas ¡ay de mí!, que yo misma
contra mí misma dispongo
(Aparte.)
estas lágrimas que vierto,
estos suspiros que aborto,
pues son contra Lisidante.
Pero, ¿qué digo en abono
de un homicida, un tirano,
un traidor, un alevoso,
si es más que su amor su injuria,
y más que mi amor mi ahogo?
Flérida
Mira, señora, no hagan
esos extremos notorio
[Aparte, a ella.]
silencio que tantos días
aun tuvo a los vientos sordos.
Clariana
Auristela, hermana mía,
pues tan infelices somos
que no hay vasallos que venguen
sucesos tan lastimosos,
sigamos las dos con armas
a ese crüel, fiero monstruo
que con nuestra sangre vuelve
coronado de despojos.
Auristela
Dices bien, dadme un caballo
y una espada...
Clariana
Y a mí otro.
Auristela
Que si una vez el acero
esgrimo...
Clariana
... si una vez tomo...
la cuchilla...
Auristela
... el fuste ocupo...
Clariana
En los estribos me pongo...
Auristela
seré rayo...
Clariana
... seré furia...
Auristela
seré pasmo...
Clariana
... seré asombro...
Las dos
... que diga...
Dentro unos
¡Viva Auristela!
Dentro otros
¡Viva Clariana!
Dentro cajas, y sale Timantes.
Auristela
¿Qué oigo?
Clariana
¿Qué escucho?
Timantes
¡Ay de mí, infelice!
Las dos
Timantes, ¿qué es esto?
Timantes
Absorto
lo diré, si es que a un aliento
le pudiere alcanzar otro.
Apenas el homicida
del infeliz Polidoro...
Oh, nunca hubiera (¡ay de mí!)
de sol a sol (¡ambicioso
valor!) mantenido duelo,
en cuyos encuentros noto
que son para burlas mucho
y para veras son poco.
Dígalo su efecto, pues
saliendo galán y airoso
con el sol, y más que el sol,
al choque de dos escollos
de acero, vimos el perno
de la sobrevista roto,
porque una astilla del asta
a toda Grecia los ojos
de un golpe quebrase... Pero
¿qué repito lo que lloro?
Apenas el homicida
(si aliento y discursos cobro),
porque las naciones varias
se opusieron al estorbo,
en un caballo que el viento
debió de engendrar a soplos,
se entró en la maleza, cuando
divertido el vulgo en corros
(que es la causa porque yo
vivo y sin venganza torno),
viendo a Polidoro muerto
y que de su laurel de oro
sois herederas las dos,
tan iguales que Dios sólo
es el que sabe a cuál toca
ocupar el regio solio,
por ser nacidas de un parto
en cuyo riesgo forzoso
no dejó la turbación
señalar cuál fue (¡penoso
descuido!) la que primero
vio del sol los rayos rojos;
cuya duda, como había
heredero generoso
en Atenas, no importó
aclarar hasta hoy, que en votos
empezando en dos criados,
o leales o ambiciosos,
dividido el vulgo aclama
en confusos ecos roncos,
a ti, Clariana, los unos,
a ti, Auristela, los otros,
diciendo:
Dentro clarines.
Unos
(Dentro.)
¡Viva Auristela!
Otros
(Dentro.)
¡Viva Clariana!
Cajas.
Clariana
Poco
has menester repetirlo,
pues hasta este sitio propio
lidiando el tumulto viene.
Auristela
¡Qué fácil está, y qué pronto
en las deshechas fortunas
suceder un daño a otro!
Sale Licanoro por una parte, y Milor por otra.
Licanoro
Ya que escapé el extranjero,
tengo de atreverme a todo...
Milor
Ya ausente el que defendí,
veré si otro empeño logro...
Licanoro
Porque, ¿qué vendré a deber
a mis alientos briosos,
si hallándome a esta ocasión
no hago reina a la que adoro?
Milor
Porque, ¿qué haré yo por mí,
si cuando esta ocasión toco
a la que idolatro amante
por reina no la corono?
Salen los que pudieren en dos bandos, riñendo.
Unos
¡Clariana viva!
Otros
¡Viva
Auristela!
Todos
Llegad todos.
Clariana
Valerosos atenienses...
Auristela
Invictos griegos famosos...
Clariana
Reportaos...
Auristela
¡Deteneos...
Clariana
... no atrevidos...
Auristela
... no furiosos...
Clariana
... por mi derecho perdáis...
Auristela
... aventuréis en mi abono...
Clariana
... de mi presencia el respeto...
Auristela
... de mi persona el decoro...
Clariana
... que yo, porque no empeñéis
vuestras lealtades, depongo
mi acción, siendo la primera,
si así el orgullo reporto,
que diga «¡Auristela viva!»
Auristela
Yo repetiré lo propio,
y que viva Clariana
cuando no baste el reposo
de vuestra paz, sobre que
amigas y hermanas somos,
tanto que reinar las dos
será reinar la una.
Soldado 1
Todos
los reinos en sí divisos
están a su ruina prontos,
mayormente amenazados
de enemigo poderoso
tanto como Lisidante,
en quien el antiguo odio
de Atenas y Epiro hoy
intenta invadir los cotos
de este reino.
Soldado 2
Fuera de eso,
siendo dos en dos esposos,
será obedecer dos dueños,
y no puede no ser monstruo
un cuerpo de dos cabezas.
Clariana
¿Pues cómo, villano?
Auristela
¿Cómo,
traidor?
Licanoro
Yo, bella Auristela,
reportaré este alboroto.
Milor
Yo, divina Clariana,
reduciré aqueste asombro.
Licanoro
Si me escuchas...
Auristela
Ya te escucho...
Milor
Si me oyes...
Clariana ya te oigo.
Licanoro Ilustre corte de Atenas,
que por lo altivo y lo docto
siendo Academia de Marte
eres campaña de Apolo;
de Macedonia heredero
soy, mi nombre Licanoro;
hago descubierto el rostro.
De la divina Auristela
(permítame su decoro
que aje la fuerza al respeto),
un bello retrato hermoso
causa ha sido de venir
a estas fiestas de rebozo.
Si su hermosura merezco,
si su blanca mano toco,
y, coronada por reina,
llego a verme tan dichoso,
contra el fiero Lisidante
rey tendréis tan valeroso
que no solamente Atenas,
pero el clima más remoto
será vuestro; y si mi intento
no asistís, siguiendo el voto
de los que a Clariana aclaman,
armada tengo en el golfo
con que reduciros puedo,
siendo sobre el Helesponto
volcanes de agua que abrasen
los más altos promontorios.
¡Auristela viva!
Unos
¡Viva!
Milor
Tened,
esperad un poco,
no os arrojéis a elegir
dueño tan presto, en desdoro
de Clarïana divina,
que si, porque Licanoro
de la parte de Auristela
está, os rendís temerosos,
no le faltará a Clariana
valedor tan victorioso,
que de Lisidante y dél
triunfante no os saque en hombros.
Milor, príncipe de Arcaya,
soy, que a Atenas con el propio
fin que Licanoro vengo,
bien que el objeto es tan otro
como Clariana bella,
y si su esposo me nombro,
rey tendréis, que a sus pies rinda
desde éste al opuesto polo
cuanto el mar circunda helado,
cuanto el sol alumbra rojo,
a cuyo empleo en la playa
ejércitos numerosos
tengo, que estos montes talen
piedra a piedra y tronco a tronco.
¡Viva Clarïana!
Otros
¡Viva!
Auristela
No, príncipes generosos,
dando calor al tumulto
añadáis un riesgo a otro:
si a cualquier odio le basta
su malicia, el más penoso
que vio Europa en sus espacios,
que vio Grecia en sus contornos,
¿para qué es crecer el ceño,
para qué aumentar el odio?
Y si en su caliente sangre
bañado está Polidoro
e ignorado el homicida,
pues ninguno le vio el rostro,
ni supo quién es, aquesto
Aparte.
me deba amor, que no es poco,
¿Será bien que sin vengar
los baldones del oprobio,
por ir tras lo interesable
abandonemos lo heroico?
Y así, hasta que a su cadáver
se dé sacro mauseolo
y de su venganza sea.
[Aparte.]
(¡qué mal este aliento formo!)
la vida de un homicida
de nuestras sañas despojo,
¿qué fineza es competir
lo amante sin lo glorioso?
Clariana
A la razón de Auristela
mi llanto añada que sólo
el que vengue de mi hermano
suceso tan lastimoso
y vivo o muerto le traiga
a las iras de mi enojo,
podrá declararse ufano
amante mío.
Auristela
Y mío y todo.
Aparte.
(¡Oh, cuánto a costa es del alma
lo que muestro y lo que escondo!)
Licanoro
Yo, solicitando hacer
siempre lo mejor, ha poco
que, ensordecido el cariño
a las voces del arrojo,
defendí a ese aventurero.
Si ahora a seguirle torno,
la palabra que le di
de favorecerle rompo,
y el crédito de mi fama
a las censuras expongo
de que lo erré, pues lo enmiendo.
Y así, pues ser es forzoso
según sus señas publican
príncipe igual a nosotros,
lo que te ofrezco, Auristela,
es, en sabiéndose todo,
vengarte en público duelo,
mas hoy, perdone tu enojo,
que seguir a un delincuente
que va forajido y solo
en fe de que yo le amparo,
no es empeño generoso
de mi valor.
Milor
Del mío sí,
pues si antes su muerte estorbo
y ahora se la doy, verá
el mundo que acudí a todo:
al valor cuando le amparo
y al amor cuando le postro.
Y cuando desaire sea,
con la obediencia le doro
de una dama. Mire ella
lo que manda, a quién y cómo,
que una vez mandados, son
decretos tan imperiosos,
aun sus acasos, ya sean
ira o capricho o antojo,
que al viso de la fineza
hacen el desaire airoso.
Y así, resuelto a seguirle,
y vivo o muerto a tus ojos
traerle, Clariana, ofrezco,
en tanto que victorioso
me ves en demanda tuya,
hasta que en el regio solio
mi amor te corone reina
del mundo, que Grecia es poco.
Quien fuere de esta facción
me siga, diciendo todos:
¡Clariana viva!
Otros
¡Viva!
Vase Milor, y los de un bando tras él.
Clariana
Cuánto estimara uno y otro
afecto, si los debiera
[Aparte.]
a Arsidas, y más si toco
en la sospecha de que
no haber venido a mis ojos,
ni hallarse, como escribió,
en estas fiestas de embozo,
se ha olvidado de su amor.
Estela
Mira no hagan sospechoso
[Aparte, a Clariana.]
esos suspiros el llanto.
Licanoro
Yo, Auristela, no conformo
mi obediencia a tu obediencia:
servir quiero, mas de modo
que sea mérito el valor
sin ser el valor desdoro.
Si no obro por tu gusto,
para tu estimación obro,
que amarte sin pundonor
ya fuera tenerte en poco,
y así lo que otra y mil veces
en tu servicio propongo
es matarle en mejor duelo,
y en tanto asistirte pronto
hasta que de oro el laurel
corone tus rizos de oro.
El que de esta facción fuere,
sígame, diciendo a coros:
¡Auristela viva!
Otros
¡Viva!
Vase con el otro bando.
Auristela
¡Oh, cuánto el amor mañoso
dicta lo mejor a un alma!
[Aparte.]
Bien lo muestra Licanoro,
pues en no ir tras Lisidante
me obliga sin saber cómo.
Timantes
Yo, que a las dos he criado,
igual a las dos adoro,
como a pedazos de un alma
que quieren partirme a trozos,
ni al uno ni al otro sigo
y a entrambas servir dispongo,
aunque servir a dos dueños
sea tan dificultoso.
Auristela
Oye.
Timantes
¿Qué mandas?
Clariana
Escucha.
Timantes
¿Qué quieres?
Auristela
Pues leal...
Clariana
Pues docto...
Auristela
... de este orbe eres el Atlante...
Clariana
... el Alcides de este globo...
Auristela
... que estribando en nuestras frentes
se ha de mover en tus hombros...
Las dos
... lo mejor nos aconsejes.
Auristela
Hermanas y amigas somos.
Clariana
Una desdicha lloramos.
Auristela
A un reino un derecho propio
tenemos.
Clariana
Dos valedores
se declaran amorosos.
Auristela
Un ignorado enemigo
aquí nos injuria.
Clariana
Otro
en campaña se previene.
Auristela
Un pueblo alterado y loco
se nos amotina.
Las dos
¿Qué hemos
de hacer en tantos ahogos?
Timantes
Dejar que el tiempo lo diga,
pues que mudamente sordo
él solo, sin decir nada,
es el que lo dice todo.
Vase.
Auristela
Pues Clarïana...
Clariana
Auristela...
Auristela
Si del tiempo el veloz ocio...
Clariana
Si el torpe curso del tiempo...
Auristela
... tardo al bien...
Clariana
... al daño pronto...
Auristela
... lo ha de decir...
Clariana
... él lo diga.
Auristela
Y en tanta ansia...
Clariana
... en tanto asombro...
Auristela
... nuestra amistad...
Clariana
... nuestro afecto...
Auristela
... fiel siempre...
Clariana
... siempre amoroso...
Auristela
... sin que ningún interés...
Clariana
... convierta el amor en odio...
Auristela
... esté a la mira del tiempo.
Clariana
Yo lo ofrezco...
Auristela
y yo lo otorgo.
Clariana
Si bien temo...
Auristela
... si bien dudo...
Clariana
... por más que mi pena escondo...
Auristela
... por más que mi mal recato...
Clariana
... cuánto yerro...
Auristela
... cuánto ignoro...
Estela y Flérida
¿En qué, señora?
Las dos
En fiar nada
de quien lo ha de decir todo.
Vanse, y sale Lisidante, y Merlín, arrojando las armas.
Lisidante
El caballo que a mi huida
sirvió, en la margen florida
de este bosque dejar trato,
porque no he de ser ingrato
con quien me ha dado la vida.
Luego, en el sitio que ves
arroja entre la espesura
el limpio grabado arnés;
sírvanle de sepoltura
verdes hojas, y después,
arrojando los vestidos,
los dos, más desconocidos,
buscar albergue podemos,
pues ser a todos diremos
dos caminantes perdidos
que en estos montes robados
de bandoleros airados
nos dejó su rigor fuerte
sin la hacienda y sin la muerte.
Merlín
Discursos son extremados,
mas es lo mismo que hacer
cuenta sin el mercader:
¿qué importará que nosotros
lo digamos si los otros
no lo quisieren creer?
Lisidante
En tan deshecha fortuna
haga yo lo que pudiere
de mi parte, e importuna
haga ella lo que quisiere,
que sin resistencia alguna
no me tengo de rendir.
Merlín
¿En efecto, habemos de ir
más ligeros que galanes
sin una Eva dos Adanes?
Lisidante
Ay, Merlín, esto es morir
por no morir, aunque en vano
dificultades allano,
pues no huyo el hado enemigo
si me llevo a mí conmigo.
Merlín
La culpa estuvo en tu mano;
¿qué te había hecho, señor,
aquel pobre caballero?
Y es verdad que en lid de amor,
en entrando aventurero,
¡pobre del mantenedor!
¿Sin cólera un hombre da
tan recio?
Lisidante
Bien que no está
esto en mi mano se advierte,
pues fue acaso de la suerte.
Merlín
¿Cuál su cuidado será
si así sus acasos son?
Lisidante
Aun no es esta la pasión
que más me aflige y desvela,
sino pensar que Auristela
tenga contra mí razón.
¡Nunca hubiera mi valor
guerra a Atenas intentado,
nunca, por notar mejor
sus defensas, disfrazado
fuera con mi embajador,
nunca de Auristela bella
admirara la hermosura,
nunca, por volver a vella,
de otros trajes mi locura
usara, nunca mi estrella
diera industria a mis recelos
que declararme pudieran,
y nunca, al fin, mis desvelos
correspondidos, hubieran
merecido!...
Voces
(Dentro.)
¡Piedad, cielos!
Lisidante
Pero, ¿qué confusas voces
el aire rompen veloces?
Merlín
En el mar, señor, se oyeron,
y sin duda alguna fueron
en aquel bajel, que atroces
estragos suyos padece.
Lisidante
Que se va a pique parece,
pues entre dos elementos
luchando, de ondas y vientos
desarbolado fallece, diciendo:
Milor
(Dentro.)
¡Hasta penetrar
su centro, corred la tierra!
Merlín
Aquel es otro cantar:
todo es estruendos la tierra,
y todo asombros el mar.
Unos
¡Cielos, favor!
Otros
Risco no haya
que osados no examinemos.
Unos
A tierra el príncipe vaya.
Lisidante
¿Quién vio tan varios extremos?
Otros
Al monte, al monte.
Unos
A la playa.
Lisidante
En el esquife ha saltado
un arráez que ha intentado
salvar a otro.
Merlín
Y por acá
el monte sitiando va
todo un escuadrón armado.
Lisidante
¿Quién padeció a un tiempo guerra
tan doblada?
Merlín
Yo, en rigor,
que pago lo que otro yerra.
Sale Arsidas, y Brunel por otro lado.
Brunel
Gracias al Cielo, señor
que llegué contigo a tierra.
Arsidas
Dicha ha sido, que avariento
ese hidrópico crüel
de humanas vidas sediento,
ya ha sepultado el bajel
en salobre monumento.
Lisidante
Merlín, ven conmigo.
Merlín
¿Qué
intentas?
Lisidante
Pues en la orilla
de aquel esquife se ve
mal encallada la quilla,
quizá en él salvar podré
la vida de tanto horror
como el monte corre.
Merlín
Advierte
que por escapar, señor,
el peligro de una muerte,
das en otro.
Lisidante
Si el rigor
de mi fortuna previno
que muera sin esperanza,
morir antes determino
a manos de su venganza
que a manos de mi destino.
Ven, Merlín.
Vanse los dos.
Brunel
No sólo ha sido
ya el bajel el que has perdido,
sino el esquife también.
Arsidas
¿Cómo?
Brunel
¿Tus ojos no ven
que dos hombres le han cogido
y huido en él?
Arsidas
¿Quién tasar
podrá los rumbos que encierra
la vida, viendo anhelar
a unos por salir a tierra
y a otros por volver al mar?
Brunel
Ya sobre el campo turquí
una y otra vez le vi
zozobrar.
Arsidas
Crea en su abismo
desengaños de sí mismo
quien no los creyó de mí.
Brunel
¡Qué mal el remo proteja
contra el viento que del mar
sopla!
Arsidas
Cuanto más se aleja
veloz, veloz vuelve a dar
en los peñascos que deja.
Mas ya que el bajel perdimos
y esquife, inquiera el valor
qué playa es esta en que dimos
de Atenas.
Brunel
Pardiez, señor,
a lindas fiestas venimos.
Arsidas
Desde el instante, ¡ay de mí!,
que de Clarïana bella
llamado a esta justa fui
y de que me viera en ella,
palabra, Brunel, la di,
no ha habido contra mi intento
acaso que no sea azar,
frustrando mi pensamiento
con sus embates el mar,
con sus ráfagas el viento.
Siempre tormenta corrí,
y hoy que a la vista me vi
de Atenas, cuando pensé
haberla vencido, hallé
más fracasos contra mí;
pues perdido el bajel veo,
robado el esquife miro,
dejarme con mi deseo.
¡El alma y la vida diera
porque de entrar modo hallara
donde Clarïana.
Brunel
Espera,
no lo digas, o repara
que, al decirlo, la ribera
brota un arnés y un caballo
aderezado también
más adelante.
Arsidas
Al mirallo
me ha parecido que hallo
más riqueza, mayor bien
que perdí en la sumergida
nave. ¿Quién mis hados labra?
Brunel
El diablo, cosa es sabida:
como ofreciste alma y vida,
te ha tomado la palabra
y a mí sin dársela yo,
pues para mí una librea
trae también.
Arsidas
¿Quién, cielos, vio
tal dicha?
Brunel
¿Dicha?
Arsidas
¿Pues no?
Brunel
Toma, y cuyo fuere sea.
¿Luego armarte intentas?
Arsidas
Sí:
hoy es de la justa el día,
el cartel lo dijo así,
y pues la ventura mía
armas y caballo aquí
me previno, antes que el sol
con desmayado arrebol
llevando el día a otra esfera,
caducando luces muera
en el piélago español,
armarme tengo y entrar
en la tela, haciendo vana
toda la saña del mar,
sin que me pueda culpar
de no fino Clarïana.
Brunel
Pienso que tus bizarrías,
por no decir tus locuras,
soñando están fantasías.
Si éstas fueran aventuras
de andantes caballerías,
yo creyera que la griega
que llaman las viejas Hada
caballos y armas te entrega,
mas pacto implícito...
Arsidas
Nada
me digas, ¿qué aguardas? Llega,
ponme esta gola.
Brunel
Señor,
¿no echas de ver que es error
esta empresa endemoniada?
Arsidas
Mi amor no repara en nada.
Brunel
Estalo también tu amor
y así...
Arsidas
Ponme el peto pues,
y vístete tú.
Brunel
No quiero.
Dentro
Aquél el caballo es.
Milor
(Dentro.)
Y él a pie con su escudero
se está quitando el arnés.
Brunel
Antes le pone: éstas son
voces del diablo que aquí
le puso.
Arsidas
¿Habrá confusión
que no me suceda a mí?
Salen todos, y abrázanse por detrás con ellos, y quítale Milor la espada.
Todos
Date, bárbaro, a prisión.
Uno
Tú también.
Arsidas
Son sinrazones
de vuestra cólera brava
llegar con tales acciones.
Brunel
Sólo ahora nos faltaba
que nos prendan por ladrones.
Arsidas
Si por haberme ceñido
este arnés os he ofendido...
Milor
Ya que le llegué a prender,
porque no dé qué temer
ser de algunos conocido,
cubrid sus rostros, y advierte,
ignorado aventurero,
que si intentas defenderte
o descubrirte, tu acero
mismo te ha de dar la muerte.
Pónenles unas bandas en los rostros.
Marchad con ellos así.
Los dos
¡Ay, infelice de mí!
Milor
Si obligo a Clariana bella
en servicio para ella,
¿qué desaire hay para mí?
Vanse, y sale Clariana, y Estela.
Clariana
¿Qué hace Auristela?
Estela
Después
que habiéndose introducido
de Milor y Licanoro
los dos afectos distintos,
el pueblo que entre los dos
parcial estaba y diviso,
a la novedad atento,
treguas, si no paces, hizo,
y después que por consejo
de Timantes, que advertido
de Polidoro a la pompa
que asistiésedes no quiso,
venisteis las dos a esta
fuerza que sobre esos riscos,
siendo atalaya del mar
es de la tierra registro;
Auristela, retirada
en su más oculto sitio,
acompañada de solas
sus lágrimas y gemidos
está, sin querer que nadie
la hable.
Clariana
Yo hiciera lo mismo,
si a las penas que padezco
no hubiera hallado un alivio.
Estela
Pues sabes que he de estimarle
siendo tuyo, te suplico
sepa yo qué alivio.
Clariana
¿Tú
le ignoras?
Estela
Bien lo imagino,
mas no lo sé, hasta saberlo
de ti misma.
Clariana
Cuerdo aviso
es no saber lo que saben
las que sirven hasta oírlo
de la boca de sus dueños;
y pues desde su principio
lo que no te digo ignoras,
ignora lo que te digo.
Ya sabes, hermosa Estela,
que Arsidas, príncipe invicto
de Chipre, con Policeno,
su hermano, desavenido
sobre no querer jurar
a Cintia su hija, en perjuicio
de su derecho, alegando
el no heredar hembras, vino
a ampararse de mi hermano.
Ya sabes que, amante y fino,
el tiempo del hospedaje
entre los primeros visos
con que habla la voz sin voz,
ya osadamente remiso,
ya remisamente osado,
me dio de su amor indicios.
En fin, por no detenerme
en episodios prolijos,
di lugar que alguna noche
(tú sola fuiste testigo)
por una reja me hablase,
en cuyo amante delito
comunicado creció...
(No hallo frase en que decirlo,
porque si digo «amor» no es
amor, y si no lo digo,
no digo lo que es: tú allá
inventa una voz, te pido,
que sea algo menos que amor
y sea algo más que cariño.)
En este estado, mi hermano,
que le albergó como amigo,
le compuso como rey
con el suyo, que benigno
le llamó, con que a su patria,
mejorado de partidos,
bien que ya Cintia jurada,
volverse (¡ay, Dios!) fue preciso;
pero no precisó, Estela,
hacer la ausencia su oficio,
que aunque es del olvido madre,
esta vez, porque el olvido
no creciese mal criado,
le hurtó la memoria al hijo.
Escribile a Arsidas, pues,
los aparatos festivos,
y que pues tan general
aplauso había movido
del archipiélago todos
los príncipes convecinos,
viniese él, pues no podía
hallar pretexto más digno.
Ha sido dicha no hallarse
en tan infeliz conflicto,
y más día que Milor
tan noblemente rendido,
en venganza de mi hermano
y de mi acción en auxilio,
se ha declarado, con que era
segundo empeño preciso,
que aunque el secreto en los dos
siempre calló enmudecido,
en llegando a celos no hay
secreto que no hable a gritos.
Estela
Dices bien, pues si le hallara
aquí... Pero no prosigo,
que con Flérida, señora,
sale Auristela a este sitio.
Clariana
Quizá irá por otra parte;
finjamos que no la vimos.
Retíranse las dos hablando, y salen Auristela y Flérida.
Auristela
Flérida, no me consueles.
Flérida
Yo solamente te digo
que no des, señora, al llanto
tan absoluto el dominio,
que avasallen tus pesares
el valor.
Auristela
Si hubiera oído
eso a quien los míos dudara
cuáles son, agradecido
mi amor lo estimara, pero
de ti, Flérida, me aflijo,
pues la razón de saberlos
es sinrazón de impedirlos.
Si sabes que Lisidante,
al honestar los motivos
de la guerra que ya intentan,
entre la familia vino
de su embajador, si sabes
que, habiéndome acaso visto,
atropellando temores
y despreciando peligros,
de un disfraz a otro disfraz
tantos buscó y tan distintos
que pudo en alguno entrar
(disimulado y fingido
mercader de ricas joyas)
hasta el verde laberinto
de un jardín donde, entre piedras,
desusado basilisco,
del veneno de su amor
usó con tal artificio
que recatando una caja,
al quererla ver me dijo:
«no serán ferias», porque
sus fondos diamantes ricos
de Lisidante y de una
dama que adora rendido,
guarnecían los retratos.
Si sabes que por el mismo
caso la curiosidad
en mí lo que en todas hizo
y que, abriéndola, vi el suyo
en la lámina de un vidrio
sin más segundo retrato
que el que entre sombras y visos
franqueó el matiz, brujuleando
mi rostro en el cristal limpio;
si sabes que, viendo a él
y al retrato, aunque el desvío
quiso afectar el enojo,
la vanidad no lo quiso,
persuadida a que si yo
le tenía divertido,
pudiera hacer con mi hermano
de un enemigo un amigo,
¿cómo quieres que yo...?
Flérida
No
prosigas, que al paso miro
a Clarïana.
Auristela
Bastaba
que fuese el contarlo alivio
para que yo no le tenga.
Flérida
Calla y finge.
Auristela
Callo y finjo.
Vuelve Clariana, y Estela.
Clariana
Volvamos por si volvió,
no parezca descariño.
Auristela
¿Qué haces, bella Clariana?
Clariana
Habiéndome Estela dicho
que gustabas de estar sola,
disculpada no te he visto.
Auristela
Guárdete el Cielo, que yo...
Dentro voces.
Voz
Allí están las dos.
Auristela
Qué ruido
es este?
Clariana
¿Qué es eso?
Sale Timantes, y detrás Milor.
Timantes
Es,
señora...
Milor
Yo he de decirlo,
pues a mí me toca. Esto es
haberte obedecido.
Auristela
¡Ay, Flérida! Muerto o preso
ser Lisidante es preciso.
Milor
Seguí al homicida fiero
y en el más inculto sitio
de esos montes, el caballo
en que se escapó diviso.
Entro en la maleza y llego
a una quiebra, donde miro
que le quitaba las armas
un escudero que quiso
sin duda dejar en ellas
de su sangre los indicios;
medio armado le prendí.
Clariana
¡Cuánto agradezco el oírlo!
Auristela
¡Y cuánto yo oírlo siento!
Milor
[Aparte.]
Y porque el ser conocido
no causase algún rumor,
con unas bandas les ciño
los rostros. Llegad, soldados.
Sacan los soldados a Arsidas y a Brunel, cubiertos los rostros, y sale Celio.
Celio
Pues preso a mi dueño miro
fuerza es que a Aurora, su hermana,
y a todo el reino dé aviso
para que en su amparo venga.
Vase.
Arsidas
¿Adónde, cielos divinos,
va a parar, dos veces ciego,
el rumbo de mi destino?
Brunel
A la gallina jugar
muchos lo han hecho conmigo,
pero a la gallina ciega
parece cosa de niños.
Auristela
¿Quién, Cielos, en igual duda
de amor y rencor se ha visto?
Milor
Este, señora, es el fiero
agresor del homicidio;
rendido a tus plantas viene,
y yo a ellas te suplico
sepas quién es, y le pongas
en libertad, porque altivo
le venza en mejor campaña,
que es bien que en duelo más digno
vea el mundo que al que huyendo
prendo, lidiando le rindo.
Arsidas
¿Qué es esto de prisión, fuga
y lid, que oigo y no percibo?
Brunel
Es que por cobrar su deuda
debe el diablo de andar listo.
Clariana
Antes por agradeceros
en términos el servicio,
ya que os di un empeño, habéis
de ver que otro empeño os quito.
Ni saber quién es, ni verle
quiero el rostro a un enemigo,
que aun entre embozos me asombra,
y así, pues despojo es mío,
Timantes...
Timantes
¿Qué es lo que mandas?
Clariana
Que el que fue en sangre teñido
teatro de su triunfo, sea
cadalso de su suplicio:
llevadle, pues, y la muerte le dad.
Auristela
Oíd.
Arsidas
Mal distingo
la voz, pero bien el riesgo
en que estoy. ¿Qué causa ha habido
tan contra mí?
Brunel
Una del diablo.
Clariana
Pues, ¿qué quieres?
Auristela
Que si el juicio,
dejando lo rencoroso
sin pasar a compasivo,
debe tal vez por razón
(¡toda soy un mármol frío!)
de Estado hacer que la ira
al consejo ceda, el mío
es que no muera.
Clariana
El mío sí.
Arsidas
¿En qué tribunal, divinos
Cielos, estoy, que mi vida
o muerte está en dos arbitrios?
Brunel
Aun bien que de mí no hablan.
Auristela
Por cuanto puede haber sido
sujeto que nos importe
más tenerle (¡ay de mí!) vivo
que muerto, cuyo terror
es fuerza que, conmovidos
contra nosotras conjure
los príncipes convecinos,
viendo (¡ay Dios!) que a la desdicha
tratamos como a delito.
Clariana
Peor será que vivo él pueda
convocarlos e inducirlos
a su libertad, poniendo
la patria en mayor conflicto.
Llevadle pues.
Auristela
No llevéis.
Milor
Mal yo entre las dos asisto,
habiendo mi acción llegado
a cuestión, porque si sigo
A Clariana.
tu opinión, parecerá
que el nuevo empeño resisto,
si sigo la tuya, falto
A Auristela.
grosero al gusto que sirvo.
Y así, pues entre las dos
es fuerza estar indeciso,
ahí le traje y ahí le dejo:
viva o muera, conveníos,
que no es servir a una dama
quedar con otra malquisto.
Vase.
Clariana
Muriendo, sin saber más
de que es un advenedizo,
que como era campo abierto
pudo entrar desconocido,
ninguna sangre agraviamos.
Auristela
Si hubiera, ¡tiemblo al decirlo!,
[Aparte.]
de dar la vida su muerte,
[Aparte.]
(¡qué mal contra mí me animo!)
al ya infeliz, del acero
yo ensangrentara los filos,
pero la venganza ¿qué
remedia lo sucedido,
y más si resultan de ella
escándalos y peligros?
Clariana
El mayor es no vengarnos.
Auristela
Y no el menor no avenirnos.
Clariana
Fue traición.
Auristela
Quizá desdicha.
Clariana
Fue crueldad.
Auristela
Quizá destino.
Clariana
Fue rencor.
Auristela
Quizá acaso.
Clariana
Muera digo.
Auristela
Viva digo.
Arsidas
Si entre vivir y morir
no hago mayor el peligro,
muera haciendo por qué muera.
Descúbrese.
Brunel
Y yo también, ¡vive Cristo!
Clariana
¡Ay de mí, infeliz, qué veo!
Auristela
[Aparte.]
¡Infeliz de mí, que miro!
Arsidas
[Aparte.]
¡Auristela y Clarïana
contra mí y en favor mío!
Clariana
¡Arsidas ha sido, hoy muero!
Auristela
¡Lisidante no es, hoy vivo!
Brunel
¡Cuál hemos quedado todos!
Timantes
¡Oh, quién no lo hubiera visto!
Arsidas
¿Por qué, divinas beldades,
al que a estos umbrales mismos
de otra fortuna arrojado,
puerto halló, amparo y abrigo,
hoy derrotado del mar
infelice peregrino,
queréis que desdichas halle,
ansias, penas y martirios?
Clariana
De absorta, helada y confusa
ni hablo ni aliento ni expiro.
[Aparte.]
¡Nunca le hubiera llamado!
¡Nunca él hubiera venido!
Arsidas
¿Qué presagio es que un arnés,
áspid de acero escondido
entre flores, me dé muerte?
¿Qué idólatra vaticinio
manda, en puertos que no son
de supersticiosos indios,
que el huésped que a ellos destina
el mar, sea sacrificio
de sus aras? Yo...
Auristela
No más,
falso, aleve, fementido,
[Aparte.]
(aquesto importa atajar,
que sabiendo yo que ha sido
Lisidante el agresor
pues a mí no me ha mentido
la divisa de sus armas,
y aquí hay error, es preciso
esforzarle porque pueda
con más tiempo fugitivo
ponerse en salvo...)
Arsidas
Pues ¿qué
culpa es?
Auristela
No has de decirlo,
que no han de bastar traidores
engaños a persuadirnos
que no fuiste el que dio muerte
a Polidoro.
Arsidas
¿Qué he oído?
¿Polidoro muerto?
Auristela
No,
vil huésped, traidor amigo,
niegues que a pagar volviste
en iras los beneficios,
en ruinas los agasajos
y en tragedias los hospicios.
Dígalo este acero.
Brunel
Ya
lo dijo, cuando nos dijo
que era dádiva del diablo.
Arsidas
¿Quién sino yo los testigos
cómplices de su dolor
indujo contra sí mismo?
Auristela
Clarïana, aunque yo fui
quien darle la vida quiso
sin saber quién era, ya
que lo sé, al ver que ha caído
el azar sobre un ingrato,
tanto al verle me revisto
de saña, cólera e ira,
que a tu parecer me rindo.
Llévale, Timantes, donde
funesto el teatro festivo
su cadalso sea.
Clariana
Si hubieran
de ser las ansias del vivo
sufragio, Auristela, al muerto,
mi mano diera al cuchillo;
pero si debe ceder
la ira al consejo, previstos
los riesgos que nos esperan
mayormente habiendo sido
Arsidas el agresor,
de mi parecer desisto:
con el tuyo me conformo,
y así impedir su castigo
es mi consejo.
Auristela
El mío no,
que en un ingrato es delito
la piedad.
Clariana
Quizá fue acaso.
Auristela
Fue traición.
Clariana
Quizá destino.
Auristela
Fue intención.
Clariana
Quizá desdicha.
Auristela
Muera digo.
Clariana
Viva digo.
Timantes
Esto es dividir al pueblo
otra vez, si ve partidos
vuestros votos.
Las dos
No es posible
no estarlo.
Timantes
Sí es; tú ¿no has dicho
que viva?
Clariana
Sí.
Timantes
¿Tú, que muera?
Auristela
Sí, también.
Timantes
Pues yo me obligo
a que viva y muera.
Las dos
¿Cómo?
Timantes
Eso yo sabré cumplirlo
obedeciendo a las dos:
venid, Arsidas, conmigo.
Arsidas
A morir y vivir voy,
mas ¿qué mucho, si es preciso
morir viviendo quien vive
en tan ignorado abismo,
que pierde, sin saber cómo
libertad, dama y amigo?
Llévale Timantes, y soldados.
Soldado 1
Venid vos también.
Brunel
¿Es justo
que viva y muera un perdido
tan loco, tan mentecato,
que tuvo hasta aquí creído
que el diablo tenía más armas
que lo discreto y lo lindo?
Llévanle.
Clariana
Polidoro muerto a manos
de Arsidas, yo con sentido...
[Aparte.]
Mucho tenemos que hablar,
Estela, vente conmigo.
Vanse las dos.
Auristela
Flérida, conmigo ven
donde pueda sin testigos
decir mi dolor a voces.
Dentro, Lisidante.
Lisidante
¡Valedme, Cielos divinos!
Auristela
Pero ¿qué estruendo es aquel?
Flérida
Pequeño barco impelido
de vientos y ondas, en esos
peñascos cascado el pino,
se ha desatado en fragmentos.
Lisidante
Dentro. ¡Ay, infeliz!
Auristela
Y al gemido
de su náufrago piloto
toda yo me he estremecido.
¿Quién desde la orilla vio
luchar a brazo partido
con la muerte y con las olas
tormentoso bajel vivo
que a lástima no se mueva?
Jardineros destos sitios,
pastores destas montañas,
soldados desos presidios,
socorred aquella vida
siquiera porque ha venido
agonizando a mis ojos,
que al que se echare atrevido
al mar, una joya ofrezco:
¿no hay en todo este distrito
quien por mí le ampare?
Dentro, Licanoro.
Licanor
Sí.
Auristela
¿Quién es quien me ha respondido?
Flérida
Un hombre, que entre esas peñas,
señora, estaba escondido,
y a tu voz le arrojó al mar,
osado, su precipicio.
Auristela
Breve tabla, que del barco
la resaca le previno,
le acerca nadando.
Flérida
Y de ella
el que naufragaba asido
viene como de remolque
a la orilla, en cuyo abrigo,
viéndole tan desmayado,
tan sin aliento y sin brío,
le esfuerza en sus brazos.
Auristela
¿Quién
generosamente altivo
restaura una vida?
Sale Licanoro, trayendo en brazos a Lisidante desmayado.
Licanoro
Yo,
que de tus rayos divinos
así humano girasol
idolatraba los visos,
cuando la lástima oyendo
que ese infelice te hizo,
dije: «Si salvo su vida,
un ansia a Auristela quito;
si en el peligro perezco
ganancioso hago el peligro,
pues tendrá de mí piedad
quien de otro la ha tenido».
Y así me eché al mar, y pues
lo mejor me ha sucedido,
que es haber vuelto a tus plantas,
que adviertas a ellas te pido
que Milor a Clarïana
hizo humano sacrificio
de un vivo para que muera,
y yo a ti te sacrifico
un muerto para que viva.
Pondérate tú el más digno,
que yo, por no esperar gracias
de él ni de ti, me retiro:
de él, porque no me las debe,
y de ti, porque el más fino
servicio alegado es
interés y no servicio.
Vase.
Auristela
Oye, aguarda.
Flérida
Al viento iguala.
Auristela
En toda mi vida he oído
más noble acción; mira tú
si en tal mortal parasismo
vive o no ese hombre.
Lisidante
¡Ay de mí!
Flérida
Ya tu duda satisfizo
su lamento.
Auristela
Llama a quien
su yerto esqueleto frío
de ahí retire, y tú,
del mar desechado desperdicio,
pues hay quien de ti se duela,
alienta y... pero... ¡qué miro!
Vase Flérida.
Lisidante
¿Quién mi vida...? Mas ¡qué veo!
Auristela
¿Si es ilusión del sentido?
Lisidante
¿Si es fantasma de la idea?
Auristela
¿Si es de la razón delirio?
Lisidante
¿Si es del susto devaneo?
Auristela
Hombre o sombra de ti mismo,
¿cómo, si en otra ocasión
darte vida solicito
allá es donde lo pretendo
y aquí es donde lo consigo?
Lisidante
¿Cómo, siendo la deidad
a quien mis hados dedico,
por pasar a ser milagros
empiezan siendo prodigios?
Auristela
¡Aun un consuelo que sólo
en tu fuga había tenido,
que era no volver a verte
en mi vida, oh fiero, oh impío,
tirano cruel, me quitas!
Lisidante
No soy yo quien te le quito,
que si por no verte airada
ni verme a mí convencido
(que hay desdichas que convencen
sin culpa de quien las hizo)
las armas dejé, y pirata
de un miserable barquillo
me di al arbitrio del mar,
y él piadosamente esquivo
quiere que vuelva a tus ojos,
culpa del mar el arbitrio,
no a mí, y porque veas mejor
que al consuelo no te privo,
ya que el consuelo es no verme
has de ver cómo le impido
(porque si otra vez me ausento
no otra vez te dé fastidio)
todo su poder al hado,
toda su fuerza al destino:
¡Soldados, criados, vasallos!
Auristela
No des voces.
Lisidante
Si tú has dicho
que el no verme es tu consuelo,
y con mi muerte te libro
de este susto en que te ofendo,
yo de Polidoro invicto
soy el homicida, yo
Lisidante, su enemigo.
Venid, vengad a Auristela,
que llora de haberme visto,
venid y en mí...
Auristela
No prosigas,
calla, calla, mas ¿qué digo?
Que si aleve, si tirano
tú mismo, ¡ay de mí!, tú mismo
cuando yo olvido la ofensa
me acuerdas que no la olvido,
pues aunque quiera no puedo
diciéndomela tú a gritos;
ya es fuerza que entre el rencor
y la piedad con que lidio
venza el rencor la balanza.
¡Vasallos, deudos y amigos,
venid, vengad a Auristela
del que en vez de enternecido
de su delito, me quiebra
los ojos con su delito!
Lisidante
Calla, calla, no des voces.
Auristela
Si tú en mi cara me has dicho
que eres...
Lisidante
Sí, pero si tú...
Auristela
Yo al ver...
Lisidante
... Yo al haber oído...
Auristela
que das...
Lisidante
... que haces...
Los dos
... no, si cuando...
Flérida
La voz de Auristela he oído
habiendo quedado sola
a la vista de un prodigio.
Todos
Acudid todos.
Lisidante
Hoy muero.
¡Oh, qué bien dijo el que dijo
que eran las mujeres, Cielos,
animales vengativos!
Salen todos.
Timantes
¿De qué, señora, das voces?
Flérida
¿Qué es esto?
Timantes
¿Qué ha sucedido?
Estela
¿Qué tienes?
Flérida
¿De qué te afliges?
Auristela
No sé, ¡ay infelice!
Todos
Dinos,
¿qué quieres?
Auristela
Que deis a ese
infelice algún alivio.
Timantes
Venid donde sea el precepto
de Auristela obedecido.
Lisidante
Torció la vereda al ceño:
¡oh qué bien dijo el que dijo,
Cielos, que era la mujer
el más familiar amigo!
Jornada Segunda
Sale Timantes mirando adentro.
Timantes
Clarïana, transcendiendo
la augusta fábrica excelsa
de esos palacios que a sombra
de estas murallas se asientan,
viene hacia su plaza de armas.
Bien a poca luz se deja
ver el cuidado que trae,
y aunque a mí nunca me puedan
obstar en mis procederes
ni verdades ni apariencias,
una cosa es que yo obre
atento, y otra que ella
lo conozca, que no siempre
sirve a gusto la prudencia;
y así, hasta que sepa de otro
mi resolución, quisiera,
por saber cómo la admite
para pensar la respuesta
que darla debo, no hablarla.
Iré pues... Pero Auristela
por esotra parte viene,
con que es la duda la mesma.
Mas, ¿qué temo? Obre yo bien,
y lo que viniere venga.
Salen por una parte Clariana y Estela, y por otra Auristela y Flérida.
Clariana
Con un cuidado a buscar
vengo a Timantes, Estela.
Estela
Bien se ve, y aun el cuidado.
Auristela
Dos causas, Flérida bella,
me traen buscando a Timantes.
Flérida
No es difícil el saberlas,
si Arsidas y Lisidante
en su poder se me acuerdan.
Timantes
Ya me vieron (¡oh, quien sirve
a dos dueños cuánto arriesga!)
pues ha de errar para el uno
lo que para el otro acierta.
Clariana
¿Timantes?
Timantes
¿Qué es lo que mandas?
Auristela
¿Timantes?
Timantes
¿Qué es lo que ordenas?
Las dos
Vos os ofrecisteis...
Timantes
Sí,
a que Arsidas viva y muera,
y he cumplido mi palabra.
Las dos
¿Cómo?
Timantes
De aquesta manera.
¡Ah de la guardia!
Sale Lisidante vestido de pobre soldado, con una pistola en la mano.
Lisidante
¿Quién va?
Timantes
Amigos.
Lisidante
¿Con tanta priesa
a mudarme? ¿Desconfías
de la posta que me encargas?
Timantes
No, soldado.
Lisidante
¿Pues qué mandas?
[Aparte.]
Clarïana y Auristela
aquí, ¿qué novedad hay?
Auristela
Flérida, ¿qué es esto?
Flérida
Deja,
[Aparte, a Auristela.]
mientras su afecto lo diga,
que esté la duda suspensa.
Timantes
Que entreabras de aquella oscura
prisión de Arsidas la puerta,
con tal recato que no
nos escuche ni nos sienta.
Abre una puerta y vese una reja grande, y detrás de ella Arsidas con cadena al pie, sentado en una silla, y Brunel arrimado a ella
Clariana
¡Qué triste, lóbrega estancia!
Auristela
¡Y qué pavorosa!
Timantes
Esta
la cámara fuerte es
de esta antigua fortaleza,
donde apenas entra el sol
y entrara, si entrara, a penas.
Desde sus rejas podéis
verle sin que él os vea;
y veréis si yo cumplí
partida la diferencia
entre la muerte y la vida:
pues hay sagrada sentencia
que ataúd de vivos llama
a la cárcel, de manera
que obedeciendo el que viva
y obedeciendo el que muera,
muere, pues que se sepulta,
y vive, pues que se alienta.
Llegad, pues, mas no hagáis ruido,
que el veros será indecencia
sin el indulto de veros.
Clariana
¡Oh, cuánto lidian violentas
pasiones de odio y amor!
Auristela
¡Oh, cuánto batallan ciegas
dudas, viendo la malicia
por guarda de la inocencia!
Estela
¡Qué lástima!
Flérida
¡Qué desdicha!
Arsidas
Por más, fortuna, que quieras
ostentar hoy contra mí
de tus imperios la fuerza,
por lo menos una dicha
no has de quitarme.
Brunel
¿Qué es de ella,
dónde la tienes?
Arsidas
La tengo,
¡ay, Brunel!, en no tenerla,
que lo que nunca se goza
nunca es posible se pierda.
Brunel
Muy linda moralidad
para un callejón Noruega,
aprendiendo, como dicen,
a gavilán.
Arsidas
Demás de esta,
aun otra no ha de poder
quitarme tampoco.
Brunel
Venga,
que discreciones a oscuras,
si no alivian, atormentan.
Arsidas
El que padezco sin culpa,
que los hombres de mis prendas
no han de sentir las desdichas
por sentir el padecerlas,
sino porque sus defectos
den la causa para ellas,
y siendo así que no haya
yo ocasionado a mi estrella,
que se padezca, ¿qué importa?
Brunel
Todo lo que se padezca.
Pero, ¿por qué has de decir
que estás sin culpa? ¿Es pequeña,
saliendo como saliste
desnudo de una tormenta
a la merced de un esquife
que otros robado se llevan,
ofrecer el alma al diablo
por unas armas y...?
Arsidas
Deja
locuras...
Lisidante
¿Qué oigo?
Arsidas ... que estar
allí no sin influencia
del hado fue, que me trujo,
a que como agresor sienta
la muerte que como amigo
debo sentir.
Lisidante
¿Quién creyera
que yo por testigo y guarda
esté de mi causa mesma?
Clariana
¿Oyes cuán sin culpa está?
Auristela
Quizás que le escuchan piensa.
Arsidas
Y si hubiera de sentir
algo solo, ¡ay Dios!, sintiera
que ofendida la hermosura de...
Clariana
Cerrad aquesas puertas,
que a tanta lástima, no hay
más corazón para verla.
Cierra la puerta.
Arsidas
¿Qué voces aquellas son?
Timantes
No habéis menester saberlas.
Auristela
Dices bien, ¿pero qué mucho
que a mí más que a otro enternezca
si en gramática de amor
saber distinguir es fuerza
que no es la persona que hace
la que padece?
Clariana
Auristela,
ya que prudente Timantes
nuestros dos estremos media,
pues Arsidas vive y muere,
la pasada cuestión vuelva.
Quedamos en que en razón
de Estado es justo que ceda
tal vez la queja al consejo,
a cuya causa se llegan
dos no menores: la una,
que Arsidas el preso sea,
cuya persona es preciso
no sólo a su hermano tenga
por valedor, pero a cuantos
deudos y amistad comprehendan.
La otra que, pues a sus solas
ser el homicida niega,
quizá hay aquí algún engaño.
Y así es bien, mientras se sepa,
tome el acuerdo otra forma,
mayormente al ver que dejan
nuestra corte Licanoro
y Milor, con la propuesta
de que su ejército el uno
y el otro su armada aprestan
en tu favor y en el mío,
cuya heroica competencia
puede esta prisión pendiente
por ahora estar suspensa;
basta alterar nuestra patria
sin que añada más a ella
la ojeriza de las otras,
viendo la poca decencia
con que a Arsidas tratamos.
Auristela
Cuanto a la razón primera,
convengo en tu parecer,
y así, Timantes, ordena
que debajo de homenaje
más decente prisión tenga;
pero en cuanto a la segunda
de que hay engaño o cautela,
yo sé muy bien el que hay,
pues sé que es el que en la estrecha
prisión de esta torre he visto
el fiero agresor, y es fuerza
pensar la satisfacción
que necesita la ofensa,
que no ha de decir el mundo
que le dejamos sin ella,
que el interés enjugó
nuestras lágrimas.
Clariana
Es cuerda
resolución.
Lisidante
¡Ay de aquel
que ha de esperar la sentencia!
Timantes
Yo, pues he de ejecutar
las disposiciones vuestras,
os doy las gracias de que
se ajusten a la decencia
de igual preso y de igual causa.
Clariana
Y yo, en tanto, diligencias
haré hasta apurar... mas esto
no es de aquí. Ven, Auristela,
demos lugar a Timantes
a que el orden obedezca
de la nueva prisión.
Auristela
Vamos:
mas, ¿cómo, ¡ay, Flérida bella!,
iré sin saber primero
qué transformación es esta?
Clariana
¿No vienes?
Auristela
Sí, pero aguarda
que entre tan graves materias
aun menores circunstancias
tal vez la memoria acuerdan.
Timantes, un infelice
que a mis lástimas y quejas
hubo quien del mar sacase,
¿vive o muere?
Lisidante
Muere y vive,
que esto Arsidas le enseña,
desde que guarda, señora,
es suya, que son las penas
tan venenoso contagio,
que al tratarlas de tan cerca
muere a las violencias suyas,
y vive a las plantas vuestras.
Timantes
Yo, como tú me mandaste,
que en mí sus fortunas tengan
algún alivio, por eso
y por hallar en él prendas
de entendimiento y valor
para que pasarlo pueda
a la merced de tu sueldo:
mientras a su patria vuelva,
plaza le senté en la guarda
de Arsidas.
Auristela
Que os agradezca
el cuidado es bien, y bien
que intente hacer la deshecha
[Aparte.]
de todo punto. ¿De dónde
sois?
Lisidante
De Egnido, isla pequeña,
Auristela
que el Archipiélago moja.
¿El nombre?
Lisidante
Fortún, que fiera,
como expósito del hado
que arrojaron a sus puertas,
me dio la fortuna el nombre.
Auristela
Pues, ¿qué es la fortuna vuestra?
Lisidante
La que vos sabéis, pues vos
sois la causa de que pueda
ella informaros de mí,
pues si no es por vos es cierta
cosa que hubiera acabado
al rigor de la tormenta:
quién de ella me sacó ignoro,
pero no ignoro que sea
vuestro el milagro, y así
informaos de vos mesma
cuál es la fortuna mía,
que siendo la deidad de ella,
en vuestra mano, señora,
está el ser mala o ser buena.
Mas porque vuestra pregunta
no se quede sin respuesta,
ya que no sé la que es,
la que fue diré: en mi tierra
el noble arte de platero,
mercader de ricas piedras
un tiempo ejercí; una joya
hice tan hermosa y bella
que fue un espejo del sol
tal vez que el sol llegó a verla.
No había en mi patria dueño
que mereciese tenerla
y a buscar dueño salí;
no me fue mal en las ferias,
pues le hallé tal que logré
mi esperanza hasta allí incierta,
pero como en fin no hay dicha
que sin sus azares venga,
cuando pensé venturoso
dar a mi patria la vuelta,
dejando en un alto empleo
desangrado Ofir en venas,
pobre Ceilán en diamantes,
y robado el Sur en perlas,
tuve con un igual mío
un encuentro, y de manera
mi desdicha y su desdicha
se aunaron, que me fue fuerza
hacerme al mar como pude.
Y aunque otros en sus violencias
deshecha fortuna corren,
nadie más que yo deshecha,
pues la próspera hasta allí
toda desde allí fue adversa.
Perdonadme que, grosero,
perdidos caudales sienta,
siendo así que quien la vida
os debe, nada hay que pierda.
Auristela
Sin saber que érades vos,
a la voz de mi clemencia
hubo quien la vida os diese;
no tenéis que agradecerla,
que yo no hiciera por vos
lo que la piedad no hiciera
por sí, y así bien podéis,
sin que por grosero os tenga,
vuestras pérdidas sentir,
pues aunque la vida os dejan,
quien perdió lo que perdisteis
es muy justo que lo sienta.
Ven, Clariana.
Vase.
Clariana
Un extranjero
antes rico, hoy en miseria,
¿guarda de Arsidas no es?
¿Él a sus solas no niega
ser de mi hermano homicida?
¿La duda el rencor no templa?
Yo he de saber la verdad
o librarle sin saberla.
Vase.
Timantes
Esperadme aquí entre tanto
que desto a Arsidas dé cuenta
y le tome el homenaje.
Vase.
Lisidante
«Pues aunque la vida os dejan,
quien perdió lo que perdisteis
es muy justo que lo sienta»...
Bien claro Auristela, ¡ay, triste!,
me ha dicho que aunque dispensa
el vivir, el sentir no;
pues dio a entender por sí mesma
«quien perdió lo que perdisteis».
¡Oh hado, oh fortuna, oh estrella,
quién supiese reducir
a un punto tantas, tan nuevas
circunstancias de una vida,
que para haber de entenderla
es menester tolerarla
a los visos de novela
que de verosímil casi
a no posible le acerca.
Dejo aparte tantas varias
fortunas y tan diversas,
y voy sólo al nuevo trance
de que yo la guarda sea
de quien mi delito paga,
y que, equívocas las señas,
quiere el cielo que el acaso
nombre de delito tenga.
¿Cómo mi sangre y mi fama,
mi valor y mi nobleza
sufrirán que otro...?
Sale Merlín.
Merlín
Señor
soldado...
Lisidante
... por mí padezca
lo que yo...
Merlín
Señor soldado...
Lisidante
... hice por mí...
Merlín
... a esotra puerta...
Lisidante
... sin que...
Merlín
¡Ah, señor!
Levanta las manos Lisidante, y dale un mojicón a Merlín.
Lisidante
¡Ay de mí!
Merlín
Parece esa diligencia
la de quien pisa a otro un callo
y en pisándole se queja,
dame uced el mojicón
y el «¡ay de mí!» no me deja
siquiera para consuelo.
Lisidante
Perdonad, por vida vuestra,
que estaba muy divertido.
Merlín
Pues por Dios que se divierta
menos juguetón de manos,
que es recia cosa y muy recia
que usted entre dientes hable
y que yo grite entre muelas.
Lisidante
Ya he dicho... ¿Merlín?
Merlín
Señor,
una y mil veces la tierra
que pisas me da en albricias
de tu vida.
Lisidante
Llega, llega
a mis brazos, que no menos
la tuya mi afecto precia.
Merlín
¿Qué traje es este?
Lisidante
¡Ay, Merlín,
que hay muchas cosas que sepas!
Dime, tú ¿cómo escapaste?
Merlín
Cuando el choque de las peñas
dividió a los dos, quedamos
el agua y yo haciendo apuesta:
ella sobre «has de beberme»,
yo sobre «no he de beberla».
Saliendo iba con la suya,
que aunque es salada es necia,
cuando unos pescadores
que ampararse a la ribera
de la tormenta venían,
un cabo al pasar me echan
que como le mató el aire
sobraría de la vela,
con que enmendamos fortuna
ellos y yo, pues a tierra,
dejada pesca tan mala,
sacaron tan linda pesca.
Albergueme en sus barracas
hasta que, cansado dellas,
viéndome sin ti, señor,
niño y solo en tierra ajena,
para enseñarme a holgazán
buscando iba una bandera
adonde asentar la plaza
de tambor, y así a esta fuerza
me encaminé, vi un soldado
y al preguntarle dónde era
el cuerpo de guardia, di
contigo, mejor dijera
diste tú conmigo, y pues
mi tragiborrasca es esta,
vaya tu tragiborrasca.
Lisidante
La confusión en que encuentras
mis sentidos te la digan,
pues recopilando ideas,
por ir de una vez al caso
era el epílogo dellas
que Arsidas, de Chipre infante,
preso mi culpa padezca
y yo sea guardia suya.
Merlín
Notables cosas me cuentas
¿él es preso, y tú su guardia?
Lisidante
Sí, Merlín, que por la cuenta
trocamos arnés y esquife
dando de adehala en las ferias
él la tormenta del mar,
yo del monte la tormenta.
Merlín
¿Ves cuántas andanzas tuyas
me ofuscan y me marean?
Pues sola una objeción hallo,
y si otros han de ponella,
pongámonosla nosotros.
Lisidante
¿Y qué es la objeción?
Merlín
Que venga
un príncipe estrafalario
tras una sin par belleza
sin que ni allá se eche menos
ni acá que falta se sepa.
Lisidante
El día que yo partí
a Aurora, mi hermana bella,
dije que cumplir un voto
antes de empezar la guerra
me era forzoso, y no habiendo
de ir a él con más grandeza
que dos criados, tú y Celio
(a quien desde la primera
ocasión no vi más), que
a los que me asisten cerca
echasen voz de que estaba
indispuesto, juzgué fuera
más breve mi ausencia; pero
si unas de otras se encadenan
mis desdichas, no pudiendo
haber dado hasta ahora vuelta,
¿qué mucho, dejando allá
el secreto, que no venga
acá la noticia?
Merlín
Bien.
Lisidante
Mas ¡ay!, perdida Auristela,
pues no ha de querer mi mano
en su misma sangre envuelta.
Merlín
Y preso otro en tu lugar,
¿qué causa hay que hoy te detenga?
Lisidante
La de no perder de vista
el empeño. ¿Es bien que crea
nadie que dejé el peligro
a otro, y yo la espalda vuelva?
¡Vive Dios que he de estar...! Pero
Timantes y Arsidas llegan,
allí te retira.
Retírase Merlín, y sale Timantes, Arsidas y Brunel.
Timantes
No
dudo que esté vuestra Alteza
quejoso, señor, de mí,
porque en tal prisión le tenga.
Arsidas
No, Timantes, que bien sé
que tal vez en la prudencia
de ministro es tolerancia
lo que parece violencia.
El juez que quiere librar
algún delincuente, quiebra
en la prisión la justicia
por disfrazar la clemencia,
y así, a mi agradecimiento
esperad, y no mi queja,
pues fue gana de que viva
el dar a entender que muera.
Timantes
Dígalo el efecto, pues
si yo en el principio hiciera
sospechosa mi piedad,
no lograra el que ya sea
desta torre a los jardines
espacio la prisión vuestra,
y así haced el homenaje
de que...
Arsidas
Suspended la lengua,
que yo no he de hacerlo.
Timantes
¿No?
Arsidas
No.
Timantes
Pues, ¿qué razón dais?
Arsidas
Esta:
yo no maté a Polidoro,
y como en actos convenga
de reo, jurisdicción
vendré a dar a la sospecha;
y, así, volvedme, no digo
a esa oscura prisión ciega,
pero al más hondo suplicio,
o tened conmigo cuenta,
porque me tengo de ir
siempre, Timantes, que pueda.
Lisidante
[Aparte.]
¡Quién ayudara a su fuga!
Pues como él faltara, hiciera
mi desempeño más fácil.
Timantes
Bien será que las dos sepan
aquella resolución.
¡Soldado!
Lisidante
Señor.
Timantes
Alerta,
que lo que os dure la guardia
vos de él habéis de dar cuenta.
Vase.
Brunel
Si tienes, señor, intento
de irte en pudiendo, ¿no fuera
mejor que lo aseguraras
que no que le previnieras?
Arsidas
No, que no he de hacer yo acción
que no conste que he de hacerla.
Brunel
Hicieras el homenaje,
y constara, con que fuera
más fácil el afufón.
Arsidas
Brunel, aquestas materias
no son para ti. ¿Sois vos
de guarda hoy?
Lisidante
Hasta que vengan
a mudarme, he de asistiros.
Arsidas
Decidme, por vida vuestra,
hasta donde sólo el orden que
tenéis os dé licencia,
¿qué dice desta prisión
el vulgo? ¿Cree que yo sea
hombre que si fuera mía
la acción que me imputa hiciera
lo que hizo su agresor,
que temeroso se ausenta
sin atreverse a decir
quién es?
Lisidante
Lo que el vulgo piensa...
Merlín
¡Oh, qué chispa va saltando!
Quiera Dios que no se encienda.
Lisidante
... no lo sé, porque a esa playa
llegué derrotado apenas
cuando la plaza senté.
Mas lo que sé es que se cuenta
que el agresor escapó
de la alterada violencia
de todo el vulgo, y no es tarde
para que quién es se sepa.
Arsidas
Lo que yo hasta ahora sé
es que en su riesgo me deja
y él se está oculto.
Merlín
No es bobo.
Lisidante
[Aparte.]
Quizá hay causas que le muevan
a que hasta ahora callase.
Arsidas
Está bien.
Merlín
[Aparte.]
Ya esta centella
se apagó, vamos a otra.
Arsidas
¿Tenéis orden que no pueda
escribir?
Lisidante
Cuando la guardia
tomé, no había luz, y fuera
vano entonces este orden,
después que salir os dejan
tampoco en él me han hablado.
Arsidas
Pues siendo desa manera,
y que en contrario no le hay,
escribir se me conceda
una memoria (¡ay, divina
Clarïana, quién pudiera
desengañarte!, mas, como
escrita la cifra tenga,
quizá habrá ocasión.)
Lisidante
Por mí
Aparte los dos.
escribid, que aunque os parezca
tome la defensa de otro,
¡vive Dios, que no desea
nadie vuestra libertad
más que yo, que si pudiera...!
Pero esto baste.
Arsidas
Ve tú,
A Brunel.
que en la guardia habrá quien tenga
aderezo de escribir,
y tráelo a la torre.
Lisidante
Espera.
Brunel
¿Por qué?
Lisidante
Porque comprehendido
en la guarda que me entregan
eres.
Brunel
¿Comprehendido yo?
Arsidas
Pues traedle vos.
Lisidante
Bien fuera
por él, mas es contra el orden
perderos de vista.
Arsidas
Esa
es fácil de dispensar
dándoos yo palabra cierta
de esperaros.
Lisidante
Mejor es
para que yo no lo tuerza,
y el que me siga no traiga
nuevo orden, o no os sea
tan servidor como yo,
que esperemos a que vengan
a mudarme, y yo os ofrezco,
como una vez me halle fuera
del empeño de la guarda,
traerle entonces.
Arsidas
Norabuena,
y pues de mi parte os hallo,
aunque mi intento no era
más que sólo divertir
propia natural tristeza,
de un preso imaginaciones,
a más el favor se extienda.
Lisidante
A todo cuanto mandareis.
Arsidas
Pues en confianza vuestra...
Lisidante
Decid.
Arsidas
... será lo que escriba...
[Aparte.]
¡oh, cielos, con cuánta priesa
se arroja un necesitado!
Lisidante
Proseguid, ¿qué hay que os suspenda?
Arsidas
Una carta que me importa.
Lisidante
(Aparte.)
Y aun a mí también el verla.
¿Qué dificultad tendrá?
Arsidas
El no tener quien con ella
vaya.
Lisidante
Un camarada tengo
que es aquel que allí me espera,
de quien os podéis fiar.
Arsidas
Pues haced que se prevenga
para ir...
Lisidante
¿Dónde?
Arsidas
A Epiro.
Lisidante
¿A Epiro?
Arsidas
Y esperar, si a manos llega
de Lisidante, que tomen
nuevos rumbos mis tormentas.
Lisidante
¿Es vuestro amigo?
Arsidas
Con él
tenido he correspondencia,
no estrechez, pero es en quien
presumo... Mas gente llega,
no nuestra plática hagamos
sospechosa.
Lisidante
¡Cielos! Nueva
confusión, ¡en quien presume
[Aparte.]
Lisidante es...! Mas, ¿qué fuera
que tuviese...?
Sale un sargento, y soldados.
Sargento
¡Ah de la guardia!
Lisidante
Señor sargento, ¿qué ordena?
Sargento
Que entreguéis a ese soldado
la posta, y vos, demás della,
oíd.
Soldado
Está bien. ¿Qué es la orden?
Aparte a Lisidante.
Lisidante
Que de vista no se pierdan
Arsidas y ese criado.
Los dos aparte, y dale las armas.
Soldado
Adiós.
Lisidante
Adiós.
Arsidas
En la esfera
Aparte a Lisidante.
me hallaréis desos jardines,
ya que para esto hay licencia.
[Aparte.]
¡Oh, quién siquiera adorara
de Clarïana las rejas!
Vase.
Lisidante
Yo os buscaré en ellos.
Brunel
Mire
uced, que cuidado tenga
conmigo, que comprehendido
soy.
Lisidante
Ya lo sé.
Vanse los dos.
Lisidante
¡Suerte fiera!
¿No bastaba lo hasta aquí
intrincado de mis penas,
sino ir añadiendo ahora
más y más cabos a ellas
que tener que desatar?
Merlín
Pues ¿qué nueva polvareda
es la que se ha levantado?
Lisidante
¿Qué mayor que la sospecha
de que de temor se esconda
el agresor de su ofensa,
sabiendo yo que soy yo?
Demás de que añade a esta
que a Lisidante una carta
ha de escribir, y con ella
has de ir tú.
Merlín
En mi vida habré
hecho jornada más cerca,
pero a Lisidante, ¿a qué
propósito escribe?
Lisidante
Esa
es la duda que no alcanzo,
pues sólo dijo al moverla
que es en quien presume...
Merlín
¿Qué?
Lisidante
No prosiguió, y temo
sea en quien presume que fue
el homicida, e intenta
retarle de que se oculte.
Merlín
¿Qué fuera, señor, que hubiera
en lo grabado del peto
descifrado aquella empresa
de la estrella y de la lis,
y su mote?
Lisidante
Bien sospechas,
y pues lo dirá la carta,
a llevarle me resuelva
para que escriba recado:
¿sabes tú de qué manera
más secreto irá?
Merlín
No sé.
Al paño Clariana y Estela.
Clariana
Esto he de deberte, Estela:
tú has de ser la sospechosa.
Estela
¿Qué no haré yo por tu Alteza?
Clariana
Pues llega, que hacia allí está,
ya que hice concepto, necia,
de que pobre que fue rico
en patria extraña se venza
más fácil del interés.
Lisidante
Ven, buscaremos cautela
cómo poder...
Estela
Ce, soldado.
Lisidante
¿Es a mí?
Estela
A vos solo.
Lisidante
Espera
aquí.
Merlín
Sí, pero acechando.
Escóndese Merlín, y sale Estela, y Clariana se queda al paño.
Lisidante
¿Qué mandáis?
Estela
Ser breve es fuerza,
porque Clariana, que anda
divirtiendo sus tristezas
por esos jardines, no
me eche menos. Hoy de vuestras
fortunas compadecida
propuse, si no vencerlas,
enmendarlas: esta alhaja
primero testigo sea.
Lisidante
Ved...
Estela
No os rehuséis; pues tenéis
quien de vos se compadezca,
compadeceos de quien,
sintiendo propias y ajenas
fortunas, en mayor mal
Échale un bolsillo en el sombrero.
corre no menor tormenta.
Mujer afligida soy,
poca costa una fineza
os tiene: aquesta es que, cuando
la guardia a tocaros vuelva,
deis a Arsidas este estuche,
y le prevengáis que lea
lo que dentro dél va escrito,
y pues aderezo lleva
de escribir, responda, pero
ha de ser con advertencia,
que en vuestro silencio estriba
el volver a vuestra tierra
con más bienes que perdisteis
o perder la vida en esta.
Vase.
Clariana
Bien Estela el papel hizo.
Vase.
Lisidante
Oye, aguarda, escucha, espera.
Merlín
Mujeres ligeras vi,
mas ninguna tan ligera.
Lisidante
¿Haslo oído?
Merlín
Todo.
Lisidante
Y ¿qué
juzgas?
Merlín
Que según las señas
del bolsillo y del estuche,
hacerte esta dama intenta
su secretario ad amorem.
Lisidante
Aunque bien claro se deja
ver el fin, no es bien que yo
nada ignore.
Merlín
¿Pues qué esperas?
Abre el estuche y veamos
cómo aderezo contenga
de escribir.
Saca del estuche un libro de memoria.
Lisidante
Eso es muy fácil,
que hay muchos desta manera.
Merlín
¿Qué dice, pues?
Lisidante
Nada leo,
que es cifra.
Merlín
No es la primera
Lisidante
vez que se escriben los dos.
Nada entender puedo.
Sale Arsidas y Brunel, y soldados por la otra parte.
Arsidas
Hacia esta
parte a Clarïana vi:
¡oh, quién hablarla pudiera!
Mas ya que no puedo hablarla,
habré de vivir de verla.
Merlín
Arsidas por aquí vuelve.
Lisidante
Puesto que, aunque nada entienda,
tiene el estuche aderezo
de escribir, dársele es fuerza,
por mí y por la dama.
Merlín
A eso
es lo que llaman las dueñas
de una vía dos mandados,
y mandábala que fuera
al Retiro, y se pasara
por la puerta de la Vega.
(Señor crítico, chitón,
que nadie quita que en Grecia
haya vegas ni retiros.)
Arsidas
Volvió hacia otra parte, que era
mucha dicha para mí
aun desde lejos sus bellas
luces adorar.
Lisidante
Buscándoos
vengo.
Arsidas
¿Qué hay que se ofrezca?
Lisidante
Dijisteis, cuando de guardia
os asistí en esta mesma
parte, que al sacar un lienzo,
señor, de la faltriquera,
un estuche se os cayó
que estimabais por ser prenda
de una dama.
Arsidas
(Aparte.)
Así es verdad.
Bien es que con él convenga.
Lisidante
Hallole mi camarada,
y viendo cuánto se precian
de las damas las memorias,
vuelvo a vos para que él vuelva
a vuestras manos: tomad
y tened con él más cuenta,
porque es prenda de una dama
y no es justo que se pierda.
Arsidas
Mucho gusto me habéis dado.
A Lisidante aparte.
¿Qué es esto?
Lisidante
Lo que deseas
y aún más, pues recado pides
para escribir y ahí le lleva,
no sólo para que escribas,
mas también para que leas.
Arsidas
¿Qué querrá decirme? Pero,
[Aparte.]
pues no alcanza la sospecha
aquí, ¿qué aguardo? ¿Qué miro?
Abre el estuche y saca el libro.
¡Cielos! La cifra y la letra
de Clarïana contiene
la cándida tabla tersa
de un libro, nunca más que hoy,
de memoria.
Lee como a hurto y Lisidante se pone en medio y los dos criados delante del soldado.
Lisidante
[A Merlín.]
Que diviertas
conviene aqueste soldado.
Merlín
Camarada, ¿qué hay? ¿Es buena
vida ser guarda de vista?
Soldado
Buena o mala, serlo es fuerza.
Merlín
Por si a mí me toca serlo,
sus obligaciones sepa.
Brunel
Eso yo se las diré:
ser mirón, tanto ojo alerta
de un hombre a quien dice mal
que, estando la noche entera
compadeciendo codillos,
es el barato que lleva
darle con un candelero.
Arsidas
Ya que de memoria pueda
haber deshecho la cifra,
a leerle mil veces vuelva.
Lee.
El negar, siendo quien sois, que la acción de mi desdicha no
fue vuestra, parta el camino entre mal creídos sentimientos y
disculpas aún no tampoco bien creídas, y así mientras la
duda, a pesar de algún afecto se mantiene, pues ya es vuestra
prisión la torre del Homenaje, atended a lo que de noche
se canta en sus jardines, que la música os avisará de mis resoluciones.
Dios os guarde.
Bien el artificio haya,
que en oprimida vitela
bruñó barniz que sin tinta
ni molde sirva de imprenta.
Y haya el artífice bien,
que redujo a tan pequeña
caja tan preciosa joya
como la de una firmeza.
Y pues este breve libro
en hojas partirse deja,
quédense éstas al Amor,
y vayan a Marte éstas.
Arranca hojas del libro, y escribe en ellas.
Merlín
Y en fin, ¿basta, como dicen
las celosas andariegas,
irle pisando la sombra?
Lisidante
Ya escribe, no sé si sea
a Lisidante o la dama.
Soldado
No basta, que es bien que sepa
lo que escribe, que el sargento
esto añadió a la primera
orden.
Arsidas
Oíd y lo sabréis:
«Amigo, ya veis que en esta
ocasión no puedo daros
el hallazgo de igual prenda;
un mercader de mi patria
quizá aceptará esta letra;
dádsela a quien va, pues es
en quien presumo que tengan
algún alivio mis ansias.
Decid que os dé la respuesta
que deseo, y que no extrañe
escribir desta manera,
que prisioneros escriben
de cualquier modo que puedan».
Soldado
Pues por si es o no, ¿qué importa?
Merlín
¿Qué queríades que fuera?
Arsidas
¿Habeisme entendido?
Lisidante
Sí.
Arsidas
Pues id con Dios. Si se acuerda
de mí Clarïana, ¡cielos!,
[Aparte.]
mas que más desdichas vengan.
Vase.
Soldado
Venid, que Arsidas se va.
Brunel
Sí vendrán, que no son bestias.
Vanse los dos.
Lisidante
Muestra la hoja que te dio,
veré lo que dice en ella.
Merlín
Si es cifra, será a la dama,
si no, a ti.
Lisidante
A mí es.
Merlín
Pues léela.
Lisidante
¿Quién creerá que ella es la hoja
y Lisidante el que tiembla?
Merlín
Quien lo que es abrir el pliego
de un hombre ofendido sepa.
Lee Lisidante.
Los generosos hechos de vuestra heroica fama, oh valeroso
Lisidante, disculpan a un infelice, para favorecerse aun antes
de vos que de un hermano. El que mató a Polidoro cobarde
no parece, y por error padezco su delito, y aunque a todos
los príncipes de Europa, aun cuando fuera mío, tocara la defensa,
por haber sido en plazado duelo, a ninguno más que
[a] vos por ser de vos de quien me valgo: comprad una vida
a precio de una gloria, y no se diga que Arsidas murió desdichado
a vista de Lisidante generoso.
¿Quién, cielos, habrá que diga
lo que igual duda comprehende,
pues con baldones me ofende
quien con lisonjas me obliga?
No sé cuál camino siga,
mas sí sé, puesto que aquí
cuando me injuria, ¡ay de mí!,
como cobarde enemigo,
no sabe que habla conmigo,
y cuando me elige sí.
En manos de Lisidante
pone, en fe de su valor,
libertad, vida y honor,
siendo así que al mismo instante,
de su fortuna ignorante,
de cobarde le moteja,
luego obligado me deja,
no ofendido, si a ver llego
que sabe a quién hace el ruego
y no de quién da la queja.
Si por mí mismo debía
hallarme, sin queja alguna,
al lado de su fortuna,
achacoso de la mía,
¿qué haré, cuando de mí fía,
como dije, vida, honor
y libertad? Ea, valor,
favor a ti contra ti
piden, y has de darle, di:
¿cómo será ese favor
pues obligado te ves,
en el duelo que previenes,
a quien cree que no le tienes
y dice que se le des?
Corazón, dime tú, pues
¿qué haré en tanta confusión?
Declararme aquí es acción
temeraria, declararme
desde mi patria es dejarme
a que el riesgo en la elección...
Música
Dentro.
Razón tienes, corazón.
Lisidante
«¿Razón tienes, corazón?»
Música
Lágrimas el pecho exhale,
mas, ¡ay, qué inútiles son!
que a quien la razón no vale
¿qué vale tener razón?
Lisidante
«Que a quien la razón no vale
¿qué vale tener razón?»
¿Cúyo el oráculo ha sido
que a un tiempo aflige y consuela?
Merlín
Desde aquel cuarto Auristela
a este jardín ha salido.
Lisidante
¡Oh, quién pudiera atrevido
hablar y callar!
Merlín
Y hacia esta
verde apacible floresta
viene.
Lisidante
Vete tú a esconder,
pues que nadie te ha de ver
hasta traer la respuesta.
Vase Merlín y sale Auristela.
Auristela
Cantad desde aquí, y de aquí
no paséis, que a solas quiero
desahogar mis penas... Pero
¿quién es quien al paso vi?
Lisidante
Quien antes de hoy admití
los ecos desta canción:
con adivina pasión
de una en otra fantasía,
a su corazón decía...
Música y él
... razón tienes, corazón.
Auristela
Mi pena a la vuestra iguale,
pues cuando buscando sale
alivio en ecos veloces,
sólo halla que en vez de voces...
Música y ella
... lágrimas el pecho exhale.
Lisidante
Lágrimas de indignación
lágrimas son, pero impías:
las mías más en razón
van, pues son de amor las mías...
Música y él
... mas, ¡ay!, que inútiles son.
Auristela
Llanto vi que, aunque señale
amor, dice agravio, pues
hay razón que a odio le iguale,
y nadie más triste es...
Música y ella
... que a quien la razón no vale.
Lisidante
Bien lo dice mi pasión,
aunque ya de serlo deja
porque hay, señora, ocasión
que vale más tener queja...
Música y él
... que vale tener razón.
Auristela
Cuando la queja tengáis
por lo mismo me dejáis
la razón a mí.
Lisidante
Es así,
porque no me sirve a mí,
si es que a la canción tornáis.
Auristela
Pues, ¿qué dice la canción?
Música y él
Razón tienes, corazón.
Auristela
También por mí a decir sale:
Música y ella
Lágrimas el pecho exhale.
Lisidante
Pero añade a mi opinión:
Música y él
Mas ¡ay! qué inútiles son.
Auristela
En mí muerte.
Lisidante
En mí señale...
Música
... que a quien la razón no vale,
y los dos
¿qué vale tener razón?
Lisidante
Y puesto que a mí ni a vos
la razón nos vale, bien
disculpado estará quien
en la cuestión de los dos
de la sinrazón, ¡ay Dios!,
se valga.
Auristela
No oso a entenderos,
¿de la sinrazón valeros?
Lisidante
Puesto que hallen mis suspiros
más sinrazón que pediros
licencia para no veros.
Auristela
Bien en darle nombre hacéis
de sinrazón a esa acción,
porque ¿qué más sinrazón
que pedir lo que tenéis?
Lisidante
Quiero que vos lo mandéis
por si con obedeceros
puedo algo satisfaceros.
Auristela
¿Y eso será a mi rencor
satisfacción?
Lisidante
¿Qué mayor
que vengaros en perderos?
Ya hubo cuestión cuál se había
a mayor pena rendido:
quien vivía aborrecido
o aborreciendo vivía.
Si vuestra suerte y la mía
a ambos extremos llegó,
vos aborreciendo y yo
aborrecido, enmendemos
el uno de dos extremos
y este sea el vuestro, el mío no.
Pues con no verme enmendáis
no ver lo que aborrecéis,
y yo voy, sin que enmendéis
el ver que me aborrezcáis;
vos sin mí y con vos quedáis
sin un daño; yo sin vos
y conmigo, llevo dos,
y pues añado rendido
lo ausente a lo aborrecido,
quedad con Dios.
Auristela
Id con Dios,
y agradeced que el delito
vuestro se ausente de mí,
con una vida que os di
y otra vida que no os quito.
Lisidante
Y aun por eso solicito,
agradecido a las dos,
que de esas dos vidas vos
en dos muertes os venguéis.
Auristela
Decís bien, razón tenéis,
id con Dios.
Lisidante
Quedad con Dios,
y agradeced que sepáis
cuán presto os satisfacisteis
de la vida que me disteis
y la que no me quitáis.
Auristela
Vos ¿porque queréis no os vais?
Lisidante
No, sino porque lo quiere
mi desdicha.
Auristela
¿En qué se infiere?
Lisidante
En que no quiere mi altiva
fama que yo a vista viva
de quien por mi culpa muere.
Y para que novedad
no os haga mi proceder,
sabed que voy a poner
a Arsidas en libertad.
Auristela
Bien haréis, pero mirad
sea sin que descubráis
que vos la causa seáis,
que, en llegándose a saber,
acabaréis de perder
lo poco que en mí dejáis.
Lisidante
Pues, ¿qué dejo en vos?
Auristela
No sé,
mas si el ser vos mi enemigo
puedo tolerar conmigo,
con los otros no podré.
Y así, en sabiéndose que
fuisteis vos el homicida,
yo la primera ofendida
seré.
Lisidante
Para eso, señora,
¿no es mejor que desde ahora
acabemos con mi vida?
Vos, a una parte el empeño
que hoy me pone en nueva calma,
de mi honor, ser, vida y alma
sois el absoluto dueño.
De rodillas, y sale Licanoro.
Licanoro
¿De mi honor, ser, vida y alma
sois el absoluto dueño?
Lisidante
Lograd, pues, el desempeño
de una vez... Mas gente viene.
Auristela
¡Licanoro aquí! Conviene
desvelar, por si algo oyó,
[Aparte.]
la acción. Quien la vida os dio,
que a mí agradecer previene
vuestro afecto, es el que a ver
llegáis, soldado, y así
a él podéis, mejor que a mí,
como decís, dueño hacer
de honor, alma, vida y ser.
Llegad, pues, que el que atrevido
del mar os sacó, él ha sido.
Lisidante
A vos primero, señora,
os lo agradezco, y ahora
habiendo, señor, sabido
que fuisteis vos quien por mí
se arrojó a tan alto empeño,
os reconozco por dueño
de la vida que os debí,
alma, ser y honor, y así,
si este el desempeño es
de un pobre, dadme los pies.
Licanoro
¡Qué fácil, cielos, ha sido
Aparte.
de engañar siempre el oído!
Dígalo el sujeto, pues
mal pudiera dar cuidado
ni hablara desta manera
si de obligado no fuera.
Alzad del suelo, soldado,
y pues a tiempo he llegado
que él me acuerda que os serví,
acordaos también por mí
que una deuda me debéis.
Auristela
Es verdad, razón tenéis,
que yo una joya ofrecí,
de sus ansias lastimada,
a quien la vida le dé.
Quítase una joya, y al dársela, él tira de la cinta. Quedándose ella con la joya en la mano, la arroja.
Tomad pues, en fe de que
no quiero deberos nada.
Licanoro
Sí tomaré la lazada,
que es en quien está el valor.
Auristela
Ir sin la joya es error:
la deuda ella satisfaga,
que lo que doy como paga
no va bien como favor.
Licanoro
Llegando en el suelo a verla,
para venerarla yo
la levantaré, mas no
para quedarme con ella.
Tampoco para volverla
a vuestra mano, y así,
pues no ha de quedar en mí
ni a vos volver, tomad vos,
Dale la joya a Lisidante.
con que unas ferias los dos
hagamos.
Lisidante
¿Yo ferias?
Licanoro
Sí,
vos la lástima adquiristeis
que os tuvo Auristela bella,
yo la joya que por ella
ofreció; y pues conseguisteis
vos la lástima y me visteis
conseguir la joya (¡ay, Dios!)
troquemos ahora los dos
y quédense desde aquí
la lástima para mí
y la joya para vos.
Lisidante
Lástima que a merecer
llegué, no la he de fiar,
porque hiciera mal en dar
lo que yo me he menester,
y pues no la he de volver
ni a vos ni a Auristela bella,
ni yo he de quedar con ella,
haya otro medio; ¿una dama
no hay de su alteza?
Pónela en el suelo, llama al paño y sale Flérida.
Flérida
¿Quién llama?
Lisidante
Quien habiendo visto aquella
joya que se ha desprendido
de su pecho, como veis,
para que vos la cobréis,
por no tocar atrevido
a prenda que suya ha sido,
os lo advierto.
Flérida
Bien tenella
fue esa atención; vuelve, estrella,
a tu sol restituida.
Levántala.
Auristela
Pues ya la di por perdida
yo, quédate con ella,
y cerrando, Licanoro,
el paréntesis que ha hecho
la digresión de la joya...
Lisidante
(¡Este es Licanoro, cielos!)
Licanoro
(¡Notable altivez de pobre!)
Auristela
... sepa yo cómo, saliendo
de mi corte despedido,
bien que con aquel pretexto
de tener la armada a mira
de los tumultos del pueblo,
a quien la prisión ahora
de Arsidas tiene suspenso,
no a ella sola, a estos jardines
volvéis y tan de secreto
que es el llegar a mis ojos
el primer aviso vuestro.
Licanoro
Aunque el veros es delito
tan bien visto como veros,
sin novedad que disculpe
la acción, no volviera, pero
siendo tal la novedad
que della avisaros debo,
anticipado el perdón,
honesté el atrevimiento.
En esa armada que dado
fondo sobre el cabo tengo,
donde entre Epiro y Atenas
foso es de plata el Egeo,
me hallaba cuando llegó
nueva al senado del puerto
que Aurora, de Lisidante
hermana...
Lisidante
[Aparte.]
¿Qué será esto?
Licanoro
... llevada de algún error
no sé con qué fundamento
más del de no parecer
su hermano, que de secreto
dicen que a cumplir un voto
oculto salió y no ha vuelto,
y del error persuadida
a que es Lisidante el preso
que hoy está en Atenas, marcha
con los marciales aprestos
que él tenía apercibidos
contra Polidoro, haciendo
plaza de armas la campaña
casi en los límites vuestros;
y aunque al que la nueva trujo
repliqué a favor del reino
ser Arsidas, prosiguió
que Aurora responde a eso
que ella sabe que es su hermano,
y que otro nombre han supuesto
por matarle más a salvo,
al mundo satisfaciendo,
que no entró a parte el rencor
de los pasados encuentros,
a cuya causa promete
que ha de entrar a sangre y fuego,
si es vivo, en su libertad,
y en su venganza si es muerto.
Bien pudiera yo arrojar
mi gente a tierra, y saliendo
al opósito, señora,
desvanecer sus intentos,
pero como en la obediencia
consiste el merecimiento
del soldado, pues sin orden
la victoria no es trofeo,
mayormente cuando estriba
en un engaño el pretexto,
que puede facilitarse
con más apacibles medios,
no quise sin daros parte
adelantar mis esfuerzos,
por si la razón de Estado
tiene segundos acuerdos
de que valerse, y así
entrad con vos en consejo,
consultad vuestros motivos
y con la resulta dellos
fíad de mí la ejecución,
que aquí humilde, allá soberbio,
a costa de cuantos daños
y a pesar de cuantos riesgos
se opongan, veréis que os sirvo
hasta coronaros dueño
de Grecia contra Milor
y Clarïana, bien luego
como contra Lisidante
y Aurora de Epiro, pero
aunque de Epiro y Atenas
reina diga que he de haceros,
no diré de Macedonia,
que a eso sólo no me atrevo,
porque no merece ella
deidad que yo no merezco.
Vase.
Lisidante
En fin, un alivio solo,
en fin, un solo consuelo
que en perderte, ¡ay, Dios!, tenía,
ya, Auristela, aun no lo tengo.
Auristela
¿Consuelo en perderme?
Lisidante
Sí,
pues te perdía sin celos,
que como postrero mal
se guardó para postrero,
y tan disfrazado que,
conficcionado veneno,
cautelosa la verdad
que me dio vida, me ha muerto.
No en vano al pedirte, ¡ay triste!,
licencia de irme, el despego
afectado en el rencor
me la concedió tan presto,
por quedar sin malograr
tantos amantes afectos
como en Licanoro he visto.
Pero yo dél, de ti y dellos
me vengaré: adiós, adiós,
que ya que todo lo pierdo,
no he de perder nombre, honor,
lustre y fama.
Auristela
Bueno es eso,
cuando tú, porque sabías
de tu hermana los intentos
para volver en favor
de Arsidas, con el despecho
de declararte enemigo
te ausentabas.
Lisidante
¡Vive el cielo,
que tal no supe!
Auristela
¡Y él vive,
que yo a Licanoro...! Pero
¿yo satisfacciones? ¿Yo
disculpas a un desatento,
a un falso, a un aleve que,
llevado más de los ecos
de su aplauso que mi amor,
sin temer mis sentimientos,
a su hermana ha escrito y hasta
tener su gente en mis reinos
no se acordó que era honrado?
Lisidante
Nunca yo he olvidado el serlo,
pero dejeme llevar
del engaño de un afecto
hasta la última ocasión,
en que obligado me veo,
sobre notas de cobarde,
a empeños de noble... Pero
¿yo satisfacciones? ¿Yo
disculpas a un falso dueño,
que se deja llevar más
del esperado trofeo
que milita en su favor,
que no de mis rendimientos?
Auristela
¿Cómo puedo desviar
de un arbitrio que es ajeno?
Lisidante
Pues, ¿cómo podré yo el mío?
Auristela
Esto es fuerza.
Lisidante
Agravio es eso.
Auristela
Porque yo...
Lisidante
Porque yo...
Los dos
¿Cómo?
Flérida
Ved que viene hacia este puesto
Clarïana con Milor.
Auristela
Que te halle aquí no quiero,
escóndete entre esas ramas.
Lisidante
Sí haré, que el áspid del pecho
me dará lección de estar
entre flores encubierto.
Auristela
Y advierte, por si no hay
lugar ahora, que te ruego,
¿qué es que te ruego?, te mando
no hagas caso del acento,
ni te vayas ni descubras
hasta verme.
Lisidante
Yo lo ofrezco.
Escóndese a un lado, y salen por otro Clariana y Milor, Estela y tras ella Arsidas, Brunel, y quédanse al paño.
Clariana
Con una gran novedad,
Auristela, a verte vengo.
Auristela
Si es a decirme que Aurora
de Epiro, hermana del fiero
Lisidante, las fronteras
infesta de nuestro imperio,
ya lo sé, que Licanoro,
que sólo ha venido a eso,
me lo ha dicho.
Clariana
Serán dos
parecidas, según eso,
porque la que a mí Milor,
que de su ejército ha vuelto
con el aviso, me ha dicho,
es otra.
Arsidas
Ya que no tengo
más licencia que seguir,
vivo imán, el norte bello
de Clariana, di al guarda,
pues desde allí me está viendo,
que se detenga.
Brunel
Sí haré.
Vase.
Auristela
Ya, Milor, saber deseo
qué es esa novedad.
Milor
Yo,
después que, al servicio atento
de Clariana, prendí
a Arsidas...
Arsidas
¡Qué escucho, cielos!
[Aparte.]
¿Milor fue el que me prendió?
Milor
... procurando el desempeño
de que la sirva en lo más
quien la obedeció en lo menos,
a mi ejército volví
para tenerle dispuesto
a sus órdenes. Perdone,
Auristela, tu respeto,
que el amor no es elección
sino influjo.
Arsidas
Peor es esto
¡prenderme a mí y obligarla
a ella con mi prisión, Cielos!
Lisidante
¿Quién creerá que sea tan varia
[Aparte.]
la condición de mis celos,
que me ofendo en quien la ama
y en quien no la ama me ofendo?
Milor
Y cuando de la ocasión
pendiente esperaba el tiempo
de coronarla, a pesar
de Licanoro, poniendo
de Grecia el cetro en tu mano
y de Lisidante, luego
poniendo a Epiro a tus plantas...
Lisidante
[Aparte.]
¡Qué agravio!
Arsidas
¡Qué sentimiento!
Milor
... como entre Chipre y Atenas
están mis alojamientos,
supe antes que acá llegase
la nueva que Policeno,
generoso rey de Chipre,
de Arsidas hermano, ha muerto.
Arsidas
[Aparte.]
¡Esto más, fortuna mía!
Milor
Con que Cintia, que de Venus
quiso el cielo que heredase
a un tiempo hermosura y reino,
generosamente altiva,
con los marciales aprestos
que en libertad de su hermano
había su padre dispuesto,
marcha la vuelta de Atenas,
por satisfacer con esto
al mundo de que no duran
en ella los sentimientos
de que estorbar intentase
su jura, y con tanto aliento
se empeña en su libertad,
que viene a voces diciendo...
Dentro voz
Entrad, que no hay que esperar
licencia alguna.
Auristela
¿Qué es eso?
Licanoro
Yo, señora, no sé más
de que a la voz del estruendo
a hallarme vuelvo a tu lado.
Dentro
Llegad todos.
Timantes
Deteneos.
Todos
(Dentro.)
¿Qué es detenernos? Entrad.
Timantes
Mirad...
Las dos
Timantes, ¿qué es eso?
Timantes
Ser siempre de malas nuevas
nuncio yo. Los estamentos
de la nobleza y la plebe,
las dos venidas sabiendo
de Licanoro y Milor,
a causa de los intentos
de Aurora y Cintia, pretenden
hablar a las dos, resueltos
a que han de poner de una
vez a tantos daños medio.
Clariana
¿Y ésa es mala nueva?
Timantes
Sí,
porque, seguidos del pueblo
y no llamados, más tiene
de motín que de consejo.
Auristela
Salgamos a reportarlos
con oírlos.
Licanoro
Si su ciego
orgullo es por el temor
en que Aurora los ha puesto,
aseguradlos de que
yo contra Aurora me ofrezco
a detener su invasión.
Milor
Ofreced por mí lo mesmo
vos, pues yo iré contra Cintia.
Lisidante
[Aparte.]
¡Esto sufro!
Arsidas
¡Esto consiento!
Auristela
Guárdeos el cielo, Timantes,
decid que entren, y al momento
cerrad esta puerta, y nadie
de aquí salga ni entre.
Vase con Licanoro.
Clariana
El cielo
os guarde. Estela, pues ves
que contra Arsidas todo esto
va a parar, salve su vida,
y pues que va anocheciendo,
ya sabes lo que has de hacer.
Estela
Tú verás que te obedezco.
Vase Clariana y Estela.
Lisidante
¿Quién creerá entre tantas penas...
Arsidas
¿Quién creerá en tantos aprietos...
Lisidante
... yo ausente, Aurora en campaña...
Arsidas
... Cintia en campaña, yo preso...
Lisidante
... se haga lugar entre todas...
Arsidas
... entre todas se haga asiento...
Lisidante
... de Licanoro el amor?
Arsidas
... de Milor el pensamiento?
Lisidante
Mas, ¡Cielos!, ¿qué extraño...
Arsidas
Mas, ¿qué admiro, Cielos...
Los dos
... si el mal de los males
sólo son los celos?
Lisidante
Mas, ¿quién me oye?
Arsidas
¿Quién me escucha?
Lisidante
¿Arsidas?
Arsidas
¡Cuánto agradezco
el que seas tú! ¿Partió
aquel camarada?
Lisidante
Luego
al punto en un bergantín,
y según tasado el viento
que ha corrido, es favorable,
puedes...
Arsidas
¿Qué?
Lisidante
... tener por cierto
(porque esto de decir
que no parece, no creo)
que ya Lisidante ha visto
tu papel.
Arsidas
¡Cuánto me huelgo!
Que aunque siempre su favor
hubo menester mi riesgo,
nunca más, pues nunca más
vida y libertad deseo,
que desde que aquí escondido
adorando un falso dueño,
tras la muerte de mi hermano
y de Cintia el ardimiento,
he sabido que la adora
un nuevo amante a quien... Pero
no prosigo, que el dolor
me está embargando el aliento.
Lisidante
Desahógate conmigo,
pues puedes de mí estar cierto,
que a todo trance soy tuyo.
Arsidas
Sí haré, pues que nada arriesgo
en decirte a ti lo que
dijera al aire, oye atento:
Suenan instrumentos dentro.
Yo... Mas luego lo diré,
que este templado instrumento
es fuerza que tras sí lleve
mi atención.
Lisidante
Fortuna, ¿aun esto
quieres que padezca a espacio?
¿No desengañarme presto?
Voz
Su silencio la noche me preste
y atenta a mi voz.
Coro 1
Silencio.
Coro 2
Silencio.
Voz
Ni vientos ni mares respiren ni giman,
que importan callados hoy mares y vientos.
Todos
Silencio, silencio,
ni vientos ni mares respiren ni giman,
que importan callados hoy mares y vientos.
Lisidante
¿Qué te va en esto? Prosigue.
Arsidas
Más que piensas me va en esto.
Voz
En una guardada torre
en sus verdes años preso
por el príncipe de Holanda,
estaba el conde Vireno.
Coro 2
Olimpia, que de su padre
acusaba el rigor fiero,
presa en los yerros de amor...
Coro 3
... si es que amor prende con yerros,
bien fiada de los aires,
mal guardada de los ecos,
desde una almena una noche
la voz esparció, diciendo...
Coro 1
Silencio.
Coro 2
Silencio.
Todos
Que importan callados hoy mares y vientos.
Lisidante
¿Habla esto contigo?
Arsidas
Sí.
Lisidante
Pues oigamos.
Arsidas
Escuchemos.
Voz 1
El postigo del socorro
al amanecer abierto
hallarás, y un bergantín
en la blanda paz del puerto.
Voz 2
Blanca bandera en la popa
su seña será, entra dentro,
que seguro en él podrás
escapar a vela y remo.
Voz 3
Huye pues, huye el peligro,
mas no te olvides, huyendo,
de que dejas la prisión,
y yo en la prisión me quedo.
Coro 1
Silencio.
Coro 2
Silencio.
Todos
Que importan callados hoy mares y vientos.
Lisidante
Si esto debes a esa dama,
¿qué temes de su amor?
Arsidas
Temo,
que el ausentarse un celoso
no es piedad sino tormento.
Lisidante
Conforme el sujeto sea.
Arsidas
¡Ay!, que es tan alto el sujeto,
que es no menos que... Mas oye,
que vuelve el sonoro acento.
Cantan a un lado, dan voces a otro, y representan los dos, todo a un tiempo.
Unos
(Dentro.)
Muera Arsidas.
Otros
(Dentro.)
No muera.
Música
Silencio, silencio,
ni vientos ni mares respiren ni giman,
que importan callados hoy mares y vientos.
Arsidas
¿Quién vio más contrario estruendo?
Lisidante
De la confederación
voz es, que forman los gremios.
Unos
No ha de quedar sin castigo
quien mató al príncipe nuestro.
Otros
Entre librarle o morir,
haya medio.
Unos
No haya medio,
muera Arsidas.
Otros
No muera.
Música
Silencio, silencio,
ni vientos ni mares respiren ni giman,
que importan callados hoy mares y vientos.
Arsidas
¿Quién creerá que yo esté oyendo
aquí el eco de mi vida
y allá de mi muerte el eco?
Lisidante
Hasta ver en lo que para,
al fuerte nos retiremos,
donde intentemos los dos
esta noche defendernos,
cuando esta noche te embistan,
que mañana, bien huyendo
o lidiando, es otro día.
Arsidas
¡Oh, amigo, cuánto te debo!
Lisidante
Aún bien no lo sabes; vamos,
que va el tumulto creciendo.
Unos
Muera Arsidas.
Otros
No muera.
Otros
Haya medio.
Otros
No haya medio.
Música
Silencio, silencio,
ni vientos ni mares respiren ni giman,
que importan callados hoy mares y vientos.
Arsidas
¿En qué ha de parar, fortuna,
tal confusión?
Lisidante
En creer presto
que el riesgo te busca a ti,
y ha de dar conmigo el riesgo.
Jornada Tercera
Salen Lisidante y Merlín.
Lisidante
Esta es, Merlín, la respuesta
que has de traer, y pues vienes
a buscarme tan a tiempo
que ser llamado pareces,
pues en esta guardia acabo
de escribirla, toma y vete,
antes que Arsidas, que un rato
se ha recostado, despierte
y te vea aquí, o a mí
menos a la hora me eche
que debo asistirle más,
ya que dispuso mi suerte
que hallándome aquí Timantes,
que anda de ronda, volviese
a fiar de mí la posta.
Merlín
En todo he de obedecerte,
y más en esto, porque
llevo mal andar ausente
sin murmurar tus locuras,
cuando no cobra un sirviente
ya en este tiempo otros gajes.
Lisidante
Toma, y fingiendo que vuelves,
dirás... Mas vete, que sale.
Vase Merlín y sale Arsidas.
Arsidas
¿Fortún?
Lisidante
Pues, ¿tan brevemente
el sueño despides?
Arsidas
¿Quién
con tantos pesares quieres
que duerma? Tristeza, más
que sueño, fue la que en ese
catre me arrojó; mas tú
que, viendo que ya amanece
sin novedad que nos busque,
de aquí te ibas por no hacerte
sospechoso en mi asistencia,
¿cómo a la torre a entrar vuelves?
Lisidante
Como al hacer la deshecha,
con que en la guardia me viesen,
de que la noche contigo
no había pasado, me vuelven
a nombrar de vista, y pues
esto sólo nos sucede
a gusto, que es que podamos
hablar más seguramente;
ya que músicas y estruendos
a cuyos ecos pendientes
toda la noche estuvimos,
el día nos desvanece,
¿no sería bien, pues la hora
es que el aviso previene
el amanecer, respecto
de que aquestos días, siempre
a la sombra de la luz
cansadas las rondas duermen,
que del socorro el postigo
reconozcamos al fuerte,
por si está abierto y veamos
si hay bergantín en el muelle
con la blanca seña?
Arsidas
Sí,
que como una vez me ausente
y al ejército de Cintia,
pues no hice homenaje, llegue,
desde él podrá ser que corran
mejores líneas mis fuertes
desdichas, de cuyos varios
rigurosos accidentes
el de los celos confieso
que es el que a todos prefiere.
Y si una vez en campaña
de mi sobrina la gente
gobierno, verá Milor
si Clarïana le debe
a él la corona o a mí,
que no hay venganza más fuerte
a una dama, si es ilustre,
que obligarla porque ofende.
Lisidante
Luego, ¿Clariana es
la dama?
Arsidas
Poco te debe
el discurso, si yo a voces
lo he dicho.
Lisidante
Ya, cielos, pueden
respirar a mejor aire
Aparte.
mis temores, siendo éste
el primer lance en que vi
que el mal en bien se convierte.
[Alto.]
Dices bien, que acción no hay
que mejor a un noble vengue
que haciendo heroico al dolor,
y así, ven, ¿qué te detiene?
Muelle y postigo veamos.
Arsidas
Vamos, mas oye...
Lisidante
¿Qué temes?
Arsidas
Que podrá ser que entre tanto
alguien de la guardia entre
y no estando aquí, en mi busca
vayan, donde como suele
decirse...
Lisidante
¿Qué?
Arsidas
... con el hurto
en las manos nos encuentren;
y así será bien que tú,
pues el que llegare a verme
a mí o a ti no ha de echar menos,
antes que en salir me empeñe,
porque sea todo uno
faltar y no detenerme,
lo reconozcas y avises.
Lisidante
Reparo ha sido excelente;
yo voy, y con lo que hallare
vuelvo al punto. Hoy llego a verme
fuera de mi obligación,
como a ver a Arsidas llegue
fuera de la prisión.
Vase, y sale Brunel.
Brunel
¿Era,
señor, dime, hora de verte?
Arsidas
¿Quién te lo ha quitado?
Brunel
¿Quién
que me lo quitara quieres,
si no la curiosidad
de saber lo que sucede?
A cuya causa en la guardia
me he estado.
Arsidas
¿Y qué ha habido?
Brunel
Ese
es el caso, que maldita
la cosa traigo que cuente;
con las armas en las manos,
marciales grullas de allende,
se han estado los señores
soldados nuestros pendientes
de la conferencia, cuyas
voces eran unas veces
que mueras, otras que vivas,
hasta que todos se vuelven
al parecer convenidos
sin saber en qué convienen;
pero entre uno y otro, nada
me cansó, como que hubiese
quien cantase a aquellas horas
(demonios son las mujeres)
como si allí se tratara
una boda y no una muerte.
Así se estaban acá
haciendo en esos vergeles
gorgoritas; pero ¿cuándo
ellas de nada se duelen,
como a ellas no les falte
almendrucos y pasteles,
chufas, fresas y acerolas,
garrapiñas y sorbetes,
despeñaderos y crines,
perritos y perendengues?
Arsidas
Bien con mormurarlo salvas
la objeción de que se mezclen
músicas y sediciones,
y a saber lo que contienen
quizás...
Brunel
¿Qué?
Arsidas
... no culparías.
¿Qué hubiera sido que hubiese
aquella música hablado
conmigo, y ella nos diese
aviso para librarnos?
Brunel
Fuera haber sido celeste
pájaro cualquier nocturna
filomena que haya...
Sale Timantes, y los criados sacan las armas de la primera jornada.
Arsidas
Atiende.
Timantes
¿Arsidas?
Brunel
¡Que no bastó
que en la fábula no hubiese
padre para que no estorbe
el que hace las barbas siempre!
Arsidas
¡Qué bien hice en no faltar
de aquí! ¿Qué mandáis?
Timantes
Prudente
os prevenid a una nueva
que os traigo.
Arsidas
Timantes
Nada hay que altere
mi valor, decid.
juntas la nobleza y plebe
a Auristela y Clarïana
hablaron resueltamente,
en orden a desviar
los grandes inconvenientes
de Aurora y Cintia, de quien
dicen que esta tarde vienen
dos embajadas, a causa,
Aurora, de que la entreguen
a Lisidante, movida
a que es, porque no parece,
el preso, y con el mismo
fin Cintia a vos. Finalmente
la plebe de su rey muerto
verse en vos vengada quiere
sin que nada les asombre.
La nobleza lo defiende
diciendo que ha de libraros,
con que entre mil pareceres
varios, partir el camino
es a lo que se resuelven;
y así, porque la venganza
con el agravio concuerde,
sin que con baldón se vaya
ni sin castigo se quede,
que la instancia se reduzca
a público duelo quieren,
porque la satisfacción
sea como fue la muerte.
Vos habéis de mantener
lo que hicisteis, hasta siete
aventureros, en cuyo
número el duelo fenece,
quedando libre, de quien
si dos o más concurriesen
juntos, podáis elegir
al que a vos os pareciere
para primer lidiador;
hasta que si alguno os vence,
dándole el blasón Atenas
coronado de laureles,
por vengador de la patria
pueda victorioso, entre
Auristela y Clarïana,
elegir a la que reine,
conque se cumple con todos:
con vos, pues a poner vuelve
vuestra suerte en vuestra mano;
con Cintia, Aurora y sus huestes,
pues Cintia hallará que sois
arbitrio de vuestra suerte,
y Aurora que nunca fue
su hermano el que Atenas prende;
con el mundo, pues verá
que heredados intereses
ni de rencor os castigan
ni de temor os absuelven;
con Clarïana después
y Auristela, pues a verse
llegará reina, sin que
el reino a partirse llegue,
la que el vencedor elija
por esposa; y finalmente,
con la patria, pues dará
contenta, ufana y alegre,
más entrañable obediencia
a quien su muerto rey vengue.
A este efecto, pues, las armas
con que os prendieron os vuelven
ambos bandos: éstas son,
ved ahora vos si os conviene
o negar, como hasta aquí,
que vos el agresor fueseis,
o mantener que lo fuisteis,
o quedaros delincuente
segunda vez al arbitrio
de la nobleza y la plebe.
Vase.
Arsidas
«¿O negar como hasta aquí
que vos el agresor fueseis,
o mantener que lo fuisteis,
o quedaros delincuente
segunda vez al arbitrio
de la nobleza y la plebe?».
Pues ¿cómo, aunque nunca sea
mía la acción...?
Sale Lisidante.
Lisidante
No solamente
aprestado el bergantín
y abierta la puerta tienes,
pero haciendo la deshecha
de que a estas horas divierte
Clarïana a las orillas
del mar el grave accidente
de las tristezas está,
hasta ver lo que sucede,
como de acecho o de escolta.
Brunel
¡Oh, Clarïana excelente!,
patronímico desde hoy
de clareas y claretes,
serán cuantas Clarianas
las claraboyas clareen
de los presos condes Claros.
¿Qué aguardas?
Lisidante
¿Qué te suspendes?
¿Me oíste?
Arsidas
Sí.
Lisidante
¿Y no vienes?
Arsidas
No.
Lisidante
¿Por qué?
Arsidas
Porque en ese breve
instante que de aquí faltas,
hay novedad que me fuerce
a no ausentarme.
Lisidante
¿Qué dices?
Arsidas
Si no te lo ha dicho ese
venenoso acero, yo
te lo diré.
Lisidante
¡Pena fuerte!
Arsidas
Apenas la espalda tú
volviste... ¿Pero qué gente
anda allí?
Lisidante
Yo lo veré.
Salen Clariana y Estela.
Clariana
Estela, no me aconsejes.
Estela
Yo por lo decente...
Clariana
Aquí
no peligra lo decente,
que pues tengo la disculpa,
cuando llegue alguien a verme,
de que entreabierta esta puerta
me ocasionó que supiese
quién andaba aquí, no es bien
que esté más tiempo pendiente
porque Arsidas no sale;
allí aguarda.
Lisidante
¿Quién?
Clariana
Detente,
soldado.
Lisidante
¿Señora?
Clariana
Calla.
Arsidas
¿Quién es?
Clariana
Yo.
Arsidas
Permite al verte
que entre un favor, una duda,
y una queja, se tropiecen
equivocadas las voces
y a hablar ni a callar acierte.
Clariana
Permite tú que al oírte
también en mí se atropellen
las razones, favor, duda
y queja.
Arsidas
Sí.
Clariana
¿De qué suerte?
Arsidas
El favor, el que te estimo;
la duda, ¡oh, si modo hubiese
de hablar corteses los celos!
Mas, ¿cómo han de hablar corteses
los que, naciendo villanos,
la política no aprenden
de palacio, y desterrados
están a que en él no entren?
La duda digo (perdone
esta vez lo reverente)
es de no saber (¡ay, triste!)
si son piedades crueles
o son piadosas crueldades
las del favor que me ofreces;
que habiendo sabido cuánto
rendido Milor pretende,
esforzando sus partidos,
el que en nombre suyo reines,
¿qué mucho es dudar no sea
entre afectados desdenes
el gusto de que él te sirva
gana de que yo me ausente?
La queja es de que sabiendo
lo que tus gremios resuelven,
de mi valor desconfíes
y creas de mí que puede
ausentarse mi valor
día que otra vez aleve
ese arnés a que mantenga
su duelo a mi mano vuelve.
Lisidante
[Aparte.]
¿A que mantenga su duelo?
Honor, ya hay más en que pienses.
Clariana
Cuanto al favor, satisfaga
lo poco que en él me debes,
pues lo que yo hago por mí,
nadie a mí me lo agradece;
cuanto a la duda, respondo
que soy quien soy, solamente;
y cuanto a la queja, digo
que si el agresor no eres,
¿a qué un engaño te obliga?
Arsidas
A que el engaño sustente.
Clariana
¿No siendo acción tuya?
Arsidas
Sí.
Clariana
¿Por qué?
Arsidas
Porque hay quien lo cree.
El honor no es realidad
que le enseña el que le tiene,
diciendo «aqueste es mi honor»:
es un fantasma aparente
que no está en que yo le tenga,
sino en que el otro le piense:
alhaja es tan mal hallada
con los honrados, que a veces
sin perderla, lo que éste obra,
lo que aquél juzga, la pierde,
y así pues a mí me basta
a que contra mí no engendre
odios tu amor, el que tú
sepas que no di la muerte
a tu hermano, ¡vive Dios!
que para todos desde este
instante fui su homicida.
No presuma, no sospeche
algún cobarde, que nunca
piensa mal el que es valiente,
que quien no huyó preso, sí
retado, y si me convences
tú en la mayor de mis penas
sólo con que eres quien eres,
convénzate yo con que
soy quien soy, y no te quejes
de que tu amparo despida,
de que tu favor desprecie,
que si el merecerte es
el fin de mis altiveces,
¿dónde está, si no en lo honrado,
el modo de merecerte?
Clariana
Si yo soy el fin, y airoso
conmigo estás, ¿qué pretendes?
Arsidas
Estarlo con los demás.
Clariana
Luego no soy yo a quien quieres.
Arsidas
Sí eres, que para su dama
son los triunfos que uno adquiere,
pues desaira su elección
para con cuantos atienden,
que quien merece sin fama,
consigue, mas no merece.
Clariana
¿Qué triunfo, si nunca vas
a ganarme? Y si te vencen
(¡oh, no lo vea yo!), no sólo
(no sé si a decirlo acierte)
para ti Arsidas me ganas
pero para otro me pierdes.
Arsidas
Ganarás tú un reino entonces,
y habrá con que me consuele
dos razones.
Clariana
¿Qué razones?
Arsidas
No verlo yo, y que tú reines.
Clariana
Porque veas que no hay mundos
que sin ti estime ni precie,
vete, Arsidas, que yo doy
palabra al cielo mil veces
ser tuya, como te vayas,
que no habrá quien, sin vencerte,
pueda convencerme a mí.
Arsidas
Mucho esa balanza tuerce
el fiel del alma. ¿Tú mía?
Clariana
Sí.
Arsidas
Pues si tú no te pierdes,
piérdase todo. Mas ¡ay!,
que aunque todo lo atropelle
por ti, hay otro por quien no
puedo atropellarlo.
Clariana
¿Y ese
quién es?
Arsidas
Yo mismo.
Clariana
¿Tú mismo?
Arsidas
Sí, que al ir a obedecerte
no puedo conmigo yo
lo que tú conmigo puedes,
¡vive Dios que aunque te pierda
has, Clariana, de verme
muerto, mas no desairado!
Brunel
Señores, ¿hay quien tolere
un honrado a todas horas?
Lisidante
[Aparte.]
¿Qué harán del duelo las leyes
con el culpado, si esto
obligan al inocente?
Clariana
Pues haz por mí una fineza,
ya que en quedar te resuelves.
Arsidas
¿Qué fineza?
Clariana
Que a Milor
no has de elegir.
Brunel
Y él que viene.
Arsidas
¿Qué dices?
Brunel
Que entra hasta aquí.
Clariana
Pues que no puedo sin verme,
cobrar la puerta (¡ay de mí!)
será forzoso esconderme.
Retírase al paño.
Lisidante
[Aparte.]
¿Hasta cuándo unos de otros
irán los inconvenientes?
Sale Milor.
Milor
El cielo, Arsidas, os guarde.
Arsidas
Y el cielo, Milor, aumente
vuestra vida.
Milor
Extrañaréis
que yo en vuestra prisión entre.
Arsidas
No haré hasta saber la causa.
Milor
Tan forzosa es que me mueve,
arrastrado de un ardor
que el volcán del pecho enciende,
a que orden y guardia rompa
por veros.
Clariana
¡Cielos, valedme!
Aparte.
Que aquí estoy sabe sin duda,
pues tan despechado viene.
Milor
La divina Clarïana...
Arsidas
(Él va ciego e impaciente
a descubrirla.) Esperad.
Toma la espada, que estará con las armas, y pónesela.
Decid ahora.
Lisidante
Ponerme
delante de ella me toca.
Brunel
(Ya escampa y cascotes llueven.)
Milor
... es el soberano dueño
a cuya ley obediente
el día de vuestra fuga
(fuese lustroso o no fuese,
que los que sirven rendidos
no eligen sino obedecen)
os seguí y prendí, de modo
que soy por quien os suceden
tantos azares; y siendo
así que ninguno tiene
más derecho a vuestras iras,
como quien más os ofende,
vengo a acordároslo, a causa
de que al duelo que previene
mantener vuestro valor,
pues es fuerza que le acepte,
sepáis que para elegirme
el primero tenéis este
anticipado disgusto,
acompañando al hacerle
del decirle, porque más
os cansen mis procederes.
No os quitéis, pues, la razón
de lidiar con más ardientes
sañas contra mí, que es tal
la ansia que tengo de verme
o bien muerto en la demanda,
o bien árbitro valiente
de este reino, para darle
a Clarïana, que viene
desatento mi valor
sólo a poneros en este
nuevo empeño; y así, ved,
pues sois quien sois, qué os compete
hacer con quien el pesar
que allá os hizo, aquí os acuerde;
y con esto adiós, que os guarde.
Vase.
Brunel
Parece fin de billete.
Arsidas
Oíd, esperad.
Clariana
¡No le sigas!,
y pues antes que él viniese
que no le nombres pedí,
no has de nombrarle.
Arsidas
No aumentes
otras causas, que hartas hay
para que el primero intente
mil muertes darle.
Clariana
¿Otra causa?
Arsidas
Sí.
Clariana
¿Qué es?
Arsidas
Que tú me lo ruegues,
por si es resguardar su vida.
Clariana
No es sino temer mi muerte,
que no quiero que aun aquella
pequeña esperanza débil
de la contingencia goce.
Arsidas
Pues perdona, aunque sea ése
el fin, que no he de quitarme
en quien te adora y me prende
por tu gusto y me lo dice,
tres razones que me alienten.
Clariana
Bien pudiera yo con una
a todas tres responderte,
pero para discurrir
ni es tiempo ni lugar éste.
En lo que a mí me ha tocado,
abierta esta puerta tienes;
sobornadas centinelas
son cuantas hay en el muelle;
el patrón del bergantín
a tu orden irá obediente.
Tú ahora en lo que a ti te toca
o acéptalo o no lo aceptes,
que del duelo de los hombres
no entendemos las mujeres
más de que el que ofende airoso,
agrada con lo que ofende.
Vase.
Arsidas
¿Qué te parece, Fortún?
¿No es aquesto lo que debe
haber hecho mi valor?
Lisidante
No sé lo que me parece,
porque si digo que no,
culpo una acción tan valiente,
y si digo que sí, siento
el que en la prisión te quedes.
Arsidas
¿Qué me aconsejaras tú?
Lisidante
Hombres de tan poca suerte
a príncipes tan heroicos
es bien sigan, no aconsejen.
Arsidas
Aguarda, espera, Fortún.
Suenan cajas.
¿Qué nuevo rumor es este
de trompetas y de cajas?
Lisidante
Toda la milicia el verde
sitio del parque en doblados
escuadrones le guarnece,
más de gala que de lid.
Brunel
Y aun eso hay más que ponderes.
Arsidas
¿Qué?
Suena música.
Brunel
Que las locas de anoche
a cantar ahora vuelven.
Música
Suenen los clarines
y las cajas suenen,
y alternando a coros
lo heroico y lo alegre,
al compás de dulces
sonoros motetes,
suenen los clarines
y las cajas suenen.
Arsidas
¿Qué será esta novedad?
Lisidante
¿Quién que lo adivine quieres?
Sale Merlín.
Merlín
Yo lo diré, pues al tiempo
vengo que todo lo cuente.
Cuanto a lo primero, esta
la respuesta es que te ofrece
dar mi ley de Lisidante.
Lo segundo, todo ese
aparato de clarines
y de música se mueve
a causa de que de Cintia
y Aurora dos damas vienen
por embajatrices suyas,
que como son de mujeres
a mujeres los tratados,
que se introduzcan no quieren
hombres en ellos; y así
ostentándose valientes
en una parte y en otra
festivas salvas previenen
de paz y guerra Clarïana
y Auristela, porque echen
de ver que de paz y guerra
elegir los medios pueden,
diciendo porque no extrañe
nadie que a escucharlos llegue:
Música
Que alternando a coros
lo heroico y lo alegre,
al compás de dulces
sonoros motetes,
y las cajas suenen.
Arsidas
Seas bienvenido, mas ¿cómo,
si dicen que no parece,
le diste la carta y traes
su respuesta?
Merlín
El caso es este.
Lisidante
¡Oh, quién prevenido hubiera
aquesta objeción!
Arsidas
Di.
Merlín
Atiende.
Cuando volvió Lisidante
de donde quiera que fuese,
Aparte.
(¡oh, quién comprara a un amigo
el buen aire con que miente!)
ya Aurora estaba en campaña
y viendo que no es decente,
muerto Polidoro, hacer
guerra él a dos damas, quiere
dejar la acción a su hermana,
y ella allá en sus intereses
tendrá algo que ajustar
antes que la guerra empiece,
y así su embajada envía.
Arsidas
La razón no me convence.
Lisidante
A mí sí.
Merlín
¿Cómo que no?
¡Vive Dios, que sea un hereje
quien no crea que con él
mismo he estado, de la suerte
que estoy ahora contigo!
Arsidas
Yo lo veré, pues no puede
a mí engañarme su firma,
que la he visto muchas veces.
Lisidante
¿Es suya?
Arsidas
Sí, suya es.
Lisidante
¿Y qué dice?
Arsidas
Desta suerte:
Desde el instante que supe vuestra prisión, os acompañé en
ella como pude, y hoy, que sobre mi afecto me empeña vuestra
confianza, os doy palabra de que en vuestro mayor riesgo
me hallaréis a vuestro lado, tan dueño de él, que se persuadan
todos a que es mío. Dios os guarde.
La confusión de mis dudas
con cada palabra crece:
que me ha acompañado, dice,
en mi prisión.
Lisidante
Bien se infiere
del afecto con que escribe.
Arsidas
Y luego, que a hallar se ofrece
conmigo en mi mayor riesgo.
Lisidante
Y como si ya le viese
a tu lado, no lo dudo.
Arsidas
Y añade que ha de creerse
suyo el duelo.
Lisidante
Sí creerá.
Arsidas
¿Cómo ha de ser?
Lisidante
No sé, apele
a que el trance te lo diga.
Arsidas
Pues si él lo ha de decir, deje
la experiencia al trance, y pues
o bien Aurora lo enmiende,
o bien Cintia le destruya,
o bien el duelo le arriesgue,
lo que a mí me toca es
altivo, restado y fuerte
esperarle cara a cara;
en esta torre me encierre,
que es barrenarme la nave
para que vil no me acuerde
ninguna imaginación
que abierta esa puerta tiene.
Ven, Brunel, y trae contigo
ese arnés.
Brunel
¿Yo?
Arsidas
Sí, ¿qué temes?
Brunel
Pues me hiela si le miro,
que si le toco me queme.
Arsidas
Anda, cobarde.
Brunel
¡Ay, Jesús,
y qué garabatos tiene,
aquí entre estrellas y lises,
pintados! Los caracteres
son del conjuro que hiciste.
El diablo que te le lleve,
pues que te le trujo el diablo.
Vase.
Arsidas
¿Que aqueso, villano, pienses?
Clara luce lisis auri
stella dante clarescit:
«Dando una estrella su clara
luz, la lis de oro amanece».
Grabazones de las armas
son, que pintan lo que quieren.
Lisidante
¡Pluguiera al cielo, y no fuera
lo que yo quise!
Arsidas
Tú puedes
retirarle de ahí.
Lisidante
Sí haré,
y bien retirado.
Arsidas
Ea, aleve
fortuna, tuyo es el día,
aquí encerrado me tienes,
no te huiré el rostro, ¿qué aguardas?
Ven, que nada hay que recele
cuando espero en Lisidante
un padrino tan valiente,
que haciendo mi duelo suyo
a todo trance me esfuerce,
a todo riesgo me valga
y a todo empeño me aliente.
Vase.
Lisidante
Yo lo aseguro. Merlín,
echada está ya la suerte.
Merlín
Sí, pero echada a perder.
Lisidante
Y pues no hay plazo que espere,
Dentro cajas.
y más con la prisa que esas
cajas dan a que se acerque,
vente conmigo, trayendo,
ya que al último retrete
Arsidas se ha retirado,
esas armas.
Merlín
Pues, ¿qué emprendes?
Lisidante
Cobrarlas, pues que son mías,
que su hacienda tomar puede
cualquiera donde la halla.
Merlín
Sí, mas si fue dada a trueque,
será bien volver su esquife
a quien tus armas te vuelve.
Lisidante
Calla y sígueme, que hoy,
sin que la palabra quiebre
a Auristela, he de cumplir
la que he dado a Arsidas: deme
ingenio amor para que
siendo una al riesgo oponerme
y siendo otra no nombrarme,
ambas a cumplir acierte,
y si no, yérrelo el juicio,
como el valor no lo yerre.
Vanse. Sale Clariana, Auristela, Timantes, Milor, Licanoro y acompañamiento.
Timantes
Ya, señoras, todo el pueblo
el duelo aplazado aguarda,
y sólo vuestra licencia
resta ya para que salga
Arsidas a sustentarle.
Auristela
Si eso solamente falta,
licencia tenéis; llamadle.
Timantes
¡Ah de la torre que guarda
al gran Arsidas, de Chipre
invicto infante!
Sale Arsidas.
Arsidas
¿Quién llama?
Timantes
Sus altezas...
Clariana
(Aparte.)
¡Ay de mí!
Timantes
... que están presentes, te llaman
para intimarte que es hora
de sustentar con las armas
la contienda, si la aceptas.
Arsidas
Con esa duda me agravias,
y para que luego empiece
a cumplir la ley que manda
que habiendo aceptado un duelo
el que mantenerle aguarda
a todas horas espere
armado de todas armas,
ya que en presencia le acepto
de todos, ¡ah de la guardia!
¡Soldado de posta!
Sale Lisidante, armado debajo de un capote.
Lisidante
¿Qué es
lo que quieres?
Arsidas
Que me traigas
las armas. Sígueme, pues.
Lisidante
Ya te sigo hacia el alcázar
para ver lo que dispones,
aunque mejor fuera hacia ese
confuso rumor que dice
otra vez y otras mil veces:
Vanse, y salen Cintia y Aurora, y acompañamiento, y por otra Clariana, Auristela, Licanoro, criados y músicos
Música
Suenen los clarines
y las cajas suenen...
Voz
Y alternando a coros
lo heroico y lo alegre
al compás de dulces
sonoros motetes...
Música
... suenen los clarines
y las cajas suenen.
Voz
Y pues siempre a Atenas
coronó las sienes
Minerva de olivas,
Marte de laureles...
Música
... suenen los clarines
y las cajas suenen.
Voz
Para paz y guerra
vean que previene
entre ecos que asusten,
voces que deleiten.
Música
Y alternando a coros,
lo heroico y lo alegre,
suenen los clarines
y las cajas suenen.
Cintia
Bellísimas deidades,
en quien la graduación de las edades
rompió los privilegios, porque fuera
cualquiera sin segunda y la primera.
Aurora
Deidades soberanas,
en quien el blando albor de las mañanas
tan nuevo oriente funda
de perlas, que primera ni segunda
ninguna es y cualquiera tan divina
que tiene igual y queda peregrina...
Cintia
... a vuestras plantas llega
quien piélagos de luz lince navega...
Aurora
... quien golfos de cristal, argos de tantas
estrellas sulca, llega a vuestras plantas...
Cintia
... donde turbado el labio...
Aurora
... la voz muda...
Cintia
... torpe os aclama...
Aurora
... tímida os saluda...
Cintia
... diciendo sólo...
Aurora
... al veros suspendidas...
Las dos
... bien halladas seáis.
Auristela y Clariana
Seáis bienvenidas.
Clariana
Y porque de esas voces...
Auristela
... una vez graves...
Clariana
... otra vez veloces...
Auristela
... infiráis que es Atenas...
Clariana
... igual a las lisonjas y a las penas...
Auristela
... en una y otra parte...
Clariana
... campaña de Minerva...
Auristela
... horror de Marte...
Clariana
... que los acentos de una y otra fama...
Auristela
... blanda os saluda...
Clariana
... bélica os aclama...
Auristela
... de guerra y paz diciendo,
porque elijáis en música o estruendo...
Ella y música
... que alternando a coros
lo heroico y lo alegre,
suenen los clarines
y las cajas suenen.
Auristela
y Clariana Ahora, decid.
Cintia
La reina, mi señora
Cintia de Chipre...
Aurora
La divina Aurora,
de Epiro infanta...
Cintia
Espera
a que hable yo.
Aurora
¿Por qué?
Cintia
Porque primera
metrópoli de Grecia siempre ha sido
la gran Chipre, de quien tiempo ni olvido
borró la antigüedad, en cuyas raras
ruinas aun hoy de las caducas aras
de Venus bella las cenizas miro.
Aurora
Eso fuera a no estar presente Epiro:
templo de sol cuyo apenino monte
aun hoy conserva incendios de Faetonte
en la flamante pira
a quien dio nombre el humo que respira.
Cintia
Cuando blasón le dé el idioma griego
a Epiro de pirámide de fuego,
fuego es Chipre de amor, tanto más sumo
cuanto es ser siempre fuego y nunca humo.
Aurora
Tú misma a ti contradecirte es llano,
pues ¿qué fuego de amor no es humo vano?
Cintia
El que en todo primero
encienda el eslabón de aqueste acero.
Aurora
Mal se hallará tu brío,
si le responde el pedernal del mío.
Clariana
Ved...
Auristela
Advertid...
Clariana
... que es el seguro a efecto
de vuestras vidas, no de mi respeto.
Auristela
... que el indulto no ignoro
que mira al riesgo, pero no al decoro.
Cintia
Si no fuera por eso...
Aurora
Si no fuera...
Las dos
Bien está.
Cintia
Para hablar yo la primera,
ya que el lustre de quien Chipre blasona
no te excede, te excede la persona.
Y así, en la fe de vuestro real seguro,
por no exceder hablar claro procuro.
Cintia soy: mira ahora
si podrás igualarme.
Aurora
Sí, que Aurora
también soy yo, y hablar no dificulto
por no exceder en fe del mismo indulto.
Cintia
Yo...
Aurora
Yo...
Auristela
Treguas permita el argumento
mientras pase a ser otro el tratamiento.
Milor
¿Qué le toca en su empeño a nuestras famas?
Licanoro
De damas duelo ajústenle las damas.
Auristela
Dadme, Cintia, los brazos,
porque al hallarme en tan felices lazos
os dé el lugar que el ser quien sois mejora.
Clariana
Y vos tomad el vuestro, bella Aurora,
diciendo ahora con más
razón, al saber quién fueseis...
Ella y música
... que alternando a coros
lo heroico y lo alegre,
suenen los clarines
y las cajas suenen.
Auristela
Y pues al motivar vuestra venida
con guerra y paz Atenas os convida,
hable la paz primero,
con que ajustar vuestra contienda espero.
Aurora de un engaño persuadida
viene, ya está más presto respondida,
y así, pues tú te quedas,
Cintia, a más alto fin te ruego cedas,
porque con más espacio hables tú luego.
Cintia
¿Qué no podrá sin la jactancia el ruego?
Aurora
No mi venida juzgues tan a engaño,
que no traiga conmigo el desengaño.
Mi hermano Lisidante,
no sé si de ambicioso o si de amante,
y si lo sé no quiero
saberlo ahora, fue el aventurero
en quien quiso la suerte
dos vidas malograr con una muerte.
Dígalo ese criado,
que fue quien a su lado
se halló en todo el suceso.
Celio
Y quien al ver del monte traerle preso
llevó a Aurora el aviso.
Aurora
Pues siendo así que hoy no lo esté, es preciso
pensar que le haya muerto
vuestro antiguo rencor, con quien advierto
que porque la injusticia no se crea,
habéis supuesto que otro el preso sea.
Y pues con este empeño
intento, sin fiar de otro mi venida,
vengar su muerte o restaurar su vida,
si acaso vivo le conserva el ceño,
aunque mil mundos precio son pequeño,
ofrezco en canje suyo,
ya que también con guerra y paz arguyo,
o bien cuanto tesoro Epiro alcanza
o bien cuanto poder en su venganza.
Elegid, pues, si hay medio que se trate,
en publicar su muerte o su rescate,
porque las armas mías
al tesón de las noches y los días,
ya con ardores las abrase el cielo,
ya con escarchas las malogre el hielo,
en tierra y mar, haciendo a este horizonte
monte del golfo o piélago del monte,
no han de volver, es cierto,
sin verle vivo o sin vengarle muerto.
Auristela
Que fácilmente estabas respondida
dije, y lo estás, pues ni él fue el homicida
ni el preso fue, ni en todo lo distante
de Atenas vimos nunca a Lisidante.
Falsa la relación, falso el recelo
de ese criado fue,
Aparte.
(¡pluguiera al cielo!
Mas este último esfuerzo mi amor labra,
en fe de mi precepto y su palabra.)
Milor
Dígalo yo, pues sin perder las señas
de Arsidas, le alcancé entre aquesas peñas.
Clariana
Y para que lo veas
y a los ojos mejor que a la voz creas,
pues Arsidas no es hombre
para de otro suponer el nombre,
satisfaciendo a Cintia de camino
de que él fue el dueño del fatal destino,
y que si preso ha estado,
con el decoro ha sido que ha tocado
a su honor, pues el día
que ofendida la patria prevenía
vengar su muerto rey, parte la duda
en que a salvar de su opinión acuda
la fama, manteniendo en campal duelo
el fiero influjo en que le puso el cielo.
Dile, Timantes, que en la verde esfera
deste jardín se deje ver.
Cintia
Espera,
que antes de verle quiero
porque el plazo no apague este primero
impulso de mi ardor, y veáis que he sido
yo la que habéis más presto respondido,
asentar que, aunque yo ciega venía
a litigar la fiera tiranía
con que en tanto fracaso
hizo Atenas delito del acaso,
habiendo ahora oído que él fue dueño
y que en su mano está su desempeño,
no sólo ya su libertad repito
pero emplear mis armas solicito
en hacer bueno el campo, pues si fuera
posible que del duelo desistiera,
por mí, ya por los dos y por Aurora
le mantuviera yo: llamadle ahora.
Timantes
¡Ah de la soberbia torre
de ese homenaje, que guarda
al gran Arsidas, de Chipre
invicto infante!
Sale Arsidas.
Arsidas
¿Quién llama?
Que si es el aventurero,
ya para mi orgullo tarda.
Cintia
No es sino quien en albricias
de dicha y ventura tanta
como haber llegado a verte,
los brazos te da.
Arsidas
A tus plantas,
bella Cintia, una y mil veces
besaré de ellas la estampa.
Brunel
Y yo, si es lo indivisible
besable, lo haré otras tantas.
Cintia
No tan presto agradecido
te muestres, que aunque en demanda
vine de tu libertad,
ya es mi empresa tan contraria,
que vengo a que no la tengas.
Brunel
Pues estuviérase en casa.
Arsidas
¿A que no la tenga, tú?
Cintia
Sí.
Arsidas
¿Cómo?
Cintia
Como informada de que remitida a un duelo
está, es tan otra la instancia,
que en vez de ponerte en salvo
he de ser quien en la valla
te ponga, sirviendo sólo
todo el poder de mis armas
de ser tu padrino.
Brunel
Buen
socorro; ¿que hasta las damas
sean hoy duelistas?
Arsidas
No
fueras quien eres si usaras
a menos glorioso fin
del valor que te acompaña,
pues si como llegas tú
llegara otra soberana
deidad que abriera esas puertas
y el paso me asegurara
de tierra y mar, nunca yo
volviera al riesgo la espalda.
Clariana
[Aparte.]
(Bien se ve, pues quieres más
que mi favor tu alabanza.)
Auristela
Aparte.
Bien cumple, pues no parece,
y deja que Arsidas haga
el empeño, Lisidante
mi precepto y su palabra
Clariana
Mira Aurora si es el preso
Arsidas o no.
Auristela
Y repara
en si Lisidante pudo
serlo nunca.
Milor
Cosa es llana
que no pudo ser, si yo
a Arsidas truje.
Aurora
¡Turbada
no acierto a hablar! Tú, traidor,
hiciste que me empeñara
con siniestra relación
a este desaire.
Celio
Postrada
a los filos de tu acero,
señora, está mi garganta,
no mi verdad, pues no pude
de malicia o ignorancia
inventar que el homicida
fue de Polidoro.
Arsidas
Calla,
soldado, seas quien fueres,
que no es posible que salgas
con que otro fue, habiendo dicho
yo que fui yo, a cuya causa,
porque desde luego empiece,
Fortún, tráeme aquí las armas.
Lisidante
Veslas, Arsidas, aquí.
Descúbrese.
Arsidas
¿Cómo antes que yo tocarlas
osas tú ponerlas?
Auristela
¡Cielos!
[Aparte.]
¿Qué intenta?
Lisidante
¿De qué te espantas,
si de ti llamado estoy
a cumplirte la palabra
de hallarme a tu lado, haciendo
mío el riesgo?
Arsidas
Espera, aguarda.
¿Tuyo el riesgo? ¿Pues quién eres?
Aurora
¡Lisidante! ¡Vida y alma
con vida y alma agradezca
hallarte vivo!
Lisidante
Mi hermana
lo ha dicho, yo no, con que
cumplo lo que alguien me manda,
pues no me ausento ni digo
quién soy.
Auristela
¡Ah, traidor!
Lisidante
Levanta,
bella Aurora, y a mis brazos
llega.
Aurora
Mira, Clarïana; mira, Auristela, si es
Lisidante o no el que guarda
vuestra prisión.
Celio
¿Cómo pude
yo mentir?
Aurora
¿Quién se vio en tanta
confusión?
Clariana
¿Qué oigo?
Auristela
¿Qué escucho?
Merlín
Descubriose la maraña.
Arsidas
¿Tú eres Lisidante?
Lisidante
Sí.
Arsidas
¿Pues cómo hasta ahora me engañas
fingiendo el nombre hasta ahora?
Cintia
¿Cómo de adquirirte tratas
la acción que de Arsidas es?
Clariana
¿Cómo osado te disfrazas
así a nuestros ojos?
Auristela
¿Cómo enemigo te declaras?
Licanoro
¿Cómo tu opinión desdoras?
Milor
¿Cómo tu valor ultrajas?
Todos
Y ¿cómo te has atrevido
a vivir en nuestra patria?
Lisidante
Todos preguntáis, y a todos
responder mi voz aguarda,
sólo a Arsidas respondiendo.
Arsidas
¿Con qué?
Lisidante
Con aquella carta,
en que mi valor ilustras
y en que mi valor agravias,
pues dices que de cobarde
el agresor se recata
que dio muerte a Polidoro,
el que el ser quien soy te valga,
pues no culpado padeces;
y siendo así, cosa es clara
que siendo yo el agresor
y tú quien de mí te amparas,
me obligas con dos razones
para que cobrado haya
estas armas como mías,
e intente cumplir con ambas.
Arsidas
Sí, mas ¿del engaño cómo
de ser tú y callar lo salvas?
Lisidante
Como no estoy obligado
a decir nunca la causa
que a tener callada estoy
obligado; y si reparas
en mi respuesta, ¿qué hay
que no te digan mis ansias?
Arsidas
¿Cómo?
Lisidante
¿No te digo en ella
que en la prisión que te guarda
te acompañé como pude?
Después, que en la confianza
que haces de mí, ¿no te digo
que al lado tuyo mi espada
estará en tu mayor riesgo?
¿No añado que en la campaña
he de hacer tu duelo mío?
¿Pues qué admiras, pues qué extrañas
si en la prisión mi asistencia,
si en el riesgo mi arrogancia
y si en el duelo mi acero
tu persona, asegurada
de duelo, riesgo y prisión,
prisión, riesgo y duelo salva?
Arsidas
Ahora de tu valor
viendo en ti una acción tan alta,
veo el trance en que te puso
mi error. Bellas Clariana
y Auristela, hermosa Cintia
y Aurora, ilustre prosapia
que a Grecia honras de blasones,
dejando aparte la causa
que al invicto Lisidante
en Atenas le disfraza,
pues no le toca a mi intento
presumirla ni apurarla,
sabed que antes de pensar
que mi prisión se libraba
a un duelo, escribí a él con él
que no culpado me valga,
y el no culpado se entiende
no ser culpa la desgracia.
Él generoso y altivo,
por el empeño en que se halla
de haberme valido de él,
quiere hacer suya la instancia:
no le creáis, porque yo
fui el que en la trágica valla
a Polidoro di muerte.
Milor
Y yo, que intenté vengarla,
sustentaré que tú fuiste,
pues fuiste el que en las montañas
con esas armas prendí.
Lisidante
Fue que yo dejé las armas,
trocándolas al esquife
que a él libró de la borrasca
a que me entregué.
Licanoro
Testigo
sea quien de ella te saca
y pues desde allí tu vida
corrió a mi cuenta, tu fama
corra también.
Milor
Aunque tú
tan de su parte te hagas,
de Arsidas será la acción.
[Aparte.]
(Esto hago en esperanza
de que el primero me nombre.)
Licanoro
De Lisidante es la instancia.
[Aparte.]
(Esto es porque a mí me elija,
pues obligado se halla.)
Suyo ha de ser el empeño.
Aurora
Suya ha de ser la demanda.
Cintia
No, Aurora, obligues a que
la campaña de ser haya
el jüez.
Aurora
¿Qué importará
que lo sea la campaña?
Cintia
Pues, ¿qué aguardas?
Aurora
Pues, ¿qué esperas?
Cintia
Toca al arma.
Aurora
Toca al arma.
Unos
Viva Epiro.
Otros
Chipre viva.
Auristela
Ved.
Clariana
Mirad.
Auristela
¡Qué pena!
Clariana
¡Qué ansia!
Lisidante
No a lid reduzcas, Aurora,
hoy el duelo...
Arsidas
No a batalla
el duelo reduzcas, Cintia...
Lisidante
... que a mi opinión...
Arsidas
... a mi fama
Lisidante
... será desaire.
Arsidas
... es desdoro.
Y si el decir yo no basta
que aquellas armas son mías
(aquí el ingenio me valga),
ellas lo digan.
Lisidante
¿En qué?
Arsidas
En la empresa que las graba.
Lisidante
¿Qué es?
Arsidas
Una lis de oro y una
estrella, cuya luz clara
la estrella de Venus dice;
la lis de oro semejanza
es de las flechas de amor,
pues ninguna flor se labra
punta de arpón sino ella,
luego bien claro declaran
lis y amor, estrella y Venus,
que son de Chipre las armas.
Lisidante
Sí, pero ¿qué nombre encubre
el mote que ciñe a entreambas?
Arsidas
Sin incluir nombre, puesto
no es tiempo de callar nada,
y no ofende quien adora
tan lejos de la esperanza,
la clara luz es que ilustra
a la lis que de oro esmalta
de Clarïana alusión.
Milor
¿Qué escucho? ¿De Clarïana?
[Aparte.]
Yo hice muy buena fineza
en traer su amante a mi dama.
Lisidante
¿Tienes más señas que digas?
Arsidas
¿Qué más? ¿Éstas no son hartas?
Lisidante
No, que más incluye el mote,
si de descifrarle tratas;
pues mi nombre y el del dueño
que adoro, bien que con tanta
veneración, que ella nunca
lo supo, con cuya salva
puedo explicar qué contiene.
Arsidas
¿Dónde o cómo?
Lisidante
En su anagrama,
Clara luce lisis auri
dice, e incluyendo pasa,
stella dante clarescit,
con que el emblema por alma
en stella y auri, lisis
y dante, verás que hallas
Lisidante y Auristela.
Licanoro
¿Qué es lo que escuchan mis ansias?
[Aparte.]
Muy buena fineza hice
en dar vida a quien me mata.
Lisidante
Y pues ya me declaré,
sin que competencia haya
en cúyas las armas son,
¿qué falta a mi intento?
Arsidas
Falta
que yo me dé por vencido.
Todos
Lisidante el duelo haga,
¡Arsidas viva y él muera!
Timantes
El pueblo a voces aclama,
alborozado de que
un odio sobre otro caiga,
por esperar de homicida
y enemigo dos venganzas,
en que Lisidante sea
quien sustente la campaña:
pues Lisidante es el dueño,
Lisidante el duelo haga.
Lisidante
Ellos piensan que me ofenden
y yo pienso que me ensalzan,
y pues ya la ceremonia
de esperar, puestas las armas,
cumplí con ellas, sin ellas,
a pie, a caballo o con valla
o sin valla, pues le queda
la elección de la batalla
al aventurero, ea,
caballeros, cara a cara
mi valor en este puesto
esperará a cuantos salgan
desde el alba hasta la noche
y desde la noche al alba.
Vase.
Aurora
Y yo para asegurarle
de traiciones y ventajas
iré a adelantar las tropas
que truje en mi retaguardia.
No será sino a intentar
que en el número que aguarda
[Aparte.]
tenga un enemigo menos.
Arsidas
Ya que el pueblo no me valga,
seré el que intente primero
salir, no diga la fama
que desistí del combate,
pues verme lidiar me salva
de que no cedió el temor,
y yo por si a ti te mata,
quedaré en resguardo tuyo
a morir en tu venganza.
Vase.
Milor
Siempre salir el primero
pensé, y ahora con más causa,
[Aparte.]
pues si antes de amor moría,
ya de celos, bien que falta
a mis iras la razón
de lidiar con quien me agravia.
Vase.
Licanoro
A quien di vida me ha muerto.
[Aparte.]
Mal disimulan mis ansias,
y para ser elegido
mi mismo dolor me valga.
Vase.
Clariana
Pues ya que Arsidas
no es mantenedor, y en la valla
yo no he de estar por testigo
de quién me pierda o me gana,
ven, Estela, que hoy el mundo
verá que hay mujer...
Estela
¿Qué trazas?
Clariana
Ganarme por mí mi reino,
sin deber a nadie nada.
Vase.
Auristela
Aunque Lisidante tanto
en el secreto me agravia,
no en el despecho: ¿qué hiciera
yo para que asegurara
su vida y mi reino? Amor,
mi ingenio y valor me valgan.
Vase.
Merlín
¿En qué tanta confusión
parará? Y ahora faltan
las de los duchones; ¿quién
dirá cómo esto se traza?
Que aunque las cajas lo digan
yo no entiendo bien de cajas
que de Guajaca no sean.
¿No hay en toda esta campaña
un relacionero?
Brunel
Sí,
atiende a cuanto se trata.
Primeramente, porque
la gente que alborotada
está, algún desmán intenta,
que sea palestra manda
de su misma guarnición,
ceñida la plaza de armas
de esta fortaleza. Luego,
porque no es bastante plaza
al manejo de caballos,
quieren que el duelo se haga
a pie, con las armas que
los aventureros traigan,
por no hallarse como premios
de certámenes, colgadas
debajo de su dosel,
Auristela y Clariana
no asisten, y así Timantes
por su valor y sus canas
juez le han nombrado, y yo no
prosigo, porque con tanta
priesa las cajas lo toman,
que ya a la contienda llaman.
Merlín
Y aun dándose tanta priesa
la señora doña farsa,
habrá desacomodados
que digan que ha sido larga.
Brunel
Ya desde aquí se descubre
el dosel.
Merlín
A cuyas gradas
espera el mantenedor.
Brunel
Y ya entran por partes varias
aventureros a un tiempo,
cada uno con la gana
de ser el primero: unos
traen descubiertas las caras
como declarados ya,
otros las cubren con bandas
como ignorados; ya todos
los padrinos las celadas
traen prevenidas, porque
como nombrándolos vaya
Lisidante, se armen.
Descúbrese un dosel, y debajo sentado Timantes, y a un lado Lisidante armado; luego por dos palenques salen Milor, Arsidas y Licanoro con padrinos, y Aurora, Clariana, Flérida y Estela, todos armados. Al verse unos a otros toman puestos en el tablado, y prosiguen.
Merlín
Uno,
dos.
Brunel
Siete son, ¿qué te cansas?
Merlín
¿Y con todos estos mi amo
ha de reñir? ¡Ay, qué ansia!
Brunel
¿Lloras?
Merlín
Sí, porque no sé
si amos que en duelo se matan
dan lutos a la familia.
Brunel
Haciendo unos a otros salva
con las lanzas se saludan.
Merlín
Todo esto es guerra galana,
hasta llegar a las veras.
Timantes
¿Cuando sólo se esperaba
dos aventureros, son
tantos los que a ver se alcanzan?
Licanoro
Ya que no puedo alegar
que entré el primero en la valla,
para nombrarme el primero,
alegaré que te hallas
en la obligación de que
te di la vida y en paga
te pido me des la muerte.
Lisidante
Dejando que quien me mata
de celos no me da vida
si la cifra me declara
por amante de Auristela,
¿cómo quieres que yo haga
dándote el mérito a ti,
a mis celos las espaldas?
Milor
Según eso, pues que yo
amante de Clarïana,
no te doy celos, tendré
mejor derecho en tal causa.
Lisidante
No tendrás, pues a Auristela
no has de elegir, y es infamia
quitar yo a mi dama un reino
porque le des tú a tu dama.
Licanoro
¿Por darte celos me dejas
de nombrar?
Lisidante
Es cosa clara.
Milor
¿Y a mí porque no los doy?
Lisidante
Sí, que en opinión contraria,
viendo a mi dama de uno
amada, de otro no amada,
quien no la ama agravia el gusto,
quien la ama el honor agravia,
y así entre uno y otro tengo
de castigar la esperanza,
porque la amas, en ti,
y en ti porque no la amas.
Arsidas
Aunque a Clarïana adoro
y de sus razones haya
contra mí la una, otra hay
para que en mí elección hagas.
Lisidante
¿Qué es?
Arsidas
Que llamado de ti,
cuando tu amparo esperaba,
para darme fama, honra,
vida y libertad, te hallas
tan infiel a tu promesa,
tan otro a mi confianza,
que en vez de darme, me quitas
libertad, vida, honra y fama.
Y así he de satisfacerme
para que yo satisfaga
al mundo: en obligación
estás de que vean que salva
el lidiar del no lidiar.
Lisidante
Dices bien, que yo palabra
di de volver por tu honor,
y no tengo de quebrarla:
la libertad, fama y vida
cobra en tal duelo, y aguarda
que todo lo halles cumplido
con mi fe y con tu esperanza.
Elige las armas, pues.
Arsidas
Armados y a pie no hay lanzas,
y pues ha de ser sin ellas,
lo más airoso es la espada.
Auristela
La esperanza que traía
[Aparte.]
de que en viéndome la cara
se rendiría, con que
para mí el reino ganaba
he perdido, si no vence
a Arsidas.
Clariana
La confianza
de ganarme a mí y mi imperio,
[Aparte.]
perdí en la primera instancia.
Cintia
Si Arsidas muere, yo quedo
a morir en su venganza.
Aurora
Si vence mi hermano, en uno
dos enemigos me faltan.
Timantes
Iguales las armas son,
toca al arma.
Todos
Toca al arma.
Lisidante
A tus pies estoy, rendido.
Ríndese.
Aurora
¿Qué es eso? ¿Pues tú desmayas,
y antes de entrar en la lid
te rindes, cuando esperaba
yo que, en muriendo tú, había
de proseguir la demanda?
Lisidante
Sí, Aurora, que esto le debo
a Arsidas; oye y repara
la razón. Yo te ofrecí
libertad, vida, honra y fama:
ya te la doy, con que queda
pagada tu confianza.
Mas con condición de que,
pues dos triunfos en mí alcanzas,
un reino y un prisionero,
des el reino a Clariana,
y el prisionero a Auristela
porque en mí tome venganza,
que no quiero más trofeo
que verme puesto a sus plantas.
Auristela
¿Y es trofeo (aquí la ira
descubra al valor la cara
que no es descrédito, pues,
por matarme te disfrazas)
rendirte para que dé
otro el reino a Clarïana?
Lisidante
Sí, que a ganarle yo, siempre
me había de tener tu patria
ojeriza de homicida,
y no te hace Atenas falta
si a Epiro te doy, con que
quedáis reinas tú y tu hermana,
sin que el reino se divida;
y Arsidas, que por mí tantas
penas padeció, premiado
con un reino y con su dama.
Clariana
En fe de aquella fineza,
dará a Epiro Atenas parias.
Auristela
Y yo a ti el parabién doy,
como a Lisidante el alma.
Arsidas
Y yo te ruego, porque
de un odio un amor se haga,
que des la mano a Milor,
que yo de Cintia la blanca
mano le ofrezco.
Milor
Felice
quien logra fortuna tanta.
Cintia
Yo el alma con ella ofrezco.
Lisidante
Bien como yo, para paga
al invicto Licanoro,
después de rendirle gracias
de la vida que le debo,
le ofrezco a Aurora, mi hermana.
Licanoro
Dichoso mil veces yo.
Aurora
Mía es ventura tan alta.
Clariana
Mejorose mi fortuna.
Arsidas
Enmendose mi esperanza.
Merlín
Con que vienen a tener
los cientos destas barajas...
Brunel
... con sus catorce de reyes,
todas las manos tomadas.
Merlín
Con cuyas cuatralbas bodas
las caballerías acaban
de Auristela y Lisidante;
perdonad sus muchas faltas.
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