El escondido y la tapada
Comedia Famosa
Personas que hablan en ella:
- Don CÉSAR, galán
- Don FÉLIX, galán
- Don JUAN, galán
- Don DIEGO, viejo
- OCTAVIO, viejo
- OTÁÑEZ, escudero
- MOSQUITO, gracioso
- CASTAÑO, gracioso
- GONZALO, cochero
- LISARDA, dama
- CELIA, dama
- BEATRIZ, criada
- INÉS, criada
- Dos ALGUACILES
- ESCRIBANO
- Tres CRIADOS
Jornada Primera
Salen haciendo algún ruido don CÉSAR y MOSQUITO, vestidos de camino, con botas y espuelas
César
Pues no podemos entrar
en Madrid, hasta que sea
de noche ya, ata las mulas
a esos troncos; y sobre esta
tejida alfombra de flores
que bordó la primavera,
entre estos estanques donde
la Casa del Campo ostenta
tanta variedad podemos
esperar a que anochezca.
Mosquito
Ya están las mulas atadas;
y aun fuera más justo que ellas
nos ataran a nosotros.
César
¿Por qué?
Mosquito
Porque son más cuerdas.
César
Luego ¿los dos somos locos?
Mosquito
Concedo la consecuencia;
mas con una distinción.
César
¿Cuál?
Mosquito
Tú por naturaleza,
y yo por concomitancia;
que es por lo que se me pega
de andar contigo.
César
¿Aquí, pues,
qué hay que locura sea?
Mosquito
¡Cuerpo de Cristo conmigo!
Habrá tres meses apenas
que salimos de Madrid,
por haber dejado en ella
muerto a un noble caballero,
que era hermano, por más señas,
de una de aquellas dos damas
que a un mismo tiempo festejas,
y por celos de la otra;
que, como autor de comedias,
tienes en tu compañía
segunda dama y primera.
Pasamos a Portugal
y, porque en una estafeta
nos vino un pliego --que yo
aun no sé lo que contenga--
sin mirar inconvenientes,
dimos a Madrid la vuelta;
y dices que ¿qué locura
hay aquí?¿No consideras
que no hay alcalde de corte
que no esté echando centellas
por aquella boca, y que
juran que hemos de ver puestas,
tú la cabeza a tus plantas,
las plantas yo a otras cabezas?
César
Confieso que dices bien
en que mi vida se arriesga
hoy en Madrid, pero donde
mi vida trae una pena
misma, habiendo de morir
en Lisboa de una ausencia
o en Madrid de mis desdichas,
ya que dos muertes me cercan
y que me dan a escoger
el modo de morir, deja
que muera contento donde
Lisarda hermosa lo vea.
Mosquito
Yo, aunque el martirologio
romano aquí me trajeran,
para que escogiera muerte
a mi propósito, fuera,
sin agradarme ninguna,
vanísima diligencia,
porque no hay tan bien prendida
muerte que bien me parezca.
¿Qué culpa tengo de que
tú a morir contento vengas
para traerme de reata?
César
Pues dime ¿tú qué recelas,
si tú en nada estás culpado
ni te hallaste en la pendencia?
Mosquito
Pues si un triunfo matador
arrastra los que se encuentra,
¿un amo matador, dime,
no arrastrará --cosa es cierta--
cualquiera triunfo crïado?
César
¡No vi locura más necia!
Mosquito
Y esto a una parte, señor,
¿qué razón hay de que sea
tan cerrado tu capricho
que, ya que me traes, no sepa
a qué me traes?Dime, pues,
¿qué es lo que en Madrid intentas?
César
Eso te diré, no tanto,
Mosquito, porque lo sepas,
como por descansar yo
con decirlo; que las penas
no tienen otro consuelo
sino el rato que se cuentan;
que, como mujeres son,
le despican con la lengua.
Lisarda, raro milagro,
donde la naturaleza
para modelo compuso
de una hermosura perfecta
la belleza y el ingenio,
haciendo paces en ella,
que hasta allí estaban reñidos
el ingenio y la belleza,
fue --ya lo sabes-- del templo
de amor la deidad más bella,
a cuyas aras no hay
vida y alma que no sea
mudo sacrificio.Bien
tantas víctimas lo muestran
como yacen a sus ojos
rendidas, si no sangrientas.
Yo, que entre el mortal consuelo
de sus victorias apenas
la vi cuando con la mía
hizo número y no cuenta,
idolatrando su imagen
viví, sin que mereciera
perdón por el sacrificio
ni mérito por la ofrenda.
Desvalido amante, pues,
de este hermoso hechizo, de esta
hermosa mujer, mi vida
a tanto esplendor atenta,
la Clicie fue de sus rayos
y el imán de sus estrellas.
Viendo, pues, que a todo un sol
alas fïaba de cera,
y que al generoso vuelo
sólo monumento era
el mar de mi llanto, donde
se apagaban sus centellas,
dispuse olvidarla, como,
--¡qué error!-- como si estuviera
el olvidarla en la mano
de quien no estuvo el quererla;
y por hacerme en efecto
contraveneno a mis penas,
venciendo amor con amor,
puse los ojos en Celia;
Celia, que fuera milagro
de hermosura, si no fuera
porque Lisarda se alzó
con todo el imperio della.
Si donde amé fui infelice,
y los afectos se truecan,
donde no amé ¿qué sería?
Saca tú la consecuencia.
¡Oh Amor!Si te llaman dios,
¿cómo de Dios desemejas
tanto que los fingimientos
y no las verdades premias?
O deja, Amor, de ser dios,
o de ser ingrato deja;
porque decir dios e ingrato
o suena mal o no suena.
De Celia en fin admitido,
estaba siempre con Celia
como extranjero mi amor,
dejando a Lisarda bella
acá en lo mejor del alma,
donde adorada estuviera,
cierto lugar reservado.
Escucha de qué manera.
Tiene un príncipe, un señor
lejos de sí un gran palacio
y en el suntuoso espacio
cerrado el cuarto mejor.
Éste se guarda en rigor;
y, aunque igual huésped por él
pase, el alcaide fïel
dice, "Este cuarto oportuno
es de mi rey, y ninguno
ha de aposentarse en él."
Así el alma toda, que era
el palacio de mi amor,
dejó a Lisarda el mejor
cuarto, aunque no le viviera.
Éste guarda de manera
el corazón, que nombró
su alcaide que, aunque hospedó
dentro a Celia, considero
que fue en otro cuarto; pero
en el de Lisarda no.
De aquella, pues, despreciado
y favorecido de esta,
engañado en ésta el gusto
con la memoria de aquélla,
neutral estaba mi vida,
cuando en esta competencia
sucedió que don Alonso,
hermano infeliz de aquella
bellísima ingratitud,
que no ablandaron mis quejas,
a Celia sirvió.¿Habrá dicho
algún hombre que es la fuerza
de los celos tal que, donde
no hubo amor, haber pudiera
celos?Sí; porque los celos
son un género de ofensa
que se hace a quien se dan,
y no es menester que sean
hijos de Amor; que tal vez
el pundonor los engendra;
si bien estos dos linajes
son con una diferencia,
que el alma en los del amor
anda por saber la pena,
y en los del pundonor anda
el alma por no saberla.
Dígolo porque mil veces,
aunque vi acciones y señas
sólo de parte de él, yo
cuidé poco de entenderlas
hasta que, saliendo un día
de la hermosa primavera
Celia al parque, don Alonso
al parque bajó con Celia.
Yo, que en el sitio esperaba,
y le vi venir con ella,
por ella y por él no pude
disimular más, sin mengua
de mi valor; y, llegando
a los dos, pronuncié apenas
la primera razón cuando
Celia dijo, "Seáis, don César,
bien venido; que os deseo,
porque con vuestra presencia
me dejará don Alonso,
ya que a hacerlo no le fuerzan
tantos desengaños."Él,
mal pensada la respuesta,
dijo....Mas no sé qué dijo;
que nunca un noble se acuerda
de palabras que el enojo
pronuncia desde la lengua
a las espadas; mas luego
sacamos los dos las nuestras.
De una estocada cayó
en el suelo. Entonces Celia,
confundida con la gente
que acudía a la pendencia,
pudo, sin ser conocida,
dar a su casa la vuelta,
y yo libre fui a tomar
en la Encarnación iglesia,
donde estuve hasta que fuimos
a Portugal. Todas estas
cosas sabes.Desde aquí
las que no sabes empiezan.
Estando, pues, en Lisboa,
recibí por la estafeta
de Celia una carta, en que
dice....Mas la carta es ésta.
Lee
Si no estuviera satisfecha de que vos
lo estáis de la poca culpa que tuve en
vuestra desgracia, fuera mi vida la
segunda que hubiérades quitado.Mi
hermano, como sabéis, está ausente; y
no podéis tener retraimiento mejor que
mi casa; que en ella no os han de buscar.
Y así, para tratar más cerca de vuestros
negocios, os podéis venir a ella, donde
estaréis secreto como deseáis, si no
servido como merecéis.Celia
Esta carta me ha obligado
a que hoy a Madrid me venga;
pues no hay retraimiento donde
seguro un hombre estar pueda,
Mosquito, como una casa
particular; y desde ella
podré de noche salir
a las cosas de mi hacienda
y de mi composición;
pues no negocia en ausencia
el pariente ni el amigo
lo que el mismo dueño.Fuera
de que, si he de hablar verdad,
ni esto ni aquello me fuerza
tanto como parecerme
que podré adorar las rejas
de Lisarda alguna noche,
ya que dispuso mi estrella
que, dando muerte a su hermano,
toda la esperanza pierda
de merecer su hermosura;
pues la que adorada era
cruel conmigo, ¿qué será
ofendida?La que fiera
procedía a los halagos
¿qué ha de hacer a las ofensas?
Esto a Madrid me ha traído;
pues, para adorar en ella
las paredes de Lisarda,
estaré en casa de Celia.
Mosquito
Siempre fui de parecer
que por lo menos tuviera
dos damas un hombre; porque
de dos la una, como apuesta,
no se puede errar el tiro.
Beatricilla e Inés sean
testigos también; pues siendo
las dos de Lisarda y Celia
un algo más que fregonas,
y algo menos que doncellas,
por si se pierde la una
que la otra no se pierda
las traigo en el corazón
duplicadas como letras.
Pero dime ¿qué papel
me toca en esta comedia
del caballero escondido?
César
Pues no estás culpado, fuera
te quedarás a avisarme
de todo lo que suceda.
Mosquito
¿Y si, mientras se averigua
si lo estoy o no, me pescan
el coleto?
Suena mucho ruido. Dentro LISARDA y BEATRIZ
Lisarda
Para.
Beatriz
¡Tente,
borracho!¿Qué haces?
César
Espera...
Mosquito
Por mi nombre me llamaron.
César
...que en una zanja de aquéllas
se ha atascado un coche.
Mosquito
Y todo
sobre el arroyo se vuelca.
César
Mujeres son; fuerza es
acudir a socorrerlas.
Vase
Mosquito
Dios te haga caballero
parante, por su clemencia;
que harto tiempo has sido andante.
Ya la encerrada ballena,
para escupir sus Jonases,
por un costado revienta.
Beatricilla es, ¡vive Dios!,
la que sacaron primera.
Sin duda está aquí su ama.
Escóndese. Salen BEATRIZ, en brazos de GONZALO, y OTÁÑEZ
Beatriz
¡Ay de mí!Yo salgo muerta,
roto el manto, la basquiña
manchada, y en la cabeza
más de cuatro mil chichones.
Gonzalo
¡Voto a Dios...!
Beatriz
Gonzalo, buena
cuenta has dado de nosotras.
Gonzalo
Aquésta es la vez primera
que me ha sucedido.
Otáñez
Cierto;
que si de esta suerte empieza,
que dentro de un año puede,
a mi ver, poner escuela
de volcar coches.
Beatriz
Parece
que toda su vida entera
no ha hecho otra cosa, según
el primor con que los vuelca.
Otáñez
¿Y señora?
Gonzalo
Un caballero
la ha sacado medio muerta.
Otáñez
Voy a avisar a mi amo
que allá en los jardines queda.
Vase
Gonzalo
Yo a la torre de las guardas,
para que a ayudarme vengan.
Vase. Sale MOSQUITO
Mosquito
¡Beatriz!
Beatriz
¡Mosquito!¿Qué es esto?
Mosquito
Breve será la respuesta,
"vengo de lejas tierras, niña, por verte;
hállote volcada, quiero volverme."
Beatriz
¿Y tu señor?
Mosquito
Vesle allí.
Beatriz
Pues ¿cómo de esta manera?
Mosquito
¿Qué sé yo?Mas lo que importa
es, Beatriz, atar la lengua.
Beatriz
Haz cuenta que deslenguada
estoy.
Mosquito
Pues no es buena cuenta;
que las deslenguadas hablan
más que las lenguadas mesmas.
Saca a LISARDA don CÉSAR
César
Bien de océano español
blasonar podrá esta esfera,
pues acaba su carrera
despeñado en ella el sol.
Cobre en su bello arrebol
el nácar; no triunfe así
hoy de tan bello rubí.
¡Ay Lisarda!¿Quién pensara
que yo en mis brazos llegara
a verte? Mas ¡ay de mí!
que, como estás sin sentido,
estoy con ventura yo;
pues tú con sentido no
me lo hubieras consentido.
Desdichada dicha ha sido
la que tanto bien me ha dado;
pues ya me cuesta el cuidado
de verte así, que es forzoso
que esté, aun cuando más dichoso,
desdichado el desdichado.
Hermosísimo desvelo,
a cuyo desmayo pierde
el suelo su pompa verde,
y su pompa azul el cielo,
desentumeced el hielo
al fuego de vuestro ardor.
Ved que lloran el rigor
de tanto mortal desmayo
todo el cielo rayo a rayo,
todo el suelo flor a flor.
Aquestas campañas bellas
sin luz están ni arrebol.
Anocheced, si sois sol;
pero dejadnos estrellas.
Vuelve en sí LISARDA
Lisarda
¡Ay de mi infeliz!
César
Ya en ellas
hay nueva luz.Pues volvió
en sí, mi dicha acabó;
mi desdicha digo esquiva,
que, a precio de que ella viva,
no importa que muera yo.
Lisarda
¿Qué es lo que pasa por mí?
César
Aparte
(Cielos, pues se ha de ofender
de verme, no me ha de ver.
Cúbrese el rostro
Lisarda
¿Qué es esto?¿Quién está aquí?
César
Quien, viendo, señora, allí
que su vereda el sol ciego
errada llevaba, luego
llegó a enmendar el acaso;
porque no era digno ocaso
tan poca agua a tanto fuego.
Lisarda
Pues ¿cómo, habiendo vos sido
quien mi vida ha restaurado,
la voz habéis recatado,
el rostro habéis escondido?
Lo que decís no he creído,
o son medios poco sabios,
que esconder semblante y labios
ni han sido ni son oficios
de quien hace beneficios,
sino de quien hace agravios.
César
Quien sirve por merecer
no merece por servir;
pues ya se da a presumir
que se lo han de agradecer.
Lisarda
Tan hidalgo proceder
ya es otro mérito, en quien
hace suspensión el bien.
Decid quién sois.
César
No haré tal.
Lisarda
¿Y he de proceder yo mal
porque vos procedáis bien?
No; y así he de ver ahora
quién sois.
César
Pues no lo veáis,
si agradecer deseáis
este secreto, señora.
Lisarda
Duda el alma, el pecho ignora
por qué.
César
Porque, si me veis,
de verme os ofenderéis
y así el decirlo dilato
por no perder este rato
que en duda lo agradecéis.
Lisarda
¿Ofenderme yo de veros?
César
Como holgarme yo de hablaros.
Lisarda
¿Pesarme a mí de miraros?
César
Sí, como a mí de perderos.
Lisarda
¿Yo sentir el conoceros?
César
Como yo el riesgo en que estoy.
Lisarda
Pues yo tengo de ver hoy
por qué el pesar ha de ser,
el sentir y el ofender.
César
Porque yo, señora, soy...
Descúbrese
Lisarda
Bien dijisteis, sí, que había
de ofenderme al veros; bien,
que el conoceros también
pesar para mí sería;
bien, que la ventura mía
había de sentir hablaros;
pues ya, sólo por sacaros
verdadero, siento veros,
me pesa de conoceros
y me ofendo de miraros.
¿Cómo, cómo habéis tenido
atrevimiento de estar
en tan público lugar?
César
¿Cuándo no fui yo atrevido?
Lisarda
¿Cómo hasta aquí habéis venido?
César
Como, igualando a los dos,
si, por darle muerte --¡ay Dios!--
a vuestro hermano, me fui,
bien volví, pues que volví
por daros la vida a vos.
Lisarda
Tanto a sentir he llegado
verla de vos defendida
que he de aborrecer mi vida
por habérmela vos dado.
César
Lisonja de mi cuidado
será ver tratar así
vuestra vida desde aquí;
pues consuelo me parece;
que quien su vida aborrece
¿por qué ha de quererme a mí?
Beatriz
Mi señor, que se quedó
en esos jardines, viene
hacia acá.
César
¿Qué haré?
Lisarda
Aparte
(Conviene
proceder yo como yo.)
Don César, no penséis, no,
que en mí más poder alcanza
de mi enojo la esperanza
que la de mi rendimiento.
Obre el agradecimiento
primero que la venganza.
Yo le tendré; idos de aquí.
César
Sí haré, pues vos lo mandáis.
Lisarda
Y si una vida me dais,
ya mi obligación cumplí;
pero advertid desde aquí
que no estáis libre en lugar
ninguno.
César
Considerar
debéis que aqueso es decir...
Lisarda
¿Qué?
César
...que os busque.
Lisarda
El despedir
¿cómo puede ser llamar?
César
Piérdese una noche oscura
en un monte un caminante;
y, cuando con planta errante
hallar la senda procura,
más se ofusca en la espesura.
El can, que despierto está,
siente el ruido, y a hacer va
que huya dél con pies veloces,
llamándole con las voces
que, para que huya, da.
Yo así confuso y perdido
camino ni senda sé;
bien, que no veo, se ve,
pues a tus pies he venido.
Tú, despierta siempre al ruido
del desdén, velando estás;
voces, porque huya, me das;
mas como perdido estoy,
dondo oyendo la voz voy,
me voy acercando más.
Vanse don CÉSAR y MOSQUITO. Salen don DIEGO y GONZALO
Diego
Lisarda, ¿qué ha sido aquesto?
Lisarda
Que ese coche se cayó.
Diego
¿Hízote mucho mal?
Lisarda
No.
Diego
Volvamos a casa presto.
Lisarda
Volvamos, si está dispuesto
el coche.
Diego
Vos, majadero,
mirad lo que hacéis.
Gonzalo
No quiero
que presumas...
Diego
No seáis, pues,
desvergonzado.
Beatriz
Eso es
decir que no sea cochero.
Vanse. Salen don FÉLIX, CELIA e INÉS
Celia
Extraña es tu condición.
Félix
¿Por qué no ha de ser extraña,
si tú, para que lo sea,
Celia, me has dado la causa?
Celia
¿Yo la causa, para que
de la guerra, donde estabas,
te hayas venido a Madrid,
a sólo hacer en la casa
donde me mata tu ausencia
y donde viviendo me hallas,
prevenciones de cerrar
las puertas y las ventanas,
de modo que en los tejados
aun no has dejado una guarda
sin reja?Pues, ¿a qué efeto,
siendo yo, Félix, tu hermana,
sin mirar que en mi respeto
tu mismo respeto agravias,
tan neciamente me celas,
tan locamente me guardas?
Félix
Celia, no puedo negar
que es necedad asentada
la desconfianza.Es cierto;
pero, no habiendo ventanas,
es menor; pues, en efecto,
si no asegura, descansa.
Celia
¡Buena disculpa has hallado
de haber dado desde Italia
vuelta a Madrid, tan a costa
de tu opinión y tu fama.
Partístete de la corte,
lleno de plumas y galas;
no te debió de sonar
bien el ruido de las cajas,
ni oler la pólvora bien,
echando menos el ámbar,
y vienes haciendo extremos
por dar disculpa a tu...
Félix
Basta,
Celia.Salte tú allá fuera,
Inés.
Inés
Aparte
(De esta vez descansa
su corazón.)
Vase
Félix
Pues baldonas
mi honor con soberbia tanta,
diré lo que he pretendido
disimular, aunque es baja
acción que celos de honor
se pidan tan cara a cara.
En Italia estaba, Celia,
cuando la loca arrogancia
del francés sobre Valencia
del Po... Pero ¡qué ignorancia
ponerme contigo a hablar
yo de guerras y de armas!
En Italia estaba, digo,
cuando recibí una carta
de alguno que, interesado
en el honor de esta casa,
me escribió, Celia, que un día
de los que el abril traslada
al parque toda la corte,
tú saliste disfrazada,
y don Alonso tras ti;
y que, habiendo --¡suerte ingrata!--
llegado al parque con él,
sacó otro galán la espada
y le dio la muerte, siendo
dicha entonces --¡pena extraña!--
no ser conocida; pues
a serlo allí, cosa es clara
que tu honor en opiniones
con la justicia quedara.
Estas cosas y otras, Celia,
causa han sido de que haya
vuelto; porque ¿qué me importa
que yo gane honor y fama,
si tú en mi ausencia los pierdes?
¿Qué me importa que yo haga
acciones que generosas
soliciten mi alabanza,
si me las desluces tú
con acciones tan livianas?
No decir pensé mis penas;
callar presumí mis ansias,
pero ya que tú me obligas
a que de los labios salgan,
advierte, Celia, que sólo
una diligencia falta,
y es enmendar con las obras
lo que erraron las palabras.
Celia
¿Pensarás que convencida
me dejan tus amenazas?
Pues no, Félix; porque donde
la proposición es falsa
no se sigue el argumento.
¿Yo he salido al parque al alba?
¿Yo seguida de ninguno?
¿Yo ocasión de cuchilladas?
Quien dices que lo escribió
te mintió; y yo...
Sale INÉS
Inés
Aquí te llama
don Juan de Silva, tu amigo.
Félix
Aparte
(Celia, no entienda Inés nada
de esto; que no es menester
que lo que entre los dos pasa
lo sepan de ningún modo
ni crïados ni crïadas;
y retírate a tu cuarto,
porque entre en aquesta sala
don Juan.
Vase
Celia
¡Ay de mí!
Inés
Señora,
¿que una plática tan larga
hayáis tenido?
Celia
Don Félix
ha sabido cuanto pasa.
Inés
¿Y lo del tabique?
Celia
No;
eso sólo se le escapa.
Por si hablan los dos en mí,
escuchemos lo que hablan.
Salen don JUAN, alborotado, y DON FÉLIX
Juan
Seas, don Félix, bien hallado.
Félix
Y vos, don Juan, bien venido.
Juan
¡Gran dicha hallaros ha sido!
Félix
¿De qué venís tan turbado?
Juan
Ya sabéis que de Lisarda
amante y primo adoré
la hermosura, mientras que
la dispensación, que hoy tarda,
viene a hacerme tan dichoso
que, premiando mi constante
amor, de primo y amante,
me llega a llamar esposo.
Ya sabéis cómo mató
a su hermano y primo mío
don César en desafío,
por una mujer que yo
nunca conocí.Pues hoy,
por vencer esta tristeza,
salió al campo su belleza.
Yo, que de sus luces soy
flor que la vive adorando,
a la casa la seguía
del campo, donde ella había
con su padre ido; mas, cuando
iba la puente a bajar,
el coche encontré en la puente,
porque no sé qué accidente
tan presto la hizo tornar.
Llegando al sol que conquisto
a sacrificar mi vida,
de mi primo al homicida
me pareció que había visto
entrar de camino.Yo
le quise reconocer;
mas, siendo al anochecer,
no fue posible; y por no
errarlo, si no era él,
todo el lugar le seguimos
ese criado y yo, y vimos
apear --¡pena crüel!--
adonde a ver si es o no es
quiero que vamos los dos,
y que entréis delante vos,
porque no se esconda, pues
de vos no se ha de guardar.
Esto habéis de hacer por mí,
ya que de vos me valí,
pues es forzoso amparar
un amigo a un caballero,
cuando no lo fuera yo,
a cualquiera que...
Félix
No, no
digáis más...
Aparte
(Si considero,
aunque hoy no es mucho el error,
que si ésta la muerte fue
por Celia, así vengaré
con otra causa mi honor.)
...que ya sé que es recibida
necedad que, sin dudar
ni saber ni preguntar,
ofrezca un hombre su vida
a quien le llama; y así,
ahorrad pláticas conmigo
y guïad; que ya yo os sigo.
Juan
Menos de vos no creí.
Vamos; veréis, ¡vive el cielo!,
si el venir mi honor castiga.
Félix
Aparte
(¡Oh, a qué cosas obliga
esta necia ley del duelo!)
Vanse. Salen CELIA e INÉS
Celia
¡Ay, Inés, esto he escuchado!
Inés
¿De qué me hubiera servido
servir, si no hubiera sido
de saber cuanto han hablado?
Celia
A César van a buscar
--¡pena injusta, dura suerte!--
para darle los dos muerte.
¿Quién pudiera imaginar
que yo a don César llamara
a que en mi casa viviera,
que antes mi hermano viniera
que él, y él mismo le buscara
para matarle, y así
satisficiera mi hermano
sus celos, pues es tan llano
que fue la muerte por mí?
Inés
No des por hecho, señora,
lo que, para haber de ser,
aun faltan por suceder
más de mil cosas ahora;
el ser verdad su venida,
que los dos le hayan de hallar
luego, y luego le han de dar
por la tetilla la herida.
Celia
Bien mi temor desconfía,
porque es tirana mi estrella.
Hacen ruido dentro
Inés
Aguárdate.¿No es aquélla
la seña que antes solía
don César hacer?
Celia
Sí.
Inés
¡Dios
mejora los días!
Celia
Pues
métele tú en casa, Inés,
mientras le buscan los dos.
Vase INÉS
Que hoy verá César, es llano,
cómo mi ingenio le guarda
de su padre de Lisarda,
de su primo y de mi hermano.
Salen INÉS, don CÉSAR y MOSQUITO
César
Hasta llegar a tus brazos,
hermosa Celia, no sé
si tuve vida; y así,
pues que mis ojos te ven,
dame, señora, a besar
todo el chapín de tus pies.
Mosquito
Y a mí todo el ponleví
de tus zapatos, Inés.
Celia
Seas, don César, bien venido
a aquesta casa; que, aunqué
no pueda servirte en ella
hoy como yo imaginé,
por causa de haber venido
mi hermano...
César
¡La voz detén!
¿Qué dices?¿Tu hermano está
hoy en Madrid?
Celia
El día que
escribí que tú vinieras,
supe cómo venía él;
que no te enviara a llamar
a no saberlo después.
César
¿No estaba en la guerra?
Celia
Sí;
y lo que le hizo volver
tan presto fue haberle escrito
el suceso tuyo.
César
Pues
según eso en mayor riesgo
en tu casa estoy.
Celia
¿Por qué?
César
Porque no es posible estar
un punto en ella.
Celia
Sí es;
que pueden, don César, mucho
amor, ingenio y mujer.
Yo en casa, don César, tengo
prevenido donde estés,
si no bien acomodado,
seguro a lo menos bien.
César
¿De qué suerte?
Celia
De esta suerte.
Aquesta casa que ves
tiene dos cuartos, el bajo
y el alto, que es éste, en que
yo vivo; porque en esotro
vive un extranjero, a quien
vienen despachos de Roma.
Esto convino saber
por si acaso el dueño hallaba
para toda ella alquiler.
Por de dentro de ella tiene
secreta escalera que
comunica los dos cuartos,
aunque condenada esté,
por ser los huéspedes dos.
Aqueste tabique, pues,
por la parte está de abajo;
de suerte, don César, que
yo por la parte de arriba
con mil trastos le ocupé
el día que por mi carta
a mi casa te llamé,
y de que venía mi hermano
aviso tuve también.
Me hallé confusa, sitiada
de los dos, por no saber
qué hacer con los dos; y así
escucha lo que pensé.
Cerrar hice la escalera
por acá arriba muy bien,
tabicando sobre tabla
una puerta; que no fue
difícil tomar el yeso
sobre tomiza o cordel;
de suerte que no quedó
ni aun señal en la pared;
mayormente que la cuadra
donde cae sirve también
de tocador mío y la tengo
colgada toda, con que
está más disimulada.
Aquí estarás, César, bien
todo el tiempo que mi hermano
dentro de casa no esté;
y en estando en casa, dentro
de esta escalera.
Mosquito
¡Pardiez,
que habrá lindo San Alejo!
César
¿Qué dices?
Celia
¿Qué hay que temer?
César
Mil inconvenientes, Celia.
Celia
Di cuáles son.
César
Vamos, pues,
salvando dificultades.
¿Es posible no saber
tu hermano que esa escalera
estaba aquí?
Celia
Sí; porqué
en ausencia suya yo
aqueste cuarto alquilé;
y así no sabe don Félix
todos los secretos de él.
César
¿Cómo, si vino celoso
tu hermano, te dejó hacer
esa pared?
Celia
Un crïado,
viendo su cuidado, fiel
me avisó; y así ya estaba
hecho cuando llegó él.
César
Yo estimo, Celia, en el alma
el cuidado y la merced,
mas ya que vino tu hermano
a este tiempo, ¿para qué
hemos de estar con cuidado
tan grande?Y así me iré
contento de haberte visto.
Quédate con Dios.
Celia
Detén
los pasos, César; que no
de aquí has de salir, ni es bien;
que está a gran riesgo tu vida.
César
¿De qué suerte?
Celia
Has de saber
que en la posada que estás
te van a matar.
César
Pues ¿quién?
Quisiera saber.
Celia
Don Félix;
que aquí se lo dijo a él
don Juan.
Llaman dentro
Pero ¿qué, llamaron?
Inés
Sí; y mi señor mismo es.
Celia
Pues ya no puedes salir,
por fuerza te has de esconder.
Inés
El tabique sirva ahora,
ya que no sirva después.
César
Por tu opinión solamente
me escondo ahora; mas después
que se haya acostado, Celia,
he de salir.
A INÉS
Celia
Presto ve,
mientras allá abren la puerta,
y en esa escalera, Inés,
encierra a los dos.
Mosquito
¿A mí
han de encerrarme también?
Inés
Claro está; y no abras en tanto
que recogida no esté
la casa, y en lo más bajo
estad sin ruido.
César
¡Ah, poder
de la Fortuna, mi vida
acabe ya de una vez!
Vanse don CÉSAR y MOSQUITO con INÉS. Salen don JUAN y don FÉLIX
Félix
Ya estoy en mi casa.Idos,
don Juan.
Juan
Pues de ella os saqué,
y os conocieron a vos
y a mí no, hasta que quedéis
seguro, no he de dejaros.
Celia
Aparte
(Pues viene don Juan con él,
sin duda a buscar a César
vienen los dos.)
Félix
Sí ha de ser.
--¡Hola!
Sale un CRIADO
Criado
¿Señor?
Félix
Esta hacienda
toda en salvo la poned
abajo en el cuarto de ese
caballero milanés,
en tanto que hablo a mi hermana.
Juan
Yo el primero a todo iré.
Vanse don JUAN y CRIADO
Celia
Aparte
(La casa van despojando;
buscarle sin duda es.)
Félix
¡Hermana!
Celia
Félix, ¿qué traes?
Félix
Traigo una pena cruel.
Celia
Aparte
(Los dos han sabido allá
que aquí don César esté.)
Félix
Llamóme don Juan de Silva,
para que fuera con él
a buscar a su enemigo;
--¡dijera el mío más bien!--.
Al fin llegué a la posada
y al huésped le pregunté
dónde un forastero estaba
que hoy después de anochecer
llegó a su casa.Que no
había hecho más que haber
dejádole allí dos mulas
dijo, e ídose después.
Esperándole estuvimos
más de dos horas o tres,
hasta que un hombre llegó
de color y, al parecer
de don Juan, que yo jamás
le vi, dijo que era él.
Embestímosle los dos,
desembarazóse bien,
y al ruido de las espadas
llegó justicia a querer
conocernos, y don Juan
dio con el uno a sus pies.
Resistímonos, en fin,
hasta que no faltó quien
entre las voces decía,
Don Félix de Acuña es.
Habiéndome conocido,
apelamos a los pies.
A riesgo traigo la vida,
por ser una muerte, y ser
en resistencia; y así,
pues ausentarme ha de ser
fuerza, no has de quedar, Celia,
donde me escriban después
alguna cosa de ti
que no lo esté a mi honor bien.
Y así conmigo al instante
en casa de mi tío ven,
donde quedarás guardada
de su cuidado; porque
no he de ausentarme yo, en tanto
que tú segura no estés.
Celia
Don Félix...
Félix
No hay que decirme.
Celia
...advierte...
Félix
Aquesto ha de ser.
No hay, Celia, que replicar.
Sale INÉS
Inés
Aparte
(En un instante se ve
mudada toda la casa.
¿Qué es lo que intentan hacer?)
Salen dos CRIADOS
Criado 1
Baja tú aquese escritorio.
Criado 2
Tira de este brocatel;
que hasta las camas están
ya desarmadas también
abajo, y no quede aquí
sólo un clavo en la pared.
Quitan las colgaduras, y queda debajo una pared blanca, con dos puertas a los lados, y en medio una blanqueada disimulada
Félix
Celia, vamos; que esto es fuerza.
Vente con tu ama, Inés.
Celia
Aparte
(¿A quién, cielos, en el mundo
esto pudo suceder?)
Inés
Aparte
(¿Mas que a los de la escalera
los han de mudar también?)
Vanse. Sale don JUAN
Juan
No se quede aquí ninguno;
salid, y cerrad después.
Vanse todos. Abren la puerta de en medio don CÉSAR y MOSQUITO
César
Más de medianoche es ya.
Mosquito
¿Si se habrá olvidado Inés
de que nos tiene escondidos?
César
Pues ya tan quieta se ve
la casa, abre aquesa puerta;
despega un poco el cancel;
que, teniendo colgadura
encima de la pared,
no nos podrán ver; sabremos
qué ruido el que han hecho es.
Mosquito
¿Dónde está la colgadura?
César
Llama a Inés.
Mosquito
¡Inés!¡Ce, ce!
César
¡Quedo! No te vean ni oigan.
Mosquito
¿Quién nos ha de oír ni ver,
si estamos en el desierto?
Por Dios, que a mi parecer
alemanes han entrado
en esta casa.
César
¿Por qué
lo dices?
Mosquito
Porque ha quedado
desvalijada.
César
¿Que estés
tan loco que digas eso?
Mosquito
Más lo estás tú, en buena fe,
si dices esotro. Sal,
y verás que no hay que ver;
pues, para que tú lo veas,
sin duda, si es o no es,
sólo han dejado una luz
por descuido o por merced.
Ni una silla, ni un bufete,
ni un cuadro, ni un escabel,
ni un baúl, ni un escritorio,
ni una cama, ni un cordel,
ni un jergón, ni una cortina,
ni una Celia, ni una Inés
nos han dejado.
César
¿Qué es esto?
Que, aunque yo el ruido escuché,
los golpes, sin las palabras,
no se daban a entender.
Gran novedad habrá sido
la que a esto ha obligado.
Mosquito
Aun bien
que viviremos más anchos.
Pero pudieran haber
Inés y Celia dejado
siquiera un pan que comer.
César
¡Que estés ahora de gracia!
Mosquito
Esto de desgracia es.
César
Y así, viendo lo que ha sido,
y lo que aquí importa hacer,
es irnos; porque, si Félix
ha llegado ya a entender
que por causa de su hermana
a don Alonso maté,
y que hoy estoy en Madrid,
¿quién duda que aquesto es
por vengarse?
Mosquito
Pues ¿por dónde
hemos de salir? ¿No ves
cerradas todas las puertas?
César
Por las ventanas.
Mosquito
También
son todas rejas.
César
Por una
guarda del tejado.Ven
conmigo.
Mosquito
Yo ruego a Dios
que una gatada no dé.
César
¡Cielos! ¿Semejante caso
a quién pudo suceder?
Jornada Segunda
Salen por una de las dos puertas don CÉSAR y MOSQUITO
Mosquito
Ésta es la casa, sin duda,
que aquel famoso estremeño
Carrizales fabricó
a medida de sus celos;
pues no hay puerta ni ventana,
guarda, patio ni agujero
por donde salga un Mosquito.
Dígalo yo.
César
Si el ingenio
quisiera inventar un caso
extraño, ¿pudiera hacerlo
con mayores requisitos
fingidos que verdaderos
están presentes?¿Habrá
quien crea que es verdad esto?
Venir llamado de Celia;
tener aviso a este tiempo
de que su hermano venía;
hacer con tanto secreto
este tabique; llegar
Félix a Madrid primero
que yo; esconderme por fuerza;
y, en estando una vez dentro,
mudarse toda la casa;
dejarme aquí; y en efecto
no haber por donde salir;
cosas son, ¡viven los cielos!,
que han menester más paciencia
que la mía.
Mosquito
Pues no es eso
lo peor.
César
Pues ¿qué será,
si esto no es?
Mosquito
Que no tenemos
que comer; porque el gigote
que se olvidó en un puchero
a la lumbre, el medio pan
de la alacena, ya dieron
fin.Y así es fuerza rendirnos
por hambre; porque no hay dentro
del sitio para dos horas
munición ni bastimiento.
César
¡Que tuviese yo una llave
maestra de casa, al tiempo
que, ausente su hermano, entraba
a hablar a Celia, y que luego
se la volviese el día que
de aquí me ausenté!Mas esto
¿quién lo pudo prevenir
con humano entendimiento?
Mosquito
Ya mal distinta la luz
en los distintos reflejos
se va declarando.En fin,
¿qué piensas hacer?
César
Un medio
solamente se me ofrece.
Mosquito
¿Y es, señor...?
César
Escucha atento.
En este cuarto de abajo
a Celia oí que un extranjero,
hombre de negocios, vive.
A éste declararme pienso;
que menos importará
que sepa uno más aquesto
que dejarme matar; pues
no dudo que es el intento
éste de haberse mudado
don Félix.
Mosquito
Y ¿cómo haremos
para llamarle?
César
Dar golpes
por la escalera.
Mosquito
Yo apuesto
que piensan que andan ladrones
al primer golpe que demos,
y que nos matan a palos
antes de oírnos.
César
No creo
que hay otra cosa que hacer.
Voy a llamar.Mas ¿qué es esto?
Al ir a llamar él, llaman de dentro
Mosquito
El extranjero de abajo,
que llama antes que llamemos
nosotros.Mas ¿cuánto va
que nos mudaron a un tiempo
y, estando él también cerrado,
ha pensado allá lo mesmo?
Llaman otra vez
César
Esto es llamar a la puerta.
Mosquito
¿Quién es?
César
¡Tente!¿Qué haces, necio?
Mosquito
Responder a quien nos llama;
que la llave no tenemos;
que vaya por ella.
César
Espera;
que responder no es acierto.
Mosquito
Déjame sólo llegar
a ver por el agujero
de la llave quién es.
César
Mira.
Mosquito
¡Buena hacienda habemos hecho!
¡Ay, señores!
César
¿Qué hay, Mosquito?
Mosquito
La justicia por lo menos
es quien llama.
César
¿La justicia?
Mosquito
Sí, señor.
César
¡Por Dios, que es cierto!
¿Quién presumiera que así
se vengara un caballero?
Mosquito
Celia, señor, te ha vendido.
Golpe de martillo
César
¡Vive Dios, que aun no lo creo
de Celia!
Mosquito
Yo sí; ya escampa.
César
¿No es descerrajar aquello?
Mosquito
Sí.Yo conozco los golpes;
que estos son los golpes mesmos
que, al empezar las comedias,
se dan en los aposentos.
César
¿Qué hemos de hacer?
Mosquito
Confesarnos
es el más útil remedio.
César
Por si acaso es otra cosa,
lo mejor es escondernos;
y no sea lo de anoche,
oír el ruido y no el suceso.
Abren la puerta, y salen OCTAVIO, dos ALGUACILES, un ESCRIBANO y gente
Octavio
¿Para qué es romper la puerta?
Que, pues yo las llaves tengo,
yo abriré.Y ya que lo está,
díganme, sobre qué es esto,
vuesas mercedes; que yo,
a los golpes que he oído, vengo
desde ese cuarto, en que vivo.
Alguacil 1
Buscamos un caballero,
don Félix de Acuña es
su nombre, por haber muerto
anoche un hombre en mi calle.
Octavio
Aparte
(Aquí importa el fingimiento.)
¿Dón Félix de Acuña?
Alguacil 1
Sí.
Octavio
Pues ya ha más de mes y medio
que no vive en esta casa,
y que yo las llaves tengo
del cuarto para alquilarle,
con poderes de su dueño.
Bien lo muestra el verle así.
Alguacil 2
Tarde venimos.
Escribano
¿Qué haremos?
Alguacil 2
Poner esta diligencia
por escrito.
Sale OTÁÑEZ
Otáñez
Aquí don Diego,
mi señor, viene a saber
qué hay de aquel despacho.
Octavio
Necio,
¿que estoy ahora no veis
con estos señores?Luego
bajaré; que en mi escritorio
me espere.
Vase OTÁÑEZ
Alguacil 1
Aquí no tenemos
que hacer.Vuesasted se quede
con Dios.
Escribano
Si hubiéramos hecho
anoche la diligencia,
quizás no se hubiera puesto
en salvo.
Alguacil 2
Nadie nos dijo,
aunque se anduvo inquiriendo
anoche, dónde vivía.
Vanse los ALGUACILES y el ESCRIBANO. Salen don DIEGO y OTÁÑEZ
Diego
Señor Octavio, viniendo
tan de mañana a saber
si había venido en el pliego,
que anoche llegó de Italia,
la dispensación que espero
para casar a mi hija
con su primo, que deseo
salir ya de este cuidado;
y esperando, por saberlo,
allá abajo, vi bajar
justicia; y así me atrevo
a subir acá por ver
si en algo serviros puedo.
Octavio
En cuanto a vuestros despachos,
muy bien las albricias puedo
pediros; que ya han venido.
Diego
Mil años os guarde el cielo.
Octavio
En esto de la justicia,
es que un noble caballero
aseguró su persona
y su hacienda; que él, atento
a su honor, dejar no quiso
sola a su hermana; y, diciendo
estaba que no vivían
ya aquí.
Diego
¡Ay de mí, lo que siento
el traer a la memoria,
a vista de este suceso,
mis penas!Siempre son muchas,
cada instante que me acuerdo
de la muerte de mi hijo,
y que el que le mató huyendo
también se libró de mí;
que yo le hiciera...
Octavio
En efecto,
¿nunca de él habéis sabido?
Diego
Hásele tragado el centro
de la tierra.Mas dejadme,
y no hablemos más en esto.
Octavio
Yo hablo porque hablabais vos.
Vamos.Mas ¿qué tan atento
miráis en aqueste cuarto?
Diego
En que he venido a hacer, pienso,
de un camino, como dicen,
dos mandados; porque, habiendo
la dispensación venido,
he de traer desde luego
a mi sobrino a mi casa;
y la que yo ahora tengo
no es capaz; demás que ha un mes
que ando buscándola, y creo
que este cuarto, por el barrio
y vecindad, será bueno.
Octavio
Yo me holgaré que os agrade,
por lo mucho que intereso.
Diego
¿Qué más vivienda que aquésta
tiene?
Octavio
No sé; que os prometo
que, aunque días ha que vivo
en él, es hoy el primero
que en él he entrado.
Entran por una puerta y salen por otra
Diego
En verdad
que me agrada, sí por cierto;
mayormente por tener
estos dos cuartos diversos,
pues en éste, hasta casarse,
estará don Juan, y luego
yo estaré, dejando esotro,
que es el mayor, para ellos.
¿Qué gana este cuarto?
Octavio
Gana
dos mil reales.
Otáñez
Es gran precio;
que están baratas las casas.
Diego
Decidme quién es el dueño,
porque lo vaya con él
a concertar.
Octavio
Para eso
haced cuenta que yo soy;
Pues de un amigo es, que a un pleito
está a Granada, y poder
para sus negocios tengo;
y así conmigo no más
se ha de tratar.
Diego
Según eso,
ya queda el cuarto por mío,
porque yo con vos no tengo
de regatear; y así haced,
porque vengan al momento
a colgarle, que las llaves
se den.
Octavio
Si ha de ser tan presto
mejor es que os las llevéis,
porque hoy una holgura tengo
en el campo, y en mi casa
no queda nadie.Bajemos
donde la dispensación
os dé y las llaves.
Diego
Contento
voy del cuarto.
Octavio
No creeréis
cuánto en que lo estéis me huelgo.
Diego
Tendréis un criado en mí,
y en Lisarda un ángel bello
por vuestra, que es muy hermosa.
Vanse cerrando. Salen don CÉSAR y MOSQUITO
César
¿Haslo entendido?
Mosquito
Algo de ello.
César
¿Habrá más y más acasos?
¿Habrá más y más sucesos
que eslabonen mis desdichas,
que logren mis sentimientos?
Un hombre mató don Félix;
el mudarse nació de esto;
y, buscando los despachos
para hacer el casamiento
de Lisarda y de su primo,
su padre --¡muero de celos!--
a Octavio subió a buscar
a este cuarto; y al momento
se contentó de él, y de él
llevó las llaves él mesmo;
y por remate de todo,
porque aun sólo este remedio
de llamar abajo falte,
todos se van fuera.¡Cielos!
¿Hasta dónde echada está
la línea a mi sufrimiento?
Mosquito
Alquilar un hombre un cuarto
con ropa y servicio vemos
en la corte cada día;
pero el alquiler más nuevo
es alquilar uno un cuarto
con amo y crïado dentro.
Mas bien que en estos acasos
de pesar hay de consuelo
otros.
César
¿Cuáles son?
Mosquito
No haber
Octavio visto antes de esto
esta escalera, y estar
de esta casa ausente el dueño;
pues si él viniera a alquilarla,
su escalera echara menos,
y fuera fuerza el hallarnos
escalerados don Diego.
César
En fin, para haber de ser
un tan extraño suceso,
no hay inconveniente alguno,
según todo se ha dispuesto;
pero no se ha de rendir
hoy el valor de mi pecho
a fáciles imposibles.
Saca la daga para abrir la puerta
Mosquito
¿Qué haces?
César
Declavar pretendo
con esta daga la puerta,
y salir de aquí primero
que mi enemigo me cierre
hoy el paso, aunque sea al riesgo
de que en la primera calle
me prendan; que ya no quiero
vida, casada Lisarda
con don Juan; ni quiero --¡ay cielos!--
esperar a ser testigo
ya del daño que me ha muerto.
Mosquito
Dices bien, señor.Salgamos
de aquí, aunque descerrajemos
la puerta.
César
No he de esperar
más desdichas.Mas ¿qué veo?
Por la parte de allá fuera
abren.
Mosquito
Pues, al retraimiento.
César
Por si es don Diego, es forzoso.
Mosquito
¡Mucho nos quiere don Diego,
pues que nos guarda con llave!
César
¡Que viniese a tan mal tiempo!
Mosquito
Según todo se hace apriesa,
que sea el adrede pienso.
Escóndense los dos. Salen BEATRIZ y OTÁÑEZ
Beatriz
¿Aquésta es la casa?
Otáñez
Sí.
Beatriz
Santíguome, y entro a vella
con el pie derecho en ella.
Malo es abrirse hacia aquí
la puerta, y los escalones
toman la vuelta al revés,
bien o mal: una, dos, tres;
y las vigas no son nones.
Otáñez, vuelva a señor
y diga que, si no ha dado
el dinero adelantado
de esta casa, será error,
si al dueño no se le obliga
a mudar la puerta, es llano,
la escalera hacia esta mano
y añadir aquí una viga.
Otáñez
¡Mala mano te dé Dios,
y mala viga también!
Mas ¿esto del mal y el bien,
esto de la una y las dos,
el pie derecho por guía,
mirar puertas y escalones,
son, por tu vida, lecciones
de la dueña de tu tía?
Beatriz
Claro está.¿Qué pensáis vos?
Como eso, cuando acá estaba,
cada día me enseñaba,
porque era un alma de Dios.
Otáñez
Y se le echa bien de ver
en la cristiana doctrina
que enseñaba a la sobrina.
Mas, Beatriz, lo que has de hacer
es solamente tratar
de barrer la casa, y no
contar sus vigas; que yo
tengo un chozno familiar
que da de mí testimonio.
Beatriz
Si él es familiar y está
con vos...
Otáñez
Dilo.
Beatriz
No será
familiar sino demonio.
Otáñez
¡Picudita, bachillera,
que desde vuestra niñez
tenéis para la vejez
hecho el gasto de hechicera,
hablad como habéis de hablar!
Beatriz
Arrendajo de don Bueso,
anatomía de hueso,
almanac particular;
vos, que sois en el abismo
de esa calcilla neutral
de vos mismo el orinal,
y el músico de vos mismo,
flaca cecina de yegua,
baúl de tabla y pellejo,
me recorderis de viejo,
parce mihi de la legua,
puerto seco de la tos,
quiroteca de Caifás,
y trescientas cosas más,
¿cómo se ha de hablar con vos?
Otáñez
Relamidilla, embustera,
agradeced que ha llegado
el coche, y que se ha apeado
señora; que yo os hiciera
llevar a la Inquisición.
Sale LISARDA con manto
Lisarda
Notable priesa ha tenido
mi padre, pues ha querido
mudarse sin dilación,
y que venga la primera
yo a ver la casa y mandar
cómo se ha de aderezar.
Otáñez
Tal huésped en ella espera.
Beatriz
Muy cuerdo mi señor anda
en que tú vengas ahora,
pues no agrada a una señora,
sino sólo lo que manda;
que, si yo hubiera empezado
a poner algo, sospecho
que, de cuanto hubiera hecho,
nada te hubiera agradado.
Lisarda
Buena la casa parece.
Otáñez
En este cuarto ha de estar
don Juan hasta efectuar
las dichas que Amor ofrece.
Beatriz
Acudid, Otáñez, vos
a ver apear la ropa
del carro.
Otáñez
Si en esto topa,
ya acuden, ¡válgame Dios!
Vase
Lisarda
No me traigan nada aquí.
Pues esta pieza ha de ser
tocador, no es menester
colgarla.
Beatriz
Guárdate allí
del polvo.
Lisarda
¡Oh, qué triste estoy!
Beatriz
¿Hoy, que pedirte quisiera
albricias, de esa manera
suspiras?
Lisarda
Sí; porque hoy
mirando mis penas voy.
Beatriz
¿Quién, señora, las causó?
Lisarda
Oye.Don Juan...
Sale don JUAN
Juan
Feliz yo,
que a tan buen tiempo llegué
que en tus labios escuché
mi nombre.
Lisarda
¿Y no pudo no
ser dicha, y desdicha sí,
el acordarme de vos?
Juan
No; que siempre es dicha...
Lisarda
Aparte
(¡Ay Dios!)
Juan
...que tú te acuerdes de mí;
pues, aunque haya sido aquí
en daño mío, sospecho
que en el pecho satisfecho
estoy; que el reloj veloz
obedece con la voz
al artificio del pecho.
Lisarda
Sí; pero ninguno ignora
que con otro tal indicio
muestra una hora el artificio
y da la voz otra hora.
Juan
Pues ¿por qué, prima y señora,
hoy tanto rigor?
Lisarda
No sé;
que a vos os lo callaré
por el autoridad mía.
Yo a Beatriz se lo decía,
y a Beatriz se lo diré--
Beatriz, mi primo don Juan
sin duda alguna ha creído
que el entrar a ser marido
es salir de ser galán.
Poco cuidado le dan
finezas, poco cuidado
festejos; pues, olvidado
está ya de que se infiere
que no quiere el que no quiere
un poco desconfïado.
Ayer al campo salí,
y a don Juan en él no hallé;
en el campo peligré,
y de otro amparada fui.
Y si a aquél agradecí
la fineza de mi vida,
a éste, que de mí se olvida,
castigarle puedo, pues
no es con éste cruel quien es
con aquél agradecida.
Vine a casa, como viste,
y don Juan no pareció
en toda la noche.Yo,
que ya sé que esto consiste
en ese festejo, triste,
no celosa, estoy, por ver
que don Juan, antes de ser
mi esposo, verme dilata,
y que desde ahora me trata
ya como propia mujer.
Juan
Si supieras la razón,
tú me disculparas ya.
Buenos testigos quizá
aquestas paredes son.
Digan ellas la ocasión,
digan ellas...
Lisarda
¿Para qué,
si yo con Beatriz hablé,
me respondéis?
Juan
Culpa es mía.
Yo a Beatriz se lo decía,
y a Beatriz se lo diré.
Bajando anoche a buscar
a mi prima, vi al que dio
muerte a don Alonso, y yo,
con ánimo de vengar
mi pena, le fui a buscar,
llevando en mi compañía
a Félix, el que vivía
en esta casa.Llegamos
donde a César esperamos,
hasta que la rabia mía
me hizo embestir a otro hombre
por él.Justicia llegó;
conocernos pretendió,
y uno quedó --no te asombre--
muerto, cuando oímos el nombre
de don Félix repetido
y, viéndose conocido,
fuerza el ausentarse fue.
Ésta es la causa; porque
de honrado y de agradecido
yo no le pude dejar
hasta que en salvo estuviese
él y su casa e hiciese
diligencias de alcanzar,
si de mí llegaba a hablar
la justicia.Se ha sabido
que yo no fui conocido;
con lo cual me he asegurado;
que mal pudo otro cuidado
tenerme a mí divertido.
Beatriz
Pues yo, que he sido la oidora
en sala de competencia,
fallo por mí la sentencia,
que, pues el uno a otro adora,
os deis por buenos ahora.
Juan
Yo obedezco; y si hay disculpa,
cese el rigor que me culpa.
Lisarda
Yo creo que así será;
que para nada me está
bien que vos tengáis más culpa.
Juan
Ya que estás desenojada,
de la caída de ayer
la sangría...
Lisarda
Eso es querer
volver a verme enojada.
Vase
Juan
...será para una criada.--
Castaño, dale a guardar
aqueso a Beatriz.
Sale CASTAÑO
Beatriz
El dar
tanto el ánimo recrea,
que, aunque para mí no sea,
lo tomaré, por tomar.
Y pues tan revuelta está
la casa toda, en aqueste
aposento que ha de ser
o tocador o retrete
de mi señora, poniendo
ve, Castaño, sutilmente,
no sé qué que a mi ama traes.
Castaño
Son más de mil no-sé-qué-es.
Espera; irélos trayendo;
que aquí unos mozos los tienen.
Beatriz
Para ponerlos mejor,
pongamos aquí un bufete.
Sacan un bufete, y desde la puerta van tomando unos azafates cubiertos
Castaño
Estos son de Portugal
dulces.
Beatriz
Di dulces dos veces,
pues dos veces lo serán
por dulces y portugueses.
Castaño
Chocolate de Guajaca
esto y éstos, que aquí vienen,
tocados, cintas y medias,
guantes, pastillas, pebetes,
faldriqueras, zapatillas,
y bolsos éstos.
Beatriz
Bien huelen.
Castaño
Toda esta salsa, Beatriz,
han menester las mujeres
para que no huelan mal,
y más las propias.
Beatriz
Tú mientes.
Castaño
Esto es cuanto a esto; que aquí
vienen joyas excelentes
en este contador que hoy
es contador de mercedes.
Beatriz
Bien está; pero aquí falta
una alhaja.
Castaño
¿Qué es?
Beatriz
Atiende.
Un cierto vestido mío,
que de estas bodas alegres
de ribete se me da.
Castaño
Forzoso era que lo fuese;
porque ya, Beatriz, di, ¿cuál
vestido no es de ribete?
Mas no le quise traer;
que hay un grande inconveniente.
Beatriz
Di, ¿cuál?
Castaño
A mí me han parlado
que de un bergantón ausente,
que por Colada y Tizona
era Mosquito dos veces,
fuiste --sin ser la violada
Violante de Navarrete--
de sus botones ojal
y de sus cintas ojete.
Hame dado pesadumbre
el caso, y no me parece
que será puesto en razón
que de Castaño se cuente
con él te vistes y con
otro te desnudas.
Beatriz
¡Tente!
Pues ¿dasme el vestido tú?
Castaño
No; pero basta el traerle,
que es como dar por tablilla
a la bola que está enfrente.
Beatriz
Aun siendo eso, no hay razón;
que Mosquito solamente
fue, en hacer faltas con él,
pelota de mi trinquete.
Y, si va a decir verdad,
tú solamente me debes
más lágrimas en un hora
que Mosquito en treinta meses;
que de lástima le quise,
sólo por ser buen pobrete,
mientras hallaba otra cosa.
Castaño
Tanto cuanto me enterneces.
Éste es, Beatriz, el vestido
hecho y derecho, y aquéste
el manto.
Beatriz
Y éste, un abrazo.
Castaño
En fin ¿sólo a mí me quieres?
Beatriz
No está en uso querer solo
a nadie; basta quererte.
Y, pues con tu amo hoy
en casa vives, advierte
que, si hay dares y tomares,
habrá dimes y diretes.
Y adiós por ahora; que es bien
que aqueste aposento cierre
con llave, porque ninguno
aquí no salga ni entre.
Castaño
Adiós.
Vase
Beatriz
Quédese el vestido
con lo demás.¡Quién sirviese
un ama que fuera novia
cada mes una o dos veces!
Vase. Salen a la puerta con CÉSAR y MOSQUITO
Mosquito
¡Vive Dios, que he de salir!
César
¿Dónde has de salir?¡Detente!
Mosquito
Si hemos oído cerrar
la puerta de este retrete,
y que han dejado en él dulces,
¿cómo podrás detenerme
cuando, aunque fueran amargas,
me supieran lindamente?
César
No hagas ruido.
Saca la mano y arroja el un azafate al tomar otro, y derriba el bufete
Mosquito
¿Cómo no,
si no me deja el bufete
abrir la trampa?Ya alcanzo
un azafate.¡Oh, si fuese
el de los dulces!Los guantes
son.¡El demonio los lleve!
A echar vuelvo la redada.
César
¿Qué has hecho?
Mosquito
Ruido.
César
¿Tú quieres
destrüirme?
Mosquito
Comer quiero,
como tú.
César
Daréte muerte;
que es veneno para mí
todo lo que está presente.
Mosquito
Morir de veneno o hambre,
muere a lo más conveniente.
César
Harásme que todo junto
lo arroje, lo rompa y queme
con el fuego de mi pecho,
o que lo inunde y anegue
con el llanto de mis ojos.
Mosquito
Si tanto fuego tuvieses
y si tanta agua llorases,
¡que hacer pudiéramos este
chocolate!¡Oh, Jesús mío!
César
¡Que darse quejas oyese
don Juan y Lisarda, cielos,
ella con dulces desdenes,
él con amantes finezas,
y yo escucharlo pudiese!
Mosquito
Pues, si a eso va, yo también
he escuchado claramente
pisar al frisón Castaño,
y al haca morcilla en este
pesebre de amor; empero,
digan lo que se dijeren,
que de lástima me quiso,
sea buen pobrete o riquete,
y coma yo lo que él trae;
que otro despique no tienen
celos sino valer algo,
porque sabe lindamente
lo que otro compra.
César
En efecto,
ya aquí lo más conveniente
es dejar anochecer
y, despechado o valiente,
determinarme a salir.
Mosquito
Si tú en la calle tuvieses
prevenidos para todo
tus amigos y parientes,
fuera seguro el empeño.
César
Tú, Mosquito, que no eres
conocido, bien pudieras
--pues hoy anda tanta gente
revuelta en aquesta casa--
a salir de aquí atreverte.
Mosquito
Por salir a beber algo,
no habrá cosa que no intente.
César
Tú has de salir y avisar
de esto a quien yo te dijere.
Mosquito
Yo sí hiciera, pero temo...
César
Tú, aunque te vean, ¿qué temes?
Mosquito
Ser tan rey que en la capilla
me diga misa un Bonete.
Pero algo he de hacer por ti;
y una cosa se me ofrece
para salir encubierto,
que no puedan conocerme.
El vestido de Beatriz
me disfrazará.A ponerle
ayuda.
César
La puerta abren.
Mosquito
Ya, por mal que nos suced[e],
hay que comer y vestir.
Venga ahora lo que viniere.
Éntranse los dos en la escalera. Salen a la puerta LISARDA y BEATRIZ
Beatriz
Digo que en toda mi vida
no he visto tan excelentes
y aliñados azafates.
Lisarda
Verélos, porque no piense
don Juan que no los estimo.
Pero ¿qué estrago es aquéste?
Beatriz
Esto ya es hecho, porque es
paso de La dama duende,
y no he de pasar por él.
Lisarda
¿Quién entró que de esta suerte
lo ha puesto, Beatriz?
Beatriz
Ninguno
pudo entrar, porque yo siempre
tuve la llave conmigo.
Lisarda
Pues, siendo eso así, tú tienes
la culpa, que lo dejaste
de modo que se cayese.
Beatriz
¿Cómo pudo?
Lisarda
¿Quién querías
que para esto sólo abriese?
Beatriz
Quien no abrió para esto sólo.
¿Hay más desdichada suerte,
señores?
Lisarda
Pues ¿qué más falta?
Beatriz
Mi vestido, y sin ponerle.
Lisarda
¿Qué vestido?
Beatriz
El que me dio
don Juan.
Llora. Salen don DIEGO y OTÁÑEZ
Diego
¿Qué ruido es aquéste?
Beatriz
¡Y el manto también!
Lisarda
Aquí
puso Beatriz todo este
regalo que envió don Juan,
y le hallamos de esta suerte,
y falta un vestido suyo.
Beatriz
¡Ay, señor, y sin ponerle!
Otáñez
Sí; pero no sin quitarle.
Si una viga más tuviese
esta casa, no faltara,
Beatriz, tu vestido.
Diego
Siempre
en las mudanzas de casa
aquestas cosas suceden.
Id cogiendo todo eso;
y tú, trata recogerte
en tu cuarto; porque el tiempo
que aquí don Juan estuviere
sin desposarse ha de ser
el que menos ha de verte.
Lisarda
Tanto obedecerte estimo
que, porque a verme no entre
de noche en mi cuarto, quiero
estar recogida.--Venme
a desnudar, Beatriz.
Beatriz
Quien
me ha desnudado a mí puede;
que sabrá mejor que yo.
Llora
Lisarda
No llores; que fácilmente
se remediará.
Aparte
(Aunque he dicho
que tengo de recogerme,
no lo he de hacer hasta ver
a qué hora don Juan viene.)
Trae luz, Beatriz.
Beatriz
¡Ay, señores,
mi vestido, y sin ponerle!
¡Notable desdicha ha sido!
Vanse LISARDA y BEATRIZ
Otáñez
Ha estado aquí tanta gente
hoy que no es mucho que falte
aun más que esto.
Diego
Otáñez, ¿tiene
prevenido ya su cuarto
don Juan?
Otáñez
Y curiosamente
aderezado.
Diego
Id a ver
si en él falta algo, y ponedle
luces; porque ya la noche
cerrando baja.
Vase OTÁÑEZ
¡Oh, qué alegre
día fuera para mí,
si mi hijo viviera éste!
¡Oh, si me viera vengado
del traidor que le dio muerte!
Mas no quiso mi fortuna
tantas dichas concederme
que llegase...
Sale CELIA con manto
Celia
Caballero,
si el amparar las mujeres
heredada obligación
es de todos los que tienen
noble sangre, pues con ella
nacieron a ser corteses,
amparad una mujer,
ya que la trajo su suerte
a vuestros pies; que no en vano
esta dicha he de deberle.
Un hombre, que de mi honor
le hicieron dueño las leyes
bárbaras que dispusieron
que padezca el inocente
los delitos del culpado,
siguiéndome --¡ay de mí!-- viene,
y está en que no me conozca
el honor suyo y mi muerte.
Haced, por quien sois, señor,
que hasta aquí --¡ay cielos!-- no entre;
porque yo, si no...
Diego
Callad,
no digáis más; que no deben
escuchar los caballeros
más razón a las mujeres,
para ampararlas, que verlas
afligidas.A tenerle
saldré, y aun a desvelarle
las sospechas que trajere.
Y, a no poder con razones,
podré con la espada; que este
pecho volcán es que ostenta
dentro fuego y fuera nieve.
Aquí esperad.Más de aquí
no habéis de pasar; que en este
cuarto una hija mía vive
y no quiero yo que llegue
a saber que hoy en el mundo
aquestas cosas suceden.
Vase
Celia
Bien hasta aquí ha sucedido
este atrevimiento.Déme
fortuna Amor, si es que Amor
fortuna para sí tiene.
Acercaréme al tabique
de la escalera.
Abre la puerta. Salen don CÉSAR, y MOSQUITO vestido de mujer
César
Ahora puedes
salir mejor porque, siendo
ahora cuando anochece,
antes que se enciendan luces,
podrá ser salir sin verte;
que yo, hasta que eche de ver
que estás fuera, por si vuelves,
no me quitaré de aquí,
a todo trance valiente.
Mosquito
¡Dios vaya conmigo, amén!
César
La seña, Mosquito, advierte
que ha de ser, cuando en la calle
estés con armas y gente,
disparar una pistola,
porque a mi noticia llegue,
para que yo salga.
Mosquito
Salga
yo ahora, que es lo que conviene.
Celia
Un bulto se ve acercando
a mí.
Mosquito
Un bulto hacia mí viene.
Celia
No podré llamar a César
en tanto que no se fuere.
Truecan lugares CELIA y MOSQUITO
Mosquito
Él no me ha visto, pues no
me habla nada.
Celia
¡Oh, si se fuese!
Mosquito
¡Oh, si encontrase la puerta!
Sale don DIEGO, y llégase a MOSQUITO
Diego
Señora, seguramente
podréis salir; que en la calle
no hay un hombre que os espere.
Mosquito
Aparte
(Es grande merced que me hacen.)
Diego
Este portal, el de enfrente
y todos están seguros.
Mosquito
Aparte
(Lindamente me parece.
Si hay ángeles entrecanos,
el de mi guarda es aquéste.)
Diego
Venid conmigo; que yo
hasta donde vos quisiereis
iré con vos.
Mosquito
Aparte
(Que me place.
Si esto ahora me sucede
por un vestido inhumano,
que a media pierna me viene,
yo juro de no traer
otro traje eternamente.
Bien hayan los tres poetas
que piadosos y corteses
sacaron a luz los "Pri-
vilegios de las mujeres".)
Diego
¡Pobre señora afligida!
Aun a hablarme no se atreve.
Vanse
Celia
Ya se van los que allí hablaban;
razón no pude entenderles.
Ahora por la noticia
de esta casa en pasos breves
llegaré hasta la escalera.--
César, señor...
César
¿Por qué vuelves,
Mosquito?
Celia
No soy quien juzgas,
don César.
César
¿No? Pues ¿quién eres?
Celia
Detente; no te alborotes.
Celia soy.
César
¿Celia?
Celia
Sí; que este
extremo de amor no más
que Celia supiera hacerle.
Dejéte anoche --fue fuerza--
cerrado --¡raro accidente!--
y he enviado esta mañana
a Inés, para que te diese
aquella llave maestra
con que tú salir pudieses
de aquí, donde a tus desdichas
les fuera más conveniente.
Halló la justicia aquí,
volvió después --¡dura suerte!--
y halló alquilada la casa
a tu enemigo en tan breve
tiempo.Mas ¿cuándo desdichas
gastaron más tiempo que éste?
No se atrevió a entrar en ella.
Yo, viéndote en tan urgente
peligro, aunque en casa estoy
de quien guardada me tiene,
de ella he salido.No importa
el cómo; basta que puede
mi ingenio haber hecho que
el mismo don Diego fuese
quien me trajese hasta aquí,
y a esta causa detenerme
no puedo.La llave es ésta;
con ella, cuando pudieres,
saldrás.Y adiós, César; que
si donde me dejó, vuelve
don Diego, y no me halla allí,
podrá ser que algo sospeche.
César
Oye, escucha.
Celia
No es posible;
y más ahora que viene
con luz.Cierra tú esa puerta,
porque a ti no puedan verte;
que a mí no importa, supuesto
que aquí don Diego me tiene;
pues el llegar hasta aquí
disculpará fácilmente
el mismo temor.
César
¡Ay, Celia,
mucho mi vida te debe!
Amor, déjame pagar
obligaciones tan fuertes.
Cierra la puerta. Sale con luz OTÁÑEZ, don JUAN y don DIEGO
Diego
No quiso, en fin, la mujer
que acompañándola fuese
más que a esa primera calle.
Juan
¡Extrañas cosas suceden!
Celia
Aparte
(No llego a hablar a don Diego,
hasta que sólo se quede.)
Diego
Llevad esa luz al cuarto
de don Juan, ya que merece
mi casa desde este día
tan noble y honrado huésped...
Juan
La dicha, señor, es mía.
Diego
...que yo he de quedarme en éste.
Vase
Celia
Aparte
(Pues ¿cómo, sin acordarse
don Diego de que me tiene
aquí, en su cuarto ha entrado?
Sin duda, volviendo a verme
adonde me dejó y viendo
que faltaba, le parece
que me fui, sin esperarle.)
Juan
Hoy tengo de recogerme
temprano, porque Lisarda
no se enoje.
Celia
Aparte
(Si ha de verme
don Juan, mejor es contarle
lo que ha pasado; no lleguen
a echarme menos en casa,
que es ya muy tarde.)
Sale CASTAÑO
Castaño
Aquí viene
un caballero a buscarte.
Juan
¿A estas horas?Dile que entre.
Castaño
Entrad.
Sale don FÉLIX
Félix
A solas me importa
hablaros.
Celia
Aparte
(¡Mi hermano es éste!)
Juan
Salíos los dos, y dejad
la luz sobre ese bufete.
Vanse OTÁÑEZ y CASTAÑO
Celia
Aparte
(En extraño aprieto estoy.
Ni a salir puedo atreverme
ni [a] estar aquí.Aquí me escondo,
hasta que se vaya Félix.)
Juan
Ya estáis solo.¿Qué traéis?
Hablad.
Félix
Sí haré, si pudiere.
Juan
Apasionado venís.
Mejor estaréis en este
cuarto; entrad donde os sentéis.
Celia
Aparte
(¡Ay de mí, si llega a verme!)
Félix
No he venido tan despacio.
Escuchad; yo seré breve.
Don Juan, si sois mi amigo,
y si de que lo soy vuestro es testigo
aquesta casa, donde --¡voz no tengo!--
vos me buscasteis, y a buscaros vengo,
que en un día no más están trocados
en los dos con la casa los cuidados;
oídme, aunque parezca villanía,
venir tan puntüal la pena mía
a cobrar una deuda a que obligado
estáis.
Juan
A todo estoy determinado.
Decidme; ¿qué mandáis?
Félix
Una fineza
digna de ese valor y esa nobleza.
Juan
Decis, pues, ¿qué queréis?
Félix
Que, si habéis hecho
más diligencias, como yo sospecho,
de saber de don César, homicida,
que a vuestro primo le quitó la vida;
si habéis rastreado --¡ay cielos!-- o sabido
dónde en todo Madrid está escondido,
pues le habéis de buscar determinado...
Juan
¿Qué?
Félix
Que habéis de llevarme a vuestro lado.
Juan
Eso, Félix, yo había
de pedíroslo a vos.
Félix
La pena mía
esto os ruega, porque --¡desdicha fuerte!--
me importa, más que a vos, darle la muerte.
Juan
Pues ¿qué os ha sucedido
con él de anoche acá, que os ha movido
a salir sólo a esto?
Félix
Yo os dijera
la causa, si la causa lo sufriera;
que pronuncian de un noble--¡ay Dios!--los labios,
o mal o tarde o nunca los agravios.
Juan
¿Agravios, Félix?
Félix
Sí.
Juan
No sois mi amigo
si más claro no habláis aquí conmigo.
Félix
Sí hablaré, aunque el honor con la voz lucha.
Juan
Hablad, pues otro vos sólo os escucha.
Félix
Yo tengo --¡dudo, ay Dios, cómo lo diga!--
una aleve, una fiera, una enemiga,
una injusta tirana,
una --¿qué sirven frases?-- una hermana.
Ya lo dije, y en la ansia que me aflige,
sólo es consuelo ver que a vos lo dije.
Esta, pues, causa fiera
de que yo desde Italia me viniera,
en Madrid me ha tenido,
hermano, con cuidado de marido.
¡Mal haya parentesco tan injusto
que es tan todo al pesar, tan nada al gusto!
Que otros celosos tienen ocasiones
de engañar con halagos sus pasiones;
mas no un hermano, que, entre sus desvelos,
halagos no halla en que engañar sus celos.
En fin, anoche a Celia --ya los visteis--
llevé a una casa --testigo fuisteis--;
pues hoy de ella ha faltado --¡ay enemiga!--,
diciendo que iba a ver a cierta amiga,
y volviendo por ella,
no estaba de visita ya con ella.
La amiga, pues, turbada
dijo que de su casa disfrazada
salió, porque la dijo ser su intento
el irme a verme a mí al retraimiento,
y que importaba mucho sola fuese,
porque, al verla, de mí nadie supiese.
Diréis que esta desdicha ¿en qué ha tocado
a César?Pues de él nace mi cuidado,
cuando en la guerra yo de paz gozaba,
el dueño de la casa en que hoy estaba
me escribió que la muerte
que a vuestro primo dio César --¡oh fuerte
dolor!-- por ella fue, yo he inferido
que, habiendo ayer --¡ay Dios!-- César venido,
y hoy mi hermana faltado,
no le dé aquella causa este cuidado.
Y así, pues a vos hoy en esto alcanza
un enojo venganza,
y en mí mi desagravio,
cuerdo solicitad e inquirid sabio
dónde está.Deudos tiene, amigos tiene,
y buscarle entre todos nos conviene;
que yo, desesperado,
ya que tan claramente aquí os he hablado,
me voy huyendo, porque en tanto abismo
aun yo tengo vergüenza de mí mismo.
Vase
Juan
Esperad; que no tengo de dejaros
ir solo, y es preciso acompañaros.--
Cerrad --¡hola!-- esta puerta
y, hasta que vuelva yo, a nadie esté abierta.
Vase
Celia
¿Habrá, cielos más desdichas?
¿Habrá, cielos, más temores
que en mi agravio se conjuren,
que en mi daño se convoquen?
¿Qué he de hacer aquí?
Salen medio vestidas LISARDA y BEATRIZ
Lisarda
¿Qué dices,
Beatriz?
Beatriz
Digo lo que oyes
Lisarda
¿Don Juan ha vuelto a salir
de casa a la media noche?
Beatriz
Sí, señora.
Celia
Aparte
(Mas ¿qué dudo?
Estas ciegas confusiones,
si no...)
LISARDA repara en CELIA
Mas ¡ay de mí!)
Lisarda
Aguarda.
Beatriz
Pues ¿qué hay que así te alborote?
Lisarda
¿Quién eres?
Celia
Una mujer.
Lisarda
¿A quién buscas aquí?
Celia
A un hombre.
Lisarda
Descúbrete.
Celia
No haré.
Éntrase. Gritando BEATRIZ
Beatriz
Ésta
es, sin duda,...
Lisarda
No des voces.
Beatriz
...la que me hurtó mi vestido.
Lisarda
Huyendo de mí, se esconde.
Beatriz
No entres allí, sin llamar
gente.
Lisarda
¡Qué poco conoces
de celos! Toma esa luz.
Donde hay celos, no hay temores.
Éntranse LISARDA y BEATRIZ tras CELIA. Sale don CÉSAR
César
Ya que, tan quieta la casa,
ruido ninguno se oye,
saldré, pues que tengo llave
con que abrir, para ir adonde
repare el daño de Celia
que escuché.¿Ahora estáis torpes,
pies?Mirad que las desdichas
tienen pasos de ladrones.
La puerta hallé ya.Adiós, pues,
infelices confusiones
de un desdichado. ¡Ay, Lisarda,
goza feliz tus amores,
sin verlo yo!
Al abrir la puerta don CÉSAR, sale don JUAN
Juan
¿Quién va allá?
César
Aparte
(¡Ay de mí!)
Juan
¿Quién es?
César
Un hombre.
Juan
¿Qué hombre en esta casa?
César
Uno
que, si el mundo se le opone,
ha de salir, sin que nadie
le conozca ni lo estorbe.
Juan
Sí hiciera, a no ser yo quien
a estorbarlo se dispone.
Vuelve a salir CELIA, y LISARDA tras ella
Lisarda
Tengo de verte la cara.
Celia
No harás, aunque a eso te arrojes.
Lisarda y César
¿Cómo has de estorbarlo?
Juan y Celia
Así.
Mata CELIA la luz, y sacan don CÉSAR y don JUAN las espadas y riñen. Habla dentro BEATRIZ
Beatriz
Ruido de espadas se oye.
César
Alborotada la casa
está.Vuelvo a entrarme donde
no me vean.
Lisarda
¡Hola!¡Luces!
Celia
El mismo secreto logre,
escondiéndome en él.
Juan
No
te siguen mis pies veloces
por no dejar esta puerta.
Lisarda
Porque la puerta no tomes,
de ella no me he de apartar.
Juan
¡Traed luces!
Lisarda
¿Nadie me oye?
César
¿Quién va?
Celia
¡César!
César
Entra, Celia,
y en la escalera te esconde.
Éntranse LISARDA y don JUAN por las puertas de los lados, y don CÉSAR y CELIA por la de la escalera
Jornada Tercera
Salen don CÉSAR de la escalera, como acabó la jornada segunda, y saca a CELIA desmayada
César
Apenas...--Sin reparar
mis desdichas en la ociosa
murmuración del que diga
que no está bien a la honra
de Celia haberse ocultado,
iré pasando por todas
estas calumnias injustas,
atento a su vida sola.--
Desmayada o muerta, en fin,
ha estado apenas un hora;
y, aunque rendida, y al susto
de que a su hermano le oiga
que la ha de dar muerte, ya
a la pasión rigurosa
de verse en ajena casa,
donde sus peligros nota,
mire yo qué medio pueden
darme mis ansias dudosas.
Llamar a quien con piedad
la vida a Celia socorra
no es posible;pues dejarla
morir sin remedio y sola
será crueldad.Si de cuantos
oyeren después mi historia
alguno ha de haber que diga
qué tuve que hacer, no esconda
su ingenio, sino anticipe
el consejo a la congoja.
Irme y dejarla es bajeza;
y más habiendo ella propia
venido a darme la vida.
Declararme es acción loca.
Si a darme la libertad
has venido, oh Celia hermosa,
¿cómo eres tú misma, cómo
la que me la quita ahora?
¿En quién hallaré consuelo?
Mas a una persona sola
me puedo fiar.Beatriz,
en quien mi pena amorosa
halló favor, o le hallaron
mis dádivas generosas,
valerla podrá; que, en fin,
cualquier mujer es piadosa,
y de la que está alfigida
el mejor médico es otra.
Yerre o acierte, a ella quiero
declararme; que, aunque ponga
a riesgo todo el secreto,
¿a qué más riesgo que ahora
puede estar entonces? Haga
leal a mi pena traidora.
Este medio elijo, pues
no me dan otro que escoja;
y, pues aclarando el día
viene en brazos de la aurora,
a buscar voy un remedio.
Ya vuelvo.Celia, perdona.
Déjala sentada y vase, y vuelve CELIA en sí
Celia
¡Ayde mí!Mi propio aliento
es el que hoy más me ahoga;
pues aun para respirar
le niega al pecho la boca.
Sin vida estoy; y con alma,
toda viva y muerta toda.
¿A quién dieron sus desdichas
en aire a beber ponzoña?
César, si acaso...¿Qué es esto?
¿Fuera del tabique y sola
estoy, sin hablar con nadie
que me escuche y me responda?
¡César!¡César!Me ha dejado,
hase ido, es cierta cosa;
pues él de aquí no saliera
con tal riesgo su persona
sino para irse...¿Qué dudan
mis desdichas, o qué ignoran?
Pues dos veces serán ciertas,
por ser desdichas y propias.
¡Ay ingrato, que primero
que a mí, tú en salvo te pongas!
¿Qué he de hacer?Si hablo a Lisarda,
estando de mí celosa,
es error; si a don Juan hablo,
siendo don Juan quien hoy toma
a cargo el honor de Félix,
es aventurarme loca.
Sólo a don Diego pudiera
decir menos temerosa
todo el suceso; que al fin
es noble, y sólo a la sombra
de las canas del honor
seguramente reposa.
Esto es, si no lo mejor,
lo menos malo, aunque ahora
ejecutarse no pueda;
porque ya una puerta y otra
de Lisarda y de don Juan
abren.Otra vez me esconda
este sepulcro que yo,
al rigor de mis congojas,
como gusano de seda,
fabriqué para mí propia.
Éntrase en la escalera. Salen LISARDA, BEATRIZ, don JUAN y CASTAÑO, por las puertas de los lados
Lisarda
Mira si está ya vestido
mi padre.¡Triste cuidado!
Juan
Mira si está levantado
don Diego.¡Pierdo el sentido!
Beatriz
En su aposento hay ruido.
Castaño
Ruido en su cuarto sentí.
Lisarda
Contaréle lo que vi.
Juan
Sin declararle por qué,
licencia le pediré.
Lisarda
¿Es don Juan?
Juan
¿Lisarda?
Lisarda
Sí.
Juan
¿Qué es esto?¿Tan desvelada
te tiene aquel embozado...?
Lisarda
¿Tan necio a ti te ha dejado
aquella dama tapada...?
Juan
¿...que a estas horas levantada
estás?
Lisarda
¿...que me hablas así?
Juan
Yo digo lo que yo vi.
Lisarda
Yo digo lo que vi yo.
Juan
Y eso ¿no es mentira?
Lisarda
No.
Pero esotro ¿es verdad?
Juan
Sí.
Lisarda
Mira, no me hagas, don Juan,
perder el juicio, por Dios.
Juan
Perderémosle los dos,
si en eso tus cosas dan.
Lisarda
Pues que presentes están
sólo los que han entendido
todo lo que ha sucedido,
hablemos con más acuerdo.
Juan
¿Cómo he de hablar, cuando pierdo
de imaginarlo el sentido?
Lisarda
Pues ¿qué viste?
Juan
Un hombre vi
que de este cuarto salía,
y con una llave abría.
Lisarda
Pues escucha ahora.
Juan
Di.
Lisarda
Si ayer, don Juan, vine aquí,
¿qué tiempo tuve, don Juan,
para dar a ese galán
llave del cuarto?¿No ves
cuánto mejor pensar es
que son ladrones, que están
más hechos a esos excesos?
Juan
No son en las ocasiones
tan valientes los ladrones.
Lisarda
Valientes hacen sucesos;
y ayuda también a esos
discursos haber habido
un hurto, si ya no ha sido
que quieres decir también
que mi galán era quien
hurtó a Beatriz el vestido.
Beatriz
¡Y nuevo!
Lisarda
Más fundamento
hubiera en lo que vi aquí.
Juan
¿Qué viste?
Lisarda
Una mujer vi
recogida en tu aposento.
Juan
¿Fuera tal mi atrevimiento
que yo a tu casa trajera
mujer la noche primera
que era huésped?
Lisarda
Quien le tiene
tal que a media noche viene,
tenerle en todo pudiera.
Juan
Si de una a otra queja pasa,
ambas las he de amparar.
¿Qué había de ir a buscar
si estaba mi dama en casa?
Luego en suerte tan escasa
bien claro te da a entender
el que yo tuve que hacer
otra cosa, o que no ha sido
mi dama la que he escondido,
pues que fuera la iba a ver,
si no soy tan infeliz
y tengo tan mala fama
que presumas que mi dama
le hurtó el vestido a Beatriz.
Beatriz
¡Y sin ponerle!
Lisarda
Un matiz
viste con igual porfía
tu queja y la mía este día,
porque haya quien arguya,
para creída la tuya,
[y] para duda la mía.
Juan
Porque no tiene en la ira
tan grande facilidad
el decir una verdad
como oír una mentira.
Fuera de que, si se mira
igual la queja al dolor,
aun en lo igual es mayor
la mía, y apurar es justo
que la tuya toca al gusto,
Lisarda, y la mía al honor.
Lisarda
Bien sabe mi vanidad
que de tal hombre no sé.
Juan
Verdad cuanto dije fue.
Lisarda
Será de otra calidad
tu verdad de mi verdad.
Juan
Sí; que en mí duda el honor.
Lisarda
En mí acredita el valor.
Juan
Yo sé que un hombre he encontrado.
Lisarda
Yo, que una tapada he hablado.
Sale don DIEGO
Diego
¿Qué es esto?
Lisarda y Juan
Nada, señor.
Diego
¿Tan presto los dos --¡ay Dios!--
levantados?Don Juan ¿pues
tan mal hospedaje es
esta casa para vos,
y aun para ti, que los dos
estáis a esta hora vestidos?
Juan
Aparte
(Disimulen mis sentidos.)
¿No miras que, desvelados,
mal amorosos cuidados
consienten ojos dormidos?
Lisarda
Si a mí me estuviera bien,
la misma respuesta diera.
Juan
Aparte
(¡Oh quién creerla pudiera!)
Lisarda
Aparte
(¡Oh quién no dudarla, quién!)
Diego
La disculpa está muy bien
fundada; y, porque veáis
si en obligación me estáis,
para sacar madrugué
una licencia, con que
hoy desposaros podáis,
de las amonestaciones
supliendo la dilación.
Juan
Yo estimo, como es razón,
las muchas obligaciones
en que cada día me pones;
pero basta haber traído
la dispensa, que ha suplido
el parentesco, y no es bien
hacer dispensar también
el tiempo, que...
Lisarda
Y yo te pido
que lo dilates, señor,
todo cuanto tú pudieres.
Diego
Si esto pides y esto quieres,
aun nunca será mejor.
Pero paréceme error
madrugar para tan vana,
tan inútil, tan liviana
pretensión;y, en fin, si no
queréis hoy casaros, yo
quizá no querré mañana.
Juan
Yo, señor, siempre...
Lisarda
Aparte
(¡Ay de mí!)
Juan
...me tendré por muy dichoso
en ser de mi prima esposo.
Excusarte pretendí
nuevos cuidados; y así...
Diego
Claro está que no habrá sido
otra la causa que ha habido;
porque --aquí para los dos--
ni me la dijerais vos,
no, ni yo la hubiera oído.
Vase
Lisarda
Bien ves cuán necio has estado.
Juan
¿Has tú acaso, por tu vida
estado más entendida?
Lisarda
Sí; pues he disimulado
tanta parte a mi cuidado.
Juan
Yo no sé disimular
a mi costa mi pesar;
y, hasta que sepa después
quién el embozado es,
no me tengo de casar.
Vanse don JUAN y CASTAÑO
Lisarda
¡Cielos!¿Habrá sufrimiento
para tanta sinrazón?
¿Sospechas en mi opinión,
en mi fe deslucimiento,
cuando mi honor, siempre atento
a su vanidad, ha sido
risco del mar combatido,
roble del viento azotado,
donde uno y otro cuidado
se quedaron con el ruido?
Dígalo aquél que, sitiada,
por agua y viento movida,
de lágrimas combatida,
de suspiros asaltada,
en vano solicitada
la admiró sin titubear;
que al temer y al suspirar
no la hicieron movimiento
ni las ráfagas del viento,
ni las ondas de la mar.
Beatriz
Sentir, señora, es error
las cosas con tanto extremo.
Lisarda
A nadie más que a mí temo.
Beatriz
Entra en este tocador
[a aderezarte] mejor,
que ya de ir a misa es hora.
Lisarda
Poco gusto tengo ahora
de tocarme; así me iré.
Dame tú el manto, porqué
no he de ir tarde así.
Beatriz
Señora,
el manto está aquí; que yo
limpiándole ahora estaba.
Lisarda
Ponle, y ponte el tuyo.Acaba,
y llama a Otáñez.
Vase BEATRIZ
¿Quién vio
más pesares?¿En mí halló
entrada indicio tan grave?
Mas, ¡ay!, que no hay quien se alabe
de que se libró a esta ofensa,
donde es vicio que se piensa
más que virtud que se sabe.
¿Hombre en mi casa escondido
que pudo dar tal cuidado?
Tiene puesto el manto, siéntase en una silla y quédase suspensa. Sale don CÉSAR
César
Ocasión de hablar no he hallado
a Beatriz; pero harto ha sido
no ser de nadie sentido,
y vuelvo --¡ay Dios!-- porque no
a Celia, que aquí quedó
desmayada, hallen aquí.--
¿Todavía estás así,
mi bien?
Lisarda
¿Quién me habla así?
César
Yo.
Lisarda
Pues ¿tú, don César...?
César
¡Qué azar!
Lisarda
¿...en mi casa?
César
¡Qué temor!
Lisarda
¿Tú en mi cuarto?
César
¡Qué rigor!
Lisarda
Responde.
César
No acierto a hablar,
porque, helado...
Lisarda
¡Qué pesar!
César
...el labio...
Lisarda
¡Qué sinrazón!
César
...enmudece...
Lisarda
¡Qué traición!
César
...y al verte...
Lisarda
¡Qué atrevimiento!
César
...le falta aliento al aliento,
y razón a la razón.
Lisarda
¿Cómo, di, el rostro encubierto,
César, --¡ay cielos!-- tuviste,
cuando la vida me diste,
y no ahora, que me has muerto?
Erradas, César, advierto
tus acciones, por indicios
de trocados ejercicios;
pues hacen tu voz y labios
cara a cara los agravios,
pero no los beneficios.
Si, cuando más me adoraste,
de mí más dejado fuiste,
si del todo me perdiste,
cuando a mi hermano mataste,
baste ya, don César, baste
la porfía; que ésta fue
tu estrella.Ya me casé;
ya no te queda esperanza.
Si no vienes por venganza,
di, ¿por qué vienes, por qué?
Hable tu temeridad.
César
Aparte
(¿Cómo la he de responder?
Pues, cuando yo quiera hacer
virtud la necesidad,
echando a su voluntad
la culpa, para movella,
Celia, pues no llego a vella,
cobrada al desmayo, está,
sin duda, oyéndome ya.
¡Oh qué tirana es mi estrella!)
Lisarda
¿Qué dices?
César
Si yo supiera
decir a lo que he venido,
mi discurso enmudecido
¡qué buen retórico fuera!
Solamente considera,
pues que yo mismo lo ignoro,
pues no lo digo y lo lloro,
que vendré en mal tan severo
o a vivir con lo que quiero,
o a morir con lo que adoro.
Si está en esta casa el bien
que yo adoré y yo perdí...
Lisarda
César, no me hables así;
que ya no es justo ni es bien.
Cobarde la voz detén,
y dime si anoche fuiste
el que a esta casa veniste
a darme la muerte.
César
No.
Lisarda
Pues déte dos vidas yo,
por una que tú me diste.
Vete ya de aquí; porqué,
si mi padre o si mi primo,
a quien como esposo estimo,
ya uno o ya otro te ve,
es fuerza que yo les dé
satisfacción.
César
Aparte
(¡Que esto haya!
Parad, desdichas, a raya.)
Lisarda
Vete, antes que a verte lleguen.
César
Aparte
(¿Quién creerá que ya me rueguen
que me vaya, y no me vaya?
Pues no he de dejar en tal
peligro [a] Celia.)
Sale BEATRIZ alborotada
Beatriz
¡Ay señora!
¿Esto tenemos ahora?
Lisarda
¿Qué hay, Beatriz?¿Es otro mal?
Beatriz
Pendencia hay en el portal;
y en las voces y el rumor
es...
Lisarda
¿Quién?
Beatriz
Don Juan, mi señor,
con un hombre que ha encontrado
en la calle.
César
Aparte
(Mi cuidado
siempre viene a ser mayor.)
Lisarda
Aparte
(¡Ay de mí! Si ve salir
de aquí a don César don Juan,
a evidencias pasarán
sus sospechas; pues decir
que él se ha atrevido a venir
sin mí a estar aquí conmigo,
haciendo a mi honor testigo,
otra sospecha es cruel;
pues no se viniera él
en casa de su enemigo
a no tener ocasión
mayor que a esto le obligara.)
César
Déjame salir.
Lisarda
Repara
que estoy en gran confusión.
Mi opinión por mi opinión
hoy aventurar intento.--
A BEATRIZ
Llévale tú a tu aposento.
César
Más seguro aquí estaré.
Déjame aquí.
Lisarda
¿Para qué?
Que esto es público a mi intento.
César
Aparte
(Si le descubro el secreto,
no sé después lo que hará
por librarse; y, pues está
libre Celia de este aprieto,
callarle quiero en efeto.)
Beatriz
Ya sube por la escalera
don Juan con otros.
Lisarda
¿Qué espera
tu vida?Escóndete, pues,
por mi honor hasta después.
César
Sólo por tu honor lo hiciera.
Vase con BEATRIZ don CÉSAR. Salen OTÁÑEZ y CASTAÑO, que traen agarrado a MOSQUITO, y don JUAN
Juan
Traedle los dos de esa suerte
hasta que en este aposento
diga dónde está su amo.
Mosquito
¡Séame testigo el cielo
de que se han hecho justicia!
Sin vara y sin mandamiento,
¿cómo me pueden prender
vuesas mercedes?
Lisarda
¿Qué es esto?
Mosquito
Dos alguaciles, señora,
porfían, a lo que entiendo,
por no decir que hacen punta,
pues a estocadas me han muerto,
en traerme aquí, sin saber
por qué.
Lisarda
Aparte
(¡Ay de mí!Ya sospecho
la causa. Aquéste es criado
de César.Cuando aquí dentro
entró, se quedó en la calle,
adonde le conocieron.)
Juan
Yo te diré lo que ha sido.
Este hombre que traemos
es de don César crïado.
Lisarda
Aparte
(Bien discurrí yo en lo cierto.)
Juan
Pasaba por esta calle
mirando y reconociendo
esta casa; y es, sin duda,
que, estando aquí de secreto
César y habiendo sabido
que yo le busco resuelto,
envía a saber mi casa
para matarme; y yo quiero
que este criado me diga
dónde está su amo...
Lisarda
Aparte
(¡Hoy muero,
si él lo dice!)
Juan
...porque yo
madrugue y mate primero.
Metíle en este portal,
donde amenazas y ruegos
no han torcido su lealtad.
Y así por fuerza pretendo
que me lo diga; pues hoy
he de matarle, si luego
no dice dónde está César.
Mosquito
Aparte
(Yo lo dijera bien presto,
si no me hubieran traído
donde él mismo me está oyendo.)
Juan
¿Dónde está tu amo?Dilo.
Mosquito
Sí diré.
Lisarda
Aparte
(¡Válgame el cielo!
Hoy acabará mi vida
si dice que está aquí dentro.)
Mosquito
No está muy lejos de aquí.
Aparte
(Y es verdad.)
Lisarda
Aparte
(¡Ay de mí!)
Juan
¡Ea, presto!
¡Dilo, pues!
Mosquito
En Portugal
entretenido le dejo
en ver unos folijones
que le dan mucho contento.
Juan
Si yo sé que está en Madrid
y que ha venido encubierto
tres días ha, que se apeó
en una posada, y luego
sé que Celia está con él,
¿cómo solicitas, necio,
encubrirlo?
Mosquito
Pues ¿hay más
de que me den un tormento?
¿Quién querrá hacerse verdugo,
ya que lo demás se han hecho,
sin más títulos?
Juan
Yo sé
lo que se ha de hacer en esto.
Palabra a Félix he dado
que en público ni en secreto
no haré diligencia alguna
sin darle cuenta primero,
como más interesado
en la venganza que emprendo;
y así me importa avisarle
de que a este criado tengo
en mi poder; y entre tanto
que aquí con don Félix vuelvo,
que en un coche será fácil,
quedará en este aposento
o retrete, que al fin es
más recogido y secreto,
pues que sólo tiene paso
a mi cuarto;y así cierro
porque, hasta hablar a mi amigo,
el lance apurar no puedo.
Lisarda
Aparte
(¡Quiera el cielo que se vaya,
porque pueda en este tiempo
echar a César de casa!)
Don Juan, en todo obedezco.
Juan
Dejadle solo los dos
y, a que nadie salga atentos,
no os quitéis de ese portal.
Castaño
En él, señor, estaremos,
para que ninguno entre
ni el bergante salga.
Mosquito
Quedo;
que prender pueden ustedes,
mas no hablar mal, caballeros.
Juan
Que, si la verdad no dices,
morirás.Solo te dejo
a que pienses lo mejor.
Aconséjate a ti mismo
o el secreto descubrir
o dar la vida a este acero.
Vanse todos, cerrando la puerta, menos MOSQUITO
Mosquito
¿"Dar a este acero la vida
o descubrir el secreto",
y "aconséjate contigo"?
Aquéste es --¡viven los cielos!--
un lance muy apretado.
Pero ¿qué dudo ni temo,
si la cárcel donde estoy
es la misma que le dieron
a mi amo sus desdichas?
Y que él lo sabe ya es cierto,
pues esperando estará
la diligencia que dejo
hecha para aventurarse
a salir.Llamarle quiero.--
¡Ah de la escalera! Bien
puedes salir sin recelo;
que yo solo estoy aquí,
porque no es nadie mi miedo.
Sale CELIA tapada por la puerta de la escalera
Celia
Aparte
(Fuerza es abrir, porque no
dé más golpes este necio,
y porque razón me falta.)
Mosquito
Señor, pues ¿qué ha sido esto?
¿Has hurtado otro vestido
para salir encubierto
como yo?Has hecho muy bien;
que vive aquí un señor viejo
que anda sacando mujeres
con grandísimo respeto.
Ni una mano me tomó.
Pero las burlas dejemos.
¿Has sabido lo que pasa?
¡Habla, vive Dios!¿Qué es esto?
Celia
¡Ay de mí!
Mosquito
La voz también
has hurtado, a lo que entiendo,
con el vestido.¿Has estado
acaso en muda este tiempo?
Porque yo te dejé bajo,
y tiple, señor, te encuentro.
Mas cuánto va que Lisarda,
agradecida a aquel tiempo
que la quisiste, te ha dado...
Celia
Calla; que aqueso me ha muerto.
Mosquito
¡Santo Dios, mujer es ésta!
Yo mil veces he oído un cuento
de una monja a quien salió
una escupidura, haciendo
una fuerza, y que de monja
quedó monjo en un momento;
pero de un galán hacerse
una dama no me acuerdo
haberlo visto en mi vida.
Celia
Calla, si no quieres, necio,
que te dé muerte mi rabia.
Mosquito
¿Celia?
Celia
Sí.
Mosquito
Pues ¿qué es aquesto?
Celia
Es haber venido a ver,
de mi honor y vida al riesgo,
la mayor traición de un hombre.
Harto así te lo encarezco.
César, a quien vine a dar
la vida, en pago me ha muerto;
que, sabiendo que yo estaba
en tan riguroso aprieto,
me dejó, por declararse
con Lisarda, donde --¡ay cielos!--
le oí decir que era su amor
el que le trajo a este puesto.
Salir quise, cuando oí
las gentes que te trajeron,
y disimulé, a pesar
de mi amor y de mis celos,
hasta que tú me llamaste.
Mosquito
¿Y mi amo?
Celia
Estará a este tiempo
dando quejas a Lisarda.
Mosquito
¿De qué?
Celia
De su casamiento.
Mas porque no se dilaten
los inconvenientes nuestros,
he de decir la verdad
a voces, porque con esto,
desengañado don Juan
de sus bien fundados celos
y asegurada Lisarda,
los mire César más presto.
Mosquito
¿Ahora de celos te acuerdas
ni de amor, cuando tenemos
más cosas a que acudir
que agentes con muchos pleitos?
Celia
Pues dime tú, ¿cómo fue
el venir tú aquí?
Mosquito
Encubierto
salí de aquí.A don Rodrigo,
de César amigo y deudo,
avisé de todo el caso,
porque viniese resuelto
a guardarle las espaldas
esta noche.Él, para hacerlo,
me dijo que le enseñase
la casa en que estaba, pero
que no pasásemos juntos
por ella los dos.Con esto
venimos por las dos ceras
y yo quedémela viendo,
porque él reparara en ella.
Pasó adelante.A este tiempo
don Juan venía a su casa.
Conocióme, y muy soberbio
en su portal me metió.
Negar quise, y en efecto
él y todos sus crïados
a esta parte me trajeron,
donde pensé que él estaba
todavía, y donde al juego
de esta escalera he jugado
mete ruin y saca bueno.
Celia
¿Y qué hemos de hacer ahora
los dos aquí?
Mosquito
¿Qué sé de eso?
Celia
Antes que mi hermano venga,
llamar a esta puerta quiero
y descubrirme a Lisarda
de una vez, porque don Diego
en casa no está a estas horas;
que Lisarda, por lo menos,
es mujer noble y será
piadosa.
Mosquito
Y es lo más cierto.
Llama CELIA a la puerta. Dentro BEATRIZ
Beatriz
Mosquito, no puedo abrirte;
sabe Dios si lo deseo,
porque se llevó don Juan
la llave; mas lo que puedo
asegurarte es que César,
que ahora está en mi aposento
con mi ama hablando, no quiere
irse, dejándote dentro.
Mosquito
Ésta es Beatriz, la criada
de Lisarda.
Celia
¡Nada, cielos,
he de escuchar y he de ver
que no sea otro tormento!
Mosquito
Mira si puedes abrirme;
que estoy con piedra sospecho,
pues es el abrirme cura.
Beatriz
Ya te he dicho que no puedo.
Mucho me pesa el verte
en tan riguroso aprieto;
pero no puedo llorar.
Mosquito
Y yo, pícara, lo creo;
porque yo soy un pobrete,
a quien de lástima un tiempo
quisiste.
Beatriz
A eso respondiera;
pero no me toca hacerlo
a quien encerrado garla.
Celia
Cerró el paso a mi remedio
llevarse don Juan la llave,
y abrióle a mi sentimiento.
Beatriz
Encomiéndate, Mosquito,
a Dios; que don Juan ha vuelto
con aquel amigo suyo
que le buscó anoche.
Celia
¡Cielos,
mi hermano es!
Mosquito
Aquí, señora,
lo mejor es escondernos.
Vivamos un rato más,
mientras buscan el secreto.
Celia
Dices bien.Mas ¡ay de mí!
que tropezando y cayendo
voy.
Mosquito
Cerraré yo la trampa,
pues que no llegas a tiempo.
Éntrase MOSQUITO, dejando fuera a CELIA
Celia
¡Hombre ruin, en fin...!
Salen don JUAN y don FÉLIX
Juan
Aquí,
como os he dicho, le tengo
encerrado.
Félix
Pues cerrad
la puerta ahora por de dentro,
y quedémonos con él
solos; que ¡viven los cielos!
que ha de decir de su amo
o hemos de dejarle muerto.
Juan
Ya veis el riesgo en que estáis,
hidalgo... Pero ¿qué es esto?
Donde un criado dejé,
¿tapada una dama encuentro?
Félix
¿No me dijisteis que estaba
cerrado en un aposento
el criado, y que no había
por donde salir?
Juan
Y es cierto.
Félix
No mucho, pues él se ha ido,
y una dama es la que vemos.
Juan
¡Vive el cielo, que la llave
llevé conmigo!
Félix
Apuremos
de una vez el desengaño.
Don FÉLIX se queda junto a la puerta, y llega don JUAN a hablar a CELIA
Juan
Señora, aunque es el respeto
alma de un noble, tal vez
rompe a las leyes el fuero
la necesidad.
Celia
Aparte
(¡Ay triste!)
Juan
Hoy es fuerza conoceros,
saber cómo estáis aquí,
con qué fin, con qué intento;
que me costáis dos pesares
ya, si sois la que sospecho;
y he de saber de un criado,
que aquí quedó, qué se ha hecho,
cómo se fue y vos entrasteis.
Descubríos, o grosero
me haréis ser con vos.
Celia
Aparte
(Huir
ya no puedo.)Deteneos,
señor don Juan, y advertid
que me debéis más respeto
por quien sois y por quien soy.
Juan
Ni os conozco ni os entiendo.
¿Quién sois?¿Cómo estáis aquí?
¿Dónde el crïado?¿Qué es esto?
Celia
Tres cosas me preguntáis,
y a dos he de responderos.
Yo he venido a buscaros,
don Juan, porque me importa mucho hablaros.
Entrando en esta casa, vi que había
en este cuarto un hombre, y de él salía.
presumiendo que fuera algún crïado
vuestro, le pregunté por vos.Turbado
me dijo el tal, "Aquí vendrá al momento;
si le habéis de esperar, a este aposento
entrad.Dejóme en él, y por de fuera
volvió a cerrar la puerta, de manera
que la llave que él tuvo acaso ha sido
causa de quedar yo y haberse él ido.
Con que respuesta he dado
al cómo estoy aquí, y él ha faltado.
Quién soy y a lo que vengo
no lo puedo decir.
Juan
Pues de eso tengo
más deseo, y es tanto
que no he de ir a buscarle, aunque he sabido
que de casa no puede haber salido;
y así quitad el manto
del rostro.
Celia
Ved, don Juan...
Juan
Quitad el velo.
Celia
...lo que hacéis; que soy yo.
Descúbrese CELIA y tápase luego
Juan
¡Válgame el cielo!
Celia
Para haceros hoy dueño
de mi honor os busqué.De aqueste empeño
me sacad; que ya veis que, si he venido
aquí, sólo en confianza vuestra ha sido.
Nada deciros quiero.
Mi hermano es, mujer yo, y vos caballero.
Juan
¡Cielos!¿En qué me miro?
Félix
Aparte
(Nuevo semblante ya en don Juan admiro.
¿Quién será esta embozada
que le asombra tapada y destapada?)
Juan
Aparte
(¿Qué debo yo hacer aquí
en tan fiera, en tan tirana
ocasión como me vi?
Celia, de Félix hermana,
viene a valerse de mí;
Félix, buscando a un traidor,
para alentar con valor
su venganza y mi venganza,
puso en mí la confianza
de su vida y de su honor.)
Félix
Grande confusión ha sido
la que hoy en vos ha infundido
esa dama.
Juan
Sí lo es;
y tan grande que, después
de haberla vos prevenido,
la habéis de hallar, os prometo,
mayor que la imagináis;
porque no cabe en conceto
humano lo que miráis,
que sólo cabe en su efeto.
Félix
Pueda yo, don Juan, tener
parte en tal pena, por ver
si en ella os puedo servir.
Juan
Ni yo os lo puedo decir,
ni vos lo podéis saber.
Félix
¿No soy vuestro amigo?
Juan
Sí.
Félix
¿Y no soy noble?
Juan
También.
Félix
Pues fiaos, don Juan, de mí.
Celia
Aparte
(Don Juan, mirad que no es bien
que yo...)
Dentro don DIEGO
Diego
Abrid, don Juan, aquí.
Juan
Éste es don Diego.
Diego
Abrid, pues.
Juan
Aparte
(Fuerza es preguntar quién es
esta dama; y si la mira
Lisarda, hará su mentira
verdad. Con esto después,
si satisfacerla quiero
con decir quién es --¡hoy muero,
que está su hermano delante!--,
seré, por ser buen amante
ahora, mal caballero.
Y así nadie la ha de ver.)
Don Félix, esta mujer
he de encubrir de Lisarda.
Que este aposento la guarda
a nadie deis a entender.--
Entraos, mi señora, ahí.
Celia
(¡Duélase el cielo de mí!)
Éntrase CELIA
Félix
¿Queréis que entre a estarme yo
con ella?
Juan
No, por Dios, no,
don Félix.
Diego
¿No abrís aquí?
Juan
Ya está abierto.
Abre don JUAN y salen don DIEGO y criados
Diego
¿Qué es aquesto,
don Juan?¿Qué?¿Todavía andas
lleno de locos discursos,
de imaginaciones varias?
¿Dónde está aquese crïado?
Juan
Señor, cuando le buscaba
aquí, se había ya salido
con alguna llave falsa.
Diego
Tú te disculpas con eso,
por no empeñarme a mí en nada;
y haces mal, porque de nadie
puedes fïarte con tanta
satisfacción.
A FÉLIX
Perdonad,
caballero; que, aunque haya
de fiarse de vos don Juan,
puedo con tal confïanza
hablar.
Félix
Podéis con razón,
y nadie verdad tan clara
negará; pero el buscarme
don Juan es por otras causas
que a mí en hallar a don César
también hoy, señor, me alcanzan.
Diego
Pues decid qué habéis sabido
los dos; que ya es excusada
diligencia aquí encubrirme
el criado.
Juan
Si mi palabra
te doy de que, cuando entré
a buscarle, aquí no estaba,...
Diego
¿Cómo, si aquesos criados
nunca de la puerta faltan,
pudo salir?--Id, a ver
si se oculta dentro en casa,
por esa puerta, y nosotros
por esotra.
Vanse los criados
Félix
¡Tente!
Juan
¡Aguarda!
Se acerca don DIEGO a la puerta donde está escondida CELIA. Don JUAN y don FÉLIX lo detienen. Por la otra puerta salen LISARDA y BEATRIZ y se quedan cerca de la puerta
Lisarda
En fin, ¿no pudo salir?
Beatriz
No, señora, porque estaban
los crïados a la puerta
con mil prevenciones y armas.
Lisarda
¡Oh, permita la Fortuna
que bien de este empeño salga!
Si así teme una inocente,
¿cómo teme una culpada?
Diego
¡Vive Dios, que he de ser yo
aquí el primero que haga
diligencias de saber...!
Juan
¿Quién dice que no las hagas?
Mas ya este cuarto está visto;
miremos toda la casa.
Lisarda
Aparte
(¿Mirar la casa?¡Ay de mí!
Sin duda a saber alcanza
algo.Apuremos el caso.)
Señor, ¿tú das voces tantas?
Diego
¿A qué has venido tú aquí?
Lisarda
A ver qué es esto en que andas.
Diego
En busca de un hombre.
Lisarda
Aparte
(¡Ay cielos!)
Diego
Y este aposento me guardan
más que todos, y he de verle.
Juan
No has de entrar aquí.
Félix
Repara
que...
Diego
Los dos me lo estorbáis
por conseguir la venganza
sin mí.¡Apartaos, por Dios!
¡Qué resistencia tan vana!
¿Quién está aquí?
Se acerca a la puerta. Sale CELIA
Celia
Una mujer
infeliz y desdichada.
Aparte
(Aquí, cielos soberanos,
echó el resto mi desgracia.)
Félix
Aparte
(Muriendo estoy por saber
quién es aquesta tapada.)
Diego
Por cierto, señor don Juan,
que no os merece mi casa
tan poco respeto como
guardáis en ella a Lisarda.
¿Una mujercilla dentro
de su cuarto?¡Enhoramala!
¿Harto Madrid no tenéis?
Juan
¿Yo mujer?Señor, repara...
Lisarda
Mira, don Juan, si fue todo
cuanto dije verdad clara.
Tú no has visto, por lo menos
--en vano se alienta el alma--
al escondido que dices,
y yo he visto la tapada.
Juan
Aparte
(Ni hablar puedo ni callar.)
Lisarda
Señora, el embozo basta;
que he de saber quién me hace
este pesar en mi casa.
Juan
Aparte
(Pues no lo perdamos todo.)
A LISARDA
Tente; que no has de mirarla.
Lisarda
¿Tú la defiendes?
Juan
Es fuerza.
Celia
(¿Hay mujer más desdichada?)
Dentro CASTAÑO
Castaño
Toma esta puerta, porque
por ella, Otáñez, no salga.
Dentro don CÉSAR
César
Sí saldré.
Juan
¿Qué ruido es éste
en el cuarto de Lisarda?
Diego
Con un empeño se olvida
otro, según los que andan.
Sale OTÁÑEZ
Otáñez
Señor, el hombre que buscas
hallamos.Sacó la espada
para hacer paso con ella
por donde a la calle salga.
Sale don CÉSAR cubierto el rostro con la capa y la espada desnuda.
Diego
Dime, ¿es aquéste, don Juan,
el crïado que buscabas?
Juan
No, señor; otro hombre es éste.
Bien el talle, el brío, las galas
dan a entender que no es el
que encerrado quedó en casa.
Celia
Aparte
(Éste es don César.)
Aparte a CÉSAR
Señor,
mi vida y la tuya ampara.
Diego
Hombre que de tanto honor
la reputación agravias,
¿quién eres?
César
Un hombre soy.
Diego
Quita del rostro la capa.
César
No puedo; porque encubierto,
sin que me veas la cara,
me has de dar la muerte aquí
en la defensa bizarra
de esta mujer.Ella y yo
habemos de aquesta casa
de salir, si con mi muerte
mis intentos no se atajan.
Diego
¿Qué mujer?
César
Esta mujer;
que yo no digo Lisarda;
ni la conozco ni sé
quién es.Y si esto no basta
para que segura quede,
habré de llevarme a entrambas.
Diego
Hombre, demonio, o quien eres,
aunque en algo satisfagas
esta sospecha, conviene,
para que quede asentada,
el que sepamos quién eres.
César
Aquésa es pretensión vana
por ahora.
Juan
También lo es
que sea tal tu arrogancia
que pienses que entre nosotros
te has de llevar esa dama,
sin que sepamos por qué
y cómo en aquesta casa
estáis tú y ella?
César
No puedo
decirlo.
Félix
Pues las espadas
harán bocas en tu pecho
por donde la verdad salga.
Disparan dentro
Lisarda
¿Qué pistola es ésta, cielos?
¿Aun los sustos no acaban?
César
Ésta es la seña que espero.
Diego
Ninguno allá fuera salga.
Deteneos, caballeros.--
Hombre, yo te doy palabra
de ampararte y de valerte
si de estas dudas me sacas.
César
¿Dasme esa palabra?
Diego
Sí.
Desembózase don CÉSAR
César
Don César soy.¿Qué os espanta?
Diego
¿Tú diste muerte a mi hijo?
Félix
¿Tú me robaste a mi hermana?
Juan
¿Tú en casa estás de mi prima?
César
Sí; pero a ninguno agravia
mi valor.Si a don Alonso
di muerte, fue cara a cara,
riñendo solo con él;
si en casa estoy de Lisarda,
es porque me dejó Celia
oculto en aquesta sala;
y, si esto de Celia digo,
es porque no importa nada,
que casado estoy con ella,
que es esta misma tapada.
Y si estas satisfacciones
para tus quejas no bastan,
yo he de salir; que ya tengo
quien me guarde las espaldas;
que esa pistola es la seña
de la gente que me aguarda.
Félix
Cuando no hubiera ninguno,
César, yo solo bastara;
que, siendo mi hermano ya,
es obligación hidalga.
Juan
Yo soy, don Félix, tu amigo;
mas por don Diego mi espada...
Diego
Yo la palabra le di
y he de cumplir mi palabra.--
Mas decid ¿dónde estuvisteis
escondido en esta casa?
Sale MOSQUITO de la escalera
Mosquito
Eso yo lo he de decir.
Aquí estuvo.
Diego
¡Cosa extraña!
Beatriz
¿Hurtásteme tú el vestido?
Mosquito
Y el azafate y las cajas.
Diego
Con cuyo gran desengaño
aquí la comedia...
Mosquito
Aguarda;
que falta el decir ahora
a todos una palabra;
y es, porque nada se ignore,
que don Félix, concertada
la parte de aquella muerte,
que fue de tanta importancia,
a pagar de su dinero
quedó libre; con que acaba,
por empeño escrita, El
escondido y la tapada.
Fin de la comedia
- License
-
CC0 1.0 Licence
Link to license
- Citation Suggestion for this Edition
- TextGrid Repository (2026). Calderón de la Barca, Pedro. El escondido y la tapada. CalDraCor. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbpf.0