La Banda Y La Flor
Comedia Famosa
HABLAN EN ELLA LAS PERSONAS SIGUIENTES:
- Enrique
- Ponleví
- El Duque de Florencia
- Otavio
- Fabio, viejo
- Lísida, dama
- Clori, dama
- Nise
- Celia
- Músicos
Jornada Primera
Salen Enrique y Ponleví, vestidos de camino.
Ponleví
¡Qué alegre cosa es volver,
después de una gran partida,
a ver la patria!
Enrique
En mi vida
tuve tan grande placer.
Ponleví
Ni yo tan grande pesar,
pues después de tanta ausencia
hoy a vista de Florencia
nos quedamos, sin llegar
a saber lo que hay de nuevo.
Enrique
Pues por no saberlo yo
quise detenerme.
Ponleví
No
culpo el gusto ni le apruebo,
que ello hay tanto que temer,
y es dama tan mal segura
doña Ausencia
, que es cordura
el no llegarlo a saber;
mas porque en cosas tan graves
hables conmigo, sabrás
que sé el estado en que estás.
Enrique
Pues escucha lo que sabes.
Yo miré a Lísida bella,
de Clori hermana, es verdad.
Ponleví
Ya sé que tu voluntad
vive solamente en ella.
Enrique
Pues como son dos hermanas,
fl echas de amor y desdén
que siempre juntas se ven
en paseos y ventanas,
y en el principio encubrí
por cuál de las dos hacía
finezas
ni a cuál servía
el fiero rigor vencí
de Clori. Era cosa clara
ser Clori, porque si fuera
Clori a la que yo quisiera,
Clori entonces me olvidara.
Amé a Lísida; y así
Lísida no se obligó,
que siempre el amor trocó
las suertes. Clori, ¡ay de mí!,
me favoreció
. No es
tiempo de decir
que Fabio,
su padre, sintió su agravio;
vuelvo a mi discurso, pues.
Favoreciome en efeto,
con lo cual luego cerró
el paso a mi amor, que vio
fiel sepulcro en mi secreto;
porque no pudiendo ser
con una dama grosero
que ser de Clori primero,
ni menos pudiendo hacer
con otra finezas (pues,
viendo que estaba su hermana
declarada, fuera vana
mi esperanza), de cortés
o cobarde dividido,
ciego, triste y mal premiado,
de Lísida enamorado,
de Clori favorecido,
a una miro, a otra quiero,
a una sirvo, a otra adoro,
a una sigo, a otra enamoro,
a una busco y a otra espero;
y así, partido el placer
en dos y entero el pesar,
ni a Lísida sé olvidar,
ni a Clori puedo querer.
Ponleví
Poco cuidado, por Dios,
a mí ese lance me diera.
Enrique
Pues ¿qué hicieras tú?
Ponleví
¿Qué hiciera ?
Enamorara a las dos;
y si Lísida me amara,
por Lísida me muriera;
si Clori me aborreciera,
al punto a Clori olvidara,
porque no puede tener
más mérito, fama o nombre
con una mujer un hombre
que quererle otra mujer.
Salen Lísida, Clori, Nise y Celia con mantos .
Clori
¡Qué apacible el campo está,
corte de plantas y flores!
Lísida
Con reflejos y colores
diversos objetos da
el mayo florido ya
a la vista.
Enrique
[A Ponleví.]
Aguarda, espera.
Clori
No pudo esta verde esfera
estar al amanecer
más hermosa que al caer
del sol se muestra.
Nise
¿Pues fuera
en ningún tiempo mejor
hora de gozarla?
Clori
Sí,
que siempre la aurora vi
dar ese triunfo, ese honor.
Nise
Es, prima, engaño, es error
que ella se corone, pues
la reina del campo es
la noche .
Enrique
No hagáis, señora,
ese desprecio al aurora,
que es dama, y soy muy cortés,
y no dejaré agraviar
una hermosa a quien deben
todo cuanto aliento beben
el clavel, jazmín y azar .
Su luz, deidad singular,
es breve imperio del día,
de los campos alegría,
pulimento de las flores,
estación de los amores,
de las aves armonía:
ved si es justo que ofendáis
tal perfección.
Clori
[Aparte]
(¡Ay de mí!
¿Enrique no es este? Sí.)
Lísida
[Aparte]
(Ojos, ¿qué es lo que miráis?
Enrique es; pero si estáis
imposibles, ¿para qué
me matáis? Muera mi fe
a manos de un ciego dios.)
Clori
(Habla tú porque a las dos
no nos conozcan.)
Nise
(Sí haré.)
Don Quijote de la aurora,
¿qué me importa que al albor
beba una y otra flor
las lágrimas que ella llora?
¿Qué importa el saber que dora
montes, ni el ver que derrama
perlas que la tierra ama
y después el sol enjuga,
si dama, en fin, que madruga
no debe de ser muy dama?
Enrique
Madrugar entre las bellas
selvas, llenas de colores,
cambiando tropas de flores
por ejércitos de estrellas,
no es desaire si entre ellas
busca su amante pastor ;
y el madrugar, en rigor,
gala es de fe verdadera,
pues que menos dama fuera
si durmiera con amor.
Nise
Pues madrugue enhorabuena
buscando al albor primero
sus amores, que yo quiero
con más gusto y menos pena
gozar en tarde serena
los míos, sin desvelar
mis sentidos ni envidiar
las auroras, porque en fin
se hizo para gente ruin
la fiesta del madrugar.
Ruido dentro.
Pero ¿qué es este rumor?
Celia
La carroza viene allí
del Duque.
Enrique
¿Del Duque?
Celia
Sí.
Clori
Pues tomar será mejor
la nuestra; quedaos, señor,
y perdonad.
Lísida
¿Por qué ha sido
la prisa?
Clori
Porque ha venido
siguiéndome, y no me vea,
si es que esta ocasión desea.
Enrique
Ya que yo acaso he tenido
la ocasión que él procuró,
en lo que serviros puedo
es en quitaros el miedo
que su venida os causó;
pues saliendo al paso yo,
con mi venida podré
divertirle así, porque
en tanto tomar podáis
vuestra carroza y os vais.
Clori
Ese gusto os pagaré
con esta banda que os doy
de albricias desta venida,
que es rescate de mi vida.
Dale una banda azul.
Enrique
Dichoso en serviros soy,
mas sepa a quién debo…
Clori
Hoy
no es posible.
Vanse Clori y Nise.
Lísida
[Aparte]
(¡Ahora, cielos,
se repiten mis desvelos,
mis temores, mis agravios :
poca cárcel son mis labios
para un abismo de celos.
Pero pues puedo tapada
dar celos a quien los da,
muera quien me mata ya
de necia y de confiada!)
Tanto a las dos nos agrada
hallar en vos el favor
que nos ofrecéis, señor,
que con un mismo cuidado,
si una esa banda os ha dado,
yo os quiero dar esta flor.
Dale una flor.
Enrique
Esperad.
Lísida
No me sigáis,
si ofenderme no queréis.
Vase Lísida.
Enrique
En más dudas me ponéis
cuando más claro me habláis.
Ponleví
A Celia.
Deteneos vos, no os vais.
Enrique
Mientras salgo a detener
al Duque, intenta saber
quién son .
Vase.
Ponleví
Si aquesta tapada
por una parte es criada
como por otra mujer,
haz cuenta que lo he sabido.
Celia
Pierda, galán, de eso miedo,
que, criada y mujer, puedo
dar liciones a un marido
de callado y de sufrido .
Ponleví
¡Qué civil es el conceto !;
mas puesto que San Secreto
nunca es fiesta de guardar,
empiézale a trabajar:
dime quién son, en efeto,
y toma…
Celia
¡Gran tentación!
Ponleví
… porque prosigas mi intento…
Celia
¿Qué he de tomar?
Ponleví
Toma aliento
para hacer la relación.
Celia
¡Buena alhaja!
Ponleví
Tales son
todas cuantas suelo dar.
Celia
Pues digo, si he de tomar
el aliento, que ha de ser…
Ponleví
¿Para qué?
Celia
… para correr.
Vase Celia.
Ponleví
¡Oh, criada del Paular !
Fuese huyendo como un rayo;
diré, pues me deja en calma,
tenedla, cielos, que me lleva el alma .
Mas por la fe de lacayo,
y por la vida del bayo,
que ha de hacer la relación.
El Duque y Enrique son;
voy a seguir la tapada,
que al fin secreto y criada
implican contradición.
Vase Ponleví y salen el Duque, Enrique, Otavio y gente.
Enrique
Otra vez me da a besar
tu mano.
Duque
Y otra vez seas,
Enrique, muy bienvenido.
Enrique
Quien con tanto aumento llega
de honor, señor, a tus plantas,
que son el dosel y esfera
de más luz y mejor sol,
que venga con bien es fuerza.
Sale Fabio.
Fabio
Siguiéndote aquí he venido,
que no fuera bien me fuera
sin besar tu mano.
Duque
(Dicha
ha sido que Enrique venga
a tiempo que su venida
podrá divertir tu ausencia.)
Fabio
[Aparte]
(No ha sido sino desdicha,
pues quedando él en Florencia
no estaré seguro yo
en Nápoles de sospechas.
Pero al fin Clori es mi hija,
y ella hará que todos mientan.)
Duque
¿Cómo en España te ha ido?
Enrique
Como a quien vive y se emplea
en tu servicio, señor.
Llegué a tiempo que pudiera
ser, aun no yendo a servirte,
bien empleada mi ausencia.
Duque
¿Cómo?
Enrique
Hallé, señor, a España
llena de aplausos y fiestas,
noble afecto de su amor,
de su lealtad noble muestra.
Duque
Bien ha declarado antes
el deseo que la lengua
que fue la causa de tanto
aplauso la jura excelsa
del Primero Baltasar,
Príncipe Infante, que sea
hijo del alba y el sol,
rayo de luz y belleza.
Y pues para los negocios
a que partiste no es esta
ocasión, y yo he perdido
la que me trajo a estas selvas
buscando una dama, quiero,
Enrique, que me diviertas
el disgusto de no hallarla.
Enrique
Escúcheme vuestra Alteza .
De aquel venturoso día
en que la romana Iglesia
de la Transfiguración
la jura de Dios celebra
llamando a Cortes al cielo,
fue rasgo y sombra pequeña
la jura de Baltasar.
Mas si son en la fe nuestra
dioses humanos los reyes,
no poco misterio enseña
que el día que a Dios el cielo
jure, a Baltasar la tierra.
Este, pues, día felice,
de pardas sombras cubierta
el alba salió, y la aurora
embozada en nubes densas:
no le dio ventana al sol
ni los luceros apenas
indicios de su hermosura.
Y aunque otras veces pudiera
atribuirse a accidente
del tiempo esta parda ausencia,
no fue accidente este día,
sino precisa obediencia.
Haz paréntesis aquí
la causa, pues será fuerza
que antes que acabe el discurso
al paréntesis me vuelva.
En el real templo de aquel
Doctor Cardenal que ostenta
ya su piedad, ya su celo
en los hombres y las fieras,
se previno el mayor acto
que vio el sol en su carrera
desde que en el mar madruga
hasta que en el mar se acuesta.
Al pie del altar mayor
se armó un tablado que fuera
sitio capaz de la jura
y luego a la mano izquierda
la cortina de los reyes;
no digo bien, porque fuera
una nube de oro y nácar,
pues al tiempo que despliega
las tres hojas carmesíes,
luz y majestad ostenta,
dando como el oro rayos,
dando como el nácar perlas.
Salió de su cuarto el Rey
acompañando a la Reina
con el Príncipe jurado,
a quien de las manos llevan
los dos Infantes sus tíos .
No se vio la primavera
de más rayos coronada,
la luna de más estrellas,
que la hermosa lis de Francia
seguida de la belleza
de sus damas, que aun lucían
con estar en su presencia.
Tomaron, pues, sus lugares:
el Rey la mano derecha
de la Reina, y los Infantes
detrás, y en una pequeña
silla el Príncipe delante.
Luego de las gradas mesmas
el lado izquierdo ocupaban
los prelados de la Iglesia.
Tras los tres embajadores
de Roma, Francia y Venecia,
le siguieron los Consejos ;
luego por la otra acera
los Grandes y enfrente dellos
los Títulos, tras que llegan
los Reinos ; a nadie nombro,
que aquí es la lisonja ofensa.
La confirmación sagrada
fue del acto la primera
ceremonia; dignamente
luego siguiéndose están
las de la jura. Galán
con majestad, con modestia
airoso, con todo amable,
haciendo las reverencias
debidas, llegó don Carlos
a jurarle la obediencia.
Siguiose Fernando luego,
y como España se precia
de católica, al mirar
que a un tiempo a jurarle llegan,
uno ceñido el acero
y otro la sacra diadema,
me pareció que decía,
haciéndose toda lenguas:
«¡Oh, felice tú, oh, felice
otra vez y otras mil sea
Imperio en quien el primero
triunfo son armas y letras!»
Dejemos en este estado
las ceremonias, pues estas
fueron el patrón de todas,
y salgamos donde espera
Madrid, iris ya divino
todas las calles cubiertas
de una bella confusión,
de una confusa belleza,
haciendo campos y mares
las plumas y las libreas.
Ya del acompañamiento
empezaban a dar señas
las músicas militares
de clarines y trompetas.
Por el orden que estuvieron
sentados, por ese empieza
el paseo hasta llegar
la carroza de la Reina.
Delante un poco venían
los Infantes junto a ella
a caballo, y al estribo
el Rey. Calle aquí mi lengua
y el paréntesis pasado
(donde dije, si te acuerdas,
que no salió el sol, que el alba
no se vio, que no dio nuevas
del día ningún lucero,
que no brilló luces bellas
la noche) abre, y a esta vista
en el paréntesis cierra,
y verás que no fue acaso
el no salir sino fuerza,
porque en Carlos y en Fernando
los dos luceros se ostentan,
hermanos del sol hermosos
que a sus rayos se alimentan.
Salió en lugar del aurora
mejor aurora en belleza:
Isabel en plaustro de oro
que mil Cupidillos cercan;
y si es del aurora oficio
dar flores, flores engendra
su hermosura, flores son
pompas de la lis francesa.
Y si del planeta cuarto
es iluminar la esfera
que toca, el Cuarto Filipo
fue deste cielo el planeta.
Hija del sol y el aurora,
iba la más pura estrella
de cristales amparada,
guarnecida de vidrieras.
Luego si a tales luceros
que a los del sol avergüenzan;
si aurora tal que al aurora
flores a flores apuesta;
si a tal sol que rayo a rayo
los rayos del sol desprecia;
y si a tal estrella, en fin,
que ya jura de sol, eran
las del cielo sombras breves,
mudas pompas, luces muertas,
no fue accidente del tiempo
rehusar la competencia,
sino estudio, pues faltaron
de temor o de vergüenza.
Y aparte la alegoría,
permite que me detenga
el pintarte de Filipo
la gala, el brío y destreza
con que iba puesto a caballo,
que como este afecto sea
verdad en mí y no lisonja,
no importa que lo parezca.
Era un alazán tostado
de feroz naturaleza
el monarca irracional,
en cuyo color se muestra
la cólera, disculpando
del sol que la tez le tuesta
que hay estudio en lo voraz
y en lo bárbaro hay belleza.
Tan soberbio se miraba,
que dio con sola soberbia
a entender que conocía
ser, con todo un cielo a cuestas,
monte vivo de los brutos,
vivo Atlante de las fieras .
¿Cómo te sabré decir
con el desprecio y la fuerza
que, sin hacer dellas caso,
iba quebrando las piedras,
sino con decirte solo
que entonces conocí que era
centro de fuego Madrid,
pues donde quiera que llega
el pie o la mano levanta
un abismo de centellas,
y como quien toca al fuego
huye la mano que acerca?
Así el valiente caballo
retira con tanta priesa
el pie o la mano del fuego
que la mano o el pie engendra,
que, hecha gala del temor,
ni el uno ni el otro asienta,
deteniéndose en el aire
con brincos y con corvetas.
Con tanto imperio en lo bruto
como en lo racional, vieras
al Rey regir tanto monstruo
al arbitrio de una rienda.
¿Diré que, como iban lejos
los clarines y trompetas,
le hizo danzar al compás
del freno, que espuma engendra?
No, que está dicho. ¿Diré
que eran de sola una pieza
el caballo y caballero?
No, que aquí fuera indecencia.
¿Diré que hacían una mapa,
mar la espuma, el cuerpo tierra,
viento el alma y fuego el pie?
No, que es comparación necia.
¿Diré que, galán bridón,
calzada bota y espuela,
la noticia en el estribo,
en los estribos la fuerza,
airoso el brazo, la mano
baja ajustada a la rienda,
terciada la capa, el cuerpo
igual y la vista atenta,
paseó galán las calles
al estribo de la Reina?
Sí, porque solo el decirlo
es la pintura más cuerda.
Y no tengas a lisonja
que de bridón te encarezca
a Filipo, que no hay
agilidad ni destreza
de buen caballero que él
con admiración no tenga.
A caballo en las dos sillas
es en su rústica escuela
el mejor que se conoce.
Si las armas, señor, juega,
proporciona con la blanca
las liciones de la negra.
Es tan ágil en la caza,
viva imagen de la guerra,
que registra su arcabuz
cuanto corre y cuanto vuela.
Con un pincel es segundo
autor de naturaleza;
las cláusulas más süaves
de la música penetra.
En efeto, de las artes
no hay ninguna que no sepa
y todas, sin profesión,
halladas por excelencia.
¡Oh, quiera, pues, la Fortuna,
oh, pues, y los cielos quieran,
que, pues le han dejado ver
jurado con tantas muestras
de amor y lealtad al bello
Príncipe de Asturias, vea
la campaña el mejor Marte,
rindiendo a su heroica huella
los rebeldes, levantando
los pendones de la Iglesia,
porque todo venga a ser
honor suyo y gloria nuestra!
Duque
Mucho me hubiera alegrado,
Enrique, tu relación,
si por dicha hubiera hallado
más seguro el corazón
de las obras de un cuidado .
Mas si en causa como esta
querer siempre un caso vi
la pregunta y la respuesta,
óyeme un pesar a mí
en albricias de una fiesta.
No sé por dónde, ¡ay de mí!,
empiece, pero si aquí
es fuerza decir su efeto,
mejor lo dirá un soneto
que al mismo intento escribí:
«Era mi pecho una montaña fría
a quien de nieve el tiempo coronaba,
mientras el corazón alimentaba
las cenizas del fuego que temía.
Un rayo hermoso, escándalo del día,
la mina penetró que oculta estaba;
el fuego, ardiendo con la nieve, helaba,
la nieve, helando entre la llama, ardía.
Etna, pues, de mi amor y mis enojos,
volaron antes mis cenizas; luego,
ardiendo el pecho hizo llorar los ojos.
Pues ¿cómo, vivo monte o volcán ciego,
si eres fuego, das agua por despojos ?
Mas lágrimas de amor también son fuego.»
Enrique
Bien al discurso, señor,
la llave de oro previenes,
mas del soneto en rigor
solo infiero que amor tienes,
mas no a quién tienes amor;
ya ocultarme nada es bien:
merezca saber a quién.
Duque
Pensé que, cuando le oyeras,
luego al dueño conocieras,
que tú le conoces bien.
Enrique
¿Yo?
Duque
Sí, pues digo que amo
beldad que ejemplar no tiene .
Enrique
Necio a mi discurso llamo.
Duque
¿Dos hijas Fabio no tiene?
Ponleví
[Aparte]
(Aquí se turba mi amo.)
Enrique
(¿Qué es esto, piadosos cielos?
¿Será Lísida o será
Clori? Mátenme mis celos
de una vez.) En pie se está
de tus amantes desvelos
la duda, porque no sé
si fue Lísida o si fue
Clori el dueño de tu amor.
Duque
La duda solo es tu error.
¿Quién dudará cuando ve
junto a una flor una rosa,
junto a una rosa una estrella?
¿Quién tiene más imperiosa
jurisdiciones de bella
y privilegios de hermosa?
Lísida…
Enrique
(¡Ay de mí!)
Duque
… es temprana
flor; Clori es la rosa ufana.
Enrique
Eso sí. (Mas ¿quién creyera
que yo de mi dama oyera
desprecios de buena gana?)
Duque
Clori, en fin, me hace penar,
sentir, padecer, llorar.
Enrique
Llorar, padecer, sentir
no es amar, sino morir.
Duque
Pues ¿qué más morir que amar?
Otavio
Aunque callando escuché
tus quejas por no quitarte
ese consuelo, no sé
con qué justicia quejarte
puedas de Clori, porque
si tu amorosa porfía,
más honesta que crüel,
admite galantería;
si da licencia un papel
en los términos del día,
y si de noche, señor,
siempre atenta a tu cuidado,
con cortesano favor
hace academia su estrado
de las cuestiones de amor,
tu queja, señor, es vana:
la porfía un monte allana,
y yo de su parte estoy,
que mujer que escucha hoy
te responderá mañana.
Duque
¡Qué poco entiendes, Otavio,
de amor! Un amante sabio,
viendo su amor, más quisiera
que favor o agravio fuera,
que no ni favor ni agravio.
Porque no hay cosa peor
que no tener en amor
ni favor de quien gozarse,
ni agravio de quien quejarse,
pues sin agravio y favor,
ni la pena desconfía,
ni se goza el alegría .
Y no hay más bajo querer
que consolarse de ser
uno amado en cortesía.
Vase
Enrique
¡Tirano imperio de amor!
Otavio
Yo lo dijera mejor,
aunque al revés, pues quisiera
mi dolor, aunque pudiera
vivir ya sin mi dolor.
Enrique
¿Luego vos enamorado
estáis también?
Otavio
El que ve
jugar al que está a su lado,
suele picarse de que
pierda aquel que él ha mirado.
Vi jugar al Duque, vi
que perdía y me perdí;
de aquella estrella me abrasa
un rayo.
Enrique
¿Luego en su casa
son vuestros amores?
Otavio
Sí.
Ponleví
Ya que una traza faltó,
otra a lo menos quedó,
pues habrá en su voluntad
duelo de amor y amistad .
Enrique
¿Quién mayor desdicha vio?
Si del sol de Clori bella
os abrasa un arrebol,
Lísida, que fue su estrella
entonces, será ya el sol.
Otavio
¡Ay, amigo, que no es ella!
Enrique
¡Buenas nuevas te dé Dios!
Ponleví
¿Tampoco ella? Ya van dos
trazas echadas a mal.
Otavio
Pues sois mi amigo leal,
nada he de ocultar de vos.
Enrique
Ya sabréis cuán vuestro he sido.
Otavio
Lísida y Clori han traído
una prima, un ángel bello,
por huésped, que del cabello
al pie milagro ha nacido
de la hermosura. En su casa
vive con ellas, tan bella,
que a ser más que humana pasa.
Esta, ya rayo, ya estrella,
es el cielo que me abrasa;
no la quiero encarecer,
pues la habemos de ir a ver
donde mi amistad espera
que digáis que no la quiera,
porque la vuelva a querer.
Vase.
Enrique
Y desde luego os lo digo.
¿Fuiste, Ponleví, testigo
de los dos sustos?
Ponleví
Señor,
ya vi entre amistad y amor
a tu dueño y a tu amigo,
obligándote a ensayar
soliloquios y a llamar
los sentidos cada día
a cuentas.
Enrique
En alegría
se convirtió mi pesar.
Ponleví
Pues más lo será si yo
digo que las dos tapadas
y la dama que te habló
son las tres suso alegadas.
Enrique
¿Quién a ti te lo contó?
Ponleví
La criada, arrepentida
de haber aquí apostatado
de criada muy fruncida,
que son ellas me ha contado.
Enrique
Y dime ya, por tu vida,
¿cuál esta banda me dio?,
¿cuál la flor?
Ponleví
¡Pues qué sé yo!,
que eso era mucho saber.
Enrique
De dichoso vengo a ser
desdichado, porque no
sé cuál prenda es la que debo
estimar o despreciar.
Ponleví
Yo a decírtelo me atrevo,
si las voy a ver y hablar
hoy y, haciéndome de nuevo
en tus favores, galante
las hablo, porque sospecho
que en los embates de amante,
al viento que corre, el pecho
se descubre en el semblante.
Enrique
Si a descubrir tierra vas,
por lo menos me dirás
que de dos favores es
uno de Lísida, pues
yo no quiero saber más .
Si la una es veneno fuerte,
la otra es salud conocida;
y aseguro desta suerte,
o mi muerte con mi vida,
o mi vida con mi muerte.
Vanse y salen Nise y Clori.
Nise
Aquí que tiernamente
murmuran los cristales desta fuente,
prosigue, prima mía,
secretos que tu amor de mi amor fía.
Clori
Es Enrique en efeto
(aquí quedamos, Nise) el más discreto,
más galán, más valiente
de Florencia, o la fama en todo miente.
No digo yo que estaba
enamorada dél, ni que deseaba
que él de mí lo estuviese,
mas que no me pesara cuando fuese.
Deste modo vivía,
que ni bien olvidaba ni quería,
cuando Amor, niño ciego,
las cenizas sopló y avivó el fuego .
No tengo que decir que agradecida
le respondió mi vida
con favores de amor, prendas süaves;
pues sabes mi dolor, todo lo sabes.
Esta dulce violencia,
el efecto que tuvo fue su ausencia.
En ella el Duque ha dado,
cual ves, en visitarme enamorado
y ya de su lealtad, ¡ay, prima!, temo
que el estremo de amor pase a otro estremo.
Sale Lísida.
Lísida
No ya la noche oscura
del alba envidie pompa y hermosura,
si hace a la noche salva
más luz, mejor aurora y mejor alba.
Sale Ponleví.
Ponleví
Si tiene un recién venido,
que poca vergüenza tiene,
mucha licencia de entrar
hasta donde le parece,
dadme las tres tres chapines
porque en un instante bese
las tres basas de ataujía
de tres colunas de nieve.
Clori
¿Quién es este loco, primas?
Nise
Es criado de un ausente.
Clori
Ya entiendo.
Lísida
(Disimulemos,
corazón, que esta es tu suerte.)
¿Cómo vienes, Ponleví?
Ponleví
Con salud, señora, alegre
y contento viene…
Lísida
¿Quién?
Ponleví
… mi señor, que es de quien quieres
saber, que a ti mi salud
poco te importa. No tienes
que hacer puntas, como halcón
de Noruega .
Lísida
Tú te vuelves
malicioso como fuiste.
Ponleví
La virtud nunca se pierde.
Clori
¿Es España buen país?
Ponleví
Es por estremo excelente.
Clori
¿Buenas damas?
Ponleví
Con ningunas
habló en todos once meses.
Clori
¿Quién?
Ponleví
Mi señor, que es de quien
tú asegurarte pretendes.
No tomes los tornos largos
cuando el picadero es breve .
Nise
No tiene el hombre mal gusto.
Ponleví
Bueno en estremo le tiene,
y más en quererte.
Nise
¿A mí
también?
Ponleví
Sí.
Nise
¿Cómo me quiere
sin verme?
Ponleví
La gracia es esa,
que nada hiciera en quererte
viéndote, y por hacer ciego,
vi que te quería sin verte.
Clori
¿Con las tres una malicia
cómo, di, se compadece?
Ponleví
Hame mandado mi amo
que a ninguna desconsuele,
porque él es tan cuidadoso,
que por si alguno se pierde
trae favores duplicados,
y yo, por obedecerle,
hablo así, Deum de Deo,
que dice dé donde diere .
Sale Celia.
Celia
El Duque a la puerta está.
Clori
¡Oh, qué enfado!
Celia
Con él vienen
Otavio y Enrique.
Clori
(Gracias
al amor que me parece
bien la visita del Duque
alguna vez.) Dile que entre.
Salen el Duque, Otavio y Enrique y sacan luces.
Aquí podrá vuestra Alteza
gozar del fresco mejor .
Duque
No tiene elección mi amor,
ni albedrío mi tristeza.
Y como yo tu belleza
miré siempre, no sabré
si jardín o estrado fue
donde estuve, pues recelo
que cualquiera esfera es cielo
donde tanto sol se ve.
Siéntase el Duque en una silla y Clori en otra y las demás en los lados
Otavio
Aquesta es el dueño mío .
¿No os parece, Enrique, bella?
Enrique
Bien merece ser estrella
si su hermosura y su brío
inclina vuestro albedrío.
Otavio
A hablarla quiero llegar,
pues me dan tiempo y lugar.
Enrique
Yo, en fin, como forastero,
favor ni lugar espero.
Lísida
Pues ¿quién os le había de dar
a vos, Enrique, sabiendo
que hay a quien dar celos?
Enrique
Quien
por darlos hiciera bien.
Lísida
Yo desengaños pretendo,
celos no.
Enrique
Yo no os entiendo.
Lísida
¿Celos dais y no venganzas?
La banda hable.
Enrique
¿A ver no alcanzas
la flor que me coronó?
Lísida
Y siendo verde, ¿trocó
en celos sus esperanzas ?
Clori
(¿Qué es lo que miro? ¡Ay de mí!,
flor es de Lísida. ¡Cielos,
los dos me matan a celos!)
Duque
¿Qué es lo que os divierte así?
Clori
Nada.
Duque
¿Qué miráis allí?
Clori
[Aparte]
(¡Fuerte dolor! ¡Pena brava!)
A Enrique, señor, miraba,
que como recién venido
este afecto me ha debido.
Enrique
Y yo ocasión esperaba
para besaros la mano.
Lísida
[Aparte]
(Corazón, ¿esto sufrís?)
Clori
Que de la corte venís
de España mostráis bien llano,
con mil favores ufano.
Enrique
Presto lo habéis visto.
Clori
He hecho
experiencias y sospecho
que no mienten.
Enrique
¿Cuáles son?
Clori
La banda y la flor, blasón
de la toquilla y el pecho.
Enrique
Lo que es acaso no es
favor.
Nise
Y cuando lo fuera,
¿cuál de los dos prefiriera?
Enrique
(¿Cómo podré yo cortés
responder a las dos?)
Clori
¿Pues
no respondéis?
Enrique
No he dudado
la respuesta; me ha admirado
que eso pregunte quien ama.
Prefiere aquel que una dama
tapada hoy me hubiere dado.
Clori
(Él me conoció. ¿Qué espero?)
¿Y si hubiesen sido dos?
Enrique
[Aparte]
(Mucho aprieta, ¡vive Dios!)
Tendrá en mí lugar primero
el de la dama a quien quiero.
Clori
Y de las dos, en rigor,
¿cuál es aquese favor?
Enrique
Responderá aquel que tiene
el más perfecto color .
Nise
Pues de amor o de desdén
siempre una cuestión ha sido
lo que al Duque ha divertido,
sepamos de los dos quién
es más perfecto.
Enrique
No es bien
gastar el tiempo en favores
ajenos: propios amores
diviertan al Duque.
Duque
Yo
gustaré dello.
Enrique
[Aparte]
(Yo no.)
Clori
Pues si por los dos colores
se ha de argüir la que quiere,
si bien accidentes son,
la azul es, en mi opinión,
la que a las otras prefiere.
Lísida
Yo, si del color se infiere
la elección del alma, digo
que es lo verde .
Enrique
Yo consigo
ver en esta competencia
de tu ingenio la excelencia.
Prosigue.
Lísida
Yo así prosigo:
lo verde es color primera
del mundo y en quien consiste
su hermosura, pues se viste
de verde la primavera.
La vista más lisonjera
es aquel verde ornamento,
pues sin voz y con aliento
nacen de varios colores
en cuna verde las flores
que son estrellas del viento.
Clori
Al fin es color del suelo
que se marchita y se pierde,
y cuando el suelo de verde
se viste, de azul el cielo.
Primavera es su azul velo,
donde son las flores bellas
vivas luces; mira en ellas
qué trofeos son mayores:
un campo cielo de flores
o un cielo campo de estrellas.
Lísida
Ese es color aparente
que la vista para objeto
finge, que el cielo en efeto
color ninguna consiente.
Con azul fingido miente
la hermosura de su esfera,
luego en esa parte espera
ser la tierra preferida,
pues una es beldad fingida
y otra es pompa verdadera.
Clori
Confieso que no es color
lo azul del cielo, y confieso
que es mucho mejor por eso,
porque si fuera en rigor
propio, no fuera favor
la elección; y infiero
que, si le eligió primero,
fue porque lo azul ha sido
aun mejor para fingido
que otro para verdadero.
Lísida
Lo verde dice esperanza,
que es el más inmenso bien
del amor; dígalo quien
ni la tiene ni la alcanza.
Lo azul celos y mudanza
dice, que es tormento eterno,
sin paz, quietud ni gobierno.
¿Qué importa, pues, que el amor
tenga del cielo el color,
si tiene el mal del infierno?
Clori
Quien con esperanza vive
poco le debe su dama,
pero quien con celos ama
en bronce su amor escribe.
Luego aquel que se apercibe
a amar celoso hace más,
en cuya razón verás
cuánto alcanzan sus desvelos,
pues el infierno de celos
no espera favor jamás.
Lísida
Esperar puede el cortés.
Clori
Con celos ama el discreto.
Lísida
La flor es verde, en efeto.
Clori
¿Y la banda azul no es?
Lísida
¿Pues qué adquiere en eso?
Clori
¿Pues
qué gana en esotro?
Lísida
Fía
que la flor no es mía.
Clori
Ni mía
la banda.
Levántase.
Lísida
Que si lo fuera…
Clori
¿Qué hubiera?
Lísida
… no sé qué hubiera.
Duque
¡Cese, por Dios, la porfía!;
no sean enemistades
lo que del ingenio es prueba.
¡No os vais!
Lísida
El deseo me lleva
de no oír más necedades.
Vase.
Clori
Mal contigo te persuades
a no oíllas más; y así,
que vaya huyendo de aquí
dé licencia vuestra Alteza.
Vase
Duque
Siempre es suya la belleza.
Enrique
¿Qué es lo que pasa por mí?
Duque
Dichoso sois en amores,
Enrique, pues, por galán,
unas favores os dan
y otras riñen los favores.
Enrique
Esto han hecho sus colores,
no mi dicha.
Duque
¡Qué rigor!
Vase.
Otavio
¡Qué suerte!
Vase.
Nise
En traje de amor
la envidia cubierta anda.
Vase.
Enrique
¡Válgate el cielo por banda!
¡Válgate el cielo por flor!
Jornada Segunda
Salen Ponleví y Enrique.
Ponleví
Contento en estremo estás.
Enrique
Estoy dichoso en estremo,
y del color de la dicha
se viste siempre el contento.
Ponleví
¿Tanto monta de una dama
el decir que «Hablaros tengo;
id por el jardín, Enrique»?
Enrique
Que me hable ofendida temo
Lísida de mis finezas,
porque desde el argumento
de la banda y de la flor,
de la esperanza y los celos,
declarado amante suyo
a tantos rayos me atrevo.
Sale Lísida y Celia.
Lísida
¿Enrique?
Enrique
No en vano, al ver
coronada de refl ejos
su aurora, el sol se retira,
como quien dice : «Yo debo
de haber hoy errado el día,
pues sin aurora amanezco.»
Lísida
No de lisonjas, Enrique,
coronéis vuestros afectos:
desnuda la verdad vive
a imitación del silencio.
Y porque de mi intención
ni aun este instante pequeño
hagáis juicio (retiraos
vosotros), estadme atento.
Vanse los dos.
Vos, Enrique, antes que a España
fuésedes, si bien me acuerdo,
que para ofensas del alma
es bronce el metal del pecho,
de Clori, en efeto, amante…
Enrique
Esperad, porque no quiero,
si es que el silencio confieso,
confesar con el silencio
ese incendio contra mí,
pues no fue Clori el sol bello,
luciente imán de los ojos,
que hidrópicos se bebieron
rayo a rayo el mejor sol,
luz a luz mejor incendio.
Lísida
¿Pues cómo podéis negarme
lo mismo que yo estoy viendo?
Enrique
Negando que vos lo veis.
Lísida
¿No fuisteis en el paseo
sombra de su casa?
Enrique
Sí.
Lísida
¿Estatua de su terrero
no os halló el alba?
Enrique
Es verdad.
Lísida
¿No la escribisteis?
Enrique
No niego
que escribí.
Lísida
¿No fue la noche
de amantes delitos vuestros
capa obscura?
Enrique
Que la hablé
alguna noche os confieso.
Lísida
¿No es suya esa banda?
Enrique
Suya
pienso que fue.
Lísida
¿Pues qué es esto?
Si ver, si hablar, si escribir,
si traer su banda al cuello,
si seguir, si desvelar
no es amar, yo, Enrique, os ruego
me digáis cómo se llama,
y no ignore yo más tiempo
una cosa que es tan fácil.
Enrique
Respóndaos un argumento.
El astuto cazador
que en lo rápido del vuelo
hace a un átomo de pluma
blanco veloz del acierto,
no donde la caza está
pone la mira, advirtiendo
que, para que el viento peche,
le importa engañar el viento.
El marinero ingenioso
que al mar desbocado y fiero,
mostruo de naturaleza,
halló yugo y puso freno,
no al puerto que solicita
pone la proa, que haciendo
puntas al agua, desmiente
sus iras y toma puerto.
El capitán que esta fuerza
intenta ganar, primero
en aquella toca al arma
y con marciales estruendos
engaña a la tierra que
mal prevenida del riesgo
la esperaba; así la fuerza
se da a partido al ingenio.
La mina que en las entrañas
de la tierra estrañó el centro,
artificioso volcán,
inventado Mongibelo,
no donde preñado oculta
abismos de horror inmensos
hace efectos porque,
engañando al mismo fuego,
aquí concibe, allá aborta,
allí es rayo y aquí trueno.
Pues si es cazador mi amor
en las campañas del viento;
si en el mar de sus fortunas
inconstante marinero;
si es caudillo vitorioso
en las guerras de sus celos;
si fuego mal resistido
en mina de tantos pechos,
¿qué mucho engañase en mí
tantos amantes afectos?
Sea esta banda testigo,
porque volcán, marinero,
capitán y cazador,
en fuego, agua, tierra y viento,
logre, tenga, alcance y tome
ruina, caza, triunfo y puerto .
Dale la banda.
Lísida
Bien pensaréis que mis quejas,
mal lisonjeadas con eso,
os remitan de mi agravio
las sinrazones del vuestro.
No, Enrique; yo soy mujer
tan soberbia, que no quiero
ser querida por venganza,
por tema, ni por desprecio.
El que a mí me ha de querer,
por mí ha de ser, no teniendo
conveniencias en quererme
más que quererme. Si el tiempo
que vos, amante de Clori,
fuisteis alma de su cuerpo,
os declararais conmigo,
bien pienso, Enrique, bien pienso
que poco ingrata mi fe,
que poco crüel mi pecho,
que poco esquivos mis ojos
estimaran… mas no quiero
decir más, harto os he dicho.
Y apurando el argumento,
si de ella favorecido
os halláredes, sospecho
que os oyera, pero no
desvalido, porque creo
que querer lo que otra quiere
es gala de nuestro duelo;
lo que otra deja, desaire.
Y así, Enrique, os aconsejo
que no busquéis ni pidáis
remedio, porque yo pienso
que el remedio os matará
más que el mal, y será necio
el que, pudiendo morir
del mal, muere del remedio.
Enrique
No os vais, esperad, oídme…
Lísida
¿Qué decís?
Enrique
… que plegue al cielo …
Salen Celia y Ponleví.
Ponleví
Clori viene, deja ahora
de plegar el juramento .
Enrique
Mientras pasa, estos jazmines
sean mi cancel .
Lísida
¿Qué es esto?
¿Tanto teméis que ella os vea
conmigo?
Enrique
No tanto: temo
enojaros, pues por vos
me escondía; mas supuesto
que a vos no os importa, a mí
tampoco, y así me quedo.
Vea Clori que os adoro.
Lísida
¿Eso hacéis por darla celos ?
Pues no habéis de estar conmigo.
Enrique
Si no me escondo, os ofendo,
y si me escondo, también.
¿Qué he de hacer?
Lísida
¿Qué? No esconderos,
ni estar conmigo.
Enrique
¿Pues qué?
Lísida
Iros.
Enrique
Sí haré.
Lísida
Deteneos,
que no ha de ser desa suerte,
sino a espacio, porque quiero…
Enrique
Decid.
Lísida
… que os vais retirando,
Enrique, pero no huyendo.
Enrique
Desta manera veréis
que me voy y os obedezco.
Al quitar el sombrero se le cae la flor.
Ponleví
Si fuera palenque o valla,
fuera entrada de torneo .
Salen Clori y Nise, y Enrique se va por delante dellas haciendo una reverencia, y al mismo tiempo se van Lísida por una parte y él por otra.
Clori
Nise, ¿qué miran mis ojos?
Nise, ¿qué ven mis desvelos?
Nise
Tus desdichas y tus celos,
tus penas y tus enojos.
Si yo te dijese un modo
para que nunca quisiese
Lísida a Enrique y pudiese
asegurarte de todo
con ingenio, ¿qué dijeras
entonces, Clori, ¡ay!, de mí?
Clori
Que engañar quieres así
con tus burlas tantas veras .
Nise
Del más hermoso clavel,
pompa de un jardín ameno,
el áspid saca veneno
y la abeja, viva miel.
Ahora repara en la flor y levántala.
Y así, desta verde flor
que, al quitarse tan severo
el sombrero, del sombrero
se le cayó al tal señor,
han de salir tus consuelos,
pues ha de dar su color
miel al abeja de amor,
veneno al áspid de celos .
Toma, ponla en tu tocado .
Clori
La flor fue de la porfía,
y fue de Lísida.
Nise
Fía
desa flor y mi cuidado
tu remedio con hacer
solo lo que te dijere.
Clori
Pues no hay remedio que espere,
fuerza será obedecer.
Nise
Pues la primera lición
sea que, aunque tus desvelos
te obliguen a tener celos,
no has en ninguna ocasión
de confesar que los tienes,
sino antes disimular
rïendo de tu pesar.
Clori
Estrañas cosas previenes.
Nise
Luego a Lísida dirás
tú misma que a Enrique quiera.
Clori
¿Yo?
Nise
Sí, pero de manera
que… mas luego lo sabrás,
que Enrique viene.
Ah, crüel!
Nise
Aquí entra el disimular,
porque con él has de hablar
como si no fuera él.
Sale Enrique.
Enrique
(Vuelvo corriendo a buscar
la flor que se me cayó.)
Clori
¿Pues podré fingirlo yo?
Nise
Pues fingirlo o no sanar.
Clori
Señor don Enrique, ¿dónde
volvéis?
Enrique
Quien hallar espera
flores, bien la primavera
a su conceto responde.
De un jardín se va a llevar
flores, a dejallas no,
sino solamente yo,
que traje esa flor de azar .
Clori
Yo no os entiendo, mas creo
que cauteloso venís
con esa flor que decís
a lograr otro deseo.
Adiós.
Enrique
Mirad, Clori hermosa…
Sale Lísida.
Lísida
(Vuelvo a que Clori me vea
esta banda, porque era
de Enrique… ¡Pero mi rosa
tiene ella!)
Enrique
… que el arrebol
que sobre el oro y la nieve
de vuestra frente se atreve
a ser hoy lunar del sol
no está en su propio lugar;
y pues ya que tuvo hermosa
guarda de espinas la rosa,
no se la queráis vos dar
de rayos para que yo
no la cobre. Bien se ve,
pues si alguna se atrevió,
a guarda de espinas fue,
a guarda de rayos, no.
Quitadla y a vuestros pies
trofeo en mi mano sea.
Lísida
(¡Que esto escuche! ¡Que esto vea!)
Nise
Lísida te ha visto.
Clori
¿Pues
qué haré?
Nise
Dejarle con ella.
Clori
¿Con ella le he de dejar?
Nise
O fingir o no sanar.
Clori
Adiós.
Nise
Al llegar a vella,
Haciendo las reverencias.
muéstrale la flor.
Clori
Ya entiendo
que enseñarla me conviene,
pero ella mi banda tiene.
Nise
Retirando has de ir, no huyendo .
Clori
Obedezcamos, amor.
Nise
Esto mi ciencia te manda.
Clori
Que se quede con la banda.
Lísida
Que se vaya con la flor.
Vanse las dos despacio, enseñando la una la banda y la otra la flor.
Enrique
¿Quién vio lance más crüel?
Lísida
Mal caballero, villano,
mudable, inconstante, vano,
poco amante y menos fiel,
¿habrá argumento en amor
ahora? Mas bien hiciste,
si a mí su banda me diste,
en darle a Clori la flor.
Enrique
Oye…
Lísida
¿Qué tengo de oír ?
Enrique
Mira…
Lísida
¿Qué he de mirar, pues
la dijiste que a sus pies
la pusiera?
Enrique
Fue decir
que de allí yo la tomara
y de su tocado no.
Lísida
Ya querrás que crea yo
una mentira tan clara .
Enrique
Yo he dicho ya la verdad.
Lísida
¡Pluguiera a Dios que lo fuera!
Enrique
Viva ahora mi amor o muera
a manos de tu crueldad.
Lísida
Pues morirá, si en rigor
no le dan vida los cielos.
Enrique
¡Quién vio tan injustos celos!
Lísida
¡Quién vio tan injusto amor!
Vanse y salen con un papel el Duque y Otavio.
Duque
Solo este desengaño
le faltaba a mi amor, solo este daño.
Otavio
¿No habrá a tu mal consuelo?
Duque
Ninguno, Otavio, o le dilata el cielo
porque yo no le tenga.
Otavio
Bien el amor hoy del poder se venga
dando a entender ufano
que es rayo cada fl echa de su mano,
pues como rayo que violento pasa
lo altivo hiere y lo eminente abrasa.
Duque
Antes, Otavio, tan cobarde ha sido,
que su violencia prueba en un rendido
que una torre eminente,
si el grave peso de los años siente,
si caduca o declina,
no es edificio ya, sino ruïna,
blanco indigno de aquella llama, aquella
que muros postra y homenajes huella.
Otavio
No, señor, tan postrado
juzgues el edificio aún no mellado
con prolijas porfías
del venenoso diente de los días,
que para darte el tiempo desengaños
basilisco de bronce son los años.
Duque
Tarde ya los espero.
Otavio
Yo consolarte o divertirte quiero.
Duque
¿Quién en la sala ha entrado?
Otavio
Enrique es.
Duque
¿Y quién más?
Otavio
Aquel criado
que tu licencia tiene
para entrar.
Duque
Es verdad, entretïene
mis penas; pero vete, porque quiero
hablar a Enrique.
Sale Enrique y Ponleví.
Otavio
La ocasión que espero
para ir a ver a Nise se ha logrado:
¡vuela, Amor, pues te llaman dios alado !
Vase.
Duque
¡Cuántas cosas discurre una tristeza!
Ponleví
Deme a besar al punto vuestra Alteza,
príncipe soberano,
aquel pie que tuviere más a mano .
Duque
No estoy, porque a mi pena otra no iguala,
de burlas hoy.
Ponleví
Pues voyme noramala,
que burlas y mujeres,
cuando son menester, causan placeres .
Duque
Hasta aquí, con hablar a Clori bella,
treguas hizo mi amor, paces mi estrella,
partiendo con el día
engaños que a la noche me decía ;
pues hoy, porque no tenga
este alivio y a más estremo venga
mi pena, mi dolor y mi cuidado,
escucha este papel que me ha enviado:
Lee.
«Señor, las continuas visitas de vuestra Alteza
han despertado más de una malicia,
y en ausencia de mi padre,
lo que una vez le honrara, dos le murmurará.
Yo lo espero, y así, le suplico
a vuestra Alteza escuse el venir a verme.»
No leo más este agravio, esta sentencia;
última línea ya de mi paciencia
te confieso que ha sido
este desaire. Solo me ha rendido
más que cuantos rigores
fueron dulce prisión de mis amores.
Y así tú, Enrique, quiero
que deste inmenso mal, deste severo
dolor hoy el remedio me procures
y de una vez me mates o me cures.
Tú has de saberme todo
cuanto Clori imagina. Escucha el modo
de descubrir el pecho de una ingrata,
que como es guerra amor, ardides trata .
Nise, una dama bella
prima de Clori, es toda el alma della;
pues como tú la sirvas y enamores
y en público celebres sus favores,
no dudo que consigas ser querido,
que eres galán, Enrique, y entendido.
Y en fin, una doncella cuanto siente
que es casamiento, admite fácilmente;
pues teniendo granjeada
la prima con amor y la criada
que la toca con dádivas, sospecho
que la mina de nieve de su pecho
fuego reviente en término más breve
por otra contramina de su nieve.
Tendrá entre nieve y fuego
desengaños mi amor y yo sosiego.
Enrique
Señor, aunque hoy alcanza
la ocasión de servirte mi esperanza,
mejor Otavio te sabrá de Nise
los desengaños que tu amor avise.
Duque
Si de Otavio quisiera
fiarme yo, yo a Otavio lo dijera,
y pues de ti me fío,
quiero que sepas tú el recelo mío,
y Otavio no.
Enrique
Yo lo sabré primero
de Lísida, señor.
Duque
Tampoco quiero
que Lísida lo entienda,
que como siempre viven en contienda
de ingenio y hermosura
las dos hermanas, deslucir procura
la una a la otra, y mi temor celoso
la tendrá por testigo sospechoso.
Enrique
Pues no puedo escusarlo claramente,
diré un inconveniente:
Otavio sirve a Nise y será agravio.
Duque
No importa : primero soy que Otavio.
Enrique
Sí, señor, mas también sirvo una dama
para esposa, de ilustre nombre y fama,
a quien guardar mi pretensión no puedo;
dame licencia, pues…
Duque
¡Qué necio miedo,
comparados conmigo,
disgustos de una dama y de un amigo,
que al cabo del engaño
las gracias han de dar al desengaño!
Pero si importa más que yo, es justo
que mi gusto atropelles por tu gusto.
Enrique
Señor…
Duque
Nada me digas.
Enrique
… no es dejar de servirte…
Duque
No prosigas.
Enrique
… prevenirte.
Duque
No me hables, ni me veas.
Enrique
Siento, señor, que mi lealtad no creas.
Duque
Bien se ve, pues mi gusto se desprecia.
¡Qué necio amor y qué amistad tan necia!
Vase el Duque.
Enrique
¿Quién en el mundo pudo
tan fuerte lazo dar, tan fuerte nudo
de lealtad, de amistad y amor testigo,
de un señor, de una dama y un amigo?
Si a Nise no festejo,
quejoso al Duque dejo;
si la festejo, a Otavio;
también de Clori es prima, a Clori agravio.
Si la verdad les digo,
falto al secreto; si con él prosigo,
a Lísida aventuro,
pues a sus ojos el favor procuro
de Nise. De manera que es agravio
de Nise, Clori, Lísida y Otavio.
¿Mas para qué rendido
me doy a mis desdichas a partido ?
Sirviendo al Duque, no ofendiendo a Otavio,
no haciendo a Nise ofensa, a Clori agravio,
ni dando, ¡ay, Dios!, a Lísida desvelos,
mucho, cielos, cumplís; decidlo, cielos.
Vase y sale Lísida y Celia.
Lísida
¿Tú le viste?
Celia
Yo le vi.
Lísida
¿Del sombrero se cayó
la flor a Enrique y la alzó
Nise para Clori?
Celia
Sí,
que yo en el jardín estaba
a su criado escuchando
mil necias locuras, cuando
vi todo lo que pasaba.
No te lo pude decir
entonces y ahora lo digo.
Lísida
¿Daré crédito a un testigo
cuando me importa el vivir,
celos? Sí, pues no pudiera,
no habiéndose hablado antes,
convenir en semejantes
circunstancias con él. Fuera
de que ya, para creer
un triste lo que desea,
no importa que verdad sea,
baste que lo pueda ser.
¡Ah, desengaño infelice!
Ya siento cuánto cruel
anduve, Celia, con él.
¡Válgame Dios, qué mal hice
en no creerle! Escusara
el pesar con que se fue;
pero yo lo enmendaré,
espérame aquí.
Celia
Repara
lo que has de hacer.
Lísida
Escribir
desenojada un papel
y tú, Celia mía, con él
hoy a buscarle has de ir,
en cuyo efecto verás,
dándote el alma en despojos,
que tras nublados y enojos
amor y sol lucen más.
Vase.
Sale Ponleví.
Ponleví
Apenas dejé en palacio
a mi señor, Celia ingrata,
cuando ves aquí que vuelvo,
rayo de capa y espada,
a abrazarte como un rayo.
Celia
¿Antes de hablarme me abrazas?
Ponleví
Soy más práctico de amor
que teórico.
Celia
No es gracia.
Mas, ¡ay de mí!, Clori viene,
que en estos jardines anda,
y si te ve, yo soy muerta.
Ponleví
Por eso me ha dado gana
de que me vea; mas dime,
¿qué he de hacer?
Celia
Entre esas ramas
te esconde .
Ponleví
Turbado estoy,
mover no puedo las plantas;
rey parezco de comedia
cuando en casa de su dama
le halla un padre con ella
tiritón y barba larga .
Escóndese Ponleví y salen Clori y Nise.
Clori
¿Qué haces aquí, Celia?
Celia
Aquí
a que saliese esperaba
del tocador mi señora
Lísida.
Clori
Allá dentro aguarda.
¡Ay, prima, ay, Nise, ay, amiga,
qué poco sientes mis ansias,
pues tanto tiempo me dejas!
Nise
Hablando por las ventanas
de esos jardines he estado
con Otavio.
Clori
Justa causa
te ha divertido de mí,
si te ama y si le amas.
Nise
Ni le amo ni le olvido:
divierto así su esperanza.
Pero a ti, ¿cómo te va
de lición?
Clori
Bien estudiada
la tengo, deseando ya
ocasión con que lograrla.
Sale Lísida con un papel, y viéndolas le guarda.
Lísida
¿Estaba aquí Celia ahora?
Clori
Ahora aquí Celia estaba;
yo la mandé que se entrase
allá dentro.
Nise
Yo a llamarla
iré.
[Aparte]
(Esta es buena ocasión;ya quedas en la campaña :
finge y engaña tus celos.)
Vase.
Clori
Lísida, detente, aguarda,
que tengo mucho que hablarte.
Lísida
Luego es consecuencia clara
que tengo mucho que oírte.
Empieza.
Ponleví
(Aquí hay gran batalla .)
Clori
Ya, Lísida, estamos solas;
mi amiga eres y hermana,
y como a hermana y amiga
te he de descubrir mi alma.
Dos años ha, bien te acuerdas,
que Enrique fue viva estatua
de mis jardines, tan viva,
que les debieron las plantas
más lágrimas a sus ojos
que a los suspiros del alba .
Ausentose, y como el cielo
nos dio condición tan varia,
que es el día del amor
víspera de la mudanza,
fácilmente las cenizas
de la que apenas fue brasa
con el aire del ausencia
desvanecieron la llama.
Sirviome el Duque después,
y aunque mi honor y mi fama
me han resistido, no tanto
que algún efecto no hayan
hecho en mí tantos estremos,
puesto en mí finezas tantas.
Volvió Enrique y, ya celoso
de ver que el Duque me amaba,
o ya más enamorado
por los celos que le causa,
intenta tomar contigo
de mis desprecios venganza.
Testigo sea el jardín
donde, a pesar de sus ansias,
por no tenerme quejosa
de haberte dado esa banda
me volvió a dar esta flor,
enigma de su esperanza.
Si eres mi hermana y mi amiga,
como he dicho, si te alcanza
parte de mis dichas como
el todo de mis desgracias,
haz una cosa por mí:
quiere mucho a Enrique, paga
con fe y amor verdadero
amor y fe que son falsas.
No te des por entendida
de que finge, de que engaña
sus celos contigo, pues
pensar que te quiere basta.
Con esto el Duque tendrá
de sus celos menos causa;
Enrique, seguridad
de su amor y su privanza ;
yo, quietud; tú, esposo, y todos,
más dicha y menos desgracia.
Lísida
Aparte
(Esta que me engaña piensa,
y ella ha de ser la engañada.)
Cierto, Clori, que pensé
cuando te vi que empezabas
con prólogos, con proemios,
que era una cosa muy ardua
lo que había de hacer por ti.
¿Tú pídesme más, hermana,
de que engañe a un hombre? ¿Hay
cosa más fácil? ¿No basta
el saber que soy mujer ?
¿Pues para qué me lo encargas?
Mas con todo, por servirte
digo que, aunque no pensaba
hablarle más en mi vida,
haré lo que tú me mandas.
Desde hoy me verás con él
desde la noche hasta el alba
y desde el alba a la noche,
y antes que en esta renazca
el sol quemando las plumas
de oro en hogueras de plata,
le he de enviar un papel,
diciéndole con mil ansias
que venga a verme, y de modo
le hablaré, que te persuadas
tú misma que es verdadero,
o por lo menos no hagas
distinción de mis finezas
si son fingidas y falsas .
¿Quieres más?
Clori
Ni tanto quiero.
Ponleví
(¡Linda está, por Dios, la traza
con la entretenida a Enrique!
No en mis días, mientras hablan,
he de salir, que reviento
por decirle lo que pasa.)
Hablan las dos y sale por detrás dellas Ponleví.
Lísida
Pierde cuidado y de mí
fía.
Clori
Pues adiós. (¡Mal hayan
venganzas que son amor
y amores que son venganza!)
Vase Clori.
Lísida
Si Clori que quisiese me dijera
a Enrique porque a ella la olvidara,
los desengaños de su amor llorara
y los desaires de mi amor sintiera.
Pero si Clori divertir espera
tan rara fe con invención tan rara,
mal hiciera si al daño me fiara,
mal pensara si al riesgo me creyera.
Y pues el blanco donde Clori tira
dice el verde favor de aquella rosa
que a hurto cogió y a posesión aspira,
no me tengan sus celos temerosa,
que en quien dijo una vez una mentira
la verdad queda siempre sospechosa .
Sale Enrique y Ponleví.
Enrique
¿Tú me mientes ?
Ponleví
No te miento.
Enrique
¿Que eso pasa?
Ponleví
Que eso pasa.
Enrique
¿Clori dices que me olvida
y que Lísida me engaña?
Ponleví
Sí, señor, que las dos son
dos grandísimas bellacas.
Enrique
Yo he de verlo.
Ponleví
¿De qué suerte?
Enrique
Viendo a Lísida. Enojada
conmigo quedó, y si hallo
en sus rigores mudanza
sin haberla satisfecho,
es verdad.
Ponleví
Para eso aguarda
un papel que ha de escribirte.
Enrique
¿Quién tendrá paciencia tanta?
Lísida
Enrique, seas bienvenido,
que bien parece que el alma
llegó primero a llamarte
por desmentir la tardanza
de tu ausencia.
Enrique
Aparte
(¿Ya qué espero?)
Detente, sirena
ingrata,
detente, vil cocodrilo
que si me lloras
me matas,
y si me cantas, también.
Bien lo dicen tus mudanzas,
pues hoy llorándome celos
me diste muerte, ¡ah, tirana!,
y hoy cantándome favores
también me das muerte. Aparta,
que no estoy de ti seguro
si me lloras o me cantas.
Lísida
Ni hoy, Enrique, fue fingido
mi llanto, ni agora
es falsa
mi risa, que entrambos son
afectos hijos del alma.
Si hoy lloré agravios y celos,
hoy canto al amor las gracias
y desengaños, porque
Celia, que escondida estaba,
me desengañó; y así,
ni la sirena te llama
con voz fingida a sus brazos,
ni el cocodrilo te agravia
con fingido llanto, pues
solo amor entre estas ramas
canta y llora firme siempre
cuando llora y cuando canta.
Enrique
¿Piensas que ignoro que son
fingidas cuantas palabras
dices?
Lísida
¿Y será fingido
un papel que te enviaba?
Enrique
Calla, que ese papel es
un testigo más que agrava
la información de mi pena,
pues le dijiste a tu hermana
que tú me le escribirías
y este no es amor, es traza
de las dos.
Lísida
Pues ¿quién tan presto…
Ponleví
Aquí entro agora en la danza.
Lísida
… te ha dicho lo que las dos
pasamos?
Ponleví
¿Qué va que para
sobre mí aqueste nublado
?
Enrique
Ponleví, que te escuchaba
recatado y escondido
lo que tú y Clori trazabais
con injusta tiranía
contra mí.
Ponleví
No he dicho nada
yo; mi amo miente, señora,
que no he hablado palabra
de cuantas aquí te ha dicho.
Vase Ponleví como retirando de Lísida.
Lísida
No temas; di, ¿dónde hablaba
yo entonces?
Ponleví
Si he de decirlo,
puesto que tú me lo mandas,
aquí era.
Lísida
¿Qué tanto habrá?
Ponleví
Un instante.
Lísida
Eso me basta;
luego si no me he quitado
de aquí, ni aquí escrito estaba,
es cierto ya. Luego fue
mi desengaño la causa,
y no lo que dijo Clori.
Ponleví
Probada está la cuartada .
Enrique
¿De suerte que he de creer
que finges para tu hermana
y hablas verdad para mí?
Lísida
¿No has visto, Enrique, una tabla
que a una luz finge perfecta
una hermosura estremada
y a otra luz un monstruo finge,
porque le debe la estampa
tanto artificio al pincel,
que hace dos cosas contrarias?
Así mi amor a la luz
de Clori es monstruo que espanta
y a la de Enrique perfecta
hermosura, que en un alma
de un amor fingido a un cierto
es la diferencia tanta.
Enrique
No sé qué tienen tus voces
que, con saber que me engañas,
te he de creer. Deja, pues,
que agradecido a tus plantas
bese la flor que producen,
por no decir la que ajan.
Lísida
¿Más cerca no están los brazos?
Enrique
No, que es esfera muy alta .
Salen Clori y Nise.
Clori
A mal tiempo hemos llegado.
Lísida
Porque aquestas dos cansadas
no nos enfaden, harás
la deshecha mientras pasan
y vuelve luego.
Enrique
Sí haré.
Vase.
Lísida
Mucho me debes, hermana.
¿Qué quieres? Ya le abracé,
por hacer lo que me mandas.
Vase.
Clori
¡Ay, Nise, que tú me has muerto,
tú me has quitado las armas,
tú le has dado a mi enemiga
la razón con que me mata!
Nise
Dices bien: mal este engaño
me ha salido; pero aguarda,
veamos si da lumbre otro.
¿Traes un papel en la manga?
Clori
No tengo sino este, que es
una memoria .
Nise
Esta basta;
vete ahora y el suceso
puedes mirar retirada.
[Vase Clori.]
¿Ponleví?
Ponleví
Señora mía.
Nise
Escúchame.
Sale.
Ponleví
¿Qué me mandas?
Nise
Esto.
[Pégale.]
Ponleví
¡Mira que me ahogas!
Nise
¡Pícaro, vil!, ¿así agravias
mi respeto?
Ponleví
¿Qué respeto?
Nise
¿Tú con desvergüenza tanta
te me atreves?
Ponleví
¿Yo me atrevo?
Nise
¡Calla, infame!
[Pégale.]
Ponleví
¡Ay, que me matan
diez puñales de cristal
con diez remates de nácar!
Nise
¿Tú a mí?
[Rompe el papel.]
Sale Lísida.
Lísida
¿Qué voces son estas?
¿Qué es esto, prima?
Nise
No es nada;
¡vete, pícaro, alcahuete,
antes que de una ventana
vueles hecho más pedazos
que mariposas manchadas
el papel que has traído!
Ponleví
¿Yo?
Nise
No respondas palabra,
vete.
Ponleví
Plega…
Nise
No repliques.
Ponleví
… a los cielos que…
Nise
¿Que aún hablas?
¡Vete ya!
Ponleví
Sí haré. (Señores,
esta dama está borracha .)
Vase.
Lísida
¿Pues no me dirás qué ha sido?
Nise
Ese pícaro en mi cara
se me ha atrevido a decirme
que su amo…
Lísida
Di.
Nise
… le manda
que me diese ese papel,
que como vio que no daba
celos a Clori contigo,
pasó a mí sus esperanzas.
Lísida
[Aparte]
(Aquesta es otra cautela ;
pues no se ha de ver lograda.)
Levanta los papeles.
Nise
¿Qué haces, Lísida?
Lísida
Levanto
los papeles que tú rasgas.
Nise
¿Con qué efeto?
Lísida
Con efeto,
Nise, de que si levantas
tú una flor que fue de Enrique
deste suelo para darla
a Clori, por ser de Enrique,
también con la misma causa
levanto yo este papel.
Nise
¡Jesús, y qué desgraciada
ando en mentir estos días!
Lee los pedazos.
Lísida
Dice aquí: «Batida el agua»;
aquí: «huevo fresco»; aquí:
«solimán molido». Basta,
que es más de decir pesares
esto que amores. Pues anda
Enrique tan cuidadoso
de que te laves la cara,
¿no le has parecido bien,
Nise?
Nise
¿Quién le quita al aura,
jugando con los papeles,
que unos lleve y otros traiga?
No sería ese el que yo
rasgué.
Lísida
Sí sería; repara
en que te salen muy mal
las cautelas y las trazas.
Nise
¿Qué trazas ni qué cautelas?
Lísida
Estas.
Nise
Mira, no me hagas
decir que Enrique ha mil días
que con amorosas ansias
me enamora y me festeja,
me escribe, en fin, y me cansa,
porque quizá te pondré
donde escuches retirada
sus finezas.
Lísida
Yo no quiero
tomar de ti más venganza
que averiguarte que mientes;
y pues él vuelve, guardada
destos jazmines veré
si te escribe y si te habla.
Nise
¡Jesús, Lísida, qué presto
me has tomado la palabra!
¿No ves que me estoy burlando?
Lísida
No has de estar conmigo falsa.
Nise
Yo quise darte un picón ;
esto, al fin, no ha sido nada.
Lísida
Por sí o por no, yo he de verlo.
Escóndese [Lísida].
Nise
¿Quién vio pena más estraña?
Con la mentira me coge
Lísida como en la trampa,
que Enrique en toda su vida
no me ha hablado una palabra.
Sale Enrique y Ponleví.
Ponleví
¡Oh!, ¿qué haces de ir y venir
a este jardín?
Enrique
Es mi centro,
y si no es, Ponleví, dentro
dél, no es posible vivir.
[Sale Clori al paño.]
Clori
(Desde aquí tengo de oír.)
Nise
(Desde aquí le he de escuchar.)
Enrique
Aquí Lísida ha de estar
esperando.
Ponleví
Pues no es ella
la que está aquí: Nise es bella.
Nise
(Él se vuelve aun sin hablar.)
Enrique
(¡Ay, Dios! Sola Nise está,
nadie me mira, bien puedo
perderle a mi amor el miedo
y empezar a romper ya
la mina del Duque. Va
de amor fingido y secreto ;
buen efeto me prometo,
pues solo y seguro estoy
de mi Lísida, que hoy
no hay que temer el efeto.)
Serafín deste jardín
que es paraíso de amor,
pues sois la guarda y la flor,
la defensa y el jazmín,
el fuego envainad y, en fin,
templados al sol los bríos,
oíd dulces desvaríos,
oíd afectos temerosos,
siquiera por amorosos,
ya, Nise, que no por míos.
Nise
¿Qué es lo que escucho?
Clori
(¡Ay de mí!)
Lísida
Yo probar mi muerte quise.
Ponleví
Mira, señor, que esta es Nise
y no Lísida.
Enrique
Yo os vi;
claro está que os amo, sí.
Pues desde aquel punto ciego
la vida y alma os entrego,
una y otra en vos se mueve,
que un átomo sois de nieve
siendo una esfera de fuego.
Desde entonces procuré
esta ocasión a mi amor.
Ponleví
Mira que es Nise, señor.
Enrique
No estoy ciego, ya lo sé.
Lísida
(Verdad cuanto dijo fue:
¡vive amor, que a Nise adora!)
Clori
(¿Esto tenemos ahora?
¡Ay, cielos, a Nise quiere!)
Ponleví
¡Mas que ya por Nise muere!
Nise
(¡Él sin duda me enamora!
¿Quién vio lance más estraño?
Lo que en burlas he fingido,
de veras ha sucedido;
esforcemos el engaño.)
Enrique
Muera con mi desengaño,
pues con mi engaño viví.
Nise
¡En toda mi vida vi
hombre más enamorado!
¿Vos habéis, Enrique, amado
a Clori en un tiempo?
Enrique
Sí,
suya fue mi voluntad.
Clori
(¡Ay, ingrato!)
Nise
¿Luego fuisteis
de Lísida y la quisisteis ?
Enrique
Suya fue mi libertad:
esto solo fue verdad.
Lísida
(¡Ay, cruel!)
Nise
Y a mí después,
por igualar a las tres.
Enrique
En vos mi gloria conquisto.
Nise
En toda mi vida he visto
florentín más portugués .
Enrique
¿No, Nise, porque haya amado
a dos, no será perfecto
este amor?
Nise
¿Qué más defecto?
Enrique
Antes mérito. ¿Ha dejado
nunca de ser estimado
un libro o una pintura,
una espada, una hechura,
porque el artífice obró
otras antes della? No:
más la aprecia y más la apura
la experiencia; luego infiero
que al quereros, en rigor,
es crédito de mi amor
el querer otras primero.
No por elección, no, quiero,
que esto es fuerza, ¡vive Dios!,
porque viendo hoy en vos
o mi amor o mi fortuna,
obre perfecto en la una
lo que he aprendido en las dos.
Saca de la mano a Lísida y vase por donde está Clori.
Clori
¡Que esto escuche!
Lísida
¡Que esto vea!
Nise
A tanta sofistería
responde tú, prima mía,
y mira si en mí se emplea.
Lísida
Ahora di que te crea.
Ponleví
¡Que esto nos tenga aquí!
Enrique
¡Válgame Dios!
Nise
Bien así
segura está.
Clori
No muy bien.
Nise
¿Pues qué falta ahora?
Clori
Quien
ya me asegure de ti,
pues cuando un remedio das,
añades otro dolor.
[Vase.]
Nise
Yo hice agravio de su amor;
a mí no me toca más.
Vase.
Lísida
¿Ahora qué me dirás?
¿No respondes?
Enrique
Mudo quedo.
Lísida
Habla en tu abono.
Enrique
No puedo.
Lísida
Discúlpate.
Enrique
Mal podré.
Lísida
Engáñame.
Enrique
No sabré.
Lísida
Habla.
Enrique
Tengo a mi voz miedo.
Lísida
Di: ¿ahora quién finge?
Enrique
Yo.
Lísida
¿Y en quién hay verdad?
Enrique
En mí.
Lísida
¿Luego esto es mentira?
Enrique
Sí.
Lísida
¿Luego habrá disculpas?
Enrique
No.
Lísida
¿Que un engaño te faltó?
Enrique
Falta en la fe verdadera.
Ponleví
Que te dije que no era
la que en aqueste lugar
habías de enamorar
y no me creíste.
Lísida
¡Muera
tan falso y fingido amante!
Enrique
Yo soy firme y lo he de ser.
Lísida
¿En qué esto se echa de ver?
Enrique
En que callo y soy constante.
Lísida
Eres fácil.
Enrique
Soy diamante .
Lísida
¡De celos y envidia rabio!
Enrique
¡Que pueda un dios niño sabio
con trazas y sutilezas
ofender con las finezas
y hacer del amor agravio !
Jornada Tercera
Salen el Duque, Enrique, Ponleví y un músico.
Duque
No hay fuerza que venza a amor .
Enrique
Una sola suele haber.
Duque
¿Cuál es?
Enrique
Quererle vencer ;
así lo dice, señor,
Garcilaso .
Duque
Pues fue error,
que eso es lo mismo que dar
por remedio el olvidar,
y el olvidar no es remedio
para amar, sino otro medio
para volverse a acordar.
Enrique
Luego bien se da a entender,
si acuerda para ofenderle,
que el principio de vencerle
está en quererle vencer.
Porque ¿cómo ha de querer
un hombre lo que quisiera
olvidar? Desta manera
dispuesta la voluntad,
no está la dificultad
en vencer, sino en que quiera .
Duque
Y en fin, di, ¿cómo te ha ido
con Nise? ¿Qué ha sucedido?
Enrique
Mal mis penas escuchó
[Aparte]
(y es verdad, muerte me dio),
que como Fabio ha venido
y ha reformado la casa,
ni a verla ni hablarla llego.
Duque
Pues prosigue hasta que el fuego
apagues que así me abrasa,
que si a desengaños pasa
mi recelo, yo podré
vencer a amor, pues querré
vencerle entonces.
Enrique
Es cosa
ya, señor, dificultosa.
Duque
De Fabio el cuidado sé.
Enrique
Oye, porque al mirador
me parece que he sentido
gente.
Duque
Y hacia allí otro ruido
informa, Enrique, mejor.
Sale a una ventana Clori y Nise, y a otra Lísida y Celia.
Enrique
¿Cómo sabremos, señor,
dónde Clori acierta a estar
porque la llegues a hablar?
Duque
Dividiéndonos sí, pues
llegando los dos, después
nos podremos avisar.
Enrique
Dices bien, y así, yo llego
por esta parte.
Duque
También
yo por esta. Mas detén
el paso, que en el sosiego
de la noche obscuro y ciego
templan un arpa.
Clori
Mi pena
alivia, Nise, y sirena
del mar de mi amor serás.
Lísida
Canta, Celia, y vencerás
un mal que a morir condena.
Enrique
Por si acaso desde aquí
al mar ibas, he traído
un músico prevenido.
Si cantan, cantaré.
Duque
Sí.
Ponleví
Pues yo también desde allí
responderé a tus desvelos.
Enrique
Canta por ver si los cielos
templan así su rigor.
Duque
Cántame cosas de amor.
Lísida
Cántame cosas de celos.
Clori
Canta cosas de tristeza.
Enrique
Canta cosas de alegría;
sepa ya el ausente día
que sin él hay más belleza.
Músico
Amor, amor, tu rigor
reinos vence y quita leyes;
más puede amor que los reyes,
solo es monarca el amor .
Celia
Celos, ¿cómo no os penetra
vuestro mal y os llaman celos,
si para llamaros cielos
os falta solo una letra ?
Ponleví
Fortuna, ¿quién se desvela
por ti, si a todos igualas?
Tu rueda pinta con alas,
que no rueda, sino vuela.
Nise
Razón, razón, ¿hasta cuándo
el amor te ha de vencer?
Si a espacio viene el placer,
¿cómo se nos va volando?
Duque
No dejes interrumpirte.
Lísida
No dejes, no, de cantar.
Enrique
Prosigue, di mi pesar.
Clori
Canta más, que es gloria oírte.
Músico
¿Si esperaré algún favor?
Celia
¿Si tendré alguna esperanza?
Ponleví
¿Si habrá en mis males mudanza?
Nise
¿Si sanan males de amor?
Duque
Canta, aunque canten también.
Lísida
No calles, aunque ellos canten.
Enrique
Mi mal tus voces espanten.
Clori
No calles, pues cantas bien.
Todos
Razón, fortuna, amor, celos
son pasiones que se mudan:
la razón falta a su tiempo
y se cansa la fortuna;
el amor es fuego,
los celos le ayudan,
cánsase la dicha
y el amor se duda .
Duque
Ya que al aire la voz tuya,
¡oh, Nise hermosa!, se esparce,
lleve para mi esperanza
un recado de mi parte .
Clori
Este es el Duque; no digas
quién soy, porque no me hable.
Nise
No vuestra Alteza, señor,
les dé una patria tan fácil,
que es su centro un pecho donde
tiene su adorada imagen .
Duque
Si eso dijera la dama
que os acompaña, notable
fuera mi dicha.
Nise
No mucha,
que la que engaños os hace
es una criada mía.
Duque
¡Ah!, ¿sí? Pues decidle que hable.
Nise
Es muda y no sabe hablar.
Duque
Sentir es lo que no sabe.
Lísida
Mal dicen estas finezas
con otras facilidades.
Enrique
Bien dicen esos afectos
quizá con otras verdades.
Lísida
Mis ojos creen lo que ven.
Enrique
¿Y no hay antojos que engañen?
Lísida
No es posible cuando son
tan perfectos los cristales .
Enrique
Los más perfectos engañan.
Duque
Luego vuelvo aquí, esperadme.
Reconoceré allí un hombre.
¿Enrique?
Enrique
¿Señor?
Duque
Constante
está Clori en sus rigores,
que no quiere declararse
de que está con Nise.
Enrique
¿Pues
qué quieres?
Duque
Que tú te pases
a esotra ventana quiero,
y pues dos cosas iguales
nos traen a los dos, que son
o que tú con Nise hables
o yo con Clori, y la una
ya tan mal a mí me sale,
no las perdamos entrambas.
Allí está, llega, pues sabes
que en eso me va la vida.
Enrique
¿Hay suceso semejante?
[LLega] Clori a la ventana de Lísida.
Clori
¿Lísida?
Lísida
¿Qué es lo que quieres?
Clori
El Duque en aquella parte
ha dado en reconocerme;
vio dos bultos, y por darle
a entender que no era yo,
te pido que allí te pases.
Lísida
Si lo haces por saber
quién está conmigo, darte
quiero esa satisfación:
Enrique es, y porque hables,
me iré.
Clori
Eso no.
Lísida
Yo he de irme,
mas es a hacer otro examen:
veamos de una vez si mienten
los ojos y los cristales.
Ponleví
Yo desta noche redonda
de amor, deste Roncesvalles,
solo estoy de nones cuando
todos los demás son pares,
si ya a don monsiur del Sueño
no llamo que me acompañe.
Échase a dormir, y en la parte que él estuvo sale Otavio.
Otavio
Si quien unos celos tiene
no es posible que descanse,
quien tiene dos celos ¿cómo
ya descansará un instante?
Duque
Llega.
Enrique
¡Que a esto me obligue
hoy un poderoso amante!
Duque
¿Qué esperas?
Enrique
He visto un hombre.
Duque
No tienes que recelarte,
que es Ponleví; retirado
estuvo sïempre .
Enrique
[Aparte]
(Dadme,
cielos, palabras fingidas
con que una deidad engañe.)
Clori
¡Gracias al cielo que aquí
no oiré del Duque los males!
Duque
Sí oiréis, pues vendrá a buscaros
donde estáis.
Clori
¿Hay semejante
suceso? Cielos, por donde
de su amor asegurarme
quise, me entregué a su amor;
ya es fuerza que con él hable.
Enrique
Yo llego; aliénteme, pues,
ver que Lísida este instante
no me oirá, pues con el Duque
habla ya en estotra parte .
Bellísima Nise…
Otavio
¿Nise
dijo?
Enrique
… pues tu voz süave
imán es de cuanto vive,
conduciendo a estos umbrales
entre las peñas los brutos,
entre las flores las aves,
da lugar a un pensamiento,
que tu dulce voz le trae
a morir de tal veneno,
que es toda su copa el aire.
Lísida
¿Qué es esto, cielos? ¿Qué escucho?
¿Esto es venir a buscarme
o esto es venir a perderme?
Otavio
¡Oh, falso amigo! ¡Oh, amante
ingrato! ¡Viven los cielos,
que he de salir a matarle!
Enrique
Si queréis ver si son ciertas
mis penas, la prueba es fácil.
Lísida
No mucho, porque yo sé,
Enrique, que no ha un instante
que eran verdades con otra:
ved si mienten los cristales.
Enrique
Lísida…
Lísida
No digas más.
Enrique
¡Viven los cielos!
Lísida
No trates
de satisfacerme más;
ni me veas ni me hables .
Enrique
¡Oye, escucha! Mas ¿qué miro?
La puerta del jardín abren;
señor…
Duque
¿Qué quieres?
Enrique
Un hombre
de casa de Fabio sale.
Clori
Mi padre es; antes que os vea,
idos, señor, de la calle.
Duque
Este es Fabio; pasa, Enrique,
procurando disfrazarte,
no me conozca.
Enrique
¿Qué importan
los rebozos y disfraces,
si le ha de decir el día
cuanto la noche le calle?
Vanse y sale Fabio.
Fabio
¡Qué mal, patria, me recibes!
¿El día que a tus umbrales
llego encuentro lo primero
mis penas y mis pesares?
Una sospecha que tuve
de Enrique y de Clori, antes
que él se fuese a España y yo
a Milán, aquí me trae
por ver si es él el que aquí
dispone escándalos tales.
Sintiéronme y se ausentaron
los que estaban en la calle.
¡Oh, quién supiera quién son!
Tropieza en Ponleví.
Ponleví
¿Quién va?
Fabio
¿Quién es?
Ponleví
Ya es muy tarde;
pues deja, señor, ahora
de decir más disparates
a Nise, a Lísida, a Clori
y vámonos.
Fabio
Donde darte
pueda la muerte será.
Ponleví
¡Jesús, y qué venerable
barba ! ¿Qué susto te ha dado,
que has barbado en un instante?
Fabio
Di, ¿criado de quién eres?
Ponleví
Es una cosa muy fácil:
de Enrique.
Fabio
Enrique ¿de cuál
de tres damas es amante?
Ponleví
De todas.
Fabio
Este es loco;
di, ¿a cuál quiere?
Ponleví
A todas.
Fabio
Dame
cuenta aquí de a cuál pretende.
Ponleví
A todas, y no se canse,
que no quitaré una sola
porque es galán a tres haces,
de pretérito, presente
y futuro.
Fabio
No matarte
agradece a mi valor,
porque no es bien que se manche
mi acero en sangre tan vil .
Ponleví
No es malo tener vil sangre
tal vez .
Fabio
¡Vete, pues, villano,
vete de aquí!
Ponleví
Que me place.
[Vase]
Fabio
Enrique, con la privanza
del Duque, a escándalos tales
se atreve contra mi honor
indignamente, y pues antes
que se fuese averigüé
sospechas que ya a verdades
pasan, pongamos remedio.
Dos caminos en tan grave
dolor hay: de la cordura
o el valor; pues iguales
son, acudamos primero
a la cordura. A quejarme
iré al Duque de mi agravio,
y cuando aqueste no baste,
apelaré a mi valor .
Vase y sale Otavio y Enrique.
Otavio
Enrique, buscándoos vengo.
Enrique
Pues, amigo, ¿qué queréis?
Otavio
Que ese nombre no me deis
pues que yo por tal no os tengo,
que no lo es el que asegura
y hiere, el que halaga y mata,
bien como serpiente ingrata
que con lisonjas procura
encubrir el corazón .
Y así, ese nombre no os toca,
pues halagáis con la boca
y matáis con la intención.
Enrique
De que soy noble testigo
hago al cielo, al mundo juez,
y por saber que una vez
se ha de sufrir a un amigo,
en responderos se funda
mi amistad desta manera;
y pues paso la primera,
no vamos a la segunda.
Otavio
Sí vamos, pues sin decoro
de aquel secreto primero,
diciéndoos que a Nise quiero,
diciéndoos que a Nise adoro,
vos alevoso la amáis,
vos ingrato la servís,
vos de día la escribís
y vos de noche la habláis .
Enrique
No puedo, Otavio, negaros
lo que vos decís que vistes,
que escuchastes o supistes,
ni tampoco puedo daros
disculpas que están guardadas
quizá para disuadiros;
pero puedo no sufriros
razones tan apuradas
de quien a ofenderme vengo
con causa, que si sabéis
vos la razón que tenéis,
yo también sé la que tengo.
Y porque en palacio estamos,
esto mi amistad responde.
Otavio
Pues nombrad, Enrique, dónde
vos queréis que nos veamos.
Enrique
Sea.
Sale el Duque.
Duque
¿Qué es esto?
Enrique
Señor,
no es nada.
Duque
[Aparte]
(Los dos turbados
están; bien sus cuïdados
dicen que es causa mi amor;
el daño he de prevenir.)
¿Otavio?
Otavio
¿Señor?
Duque
Tened
la escribanía y poned
el recado de escribir .
[A Ponleví.]
Y vos salíos allá fuera.
Otavio
¿En qué quedamos los dos?
Enrique
En que diré adónde.
Otavio
Adiós.
Vase Otavio.
Enrique
Tú en esa sala me espera.
Duque
Enrique, ¿qué ha sido esto?
Enrique
Un daño, señor, que ha sido
mayor, porque prevenido
no se remedió.
Duque
¿Tan presto
lo supo? Yo he de hacer …
Enrique
Amistades no, señor,
porque a dolencias de honor
no es buen médico el poder .
Sale Fabio.
Fabio
[Aparte]
(Solo está Enrique con él.)
¿Podrete hablar, señor?
Duque
Sí;
retírate, Enrique, allí.
Enrique
Será escribirle un papel.
Vase Enrique.
Fabio
Para decir mis enojos
quisiera, en tan triste calma,
que fueran lenguas del alma
las lágrimas de los ojos .
Duque
Ya otro cuidado prevengo.
¿Qué tienes, Fabio?
Fabio
Señor,
penas tengo, tengo honor
y lloro porque le tengo,
que con pensión tan crüel
el alma el honor recibe,
que no vive bien quien vive
ni con honor ni sin él.
Dos hijas tengo, señor.
Duque
(Sin duda, cielos, aquí
viene a quejarse de mí
a mí mismo y que mi amor
ha sabido.) Yo ya sé
que vuestra opinión segura
en una y otra hermosura
tiene librada su fe.
Fabio
No tanto que un poderoso
sombra desta luz no sea.
Duque
(Él se declara.) No crea
vuestro pecho generoso
nada con facilidad.
Fabio
Tan necio, señor, no fuera
que a vuestras plantas viniera
mal informado. Escuchad:
Enrique, con alas vuestras
(que el vuelo de la privanza
a mayor esfera alcanza)
ofende con locas muestras
de amor mi casa.
Duque
Está bien,
mas quejarse dél así
aun no es perdonarme a mí,
pues soy la causa también.
Fabio
Suplícoos que remediéis
este daño.
Duque
Apasionado
venís y mal informado,
que yo sé que a Enrique hacéis
agravio, porque sé yo
que la dama que pretende
ni os agravia ni os ofende.
Fabio
Direos otra vez que no
viniera desalumbrado.
Si yo sé que Clori era,
antes que a España se fuera,
la esfera de su cuidado;
si sé que, habiendo venido
en su deseosa porfía,
porque de noche y de día
Argos de mi casa he sido,
¿podreme engañar, señor?
¿No es evidencia bien clara
que yo no le levantara
tal testimonio a mi honor?
Duque
¿Qué decís?
Fabio
Que Clori es
a quien festeja.
Duque
(¡Ay de mí!)
¿Antes de irse a España?
Fabio
Sí.
Duque
(¿Qué escucho, cielos?)
Fabio
Y pues
Enrique no se adelanta
a Clori en más que tener
tu privanza, tú has de hacer
su boda o en pena tanta,
habiendo cumplido ya
con la obligación primera,
cobraré de otra manera
mi honor, que perdido está.
Duque
(¿Qué veneno estos enojos,
qué tósigo estos agravios
han bebido sin mis labios,
han mirado sin mis ojos?
Acuérdome que en un coche
a recibirle salió.
Sí, pues allí le hallé yo
y ella huye de mí esta noche.
Primero la cuestión fue
de la banda y de la flor.
¡Oh, qué de memoria, amor,
tienes! No me digas que
a otro día me escribió
que el visitarla escusara,
muestra y evidencia clara
que el venir él lo causó.)
Fabio
¿Tan poco te mereció
mi agravio, mi pena fiera,
que una palabra siquiera
no me has respondido?
Duque
No,
no, Fabio, porque no sé
responder ni discurrir,
porque solo sé sentir .
Fabio
Pues con eso apelaré
al valor con que nací .
Sale Enrique y Ponleví[, y hablan aparte].
Enrique
Luego a Otavio buscarás
y este papel le darás .
Ponleví
¿A Otavio me dices?
Enrique
Sí.
Duque
(Enrique es; mucho me temo
que hoy fío poco de mí
y esto no ha de ser aquí.
Pase, pues, de estremo a estremo
mi dolor.)
Enrique
¿Tú tan airado,
señor? ¿Cuál la causa es?
Duque
Yo te lo diré después.
Vase.
Ponleví
De Ineses nos ha tratado .
Enrique
Fabio, ¿qué es aquesto?
Fabio
No
lo sé, que si lo supiera,
hoy a mí me lo dijera,
que también lo ignoro yo.
Vase.
Ponleví
¿Qué te dije? Que no amaras
a Clori porque te había
de suceder algún día
el pesar que ahora reparas.
Pero Otavio pasa allí;
a darle voy el papel.
Enrique
¿Hay confusión más crüel
que la que pasa por mí?
Sale Celia tapada.
Celia
Hasta toparle me he entrado
pisando con pies de plomo,
por no decir que de lana.
¡Ce!
Enrique
¿Es a mí?
Celia
Sí.
Enrique
Pues ya os oigo.
Celia
Mi señora…
Enrique
¡Oh, Celia mía!
Celia
… este te envía.
Enrique
Dichoso
soy, aunque vengan en él
iras, ofensas y enojos,
que no olvida quien se acuerda
aun para decir oprobios.
[Lee.]
«Algún despique han de tener mis agravios, y este
quiero que sea el decirlos. Salid luego al paseo, que yo
me alargaré a la quinta del Duque, donde vos los oigáis
y yo los diga.»
(La hora casi, el sitio
que yo para Otavio nombro
Lísida para mí nombra,
pues le escribí que en el soto
de la quinta le esperaba.
Otra vez estoy dudoso.
¿Escusareme con ella?
No, que es añadirla otro
recelo, y pues no la digo
de mi disculpa el estorbo,
salga Lísida al paseo
mejor es, pues para todo,
salga bien o salga mal,
bastante disculpa otorgo.)
Di a Lísida, Celia mía,
que estoy a servirla prompto.
Sale Ponleví.
Ponleví
En respuesta del papel
que di a Otavio, traigo otro
que al entrar aquí me dio
un hombre que no conozco.
Mas ¿qué miro? ¿No es aquella
la bella Celia que adoro?
Celia
Así lo diré.
Enrique
Oye, Celia.
Celia
¿Qué mandas?
Enrique
Espera un poco.
Aparte
(El Duque conmigo está
disgustado o sospechoso
porque de Clori no sé
los desvelos amorosos,
y así, aquí el secreto quiero
abrir con llave de oro,
pues esta es buena ocasión.)
Celia mía de mis ojos,
en tu mano está mi vida,
mi bien, mi quietud y todo
cuanto soy y cuanto valgo,
que hoy a tus plantas lo pongo.
Celia
¿Con tanto encarecimiento
me hablas a mí?
Ponleví
¿Cómo, cómo?
¿También a Celia requiebros?
¡Esto le faltaba solo
por enamorar en casa
de Fabio!
Celia
El efecto ignoro.
Enrique
Toma este diamante; hijo
del sol, un rayo es de Apolo,
aunque piedra.
Celia
Por no ser
grosera, señor, lo tomo.
Ponleví
¡Oh, ingrata Celia, grosera
fueras más que un mondongo
y no tomajona !
Enrique
En fin,
tú, Celia, eres dueño solo
de mi vida.
Celia
Ya tú sabes
que soy tuya.
Ponleví
¡Estoy furioso!
Tuya dijo (¡que esto veo!),
tuya dijo (¡que esto oigo!).
Darele muerte. Mas no,
que es mi señor. ¡Cuán dudoso
entre amor y honor estoy,
aquí necio y allí loco!
Enrique
Dime, pues como ladrón
de casa, Celia, es forzoso
que no se te esconda nada
en ella…
Ponleví
Ni a ti tampoco.
Enrique
Mas ¿quién habla allí?
Ponleví
Yo soy.
Enrique
Espera allá.
Ponleví
¡Lindo como !
Hablan [los dos] quedo, y Ponleví aparte.
Enrique
¿Quién a Clori sirve? ¿Quién
es el amante dichoso
que merece que por él
desprecie al Duque? Y si toco
por ti aqueste desengaño…
Celia
No más, y a todo respondo
con decir que soy criada
de Lísida, y que me corro
de que, trayéndote yo
de su parte este amoroso
papel, busques desengaños
de otros celos. ¡Qué buen modo
de desenojarnos!
Vase.
Enrique
¡Oye!
¿Hay pundonor más gracioso?
¡Que hasta una criada hoy
me pida celos!
Ponleví
Y yo y todo .
Potente rey de romanos,
amo injusto y alevoso,
falso dueño de abarrisco,
señor de a roso y velloso,
¿así a un criado leal
se rompe la fe y el voto
que debes? ¿Para esto (¡ay, cielos!,
con mis razones me ahogo)
te conté que a Celia quiero,
te conté que a Celia adoro?
Enrique
¡Viven los cielos, villano,
que desde la punta al pomo
este acero…
Ponleví
No me jures;
todo lo he sabido, todo
por mis oídos lo oí
y lo vi por estos ojos.
Enrique
… te mate y bañe en tu sangre
con fingido esmalte rojo,
si no callas!
Ponleví
¿Yo con celos
callar? ¿Dónde, cuándo o cómo?
Enrique
¿Hay tal modo de apurar
mi paciencia?
Ponleví
¿Y hay tal modo
de apurar nuestras mujeres?
Enrique
Déjame ya, necio y loco.
Ponleví
En dando cuenta de mí.
Tu papel di y tomolo
Otavio. Al volver, topé
en aquesa cuadra un mozo
que me dio este para ti .
Enrique
Con temor la nema rompo,
que soy Midas de desdichas
como aquel lo fue de oro.
[Lee.]
«No dije, cuando os hablé,
mi resolución por
no oír vuestras satisfaciones;
y porque en el campo no
las hay, esperando estoy
detrás de la quinta del Duque;
quiero hablaros en aquel arroyo
que del bosque la divide. Dios os guarde.»
¿Que pudiese la fortuna
contra un infelice solo
conjurar tantas desdichas?
Contémoslas poco a poco.
El soto del Duque es
el sitio que a Otavio nombro,
la quinta Lísida a mí,
y Fabio el veloz arroyo
que desta parte divide
su fábrica de unos olmos.
Ya de Lísida el papel
no tiene lugar; depongo
mi amor, pues para mi honor
me he menester a mí todo.
Yo llamo a Otavio y a mí
me llamó Fabio, uno y otro
a un tiempo y con una queja.
Si este me espera animoso,
yo animoso aquel espero.
¿Cuál es lance más forzoso,
acudir al que yo llamo
o al que a mí me llama? Todo
tiene su fuerza, porque
en argumentos honrosos
son paradojas de honor
y por ambas partes docto
el duelo las califica,
pues tiene un derecho propio
aquel que a mí me ocasiona
que aquel a quien yo ocasiono.
Acudir al que yo llamo
es acudir a mi enojo;
al que me llama, al ajeno.
Mas es engaño notorio,
pues atreverse a llamarme
siendo ajeno le hace propio.
La razón que contra el uno
tengo yo, pues yo dispongo
el duelo, contra mí tiene,
pues me le dispone el otro.
Faltarle yo al que yo llamo
es dejarle sospechoso
de que falto a mi palabra,
pues en fe della brioso
saldrá. Dejar de salir
al que me llama, tampoco,
pues en fe de mi valor
me espera. Volver el rostro
al uno ni al otro puedo.
Pues si no puedo yo solo
acudir aun a dos gustos,
di, Fortuna, ¿cómo, cómo
acudiré a dos pesares?
¿Cómo, falseando el estorbo,
lo que el gusto no pudiera
haré que pueda el asombro?
Por parte de la razón,
ambos sin ella quejosos,
por Nise y Clori se ofenden,
siendo así que ni yo adoro
a Nise ni a Clori quiero.
¿Quién creerá, ¡oh, cielos piadosos!,
que estando yo enamorado
tenga dos hombres celosos
y ninguno de mi dama?
Que esto solo hay en mi abono,
y por esta dicha sola
a mi fortuna perdono
todas las demás desdichas.
Aunque a un mismo tiempo noto
que Fabio me desengaña;
que Otavio me dice oprobios;
que el Duque, mal satisfecho
de mi lealtad, me huye el rostro;
que Clori, engañada un tiempo,
llora ahora sus enojos;
que Nise, de mí burlada,
siente mi amor cauteloso;
que Lísida, mal quejosa,
crea fingidos antojos;
que Celia me diga injurias
y que hasta un necio, hasta un loco,
me pida celos de Celia.
Todo, en fin, Fortuna, todo
te lo perdono, sin celos,
y más ahora que un modo
me ha prevenido el discurso
en que osado y animoso
cumpla los dos desafíos.
Mucho es lo que propongo,
pero yo lo cumpliré,
o quiera el cielo piadoso
que acabe hoy, porque hoy acaben
iras, venganzas, enojos,
agravios, injurias, celos,
quejas, ofensas, oprobios,
confusiones, penas, rabias,
engaños, sombras, antojos,
ilusiones, desvaríos
y celos, que lo son todo .
Vase y sale Fabio.
Fabio
Esta selva oportuna
el teatro ha de ser de mi fortuna.
Sepa el Duque que Fabio
sabe satisfacerse de su agravio
sin él. Aquí, en efeto, a Enrique espero,
cargado de razón y no de acero.
Ruido hacia allí he sentido.
Sí, dos mujeres son que habrán venido
a espaciarse a esta quinta
que pule ya el abril y el mayo pinta.
Sale Enrique.
Enrique
Perdonad si he tardado.
Fabio
Nunca tarda
la muerte aun para el mismo que la aguarda,
si bien ha rato, Enrique, que os espero
para mostraros…
Enrique
Suspende el acero,
que es muy público sitio en el que estamos;
a lo espeso del bosque vamos.
Fabio
Vamos.
Entran por una puerta y salen por otra, y a este tiempo sale Otavio.
Otavio
No digan que hay valor, que hay valentía
mayor que el esperar con bizarría
en el campo al contrario;
y no dije reñir, que es lance vario,
sino esperar, por ver que hace cualquiera
aun más que cuando riñe cuando espera.
Gente viene; Enrique es y trae a Fabio
consigo.
Fabio
[Aparte]
(¡Vive el cielo, que está Otavio,
que de Enrique es amigo,
de emboscada!) ¡Oh, tirano!
Otavio
¡Oh, enemigo!
Yo solo os esperaba,
Enrique…
Fabio
Y yo también solo aguardaba…
Otavio
… y no con Fabio al lado…
Fabio
… y no de Otavio ahora acompañado…
Otavio
… pero reñid los dos, de cualquier modo…
Fabio
… pero reñid los dos, que para todo…
Otavio
… brío tengo y valor.
Fabio
… ánimo tengo .
Enrique
Escuchad y sabréis cuán solo vengo.
Yo os escribí que en este sitio, Otavio,
nos viésemos. A un mismo tiempo Fabio
me escribió a mí lo mismo.
Yo en tanta confusión, en tanto abismo,
triste, ciego y turbado,
viendo que al uno llamo y que llamado
de otro soy, no quiero
árbitro ser de adónde iré primero
y así aquí os he juntado.
Ahora ved si vengo acompañado
y ved también cuál riñiría primero.
Dos sois, honor tenéis, solo os espero.
Sale el Duque.
Duque
¿Está aquí Enrique?
Enrique
Aquí estoy.
Duque
A grande dicha he tenido
haberte hasta aquí seguido.
¿No os mandé no salir hoy
de palacio?
Enrique
Solo doy
por disculpa…
Duque
Bien está;
todo está entendido ya
y yo, ofendido de todo,
castigaré de otro modo
a quien pesares me da.
Otavio
Señor…
Duque
¡Basta!
Enrique
Si te digo…
Duque
¡No más!
Fabio
Yo…
Duque
¡Más culpa vos
merecéis! Quedaos los dos.
Vente tú solo conmigo.
[Vase.]
Enrique
Sombra de tu luz te sigo.
[Vase.]
Otavio
¡Que esto pueda la privanza!
Fabio
¡Que esto un poderoso alcanza!
Enrique
¡Qué desdicha!
Otavio
¡Qué desvelos!
Ya no hay venganza a mis celos.
Fabio
Ya no hay a mi honor venganza.
Vanse los dos y sale Lísida y Celia.
Lísida
Hasta el último aposento
del cuarto del Duque entré,
y aun aquí no me parece
que estamos seguras bien
de mi padre. El jardinero
que aquí nos dejó y se fue
a saber lo que pasaba
(porque con una mujer
es un villano piadoso,
es un rústico cortés),
¿no tarda mucho?
Celia
No tanto
que ya no sienta torcer
la llave a la galería
y aun entrar por ella…
Lísida
¿A quién?
Celia
¡Enrique, el Duque!
Lísida
¡Ay, triste!
¿Qué he de decir si me ve
cerrada en su mismo cuarto
en este traje? No sé
cómo el cielo careó
contra mi suerte crüel
tantos instrumentos juntos.
Celia
¿Qué haremos?
Lísida
Oye: este es
un camarín y está abierto;
entrémonos, Celia, en él,
quizá pasarán sin vernos.
A ganar y no perder
voy, pues la duda de agora
remito para después.
Éntranse por una puerta como de jardín y ciérranla por de dentro, y salen el Duque y Enrique.
Enrique
¿Qué es lo que tienes, señor,
que, enojado al parecer,
deste cuarto has penetrado
la más oculta pared?
Duque
Veré si este
camarín
está cerrado también.
Sí. Ya, Enrique, estamos solos;
ya es tiempo y ocasión es
de que me reveles cuanto
has alcanzado a saber
de los amores de Clori.
¿Quién es, pues, su amante? ¿Quién?
Enrique
Aunque a Nise he festejado,
solo por obedecer
tu precepto, no sé nada.
Duque
Pues yo sí, todo lo sé.
Enrique
¿Y tiene Clori galán?
Duque
Sí, Enrique.
Enrique
¿Y sabes quién es?
Duque
Un traidor, un alevoso.
Enrique
¡Vive el cielo que, a saber
quién era, le diera muerte!
Duque
No, que yo se la daré,
porque a dolencias de honor
no es buen médico el poder
y porque el valor lo sea,
desta manera ha de ser.
¡Saca, villano, la espada,
procúrate defender!;
un hombre igual soy contigo,
solo estoy, solo te ves.
Enrique
Saca [el Duque] la espada.
¡Señor, señor, tente, espera!,
mientras que, puesto a tus pies,
te ruego que no me mates
sin que me digas por qué.
Duque
Porque, siendo tú el amante
de Clori aun antes de hacer
la jornada a España, cuando
mis amores te conté
me lo negaste, encubriendo
los tuyos con falsa fe
Enrique
¡Detén la espada, señor;
detén el brazo; detén
la voz, que me afl ige más!
Diré la verdad.
Duque
Di, pues.
Enrique
Yo amé a Lísida, señor,
desde la primera vez
que la vi. Clori, quizá
burlando de mí al desdén,
suyo recogió el rigor;
correspondila cortés
solamente porque yo
nunca a Clori quise bien.
Duque
¿Nunca la quisiste?
Enrique
No.
Duque
Luego posible no es
que mi dama o yo no estemos
ofendidos de ti, pues
si la amaste, me ofendiste;
si no la amaste, también.
Enrique
Testigos hago a los cielos
que no te puedo volver
la espalda.
Duque
Ya fuera en vano.
Enrique
Hago a mi lealtad juez
que, a ser balcón esta reja,
hoy me despeñara dél.
Duque
Arrojárame tras ti.
Enrique
Yo hice cuanto puedo hacer,
pues de ti me he retirado
hasta topar la pared,
que juro a Dios y a esta cruz
que para esto la saqué,
y no más, que más no puedo
retirarme.
Duque
Eso esperé:
ver en tu mano la espada
para tirarte más bien.
Saca la espada, teniendo las espaldas en la puerta; las mujeres la abren y él se entra y vuelven a cerrar.
Enrique
Los cielos guardan mi vida,
ellos se saben por qué.
Vase el Duque y da golpes, y con la daga rompe las puertas.
Duque
¡Viven ellos, que había gente
aquí dentro; romperé
la puerta, harela pedazos
con las manos y los pies
!
Lísida
¡Jardineros desta quinta,
acudid presto, romped
esas puertas porque el Duque
mata a Enrique!
Duque
Aquella es
voz de Lísida. Los cielos
vida y ventura te den.
[Fabio dentro.]
Fabio
¡Romped las puertas y entremos
todos!
Duque
Pues no puede ser
que ya me vengue el valor,
véngueme el ingenio. Bien
lo he pensado.
[Sale Fabio, Clori, Otavio, Nise y Ponleví.]
Fabio
Abriré.
¿Qué es aquesto?
Duque
¿Qué ha de ser?
Satisfacer vuestro enojo
y vuestros celos también.
Huélgome, divina Clori,
que a aquesta ocasión lleguéis.
Clori
Saliendo al paseo, señor,
aquí a Lísida dejé,
porque en esta quinta quiso
hoy la tarde entretener
y vuelvo por ella.
Duque
Es justo,
y que a darla el parabién
vengáis, que ya está casada.
Fabio
¿Casada, señor? ¿Con quién?
Duque
Con Enrique, que engañado
pensasteis, Fabio, que a quien
amaba Enrique fue a Clori,
porque en fin Lísida fue.
Yo supe hoy el desafío
de este criado.
Ponleví
Parlier
puedo ser de vuestra casa.
Duque
Y previniendo el fin dél,
dispuse que se quedase
en este jardín porque
vuestro enojo no estorbara
cosa que os está tan bien.
Clori
(Yo perdí a Enrique, ¡ay de mí!)
Nise
(Nada nos sucede bien.)
Duque
Salid, Enrique; salid,
Lísida hermosa, porque
beséis a Fabio la mano.
Enrique
Y primero a ti los pies.
Salen todos.
Lísida
Ciña, príncipe divino,
tu frente eterno laurel.
Fabio
(Aunque nada desto creo,
estame bien el creer,
pues desmiento las sospechas
del vulgo, que ya le ve
casado con hija mía.)
Tuya ha sido esta merced.
Duque
Otavio firme esta paz
y a Nise la mano dé,
y la hermosa Clori bella
eslo tanto, que no hay quien
la merezca.
[Aparte]
(Bien, tirana,de tu rigor me vengué.)
Clori
Pues sirva este desengaño
para todos de saber
que hacer del amor agravio
poco tiempo puede ser,
pero como dios, en fin,
triunfa de todo después.
Fabio
Y de perdonar las faltas
a todos haced merced.
FIN
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