La estatua de Prometeo
Fiesta de años

Personas que hablan en ella

  • PROMETEO, galán
  • EPIMETEO, segundo
  • TIMANTES, barba
  • MERLÍN
  • APOLO
  • MINERVA
  • PALAS
  • DISCORDIA
  • LIBIA
  • MÚSICOS
  • VILLANOS
  • VILLANAS

Jornada Primera

Mutación de bosque sobre peñascos, y el foro ha de ser una gruta de peñascos pelados y en ella una puerta de la misma peña capaz de una persona, hasta que a su tiempo se abre todo el foro, y sale della Prometeo dando voces.
Prometeo
Moradores de las altas
cumbres del Cáucaso, en cuya
inhiesta cerviz descansa
todo el orbe de la luna.
¡Ah del monte!
Unos
¿Quién nos llama? Dentro
Prometeo
¡Ah del valle!
Otros
¿Quién nos busca? Dentro
Prometeo
Prometeo soy; venid,
que ya es tiempo que os descubra
el alto empleo que en esta
triste, pavorosa gruta
tantos días de vosotros
tuvo mi persona oculta.
Venid, pues, venid trayendo
de vuestras zampoñas rudas,
de vuestros rudos albogues,
las armonías confusas
que en culto de las deidades
festivos aplausos usan.
EPIMETEO
Dentro
¿Prometeo dijo? Todos
seguid su voz, que sin duda
a grande efecto hoy se deja
ver.
Merlín
Dentro
Y más cuando pronuncia Dentro
que alegremente festivos
vamos todos en su busca.
Libia
Dentro
Pues percebir no podemos Dentro
adónde la voz se escucha,
por varias sendas en varias
tropas la maleza inculta
penetremos.
VOZ 1ª
Sea diciendo,
para volverse a hallar juntas:
Cantando.
VOZ 1ª
¡Al monte!
VOZ 2ª
¡Al valle!
VOZ 3ª
¡Al llano!
VOZ 4ª
¡A la espesura!
Todos y Música
¡Al monte, al valle, al llano, a la espesura!
Prometeo
Llegad, llegad, y veréis
la más perfecta hermosura
que el arte y naturaleza
en sus dos primores juntan...
Música
...al monte, al baile, al llano, a la espesura.
Epimeteo
Dentro
No en desmandadas cuadrillas
vago ya el tropel discurra,
sino en seguimiento mío
a esta parte se reduzcan,
que en lo intrincado de aquel
risco le he visto.
Merlín
Dentro
Pues unan
sus lígneas a un punto, el fiero
afán dejando en su busca, ...
Todos y Música
...el monte, el llano, el valle, la espesura.
Salen todos y todas con arcos y flechas.
Epimeteo
Ya, Prometeo, a tu voz
apenas hay quien no acuda.
Unos
Dinos, pues, a qué nos llamas.
Otros
Sepamos a qué nos juntas.
Todos
Corriendo a la voz tuya
el monte, el valle, el llano, y la espesura.
Prometeo
Ya sabéis que de Japeto
y Asia, en cuyo lustre y cuya
belleza se compitieron
naturaleza y fortuna,
de un parto nacimos yo
y Epimeteo, sin duda
para ejemplar de que puede
haber estrella que influya
en un punto tan distantes
afectos, que sea una cuna,
en vez de primer abrigo,
campaña de primer lucha.
Opuestos crecimos, no
en la voluntad que anuda
nuestros corazones, pero
en la inclinación, que muda
los genios; de suerte que,
dada a los montes la suya,
no hay fiera que por la saña,
no hay bruto que por la fuga,
la piel redima o la testa
de las aceradas puntas
de su venablo o su aljaba,
pues testa y piel le tributan
lo feroz a sus cuchillas
o lo veloz a sus plumas.
Yo, dada mi inclinación
a la paz de la lectura,
culpando cuanto a la noble
naturaleza la injuria
quien la racional aplica
al comercio de la bruta,
movido quizá de aquella
razón de dudar que una
estrella en un mismo instante
un mismo horóscopo infunda
dos afectos tan contrarios,
con ansia de ver si apura
el ingenio que una causa
varios efectos produzca,
me di a la especulación
de causas y efectos, suma
dificultad en que toda
la filosofía se funda.
Este anhelo de saber,
que es el que al hombre le ilustra
más que otro alguno –supuesto
que aquella distancia mucha
que hay del hombre al bruto, hay
del hombre al hombre, si junta
la conferencia tal vez
al que ignora y al que estudia–
me movió en joven edad
a dejar la patria en busca
de maestros, y como es
la más celebrada curia
de artes y ciencias la Siria,
donde de toda Asia cursan
los más floridos ingenios,
con ellos me mezclé, en fucia
de que ya a lo menos sabe
algo el que al saber se ajusta.
La lógica natural,
que estaba en el alma infusa
sin saber della, ilustrada
de la clara lumbre pura
de la enseñanza, me abrió
sendas que hasta allí confusas
pisaba, bien como ciego
que anda tropezando a escuras
y, como puerta de ciencias
se difine o se intitula
una vez abierta, pude
trascender de sus clausuras,
por los principios de todas,
a la profesión de algunas.
La escuela de los caldeos,
en que es principal lectura
la astrología, con más
afecto que otra ninguna
seguí, porque como en ella
había empezado mi duda
no descansé hasta saber
cuánto en un instante mudan
al rapto curso del sol,
veloz siempre y tardo nunca,
los astros semblante, pues
entre primera y segunda
influencia se dividen,
no solo, aunque nazcan juntas,
las inclinaciones, pero
la desdicha y la ventura.
Rico, pues, de artes y ciencias,
viendo cuanto el cuerdo acusa
al que adquiere en patria ajena
y no lo logra en la suya,
a ella volví, con deseo
–la sabia judicatura
de otras gentes observada–
de ver si hiciese mi astucia
que vuestra rusticidad
a preceptos se reduzca
de político gobierno,
lastimado de la ruda
barbaridad que os mantiene
sin leyes que os constituyan
racionales, mayormente
cuando en los polos se fundan
de paz y justicia, siendo
pocas, guardadas y justas.
Apenas proposición
tan digna os hizo mi industria
cuando, temiéndoos de que era
halagüeñamente astuta
–solo a fin de avasallaros,
con ciega popular furia,
notándome de ambicioso–,
de la no impuesta coyunda
sacudisteis la cerviz,
con tan infame calumnia
como torcer el sentido
de un beneficio en injuria.
Hasta aquí he dicho, por que
la admiración os confunda
de ver cuánto en mi favor
vuestro desprecio resulta;
pues ofendido de ver
lo que un tumulto repugna
la obediencia, interpretando
el buen celo como culpa,
a vivir conmigo en esta
melancólica espelunca
me reduje; que no hay
compañía más segura
que la soledad a quien
no encuentra con lo que gusta.
Aquí no solo del sol,
no solo aquí de la luna,
las liciones repasaba
que en esa plana cerúlea
me dieron el día y la noche,
leyendo a edades futuras
líneas de dorados rayos
en pautas de estrellas rubias,
pero de plantas y flores
en la silvestre cultura
naturales cualidades,
y aun de las aves que surcan
el aire, cantos y vuelos,
pues las que a la luz saludan
y las que a la sombra aplauden
a mi invocación anuncian
vaticinios como faustas
y agüeros como nocturnas.
Viendo pues en una parte
cuánto los hombres repudian
la enseñanza y viendo en otra
cuánto los dioses la ilustran,
a su alto conocimiento
elevé la mente, en cuya
especulación hallé
las monarquías difusas
del cielo y la tierra dando
de Júpiter a la augusta
majestad el cielo, el mar
a Neptuno, sus espumas
a Venus, luego la tierra
a Saturno, sus fecundas
mieses a Ceres, sus flores
a Aura, a Pomona sus frutas,
los abismos a Plutón,
a Eolo, vientos y lluvias,
a Mercurio los comercios,
a Apolo ninfas y musas,
a Marte y Palas las lides;
y, para decirlo en suma,
a Minerva de las ciencias
la inspiración absoluta.
Conque obligado de ver
cuánto en mí las distribuya
liberal, interior culto
más que a otra deidad ninguna
–oféndanse o no se ofendan
las demás– rendí a la suya.
Y discurriendo en qué obsequio
podría yo hacerla que supla
a mi hacimiento de gracias,
di en aprehender su hermosura
tan viva en mi fantasía
que no había parte alguna
en que no me pareciese
mirarla, con tan aguda
vehemencia que aun en las sombras
de la noche siempre obscura
–pues hasta ahora no vio luz
en ella humana criatura–
jurara que un vivo fuego
para mirarla me alumbra.
Bien ser locura pensé;
pero como a la locura
es tal vez el complacerla
cierto género de cura,
complacer quise la mía
siguiendo su tema en una
estatua que me dictaba
el arte de la escultura,
creyendo que con tenerla
siempre a la vista segura
cesaría el verla en sombras
de fantásticas figuras.
Ya concebida esta idea,
para que mejor la esculpa,
me dio su dócil materia
la tierra al agua conjunta,
con que siguiendo el dictamen
del aire que la dibuja,
de su vago original
fui copiando una estatura
al natural, aplicando
en simétricas mensuras
partes al todo, de suerte
que aun informemente bruta
la semejaba, y más cuando,
para que la labre y pula,
me franqueó la primavera
de su varia agricultura
liquidados los matices;
díganlo dos teces juntas,
pues para que de su rostro
sonrosease la blancura,
la cándida dio el jazmín
y la rosa la purpúrea.
Laurel y oliva, bien como
premio en literales justas,
aquel sus rizos corona,
esta su siniestra ocupa.
Lo demás de sus adornos,
ropajes y vestiduras,
se bordan de varias flores,
tanto que le disimulan
la tosca materia al barro
según cuajado le ocultan.
Pero ¿para qué la voz
se detiene en su pintura
ociosa cuando la vista
mejor que ella lo divulga?
Llegad, pues, llegad, veréis
su efigie, y pues mi cordura
ya no os da leyes, sino
simulacros, sobstituyan
a políticos consejos
sagrados ritos; construya,
pues, vuestro celo ara y templo
a la sabia deidad pura
de Minerva en su primera
estatua del mundo y suban,
aceptados vuestros ruegos
a mejorar de fortuna,
al sagrado solio, donde
vive, reina, vence y triunfa.
Descubre la estatua, abriendo la gruta, que estará como la pintan los versos y parecida a la que hiciere el papel de Minerva.
Unos
¡Qué prodigio!
Otros
¡Qué portento!
Prometeo
Pues ¿qué os asombra?, ¿qué os turba?
Epimeteo
Yo responderé por todos,
pues a mí nada me asusta.
Aparte.
(Mal dije, que quizá a ellos
admira y a mí me ofusca).
Prometeo, que tu ingenio
es grande nadie lo duda;
y cuando alguien lo dudara,
retóricamente muda
le desmintiera esa estatua,
puesto que a todos perturba
verla algo menos que viva
con algo más que difunta.
Pero una cosa es (¡qué mal
el corazón disimula!),
pero una cosa es que no
admitamos leyes tuyas,
contentos con nuestras leyes,
que son las dos que ejecuta
el pueblo cuando castiga
al que mata y al que hurta,
y otra es que no admitamos
sagrados ritos que incluyan
adoración a los dioses;
y por que mejor se arguya
que acepta lo sacro quien
lo político renuncia,
de parte de todos, yo
voto hacer que se construya
templo a Minerva que exceda
en riqueza y escultura
al del gran Saturno nuestro,
donde aquesa imagen tuya
se venere; pero en tanto
que mi ofrecimiento cumpla
Aparte.
(esto es para no perderla
de vista, mi nueva angustia),
hasta su colocación
no la saques desta gruta,
por que el trato, que es quien más
las estimaciones frustra,
no como al sol la desdeñe,
pues por ver cuánto madruga
regular a una hora siempre,
ya no nos admira nunca.
Y así, otra vez lo repita,
aquí hasta entonces la oculta,
que aquí vendremos por ella
luego que la arquitectura
del templo a la región media,
sobre dóricas columnas
de bronceados capiteles
en piramidal abuja
crezca, de suerte que el aire
dude cuando la sacuda
si es huracán que se abate
o fábrica que se encumbra.
Merlín
Y para que veas que todos
lo que él ha votado juran,
ya que voces y instrumentos
a su llamado se aúnan,
empiece su aclamación
desde luego.
Libia
Acción es justa,
y yo me obligo a que el himno
de las mismas voces tuyas
se componga.
Prometeo
¿De mis mismas
voces?
Libia
Sí.
Prometeo
Di cómo.
Libia
Escucha.
Cantan y bailan.
Venid, moradores
del Cáucaso, en cuyas
cervices descansa
sus orbes la luna.
Venid y festivos
corred en su busca.
Vueltas.
Música
El monte, el valle, el llano y la espesura.
Libia
Venid y veréis Canta
que en nueva escultura
la naturaleza
y el arte se juntan.
Venid y trayendo
de cítaras rudas,
de rudos salterios
las voces confusas,
respondan los vientos
cuando la saludan.
Voces
Dentro
Al valle, al llano, al monte, a la espesura.
Prometeo
Oíd, ¿qué disonantes ecos
los cóncavos articulan
de todo el Cáucaso?
Epimeteo
Oigamos,
por si más claro se escuchan.
Sale Timantes [viejo].
Timantes
Huid, pastores, que una fiera
que horriblemente sañuda
no hay sembrado que no tale,
ganado que no destruya,
del bruto seno en que yace
aquella cueva profunda,
que tal vez al cielo empaña
y tal vez al viento ahúma,
al monte ha salido.
Todos
Todos
discurren, puestos en fuga.
Voces
Al monte, al valle. Dentro
Todos
¡Qué asombro!
Voces
Al llano, al bosque. Dentro
Todos
¡Qué angustia!
Epimeteo
Salirla al paso me toca,
que es bien mi valor presuma,
por más veneno que exhale,
por más ponzoña que escupa,
que en loor de Minerva tuvo
sacrificada su furia
la primer víctima mía,
la primer estatua suya.
Vase.
Prometeo
Primero, tomando yo
mi arco y cerrando la gruta,
sabré por dónde atajarla,
desmintiendo a quien murmura
que se embotan los aceros
en el corte de las plumas.
Vase.
Timantes
Por si es verdad que a las sierpes
las músicas las conjuran,
venid repitiendo todos,
cláusulas y voces juntas.
Todos y música
Al monte, al valle, al llano, a la espesura.
Vanse.
Libia
¿No vas tú, Merlín?
Merlín
No, Libia.
Libia
¿Por qué?
Merlín
Porque no me gusta,
por ir a ver su fiereza,
dejar de ver tu hermosura.
Libia
Sí, eso es ser gallina; no
fundes en mí tu disculpa.
Merlín
¿Cómo gallina?, si es solo
por que tú huyas segura
el quedarme yo, pues cuando
esa horrible fiera adusta
viniese hacia donde estás
vieras en defensa tuya
lo que hacía.
Voces
Dentro.
Al monte, al llano.
Libia
Pues tiempo es de que lo cumplas,
que hacia aquí viene.
Merlín
¿Qué dices?
Libia
Que veamos qué procuras
en mi defensa hacer.
Merlín
Ponte
delante tú; verás una
heroica gloriosa acción.
Libia
¿Delante?
Merlín
Sí.
Libia
¿A qué?
Merlín
¿Eso dudas?
A que dando antes contigo
cebe en ti presas y uñas,
y pueda afufallas yo
mientras ella a ti te engulla.
Vase.
Libia
¡Aprovechada fineza!
Pero aténgome a la suya,
pues por otra parte vuelve
acosada de la bulla,
siendo Prometeo el que más
en su alcance se apresura,
pues él solo dice cuando
todos los demás divulgan...
Voces Y Ella
Al monte, al llano.
Vase.
Prometeo
Dentro.
Por más,
oh, fiero vestiglo, que huyas
desta bárbara montaña
al más pavoroso centro,
sabrán alcanzarte dentro
de su intrincada maraña
mis ardientes flechas.
Sale Minerva de fiera y canta[, y tras ella Prometeo].
Minerva
No
las dispares.
Prometeo
Blando acento,
que a mí me paras y al viento,
¿quién te ha pronunciado?
Minerva
Canta.
Yo.
Quítase las pieles y queda como la estatua de la gruta.
Prometeo
¿Quién eres, oh tú, beldad
de tan no esperado asunto,
que lo que a un monstruo pregunto
me responde una deidad?
Pues para que tú lo seas,
sobre ser la que admiré
en sombras, la que copié
en fantásticas ideas
y la que trueca el feroz
aspecto en aspecto amable,
nada lo hace más probable
que lo dulce de tu voz;
pues los horrores que das
quitas con las suavidades;
siendo así que las deidades
no hablan como los demás,
sonando siempre a armonía
cuanto pronuncia su acento.
Y en fin, deidad, sombra, viento,
ilusión o fantasía
que aparentemente vi,
que realmente retraté,
si tu culto procuré,
¿qué es lo que quieres de mí?
Minerva
Recitativo
Yo soy, oh Prometeo,
Minerva, que a tu vida,
no solo agradecida
por su estudioso empleo,
mas por la ara en que ya arde tu deseo,
en aquel propio traje
que tu idea me copia,
por que de ser yo propia
cualquier duda se ataje,
quiso mi amor que en busca tuya baje.
Y por no dilatarte
las gracias que te debo,
a revestir me atrevo
tal disfraz que te aparte
de todos donde a solas pueda hablarte,
trayéndote a esta esfera
que la luz no la dora,
que el pájaro la ignora,
el bruto la venera,
negada al sol, al ave y a la fiera.
Mira, pues, qué don quieres
que mi agradecimiento
rinda a tu pensamiento,
persuadido a que eres
dueño de cuanto imaginar pudieres
no en el avaro anhelo
del centro de la tierra,
pero en cuanto en sí encierra
debajo de su velo
toda esa azul república del cielo.
Prometeo
Al verte y oírte lucho
con segundo devaneo;
si dudo cuando te veo,
¿qué creeré cuando te escucho?
Pero ya que tu favor
el sobresalto destierra
y no puedes en la tierra
darme tesoro mayor
que el que ya me diste, pues
me diste sabiduría,
aspire la ambición mía
al soberano interés
del cielo.
Minerva
Cantando.
¿Qué quieres de él?
Prometeo
Si yo, Minerva, supiera
lo que contiene la esfera,
de su estrellado dosel
un don te pidiera igual
al poder que en ti se mide,
que el que acobardado pide
hace avaro al liberal.
Mas, si bien no sé –aunque sé
bien sus imágenes bellas–
lo que puedes darme dellas,
¿cómo pedirte podré
lo que ignoro?; llegue a oír
qué hay allá particular,
y enseñarete yo a dar,
pues me enseñas tú a pedir.
Minerva
Canta.
Son tan raras, tan bellas,
sus altas maravillas,
que no es bastante oíllas,
Prometeo, sin vellas,
para saber lo que se incluye en ellas.
Mas, si tú te atrevieras
a penetrar osado
conmigo su dorado
alcázar, en él vieras
lo que quieras traer de sus esferas.
Prometeo
¿Si me atreviera dices?
¿Qué habrá a que no se atreva
quien consigo te lleva?
Minerva
Cantando
Pues no te atemorices
si, arrancando este tronco sus raíces,
deja la tierra dura
por escalar el viento.
Prometeo
En tan glorioso intento
tu deidad los temores asegura...
Suben asidos a un árbol.
Todos Con Él
...al monte, al llano, al valle, a la espesura.
Epimeteo
Dentro
No fatiguéis en vano
el monte, la espesura, el valle, el llano,
Sale despavorido.
que el valle, el llano, la espesura, el monte,
en todo su horizonte,
talado tronco a tronco y peña a peña,
no os pueden dar ni huella, rastro o seña
ni de la fiera ni de Prometeo,
que ambicioso de hacer suyo el trofeo,
a lo lejos le vi romper el seno
tras ella al coto, que de horrores lleno,
pisado no se vio, según espanta,
de bruta huella ni de humana planta.
Y pues no es bien se diga
que él siguió el riesgo sin que yo le siga,
arrójese a su centro mi destino,
que morir en su amparo determino,
no tanto ya, ¡ay de mí!, por ser mi hermano
cuanto por ser autor del soberano
simulacro de aquella
beldad tan imposible como bella
a quien dejé su víctima ofrecida;
y así en su nombre, ¿qué ha de haber que impida
mi altivez? Mas, oh, Júpiter divino,
Entra y sale por otra parte y ábrese otra gruta en el foro, más horrorosa que la otra.
qué estancia tan sin senda ni camino
mi atrevimiento pisa,
donde aun la luz del sol no se divisa
cuanto y más Prometeo
ni fiera; pues tan solamente veo
a escaso viso la funesta boca
de una entreabierta roca
por donde con pereza
melancólico el Cáucaso bosteza.
Sin duda este es su albergue y, aun sin duda
voraz, horrible, trágica y sañuda
en él le oculta, ¡oh, pese a mi denuedo!
Acuérdate, valor, de que no hay miedo
que te estorbe a que entres
hasta donde le encuentres
con espíritu altivo,
bien que al asombro yerto,
para librarle si le hallares vivo,
para vengarle si le hallares muerto.
Lóbrego panteón deste desierto,
a pesar del terror que en ti se encierra,
he de ver...
Dentro de la cueva con cajas y trompetas.
Música
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Epimeteo
¿Qué desusado estruendo
de mal ruidoso idioma que no entiendo
mezcla a un tiempo en su cóncavo veloces
roncos acentos y sonoras voces?
Si lo horrible, bramido es de la fiera,
¿cúya será la dulce lisonjera
cláusula que diciendo al aire yerra? Cajas.
Música
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Cajas.
Sale cantando Palas, armada.
Palas
¿Cúya ha de ser, sino de quien inspira
al valor, puesta en música la ira?
Epimeteo
¿Quién eres, bello prodigio,
de tan encontradas señas
que tu voz dice deidad,
y no deidad la aspereza
de tu semblante? ¿Quién eres,
otra vez a dudar vuelva
y otras mil, oh, tú que a un tiempo ceñuda
y afable muestras
rayo de acerada nube,
parto de infausta quiebra?
Que no deja de ser monstruo
quien es monstruo de belleza.
Palas
Cantando
De Júpiter y Latona,
hermanas del sol, Minerva
y yo nacimos, gozando
tan una la infancia nuestra
que el número no podía
distinguirnos, de manera
que ya hubo quien dijo que, equívocas, eran
o Minerva o Palas una cosa mesma.
Pero, aunque en deidad, en solio,
en majestad y grandeza
nacimos las dos conformes,
crecimos las dos opuestas
en los divididos genios
de nuestras dos influencias;
blanda ella lo diga, dígalo severa
yo auxiliando lides, dictando ella ciencias.
Y siendo así que de un parto
visteis las luces primeras
Prometeo y tú, imitando
nuestra fortuna en la vuestra,
partimos los dos asuntos,
trabada la competencia
de cuál mayor lustre, mayor excelencia
da al uno en las armas que al otro en las letras.
A este efecto, en tanto que
te asista en altas empresas,
te incliné a la caza, bien
como imagen de la guerra;
pero viendo cuán ingrato
al influjo que te alienta,
a una inanimada, fingida belleza
víctimas dediques y altares ofrezcas,
mayormente habiendo dicho
la sacrílega soberbia
de aquese ignorante sabio
que en obsequio de Minerva,
todas las demás deidades,
se ofendan o no se ofendan,
al son de mis voces, cajas, y trompetas
que tu ánimo inspiren, tu espíritu enciendan,
quise abatirte a este abismo,
en tanto que al cielo eleva
ella a su alumno, oponiendo
a su lisonja mi ofensa;
no tanto airada porque él
culto a su deidad prevenga,
cuanto porque tú tan villano seas
que la propia olvides y aplaudas la ajena.
¡Minerva, primera estatua,
primero templo, primera
víctima, primera pira,
siendo quien más la engrandezca
el héroe que eligió Palas!,
¿y que Palas lo consienta?
¡No solo es desaire, no solo es bajeza,
pero es furia, es rabia, es ira, es violencia!
Y así disponte a que tú
has de ser quien desvanezca
toda su pompa, esparciendo
al aire en polvos deshecha
la estatua, o prevente a que
por enemiga me tengas,
volviendo a mezclar de deidad y fiera
extremos que digan en voces diversas
contra Prometeo...
Todos y Música
¡Arma, arma, guerra!
Desaparece [Palas].
Epimeteo
¡Oye, espera! No es posible
seguirla, porque me cierran
el paso troncos y ramas.
¿Quién se habrá visto en tan ciega
confusión como buscar
a un hermano y a una fiera,
y en vez de fiera y hermano
hallar deidad tan violenta
que se explique favorable
para declararse adversa?
Que rompa la estatua, dijo,
esparcida en tan pequeñas
partes que la lleve el viento
en sus ráfagas envuelta.
¿Cómo, cielos, –si al mirar
tan hermosa, tan perfecta
estampa, con el dolor
de que alma y vida no tenga,
la ofrecí mi vida y alma
por si viviese con ellas–
podré obedecer a Palas?
Pues en igual conferencia,
si la obedezco, peligran
una y otra en la obediencia,
y en la amenaza, si no
la obedezco; de manera
que, expuesto a un sagrado ceño
o a una dominante estrella,
obedecerla es el mismo
riesgo que no obedecerla.
¿O no hubiera un medio en que,
partida la diferencia,
complacer supiera a Palas
sin ofender a Minerva?
Mas ¿qué dudo?, que sí habrá,
si no me miente la idea
de una imaginada industria:
yo he de fingir...
Timantes
Dentro
Hacia aquella
parte está.
Todos
Lleguemos todos.
Epimeteo
Quede la industria suspensa
hasta otra ocasión.
Salen [Timantes, Libia y Merlín y] todos los villanos.
Todos
Los brazos
nos da.
Libia
Montañas y selvas
hasta hallarte hemos corrido.
Timantes
Dónde has estado nos cuenta
y si al monstruo o Prometeo
has visto.
Epimeteo
Mi duda es esa,
que ni a Prometeo ni al monstruo,
con llegar hasta su cueva
y examinarla, no vi
ni sé daros más respuesta
de que salgáis deste sitio,
¡huid, huid de su maleza,
que hay más prodigios en él
que pensáis!
Vase.
Merlín
Bien aconseja
quien aconseja que huyamos.
Libia
Aunque él no te lo dijera,
supieras hacerlo tú.
Merlín
Ahí verás, oh, Libia bella,
lo que me debes, pues siendo
tú mi vida, fue fineza
guardar la tuya en la mía.
Timantes
Pues ya inútil diligencia
es buscar a Prometeo
puesto que la noche cierra,
vamos de aquí.
Merlín
También es
buen consejo, si te acuerdas
de que mi amo dijo que hay
prolijos por aquí cerca.
Libia
Harto desconsuelo es
el irnos sin que parezca
Prometeo.
Todos
¿Qué habrá sido
de él?
Merlín
Bien presto, si dijera
yo lo que pienso, sería
saberlo.
Todos
Pues, di, ¿qué piensas?
Merlín
Que sin duda convidados
en otra parte la fiera
tenía, y para su banquete
voló con él.
Libia
¿De qué, bestia,
lo infieres?
Merlín
De que sin duda
sería gran plato en su mesa,
porque el que crudo sabía
tanto, forzoso es que sepa
más o cocido o asado.
Timantes
Luego vi que sería necia
frialdad tuya; de aquí vamos,
que ya el sol en la eminencia
de aquella elevada cumbre
en que el rumbo de sus ruedas
suele rozarse según
sobre las nubes descuella,
sus altas cimas transmonta
su carroza.
Vase.
Libia
¡Oh, quién supiera
lo que al verse descender
del cenit de su grandeza
dirá al despeñarse al mar!
Merlín
¿Qué dificultad es esa?,
pues con saber que es cochero
sabrás que vota y reniega
y que da al diablo a su amo
porque nunca el coche presta.
Libia
¡Que en tu vida digas cosa
que una necedad no sea!
Merlín
¿Mayor necedad no es
Aquí puede haber mutación de cielo.
querer tú desde la tierra
oír si dirá o no dirá
Apolo cuándo se acuesta?
Vanse.
A su tiempo aparece el sol, que va pasando de una a otra parte, y estarán Minerva y Prometeo sobre una nube, y al pasar le quita un rayo.
Apolo
Canta dentro
No temas, no, descender,
bellísimo rosicler,
que, si en todo es de sentir
que nace para morir,
tú mueres para nacer.
Minerva
Canta
Ya que sobre el pedestal
de tupida nube densa
del transparente zafir
las diáfanas vidrieras
has penetrado, observando
cuanto se contiene en ellas,
mira qué don quieres que yo te conceda,
ya que mi palabra cumplírtela es fuerza.
Prometeo
De cuanto he visto y de cuanto
he notado en sus esferas
nada me suspende, nada
me admira, pasma y eleva
tanto como el esplendor,
mirado desde tan cerca,
deste corazón del cielo,
de ese aliento de la tierra
que –árbitro del día y la noche,
monarca de los planetas,
rey de los signos y dueño
de luceros y de estrellas–
vida es de frutos y flores,
y alma de montes y selvas.
Si yo pudiera llevar
un rayo suyo que fuera,
su actividad aplicada
a combustible materia,
encendida lumbre que,
desmintiendo las tinieblas
de la noche, en breve llama
supliese del sol la ausencia,
fuera don bien como tuyo,
pues moralmente se viera
que quien da luz a las gentes
es quien da a las gentes ciencia.
Minerva
Canta
Mucho pides, mas por mucho
que pidas a más me empeña
la palabra que te di;
y pues que ya el sol se acerca,
embozado en pardas nubes,
que se te transponga deja
para que al pasar sin ser visto puedas,
hurtándole un rayo, llevarle a la tierra.
Prometeo
Instrumentos.
La armonía de los orbes
–a cuyo compás su tierna,
dulce voz va divirtiendo
la continuada tarea
que de la eclíptica pasa
Va pasando el sol, poco a poco.
atravesando la senda
al Zodíaco, a quien siguen
de sus imágenes bellas
las cláusulas– arrebata
mis sentidos de manera
que no sé si he de tener
acción que no se suspenda.
Minerva
Pues yo te apadrino en tan alta empresa,
atiende a su luz, no a su voz atiendas.
Apolo
No temas, no, descender, ...
Música
No temas, no, descender, ...
Apolo
...bellísimo rosicler, ...
Música
...bellísimo rosicler, ...
Apolo
...que, si en todo es de sentir...
Música
...que, si en todo es de sentir...
Apolo
...que nace para morir,
tú mueres para nacer.
Música
...que nace para morir,
tú mueres para nacer.
Apolo
No temas ver que la aurora
delante de ti fallece,
pues en los rumbos que dora,
si a cualquier hora anochece,
amanece a cualquier hora.
Y pues nunca anochecer
puede, sin amanecer,
¿quién podrá contradecir
Música
que nace para morir
y muere para nacer?
Apolo
No temas, no, pues adquiere
nueva luz la luz que yace,
y tanto a todas prefiere,
que muere de la que nace,
y nace de la que muere.
Y así no temas caer
desde el cenit al nadir,
pues es tan otro tu ser
Música
que nace para morir
y muere para nacer.
Al emparejar el carro le quita una luz.
Prometeo
Perdone, Apolo, esta ofensa,
y tú, gran Minerva, piensa
que a consagrarte voy fiel
este rayo; huyo con él
pues quedas en mi defensa
y te sabré agradecer,
si llega en tu culto a arder,
que por él puedan decir
Música
que nace para morir
y muere para nacer.
Repite toda la copla la música y pasa el carro y Prometeo baja, Minerva sube, y acaba la jornada.

Segunda Jornada

Empieza con la mutación de bosque y peñascos de la primera jornada con la misma gruta, y a un lado a su tiempo se verá Prometeo sobre un peñasco, y la que hace a Minerva estará en lugar de la estatua dentro de la gruta.
Salen como a escuras Epimeteo y Merlín.
Epimeteo
Hacia esta parte ha de ser,
si la noche no me engaña,
la estancia de Prometeo.
Merlín
Si has dicho que en su comarca
hay prolijos, ¿cómo a ella
vienes?; y más cuando baja
la noche sus verdes riscos
vistiendo de sombras pardas.
Epimeteo
Calla y sígueme, Merlín,
ya que hice confianza
de ti más que de otro alguno.
Merlín
El favor te perdonara,
porque seguirte y callar
son dos cosas muy contrarias;
y ya, señor, que el seguirte
en mis pies esté, repara
que el callar no está en mi boca.
Y así la duda se parta
que, pues te sigo y no enojo,
no es justo quitarme el habla;
sepa a qué efecto buscando
vas de Prometeo la estancia.
Epimeteo
(Que sea fuerza que el más cuerdo
de algún criado se valga
el día que por sí solo
a sus motivos no basta;
mayormente el día que es
fuerza también que a dar vayan
a su casa sus motivos,
donde del ladrón de casa
el tesoro de un secreto
o nunca o tarde se guarda.
Y pues por ambas razones
deste he de valerme, haga
confianza desde luego.
Quizá podrá ser que haya
tal vez villano en quien tenga
mérito la confianza).
Yo, Merlín, viendo que eres
hombre honrado...
Merlín
Sí, a Dios gracias.
Epimeteo
...y que ha tanto que me sirves, ...
Merlín
Cuanto ha que tú no me pagas.
Epimeteo
...pretendo, atento a tu buena
ley, ...
Merlín
Lo primero es el alma.
Epimeteo
...fiar de ti un noble secreto.
Merlín
Mejor fuera que fiaras
de mí un villano vestido.
Epimeteo
Oye, y sabrás con qué causa.
Entre los raros acasos
que en este monte me pasan
en busca hoy de Prometeo,
el mayor fue que llegara
a la boca de una cueva
en cuyas duras entrañas
con dulces y horribles voces
superior deidad me manda
que la estatua de Minerva,
en vez del templo y el ara
y víctima que ofrecí,
la rompa, quiebre, y deshaga.
Merlín
¿Mandote más?
Epimeteo
¿Esto es poco?
Merlín
Y tan poco que no es nada;
que puesto que Prometeo
de todo el contorno falta
y la estatua se está allí,
¿qué enfecultad habrá en darla
–pues el mandato no es barro
y es barro la tal estauta–
con un canto en el cogote,
con otro canto en la cara,
con otro canto en los pechos
y con otro en las espaldas,
y cátala aquí deshecha?
Epimeteo
¡No lo digas, calla, calla!,
que ultrajes de igual prodigio
aun solo dichos agravian.
Merlín
Pues ¿no vas a deshacerla?
Epimeteo
No, Merlín, sino a robarla;
que esto es lo más que de ti
fío, pues para llevarla
a esconder entre los dos
te traigo.
Merlín
¿Cómo, si manda
suprior deidad que la rompas?
Epimeteo
Como no es posible que haya
obediencia a un cruel precepto
en que me van vida y alma;
pues desde el instante que
vi maravilla tan rara
idolatré su hermosura.
Merlín
Eso, señor, no me espanta,
como esas estautas hay
por ahí que se idolatran.
Epimeteo
¿Cómo, si esta es la primera
que ha visto el mundo?
Merlín
Te engañas,
que yo he visto muchas.
Epimeteo
¿Dónde?
Merlín
En bobas de buena cara;
y esto aparte, porque creo
que ya está dicho, ¿qué trazas?
Epimeteo
Llevarla donde escondida,
no sabiendo della, no haya
quien templo la dé ni culto,
con que satisfago a Palas,
que fue la deidad que dije,
y sin llegar a ultrajarla
la reservo para mí,
contento con adorarla,
teniéndola en mi poder.
Merlín
Conque tendrás una dama
para la comodidad
de notables circunstancias,
pues no te pedirá el coche,
ni la joya, ni la gala,
ni el cairel, ni el perendengue,
el relámpago, la enagua,
la hungarina y, cuanto al plato,
no hará costa en las viandas,
pues dellas te pagará
el escote en la garganta;
y en fin, no te dará celos,
pues siempre metida en casa
no dirá esta calle es mía.
Mas sobre esto, ¿no reparas
que Palas se ofenda y, viendo
el que para ti la guardas,
airada se vuelva en
dios Palos la diosa Palas?
Epimeteo
No lo sabrá, que la noche
siempre en sus sombras ampara
hurtos de amor.
Merlín
Eso es dar
ignorancia en soberanas
deidades.
Epimeteo
Esa objeción
pondrá alguno, pero es vana;
que deidad que tiene envidia
¿por qué no tendrá ignorancia?
Y pues por aquí es la gruta
de Prometeo, a la escasa,
trémula luz de la luna
la busquemos; que el hallarla
ya ves cuánto importaría
antes que amanezca el alba.
Merlín
Que a escuras encuentre un hombre
alguna sima en que caiga,
vaya, mas que encuentre sima
en que galantear, no vaya.
Epimeteo
No me repliques.
Merlín
¿Qué hiciera
Minerva, pese a su alma,
en alumbrarnos?, supuesto
que el ir a buscar su estauta
es hacerla el agasajo
de no deshacerla.
Epimeteo
Aguarda,
que apenas lo has dicho cuando
un nuevo esplendor jurara
que me había dado luz.
En lo alto Prometeo con la luz.
Merlín
Yo también.
Epimeteo
¿Ves en la alta
cumbre del Cáucaso un bello
nuevo esplendor cuya llama
ni es relámpago que brilla
ni es exhalación que pasa,
sino desasida estrella
del firmamento que vaga
a elección del viento que
de su epiciclo la arranca?
Merlín
Y como que lo veo, y veo...
Epimeteo
¿Qué?
Merlín
...que de la altura baja.
Epimeteo
Dices bien, pues de la cumbre
cay, alumbrando la falda.
Merlín
Hacia nosotros se acerca.
Epimeteo
Sin duda Minerva trata
favorecer mis deseos,
agradecida a mis ansias,
porque tan no vista luz
de estos montes, en la opaca
obscuridad de la noche,
¿quién duda que sea enviada
–pues percibimos que viene,
sin percibir quien la traiga–
de alta deidad?
Merlín
Clara cosa es,
puesto que es cosa clara.
Epimeteo
Hasta averiguar qué sea,
retírate entre estas ramas.
Ocúltanse y sale Prometeo.
Prometeo
Hurtado rayo del sol,
ven donde otro sol te aguarda,
que para ser sol Minerva,
ser su retrato la basta.
Atraviesa el tablado.
Epimeteo
Pues, sin distinguir qué bulto
es el que la mueve, pasa
por delante de nosotros,
sigámosla, Merlín, hasta
que apuremos de una vez
en qué igual portento para.
Merlín
Sea, señor, a lo lejos,
porque me ciega el mirarla.
Ábrese la gruta.
Prometeo
Bella imagen de Minerva, ...
Epimeteo
¿Ves que la gruta se abra,
y a la estatua en ella?
Merlín
¡Y cómo
que lo veo!
Epimeteo
Atiende y calla,
hasta apurarlo más.
Pónele la luz en la mano derecha.
Prometeo
...este
rayo del sol te consagra
quien como el rayo en tu mano
pusiera el sol a tus plantas.
Agora por que las gentes
de todas estas campañas
crezcan la adoración tuya,
creyendo que de ti nazca
al mundo este beneficio
de que familiar se haga
al hombre la actividad
del fuego, y con más instancia
te labren el templo que hoy
te han ofrecido que vaya
será bien a convocar
a todos para que añadan,
con segunda admiración,
sacrificios a tus aras.
Vase.
Merlín
La luz dejando en su mano,
el bulto della se aparta.
Epimeteo
Pues, para que yo la vea
y lleve donde ocultarla
de Palas pueda, la luz
paró en su mano, ¿qué tardas?
Llega conmigo, que ella,
dando el reflejo en su cara,
se deja ver, como quien
dice, pues me ves, ¿qué aguardas
para que en salvo me pongas?
Y así, entre los dos, a casa
la llevemos.
Merlín
De esa parte
tú, señor, con ella carga
y yo de estotra.
Al llegar, los asusta hablando Minerva.
Minerva
¡Teneos!
No, sacrílegos, con vana
presunción tocarme oséis.
Merlín
¡Ay, que se enoja la estauta!
Epimeteo
¿Qué es lo que miro? ¿Quién, dioses,
nuevo espíritu la inflama,
nuevo aliento y nueva vida?
Música
Dentro
Quien triunfa para enseñanza
de que quien da ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Sale la estatua de la gruta.
Epimeteo
¿Qué es esto, Merlín?
Merlín
Esto es
que, al compás que encanta, canta
doña Estatua mi señora;
como una persona, anda,
habla, ve, alienta y respira.
Epimeteo
¡El gran Júpiter me valga!
A mí, el gran Baco, deidad
más devota, pues es llana
cosa que él solo entre todas
deidad de bota es.
Minerva
¡Qué estancia
tan pavorosa, tan triste,
tan trémula, obscura y vaga!
Si no fuera por el astro
que me influye... Mas, ¿quién anda
allí?, ¿quién va?, ¿quién es?
Merlín
¡No
se llegue acá!
Minerva
¿Qué os espanta?,
¿qué os retira?, ¿qué os suspende?,
¿qué os estremece?
Epimeteo
A mí nada.
Merlín
A mí todo.
Epimeteo
Que si sé
que te di mi vida y alma
en el punto que te vi,
¿qué mucho, si en dicha tanta,
veo yo que vives con ellas,
que veas tú que a mí me faltan?
Minerva
¿Yo, tu alma? ¿Yo, tu vida?
¿Dónde, cómo o cuándo hallarlas
pude, si ya no es que estén
dentro desta viva llama
que me anima? Y si son tuyas,
llega tú, llega a cobrarlas.
Epimeteo
¡No la acerques, no la acerques!
¡Aparta su ardor, aparta!,
que más que alumbra, deslumbra,
y tanto pavor me causa,
que arrojándome de sí
me fuerza a que a buscar vaya
quien me descifre el enigma
de una escultura animada,
un inanimado fuego,
que con calidad contraria
abrasa como que hiela
y hiela como que abrasa.
Merlín
Bien dices, llamemos gente.
Epimeteo
¡Pastores destas montañas, ...
Prometeo
Dentro
¡Pastores destas montañas, ...
Merlín
El eco te favorece
pues repite tus palabras.
[Vase.]
Acercándose uno, se aleja el otro, y queda Prometeo y se va Epimeteo con estas voces.
Epimeteo
...venid, que hay nuevo prodigio...
Prometeo
...venid que hay nuevo prodigio...
Epimeteo
...que admirar en nuestra patria!
Prometeo
...que admirar en nuestra patria!
Epimeteo
Sacudid el blando sueño.
Prometeo
Sacudid el blando sueño.
Epimeteo
Dejad, dejad, las cabañas.
Prometeo
Dejad, dejad las cabañas.
Todos
Dentro.
¿Quién a esta hora nos despierta? Dentro
Música
Quien triunfa para enseñanza
de que quien da ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Minerva
Músicas el aire, espantos
la tierra, y el fuego ansias;
¿quién soy yo, dioses, que he puesto
el orbe en confusión tanta?
Sale Prometeo.
Prometeo
Ya que a mi voz y a la voz
del eco que la acompaña
despierta la gente queda
y es fuerza que aquí la traiga
el nuevo imán del reflejo,
adelántome a esperarla
para que me halle con ella
cuando llegue; mas ¿qué rara
maravilla es ésta, cielos?
¿Fuera de la gruta no anda
en ajena mano? Vea
quién se ha atrevido a quitarla.
¡Qué miro! ¡Sacra Minerva!
Minerva
¿Qué oigo? ¿Yo, Minerva sacra?
Prometeo
¿En qué de mi amor te ofendes?
¿En qué de mi fe te agravias?
¿Por qué el rayo que me diste
para tu imagen le traiga, ...
Minerva
¿Qué rayo, qué imagen? Dioses,
¿qué es esto que por mí pasa?
Prometeo
...si en honor tuyo en su mano
le puse? ¿A qué efecto bajas
a quitársele tú della?
¿Por qué te enoja el que arda
en culto tuyo?
Minerva
Dos cosas
bien nuevas y bien estrañas
–oh, tú, quien quiera que seas,
hombre, ilusión, o fantasma–
admiro al oírte y verte:
una, que huyendo no vayas,
deslumbrado deste ardor;
y otra, mirar que me tratas
como si me hubieras visto
antes de ahora.
Prometeo
Otras dos, y ambas
bien estrañas y bien nuevas
tú, al verte y al oírte, causas:
una, que, siendo tú más
favorecido, reparas
en que te conozca; y otra,
que vengas tan enojada
que te desmientas divina
para castigarme humana.
¿Qué se hizo la armonía?
¿Qué se hizo la consonancia
de tu voz? ¿Aún no merezco
aquella dulzura blanda
con que me hablabas?
Minerva
¿Qué dices?
¿Cuándo yo, dime, te hablaba,
si son éstas las primeras
razones que articuladas
fueron de mí, trascendiendo
las rudezas de la infancia
a los discursos de joven?
Prometeo
No el enojo, oh, soberana
Minerva, desluzga el don
más lucido, que es tirana
pena que a tu ceño muera,
sin saber yo de qué nazca.
Dime ¿en qué te desobliga
el que, en honor de la estatua
que te labró, aquese hurtado
rayo del sol te consagra?
Y ya que para su robo
me guardaste las espaldas,
¿en quién le pude emplear
mejor que en ti misma?
Minerva
Aguarda,
que no sé quién la razón
de dudar en mí adelanta:
¿mi estatua labraste tú?
Prometeo
¿Eso dudas?
Minerva
¿Tú, esta llama
al sol hurtaste?
Prometeo
¿Eso ignoras?
Minerva
¿Tú la trujiste?
Prometeo
¿Eso estrañas?
Minerva
¿Y es don de Minerva?
Prometeo
¿Eso
admiras?
Minerva
¿De qué te espanta
el que admire, estrañe, dude
y ignore la que se halla,
sin saber cómo, con vida
tan recién nacida, sabia?
Prometeo
Pues ¿quién eres?
Minerva
No lo sé;
que solo sé que ilustrada
desta antorcha, por mí dijo,
no sé si el Euro o el Aura...
Ella y Música
...que quien da las ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Prometeo
Que quien da las ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Oh, moralidad envuelta
en fabulosa enseñanza,
qué de cosas que me dices;
pero ninguna más clara
que al ver que el monte discurras,
ver que de la gruta faltas.
No es mucho, no, que repitan
los vientos en voces altas,
en bajas voces los ecos...
Epimeteo
Dentro
¡Pastores destas montañas,
sacudid el blando sueño!
¡Dejad, dejad las cabañas!
¡Acudid, acudid todos!
Unos
¿Quién nos busca? Dentro
Otros
¿Quién nos llama? Dentro
Epimeteo
Dentro
Epimeteo, a mayor
portento de nuestra patria
que al que os llamó Prometeo;
pues, si él os convocó a causa
de ver a su estatua muerta,
yo, de ver viva su estatua.
Prometeo
Cuanto dudamos los dos
ha dicho en una palabra.
Merlín
Dentro
Llegad, llegad, que la noche, Dentro
según es de cortesana
doña Estatua mi señora,
no os impedirá el mirarla.
Salen todos
Timantes
Pues ¿quién su sombra ilumina?
Libia
¿Quién su obscuridad aclara?
Unos
¿Quién nace antes que la aurora?
Otros
¿Quién madruga antes que el alba?
Todos con Música
Quien dando las ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Epimeteo
¡Prometeo!
Prometeo
¡Epimeteo!
Epimeteo
¿A dónde hasta ahora estabas?
Prometeo
Para tanta confusión
esa es noticia muy larga;
después lo sabrás.
Todos
Bien dice,
que ahora no hay para nada
atención que no sea asombro.
Minerva
Pues ¿qué os suspende?, ¿qué os pasma
que el rayo del sol me anime
a fuer de flores y plantas,
mayormente cuando oís
que, a merced de soberana
deidad, Minerva le invíe
y que Prometeo le traiga?
Y pues ya en este usurpado
rasgo del luciente alcázar,
en tres edades del fuego,
pasando de luz a brasa
y desde brasa a ceniza,
su actividad aplicada
a la dispuesta materia,
tenéis quien supla la falta
del sol para los comercios
de la noche, en dignas gracias
de su doméstica lumbre,
repetid en voces varias...
Todos, Ella y Música
Que quien da las ciencias, da...
Otros
Dentro
¡Guerra, guerra, al arma, al arma! Dentro
Caja y clarín
Todos
¿Qué nuevo escándalo, cielos,
es el que los vientos rasga?
Epimeteo
Este, en baldón de Minerva,
es el enojo de Palas
contra mí.
Todos
Y aun contra todos.
Minerva
No temáis sus amenazas,
pues cuando diga el terror
de sus trompas y sus cajas...
Voces
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Minerva
...dirán otras consonancias...
Música
Que quien da las ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Minerva
Si ya no es que el ver mezclados
horrores y voces blandas
jeroglífico es que diga
que, pacífica, esta llama
será halago, será alivio,
será gozo, será gracia
y, colérica, será
incendio, ira, estrago y rabia;
y así, temed y adorad
al fuego cuando le esparza,
o afable o sañudo, a toda
la naturaleza humana
la estatua de Prometeo.
Vase.
Uno
¡Oye!
Otro
¡Espera!
Otro
¡Escucha!
Otro
¡Aguarda!
Epimeteo
Por veloz que corra yo,
fuerza es ir tras mi esperanza.
Vase.
Prometeo
Yo tras mi admiración.
[Vase.]
Merlín
Yo
tras saber si algo me manda
doña Estatua mi señora.
[Vase.]
Timantes
Hasta ver adónde para,
seguidla todos.
Libia
Y sea
en hacimiento de gracias,
dando a su nueva deidad,
con dones, bailes y danzas,
la bienvenida.
Timantes
Bien dices,
aunque en parte me acobarda
el oír a un tiempo a una
de dos deidades contrarias...
Él y Música
Que quien da las ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
Timantes
...y a otra, ...
Otros
Cajas
¡Arma, arma, guerra!
Timantes
...conque recelo que nazca
la estatua de Prometeo
para escándalo del Asia.
Libia
En tanto que él no suceda,
mejor es decir con ambas...
Con Todos y Música
...que quien da las ciencias, da
voz al barro y luz al alma.
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Vanse y salen Palas por una parte, y por otra la Discordia cantando recitativo o en tramoyas, como mejor parezca.
Discordia
Entre dulces voces blandas,
¿qué militares estruendos,
concebidos de los montes
y abatidos de los ecos,
tocan al arma sin mí?
¿De cuándo acá pudo, cielos,
haber guerra sin Discordia?
Palas
Nunca, y así, previniendo
que habías de ser primera
centella de mis incendios,
dejé mi sagrado solio
para salirte al encuentro.
Discordia
Pues ¿qué te obliga hoy a tanto
bélico marcial apresto?
Palas
Minerva y yo...
Discordia
Ya lo sé,
partisteis valor y ingenio.
Palas
Ella en Prometeo...
Discordia
Inspiró
ciencias.
Palas
Yo en Epimeteo,
alto espíritu...
Discordia
De ambos
sé el estudio y sé el esfuerzo.
Palas
Prometeo a su deidad...
Discordia
Labró una estatua, a quien luego,
dando el uno el simulacro,
el otro la ofreció templo.
Palas
Agradecida Minerva...
Discordia
Elevó su alumno al cielo.
Palas
Y embozado en pardas nubes...
Discordia
Le ocultó, para que un bello
rayo al sol le hurtase.
Palas
Este,
al calor del sacro fuego...
Discordia
Influyó en la bruta forma
alma, ser, vida y aliento.
Palas
Había a Epimeteo mandado...
Discordia
Romperla, y Epimeteo,
al verla vivir, no pudo
ejecutar el precepto.
Hasta aquí sé de esos raros
prodigios.
Palas
Gracias al cielo
que llegué a lo que no sabes,
conque me oirás con silencio.
Epimeteo, no sé
si la buscó con intento
de cumplir con mi obediencia
u de cumplir con su afecto;
dejemos aquí esta duda,
y vamos a que los pueblos
de esos rústicos villajes,
de esos bárbaros desiertos,
admirados de los dos
tan nunca vistos sucesos
como que entre leño y barro
viva el barro y arda el leño,
en loor de Minerva no hay
quien con dones y festejos
no la celebre, inventando
bailes, músicas y juegos,
aclamándola con nombre
de Pandora, que en el griego
vulgar frase significa
la providencia del tiempo;
conque desairada yo
de que haya Prometeo
conseguido a su auxiliar
deidad tan común obsequio,
por derramar sus solaces,
al arma les toqué, pero
como la guerra no consta
de solos los instrumentos,
mientras no hay en los humanos
desavenencias, supuesto
que el ruido en trompas y cajas
no es más que alhaja del viento,
viendo cuánto necesito
de corazones opuestos,
valerme de ti, Discordia,
para mi venganza intento.
Y así, pues tú sediciosa
deidad eres, siembra en ellos
ojerizas, disensiones,
odios y aborrecimientos.
Débate yo lo que tú
me deberás a mí, viendo
que de tus cizañas nacen
mis victorias, pues poniendo
el fuego Minerva y yo
la sangre, verás cuán presto
no sólo el Cáucaso, el orbe,
agoniza a sangre y fuego.
Esto por mí...
Discordia
No prosigas,
que se desdeña el respeto
de que se valga el mandato
de la sumisión del ruego.
Introducida en su tosco
traje, mezclada con esos
villanos y desmentido
mi acento entre sus acentos,
mi don la ofreceré en una
urna que contenga dentro
los hados de la discordia;
conque en abriéndola, es cierto
que, rota la cárcel, salgan
infestando el aire envueltos
en venenosos vapores;
mayormente contra esos
dos rivales como más
nobles caudillos del pueblo,
que le alteren, pues su nueva
deidad, a uno aborreciendo
y favoreciendo a otro,
es fuerza que entren los celos,
última sedición mía,
tocando al arma, si llego
por ti a turbar los mortales.
Palas
Yo haré que en ese intermedio
cuente sus rayos Apolo
y, echando el hurtado menos,
su luz les niegue eclipsado,
por que asaltados a un tiempo
digan al son de mis trompas
sus relámpagos y truenos...
Dentro música y gritos.
Música
Al festejo, al festejo, zagales,
zagalas, venid, venid al festejo.
Discordia
¿Es este su aplauso?
Palas
Sí.
Pero ya de él no me ofendo,
si atiendo a cuán poco dura
la brevedad del contento;
y más cuando vas, Discordia,
tú a turbarle.
Discordia
Así lo ofrezco.
Palas
¡Pues al arma!, ...
Discordia
¡Pues al arma!, ...
Palas
...que yo aguardo...
Discordia
...que yo espero...
Las Dos
...giman mañana llorando
por más que hoy canten riendo...
Con la Música [dentro].
Al festejo, al festejo, zagales,
zagalas, venid, venid al festejo
que a la nueva deidad destos montes
la ofrecen, en fe de ser hija del fuego,
la tierra con flores, el agua con perlas,
el aire con plumas, con salvas el eco.

Tercera Jornada

Mutación de selva y saldrá de debajo un peñasco como pira para poner los sacrificios, de forma que un hombre pueda dar fuego a lo que se pusiere en él, y salen cantando y bailando, lo mismo con que se acabó la segunda jornada, todos los pastores y zagalas, y en medio Minerva y Timantes viejo, Prometeo y Epimeteo con todos.
Música
Al festejo, al festejo, zagales,
zagalas, venid, venid al festejo,
que a la nueva deidad destos montes
la ofrecen, en fe de ser hija del fuego,
la tierra con flores, el agua con perlas,
el aire con plumas, con salvas el eco.
Libia
Pues te tocó a ti la suerte
de haber de hablar el primero,
llega.
Merlín
Devina Pandorga...
Libia
Pandora has de decir, necio.
Merlín
¿Cómo?
Libia
Pandora.
Merlín
Está bien.
Aparta y cómo lo enmiendo
verás: Devina...
Libia
...Pandora. Note: [La hipermetría del testimº se corrige omitiendo lo verde]
Merlín
Pandorga...
Libia
Gentil enmienda, por cierto.
Merlín
Si otros han de enquivocarse,
tan estraño nombre oyendo,
quizá es artimaña que
me enquivoque yo primero,
para que del sonsonete
no tengan que trovar ellos.
Y así, devina Pandora
- si de tres la una lo acierto -,
sepa su merced que todo
el Cacaoso muy contento
de estar tan favorecido
y tan sobido de precio
con su hermosura y su luz,
viene el que a sus patas puesto
le bendiga en su olor, una
y mil veces repitiendo:
Al festejo, al festejo, zagales,
Cuatro cornetas, con la Música.
Música
zagalas, venid, venid al festejo,
que a la nueva deidad destos montes
la ofrecen, en fe de ser hija del fuego,
la tierra con flores, el agua con perlas,
el aire con plumas, con salvas el eco.
Con esta repetición sale de villana la Discordia y se mezcla con ellos.
Timantes
Ya que aquí no hay otra pira
en que te sacrifiquemos
nuestros dones, sea este risco
trono tuyo y altar nuestro.
Libia
Canta
En esta guirnalda bella, Canta
para que en tu frente hermosa
la menos fragrante rosa
sea más brillante estrella,
te sirve, cifrando en ella
sus matizados primores
Música a 4 voces
la tierra con flores.
VILLANA 1ª
En este nácar, la orilla
del mar, cuajando al aurora,
de las lágrimas que llora,
los netos hilos que brilla,
te ofrece una gargantilla,
si llega en tu cuello a verlas,
Con la Música a 4 voces
el agua con perlas.
VILLANA 2ª
Si aplaudió tus hechos graves
allí el aurora, aquí el alba,
haciendo a tu vista salva
la música de las aves,
y así te sirve en suaves
auras que gozar presumas
Con la Música a 4 voces
el aire con plumas.
VILLANA 3ª
Todo a tu hermosa deidad
se rinde y se sacrifica,
pues hasta el monte publica
méritos de tu beldad;
del clarín la suavidad
hable, en quien resuena hueco
Con la Música a 4 voces
con salvas el eco.
Todos
Todos que te sirvan les agradecemos:
Con la Música a 4 voces
La tierra con flores, el agua con perlas,
el aire con plumas, con salvas el eco.
Cuatro cruzados en alas.
Discordia
Yo también, que de la sierra
con mi don he descendido,
esta urna te he traído
en que verás que se encierra
más que en eco, aire, agua y tierra
dan en sus ofrecimientos
la tierra con flores, el agua con perlas,
el aire con plumas, con salvas el eco.
Todos
Al festejo, al festejo, zagales...
Minerva
Representa
Tened, suspended, parad el festejo,
que más dilaciones no
sufre mi agradecimiento.
Dadme lugar en que yo,
reconocida al obsequio
y del obsequio quejosa,
intente mezclar a un tiempo
de la lisonja y la ofensa
las gracias y el sentimiento.
¿Quién soy yo, para que hagáis
tantos festivos extremos
en mi alabanza? ¿Soy más
que un advenedizo objeto
que a los golfos de la vida
tomó en vuestros montes puerto?
Entre vosotros, humilde,
sólo a hacer número vengo,
no excepción, y así...
Timantes
No más,
que todos reconocemos
la felicidad que en ti
nos participan los cielos,
pues de Minerva y Apolo,
dando ella el retrato al cuerpo
y él la luz al alma, eres
tan elevado concepto
que, ya que no diosa, te hace
semidiosa por lo menos.
Epimeteo
Dígalo yo, pues aun antes
de cobrar vida y aliento,
inanimada hermosura,
te adoré y ofrecí templo;
y después, quizá a pesar
de algún soberano ceño,
librarte intenté de otro
no menos costoso riesgo
que el de no llegar a ser
vivo animado portento.
Esto he dicho por que sepas
lo que me debes, a efecto,
si lo que me debes sabes,
de saber lo que te debo.
Minerva
¿Cómo tú, tan retirado
no me alegas, Prometeo,
lo que a ti te debo?
Prometeo
Como
quien da en rostro lo que ha hecho
en servicio de una dama
desluce el merecimiento.
Epimeteo
No es dar en rostro acordar.
Prometeo
No, mas es hacer acuerdo.
Epimeteo
El silencio en las finezas
fineza es aparte, pero
serlo para no sabidas
¿de qué les servirá el serlo?
Prometeo
De complacerse en sí mismo
quien las hiciere, supuesto
que, aunque a la dama las calle,
a él se las dirá el silencio.
Epimeteo
Esa es modestia que hoy es,
en las malicias del tiempo,
virtud desaprovechada.
Prometeo
Es otra japtancia, al mesmo
paso vicio interesado,
supuesto que aspira al premio.
Epimeteo
Sin esperanza, ninguno
sirviera.
Prometeo
Servir es necio,
porque ¿qué más esperanza
el día que servir merezco?
Epimeteo
Eso es bueno para dicho.
Prometeo
Eso es malo para hecho.
Epimeteo
Quien piense...
Prometeo
Quien imagine...
Minerva
No más, que no es bien que a duelo
pase de la voluntad
la lid del entendimiento.
Epimeteo
Como yo no sé argüir,
sino lidiar...
Minerva
¡Qué soberbio!
Prometeo
Yo, ni argüir ni lidiar
sé, mas sé sentir.
Minerva
¡Qué cuerdo!
Pues yo, por que mude asunto,
pasando de uno a otro extremo
la cuestión, dejo la queja
y a lo que es lisonja vuelvo.
Tan agradecida estoy
al no merecido obsequio,
como antes dije que, en fe
de mostrar que le agradezco,
he de repartir con todos
los dones que incluye dentro
de sí esta dorada urna,
que serán preciosos, puesto
que encierra cuanto obstentaron
aire, agua, tierra y eco;
y así, en el nombre de todos,
para irlos repartiendo,
la abro, mas ¡ay, infeliz!
Abre la caja y sale humo y todos se barajan como ciegos.
Todos
¿Qué es esto, dioses? ¿Qué es esto?
Discordia
Si tenéis el fuego hurtado,
¿qué admiráis el humo, siendo
tan natural consecuencia
que haya humo donde hay fuego?
Epimeteo
¡En ti, mágica villana,
vengaré el pavor!
Prometeo
¡Primero
le castigaré yo!
Unos
¡Muera
a tus manos, Prometeo!
Otros
¡Muera, Epimeteo, a tus manos!
Discordia
En vano procuráis, ciegos,
que ellos os venguen de mí,
cuando he de vengar yo en ellos
de Apolo...
Prometeo
¿Qué es lo que escucho?
Discordia
...y Palas...
Epimeteo
¿Qué es lo que veo?
Discordia
...el sacrilegio del hurto
y del culto el sacrilegio,
con tan discordantes hados
como que tú, Epimeteo,
amarás aborrecido;
tú, al contrario, Prometeo,
aborrecerás amado,
y todos en bandos puestos
arderéis en duras lides.
Canta
Y pues ya en discordia dejo
puesto el monte, mientras yo
con segundo disfraz vuelvo
a turbarlo, acude Palas
a los enojos de Febo;
que a mí no me toca más
que haber sido humo y ser viento.
Desaparece.
Unos
¡Qué asombro!
Otros
¡Qué confusión!
Los Dos
Ahora nos dice tu acento
ser deidad de la discordia.
Truenos
Minerva
Y aún no para aquí que, envuelto
el sol entre pardas nubes
de negros obscuros velos,
deja al día sin el día.
Prometeo
Qué mucho, si son efectos
de Apolo airado en mi robo
que ellas, rasgando sus senos,
se quejen en culebrinas
de relámpagos, siguiendo.
Terremoto
el aborto de los rayos,
el gemido de los truenos.
Obscurécese.
Timantes
Anticipada la noche,
tocando arma al universo,
desarrugadas desdobla
tupidas sombras sin tiempo.
Epimeteo
Qué mucho, si es la ojeriza
de Palas, a quien yo temo.
Todos
El humo de la discordia
a todos ciega.
Merlín
No es bueno.
Libia
¿Qué?
Merlín
Que con ser griegos todos,
parece que somos griegos.
Libia
¿A quién del rigor con que
amenazados nos vemos
acudiremos?
Timantes
A solo
el llanto, el gemido, el ruego;
y así, con himnos y voces,
clamad conmigo, diciendo:
¡Favor, dioses soberanos!
Todos y Música
¡Favor, dioses soberanos!
Timantes
¡Piedad, soberanos cielos!
Todos y Música
¡Piedad, soberanos cielos!
Con el terremoto, música y voces se van por distintas partes, y quedan Prometeo, Epimeteo y Minerva.
Epimeteo
A sacrificar a Palas
tras estos, por si es que puedo
desenojarla, iré.
Prometeo
Yo,
siguiendo a estotros, intento
sacrificar a Minerva,
pues a ella el rigor que temo
de Apolo toca.
Epimeteo
Conmigo
ven para que vean sus ceños
que, si en ti tuve la culpa,
en ti la disculpa tengo.
Minerva
¿Yo contigo? Antes, desde ese
elevado risco excelso
me precipitara al mar,
y más cuando en seguimiento
a los cultos de Minerva
puedo ir tras Prometeo.
Prometeo
Eso sí, mas no, no vengas
tras mí, infausto asombro bello,
que al mirarte como causa
de las ansias que padezco
te he cobrado tal horror,
tal sobresalto, tal miedo,
tal susto, tal pavor, tal
no sé si aborrecimiento,
que sin atreverme a verte
me atrevo a dejarte; cielos,
¿cómo, cuando me acobardo,
oso a decir que me atrevo?
Vase.
Epimeteo
Ve tras él, aborrecida,
no tras mí, amada.
Minerva
Eso intento,
porque tengo por menor
dolor, menor sentimiento,
aborrecida y amada,
seguir, entre ambos extremos,
al que amo aborrecida
que no al que amada aborrezco.
Vase.
Epimeteo
Al que amo aborrecida,
que no al que amada aborrezco.
Todos y Música
A lo lejos
¡Favor, dioses soberanos!
¡Piedad, soberanos cielos!
Epimeteo
Por mí pudieran decirlo
aun mejor que por sí mesmos,
pues no sé qué especie de ira,
qué género de veneno,
qué linaje de rencor
ha introducido en mi pecho,
no tanto el que a mí me deje,
cuanto el que vaya siguiendo
a otro, que de su desaire
me vengaré en él primero
que en ella; ¿quién introdujo
tan injusta ley al duelo,
tan bárbara al pundonor,
como ser en un desprecio
la dama de quien me agravio
y el galán de quien me vengo?
Pero ya que introducida
la hallo, yo buscaré medio
que me vengue della en él;
bien que para tanto efecto
aplacar antes a Palas
me importa, y así pretendo,
con los que mi bando sigan,
para mejor atraerlos
después a su sacrificio,
repetir ahora con ellos...
El Y Todos
¡Favor, dioses soberanos!
¡Piedad, soberanos cielos!
Vase.
Teatro de cielos y en él salen o en nubes o por el tablado Apolo y Palas cantando recitativo.
Apolo
¿Qué piedad ni qué favor
conseguir, Palas, pretende
quien me ofende
en el usurpado honor
de mi esplendor?
Y pues en mi indignación
todos son
cómplices del robo el día
que a nueva deidad con nueva alegría,
sabiendo que es hurto, le admiten por don,
perezcan todos y vea
Minerva que te he debido
haber sabido
que ella en mi agravio se emplea,
por que crea
que ajadas en ti mis pompas
es bien rompas
altas esferas y bajas,
gimiendo mis nubes al son de tus cajas,
bramando mis truenos al son de tus trompas.
A este fin, a su horizonte
di la primera alborada,
cuando fiada
la rienda a Flegón y a Etonte
vengo al monte
en busca tuya secreto,
a cuyo efecto
visto militares galas.
¿Qué mucho que sea soldado hoy por Palas,
si ayer por Climene pastor fui de Admeto?
Palas
Tan ofendida me vi
de que Minerva en tu esfera
introdujera
tal traición, que antes que a ti
cuenta di
a la Discordia, por quien
todos se ven
ya en sus ritos encontrados;
mas ¿cuándo, sañudos y adversos sus hados,
corriendo hacia el mal, pararon al bien?
Apolo
Pues si eco y aire, agua y tierra
la tributaron sus dones,
y dispones
tú en su discordia la guerra,
valle y sierra
verán arder su confín,
siendo, a fin
de la lid que tu horror fragua,
la caja la tierra, el pífano el agua,
el aire la trompa y el eco el clarín.
Palas
Pues sea a fin
de la lid que tu horror fragua...
A Dúo
O ...la caja la tierra, el pífano el agua,
el aire la trompa y el eco el clarín.
Sale Minerva cantado.
Minerva
No sea a fin.
El Dúo
Sí sea a fin.
Minerva
No sea a fin
de la lid que su horror fragua,
ni caja la tierra, ni pífano el agua,
ni el aire la trompa ni el eco el clarín.
Que no es justicia, Apolo,
que enciendas tú la lid,
cuando que agradecer
tienes más que sentir.
Apolo
¿Qué agradecer, tirana,
viendo robar por ti
para tu estatua un rayo
de mi luciente ofir?
Minerva
Si en solo un rayo tuyo
–y aun ese tan sutil
que no le echaste menos
hasta írtelo a decir
esa traidora hermana–
a los mortales di,
en común beneficio
la dicha más feliz,
no haciendo falta allá
y aprovechando aquí,
¿qué te enoja, pues queda
siempre tuyo el lucir?
Apolo
Dices bien, que la lumbre
material desmentir
la elemental no puede
que procedió de mí.
Palas
No dice bien, que tú
supieras esparcir,
cuando tu providencia
quisiera repartir
su luz con los mortales,
no un rayo, sino mil;
conque ellos te debieran
el beneficio a ti.
Pero a despecho tuyo,
¿no es traición conseguir,
a costa de tu luz,
las gracias para sí?
Apolo
Tú dices bien también,
y pues llegó a impedir
mi liberalidad
su cauteloso ardid,
no dejando qué hacer
a mi deidad, sentir
debo que el lucir mío
intente deslucir.
Minerva
No debes, que el bien no
comunicado oí
que no es perfecto bien;
y siendo, Apolo, así,
que aquella perfección
que le faltó añadí,
a mí me debe el ser
perfecto bien por mí.
Apolo
Tienes razón.
Palas
No tiene,
que, cuando fuese así,
hurtar para hacer bien
no es virtud, vicio sí.
Apolo
Así es.
Minerva
No es así cuando
resulta en tan gentil,
noble, glorioso empleo;
que, si suelen decir
que el sol y el hombre dan
la vida, y hoy por mí
claro lo ven, ¿qué sientes?
Apolo
También eso es así,
que yo a esa noble acción
quien la dio el alma fui.
Palas
No des nombre de noble
acción a la más ruin,
que lo vil del hurtar
siempre se queda vil.
Minerva
Y introducir discordias
traidoramente, di,
¿es por ventura, Palas,
acción menos civil?
Palas
Yo su honor...
Minerva
Yo su aplauso...
Apolo
¡Tened, parad, oíd!,
que ambas sois mis hermanas
y, aunque pude venir
ofendido del robo,
no sé, llegado a oír,
a cuál debo dejar
ni a cuál debo asistir;
y así a vuestro albedrío
obrad, que desde aquí,
neutral soy de las dos.
Palas
Eso me basta a mí,
que, si en otro disfraz
consigue dividir
en bandos la Discordia
ese pueblo infeliz,
mejor partido tengo
en lidiar que argüir.
Minerva
Yo también, que las letras
con las armas medir
saben su imperio.
Palas
¡Pues
a la lid!
Minerva
¡A la lid!
Apolo
Ya que impedir no puedo
el duelo, proseguid;
que yo, siendo y no siendo
ni auxiliar ni adalid,
solo diré que sean
y no sean a un fin...
Los Tres
...la tierra la caja, el pífano el agua,
el aire la trompa, el eco el clarín.
Súbese Apolo y las dos se entran, mudando el teatro de selva florida, y a las voces de Epimeteo vuelven a salir.
Epimeteo
Dentro
Venid, todos, venid
conmigo al sacrificio
de Palas.
Palas
Representa
Pues aquí
Epimeteo me aclama,
¿qué espero para ir
a asistirle, no ya
de él dudosa?
Vase.
Prometeo
Dentro
Acudid
de Minerva al obsequio
todos conmigo.
Minerva
Representa
Allí
me aclama Prometeo;
pues para irle a asistir
¿qué aguardo?
Unos
Dentro caja
¡Viva Palas!
Otros
Dentro
¡Minerva viva!
Minerva
Representa
En fin,
con otro incauto traje
y otro traidor ardid,
consigue la Discordia
alentar su motín,
a cuya voz suspensa
quedo, al oírla decir...
Discordia
Representa dentro
Si el enojo de Apolo
es por ver aplaudir
el robo de su fuego,
¿cómo el bando seguís
de Minerva, que fue
quien dio el traidor ardid
al ladrón Prometeo?
Y ya que os dividís
en bandos, ¡viva Palas,
que es diosa de la lid!
Todos
Dentro
Dices bien, ¡Palas viva!
Vanse.
Sale Prometeo.
Prometeo
¿Adónde, ¡ay, infeliz!,
hallar podré consuelo?...
Encuentra con Minerva
Mas, si estabas tú aquí,
prodigio infausto y bello,
diga una vez y mil:
¿qué mucho que los montes
se caigan sobre mí?
Oh, nunca aquella sombra
que fantástica vi
despertara la idea
para copiar en ti
de Minerva el retrato.
Nunca para pulir
tu rostro liquidara
su candor al jazmín,
su púrpura a la rosa,
y uno y otro matiz
para vestirte hubiera
desnudado al abril.
Nunca, ¡ay de mí!, Minerva,
obligada de mí,
mi persona elevara
al orbe de zafir,
adonde transparente
su diáfano viril
me franqueó los inmensos
tesoros de su ofir.
Nunca en nubes de gualda
listadas de carmín,
liberal ella en dar,
avaro yo en pedir,
me alentara a que hurtase,
cuando ya del cenit
traspuesto iba su carro
en busca del nadir,
aquel luciente, bello,
encendido rubí
que ofrecido en tu mano
te animó; nunca, en fin,
feliz me hubiera visto
para verme infeliz.
Pues Apolo, enojado
del robo, contra ti
y contra mí amenaza
no solo a este confín,
mas del Cáucaso a todo
el bárbaro país.
Dígalo el que queriendo
a Minerva rendir
sacrificios, no hubo
quien quisiese seguir
en ceño tuyo el bando
mío, con que me vi
obligado a volver
la espalda para ir
a nunca ver el sol
–huyendo ahora de ti
si antes de ellos– a aquel
del monte seno vil
que fue mi albergue, donde
su más hondo sibil
sea mi tumba, siendo
mi pira su cerviz.
Vase a ir y canta ella, y se detiene.
Minerva
Cantado
¡Oye, aguarda, escucha, espera!
Sabrás que no hay que sentir
ya los enojos de Apolo.
Prometeo
¿Qué voz es esta que oí?
Minerva
Canta
La voz de quien te escuchó
hablar conmigo sin mí.
Prometeo
Sin ti y contigo, otra vez
hablando a tu estatua di
adoración y, pues hoy
al contrario repetir
el trance se ve, a tus pies
humilde llego a pedir
perdón del despecho que
desconfiado de ti
y de Apolo amenazado...
Mas no puedo proseguir,
que a esta parte Epimeteo
viene.
Minerva
Canta
Pues no me halle aquí
y me conozca en la voz,
que no la podré fingir
como la Discordia, a quien,
bastarda deidad, en fin
hija de Plutón, le es dado
el cautelar y el mentir.
Prometeo
Pues escóndete detrás
de ese enredado jazmín
para que sin que te vea
él te puedas encubrir
haciéndote espaldas yo,
que viéndome solo ir
por otra parte, ¿quién duda
que ponga el reparo en mí
y a ti no te vea, teniendo
objeto en que divertir
la vista?
Minerva
Canta
Dices bien.
Prometeo
Pues
retírate, y no de aquí
faltes para que, en pasando,
volver pueda a proseguir
disculpas de aquel despecho
y también, Minerva, a oír
porqué el enojo de Apolo
no tengo ya que sentir.
Minerva
Canta
Vuelve, pues, que aquí te aguardo.
Escóndese y salen Epimeteo y Merlín.
Prometeo
Por delante de él he de ir,
ocasionándole a verme.
[Vase.]
Epimeteo
¿Tú la viste?
Merlín
Yo la vi,
hablando con él.
Epimeteo
Pues ¿cómo
él solo se va, y aquí
ella no está?
Merlín
¿Qué sé yo?
Epimeteo
¡Calla, que mientes, Merlín!,
que ni él hablara con ella,
pues aborrecerla oí,
ni ella desapareciera
tan presto.
Merlín
Digo que sí
y que resí cien mil veces,
por señas de que hacia allí
echó y, si quieres más señas,
mejor las podrán decir
las rehendijas de aquel
verde cancel.
Epimeteo
Es así.
Minerva
Representa
Forzoso, si él me descubre,
será, sin hablar, oír
y, a más no poder, forzoso
desaparecer de aquí.
Estos versos los dirá detrás de la estatua, que estará puesta en su lugar, y en diciéndolos se pasará a la otra parte del teatro.
Epimeteo
¿Por qué tu divina aurora
tanto su luz desvanece,
que alumbra al que la aborrece
y se esconde al que la adora?
Y, si en las flores que dora
la rosa en cualquier jardín
es la reina, ¿por qué, a fin
de tenerla sospechosa,
quieres que en éste la rosa
esté a sombra del jazmín?
Si de aborrecido ha sido
darme la Discordia el hado,
mira cómo amara amado
quien adora aborrecido.
Y pues que ya no te pido
que hagas de mi amor aprecio,
haz desprecio de mi amor,
que no quiero más favor
que el mérito del desprecio.
Mira cuál debe de estar
quien desea merecer
el día que es su placer
solicitar su pesar;
mas, ¿qué tendrá que mirar
quien ve en sí mi ansia cruel,
aborrecida de infiel
amante? Mas fía de mí,
pues él me venga de ti,
que yo he de vengarte de él.
¿Qué es esto?, ¿aun para decirme
que te canso, no merezco
oír tu voz?; ¿de cuándo acá
añade daño el silencio?
Habla, dime que te canso,
que te aflijo, que te ofendo,
que yo me iré consolado
con saber que te obedezco.
¿Qué es esto, Merlín?, ¿has visto
tan callado, tan severo
semblante jamás?
Merlín
No sabes
lo que al verla muda pienso:
que debemos de tener
algún natural secreto
- como los saludadores
que hasta un caso ignoran serlo -
de hacer hablar y callar
estatuas; y si no es esto,
es que a una dama un galán
robó, púsola un pañuelo
en la boca; ella muy alto
preguntó: «¿Para qué efecto?».
«De que no des voces», dijo,
y ella prosiguió muy quedo:
«¿Qué voces tengo de dar,
si estoy ronca?». Aplica el cuento.
A robarla ibas, habló,
conque el dejarla sintiendo
del desdén de no robada,
quiere ahora enmendar el yerro
callando, como quien dice:
«Si el dejarme, majadero,
entonces fue porque hablé,
róbame ahora que enmudezco».
Epimeteo
Aunque es desatino tuyo,
yo estoy tal que a hacer me atrevo
caso de él; llega conmigo,
llega, que atreverme tengo
a lograr hoy lo que entonces...
Sale por la otra parte Minerva, representado que ahora hace la estatua.
Minerva
En tu busca, Epimeteo, ...
Epimeteo
Cielos, ¿qué miro y qué admiro?
¡Aquí una, allí otra!
Minerva
...vengo
a desahogar ofendida
el volcán que arde en mi pecho.
Epimeteo
¿Qué es esto?
Merlín
Despacho de Indias
que tray duplicado el pliego.
Minerva
¿Cómo es posible, tirano,
aleve, falso, soberbio,
cruel, sedicioso, injusto
y, en fin, dado a fieras, fiero,
¿cómo es posible?...
Epimeteo
Suspende
la voz, que absorto y suspenso
lo que oigo y no oigo me agravia
pues, cuando estaba pidiendo
a otra tus desprecios y iras,
vienes tú a doblarlos, puesto
que siento los que ella calla
y los que tú dices siento.
Minerva
¿Otra yo?
Epimeteo
Otra tú.
Minerva
Pues ¿cómo
Desaparece la estatua.
es posible?
Epimeteo
Llega a verlo,
y verás como es posible.
Minerva
¿Dónde está?
Epimeteo
Díselo al viento.
Merlín
Oh, para representanta
qué buena era, pues es cierto
no errara el papel y fuera
en las tramoyas sin miedo.
Minerva
¿Qué es della?
Epimeteo
No sé, no sé.
Minerva
¿Qué ilusión, qué devaneo
te turba?
Epimeteo
No sé.
Minerva
Pues yo
que sé mi pena, a ella vuelvo.
¿Cómo es posible -otra vez
lo diga- que injusto, fiero,
tirano y aleve, des
calor a que en bandos puesto
el pueblo, por superior
el tuyo haya a Prometeo
de sí ausentado? Y...
Epimeteo
Detén
segunda vez el aliento,
que, si pedí a la otra tú
–ya fuese verdad, ya sueño–
me diese desprecios, no
la pedí me diese celos;
y pues sin celos serían
gala de amor los desprecios
y con ellos son agravios,
ya que a tu amante echas menos,
encendiendo nuevas sañas,
has de ver cómo me vengo
en él de ti y en ti de él.
Y que a nunca ver..., mas esto,
mejor que yo te lo diga,
será te lo diga el tiempo.
Vase.
Merlín
Tiene razón que le sobra
de huir de ti, que es mal hecho,
ya que otras son de dos caras,
ser tú mujer de dos cuerpos.
Minerva
¿Qué culpa tengo que haga
amor en su pensamiento
caso la imaginación?
Merlín
Y yo que su amor no tengo,
pues solo soy de su amor
curador alitem, puesto
que siempre me toca andar
a la vista de sus pleitos,
¿cómo la vi a ella por ella?
Minerva
Mientes, villano.
Merlín
No miento
el día que estoy viendo cosas
que son cosas que estoy viendo.
Vase.
Minerva
¿Qué es esto, dioses?, ¿quién vio
dos tan contrarios extremos
como dejarme el que amo
y seguirme el que aborrezco?
¿Dónde Prometeo se habrá
retirado?; ¿quién saberlo
pudiera para ir?
Sale Prometeo.
Prometeo
Apenas
vi volver a Epimeteo
hacia el monte, cuando en busca
tuya no en las alas vengo
del deseo, que hoy en mí
son alas de dos deseos.
Minerva
(¡Albricias, alma, que no
se ha ido y afable le veo!).
Prometeo
Uno es pedirte perdón
de aquel pasado despecho
con que te hablé.
Minerva
(¡Qué ventura!).
Prometeo
Confieso que estuve ciego,
mas por disculpa me valga...
Minerva
(¡Qué dicha!).
Prometeo
...que un sentimiento
no es fácil de reducir
a las cárceles del pecho
sin que se asome tal vez
a los labios.
Minerva
(¡Qué contento!).
Prometeo
Otro es saber cómo Apolo
ha serenado los ceños
de sus nubes. Logre pues
de ambos, a tus plantas puesto,
de aquel el perdón y de este
la noticia.
Minerva
Alza del suelo,
llega a mis brazos.
Prometeo
¿Qué escucho?
Mal haya quien puso a objetos
parecidos la distancia
en la voz, que al fin es viento.
Minerva
Llega, pues, llega a mis brazos,
que es bien que te pague en ellos
las albricias...
Prometeo
¡Qué pesar!
Minerva
...de mirarte...
Prometeo
¡Qué tormento!
Minerva
...arrepentido de haberme
hablado con el despego
que me hablaste cuando...
Prometeo
Aparta,
no a mí te acerques, que temo
que inficione el corazón
a que se borre al veneno
de tu voz, que te me acuerda
causa de mi mal.
Minerva
¿Qué es esto?,
¿tan presto tan otro?, ¿es
este el arrepentimiento
con que el perdón me pedías?
Prometeo
¿De qué te admiras?, ¿es nuevo
el que venga presto el mal?
Minerva
No, ni que el bien huya presto.
¿Qué miras?, ¿qué buscas?
Prometeo
No
lo sé, no lo sé.
Minerva
Lo mesmo,
y con ese mismo espanto,
me respondió Epimeteo,
buscando no sé qué sombra
que le desvaneció el viento.
Prometeo
(Sin duda la vio y ella
se fue de su vista huyendo).
Minerva
¿A dónde vas?
Prometeo
A no verte.
Minerva
¿No dijiste no ha un momento
que a verme venías?
Prometeo
Sí dije,
mas también dije que a efecto
de pedir un perdón que
no pido, y añadí luego
que a saber el desenojo
de Apolo; y pues dos deseos
me trujeron, y ya al uno
yo respondida te tengo,
respóndeme al otro tú:
¿qué desenojo es?
Minerva
Mal puedo
decir yo lo que no sé.
Prometeo
Ahí verás si te convenzo
en si te busco o no, pues,
vuelto en azar el encuentro,
te hallo como daño cuando
te busco como remedio.
Minerva
¡Oye, espera!
Prometeo
¡Aparta!
Minerva
No
has de irte sin que primero
me digas en qué te agravio.
Prometeo
¿Cómo puedo, sin saberlo
decirlo tampoco yo?
Pues, si deidad te contemplo,
te adoro; si hermosa, te amo;
si discreta, te venero;
si prodigiosa, te admiro;
y si todo, te aborrezco;
que hay otro yo que sin mí
manda en mí más que yo mesmo.
Minerva
Apuremos ese enigma:
¿no hiciste mi estatua?
Prometeo
Es cierto.
Minerva
¿No vivió al calor del rayo
que robaste?
Prometeo
No lo niego.
Minerva
Pues ¿quién, dime, aborreció
obra que empezó su ingenio,
que prosiguió su valor
y perficionó su celo
en fe de auxiliar deidad?
Prometeo
Quien vio...
Caja y clarín.
Voces
Dentro
¡Viva Epimeteo!
Otras
Dentro
¡Viva Prometeo!
Unos
[Dentro]
¡Arma!
Otros
[Dentro]
¡Guerra!
Prometeo
Por mí responda ese estruendo:
quien vio nacer un milagro
que ve en escándalo vuelto.
Los bandos que entre Minerva
y Palas se dividieron
en sus sacrificios ya
a las manos del encuentro
han venido y, si notaren
que antes de ser lid me ausento
de corrido, ya que es lid,
no han de notar que me vuelvo
–los pocos que me apellidan–
de cobarde el rostro al riesgo;
con ellos moriré.
Caja.
Minerva
Y yo
contigo porque, aunque siento
tus desprecios, no hay valor
en un generoso pecho
como del desprecio mismo
hacer yo misma desprecio.
Bosque
Vanse los dos, tocan cajas y clarines y salen por una parte Epimeteo con algunos y por otra Timantes con otros, todos de guerra.
Unos
¡Epimeteo viva!
Otros y Timantes
No
viva, sino Prometeo.
Epimeteo
¿Cómo es posible, Timantes,
que sigas el desacierto
de los que –habiendo pasado
los discordes bandos nuestros
de sacrificios a ruinas–
a Minerva aclaman, siendo
Palas deidad de la guerra?
Timantes
Como más, con Prometeo
siguiendo su razón que
tu desagradecimiento,
quiero el honor de la ruina
que el triunfo del vencimiento.
Epimeteo
¿Qué razón?
Timantes
La de haber sido
por quien, doméstico el fuego,
su abrigo le debe el día,
la noche su lucimiento.
Unos
Y el Cáucaso un bien tan sumo.
Epimeteo
¿Qué importa, si todo eso
para en que Apolo castigue
en todos su atrevimiento?
Timantes
Los meteores del aire
sin esa causa los vemos
en condensados vapores
congelarse.
Epimeteo
Ya no es tiempo,
si han de razonar las armas,
que lidien los argumentos.
¡A ellos, amigos, y no
temáis, que en auxilio vuestro
Palas, deidad de las lides,
milita!
Salen Prometeo y Minerva y se mezclan con ellos.
Prometeo Y Minerva
¡Amigos, a ellos!
Timantes
Que Minerva por nosotros
volverá.
Otros
Con tal esfuerzo
más que ellos somos, aunque
seamos en número menos.
Epimeteo y Unos
¡Pues al arma!
Los dos y otros
¡Pues al arma!
Van a embestirse y baja la Discordia rápida y canta lo siguiente.
Discordia
Canta
Tened, parad los aceros.
Música
Tened, parad los aceros.
Discordia
Que el vencimiento sin sangre
es el mejor vencimiento.
Música
Que el vencimiento sin sangre
es el mejor vencimiento.
Epimeteo
¿Quién eres, oh tú, que paras
a tu voz furor y aliento?
Prometeo
¿Quién eres, oh tú, que a todos
dejas a tu voz suspensos?
Discordia
(Esto es no aventurar
a los trances de un encuentro,
dictando Minerva ardides
contra el valor al ingenio,
la victoria a Palas). Soy
quien del alto coro excelso,
embajatriz de los dioses
os habla, y en fe de serlo
sea carta de creencia
la suavidad de mi acento.
Canta
En la ruda política vuestra
dos leyes tenéis y tan justas las dos
como que muera el que fuere homicida,
como que pene el que fuere ladrón.
Pues ¿qué más sacrílego hurto,
qué más aleve, inicuo y traidor
que el que escalando del sol el alcázar
se atreve a robarle sus rayos al sol?
Y así, Júpiter, viendo que Apolo
entre Minerva y Palas, que son
sus hermanas, no quiere neutral
tomar la venganza ni dar el perdón,
y por que el delito de uno no pase
a ruina de muchos, pronuncia en mi voz
que el agresor no más lo padezca
encarcelado en obscura prisión,
donde funesto pájaro sea
alado verdugo que, hambriento y feroz,
su corazón despedace de día,
criando la noche otro igual corazón.
Y porque a Minerva no puede llegar
el cargo de ser quien las alas le dio,
sacrificada su estatua, resuelve
que ella dé a Apolo la satisfación.
Y pues que vivió de su fuego, en su fuego
que muera es justicia, en cuya oblación
la otra ley se ejecuta, pues es
también homicida quien mata de amor.
Y así temed que, de no ejecutarse
entrambos decretos, los cómplices sois
de entrambos delitos; conque, delincuentes,
el Cáucaso todo de Jove al ardor
–Etna, Volcán, Mongivelo, Vesubio,
de más vivo incendio, de más vivo ardor–
hoguera será que lleve en pavesas
de leves cenizas el aire veloz.
¡Temed su rigor!
Música
¡Temed su rigor!
Ella y Música
Hoguera será que lleve en pavesas
de leves cenizas el aire veloz.
Vuela.
Minerva Y Prometeo
¡Oye, aguarda!
Epimeteo
En vano es
querer alcanzarla, no
tanto porque ya del aire
pasa la media región,
cuanto porque ya es forzoso
daros ambos a prisión.
Prometeo
Primero daré la vida,
no en mi defensa, sino
desta infelice hermosura,
que, aunque no me mueve amor,
de ser mujer y yo noble
me mueve la obligación.
Minerva
Y a mí, la de que a su lado
haga apacible el dolor,
ya que he de morir por fuerza,
el morir por elección.
Prometeo
Ea, Timantes, muramos
a las manos del valor,
no de la infamia.
Timantes
Ya viste,
Prometeo, que tu acción
tomé ausente; pero una
cosa es oponerme yo
a los empeños de un bando
o a los decretos de un dios.
Todos
Todos decimos lo mismo
y, siendo fuerza el temor
de Júpiter, fuerza es
que vengáis presos los dos.
Préndenlos.
Prometeo
¿Cómo, traidores?
Todos
Donde hay
obediencia no hay traición.
Prometeo
¡Ay de quien el bien que hizo
en mal convertido vio!
Minerva
¡Ay de quien nació milagro
para fallecer horror!
Epimeteo
Con unas bandas los rostros
les cubrid para que no,
al mirarlos, se conmueva
el pueblo ni oiga su voz;
demás de que también es
usada demostración
entre nosotros que dice
que ya no hay apelación
el día que se les niega
mirar las luces del sol.
Guiad, pues, al templo con ellos
de Saturno, donde hoy
la prisión y el sacrificio
Éntranse con ellos y al volver a la llamada sacan otra mujer vestida como la estatua y cubierto el rostro, y atraviesan el tablado con ella.
se disponga; pero no,
no vais al templo, volved,
volved; no la dilación
enoje a Júpiter, dando
a algún tumulto ocasión;
y así, desde luego ir
al monte será mejor,
puesto que su pavorosa
cueva ha de ser la prisión
de él, y della el sacrificio
en la desierta mansión
del mismo monte, por que
donde, si al fuego vivió,
muera al fuego, dando en propios
términos satisfación;
(al mío, diré mejor).
Al monte, pues, guiad con ellos.
Todos
¡Al monte!
Al entrarse, sale Minerva y canta.
Minerva
Tonante dios,
¿cómo permites que enmiende
a una culpa otra mayor?
¿Es menos delito que
la Discordia hurte tu voz
que el que hurte Prometeo
un pequeño rayo al sol?
¿Qué traición como falsear
tus decretos, ni qué horror
como que tenga más pena
un robo que una traición?
A tu soberano solio
llegue este justo clamor;
mas ¿para qué, si primero
llegar yo puedo?
Baja Palas rápida.
Palas
Eso no,
Canta
porque hasta que ejecutado
esté en ambos mi rencor
y veas quién a su alumno
puso en más estimación,
para que tú no lo impidas
sabré detenerte yo.
Cantado todo este paso y luchan.
Minerva
También yo sabré romper
tus lazos.
Palas
¡Qué pretensión
tan vana! ¿Con Palas, tú,
a fuerzas?
Minerva
Pues, ¿por qué no?
Palas
Porque, a par del mismo Marte,
diosa de las armas soy.
Minerva
Yo, de las letras; mortales,
ved si entre ingenio y valor,
más que la fuerza del brazo
vale la de la razón:
¡Suelta, tirana!
Vase, y sale la Discordia.
Palas
No pude,
¡ay de mí!, impedirla.
Discordia
Canta
No
aqueso te desconfíe,
por más que vuele veloz,
que antes que a Júpiter llegue
su llanto y mi acusación
habrás conseguido tú
de entrambos la destruición,
u díganlo en pavorosos
ecos de fúnebre son
ronca la trompa bastarda,
destemplado el atambor,
a cuyo compás, que sirve
al suplicio de pregón,
ella viene acompañada
del juvenil escuadrón
de las zagalas del valle
y del popular rumor
del demás pueblo, diciendo
Bosque y risco.
de unos y otros el clamor...
Sordinas y cajas destempladas y, las caras cubiertas, sacan a los dos, a una parte mujeres y a otra hombres, y salen todos los demás.
Los Dos
¡Ay de quien vio...
Música
¡Ay de quien vio...
Los Dos
...el bien convertido en mal...
Música
...el bien convertido en mal...
Los Dos
...y el mal en peor!
Música
...y el mal en peor!
Mézclase con ellos la Discordia y sale Palas.
Epimeteo
Haced aquí alto, a la vista
de la gruta que prisión
ha de ser de Prometeo
y del risco en que oblación
su viva estatua ha de ser.
(Si alguno culpa que soy
quien de su castigo toma
a cargo la ejecución,
ame aborrecido y tenga
celos, y verá qué son
celos y aborrecimiento
quien los acusa, y no yo).
Y ahora, para que sea
el merecido dolor
de ambos sobre padecer
el ver padecer mayor,
los rostros les descubrid;
logren, pues, su odio y su amor,
ella viendo lo que quiso,
viendo él lo que aborreció.
Palas
No creerás, Discordia, cuánto
gozosa al verlos estoy.
Discordia
Y yo más, cuando repiten
lamento a un tiempo y canción...
Los Dos y Música
¡Ay de quien vio
el bien convertido en mal
y el mal en peor!
Prometeo
¡Oh, nunca volviera a ver
los claros rayos del sol,
si era para ver tu pena!
Minerva
¡Oh, nunca yo el resplandor
a ver volviera del día
para mirar tu aflicción!
Prometeo
No sé, ay, infausta hermosura,
cómo ya en mi corazón
se ha de cebar boreal fiera,
si al verte sin él estoy.
Minerva
Más siento –pues en mi muerte
fin a mis desdichas doy–
lo que tú has de padecer
que lo que padezco yo.
Timantes
¡Qué lastima!
Villanas
¡Qué desdicha!
Libia
¡Qué pena!
Todos
¡Qué compasión!
Merlín
Si ha de morir como una,
¿para cuándo era ser dos?
Epimeteo
Volved, volved a cubrirles,
y vayan al ronco son,
él a la gruta, y ella
a la hoguera.
Todos y Música
¡Ay de quien vio...!
Apolo baja, en sol, cantando.
Apolo
Tened, parad, suspended el rigor;
veréis a mi voz
el mal convertido en bien
y el bien en mejor.
Epimeteo
¿Qué nueva voz será esta?
Timantes
Y di, ¿qué nuevo arrebol
es el que ilumina el día?
Todos
¿Quién causa este efecto?
Apolo
Yo,
que al ver que Minerva
al solio subió
de Júpiter, donde
pide su perdón,
y que el concederle
es precisa acción
porque nunca niega
piedades un dios,
venir he querido
a traerle yo;
débanmele a mí,
y a Júpiter no.
Y pues ya sin parte
están, no hay razón
para que en suplicio
padezcan los dos.
Y para que sea
mi triunfo mayor,
hechizos que en humo
la Discordia dio,
en rayos de luces
hará mi esplendor
que desvanecidos
huyan su arrebol,
cobrándose en cuantos
ella perturbó
razón y sentido,
sentido y razón.
Y así, mude vuestra
fúnebre canción,
el himno diciendo
todos con mi voz:
Felice quien vio...
Música
Felice quien vio...
Apolo
...el mal convertido en bien,
y el bien en mejor.
Música
...el mal convertido en bien,
y el bien en mejor.
Palas
Huyamos de aquí, Discordia.
Vase.
Discordia
¡Ay de quien por ti fingió
leyes para que ahora tema
de Júpiter el rigor!
Vase.
Epimeteo
¿Qué es lo que pasa por mí?,
¿quién mi juicio enajenó
para aborrecerte, hermano?
Prometeo
¿Quién el mío perturbó
para que yo aborreciese
a quien adorando estoy?
Minerva
Válgame a mí por disculpa
el ejemplar de los dos.
Timantes
Y a todos de haber tenido
tan violenta oposición.
Merlín
Libia, en tu aborrecimiento
solo me he quedado yo.
Libia
Y yo en el tuyo.
Merlín
Buen medio.
Libia
Di, ¿qué es?
Merlín
Casarnos los dos,
pues ya está la costa hecha,
de no tenernos amor.
Epimeteo
Ya, pues que a Apolo debemos
la paz, en su adoración
dediquemos este día.
Timantes
Y para que desta unión
en el Cáucaso no falte
memoria ni sucesión,
de Prometeo y Pandora
han de celebrarse hoy
también las bodas.
Minerva
¡Qué dicha!
Prometeo
Yo solo el dichoso soy
de entrambas felicidades.
Pues es día de perdón,
pidamos el nuestro.
Merlín
Sea,
todos diciendo a una voz, ...
Todos
...si es que lo mal que servimos
merece algún galardón, ...
Música
...felice quien vio
el mal convertido en bien,
y el bien en mejor.
CC0 1.0
Licence

Holder of rights
Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

Citation Suggestion for this Object
TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La estatua de Prometeo. La estatua de Prometeo. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbfr.0